ADVERTENCIA: Los personajes aqui mostrados son creacion de Meyer, yo los uso para crear algunas cosas que andas rondando en mi cabeza...


Mi beta es: Mentxu Masen (Beta FFAD) ; www facebook groups / betasffaddiction ... Te agradezco tanto mi nena, enserio no se que haría sin ti

Mil gracias nenas hermosas por sus palabras e infinito apoyo, me gusta la recepcion que tiene esto, ha sido en definitiva mi sueño hecho verdad, que lean y entiendan un poco.


"Nadie puede volver atras y comenzar algo nuevo, pero cualquiera puede comenzar hoy y crear un nuevo futuro. - no juzgarme a mi misma a traves de los ojos de los demas".


Summary: Ella no pensó que su vida cambiaria, ella solo hacia lo mejor para sí o eso creía, bajar de peso no parecía tan malo, ahora todo es un caos, nada tiene sentido, y aquel agujero negro que ella creo la traga viva. Él amor llegara cuando más lo necesita, pero ¿Podrá Edward sacarla del abismo?


CAPITULO 9. LA PRINCESA TIENE MIEDO.

Enojada como estaba entré a cálculo, seguramente echando humo por los oídos. Mis pasos eran tan fuertes que podrían pulverizar baldosa. Mis ánimos cambian al descubrir una sonrisa enorme y blanca que me espera. Su cabello corto, disparado en todas las direcciones, parecía querer decir: hola. Edward era un idiota por coquetearme teniéndola a ella, era simplemente perfecta. Nos sentamos en la parte más retirada del salón y ella empieza a hablarme.

—Hola Bella —brinca a mi lado y sigue sonriendo—. ¿Llamaste a tu madre?

— ¿Qué? —pregunto confundida.

—Nos dijiste a mí y a Cielo que debías hablar con tu madre, ¿recuerdas?

Oh, suelen pasar este tipo de cosas cuando se miente.

— ¡Oh! Sí, qué tonta. Perdón, estoy algo distraída —mi voz sale tan entrecortada, que se que sabe que es una vil mentira.

—No hay problema —dice aún sonriendo—. ¿Y qué hiciste después de hablar con tu madre? —pregunta.

—La verdad, el salón de arte tiene un imán para mí —sonrío inevitablemente—, así que estuve allí y luego el maestro Masen…

— ¡Oh! —dice ella sonriendo— ¿Ya tuviste clase con mi primo?

— ¿Primo? —grito.

—Sí —me mira con confusión—. ¿Tiene algo de raro que Robert sea mi primo?

—No, es solo que… no hay muchas escuelas donde tengas un primo que además es tu maestro.

—Sí, lo sé. Aunque en realidad no me parece tan extraño —contesta ella—. Aunque seguramente es más incómodo para mi hermano.

— ¿Tu hermano, por qué? —digo intrigada. ¿No dijo ella misma que no es tan extraño?

—Ambos se llaman Edward —se encoje de hombros—. Es una ventaja que uno sea Cullen y el otro Masen.

Jadeo cuando descubro quién es su hermano. El ángel no es su novio, es su hermano. El ángel de ojos verdes no era un cínico idiota como momentos atrás pensé. ¡Oh mi buen Dios! Soy una tonta, he sido una perra con él.

Otra afirmación llega a mi cabeza y me hace sentir realmente mal. Lo he prejuzgado con tanta velocidad que, seguramente, ahora ni mi amigo querrá ser. Mi cabeza se agacha con tristeza. He soñado con él durante tanto y he metido la pata indudablemente, no lo culparía si decide no hablarme el resto de su vida.

—No sabía que era tu hermano.

—Sí bueno, eres nueva y te fuiste antes de que te lo presentara a él y a mi novio —ella sonríe, pero sé que se enojó por ese hecho.

¿Entonces quién era su novio?

— ¿Cómo se llama tu novio? Tal vez lo conozca —trato de que mi voz suene lo más normal posible. ¿Qué tal si hay otro Edward Cullen? Digo hay dos Edwards y ambos tienen el apellido Masen.

—Jasper Hale, pero no creo que lo conozcas. Está en último grado —ella me mira cuidadosamente, tratando de descifrar mi actuar.

—No, no lo conozco.

Alice me mira directamente a los ojos y empieza a examinarme con mucha calma y pericia, yo me siento desnuda ante su observación.

— ¿Por qué me miras así? —pregunto.

—Tu actitud ha sido muy extraña, desde que entraste al salón. Luego me preguntas por Jasper como deseando obtener algún tipo de respuesta —me mira mal—. Dime algo, ¿conoces a mi novio? —trata de mostrarse muy fuerte, pero es solo alguien preocupado por el amor de su vida. Decido hablarle a ella con la verdad, no sé porqué. Sé que puedo confiar en ella.

—No conozco a tu novio Alice —empiezo—. Veras, en el almuerzo cuando dijiste que si tu novio y hermano podían sentarse con nosotros, lo acepté de inmediato pero cuando los vi algo pasó…

— ¿Qué? —se le nota preocupada.

—Vi a Edward… y yo… lo confundí con tu novio y me sentí mal.

Ella abre los ojos como platos.

—Hace algún tiempo, lo vi en un hospital. Yo estuve enferma y cuando desperté él me observaba, tenía cubierta la cara, pero sé que era él. Nunca podría olvidar sus ojos.

Alice empieza a sonreír y a mirarme con ternura y picardía. Algo se forma en su cabeza y no sé si será bueno o malo.

— ¡Joder, te gusta mi hermano! —grita.

—Shhh. Alice —reprendo—. Y no me gusta, es solo que cuando desperté lo vi y es algo así como curiosidad.

—Bella —dice mi nombre con sarcasmo y remarcando cada letra.

—No sé Alice, no sé si me gusta. Pero quedé cautivada e hipnotizada por sus ojos, mi piel tiembla cuando está cerca —me tomo el cabello frustrada—. Y solo lo he visto una vez, no es normal.

—Bah —dice ella—. A ese tipo de cosas, se le conoce como amor a primera vista.

— ¿Qué? —grito y todos se giran para observarnos.

—Es lo que yo veo —añade ella—. Si tú no lo quieres ver es tu lío.

Pienso sus palabras con detenimiento. El sentimiento que se genera en mi interior al recordarlo me hace saber la respuesta. Es algo tan extraño y complejo querer a una persona así de la nada, sin conocer su pasado, su presente, sin saber qué le gusta y qué espera de la vida.

—Clase, como sabrán, en dos meses se realizarán las olimpiadas de matemáticas y las personas que aprueben y sean seleccionadas, representarán nuestra escuela a nivel nacional en California.

No hay gritos de júbilo como se esperaría, se escuchan cosas como: Sí claro, quién ganaría en cálculo, ¿Olimpiadas de matemáticas? Ya quiero ver quién aprueba.

—Profesor —pregunto—. ¿Qué se debe hacer para postularse?

Él sonríe.

—En un mes, haremos una prueba a los estudiantes Junior y Senior. Los puntajes más altos irán a representarnos.

—Genial —respondo.

— ¿Le interesaría asistir, señorita?

Sé que todos me miran y esperan mi respuesta.

—Sería interesante.

—Excelente señorita… —mira en su listado buscando el nombre de la chica nueva—. Swan. Le deseo mucha suerte.

Sonrío y Alice me mira con la boca abierta.

—Te gustan las matemáticas —dice en medio de un jadeo.

—No en realidad, pero tuve tutoría privada. Voy adelantada y bueno, no me va tan mal.

—Wow —sonríe—. De verdad combinas con mi nerd hermanito.

— ¿Ah?

—Es un absoluto nerd, estudia todo el tiempo, lee, no sale con chicas… aunque —se calla de repente.

— ¿Qué? —pregunto intrigada.

—Bueno, no sé si decirlo —su voz tiembla—. Es que sé que le gusta alguien, pero no son nada lo juro. Es demasiado correcto y si tuviese novia ya la hubiera presentado en casa.

No es como si no esperara algo así, él es guapo y gentil y tiene unos ojos cautivadores que haría caer a cualquiera. Pero, ¿por qué siento como si me hubiesen pegado en las tripas?

—No es algo que me molestaría Alice —me encojo de hombros—. Tu hermano es mi compañero de clase, solo eso. Te he dicho que no sé si me gusta, es más, no me gusta. Es el aturdimiento por ser casi el primero a quien vi.

— ¿Puedo preguntarte algo? —dice ella.

—Sí.

— ¿Por qué estabas en el hospital exactamente?

Confío en ella, pero no lo suficiente para revelar lo que más me pesa y odio en este mundo.

—Este, me operaron de apendicitis —digo casual.

— ¡Que terrible! —exclama—. Debió doler horrible, ¿hace cuánto fue?

¡Ay demonios! ¿Qué es lo que se siente cuando da eso? Vamos Isabella piensa…

—Sí, fue muy feo, la verdad no me gusta recordar, creo que me traumaticé con eso —hago una mueca de asco.

—Edward suele acompañar a mi padre al hospital, le gusta vigilar a los enfermos por si necesitan algo. Es algo extraño —comenta ella—, como si necesitara asegurarse de que esas personas están bien, para sonreír.

Me imagino al ángel, con sus ropas blancas, corriendo por aquel lugar, velando los sueños de tantas personas que lo necesitan allí. Lo imagino brillando como si de una estrella se tratara, entregando brillantes sonrisas y devolviendo la fe a quienes como yo la habían perdido por completo. Lo veo observando, atendiendo, cuidando y diciendo: todo va estar bien.

Durante el resto de la clase, trato de despejar mi mente y llevarla a otro lugar, uno donde Edward Cullen no aparezca, porque si bien es un ángel, yo no nací para poseer uno. Mi estado anímico decae nuevamente y mis ojos empiezan a picar, necesitados por liberarse. Quiero ser feliz y sonreír, quiero olvidar lo que cargo en la espalda, pero es tan difícil cuando tu fe en mí diezma ante el menos tropiezo.

—Profesor, ¿puedo salir antes? No me siento muy bien —mi voz es patosa y ronca.

— ¡Claro! Señorita Swan —su rostro denota preocupación—. ¿Necesitas que te acompañen a la enfermería?

—No profesor, creo que tomar aire me sentará bien —le sonrío con dificultad y él asiente aun con semblante preocupado.

Alice me mira también preocupada, pero le digo que todo está bien. Abandono el salón dando pasos lentos y patosos y, cuando nadie me observa, camino por los pasillos vacíos del instituto aumentando el ritmo a medida que veo en la distancia una salida que muestra en el fondo un pequeño bosque. No me preocupo por si alguien me observa, arranco a correr cuando las lágrimas empiezan a resbalar por mi mejilla. Siento que todo lo que cargo está en mi pecho y me oprime, no me deja respirar.

Los sollozos aumentan, son lastimeros y desgarradores. Necesito contarle a alguien lo que me pasa, necesito ser escuchada, necesito personas en quien confiar y dejar de tener miedo, pero es tan difícil que cuando creo lo haré envío todo a la mierda.

—Tengo tanto miedo —digo en voz alta y en medio de un sollozo. Creyendo que nadie me escucha.

Un aroma potente, una corriente eléctrica y unos brazos fuertes me envuelven.

— ¿Qué tienes Bella? —su voz es angustiada—. ¿Te duele algo? ¿Vamos a la enfermería?

Me alejo de su abrazo, apenada porque me vea así. Con mi mano limpio las lagrimas y lo miro con detenimiento. El ángel parece angustiado y dolido, me mira con súplica, pero no entiendo el porqué de su mirada. Le pido perdón en silencio.

—Dis...culpa —murmuro bajito—. No sabía que estabas aquí…y estoy bien gracias.

Me observa con detenimiento y examina cada centímetro de mi cuerpo.

— ¿Segura? —pregunta dudoso—. No es problema llevarte, si quieres vamos ya un momento y no tardamos. Enserio me preocupa que…

—No es nada Edward. No te preocupes por mí —le entrego una sonrisa vacía y carente de alegría.

Empiezo a caminar en dirección opuesta a él, desgarrándome nuevamente por ser tan perra. Puedo percibir en sus ojos que no le agrada cuando le trato así, pero ni yo misma me controlo, no entiendo el porqué mi mente me dice cosas y mi actuar dice otras.

Te gusta, pero estas asustada de enamorarte. Con él sería muy sencillo.

Tan sencillo enamorarse, perder la razón, soñar con cuentos y finales felices, pero también el doble de sencillo sufrir y ser destruida por completo. Cuando estuve con Andrew, pensé amarlo, pero no fue así. Estaba enamorada de la idea de amar y me encapriché por conseguir a alguien que me demostrara qué era eso. Acabé mal y estaba aterrada por terminar peor si me fijaba en alguien más. Con Edward seria sencillo amar, pero sería imposible creer que él pudiese amarme igual, sobre todo por culpa de mi pasado.

—Bella —alguien toma mi brazo—. Enserio, estoy empezando a creer que te caigo mal —está triste.

—No eres tú, Edward —le sonrío levemente—. Yo no soy buena teniendo amigos, la verdad no comprendo muy bien cómo es un amigo. Y no me caes mal, creo que eres una excelente persona, tú tienes una luz especial.

Su sonrisa se ensancha y sus ojos se iluminan ante mi declaración, lo que viene a continuación me deja congelada. Él hala mi brazo y estrella su cuerpo con el mío, envolviéndome en sus brazos, en su calor, en él.

—Yo te enseñaré —susurra en mi oído.

Me deja paralizada en medio de un corredor que empieza a llenarse de gente. Alice corre a mi entusiasmada.

—Los he visto, los he visto —canta feliz—. Él te abrazó y nunca abraza a nadie. Oh Dios, esto es amor a primera vista, segunda vista para ti, de hecho, pero…

—Calma Alice, no es lo que piensas.

Ella toma el puente de la nariz y empieza a respirar varias veces seguidas.

—Qué hago contigo Bella. ¿Es que no ves la química que desprenden ambos?

—No ha sido nada, yo estaba llorando y él me abrazó.

De pronto su semblante cambia y me observa. Hace lo mismo que hace su hermano, solo que ella se empina un poco para abrazarme mejor.

—Nunca huyas cuando quieras llorar, al menos no sin una amiga.

—Gracias Ali.

Una mirada azul nos observa a Alice y a mí a lo lejos, le sonrío a mi otra amiga que llega corriendo un poco agitada.

—Odio el español —bufa—. ¿Por qué coño usan una palabra diferente para todo? Así nunca aprenderé.

—Mal humor ¿eh? —digo sonriente—. Si quieres te puedo enseñar, yo hablo español.

—Sí, por favor —suplica—. Suficiente tengo con reprobar arte, como para sumarle español.

Jadeo exageradamente.

—Reprobarás arte —me pongo ambas manos en la boca y la miro horrorizada.

—Oh sí, es un desastre —se mofa Alice.

Cielo nos asesina con la mirada.

—Las quiero ver cuando algo así les ocurra. Me reiré a carcajadas.

—Gracias chicas —digo tomándolas por sorpresa.

— ¿Gracias? —dicen ambas al tiempo.

—Me debes una soda, Alice —dice Cielo—. Perdón, ¿qué decías Bella?

—Gracias —sonrío—. Nunca he creído en las amistades reales o genuinas, ni en el amor. Para mí todo ese tipo de cosas existen en los cuentos de hadas. En 4 horas me han hecho replantear esa teoría, siento que puedo confiar en Uds.

—Awww* —Alice vuelve a abrazarme—. Cielo, arruinas el momento, ¿sabes? Únete al abrazo colectivo, témpano de hielo —empiezo a reír a carcajadas.

El timbre suena nuevamente y nos indica que es cambio de clases nuevamente. Me despido de las chicas y les digo que nos encontraremos al finalizar clases. Ambas me sonríen y se van juntas a literatura, en una entretenida disputa de quién debe la soda a quién.

Yo busco mi siguiente clase y me siento en la primera fila frente a todos. Mi clase es política y, para asombro, hoy hablamos de ética y me sumerjo en una charla basada en la concepción errónea de los modelos éticos. Mi profesor no está desacuerdo con mi punto de vista pero rebato insistiendo en que la ética se evapora del ser cuando los deseos primarios dominan. Al parecer, hoy ha sido una clase bastante entretenida y todos agradecen como casi explota el profesor por mi debate.

—Wow, nueva —dice una chica a mi lado—. Apoyo tu punto de vista. Es cierto lo que dices, ósea ¿quién coño piensa en ética si está muriendo de hambre?

-Sí, es extraño como dice él que siempre nos superaran nuestros valores arraigados, parece hablando de moral.

—Me caes bien chica.

—Gracias —salgo sonriente del salón.

Pienso con detenimiento en lo que ha sido mi día y sonrío. Mi cabeza es un caos, al igual que mi sistema límbico y emocional, pero al menos, superé una de las pruebas. Soy un ser paradójico y algo bipolar con estos cambios tan constantes de ánimo, pero para pasar por lo que he pasado no es del todo tan grave. He conocido al ángel que anhelé conocer una semana atrás, he visto de nuevo sus ojos, conozco su rostro, su cuerpo y su voz. Conocí de primera mano la amistad en cierto grado. Cielo y Alice parecen ser de ese tipo de personas que se entierran en tu alma con una sonrisa y que, como el ángel, llegan a darte ánimos y esperanzas para continuar.

No sé que depara mi futuro de hoy en adelante, tampoco sé si mi inicio marcará un cambio positivo o, por lo contrario, volveré a caer. Solo sé que sigo aquí y que trataré de disfrutar el momento, nunca se sabe cuándo acabará la vida.

—Bella —Alice y Cielo me alcanzan cuando llego a mi auto—. Ha sido un placer conocerte, nueva amiga.

—El placer es mío, de verdad chicas, lo que dije hace poco es cierto. No suelo confiar ni creer, pero vamos por buen camino

—Soy feliz —dice Cielo—. Conocí a mi futura mejor amiga y Alice ha vuelto a hablarme, qué más pedir a la vida —ella abre sus manos al cielo.

—Eres tan tonta —comenta Alice—. Si no te hablo es porque me ignoras, idiota.

—Sí, como no —contesta Cielo—. No sé si lo notarás, pero miras a Jasper como retrasada y el mundo, ósea yo, no existe.

—Ya verás cuando te enamores Cielito —Alice la mira con picardía—. O bueno, a menos que ya lo estés.

— ¿Quéee? —grita ella—. Tú y yo, vamos a tener una larga pelea Alice Cullen Masen.

— ¡Oh Masen! —susurra Alice. Cielo se pone roja.

—Nos vamos de aquí Cullen, tengo que arrancarte el cabello y no quiero testigos.

Yo las miro divertida partir, una con andar relajado y sonrisa gigante, otra con ceño fruncido, pasos pesados y humo literalmente saliendo de su cabeza. Ese par son únicas. Observo a mí alrededor, algunos me sonríen, otros le sonríen a mi auto, algunas me asesinan con la mirada… Yo simplemente cierro los ojos y empiezo a sentir, a tratar de convencerme de cuán real es mi vida ahora. Dolor hay mucho, pero el dolor es el sentimiento propio de los que aman profundamente.

—Señorita Isabella —sus ojos grises me miran divertido—. Al parecer se ha vuelto famosa en este humilde instituto.

Me sonrojo. —No me gusta la atención Robert —contesto y él sonríe al escucharme llamarlo Robert—, pero viéndole el lado positivo, todo buen artista necesita un poco de atención.

—Que no se te olvide, pequeña —añade—. Te importaría darme tu número. Digo, eres la monitora, tal vez para acordar asesorías y demás.

—Sí, mi número es…—contesto—. Por favor, envíeme un texto con su número antes de llamarme, no contesto números sin identificar.

—Claro Isabella —contesta sonriente—. Lo haré, téngalo por seguro.

—Quiero agradecerle profesor —empiezo diciendo—. No confío mucho en mi arte y sus palabras me han animado.

—No tienes porqué agradecer, solo digo la verdad y pocas veces miento —añade él—. Solo miento cuando necesito obtener algo que deseo con fervor y bueno no creo que quiera obtener algo alagándola —me guiña un ojo—, o al menos no todavía.

— ¡Eh! —¿qué decir?

—Tranquila Isabella, por ahora no estoy coqueteando, tal vez más adelante, cuando estemos solos y pintando. Tal vez te robe uno que otro beso —él empieza a reírse y me deja ahí paralizada.

¿De verdad es mi maestro?

Me subo a mi auto asustada por sus palabras y por las miradas asesinas de todas las chicas, siento un golpecito en la ventana.

¿Y ahora qué?... Bajo el vidrio de mi coche sin mirar aún a quién tocaba la ventana.

— ¿Qué tal tu primer día? —esa voz. Giro mi rostro y sonrío enormemente.

—Ahora que puedo responder diré: Mejor de lo que yo misma esperaba.

Inclina el rostro y besa mi mejilla.

—Bien por ti, querida nueva amiga —se va y me deja deambulando en las nubes.


N/A: Estoy algo voladora con la historia, bajare el ritmo la otra semana y volveremos a los días de actu normal... Aunque por ahora disfruten :D
Ame este capitulo, al igual que los otros, pero este específicamente al ver nuevamente el desenvolvimiento de Bells en el instituto.

Vuelvo a preguntar... A quien prefieren ¿Ojos verdes, ojos grises?

www (punto) facebook (punto) com /groups/264519286981185/ este es el link del grupo de Princesa en fb para las que deseen unirse.

Fire