Este capítulo está dedicado a Tirek, quien se tomó la libertad de destruir la biblioteca...Gracias por nada.
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CAPÍTULO 10
LA ODISEA DE LOS TRES DÍAS
Un breve resumen hasta ahora: Un poni nuevo llegó a Ponyville (valga la redundancia fónica), se trata de LionHeart, un conocido periodista cuyo viaje fue incentivado por un supuesto trabajo como director que resultó ser una treta, femeninamente planeada, de Twilight y compañía para emprender un proyecto y participar en el gran certamen de Medios de Comunicación: "La Pluma de Oro". Ahora el buen señor Heart, a tan solo dos días, sin siquiera haber desempacado la totalidad de sus cosas, ha empezado con sus labores como Director del Foal Free Press, y en este preciso momento se encuentra en la escuela secundaria…
…
Ya iban dos días seguidos que una labor lo tumbaba con placer sobre un asiento, aunque habría preferido mil veces el sillón de cuero de la… oficina… si es que así se le podía llamar al sótano. Ni modo, tenía que conformarse con los duros, pero no menos cómodos, banquitos de madera de la calle. Lo único que faltaba era un cigarrillo; lujo que se permitió sin importarle mucho el qué-dirán de los habitantes, ya que en dos días no había visto a nadie fumar una sola vez. "Al menos esto me hace único" pensó mientras sus pulmones se llenaban de humo, y lo expulsaba en forma de aros que se deshacían en el aire. La nicotina no tardó en hacer efecto, dentro de su cabeza sentía un suave y agradable mareo, como si la masajearan por dentro. Si ya de por sí era bastante latoso lidiar con el grupo de chicas ponis y su constante atención (sobre todo de Twilight) la idea de tener que tratar con adolescente le parecía tres veces más, y cuanto más tenso, más efectivo era el cigarro.
Sabía que no podía contar con los del primer y segundo grado, pero de todos modos su estrategia no apuntaba a ellos. Durante la breve reunión que sostuvo con la directora de la institución tocaron el tema de los beneficios para los estudiantes que integren un Club de Periodismo. Leo narró a modo de experiencia que en todos los distritos de clase baja el gobierno de turno de Manehattan había impulsado al proyecto de los Clubes como una manera de encaminar a los jóvenes con menos recursos económicos a que… atinen… por así decirlo, a escoger una carrera, y que además, si mostraban aptitudes para ella obtenían una beca en diversas universidades que buscaban muchachos de dichos perfiles. Abrían clubes de ciencias, periodismo, mecánica, arte… incluso de matemáticas.
-¿Y no habían clubes de magia? –preguntó entonces la directora, quien por cierto era unicornio.
-El mayor porcentaje de habitantes en Manehattan son ponis terrestres, lo dicen los censos. Incluso hay más pegasos que unicornios –y por supuesto, a estos no los mencionó con gran ánimo, mas bien con un afán de excluirlos, ya que justo en ese momento tenía en mente su dura etapa escolar- Los niños unicornios suelen tener casi segura una beca en Canterlot si lo que desean es magia-.
"No debí decir eso… o bueno, al menos no así" reflexionó LionHeart. Pero la directora más parecía algo conmocionada que enfadada por ello. Al final entendió lo beneficioso que sería para los estudiantes aspirantes al periodismo, y felicitó la idea, incluso se mostró ella misma como entusiasta colaboradora "¿Es que todos los ponyvilenses son así? Demasiados colores para mi gusto" Pero del dicho al hecho hay un gran trecho. LionHeart, ahora como Director de un diario sin recursos, se había convertido también en el brillante Orientador Vocacional para jóvenes destinados al periodismo.
-Menuda ironía –susurró mientras se desparramaba en el banco y miraba las nubes blancas en el cielo- ¿Qué clase de orientador vocacional es alguien sin cutiemark?-Además era plenamente consciente que no tenía paciencia para educar.
Su temor principal era no tener suficiente información por contar en las páginas del diario. Estando en Ponyville sabía que no llegaría muy lejos respecto a noticias, y necesitaba sí o sí llegar hasta Canterlot y ciudades aledañas a esa región para conseguirlas ya sea consiguiendo agentes o mandando comisiones especiales. Manehattan quedaba descartada, estaba lejos y dudaba si las noticias citadinas fuesen de interés para ellos. Presintió que las cosas no eran a las que él estaba acostumbrado, sabía que no encontraría tantas notas qué cubrir en policiales a menos que algún poni tenga la impulsiva maldad de matar una mosca. Así que quizá el tema político fuese más interesante, aunque siendo sensato, la realeza no es tan bien vista dentro de eso. Hizo esfuerzo en recordar algo de historia política: Manehattan se casi independizó de Celestia algunos años atrás.
En las costas de Equestria, a muchísimos Kilómetros de Canterlot, se halla esta ciudad cosmopolita que creció a pasos agigantados. Hace mucho tiempo fue una ciudad de grandes familias, pero tras varias generaciones se convirtió en el centro de producción y desarrollo más grande del país; mientras que la lujosa Canterlot se convirtió, por así decirlo, en la casa de verano de dichas familias. Por ello, el progreso para un poni o criatura promedio se hallaba en esa ciudad. Las migraciones fueron masivas incluso de no-ponis, y cuando Celestia asumió la responsabilidad de gobernar también en la ciudad (lejos de mantener la armonía a salvo) se halló ante una población creciente que pedía apoyo del gobierno Equestre. LionHeart sabe que la alteza no fue lo suficientemente sabia, o sencillamente no logró establecer una buena relación entre la clase alta y la clase… progresista. Por ello el periodista, que vivió en barrios marginales, se desentiende con temas que tengan que ver con realeza, castillos… y magia. Manehattan fue prueba suficiente que la magia no lo puede todo. Por ello, en algunos de esos fatídicos años, el alcalde regional de Manehattan impulsó la semi-independencia de la ciudad (llamada en términos técnicos "descentralización"), tomando el cargo de gobernador, y casi, casi, volviendo aquella inmensa ciudad de más de 20 millones de habitantes casi un país aparte. De ahí viene a que, tanto LionHeart como muchos otros ponis consideren que Manehattan es un país distinto.
-Tema político es delicado. Tengo que analizar los periódicos locales, sí o sí –susurró mientras exhalaba humo blanco- Puede que encuentre algún ángulo interesante-.
-¡¿Qué ángulo?! –le chilló sorpresivamente una voz en la oreja.
Como LionHeart estaba fumando su corazón dio una fuerte y aguda punzada que lo hizo estremecer y golpearse con ambas patas delanteras en el pecho. Intentó respirar y sintió de nuevo el dolor como una fría puñalada. Se ahogaba e ignoraba al responsable del susto. Cayó al suelo con los ojos arriba, y solo podía pensar en que su vida podría acabar ahí mismo… de no ser por una pata amiga que lo golpeó violentamente en el pecho y arregló todo. Sintiendo que sus pulmones al fin respiraban se levantó y vio a Pinkie Pie, quien no parecía en absoluto enterada de lo que le había pasado. Por si eso fuera poco llevaba un colorido y ridículo cartel en el lomo que ponía en letras grandes "¡Ven y diviértete trabajando para nuestro periódico! ¡LionHeart te necesita!" con un dibujo del periodista apuntando como cartel de reclutamiento del Tío Sam.
"Hija de la gran puta" pensó jadeante y asustado LionHeart.
-¿Estás bien? -murmuró Pinkie Pie.
"Te voy a matar, gorda sucia" el periodista sentía el descontrol de sus emociones, pero antes que dijese algo que no debía decir, apareció Twilight detrás.
-¿Qué ocurre chicos? –preguntó sonriente.
-¡Al señor Heart le dio un ataque al corazón! –se apresuró en decir Pinkie. Y Twilight cambió radicalmente de relajada a preocupada.
"Gracias…" –Soy sensible a los sustos –mintió LionHeart.
-¡Oh por Celesitia! –La unicornio se acercó- Deberíamos ir con un doctor-.
-No, no –dijo amablemente- No hace fal…-.
-¡Estaba fumando! –intervino Pinkie Pie nuevamente, poniendo entre ellos dos la colilla de cigarrillo casi a terminar, humeando. Luego se dirigió al periodista- ¡No debes fumar! ¡Fumar hace daño!-.
"Comer de más también… cerda" LionHeart respiró hondo para no decir nada, pero seguía conmocionado.
-Señor Heart –reprochó Twilight- Le pediré que mientras esté en este pueblo tenga cuidado con el cigarro. El humo del cigarrillo es malo para los demás y para usted-.
"Vida por muerte, señorita Twilight" –Lo siento mucho, soy un poco adicto –dijo con formalidad- Por respeto… y salud… dejaré de fumar-.
-Eso espero –Twilight suspiró, lógicamente Leo no esperaba a que fuese por él- ¿Tuvo éxito en su reclutamiento?-.
-Lo veremos pronto –dijo sin muchos ánimos echándole un reojo a la gran puerta del edificio escolar- La mejor opción para reclutar miembros de la secundaria es formando un Club. Ya acerqué mi invitación a todas las aulas, y lo bueno de esto es que solo los interesados se acercarán-.
-Eso suena bien pero… ¿Qué pasaría con aquellos que no están animados pero podrían ser en un futuro brillantes periodistas? –preguntó Twilight con cierto reclame, uno que a LionHeart le parecía bastante familiar, un sabor a "jefa"- Si queremos tener más personal debemos animarlos aún más. No puedes haberles dicho solo eso-.
"Quizá la próxima vez quiera que me disfrace de algodón de azúcar y vaya con un cartel por ahí reclutando gente… corazoncito" –Confía en mí, vendrán –dijo LionHeart intentando calmar a la unicornio- Creame, Señorita Twilight, que prefiero trabajar con cinco que realmente estén interesados en esto, que trabajar con un ejército incontrolable de –"mocosos" pensó decir- jóvenes. Acordé con la directora que esto les brindaría a varios una exoneración en los cursos de lenguas y comunicación. Usted debe saber que uno aprende más en el campo de juego que estudiando como loco-.
Aquello provocó una expresión rara en Twilight, quien miró de reojo a Pinkie Pie.
-Bueno –contestó Twilight con esa duda en su voz que Leo odiaba- Confío en usted entonces. Y por cierto, el teléfono ya está instalado. Funciona de maravilla-.
"Está desconfiando... ¿Qué esperaba? Que esté aquí con una horda de jóvenes ¿Qué ha creído ella que es un periódico?" El humor de LionHeart no estaba mejorando nada, más aun teniendo los ojazos de Pinkie Pie atestiguando todo aquel momento. Estaba tan extrañamente silenciosa que sospechaba que lo estaba observando, analizando, presintiendo... y eso lo incomodaba. Tenía que mantener la compostura.
-Bien. ¿Tú que conseguiste, Pinkie Pie? -.
La pregunta le devolvió el color y sonrió.
-¡Muchos ponis se han inscrito!-.
Leo tuvo la sensación de un gran trozo de hielo resbalándole desde su cuello hasta su cola. Puede que esos muchos sean el número que pedía Twilight, pero en el fondo sabía que, era muy probable, que el 90% de ellos no fuese de verdadera utilidad para el proyecto. Sin embargo, a juzgar por la repentina sonrisa de Twilight, eso era lo que esperaba oir "Me cago en ti, Pinkie Pie".
-Eso es genial, Pinkie –dijo la unicornio violeta- Eres de gran ayuda. ¿Cuántos tenemos?-.
-Algo de veinte ponis-.
-¿Cómo los convenciste? –preguntó de repente LionHeart.
-Dije "¡Ponis de Ponyville, nuestro pueblo está participando en un concurso! ¡Estamos uniendo fuerzas para formar un diario y ganar la Pluma de Oro, y estaremos liderados por un Gran periodista de Manehattan con el que iremos tras la victoria!" –exclamó Pinkie Pie con una actuación innecesaria- Y Featherweight añadió: "Si alguno sabe escribir, tomar fotografías o cuenta con algún conocimiento en diseño, le pedimos su apoyo. Este concurso será el prestigio para este pueblo y para el reino de nuestra querida princes…"-.
-¿Solo con eso? –interrumpió LionHeart.
Pinkie Pie asintió con la cabeza, y LionHeart no sabía si sorprenderse o tirarse de los pelos. "Esto no es un concurso, es un periódico… por el amor a los dioses" Pero debía admitir que fue un poco vergonzoso que con tan pocas palabras haya logado reclutar en la mañana veinte cabezas. Más de las que podía esperar de la secundaria. Pero fue gracias a Featherweight que al menos los ponis inscritos sabían que como mínimo debían escribir, tomar fotos o diseñar para presentarse como voluntarios. Así que no había nada que perder. Pero lo que lo molestaba realmente era el hecho que aquella poni tuviera que hacer las cosas a su modo sin consultar.
-Espero que su Club reclute al menos una cantidad similar, señor Heart –dijo Twilight, siendo lo último que Leo hubiera deseado escuchar- Creo que es mejor tener más cabezas a no tener ninguna-.
"¡No soy un maldito capacitador! ¡Tampoco orientador vocacional! ¡Soy un periodista, por el amor de… Celestia!" casi olvidaba que la señora alicornio era algo así como una diosa para los ponis.
-Eso espero –añadió LionHeart- Confío más en los muchachos, son mentes frescas que se pueden orientar mejor, se lo digo por experiencia- "Y sentido común" Leo recordó cubrir alguna vez una nota en los Alpes sobre la dura labor de ciertas instituciones que buscaban erradicar el analfabetismo de las cabras-fauno montañeses. Los adultos eran muchísimo más lentos en aprender que los jóvenes. Y lo que menos quería él era pasar por ese trajín de explicar al menos unas veinte veces una orden para que entiendan… sobre todo él, que no tenía paciencia.
"¡Hurra!, toda la alegría que me inyectó Applejack se fue al demonio" pensó recordando a la rubia, y por un instante solo quiso volver a encontrarse con ella y pasear a su lado, conversando de música… "¿Qué rayos estoy pensando?"
-Bueno, ¿Y cuándo empezamos? –preguntó Twilight.
-Hoy –dijo LionHeart, un poco más animado ya que recordaba las frases tan simples y llenas de optimismo de la vaquera- Vamos a la oficina… Hay un teléfono que usar. Sería bueno que me acompañaras para tomar anotaciones y hacer planeamiento-.
-¡Genial! –exclamó Twilight recobrando el entusiasmo perdido.
-¡Yo seguiré reclutando! –exclamó Pinkie Pie haciendo un saludo marcial.
-De acuerdo Pinkie Pie –la unicornio se veía satisfecha.
"Al fin se largó" pensó cuando vio a la rolliza poni rosa volteando la calle dando saltitos como cabra.
-Se me olvidaba, Twilight –dijo- Ya que conseguiste el teléfono, ¿podrías también conseguir que me lleguen todos los periódicos de la competencia como sea posible?-.
La unicornio se detuvo a pensarlo y de pronto recibió un chispazo de inspiración –por supuesto –asintió sonriente- Déjamelo a mí-.
…
La campana había tocado salida hace diez minutos en la secundaria de Ponyville y Applebloom nunca antes había permanecido dentro de las aulas por más de ese tiempo. Como Scootaloo ya había dicho, estaban muy grandecitas para ir buscando cutiemarks, sin embargo el entusiasmo por el Club de Periodismo se había apoderado de ella tanto como de Sweetiee Belle, mas no de la misma manera que Featherweight. El pegaso fotógrafo, más que nadie en el salón, había sido fiel a su labor como periodista. En cambio las dos pequeñas ponis se habían enlistado por conocer y estar cerca del profesor Heart, o como Applebloom lo había bautizado: "Leo-sensei". Desde que él abandonó el salón se había estado preguntando qué clase de poni sería "¿Será del tipo que es amable con todos? Si es así debería aprender a ser un poco moe como Sweetie, así me hago heridas en las rodillas y el me llevará a casa sobre su lomo" pensó mientras se sonrojaba y sonreía.
Los chicos montaron un pequeño puesto dentro del salón de clases. Featherweight se encargaba de motivar a los jóvenes a que se inscriban en el club y las Cutiemark Crusaders se encargaban de registrarlos… bueno, al menos Sweetiee y Bloom. Scootaloo parecía aburrida.
-¡Cambia la cara! –le dijo Applebloom a la pegaso - Ahuyentarás a los demás-.
-¿Qué cara esperabas que ponga si prácticamente me obligaste a entrar aquí? –preguntó la pegaso anaranjada- Te estoy haciendo un favor. No sé qué le viste al profesor ese. Se ve petulante y vanidoso-.
-Eso lo hace tan ardiente –respondieron en coro Sweetie y Apple con los ojos brillantes.
-¡Ay por todos los dioses! –refunfuñó Scootaloo y se puso los audífonos nuevamente, con el reproductor de música a tanto volumen que se podía escuchar una canción de Arryl Lavigne.
Como era de esperar, el viejo club que antes trabajó en el Foal Free Press se reunió de nuevo ni bien acabaron las clases "Yo, Sweetie, Scootaloo, Feather, Cotton Cloudy, Berry Pinch, Truffel Shuffle, Noi, Colt, Ink Butt" leyó. Faltaba Diamon Tiara, pero se negó a entrar; ella ya tenía asegurada una carrera en Canterlot ni bien terminase el año escolar. Applebloom no había pensado mucho en eso. Con la moda de los Mangas Tanuki se le había dado por dibujar, pero criticándose a sí misma concluyó que no lo hacía tan bien, aunque le decían que sus historias eran buenas "Quizá llegue a escribir historias y que otros las dibujen" pensó, y aquello fue otro motivo que la impulsó a pertenecer al club.
Al rato llegaron a inscribirse los ponis de cuarto grado, pocos, pero suficientes para que el total sean de quince, sin incluir a dos de tercero que fueron llevados por su maestra para cumplir una especie de castigo. En total sumaron diecisiete.
-¡Muy bien equipo! –dijo de pronto Featherweight tomando automáticamente el liderazgo del grupo, algo que a Applebloom no le importó, ella solo se moría de curiosidad de conocer a Leo-sensei- Ayer conocí al señor Heart y es un periodista muy profesional –prosiguió el pegasito- Considero que esta es una oportunidad única para todos nosotros que estamos interesados en el periodismo-.
-¡Hey, chico sabihondo! –interrumpió uno de tercero, que a pesar del grado, se veía mucho mayor (y más maloso por cierto) que Featherweight, quien la verdad era bastante bajito para su edad- Solo llévanos y acabemos con esto ¿Quieres? No todos estamos aquí por placer-.
-Eh… esto –balbuceó el pegaso.
-Pues no te queda de otra –interrumpió Applebloom- Somos mayoría quienes estamos aquí por voluntad y queremos aprender. Si no te gusta puedes irte a casa y repetir el curso de la profesora Collins-.
El poni de tercero hizo rechinar los dientes sin decir nada más, con una clara señal de inconformidad. Algo que se repetía en el rostro de Scootaloo y que apenaba un poco a Applebloom, pues su intención no era incomodar a su mejor amiga, sino de que al fin hicieran algo juntas, que junto a Sweetie Belle, las haga reír… Pues hace mucho tiempo que no reían.
-¡B… Bien! –exclamó Featherweight aún algo temeroso- ¡En marcha hacia nuestra vieja escuela!-.
…
Iba de vuelta a la oficina cargando una pila de periódicos de Canterlot que había logrado que Celestia se los enviara por Correo-Spike, mientras que los de Manehattan los obtuvo gracias a la generosa donación de la Alcaldesa quien es la única que parece interesarse del acontecer de esa ciudad que el señor Heart había pintado como una ciudad gris, llena de horrores y peligros… algo un tanto exagerado para lo que ella creía, pero Twilight tenía que reconocer que jamás había raspado más de lo superficial de cada lugar en Equestria pese a tanto tiempo de haber servido tanto en Canterlot como en Ponyville. Enfrentó numerosos peligros y enemigos poderosos, y logró superarlos gracias a sus entrañables amigas y la magia de la amistad; se le encomendó tremenda responsabilidad de cuidar el orden de su mundo, la magia, el equilibrio, la armonía. Junto a su mentora, la princesa Celestia, habían mantenido el reino en paz. ¡Pero ay! Incluso desde antes de llegar a Ponyville hacen ya varios años, Twilight siempre se ha preocupado más por sus misiones que por prestar atención a cosas sencillas, como entender los sentimientos de los ponis fuera de su círculo. Su "amigo" el guardiancito del palacio le dijo alguna vez que una monarca debería tener la capacidad de saber anteponer la amistad del deber… como si de un sacrificio se tratase. Por ello era bastante paciente con ella, comprendiendo lo constantemente ocupada que estaba, y eso le gustaba de él.
Impulsada por sus pensamientos y curiosidad aminoró un poco su marcha y decidió hojear con rapidez el diario que tenía como nombre Manehattan Times, que según la señora Alcaldesa, es el más influyente de la ciudad. De pronto sintió como si le cayese un balde de agua fría cuando vio en la portada la cara de su querida mentora con un titular enorme que ponía: Celestia bajó aprobación, 40% de Manehatienses desaprueban su gestión. Aquello la hizo detener de golpe.
-Princesa… -susurró con la piel escarapelada- Su aprobación ha bajado aún más-.
De pronto la visión de LionHeart sobre Manehattan no parecía tan exagerada. Si la población Manehattiense rechazaba a la Princesa, alguien que para ella era un modelo a seguir de pies a cabeza, los citadinos realmente debían tener problemas muy serios… y ella jamás se detuvo a pensar eso. "¡Es cierto!" pensó "El señor Heart trabajó en este periódico, quizá me diga algo al respecto". La unicornio no terminó de revisar el resto de diarios y corrió directo a la oficina.
Cuando bajó al sótano, el señor Heart reía con el teléfono en la oreja, sentado en el sillón con las patas sobre el escritorio y el lápiz en la boca. Espectáculo que no le agradó mucho presenciar… más aún luego de haber visto semejante titular. Aquello le hizo pensar fugazmente que su querida mentora estaba siendo víctima de todos los citadinos, o quizá de los periodistas... como el señor Heart.
-¡Que tal, señorita Twilight! –saludó el periodista frescamente.
"¿Qué crees que haces?" pensó Twilight alterada, pero sacudió la cabeza "No, basta ya. Debo tranquilizarme. ¡Tranquilízate, Twilight!" De pronto recordó lo que Applejack le dijo, el señor Heart no era quien parecía, pero no era malo.
-Se…Señor Heart, le traje los periódicos –dijo de pronto acercando el montón de diarios.
-Gracias, dame un segundo por favor –Y continuó enfrascado en su conversación, dejando un poco de lado a la unicornio. Eso no le gustó nada nadita nada.
"¡¿Para eso te doy el teléfono?! ¿Para perder el tiempo?" estuvo a punto de refutar. Pero…
-¡En serio te agradeceré mucho! –exclamó LionHeart, y se filtró por el auricular del teléfono una voz masculina casi imperceptible que hablaba demasiado rápido como para entender. Twilight hubiera deseado usar magia para oír aquello, pero magia con tecnología no se llevan tan bien- ¡Gracias Sniper, te deberé una si lo logras, socio!... Sí… Sí… ¡No te preocupes! –rió e hizo una pausa- ¡Pst! ¡Tu sabes! ¡Siempre logro sorprenderlos de alguna manera! Disculpa si me desaparecí de improviso, pero acepté este reto y debo ir hasta el final… Si… Claro… ¡Como debe ser, hermano! ¡Gracias! ¡Hasta luego! –Y colgó el teléfono.
-¿A quién llamabas? –fue lo primero que la unicornio preguntó.
-A Sniper, un colega mío del canal –contestó Lionheart sonriente- Con algo de suerte logrará proporcionarme información concerniente a Ponyville y Canterlot que sucede en Manehattan, mas que nada del ámbito político que es lo que, en mi opinión, debería interesarle a mucha gente aquí-.
De pronto Twilight se sintió tonta, primero porque estuvo a punto de acusar a LionHeart de perder el tiempo con el teléfono, y segundo, porque de algún modo tenía razón al respecto. Y eso le hizo acordar.
-¿Información como esta? –preguntó la unicornio y se alcanzó el Manehattan Times. El periodista tomó el periódico y le echó un reojo.
-¡Efectivamente! –exclamó, y alzó la portada- Como expliqué los diarios tienen una línea editorial, una ética, una razón de existir. Y para el Times… –golpeó la hoja e hizo un sonido incómodo- …lo más importante es apoyar al partido de oposición al régimen de Celestia-.
-¡Eso es terrible! –exclamó consternada Twilight, esperando oír eso desde hace ratos, pero sobre todo, ansiosa de explicaciones- ¿Por qué harían eso? La princesa es un gran ser, ha mantenido el mundo en…-.
-In-te-re-ses, señorita Sparkle –interrumpió el periodista- No solo de la oposición que apoya al diario, sino de varios grupos económicos que lo financian. Temo informarle que en Manehattan su princesa tiene la imagen muy demacrada. No gracias a los periódicos, sino a una gestión poco hábil y un descontento en la población que muchos medios han aprovechado para hacer sus alianzas. Yo lógicamente salí de esa empresa porque me pasaron a política y querían que me manche jugando el juego de tronos –dejó el periódico sobre la mesa y miró fijamente a Twilight- Pero es válido ¿sabe? La manera tan exquisita con la que manejan las noticias hace que no parezca una macabra manipulación, sino un ángulo distinto. Lamentablemente los ponis comunes siguen como corderos lo que su periódico de confianza les dice-.
-Ci… Cielos… -Twilight quedó muda, un poco aterrorizada. Era la segunda vez que el señor Heart le quitaba las palabras de la boca- Eso es terrible –"¿Por qué no me puedo expresar? ¡Me siento tan… tonta!" –No deberían hacer eso-.
-Es por ello que quería los periódicos locales –dijo Lionheart mientras abría el Times para examinarlo mejor- No quiero inclinarme a apoyar a su alteza, ni siquiera por darme esta oportunidad de ser director de su diario. Pero quiero ser transparente y decir la verdad. Intentaré que la gente que lea nuestro diario conozca el ángulo neutro…-.
-Y de esa manera si llegamos a Manehattan, podríamos solucionar el problema –completó Twilight con una repentina ilusión.
-Quizá sí, quizá no… lo más probable es que no, pero odio cuando se manipula la información –dijo LionHeart- Es lo único que admiraba de mi último jefe, Reader Eye. Será un egocéntrico vanidoso, pero era imparcial-.
Una vez más, Twilight Sparkle sintió una profunda admiración por el señor Heart, y alivió su cabeza llena de tormentos… aunque conociéndose a sí misma, quizá no por mucho tiempo. Por su cabecita pasó de pronto la idea que este diario, lejos de ganar un premio que le daría prestigio a Canterlot y Ponyville, podría ayudar a que la popularidad de su querida mentora mejore. Pensó confiarle a LionHeart asuntos que solo Celestia y ella sabían, pero aún no confiaba plenamente en él. No obstante sospechó que su mentora lo sabía desde siempre e inició el proyecto para ese propósito, y que por eso la realeza no podía involucrarse en el proyecto para no despertar sospechas de posibles alianzas de la oposición…. Además de jugarse La Pluma de Oro de manera justa. "Ahora entiendo por qué me pidió que me quede en Ponyville lejos de mis labores del castillo" pensó llena de optimismo "La princesa Celestia es muy sabia" Y con esos ánimos juró a sí misma esforzarse el doble.
-¡¿Qué?! –exclamó de pronto LionHeart con un repentino gesto de sorpresa que no parecía nada grato.
Twilight se alarmó "¡¿Más críticas sobre la princesa?!"
-¿Ocurre algo, LionHeart? –preguntó ansiosa.
-"Falleció Wilder Bell Mont" –leyó el periodista- "El ministro y querido show-man unicornio que reformó la educación de Manehattan fue hallado muerto en su mansión de Canterlot. La causa de su muerte se desconoce y será investigado en los próximos días" ¡Oh dios! Pobre poni... –A juzgar por la expresión del señor Heart, la noticia no le había hecho nada bien- Tantos vivos que merecen la muerte, y muertos que merecen la vida. ¡Demonios! –Parecía que iba a golpear la mesa, pero se limitó a suspirar.
-Disculpe, señor Heart. ¿Quién es Wilder Bell Mont? –preguntó Twilight, aunque sentía que ese apellido lo había… leído… antes.
-Fue el ministro que reformó la educación. Apoyó a la formación de Clubes en colegios para fomentar a que los jóvenes eligiesen la carrera profesional adecuada, y fue de esos poquísimos proyectos cuyos resultados saltan a la vista. Yo salí adelante en el colegio gracias a ese programa de Clubes –contestó el señor Heart- El tipo no era tan malo. Era de la nobleza de Canterlot, rechoncho, amante del lujo, catador de vinos, algo vanidoso… pero apoyó bastante a la educación de los distritos marginados de Manehattan como el buen poni terrestre que era, y por ello, al menos yo, lo recuerdo por ello-.
"¡Por supuesto!" dijo Twilight, recordando haber visto aquel apellido en el gran listado de invitados a la Gran Gala del Galope "Un señor maduro, de bigote y cabeza rechoncha". Twilight se sintió de pronto afectada por aquella noticia, más por la cercanía que tenía el poni a la realeza que los motivos por los cuales el señor Heart se sentía consternado. Pero la tristeza no le duró mucho al periodista… más parecía haberse indignado.
-Bueno –dijo de pronto suspirando- Pensé que no hallaría noticias así a kilómetros de Manehattan, pero veo que sí. Así que tendremos forraje para el diario-.
"Realmente este poni… intimida" pensó Twilight sorprendida del repentino cambio de ánimo del señor Heart. Acto seguido aparecieron de pronto algunos ponis que tocaron tímidamente el suelo con los cascos y preguntaron.
-¿Es aquí donde requieren personal para el Foal Free Press?-.
-¡Si! ¡Adelante por favor! ¡Pasen! –exclamó con cierto entusiasmo el señor Heart, robándole así las palabras a Twilight, lo cual hizo que inflara sus mejillas y frunciera el ceño con disgusto.
"Esas eran mis líneas" pensó, pero tras meditarlo un poco admitió que era mejor dejar que tome las riendas, al fin y al cabo él era el periodista. Sin embargo sonrió pícaramente "Veamos cómo se desenvuelve nuestro nuevo director"
Tomo su libreta, su lápiz, y empezó a observar.
…
"Creo que hablé de más" pensó LionHeart algo arrepentido mientras veía como Twilight se acomodaba en un rincón, presta a supervisar todo en ceremonioso silencio. Tragó saliva "Ok, LionHeart, haz que todo lo que has alardeado valga la pena… confianza… confianza" y respiró hondo, tenía fe en que le iría bien. No había Pinkie Pie ni Dash cerca… Aunque hubiera querido que Applejack esté presente.
-¡Buenos días, ponis de Ponyville! –saludó cordialmente- Como ya deben saber mi nombre es LionHeart, periodista de PCN y antes reportero para el Manehattan Times. Soy ahora el director de este proyecto y espero contar con… -.
No hubo terminado su frase cuando entró de manera escandalosa la bola rosa.
-¡Twilight! ¡Llegaron más! –exclamó Pinkie Pie.
-¡Pinkie! Un poco de silencio –chilló la unicornio.
-¡Oops, lo siento! –se disculpó la poni, y de inmediato prosiguió no sin antes hacer una reverencia bastante forzada- Los jóvenes del Club de Periodismo-.
Y al sótano bajaron, diecisiete ponis de menor tamaño, de diferentes colores; con caras de sorpresa, algunos de decepción, otros con miedo, unas chicas que parecías perdidas en sus pensamientos adolescentes, algunos indiferentes cuyos rostros de malos amigos no le gustaron para nada, y Featherweight. Verlo lo alivió un poco ya que era una cara conocida que le hacía entrar en confianza.
-¡Featherweight! –saludó- Que gusto que ya hayas llegado. Veo que traes más reclutas para el diario-.
-¡En efecto, señor Heart! –contestó el pegasito con bastante orgullo, inflando su pecho y dejando ver sus dos dientes de conejo en su impecable sonrisa- Somos diecisiete los nuevos miembros del Club de Periodismo-.
-Tomen asiento en… -Leo buscó, pero se dio cuenta que el lugar ya estaba bastante lleno, y que con diecisiete cabeza más estaba a rebosar-… Busquen donde sentarse y prosigamos con la explicación del proyecto-.
Una joven pegaso bufó burlonamente, y otros dos le dirigieron la mirada con total desgano, pero a juzgar por lo que decían sus ojos parecían como si hubiesen sido obligados a esta ahí. Aquello era lo que menos deseaba LionHeart, y para no olvidarlos los memorizó. "Piel verde, crin amarilla y cutiemark de graffiti… Piel canela, crin blanca y cutiemark de forma estrellada… y la otra es pegaso, piel anaranjada, crin morada… sin cutiemark" Pensó que sería mejor tener cuidado con esos. De pronto se cruzó de vista con unas chiquillas que sí parecían más animadas e intercambiaban cuchicheos entre ellas. Intentó sonreírles, y eso pareció llamar su atención y divertirles. Recibió como respuesta un guiño de ojo de la más alta, la del notorio moño rosa, crin roja y brilloso pelaje amarillo bebé como la suave piel de Fluttershy "Mejor no me meto con esas" pensó y dio unos toques al suelo con su casco para atraer la atención nuevamente.
-Bueno, estamos todos reunidos aquí para emprender este nuevo proyecto periodístico–prosiguió- Así que oficialmente les doy la bienvenida a la familia del diario Foal Free Press-.
Los aplausos se hicieron escuchar gradualmente, comenzando como un goteo que termina en una lluvia. Aunque no lo merecía por tan vagas palabras, lo recibió. Pero al terminar el bullicio se hizo un incómodo silencio. Un poni flaco con sombrero de paja y dientes enormes levantó la mano y LionHeart le cedió la palabra.
-¿Y qué es lo que vamos a hacer, señor?-.
Se superpuso otro silencio aún más incómodo que devoró al anterior. Los tres jóvenes ponis que había marcado en lista negra morían de risa por lo bajo, y Twilight, por supuesto, se mordía los labios y fruncía el ceño. "Esto va a ser un martirio" y suspiró.
Dicho y hecho, los tres primeros días fueron una… desventura. Leo se sintió admirado del pueblito al llegar, y su alma se llenó con un afán por escribir, dibujar o tocar un poco la guitarra, creyendo que no sería tan grave el asunto del periódico. Se equivocó, en dos días se dio cuenta que no iba a tener tiempo libre, que ya estaba metido en el ruedo, y que Twilight, con su molesto y agudo sentido de la organización, estaba totalmente dispuesta a sacarle el máximo provecho a él. Esto naturalmente le generó rabia el primer día, coraje el segundo, y resignación el tercero. Lo más frustrante para sí mismo es que por fuera no denotaba alguna alteración en su estado de ánimo, o para ser más exacto, tenía que hacer lo imposible porque fuese así. En tres días, salvo la unicornio y sus "alumnos", no tuvo mucho más contacto con otros ponis. Él mismo había sugerido su condena
-Tenemos que avanzar lo más rápido posible-.
Y Twilight lo tomó literalmente hasta que por segunda vez le hizo perder la paciencia.
Rabia
El primer día fue un desastre, y lo consideró como una primera derrota si no contaba las que Rainbow Dash hubiese hecho antes. Para empezar, no tenía nada preparado para exponer, solo sus años de experiencia, que no le sirvieron de mucho y le costaron eternos minutos de silencio. Hasta que Twilight sugirió amablemente que empezasen por clasificar quiénes eran del equipo de fotografía, redacción, diagramación, e imprenta. Agradecido (y bajoneado) por la sugerencia rápidamente captó a varios ponis del montón que había traído Pinkie Pie para el puesto de imprenta, que más que nada, consistía en manejo de las viejas máquinas que estaban ahí. Un trabajo para nada complicado para el cual solo requería unos tres voluntarios… recibió diez. Y como alguna vez decían en la universidad sobre los trabajos de grupo: De cinco solo dos trabajan y el resto se rasca las pulgas de los huevos "Al menos siete tendrán los testículos muy limpios".
Luego captó a otro montón para diagramación, el arte de darle encanto visual al periódico. Recordó claramente que para este grupo se alistaron ponis mujeres del grupo de la Cerdita Rosa que habían traído cartucheras con tijeras, plumones y colores, lo cual le pareció tan enternecedor que fue al baño a llorar, no sabía si de risa o de pena. Aquí captó casi la misma cantidad que en imprenta, y la verdad tampoco hacían falta tantos "Puro relleno. Apuesto que la mayoría son amas de casa con infinito tiempo libre". Quedaban dieciséis sin contar a Featherweight quien ya estaba contado en el grupo de fotografía, se llevó la sorpresa de que todo aquel grupito eran los jóvenes que habían venido en nombre del Club de periodismo, y por un instante recordó el inmortal título que los novatos ganan al debutar en el mundo del periodismo: "Forraje Fresco". El mismo lo fue alguna vez y sintió un chispazo de esperanza en ese grupo. Preguntó quienes irían para fotografía y quienes estarían en redacción. Esperaba como menos la mitad para cada área, pero su cara empalideció cuando vio que para redacción solo quedaron tres. Applebloom, la poni del moño rosa quien le hablaba con mucha soltura para su gusto. Sweetie Belle, una unicornio también bastante simpática de pelo blanco y crin de tonos violetas con bonitos rulos, y un pequeño poni rollizo y cachetón que respondía al nombre de Truffle Shuffle. Pero lo peor fue que tres ponis, los de la lista negra, no mostraron interés por ninguna de las áreas, dos terrestres y una pegaso.
-¿Entonces qué prefieren? –les preguntó LionHeart con afán de motivarlos, haciendo el esfuerzo por parecer gentil- Díganme qué saben hacer-.
-Depende, ¿Qué quiere usted que hagamos? –le contestó uno de los impertinentes muchachos.
Leo recordó en un fugaz instante a un profesor suyo de la secundaria al cual lo acosaron de manera cruel hasta el punto de hacerlo llorar. Y todo empezó cuando un compañero suyo salió a la pizarra y le preguntó exactamente lo mismo. Si el pobre maestro hubiese sabido cómo responder, no hubiera sufrido… tanto.
-Ya que me lo preguntan, quiero que escriban–les contestó estampando las patas en el suelo con la mirada seria- Quiero que informen, quiero que me cuenten historias reales que los ponis de aquí, de Canterlot y algunos otros pueblos, lean para que sientan la necesidad de adquirir nuestro periódico. Quiero que hagan periodismo… Eso quiero, que me cuenten historias-.
-Ya, profe, no se enoje –apuntó el otro poni joven con soltura- Me sé el de Caperucita roja y el Huargo Feroz… ¿puedo empezar escribiendo ese?-.
El primer golpe para Leo. Se dio cuenta de pronto que todos escuchaban perfectamente y se reían de él. Vio que su reacción había captado la atención de los ponis, y que además había hablado demasiado fuerte. Lo peor, Twilight lo miraba con un gran gesto de asombro y preocupación.
-Está bien –le respondió de pronto LionHeart al joven poni.
Al ceder, Leo lidió con una lluvia de cuentos por petición de los tres ponis de la lista negra y un coro de risas de los fotógrafos y algunos fisgones de diagramación. Pero ya había trazado un plan improvisado que les borraría la sonrisa de la cara en cuanto empiecen a escribir. Lógicamente aplicaría la misma estrategia en las otras dos ponis que reían por lo bajo y siempre respondían "Sí-sensei" a todo. El poni gordito nunca dijo nada, solo temblaba como gelatina.
A pesar del esfuerzo y las sonrisas, todo resultó un desastre. No podía controlar a cuatro grupos que esperaban instrucciones. La Rotarpress B73 al final no funcionaba tan bien, y a la Rotarpress 90 tenía que repararle los rodajes como había dicho Featherweight. Llamó a Canterlot a ver si había técnicos, pero no. Llamó a Manehattan y consiguió uno que vendría en una semana… o como dijo: Siete días perdidos. Explicó rápidamente el uso de la máquina de prensa, pero como no funcionaba, decidió disolver la clase para ellos ya que era innecesario que estuviesen presentes, pese a la objeción de Twilight que insistía que debían quedarse para aprender en conjunto. No obstante ella coincidió en que el calor era insoportable pasado un rato. Al equipo de diagramación le explicó qué era la maquetación y todo aquel procedimiento. Y ya que era un grupo bastante entusiasta y femenino, optó por dejar sus bocetos de diseño para que ellas hicieran un poco de manualidades mientras se encargaba con el otro equipo. Pero la señoras, tan coquetas y parlanchinas, hicieron la intervención bastante larga y ya había pasado casi todo el tiempo. Veía al grupo de fotografía apretado en el laboratorio, y como estaba oscuro pilló a una parejita besuqueándose. Su humor mejoró un poco cuando se dio cuenta que el enamorado muchacho no sabía controlar su erección. Luego se dirigió al grupo de redacción pidiendo que escribiesen su cuento de preferencia en tan solo tres párrafos con inicio, conflicto, y final. Nunca supo si demoraban a propósito, pero se tomaron todo el rato que quedaba en la oficina, hasta que se marcaron las seis de la tarde.
-Profe es hora de salida –dijo uno de los ponis agitando la pata.
"Mi hora de contraatacar" pensó LionHeart.
-¿Salida? ¿Quién dijo que habría hora de salida?-.
-Profe, las actividades de los clubes terminan a las seis, y eso, cinco y media –le contestó otro- Estoy cansado-.
-Me temo, hijo, que la información no. La información no descansa, y está ocurriendo allá afuera mientras intentamos levantar este diario. Y para hacerlo necesitamos hacer periodismo –contestó Leo- ¿Y qué es el periodismo?-.
-¿Contar cuentos? –preguntó la pegaso de crin violeta con cara somnolienta y modorra.
-¿Cuál es tu nombre? –preguntó LionHeart.
-Scootaloo- le contestó sin ganas.
-Y dime scootaloo, ¿En qué se basa un cuento? –preguntó.
-¿A qué viene todo esto? –la pequeña puso un gesto de aburrimiento muy lamentable.
-Lo verás pronto –dijo mientras se acercaba- Déjenme ver qué han escrito-.
Cuando LionHeart vio las hojas de los chicos se llevó una ingrata sorpresa. Las de los dos muchachos tenían un par de líneas con tachaduras y garabatos sobre dibujos de miembros viriles. Las otras dos muchachitas habían escrito demasiado, y explicaron que no habían terminado aún. Truffle Shuffle, algo temeroso se apresuró en poner un punto final… y la pegaso tenía su hoja totalmente en blanco.
-¡No escribiste nada! –protestó Leo, empezando a perder la paciencia.
-Vine a hacer periodismo, como usted dijo. No sé de donde sale periodismo si esto no es noticia, es un tonto cuento-.
Todos en el sótano, sin excepción, se asomaron o voltearon a verlo. No podía reaccionar mal, y eso, lógicamente, lo llenó de rabia e impotencia. Peor aún, nadie dijo nada ni salió en su defensa.
-Ya lo verás, jovencita –contestó fingiendo amabilidad- Mañana los de redacción por favor terminen su cuento de solo tres párrafos. No se olviden por favor. La clase se acaba por hoy-.
Aquel primer día sintió compasión por todos los maestros que en su época escolar fueron acosados por él y sus compañeros. Se alegró cuando el salón se vació y se quedó solo con Twilight, con quien esperaba, por lo menos, tener una conversación agradable. ¡Pero no! Ahí, y de camino a la biblioteca solo hubo cruce de preguntas, sugerencias, críticas y observaciones que buscaban la optimización y agilización del trabajo… y por si fuera poco hablaron de tiempos. En una semana ya deberían de tener casi listo el primer diario. No obstante el remate lo desmoralizó totalmente: La unicornio no dejaba de recalcar "Por favor, tenles paciencia".
Coraje
El segundo día empezó menos atroz porque dentro de su lista de objetivos de la clase que Twilight le ayudó (y obligó) a redactar incluyó "No dejar que nada perturbe mi estado de ánimo". Aquello le ayudó de alguna manera a mentalizarse. En la mañana desayunó café caliente, sándwich crujiente y periódicos frescos. Fue con Twilight al puesto de Applejack, pero a quien halló fue a Big Macintosh, pues la vaquera estaba trabajando en el campo. Hizo más llamadas a Manehattan delante de la unicornio para sorprenderla, pero al no conseguir mucha ayuda de auspicio o apoyo de contenido sentía como le salía el tiro por la culata. Sin embargo recordó su objetivo principal del día.
Cuando salieron a almorzar se cruzaron con Rarity que iba al mismo restaurante. La unicornio irradiaba una belleza inusual para ser una Ponyvilense, o quizá solo era el reflejo del sol sobre su pelaje blanco impecable. Leo se sentía intimidado e intentaba a toda costa de no bajar la vista cada vez que ella le hablaba y lo miraba con sus dos hermosos ojos azules como zafiros, que deslumbraban aún más por el rímel. A pesar de ello la modista era bastante tratable; le gustaba hablar, y cuando sentía que acaparaba toda la atención se disculpaba y hacía preguntas a LionHeart sobre él. Preguntas para las cuales inevitablemente tenía que responder sobre periodismo para no decir nada personal, y nuevamente, tocaban el tema del proyecto. De pronto sintió como las dos chicas llevaban la conversación y no él. Un momento de "desaparición" que recibió bien y aprovechó para comer tranquilo, pues luego tendría todos los ojos de Twilight puestos en él, y no precisamente de manera coloquial o en plan de coqueteo. Terminado el almuerzo Rarity se fue a seguir diseñando no sin antes recordarle que ayudaría en todo lo que pudiese… y que cuando tenga tiempo libre podrían tomar un café. Leo agradeció el gesto y volvió a recordarse el objetivo principal del día.
Revisó la Rotarpress B73 con la esperanza de que se arregle milagrosamente, pero estropeaba las hojas que pasaban por ella, y la cortadora había perdido filo. Ni siquiera como para probar la maquetación que las bondadosas voluntarias hicieron y pusieron en el escritorio. Así que tendría que despedir al grupo de imprenta una vez más. Se dispuso luego a revisar los diseños, pero antes de hacerlo recordó el objetivo principal del día por si acaso. No fue tan horripilante, pero no era un progreso alentador. Las señoras poni habían hecho un trabajo digno de los festivales de primavera, con flores, colores, y las notas viejas de prensa enmarcados con papel lustre. Como buen periodista vio la situación de otro ángulo e intentó sacarle provecho mostrándoselo a Twilight. Pero en vez de criticarlo como hubiera esperado, la señorita solo apuntó que le parecía bonito. "Objetivo principal del día". Insistió, y Twilight solo contestaba: -Las señoras aún se están adaptando, entiendo su preocupación… por favor ten paciencia LionHeart-.
-Señorita Twilight –le objetó el periodista, reuniendo todo el valor posible y mostrándole el portafolio con… collages- Dependemos del tiempo, necesitamos que las señoras aprendan a diagramar un periódico si tenemos como objetivo a largo plazo la impresión diaria de los periódicos-.
-Las máquinas no funcionan, así que es mejor que se relajen y acostumbren a la oficina hasta que la reparen ¿No cree? –contestaba sonriente Twilight- Invierta un poco de tiempo en llevarse bien con todos, llegado el momento las guiaremos-.
La clase empezó poco después, y Leo repitió el objetivo del día… otra vez, aunque dudó al ver a los ponis problemáticos, y más cuando recordaba que su equipo más importante, el de redacción, tenía a los alumnos más peculiares. Antes de dirigirse a ellos pidió amablemente a los del equipo de imprenta que se retirasen ya que la máquina de prensa seguía averiada.
-¿Hicieron la tarea? –les preguntó a los jóvenes redactores.
-Me olvidé profe, la hacemos ahorita –contestó el del cutiemark con forma de grafiti.
"Objetivo principal del día, LionHeart" se mentalizó.
-Sensei… -llamó Applebloom
-¿Sensei? ¿Eso es alguna manera de decir profesor, o algo así? –preguntó él.
-No les haga caso, profe –dijo Scootaloo.
-Terminamos nuestros cuentos, las tres –dijo Sweetie Belle con su voz jovial y graciosa, marcada con unos gallitos que la hacían oír y ver adorable "Y tiene un bonito nombre" pensó "Se parece en algo a Rarity".
Las tres muchachas entregaron sus cuentos. Realmente habían hecho tres párrafos, pero de al menos dos hojas cada uno… de los cuales el de la joven del listón rojo tenía unos dibujos bastante curiosos. El de la pegasito fue todo lo contrario, se podría decir que fue al grano:
"Habían tres cerditos, el primero hizo su casa de paja el huargo bino, la destruyo y corrio a la casa del otro. El otro tenía casa de madera y el huargo bino y también la destruyo.
Los cerditos uyeron a la casa del mayor que tenía casa de piedra y el huargo no pudo destruirla y los cerditos se salvaron…
pero no contavan con que el huargo esperaría afuera y como no pudieron salir murieron de hambre, y el huargo busco comida en otro lado… Fin"
Leo sintió como su sonrisa se hacía notoria y tomó su bolígrafo color rojo. Acercó a los jóvenes y empezó, como si de grifos salvajes sobre su presa se tratase, a llenar de arañazos y ralladuras la impecable hoja de papel de Scootaloo, con la tinta corriendo como si fuese sangre. Un monstruoso espectáculo que empalideció a la osada pegasito para placer suyo.
-Vino con V, de venir. Evita a toda costa repetir términos, para ello dispón de un diccionario de sinónimos y antónimos. Huyeron con H. Contaban con B. No te comas las tildes y las comas o de lo contrario tus ideas no tendrían sentido –seguía llenando de garabatos, y eso lo deleitó, ya que le recordó a lo que hacían sus jefes redactores. Y siguió anotando al costado una serie de correcciones- Así está mal, deberías agregar esto, esto, y esto otro. Si lo haces así no se entiende, pero si lo haces de esa manera cuando el lector lea va a…-.
-¡Ya, ya, ya! –interrumpió Scootaloo con insistencia. Arrebató el papel de las patas de LionHeart, lo arrugó violentamente arrojándolo luego a un lado. Tomó otro papel, cogió el lápiz con la boca y puso una cara de fastidio con los cascos en las mejillas. Aquella escenita desconcertó a Leo, a las otras dos chicas y al poni gordito. Los dos pilluelos no tuvieron mejor idea que echar leña al fuego abucheando como fantasmas. Leo se dio cuenta de repente que Twilight lo miraba fijamente mientras estaba supervisando al grupo de señoras maquetadoras.
Incómodo, Leo ordenó a los demás chicos de redacción que terminaran su cuento. Truffle Shuffle tuvo miedo de entregarle el suyo "No esperaba lo contrario después de aquello" pero no podía ser suave, lo más normal es que los novatos tengan que pasar filtro. Dejó al trío problemático con el cuento, y a Truffle, Applebloom y Sweetie Belle se los llevó al escritorio principal, donde con un poco más de mesura corrigió. Por desgracia tuvo que mentir, algo que no quería hacer, pero tras haber asustado un poco a las muchachas… no tenía de otra. El cuento de ellas era largo, extenso y aburrido, no tenía ni siquiera arte para escribir, aunque era lo de menos. Lo único que Bloom y Belle necesitaban era entrenamiento. Las felicitó, y destacó los dibujos de Applebloom, lo cual al parecer la hizo feliz; y pidió muy amablemente que el próximo fuese más corto. Para su sorpresa, el cuento de Truffle fue el mejor del grupo, pese a que durante su revisión estuvo temblando como gelatina.
-No soy un ogro, Truffle Shuffle –lo consoló de la misma manera que su primer jefe habría hecho alguna vez. Y el joven poni no pudo ocultar el tremendo alivio que sintió después de eso.
No obstante el panorama no mejoró. Scootaloo no escribió nada, y Leo no quiso decirle nada tampoco. Vio como Applebloom y Sweetie belle intentaban animarla. Los otros dos pillos escribieron algo que espantó a Leo; pues si lo que vio con Scootaloo eran errores ortográficos y gramaticales… los chicos tenían ¡Horrores! Leo estuvo a punto de resignarse con aquel grupito, pero se repitió a sí mismo el objetivo principal del día.
El grupo de fotografía liderado por Featherweight trajo un recopilatorio de fotografías que anduvieron haciendo desde el primer día. Por desgracia el 80% era fotografía inservible. Solo las de Feather y otros dos muchachos fueron bien tomadas, con criterio periodístico nato.
-Una foto y un titular deben contar la noticia antes que el lector lea el resto –les explicó, pero al menos la mitad de ese grupo no pareció entender.
Decidió entonces guardar todas para mostrárselas luego a Twilight, ya que con pruebas podría al fin conseguir que lo apoye con respecto a ordenar el grupo, balancear las cosas y relegar a los que sobraban (Como la parejita a la que pilló in fraganti una vez más).
Sin embargo Twilight le dio una reprimenda.
-No seas tan duro con los chicos. Si están aquí es porque quieren participar en el proyecto, y tratan de dar lo mejor de sí. Te recomiendo que seas un poco más amable y no… intimides tanto-.
"¡¿En serio no viste u oíste cómo se comportan?!... ¡Twilight! ¡¿Acaso soy yo el monstruo y esos muchachos locos unos ángeles?!" estuvo a punto de preguntar con total indignación. Pero el coraje no fue suficiente y Twilight lo devoró con palabras camino a la biblioteca.
Resignación
La noche del segundo día LionHeart agotó sus reservas de cigarrillos, y de haber habido ron, vino, o cualquier licor, es muy posible que también se lo hubiese acabado. Ya al amanecer del tercer día, forzado a despertar por el molestoso ruido de la alarma de reloj, acabó por aceptar con resignación las sugerencias y órdenes de Twilight. Al fin y al cabo, desconocía aquel pueblo y sus costumbres. Apenas había pegado el ojo y el objetivo del día era aceptar todo como venga con tal de no empeorar la terrible jaqueca con la que amaneció… Pero el panorama no fue nada alentador.
Reinaba un incómodo silencio entre Spike y Twilight, quienes por alguna razón no se dirigieron mucho la palabra, hace dos días lo pasó desapercibido, pero ahora se notaba mucho. No había café y le dieron té, lo cual hizo que tuviese más sueño. El diario de Manehattan seguía sin tener un día en que no hubiese muertos. Notaba en la unicornio cierto recelo que fue incrementándose con cada escenita en la oficina y de verdad le incomodaba. El desayuno fue silencioso. Pero ahí no acabó todo.
A diferencia de mañanas anteriores, salieron más temprano de lo usual pues ninguna conversación fluyó con la unicornio. A decir verdad, Leo ya no cuestionaba nada que Twilight le sugiriese, y tuvo la mala fortuna de encontrarse a una Dash que hacía ejercicios de vuelo matutinos. El periodista esperaba que la pegaso de crin arcoíris dijese algo que lo encabronase, pero fue peor, ella habló con Twilight como si él no existiese, y cuando terminó lo que tenía que decirle se fue, sin siquiera despedirse… ni siquiera lo saludó. Seguidamente, Pinkie Pie seguía reclutando voluntarios que no hicieron sino llenar el pequeño sótano de ponis… inservibles. Pero como estaba totalmente resignado dejó que escogiesen alguna posición e hiciesen lo que creyesen mejor para el periódico. Cuando inició la capacitación Leo apenas dictó que es lo que harían ese día y nada más. Tenía ganas de salir, con la necesidad de respirar aire, relajarse, charlar con alguien… Applejack por ejemplo. No la había visto en días y ya sentía que la extrañaba.
-Al menos ella se hubiera dignado en preguntarme como estoy –murmuró para sus adentros mientras observaba con ojos acusadores a Twilight que iba de grupo en grupo supervisando, animando y anotando el progreso de los demás. Y claro, él "trío problemático" no hacía fama a su título cuando ella pasaba por ahí, con su cálida y amigable sonrisa que LionHeart empezó a… maldecir.
Quiso hacer un progreso con los de fotografía, y explicó que un periodista gráfico debía narrar la noticia en una sola foto, que no era simplemente tomar por tomar. Pero a juzgar por su método (o ánimos) para decírselo, lo único que logró fue dibujar una notoria decepción en algunos potrillos.
Desmoralizado por su intento volvió con los de redacción y probó otro avance, pero solo consiguió que le tomaran el pelo, y aquel día no estaba precisamente ágil mentalmente para sortearlas, así que dejó que los problemáticos ganasen esta vez... mientras no hiciesen perder su paciencia. Sin embargo apreció mucho que la joven Applebloom (quien de casualidad era hermana de Applejack) notase su malestar y tuviera la gentileza de al menos preguntarle si se sentía bien. Concluyó entonces que aquella familia de ponis manzaneros rebosaba de consideración. Pero prefirió no involucrar en sus problemas personales a una jovencita… aunque no pudo ocultar su disgusto por la clase en general.
No obstante, de no haber sido por ella, su otra amiguita Belle, y Truffle, su humor no hubiese mejorado. Ellos le entregaron un cuento mejor elaborado que no significaba otra cosa sino empeño, y eso hizo que Leo recobrase la confianza pese a las ojeras, la jaqueca y Twilight. Y pensó que si pudiese tener unos tres alumnos más como ellos y despedir a los otros, quizá podría empezar a cubrir notas y avanzar cuanto antes las secciones del periódico. Una bala de papel lo distrajo de sus planes, y vio de reojo a los dos ponis problemáticos señalándose entre sí mientras. Leo pasó por alto la jugarreta, aguantando con coraje las risitas de los terribles ponis que jugueteaban con tornillos. Aprovechando el momento echó un rápido vistazo. Los de fotografía ya no hacían fotografía y sus murmullos eran tan fuertes que llenaban el ambiente como si fuera un mercado. Las de maquetación cotorreaban mientras pegaban y recortaban papel. Las dos Rotarpress se mosqueaban en un rincón sin nadie que pueda usarlas, y Twilight cada cierto tiempo lo miraba. Suspiró y se recostó en el sillón para estirarse, sin imaginar de dónde habían sacado los ponis pillos el tornillo que bailaba entre sus cascos… pero no tardaría en darse cuenta. LionHeart reaccionó tarde ante el ruido metálico que hizo su asiento, un rodaje se desprendió y perdió el equilibrio. El estruendoso ruido que hizo al caer y sus gemidos de dolor provocó un estallido de carcajadas.
…
Y este es el punto en donde se encontraba Leo ahora. Iba de regreso a la biblioteca, con la crin erizada, la cabeza adolorida y ganas de asestar furiosas patadas a quien sea hasta que se le pase la cólera. Pero como todos los ocasos, las calles de Ponyville estaban vacías, silenciosas, y teñidas de un color azulado. Sentía que sus jadeos rabiosos hacían el ruido suficiente para molestar a los vecinos. Intentó relajarse, pero en su cabeza no había otra cosa sino la odisea de los tres días, digna historia para la canción de algún bufón de corte. Sin embargo sentía más frustración por no haber tenido mejor idea que huir del sótano. Hacerlo fue quizá la reacción más estúpida que tuvo desde que pisó el pueblo. Ya no eran solo seis sensuales ponis, sino una clase entera la que atestiguó un vergonzoso incidente, y apostó a todos sabrían de él por la mañana "Que irónico…el Director del Foal Free Press es noticia de primera plana de su propio periódico" se lamentó cabizbajo y con ganas de un buen vaso de whisky.
-Señor… LionHeart –susurró una vocecita femenina que venía detrás de él.
Esperaba que fuese Twilight, realmente lo esperaba. Tenía tanta ira acumulada que sentía que al fin era capaz de decir las cosas sin represión y dejar bien en claro quién era el que mandaba. El fuego interno se apoderó de él rápidamente y decidió encararla. Pero para su decepción, y a la vez sorpresa, no era ella. Era la pequeña poni terrestre de crin rojo y listón rosa, que traía sobre el lomo el morral de LionHeart.
-Applebloom, qué sorpresa –dijo de pronto sintiendo algo de alivio.
-¿Se encuentra bien sen… digo… profesor? –preguntó la poni con timidez.
-Me duele un poco la cabeza por la caída, pero estoy bien. Gracias por preguntar –contestó amablemente, intentando ocultar lo feliz que lo había puesto que la pequeña hermana de Applejack, por segunda vez, tuviese la mínima consideración de preguntar por él.
-Olvidó sus cosas en el sótano, se lo traje porque los chicos querían echar pegamento adentro –la jovencita intentaba mantener su porte, pero era incapaz de mirarlo más de un par de segundo, lo cual hizo pensar a LionHeart que quizá intimidaba demasiado como decía Twilight. Applebloom, con las mejillas sonrojadas, se inclinó delante de Leo- Le pido disculpas, profesor, por el comportamiento de mis compañeros, sobre todo el de Scootaloo. Por favor no la vaya a castigar-.
A Leo le pareció enternecedor que la pequeña pida el perdón para su amiga pegaso, pero no podía dar su pata a torcer.
-Dile que se esfuerce entonces –contestó amablemente, lo cual hizo que la jovencita sonriera y se le iluminaran los ojos.
-Gracias profesor, gracias –repitió mientras agradecía inclinándose hacia adelante, como era tradición de los Tanuki del oriente- Se lo diré-.
Leo vio a Applebloom marcharse con esa felicidad que obtiene alguien que acaba de cumplir con un objetivo, lo cual le recordó a cómo terminó comprometido con el proyecto. Entonces entendió que una vez más lograron convencerlo, aunque esta vez de manera más agradable. Tal es así que sonrió melancólicamente. Ya para entonces la ira se le había ido un poco… hasta doblando una esquina apareció Twilight.
-¡Señor LionHeart! –exclamó al toparse con él, y a juzgar por su expresión estaba algo nerviosa y ansiosa- Lamento todo lo que ocurrió, se salió un poco de control y…-.
"Agradezca que el lamento no duele tanto como el suelo… corazoncito..." Leo alzó la pata y evitó la avalancha de disculpas de la unicornio -No digas más, Twilight Sparkle –dijo con absoluta seriedad "Es ahora o nunca" decidió.
-¿Qué hará ahora?-preguntó preocupada.
"¿Preocupada por mí, o por tu grupo de angelitos?" Leo rechinó los dientes e inhaló todo el valor que hubiese a su alrededor.
-Creo, señorita Twilight, que ya tuve demasiada paciencia con este grupo –se quitó los anteojos y posó su mirada severa sobre la unicornio- Soy el Director, y mando yo-.
Y Twilight suspiró con pena y la clara incapacidad de refutar algo. Y fue en ese breve momento que LionHeart sintió el sabor de una victoria.
Continuará...
