Descarga de responsabilidad: Ya lo sabrán pero Haikyuu! no es mío.

Advertencia: Yaoi. Cáncer. Spoiler. Au. Hurt/Confort. No beteado.

Cronopios del autor: ¿Qué les digo para que no me odien? Bueno, la verdad: :v Yukionna tuvo vacaciones y sinceramente desatendí de todo, hasta de mí misma y subí como dos o tres kilos siendo que había bajado uno hahaha, soy un desastre. Pero ya volví al trabajo, ya recuperé mi motivación y volvemos a las andadas. Tuve que rehacer el capítulo para que coincidiera con el inicio del siguiente capítulo, el punto es que me pasé por el arco del triunfo la idea principal y se descontroló todo. En fin, disfruten. Este capítulo es largo y no es un poco diferente a los otros, espero les agrade. Agradezco los follows, los favs y los reviews, a las personas que leen sin dejar mensaje de visita it´s okey, muchas gracias también, disfruten la lectura y cualquier cosa pues me dicen ¿vale? -inserte corazón-

;u; ya los extrañaba, mucho.

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Las mil plumas del cuervo.

Por. St. Yukiona

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10.- Homografías.

—¿Por qué te rechazaron si eres "El Rey de la cancha"?

—No me llames… de esa manera.

Fue la primera y última vez que Shoyo llamó a Tobio de tal modo. Incluso cuando sus días de crisis como dúo dinámico llegó durante la escuela medio y estuvieron a segundos de arremeter uno contra el otro a golpes Hinata se abstenía de llamarlo así. La razón era sencilla, lastimaba a Kageyama. Podría decirle gritarle que era un bastardo come mierda, inclusive hacerle alguna señal ofensiva, pero jamás se atrevería a dañarlo a nivel personal, a pesar que Tobio si cogía el daño psicológico como forma de incentivar al explosivo dinamismo del enano de cabello anaranjado. Hinata a pesar de todo respetaba en sobremanera a Tobio, muy por encima de las claras diferencias que se habían desarrollado a través de los años y que no eran chisme en el mundo deportivo. Por tal motivo no le sorprendió a nadie cuando Hinata Shoyo amenazó a la conductora de televisión después de que llamara a Kageyama Tobio: "Rey de la cancha", en tono sugerente, coqueto y mal intencionado.

—Ese apodo se le dio a Tobio cuando era un armador egoísta, alguien que sólo hacía jugadas, muchos creyeron que era por presunción o hedonismo pero en realidad siempre lo hizo por el bien del equipo… la demás gente no lo vio así porque sólo juzgan lo que están viendo por encima de la superficie… —Shoyo era conocido por ser un jugador brillante y excepcional, había superado la media hacía mucho tiempo. Sus ojos avellana se fijaron en los azules, y una suave sonrisa iluminó a los presentes—. El que ama se hace humilde, aquellos que aman, por decirlo de alguna manera renuncian a una parte de su narcisismo… eso lo dijo Freud… y yo mejor que nadie, sé que Tobio sabe amar con fuerza… durante toda su vida ha renunciado a muchas cosas, incluyendo su narcisismo y parte de su propia identidad, desde muy joven estuvo dispuesto a renunciar incluso a su familia… así que por favor… no vuelva a llamarle "Rey de la cancha" a Tobio si lo hará en ese tono…

Silente, el de cabellos naranja, hizo una reverencia y el productor del programa no supo si debía seguir grabando, mandar el discurso a edición o sencillamente omitir todo. Había sido un discurso precioso, pero transmitir aquello en televisión nacional iba a confirmar las sospechas de que en el equipo nacional había homosexuales.

Eso no podía ser.

Se le pidió al equipo completo que se prepararan nuevamente, volverían a grabar esa sección de la entrevista completa, y aunque se le pidió a la conductora volver a hacer la misma pregunta: ¿Por qué rechazaron al rey de la cancha en Shiratorizawa cuand eras joven?, la mujer tuvo que cambiar algunos nominales con sus adjetivos. ¿Por qué rechazaron a un chico con tanto talento en Shiratorizawa? Hinata se sintió feliz.

—No pensé que fueras a abrir la boca —dijo Kageyama mientras que caminaban hacia la estación del tren. La entrevista sería transmitida en dos semanas más mientras el equipo estuviera jugando en Grecia. Los ojos azules seguían la figura de Hinata que hacía un vano intento por calentar sus manos.

—Supongo que yo tampoco tenía intenciones de abrir la boca pero… así fue…

—La frase…

—Sí… me la aprendí de tantas veces que la leí y me la dijeron… no creo que seas un ser narcisista…

—Claro que lo soy, soy hedonista y narcisita, fue lo que me gritaste hace tiempo.

—Esto y aquello no tienen nada que ver Kageyama —murmuró Shoyo sintiéndose incomodo por el rumbo que sospechaba tomaba la conversación, detuvo sus pasos, virándose par apoder observar con más claridad al menor que le dedicaba una mirada bastante desolada, los dedos fríos y endurecidos del mayor se alzaron hacia el rostro. Con suave tacto recorrieron el surco de las ojeras dejadas tras el agotamiento de los entrenamientos exhaustivos y demoniacos a los que Kageyama se sometía—. Tus ojos me siguen pareciendo los de un cuervo a punto de atacar.

—Hinata idiota —los parpados cayeron dejándose hacer por la amable existencia del otro.

—Nos vemos mañana…

Kageyama suspiró y dejó ir al rematador. Para él tampoco había sido la primera vez que había escuchado a Freud, de hecho, recordaba que tras cierto descubrimiento durante sus quince años justo después de haber ganado el campeonato nacional por primera vez con Karasuno, había sucedido. Mientras comía estofado de res en medio de la celebración y veía flotar los pedazos de verdura finamente picados. En ese momento, Shoyo seguía en Holanda y había pasado a los cuartos de final. Se dio cuenta que algo había cambiado en el instante en que sostenía con sus palillos el pedazo de carne lo mucho que odiaba que el equipo de Shoyo hubiera ganado, deseando con todas sus fuerzas que perdieran en la siguiente ronda para que Hinata estuviera de regreso lo más pronto posible.

El pensamiento egoísta le asustó al punto que Daichi y Koushi pudieron adivinar que algo no andaba bien con tan solo verle el gesto por el cual cruzaba un rictus de desconcierto absoluto. .

—Sólo me ahogué un poco… —disfrazó su malestar con su estupidez, aunque se ofendió que nadie se sorprendiera de lo descuidado que podría ser al comer.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó Ennoshita esa misma noche más tarde cuando estuvieron en su habitación, después de la celebración enloquecida. Tanaka había vuelto a robar una botella de sake y el humor de Kageyama decayó notablemente tras el recuerdo de aquella copa compartida con Hinata en ese mismo hotel varias semanas atrás.

—Sí.

Oh, pero el sempai no era estúpido, Chikara conocía a sus chicos problemáticos, quizás no tenía el instinto materno de Sugawara o el sexto sentido de protección de Daichi pero ah… el castaño sabía que el siguiente año cuando tomara las riendas del equipo iba a ser el infierno lidiar con su propia adolescencia y la de todos los demás del equipo. Él era un adolescente con sus propios problemas y eso mismo le gritaba que Kageyama estaba mal, es más, no se necesitaba ser tan observador para notarlo… todos lo sabían. El humor del Rey había estado fluctuando entre pésimo y peor desde que Hinata había avisado que pasaban a la siguiente ronda y tardaría una semana más en el extranjero.

—Te admiro mucho, Kageyama.

—¿Eh? —Tobio dejó de aplastar su ropa en la maleta de viaje, al día siguiente saldrían muy temprano hacia Miyagi.

—Que te admiro mucho, a pesar que no está Hinata has logrado mantenerte en calma y acompasar con todos en el equipo, incluso te has mantenido firme sin permitir que tus sentimientos estropeen todo lo demás —Ennoshita era sumamente ordenado, así que sólo había tenido que recoger unos zapatos y por la mañana sus artículos de limpieza después de bañarse.

Tobio comprendía pero quería fingir desconcierto a las palabras ajenas, tampoco se le daba mucho mentir o llevar una mentira más allá de dos frases, así que bajó la mirada a la maleta y siguió embutiendo todo a la maleta hasta que ésta pareció un tremendo chorizo, era como si llevara más cosas de las que había traído consigo a Tokio. Y tal vez era así. Pero ese no era el punto.

—Tengo mucha ansiedad, Ennoshita-san y… —frunció el ceño de forma notable—…miedo —confesó por fin.

—Es normal… —Chikara no era experto en el tema, ni siquiera estaba cerca de haber tenido una experiencia de ese tipo. Sin embargo…—. Mi papá es psicólogo y mi mamá trabaja en una editorial pequeña que hace revistas seudocientíficas, me obligan a leer aunque me gustan más los mangas… se me ha venido este libro, es bastante interesante —comentó sacando de su maleta un ejemplar de portada de diversos colores, pasta blanca, se veía tan manoseado como cualquier otro libro leído con interés—. Quizás a ti te sirva…

Kageyama torció los labios y cogió el artículo que le era ofrecido, lo ojeó de forma general, no era muy grueso y tenía ilustraciones… ¡Dios! ¿Eso eran dos hombres? ¿Qué le estaba metiendo qué a quién y cómo por qué motivo? Leyó el titulo rápidamente y alzó la mirada a Chikara que había vuelto a la ropa que usaría el día siguiente para partir a Miyagi.

"Homografías del ser: Un tratado sobre el amor"

La palabra "hombre" se usa igual para designar a un individuo con un pene. La palabra "mujer" se usa igual para designar a un individuo con una vagina. Sin embargo no pueden ser usadas dos veces en la misma oración con la palabra "amor" porque es incorrecto. Mejor desliguemos el concepto y pongamos los hombres: Takeru y Ren se aman. Christoph y Andrew se aman. Susuki y Ami se aman. Es lo normal amar a otra persona. No se debe de ver el género.

El amor no está reservado para unas cuantas personas.

El amor no está negado a otros cuantos.

El amor es desligarse del narcisismo que el ser humano y su dogma cultural han establecido sobre lo correcto e incorrecto, lo marca Freud. El amor no es el abastecimiento de los deseos que otros tengan sobre uno mismo, sino el abastecimiento de nuestras propias necesidades físicas y emocionales.

Era un libro sumamente complicado, pero las partes que a él parecía interesarle, eran las mismas que Chikara había señalado y agregado al pie de la pagina algunas notas que simplificaban todo. En un momeno se dio cuenta que quizás, Chikara también pasaba por la misma incertidumbre que él.

La palabra amor y el sentimiento que deriva a la palabra no puede ser algo que se busque y se encuentre, el amor por si mismo aparece. Arrebata, devora y consume.

Sin importar edad, condición sexual o género.

Amor es amor.

—Mamá… Creo que soy homosexual.

Mamá creo que soy homosexual y no me importa si papá me grita, y se retuerce de ira. No me importa si mañana no me quieren hablar o si se arma un gran alboroto en la escuela cuando se enteren de la verdad. No planeo negarlo, ni admitirlo, no es asunto suyo pero veo como una falta negar esa realidad. De hecho, eso es todo lo que hay: verdad. Certeza absoluta. Dicen que soy un idiota que sólo piensa en el voleibol, sin embargo, a estas alturas mi cabeza está mucho más allá de las paredes de mi cráneo, no está en mi cuerpo ni en esta casa, ni siquiera está en Japón. Está allá donde el frío seguro congela los dedos del idiota que tengo por as, sí, para mí un día será un as, de hecho ya lo es: si los equipos de voleibol pudieran ser de dos personas creo que lo eligiría a él por ser el único en el que puedo confiar ciegamente, al único al que podría permitirle empujarme al vacío sin mirar si en el fondo hay plumas o piedras.

Mil plumas o mil dagas oxidadas.

Mamá, creo que estoy enamorado de mi compañero de equipo. Ni siquiera somos amigos. Pues lo único que quiero es aplastarlo. Esa vitalidad desbordante que poco a poco se le está colando gracias a la puta suerte. Mi talento contra fuerza bruta. Mi ingenio contra su suspicacia. No puedo más mamá. Estoy al borde y mis deseos han superado la idiotez al punto de que me he dado cuenta que necesito de algo más y no sólo del voleibol para vivir. Tengo miedo, mamá, que un día algo más que no sea yo lo extinga y jamás se me vuelva a permitirme verle sonreír con la intensidad que sólo un sol puede irradiar, con esa fuerza que te llena y te surte de energía haciéndote creer que de un solo golpe puedes mandar la pelota a romper los brazos de tus oponentes, así es como me hace sentir y ni siquiera sé sí es amor o alucinaciones pertenecientes a un cuadro de esquizofrenia conducida a partir del golpe que me dio durante el primer partido de práctica contra los de Seijou. Quizás sólo quedé mal de la cabeza y confundo todo eso con sentimientos que no puedo explicarme.

Tiene un amor no correspondido y me da miedo preguntar de quién se trata.

Mamá, de verdad, te juro que creo que soy homosexual, y no quiero estar aquí. No pude saborear la victoria me hace falta algo.

Alto nivel de agilidad y reflejos. Un afinado control del cuerpo y una obsesión con la victoria. Lo tiene todo.

Pero yo no lo tengo a él.

Mamá, creo que soy homosexual.

—¿Qué?...

Lo primero que le salió de la boca cuando sus ojos chocaron con los de su hijo al abrir la puerta y que este abriera la boca.

Confeti y serpentina cayeron sobre sus cabeza pero no hubo sorpresa en lo absoluto, por el contrario fueron sus padres, sus tíos y sus primos los que se quedaron congelados ante la confesión. Hubo sorpresa, no por parte de Kageyama, sino por parte del mundo. La tierra se abrió y Kageyama apenas podía mantenerse en pie, no por semejante confesión, sino porque en ese momento Hinata debía estar celebrando una victoria a la cual, él: Kageyama Tobio, no pertenecía, esos deliciosos remates, brutos y suicidas, habían sido dados gracias a colocaciones de un bastardo. Un bastardo que no era él. Que no era él.

—¿Qué dices…? —preguntó la madre mientras parpadeaba de forma rápida. Sin comprender, sin captarlo todo.

—Que estoy enamorado de Hinata.

—¡Tobio! —gimió ahora el padre que se acercaba furioso hacia su hijo, la madre interponiéndose y los tíos gritando, metiéndose al jaleo que se armó en cuestión de segundos.

Echándose la culpa los uno a los otros, porque Tobio era el único Kageyama que tenía potencial en algo, que no terminaría como fracasado en un puesto como oficinista o como campesino de segunda o como un deprimente dependiente de tienda en una avenida llena de más tiendas y competencia. Porque Tobio sería el único Kageyama que llevaría el apellido Kageyama a la cima y ahora lo estropeaba todo con esa repentina confusión de la edad. Con esa horrible enfermedad.

Enfermedad.

—¡Es por ese estúpido mocoso pendejo! ¡¿Cierto?! —gritó otra vez el padre de Tobio, las voces de sus tíos, de sus primos mayores hicieron eco en furia y la madre del menor sólo podía estar sentada en el sillón con los ojos ahogados en llanto. Y eso es lo que no entendía Tobio, por qué le lastimaba tanto ver a su mamá llorando. Por qué si le había dicho que siempre lo iba apoyar ahora se sentaba y lloraba.

¿Es qué estaba mal?

Porque claro, no había mejor momento para declararse presuntamente homosexual que en el momento en que se cruzaba el umbral de su hogar después de haber logrado que su equipo se coronara campeón nacional de voleibol. Sólo a Tobio se le había podido ocurrir semejante método y ahora sólo podía ver como su madre se deshacía en llanto porque su padre le ha culpado de todo. ¿qué sólo logran ver el envoltorio? Es extraño.

—¿Amas a mi madre?

—¡Tú también deberías amar a una mujer!

—Entonces… ¿si mi madre fuera hombre?

—Sería diferente… —Kageyama Toshio perdió los estribos desde hacía dos minutos, con sus treinta y siete años no se siente capaz de asimilar lo que su hijo le está diciendo. No es como si fuera homofóbico hasta había firmado una propuesta en la calle a favor del matrimonio igualitario en el distrito pero… eso y aquello era diferente. Que otros fueran homosexuales estaba bien, que su hijo lo fuera no estaba bien. Era diferente e iba a sufrir. Que otros portaran banderas multicolores estaba bien, que su hijo lo hiciera lo convertiría en blancos de ataques. Había visto tanta cosa en las noticias, y en Rusia hasta los podían llegar a matar. ¿Y si de pronto un asesino serial que buscaba homosexuales se encontraba con su hijo? ¿Qué sería de él? ¿No quería tener hijos? ¿No quería tener una familia? ¿Y si contraía una enfermedad venérea? ¿Y qué iba a hacer si empezaba a morir de sífilis? ¿o sida? ¿o VIH? ¿iba a empezar a consumir drogas? Porque todos los homosexuales consumían drogas y eso dolía, porque su hijo era perfecto, porque ellos lo habían educado bien, porque Tobio tenía una carrera brillante como jugador de voleibol, porque él como su esposa lo habían educado con todo el amor que se le podía dar y eran una familia amorosa y una familia normal y una familia que le había transmitido valores a su hijo y su hijo era tan buen chico y estaba lleno de amor y…

—Si mi madre fuera hombre seguiría siendo ella… solo que hombre, y si no eres capaz de amarla de esa manera… entonces no la amas…

En su padre habitó el silencio.

En la casa habitó el silencio.

En su cuerpo habitó el silencio.

En su cabeza habitó el silencio mientras releía el mensaje que Hinata le había enviado la noche anterior después de que le avisará que habían ganado la nacional y que lo esperaban en Karasuno para celebrar.

Hinata 22.56: "Tengo un amor no correspondido".

Ah… una patada en los testículos que le habían hecho reaccionar y ser consciente de todo lo que había estado ignorando hasta ese momento. Qué más daba si se enamoraba de otro más que no fuera él, de otra más. Claro que importaba, porque cualquiera de esos no sería él. Quizás en la cancha iba a seguir rindiendo igual, o quizás Hinata se iba a esforzar el doble. Porque Hinata siempre perseveraba a buscar la perfección, pero esa perfección iba a ser sacada a la fuerza gracias a alguien más que no sería él. Kageyama veía a Shoyo claramente: Haciendo una anotación y sonriendo hacia las gradas, dedicando ese logro a la persona que en ese momento fuese la compañera perfecta a la mano tibia que ardía por el remate. Kageyama no quería que nadie más sintiera esa tibieza causada por la fricción de balón y fuerza. Él quería ser el único con el que gritara y festejara orgulloso. Con el que llorara frustrado jurando la venganza cuando se diera el caso. Siempre fieros, siempre enteros, siempre yendo por más. Dejando de lado los halagos y los vitoreos, porque a Hinata no se le debía de aplaudir ni mimar, se le debía mantener con los pies en la tierra y las alas en el cielo, la mirada en la victoria y las manos en el balón.

Nadie más lograría hacer semejante hazaña, nadie más que él.

—¿Ya te vas? —preguntó Kageyama Haru a su hijo que se alistaba en la puerta de entrada de la casa.

—Sí —repuso sin más.

La situación en casa se había estado moviendo bastante rara desde hacía dos días atrás en que llegara de Tokio con semejante confesión y su padre arremetiera a regañarle. No estaba enojado ni con su padre ni con su madre, pero Kageyama no acababa de entender porqué el disgusto, su cabeza no lograba alcanzar a medir la magnitud de problema porque en realidad para él no había problema. De hecho, desde aquel día no había recibido mensaje de Hinata, al menos no después de la confesión y sentía un extraño vacío en su estomago pues podía darse una perfecta idea cual era ese amor no correspondido del cual hablaba el bloqueador. ¿Qué se suponía que se respondía a ello? "Qué bien", "Oh lo siento mucho", "Felicidades", "Qué pena", "Me da gusto", "¿Quieres que te haga unos pases regresando a Japón?". Ni siquiera eran tan amigos como para que el estúpido de Shoyo le contara ese tipo de cosas. ¿Por qué lo inmiscuía en sus problemas? Siendo que él también tenía sus propios problemas de adolescente común y corriente con los cuales lidiar. Estúpido Shoyo. Mil veces estúpido Shoyo y su estúpido amor unilateral. Por hacerlo ver que era homosexual y él enamorarse de otro que no fuera él. ¿Por qué no sencillamente pasaba de ese amor no correspondido y se obsesionaba como siempre en recibir humildemente los pases que él hacía para él?

Nadie más en el mundo, en el universo, en la existencia misma le iba a hacer los pases como Kageyama Tobio haría para él. Con la precisión de un relojero y el amor que nacía torpemente desde lo más profundo de su pecho donde solo cabía la sed de victoria y voleibol.

Ahora tan lejos. ¿Qué hacía Hinata en Nueva Zelanda? (–Holanda, Kageyama, es Holanda, —Cierto, Sugawara-san, lo siento… Holanda) ¿Por qué no estaba con ellos festejando? Sintiendo la victoria de primera mano. Saberse los mejores de Miyagi y todo Japón. Era un momento que se debatía entre la amargura y la gloria.

—Tobio...

El menor salió de su ensoñación y giró su mirada hacia la mujer que le ofrecía una pequeña bolsa de cartón.

—Ayer salí con tu tía —habló y Kageyama no sabía si tomar lo que le era ofrecido, pero al ver que la mano de su madre no bajaba no tuvo más opción que ponerse de pie y tomar aquello que le ofrecían, de pronto recordó a las chicas de instituto que osadas solían regalar cosas al chico que les gustaba—. Pasamos al templo y… ¿es Hinata cierto?

—¿Qué?

—De quien estas enamorado, Tobio…

—Sí. Creo que es Hinata.

—Tobio… eres mi hijo, te amo… y no me importa esto, pero debes saber que el camino que escojas ahora marcará para siempre tu vida, sobre el que te estás inclinando pues… ahora es diferente, se empieza a ser normal pero… para nuestra generación, para tu padre, tus tíos, los vecinos y los papás de tus amigos… eso no es lo normal, no es lo común, no es lo correcto.

—Madre, por favor, no qui-

—Lo siento, Tobio, pero escúchame… si decides tomar este camino —dejó su mano sobre la mano que sostenía la bolsita de cartón y apretó los dedos del menor, el tacto con los largos dedos de la mujer era frío y trémulo, ¿así estaría el corazón de ella? Los ojos azules observaron el agarre y después el rostro de la mujer angustiada—. Si decides ir por ese camino, yo te voy a apoyar, y te voy a pedir encarecidamente que no te rindas, por favor, no te rindas, Tobio, no seas infeliz… sé feliz, sé feliz, no te rindas, aunque todo parezca en contra… siempre habrá una mano, una sola que te estará apoyando, sin importar qué… Tobio, no te rindas nunca… ni en esto ni en nada… —los ojos se le aguaron a la mujer.

El hijo supo abrazar a su madre, y hundir su nariz en el aroma que siempre le había dado embrujo para calmarse en los momentos de mayor incertidumbre.

El olor a casa y amor.

El gimnasio de Sendai, incluso el Metropolitano en Tokio parecía ser minúsculo a la hermosa estructura y el tamaño que presentaba la edificación. Es decir, ni siquiera había edificaciones como tal, era una cancha al aire libre con pilares gruesos que soportaban un techo muy por encima de todos. Paneles de vidrio figuraban como paredes y gradas en los cuatro puntos. Grandes lámparas suspendidas desde el cielo de metal donde también se mantenía resguardada los marcadores para los partidos de basquetball, por esa noche la atracción principal sería la semifinal del mundial de clubes de volley colegial.

Japón vs. Cuba, la competencia estaba reñida, Cuba había sido de los favoritos para clasificar e incluso ganar mientras que Japón apenas si se mantenía con tropezones y a veces titubeos pero seguía fuerte. Para ese punto la presión física y psicológica había empezado a hacer mella en los jugadores, en Shoyo que usaba con cada vez más frecuencia su inhalador y los medicamentos para el dolor no ayudaban, en Hanzel que presionaba al pelirrojo para que comiera, había notado como en esas dos semanas había bajado casi dos kilos, era normal, todos lo habían hecho pero los movimientos del menor se habían entorpecido durante la segunda semana. Ahora parecía estar mejor, obligándole a descansar durante dos días enteros de juego.

Shoyo aspiró con fuerza, sentía que se podía ahogar, sentía que se podía consumir en el fuego que iniciaba en su vientre y explotaba. Los días se habían hecho semanas y pronto sería un mes. El tiempo que llevaba en Holanda había sido a muchos niveles satisfactorio, descubriendo que podía pelear con sus propios medios, ser un rival en batallas aéreas no parecía tan descabellado, seguir un sendero distinto ya no era mala idea pues ahora sabía que no necesitaba de manera técnica la ayuda de Kageyama, que sus alas podían volar no sólo en los cielos donde el resto de los cuervos se encontraban pero que esos cielos sin duda eran mejores. Los chicos del Horizon eran increíbles pero extrañaba de forma espeluznante a los del Karasuno, ni siquiera había pensado en que en esos momentos ellos estarían festejando o lidiando con una derrota. Daichi había dado la orden de que nadie dijera nada a Hinata para no golpearlo emocionalmente, que si bien Hinata no era así de débil, no querían aumentar esa presión.

Hanzel se posó a su lado al tiempo que miraba fijamente hacia la cancha acomodaba las coderas de protección, apretaba la carne haciéndole saber que estaba vivo, ahí en una semifinal mundial. Ellos peleando hasta el final.

—¿Es la primera vez que llegas tan lejos en un torneo, verdad? —habló el americano al japonés.

—Sí… la final de la prefectural… pero esto no se le compara… —admitió seriamente Hinata.

El moreno le observó de reojo y después movió las manos suavemente, haciendo que sus muñecas empezaran a calentar, a Hanzel se le conocía por tener una técnica sumamente pulcra, sólo movía dos articulaciones en lugar de las cuatro que se necesitaban para colocar. Era un valioso colocador.

—Procura avisarme cuando te sientas bien, los cubanos están muy mentalizados… así que podemos aprovecharnos y jugar un poco para destantearlos.

Aunque también era conocido por ser una ruin víbora capaz de seducir para hacerte caer en su ponzoña, encajarte los dientes y deglutirte sin compasión ni miramientos, no era tramposo pero siempre provocaba, provocaba, provocaba y su víctima se ahogaba en sí mismo. A Hinata le había dado miedo al principio pero pese a su actitud en la cancha, fuera de ella Hanzel Senikov era sin duda un gran sujeto. Le tenía apreció.

—Comencemos con tres-dos —dijo Hinata al tanto corría a la cancha para empezar el calentamiento.

—¿Tres-dos? Hmp… bien, cuando lleguemos a quince lo intercalamos con rápidos… le dejaremos a Yuuji el bloqueo… —propuso Hanzel y Hinata afirmó, el otro japonés que iba a atrás escuchó y pasó la indicación a los otros.

Tres toques cada dos puntos para que el equipo contrario se habituara y cuando estuvieran más confiados, ataques rápidos, eso les daría tiempo para acostumbrarse, dejarían que a posta los cubanos metieran el primer punto. Se alimentaban de la energía del otro equipo. Horizon era una extraña manada llena de depredadores carroñeros, por sueño había tigres, leones y víboras, en el aire, un cuervo dispuesto a todo para ganar.

Había sido una sabia decisión adquirir de algún modo al Pequeño gigante, pese a sus constantes errores, los compensaba con esa habilidad innata para llevarse al límite y dejar la vida en la cancha en cada remate, en cada bloqueo, en cada exhalación agitada.

Hinata valía oro.

Hinata, el cuervo que volaba cerca del sol sin quemarse.

—Kageyama, pensamos que no llegarías —habló Tanaka mientras hurgaba en el interior de la bolsa de papas fritas que habían en el piso. Al instante los ojos de todos los del Karasuno se posaron sobre el recién llegado.

—Sí… tuve un pequeño contratiempo —anunció mientras dejaba de lado la mochila de entrenamiento, justo a un lado de la entrada y pasaba con permiso del dueño. Aunque no pudo evitar fruncir el ceño cuando Tsukki y él chocaron miradas—. Sí, Tsukishima, hasta el rey de vez en cuando convive con los plebeyos —dictó antes de que el rubio pudiera decir nada, y el silencio se formó seguido de una estruendosa carcajada.

—Iba a decir que es totalmente admirable la pasión que demuestras por el voleibol —argumentó señalando la camisa conocida del colocador de Karasuno: "Alma de armador" —. Pero ese es también un buen comentario…

Tobio puso los ojos en blanco más irritado de lo que ya estaba, se dejó caer junto a Ennoshita quien le dio un par de palmadas y le pasó una soda.

—Es bueno que el partido sea en la noche —dijo Daichi mientras que Koushi terminaba de dar los últimos arreglos a la laptop que la hermana de Ryu les había prestado para ver en el televisor de la sala de los Tanaka el partido de voleibol que sería transmitido en stream por internet. Habían conectado primero un cable USB pero no funcionó, por suerte Kei cargaba de casualidad en su mochila un HDM que funcionó a la perfección. Este incidente les hizo perderse el calentamiento de los equipos y la transmisión la captaron justo en el momento en que ambas escuadras presentaban sus números al arbitro que hacía las últimas anotaciones.

Los ojos azules del armador se abrieron a la par al igual que el de todos ante la impresión de ver a Hinata, había pasado quizás un mes o tres semanas y la televisión hacía ver mucho más serio y maduro al nuevo Pequeño Gigante. Hubo una punzada de celos generales al ver a su número diez portar una camisa con un número diferente y un escudo que no reconocieron como el de Karasuno. No eran celos porque quisieran estar ahí, eran celos por ver en la forma en que otros acompañaban a Shoyo hacia la guerra.

Shoyo ahora estaba atrás en un lateral, claro que ahí no servía mucho, y lo más inteligente hubiera sido hacerle cambiar con el líbero sin embargo… no fue el caso, y no comprendieron porque sino hasta que Hinata recibió el balón, posicionándose con un pie fuera de la cancha y otro en la cancha, con un golpe bajo envió la bola hacia el centro donde el colocador ya se había acomodado para seguir al balón. El Karasuno se quedó helado. ¿Cuándo había aprendido Hinata a ser tan preciso con esas bolas? En un mes no se podía avanzar tanto. El golpe había dejado a Shoyo con un evidente y fuerte enrojecimiento pero eso no evitó para que cogiera impulso y todos corrieran hacia la pelota en un ataque coordinado, pero sorpresa, la delicia de la vida, el colocador no colocó, el colocador remató en el aire haciendo que el balón se estrellará contra la duela. Lo segundo, el silbato que marcaba un punto para la segunda selección japonesa.

—¡Tenemos que intentarlo! —gimió Tanaka tan emocionado como muchos otros.

Kageyama sólo apretó los puños. De algún modo había sido una colocación, una patética y terrible si se lo preguntaban a él, pero Hinata había servido a Hanzel y ahora celebraban de forma muy íntima su punto. Lo que indignó más al japonés fue la nalgada que le dio juguetonamente a Hanzel a Hinata y éste sólo pudo reír. Era todo, haría hacer mil remates una vez estuviera en casa. Cuando estuviera en casa, el cuerpo se le relajó no por buenos motivos, sino todo lo contrario, de algún modo, las esperanzas le marchitaron las energías y de pronto recordó que el lunes que fuera a la escuela, si ganaba el Horizon, no estaría Hinata para él.

Se sintió vacío y fue terrible porque ahora demasiado consciente del porque había ese vacío, lo peor fue cuando reflexionó un poco y se dio cuenta que ese vacío jamás había sido ocupado, y a ese paso, jamás lo estaría. Quería a Shoyo consigo, quería a Shoyo para él, tanto como ansiaba ganar o tocar todo el tiempo un balón. Así sentía la necesidad de Shoyo, era horrible y doloroso porque jamás había sentido algo tan fuerte por algo a lo que no se le tenía acceso, pues aunque deseaba con la misma intensidad ir a jugar volley con Shoyo existía una desesperación apabullante, ir a jugar volley podía irlo a hacer ya mismo pero Shoyo… Shoyo estaba en otro mundo celebrando con un maldito bastardo de porquería.

Durante un tiempo le había dejado de importar ser un rey al que sus subditos le habían dado la espalda, al menos hasta ese instante en que se dio cuenta que el más importante ya no estaba en el reino.

Era un rey al que le estaban robando su mayor tesoro.

La segunda selección de Japón había ganado con un marcador contundente a la selección de Cuba, ahora pasarían a la final contra los brasileños y sería un verdadero suplicio pues eran los campeones invictos, muchos de los adolescentes que jugaban ese año irían dentro de dos años más a las olimpiadas y eso causaba de por sí una presión increíble en sus adversarios. Por otro lado, Kageyama no había querido saber nada. El lunes no vería a Hinata porque iba a estar seguramente preparándose para el partido. Iban a dar dos días de descanso antes del partido, sábado y domingo en Japón, en Holanda las mismas fechas y el partido sería el lunes en la mañana. El viernes Kageyama al terminar el juego de los japoneses contra los cubanos había decidido retirarse sin más, así sin excusas ni explicaciones, el resto del Karasuno había decidido salir a jugar para celebrar la victoria de su cuervo.

Así que el viernes estuvo enfadado, sábado el malhumor hizo ebullición, y el domingo… peor.

El lunes quizás provocaba un apocalipsis

Y el martes haría que la tierra se partiera en dos.

Pero ya se vería, apenas era domingo y debía dejar limpio el frente de su casa. El amuleto para la buena suerte en el amor que su madre le había regalado el jueves por la noche, el día del partido, permanecía en el bolsillo de su pantalón. Barría la hojarasca que caía de los pequeños árboles que había plantado junto con su padre diez años atrás, dejándola a un lado de la ciénaga de cemento delante del pórtico, caminos marrones y amarillos a los costados, una visión bastante bonita. Vio cuatro plumas negras y tuvo la intención de barrerlas pero las observó, gruñó con enfado y molestia antes de flexionarse para recogerlas, la resopló y las guardó en el bolsillo de su sudadera. Volvió a barrer, aunque detuvo el movimiento para alzar la mirada. Frunció el ceño.

—¿Sigues recogiendo plumas?... Traje bollos de carne…

La voz sonaba horriblemente rasposa, como si pasara por un filtro de distorsión de tonos profundos y después por un amplificador pero modulado a un tono bajo. Mismo que hizo un hondo hoyo en su cuerpo. Kageyama apenas fue consciente cuando dejó caer la escoba y corrió hacia el encuentro de Shoyo que abrazó más fuerte su bolsa de cartón y cerró los ojos mientras era rodeado de un calor desconocido pero un aroma familiar. Hundió su rostro contra el pecho de Tobio quien apenas entendía que estaba pasando. El abrazo fue torpe, como todos los abrazos anteriores. Fue absurdo, como todo lo que tenía que ver con ellos. Fue sincero… pues no podía ser de otra forma. Lo alejó sosteniéndolo de los brazos y estuvo a punto de zangolotearlo de no haber sido por la pulsera de hospital que había en la muñeca ajena. Hinata siguió la mirada de Kageyama y sonrió suavemente para calmar las dudas y preguntas que se habían disparado como lava de volcán en erupción en los ojos azules.

—Vamos a comer un bollo —insistió Hinata sacando uno de los panes aludidos.

—Ven… —le cogió del brazo mientras que tiraba de él hacia el otro extremo de la calle—. ¡Madre saldré un momento! —gritó desde la mitad de la calle como si la señora Kageyama realmente lo hubiera escuchado.

No tardaron más de cinco minutos antes de llegar al parque que está al doblar la esquina sobre la misma calle donde Kageyama vive, ahí guió a Hinata hasta una banca que había al final de el área de los juegos, por ser domingo por la tarde hay sólo un par de niños, pero ninguno de ellos le presta atención a la pareja que en silencio comenzó a comer los bollos. O eso era hasta que Kageyama miró fijamente a Hinata y la forma en que parece temblar, comer y ver a los niños.

—Tie-

—Tuve que regresar antes —interrumpió el mayor antes de que Tobio hubiera siquiera haber temrinado la primera palabra—. Después de la semifinal estuve vomitando mucha sangre y tuve excesos de tos… —contó sin dejar de ver a los niños. La voz suena igual o peor que antes. Dio otra mordida a su bollo y lo masticó, Kageyama podía ver perfectamente lo mucho que sufría el menor al pasar al bocado, y entiende más o menos porque parecía que a un solo bocado le daba cien masticadas, volver blanda la comida para hacerla suave y que pasara sin dolor por donde estuviera dañado en su interior.

—¿Por eso volviste?

—Hmp —afirmó Hinata.

—Creo que mañana van a ganar…

Kageyama advirtió la decepción en la voz ajena pero Hinata sólo sabe mirar al frente, masticar con sumo cuidado y después deglutir la comida.

—El próximo año podrás tener tu venganza, esta vez yo te vo-

— El cáncer ha avanzado… —soltó sin más Hinata, dio una mordida a su bollo y el vapor con el olor de la carne hizo ebullición en el hoyo que la noticia había dejado en el estomago de Kageyama—. El medicamento ya no será suficiente… a partir de la siguiente semanas… empezaré con exfoliaciones… así que… no sé si haya un próximo año… —explicó y se giró para sonreírle enorme a Kageyama—. Lo lamento… quería decírtelo de frente, Kageyama-kun.

"Puedes levantarla para mí. No importa lo demás. Siempre estaré allí para rematarla"

"Pero yo remataré cualquier balón que levantes"

"Remataré, ¿entendido?"

Oye mamá, creo que soy homosexual. En aquel momento sólo pude decirle que era imposible. Pero ahora entiendo que lo imposible es que disfrute de levantar balones para otra persona que no sea la persona de la que estoy enamorado. Ni siquiera sé sí a esta condición se le puede llamar homosexualidad porque jamás me había interesado ver a alguien más. Ni siquiera sé si estoy viendo a Hinata o al genio estúpido dentro de él que se tira de boca a todo sin medir las consecuencias.

Oye mamá, creo que soy homosexual y estoy aterrado.

Kageyama alzó la mirada a Hinata, los ojos azules pronto se volvieron mar y sus brazos una tormenta que abrazaron el cuerpo de Hinata. Sus dedos se hundieron en la ropa y el bollo de carne que las temblorosas manos sostenían acabo por estrellarse al piso.

Hinata no lloraría porque le había prometido a Hanzel que sería lo suficiente fuerte como para luchar por ese amor hacia si mismo y hacia Kageyama.

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Reviews:

Yukie: Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti (?, mentira, sólo bromeo, lamento que pasara tanto tiempo pero es que ya ves, las fiestas, navidad, cumpleaños, año nuevo, reyes mago y toda la cosa que hubo de pronto no pude sentarme a leer lo que había escrito y bueno, en este capítulo quise tocar un tema algo distinto que no se toca en todos los fics yaois pero que muchas veces dan por sentado que todo mundo aceptará la homosexualidad de alguien más allá de si tiene una relación o no. No quiero hacer un fic donde de pronto uno se vuelve gay y TODOS son gays. ¿si me explico? Estoy tratando que todos mis pj sean un poco más realistas y me siento súper feliz de ver que Hinata está cogiendo ese toque de realidad con pensamientos profundos, y sí, creo que es más que "chibi-tan". Leerte me hace muy feliz, espero me puedas perdonar la espera -inserte corazón gay-, te irás al cielo con todo y todo por tus bonitas palabras, haces muy feliz a una autora loca. Te deseo un feliz inicio de año y que éste te vaya mucho mucho mucho mejor, aquí tendrás tu dosis de amor y pasión, (?, angst y mucho cáncer (?. Pd. El Circo, omg, la siguiente semana todos regresamos a nuestras actividades habituales (?. Gracias por leer, de verdad que me haces feliz.

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Gracias a todos por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.