Nota de autora: Antes que comiencen a leer el nuevo capitulo, debo pedir mis mas sinceras disculpas a las personas que siguen leyendo esta historia con tanta constancia. Debo decir que apenas publique el nuevo capitulo, lo releei, me avergoncé de mi misma... el capitulo en si era bastante escueto y hecho a la rápida. Prometo nunca mas escribir y publicar un nuevo capitulo en el mismo día, por mas ansiosa que este por hacerlo, ya que esta demás decir, y como se habrán dado cuenta, que queda bastante mal escrito y vago. No volverá a pasar, mas aun cuando ahora tengo mis recetados lentes de descanso, usados sobre todo cuando estoy frente a una pantalla, por lo que ahora la cabeza no me duele cada vez que escribo. Bueno, pido disculpas nuevamente u_u sin mas los dejo con el nuevo capitulo, que en compensación es algo mas largo y se los traje mas pronto.
Capitulo 10: Ruby
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Las luces, los vítores y los aplausos. Todo ese ruido y espectáculo se combinaban con la alegría que le causaba el saberse ganadora.
De pie imponente, ante miles y miles de personas que no paraban de ovacionarla, mientras ella haciendo lo que mas le gustaba, lo que mas amaba, se sentía feliz de estar frente a ellos alzando sus manos al aire cual signo de haber logrado lo inalcanzable.
Si pudiese escoger una emoción de entre toda la gama que era capaz de sentir un humano, seria: Felicidad.
La alarma del despertador sonaba estruendosamente arrancándola de lo que ella consideraba un buen sueño, a pesar de no siempre haber sido algo que pudiese ver solo cuando dormía profundamente. Apago el despertador y tiro de las mantas que la invitaban a permanecer envuelta en ellas por mas tiempo. Con los pies en la dura madera, estiraba sus extremidades desperezándose del inminente sueño de domingo. Aun era temprano, apenas si podía divisar el resplandor del sol que asomaba entre las montañas a lo lejos; por lo que intentando hacer el menor ruido posible, comienza a vestirse dispuesta a irse, sin levantar sospecha alguna de huida ante su familia que seguía en brazos de morfeo.
Caminar por las calles de su ciudad a esas horas de la madrugada, con el aire fresco y limpio moviendo su corto cabello, siempre la hacia sonreír de cierta manera irónica. Le parecía hasta cierto punto gracioso el pensar que esa ciudad, misma en la que en esos momentos aparecían los primeros transeúntes y dependientes para abrir sus negocios; se transformaba en otra muy distinta por las noches. De verdad que era irónico -ahora lo era- ver las sombras ocultas de una ciudad que no despertaba hasta el anochecer.
Dando con el final de su ya acostumbrado y memorizado recorrido, la chica de flequillo, corto cabello azabache pasando con escasees sus hombros, ataviado en una media cola algo rebelde, de ojos cual miel y piel ligeramente bronceada; entraba a su lugar predilecto, aquel mismo sitio que la había acogido hace ya tiempo atrás, aquel mismo sitio en el que se podía sentir como ella misma.
Dejando sus cosas cerca, vestida para la ocasión y lista para entrenar, la peli negra comienza con su habitual y preferido entrenamiento; después de todo a esas horas de la madrugada aun no había llegado nadie al gimnasio, cosa que le daba total libertad de poder entrenar como se le diera en gana.
Al cabo de unos minutos entrenando sola y en completo silencio, concentrada en nada mas que hacer los movimientos precisos de su rutina, un hombre regordete, calvo y mayor llega a la instalación. Sonrió viendo a la joven peleadora entrenar.
«Tan dedicada como siempre»
—¡Hey, Ruby! —pronuncia el hombre haciéndole notar a la chica su presencia en el lugar.
A sabiendas de quien se trataba, la oji miel pausa su entrenamiento volviéndose a ver al considerado uno de los primeros amigos que había hecho en el medio hace ya bastantes años atrás. Aoba, el mismo hombre que respondía ante toda la farfalia del lugar.
—Hola viejo, ¿como estas? —pregunto la chica volteando a ver a su amigo.
—Yo excelente —dice risueño—, ¿que hay de ti? ¿como sigue tu madre? —suelta impulsivo sin notar inmediatamente el cambio en la chica al pronunciar esas palabras.
Pasmada cambio su rostro tranquilo a uno preocupado con algo de nostalgia en el. Ahora el cambio se hacia evidente para su miope interlocutor.
—Lo lamento, no fue mi intención...
—No te preocupes —soltó la chica con una ligera y falsa sonrisa adornando sus labios—, ella esta... estable. Nada grave por el momento. —dijo alzándose de hombros en un intento de restarle importancia a lo que decía.
—Me alegro oírlo. —dijo ya mas tranquilo Aoba, el regordete hombre.
«Si... como todos» pensó la oji miel. Solo eso decían todas aquellas personas ajenas a su familia, que aun así seguían peguntando por su bien estar, con especial interés en su progenitora.
—¿Y como esta el diablillo de tu hermano? —pregunto el hombre calvo desviando la tensión formada en aquel momento.
—No es un diablillo y tu lo sabes.
—Lo se... pero recuerda mis palabras: algún día lo sera. —intento bromear sacandole una sonrisa a la chica. El rumbo de la conversación dio un giro, ofrecido por la chica al querer saber de la visita especifica de su amigo. No era alguien a quien le gustase dar rodeos.
—¿Y como le fue a mi pupilo y reemplazante anoche, eh?
—Velo por ti misma —le lanzo desde afuera de la plataforma de combate, un gordo fajo de billetes hábilmente atrapados—. Esa es tu parte de las ganancias de anoche.
Apenas y lo atrapo en sus manos, comprobando su valor tan solo con saber su peso y cantidad de billetes doblados, la peli negra se mostraba asombrada y para mas decir sonriente.
—Pero... ¿como?, ¿acaso él...? —no hallaba las palabras para explicarse al sentirse tan abrumada y repentinamente feliz.
—"La pantera" al presentarse como un peleador mas, consiguió que todos tus fan's apostaran a su favor; y al ver que esta salia ganadora, pues las sumas aumentaron.
La chica rio sin creercelo—entonces, creo que ya no necesitara mas entrenamiento de mi parte.
—Yo no diría eso, Guren —Aoba al pronunciar ese nombre, su verdadero nombre, llamo con rapidez la atención de la chica, haciéndole saber que estaba hablando en serio en esos momentos—. El chico aun no es tan bueno como tu. Si a duras penas logro ganar la ultima batalla de anoche.
Suspiro. «Aun no es bueno como yo... por ahora»
—En ese caso, creo que seguiré entrenándole —dijo alzándose de hombros, restandole importancia al asunto—. ¿Vendrá hoy?
—No lo creo. Debe estar hecho polvo por lo de anoche.
—Ni modo.
—Tu lo has dicho —diciendo esto, el hombre dispuesto a irse retoma el mismo camino por el que había llegado—. Salúdame a Kiandra y a Yukimaru de mi parte.
—Claro, le daré a mamá y a mi hermanito tus saludos. —Aoba le respondió alzando su mano como despedida final.
Volviendo a encontrarse sola en el gran gimnasio, la azabache con mas detenimiento que antes comienza a contar el dinero ganado por "La Pantera" la noche anterior, mientras una disimulada sonrisa aparecía en sus delineados labios.
Seguía sin creerse que "La Pantera", su pupilo, su reemplazante, aquel bajo y ágil joven con aspecto de niña débil, había ganado la pelea principal.
«Sin palabras, Ty... sin palabras»
Se sentía agradecida, de verdad que si lo estaba, hacia ese joven que había conocido no de las mejores y mas comunes maneras que una chica de 18 años hace nuevos amigos. Hace ya bastante tiempo había entrado en el difícil y peligroso circuito de peleas clandestinas, calificado con negativa suficiente mas aun para alguien como ella.
No obstante, no había otra opción... no en esos momentos.
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Al principio le fue difícil hacerse de esa actitud ruda y altanera que toda peleadora debía tener para lograr sobrevivir allí. Ese era un medio de hombres, rudos peleadores y apostadores que estarían dispuestos a vender a su propia sangre con tal de apostar mas dinero a lo que seria una victoria segura; y ella, siendo apenas una pre adolescente, si quería triunfar y ganarse su lugar y debido respeto, debía entrenar y ser mas fuerte que cualquiera de los peleadores que estuviesen en su misma posición; a pesar de poseer algo poco común, algo que nadie a excepción de un selecto grupo de personas sabían y consideraban "talento" o "don espiritual" como le solía decir su madre, mismo don que estaba dispuesta a desarrollar si eso significaba la victoria.
Entro como una novata, a la prematura edad de 10 años a ese mundo prohibido para cualquiera de su misma clase y mentalidad, siendo justificadamente subestimada por todo aquel que se volteaba a verle y reírse en su propia cara, considerándola una chica perdida y escasa peleadora... nadie apostaría por ella nunca. Sin embargo nadie siquiera se atrevió a ver la valentía y valor que esos ojos miel mostraban.
Sola con su determinación comenzó su camino.
Duro entrenamiento, cero palabras de aliento. Golpes y cansancio, sin nadie que apostara y pusiera remota fe en ella.
Derrota tras derrota, dolor y mucho llanto era lo que vivió años atrás, pero su voluntad era mas fuerte que cualquier obstáculo que se le interpusiera en el camino. Ella no se daría por vencida hasta no lograr ser la vencedora, hasta no lograr ser la ganadora de alguna competencia, aunque sea solo una.
Entrenaba y se esforzaba mas duro que nadie, mas que cualquier peleador que hubiese pisado el mismo gimnasio y arena de entrenamiento que ella.
Fuera de los estudios y de su familia, se dedicaba ciento por ciento a entrenar y desarrollar el asombroso poder que, creyendo en las palabras dichas por su madre, consideraba un don. Mismo don que mientras lo desarrollaba por ella misma, le había abierto algunas puertas a su incierto futuro.
Un hombre joven, de barba y cabellos negros y largos, entrenador y representante de algunos peleadores en la arena la había descubierto con ese extraño e inusual poder, y desde ese día, la vida le comenzó a sonreirle a la niña y bajo su especial tutela y protección, aprendió a controlar su don. Miles de técnicas, movimientos y estrategias de combate les eran enseñadas a través de su entrenador y algunos peleadores, y en secreto adaptadas a su poder desarrollado mediante antiguos pergaminos de un poder tan legendario, místico y antiguo como la vida misma.
Pronto comenzó a ver como se daban los frutos de extenso entrenamiento, dominio y derrotas que la habían forjado.
Mujer era su genero, estilo Kung fu Shaolin del norte de China su estilo, y "Pantera Negra" su nombre. Pronto la novata despreciada, improvisadamente comenzó a hacer ruido en los medios y circuitos de distintas peleas ilegales. La fama era su mejor arma y publicidad.
Combates, torneos, victorias y escasas perdidas venían trayendo dinero y prestigio a su persona. Derroto a legendarios y grandes peleadores de los medios. Escalo de posición y creció siendo peleadora, como nunca imagino estando en ese mundo de dinero "fácil" que con cada victoria se hacia mas atractivo a sus ojos.
Sin embargo todas las cosas dulces traen consigo algo de amargo justo en el medio.
La carencia de una vida normal para una joven de 17 años sumada a su rápida asunción a la posición numero uno en los rankings de pelea, pronto comenzó a alarmar a ciertos apostadores y peleadores al ver que la joven Ruby, siendo conocida por su alias en esos medios, se convertía en una futura promesa y seguramente una gran amenaza al poco tiempo. Alegando que la peleadora necesitaba una vida normal como cualquier otra chica, lejos de ese mundo de peleas y apuestas, llamaron a servicios sociales.
Teniendo pruebas mas que suficientes del riesgo social en el que vivía la menor de edad: sin padre, sola con su madre y su hermano, sumergida en un mundo de apuestas y demás factores de riego; el estado tomo su caso, desviándola de las peleas y obligandola a alejarse de ese mundo costase lo que costase.
Había sido llevada detenida, procesada con la policía local e incluso enviada a una correccional con tal de alejarla y sacarla de las luchas. Sin embargo nada fue suficiente impedimento para que la "Pantera Negra" se presentara.
No podía, no quería dejar de pelear. Ella era buena en lo que hacia, con o sin usar su desarrollado control. Era una increíble, ágil y creativa peleadora cuando se desenvolvía en la plataforma de combate, lo sabia y lo había demostrado cientos de veces antes, y ganar el dinero suficiente para mantener cómodamente a su madre y hermano, era el aliento suficiente para hacerla continuar.
Pero su avaricia y ceguera de poder, le pasaban duramente la cuenta. Su madre cayo enferma.
Tras estar 6 meses completos internada en el hospital, bordeando entre la vida y la muerte, Kiandra, su madre, había sido dada de alta solo porque la tuberculosis era un mal permanente y el dinero del seguro social no eran suficientes.
Sabia que la enfermedad de su madre, aunque ya no causaba la muerte como lo hacia de antaño, seguía manteniendola frágil y en constante dependencia de tanques de oxigeno y pastillas para hacer mas llevadera su incurable enfermedad.
Desesperada y atrapada Ruby ya no sabia que hacer. Su madre la necesitaba, su hermanito la necesitaba... pero si iba a casa para protegerlos, el ingreso ya no seria suficiente. Kiandra ya no podía trabajar como lo hacia antes; solo podía arreglárselas haciendo pequeños pedidos de comida y confecciones en casa para poder mantenerse a flote y aunque Yukimaru era un niño sano y fuerte, por nada del mundo permitiría que su hermanito pasara por lo mismo que ella. Él era noble, tierno y poseía un gran corazón, mismos dones y valores que no permitiría que fuesen corrompidos por el mismo camino que a ella le toco recorrer. Por lo que sin encontrar otra salida inmediata y a la mano, renuncio a las luchas dejando atrás lo que mas amaba hacer en la vida.
Suspiro con pesadez. Siempre le resulto increíble pensar que hubiese sobrevivido desde tan pequeña a tan dura realidad. Después de todo su madre tenia razón, su origen si era el elemento del poder.
A pesar de ya no ser ella misma la aclamada estrella, su reemplazante no lo estaba haciendo nada mal. Era un ingreso económico fijo después de todo. Su madre Kiandra y su hermano menor Yukimaru, su única familia valían todo el sacrificio y todo por lo que había pasado.
—Buenos movimientos.
Un sobresalto y ya se encontraba fuera de su mar mental de recuerdos.
Una voz, clara y joven, se escucho tras de si. Volteando a ver al descortés desconocido que la había interrumpido en sus cavilaciones, se percato de su admirador. Un chico, poco mas alto que ella, de castaños cabellos y oscuros ojos, le sonreía arrogante desde abajo de la plataforma.
—Gracias. —dijo cortante. Ella no le dio mayor importancia a su alago volviendo a retomar su entrenamiento.
—Si no me equivoco... ese estilo es Kung fu de los monjes Shaolin al norte de China, ¿o me equivoco? —pregunto el castaño como quien no quiere la cosa.
—¿Y tu que sabes de eso? —pregunto sin siquiera voltear a verle.
—Pues... me atrevo a suponer que mas que tu, ya que no conoces tu propio estilo de pelea. —dijo risueño. Ya sacada de sus casillas la chica volteo a verle.
—¿Que es lo que quieres, entrometido?
—¿Yo? Nada... solo estoy por aquí admirando a una excelente peleadora. —y esa actitud arrogante que la hacia enfurecer no se iba.
—Pues mas te vale marcharte si no quieres salir lastimado. —dijo cortante volteando dandole nuevamente la espalda.
—¿Es esa una amenaza?
—No, es una advertencia.
—Filosas palabras para una linda joven —dijo con tono gracioso, cambiándolo bruscamente—. Aunque... no esperaba menos de una maestra fuego.
De pronto todo el cuerpo de la chica se tenso ante dichas palabras.
«Maestra...» pensó ella alarmada. «Acaso él... ¿él sabrá?... no, es imposible... pero entonces como... ¡como es que dijo eso!, ¡¿como es que dio conmigo y mas importante aun, como es que el lo supo?!»
La chica peli negra sentía como su calma se desvanecía poco a poco y las preocupaciones asaltaban su ser, atacándola y haciéndola dudar.
Sin embargo, y notando lo tenso del ambiente y los escasos pero largos segundos pasados, era consciente que a cada momento de silencio, se hacia mas notorio su ya bastante alterado estado.
Apartando los pensamientos y las dudas de esas ultimas palabras dichas por aquel, recobro su compostura soltando una arrogante risa.
—No se de que hablas. —intento decir en el tono mas calmado y neutro que pudo hacer en esos momentos, sin saber si había surtido el efecto deseado en su receptor. Al cabo de un corto silencio él hablo.
—Entiendo... Bueno, mi error entonces. Ten un buen día. —escucho decir al chico de manera alegre.
Alarmada y sin creerlo voltea para verle, divisando con rapidez la ancha espalda del chico marcharse en dirección a la salida, manteniendo sus manos refugiadas en sus bolsillos, haciendo resaltar su calmado estado de desinterés.
«¡¿Pero que demonios?!» Fue todo lo que pudo preguntarse la chica en esos momentos. Ciertamente no esperaba esa reacción ni respuesta por parte de su "admirador". Ademas ¿que hacia él tan temprano en el gimnasio? Pensándolo bien, y recordando el rostro de aquel chico, nunca antes lo había visto rondando por el gimnasio, por el local o algún circuito de peleas... No vas por ahí diciendo el secreto mas celosamente guardado de las personas para luego irte sin motivo. Toda esa actuación le olía a gato encerrado.
Colocándose encima solo su ancho poleron y posteriormente tomar el resto de sus cosas, la chica sale presurosa del gimnasio, viendo en todas direcciones, con el temor creciente que algo podría pasarle, que alguien la estuviera siguiéndole o peor aun... que algo le pasara algo a su madre y hermano.
Con el miedo infundado por esta ultima sospecha, la oji miel corría por las calles sin detenerse a saludar a los ya conocidos habitantes, volteando su mirada alarmada cada cinco pasos mientras aumentaba la velocidad de su trote.
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Afortunadamente y con el alma colgando de un hilo, logro llegar a casa sin novedad alguna. Entro a su hogar vigilando todo el perímetro que bordeaba su casa, y tras comprobar que su madre y hermano siguiesen durmiendo plácidamente a salvo, Ruby se permitió soltar todo el aire que mantenía contenido en su pecho.
Recuperando parte de su perdida calma, se encamina a tomar un baño deseando que sus persecutorios pensamientos e inseguridad se fuesen con el vapor que desprendía el agua caliente.
Ya mas tranquila y renovaba, la peli azabache comienza con su habitual rutina de domingo: preparar el desayuno para sus dos personas perezosas favoritas en el mundo. No había caso con esos dormilones de domingo.
Ya en la cocina, concentrada en nada mas que hacer los huevos revueltos, evitando con esto cualquier atisbo de cavilación o duda en torno a lo acontecido minutos atrás; Ruby a tiempo se percata de la presencia a su espalda, tan silenciosa como un fantasma.
—¿Despierto a esta hora Yukimaru? —pregunto en tono divertido.
—Buenos días, Guren. —dice con simpleza el chico, para colmo de su hermana mayor.
—¡Yuki, sabes que no me gusta que me digas así! —dice en tono de reproche.
—Lo se, por eso es tan divertido hacerlo. —sonríe ya estando a su lado, siendo correspondido de mala manera por ella.
Guren, su verdadero nombre, aquel heredado y puesto por ese hombre al que le hacían llamar su padre, mismo hombre que siendo Yukimaru apenas un pequeño de 3 años y ella una de 9, decidió irse con otra mujer, con su otra familia, dejándolos a ellos solos y a su suerte.
Como odiaba a aquel tacaño y miserable hombre. Apenas si daba algo del dinero correspondiente en aquellas situaciones de divorcio, dinero que apenas si alcanzaba para la comida. Ni hablar de los gastos comunes, la colegiatura y los remedios y tratamiento que necesitaba su madre.
Apenas si lo veía o tenia noticias de él; no es a ella le importara mucho su padre, por ella que se marchara y no verlo nunca mas, pero si le partía el corazón ver la ilusión y posterior tristeza en los ojos claros de su hermanito.
Desprecios como esos solo hacían acrecentar el odio que le tenia al hombre que los abandono... que la orillo a tener que pasar por todo el sufrimiento y dolor en ese mundo clandestino de luchas y apuestas. Si no hubiese sido por él, ella nunca hubiese puesto pie dentro de una plataforma de pelea.
Yukimaru al lado de la cocina, veía el rostro cada vez mas ausente y contrariado de su hermana. Le resultaba divertido ver como se enojaba cuando le llamaba por su verdadero nombre en vez de su alias impuesto por ella misma, pero no le gustaba nada que cada vez que lo pronunciaba se pusiera así de enojada y... nostálgica.
—¿Hermana? —dijo tocando su hombro.
La peli negra al escuchar el llamado y sentir el toque de su hermano, volvió en si desde lo mas profundo de ese mar de odio que le tenia a su padre. Volteando a ver a Yukimaru, vio como este se mostraba preocupado. Culpándose internamente por preocupar así a su hermano, con suma rapidez le sonríe asegurandole con eso que todo estaba bien.
—Soy Ruby, ¿entiendes? Ru-by —lo pronuncia como si le estuviese enseñando a un bebe decir su nombre—. Ahora ¿que me dices si le llevamos a madre su desayuno a la cama?
—¡Si, buena idea! —decía con entusiasmo el niño de 12 años, de cabellos negros como su hermana y ojos verdes idénticos a los de su madre.
—Temo que eso no sera posible.
Ante la familiar y cariñosa voz, ambos chicos voltean a ver a la integrante mayor y pilar de esa familia.
—¡Mamá —le dice quejumbroso el chico—, se supone que te llevaríamos el desayuno a la cama!
La mujer solo se ríe.
—Lo siento cariño, pero no podía dejar que mis dos pequeños hicieran el desayuno por mi. Ese es mi trabajo.
—Pero sabes que Ruby cocina excelente.
—Lo se, pero de todas maneras quiero ayudar.
—¡Ni hablar mamá!—dice la chica uniéndose a la conversación— Deberías estar en cama descansando.
—No te preocupes tanto por mi Guren, estoy bien. —dice amablemente acariciando el cabello de su hija. Ruby por su parte ni se quejo al ser llamada así. A esa mujer de ojos verdes y larga cabellera marrón, era la única persona que le permitía que le llamara así. Creía que era una forma de acordarse de su esposo o algo por el estilo, por lo que ¿quien era ella para quitarle tal aprecio por querer recordar al maldito de su ex esposo?
—Bueno... ¡Pero toma asiento! Yukimaru y yo prepararemos todo.
—Bueno bueno ustedes ganan. —risueña la mujer, hizo lo que su hija le ordeno.
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Teniendo todo ya listo, el desayuno de esa pequeña familia se llevaba a cabo. El menor de los integrantes comía todo con gran rapidez sin saborear detenidamente nada y jugando ocasionalmente con la comida. La hija saboreaba y comía cada bocado tranquilamente, mientras la madre observaba a su pequeña y resquebrajada pero linda y unida familia que tenia. Al ver a su hijo, veía su carácter reflejado en este. Yukimaru era tierno, noble, amable y responsable; todo lo bueno que ella era cuando tenia su edad y seguía siendo. Y al ver a su hija, notaba como el carácter de su ex esposo salia a flote en cada actitud que ella poseía, potenciado por el rudo carácter y formado y trabajado cuerpo de toda una mujer crecida en ese hostil medio que eran las luchas ilegales... y siempre, cada vez que la veía, se reprochaba por aquello.
Ella era la madre, ella era la que debía protegerlos y hacerse cargo de su bien estar, no al contrario. En ocasiones, solo en algunas, cuando Ruby dejaba ver su carácter firme y seguro, sobre todo cuando de la protección tanto de ella como de su hijo se trataba, ella se sentía orgullosa... pero también culpable.
Dejando su mirada soñadora al ver la reprimenda mirada que le lanzaba la persona de sus cavilaciones al ver que no había tocado siquiera su comida, rápidamente aparta los malos sentimientos y vuelve al presente.
A pesar de todo, de lo bueno y lo malo que habían pasado, esa era su familia y lo daría todo por ella.
Ya acabada la comida, Yukimaru se dispone a levantar todo de la mesa y marcharse a realizar sus quehaceres mientras, y como todos los primeros domingos de cada mes, su madre y hermana discutían los asuntos financieros de la familia.
—Mamá esto es todo lo que gane en las batallas, ¡mira cuanto dinero! —le decía emocionada la peli negra, mientras la aludida solo la miraba apenada.
—Hija, no es necesario que hagas esto. De verdad yo estoy...
—Pero yo no hago nada, ¡de veras! Solo... solo entreno y comparto las ganancias de las apuestas con quien es mi suplente.
—¡¿Apuestas?! —dice alarmada la mujer— Guren, pensé que habíamos acordado que te apartarías de esos lugares, ¡no quiero verte inmiscuida en mas peleas! —Decía preocupada.
—Pero madre...
—¡Pero nada!... hija, tienes un don especial, y es por eso mismo que no quiero que nada malo te pase —la oji miel solo la miraba preocupada, viendo la misma expresión reflejada en la cara de su madre—. Solo... apártate de ese mundo, ¿si? hazlo por mi y por Yukimaru... no me atrevo a pensar si algo malo te llegara a pasar.
Entendía su preocupación, de verdad que si, era su madre y era lógico que se preocupara por ella. Pero no había otra cosa que hacer. Sabia que el tratamiento de su madre no hacia mas que subir los costos, y que los trabajos esporádicos de que ella podía realizar no daban abasto suficiente para todos los gastos. No, debía seguir haciéndolo, incluso si debía mentirle a su propia familia. Nada malo le pasaría a la mejor peleadora de los circuitos.
—Mamá, confía en mi ¿quieres? Soy buena —dijo sin ocultar su orgullo—, y nada malo me pasara... créeme.
No muy convencida, su madre se armo mentalmente de mas paciencia. No era la primera conversación que mantenían de ese tipo. Siempre había discutido, hablado e incluso reído con el mismo tema, pero aun así, nunca lograba convencer a su hija o hacerle prometer que no lo volvería hacer. Todo eso era en vano con su hija.
Con un suspiro de cansancio, la madre se dispuso a hablar.
—Así lo quieran los espíritus hija.
—Así lo querrán madre —dijo sin atisbo de duda en su voz—. Ahora, sera mejor que vaya por tus medicamentos. Espera aquí que ya vuelvo. —dijo marchándose rumbo a la habitación principal.
«Una vez mas se sale con la suya» pensó Kiandra mientras movía su cabeza dando como caso perdido a su hija y su testarudez.
Cuando de eso se trataba nadie le ganaba.
Sintiendo como unos suaves golpes llaman a la puerta, Kiandra atando su bata de la cintura, se levanta y se dispone a abrir a quien sea que estuviese llamando a esas horas de la mañana.
Ya en la entrada, abre la puerta sin mayor cavilación, encontrándose con tres jóvenes. Dos chicas a cada extremo, una rubia y la otra morena, mostraban sonrisas cordiales posicionadas algo mas atrás del atractivo muchacho de castaños cabellos e intensa mirada.
―¿Si? ―pregunto dudosa al no conocerlos.
―Buenos días, estamos buscando a... ―pero antes de terminar de hablar, una estruendosa voz se oye desde atrás.
―¡¿Tu de nuevo?! ―se escucha la alarmada voz de la chica peli negra que, robandole la posición a su madre, se asoma al encuentro de esos tres, sorprendida y con un dejo de furia en su mirada lanzada en especial al chico que solo le contestaba sonriendole arrogante.
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Bueno como dije arriba, aquí les traigo el nuevo capitulo antes en compensación por el anterior.
Sobre Ruby, el nuevo personaje que se integra, pues si, es una maestra fuego que logro desarrollar su poder gracias a su representante y los pergaminos entregados por este; el mismo hombre que les decía al equipo avatar que la pantera negra no se presentaría, ya que la que el conocía se había retirado.
Ruby cuando continuaba siendo la pantera negra, no usaba fuego control para pelear. Solo imagínense a Zuko peleando sin su control, con ese estilo entre grulla y breik dance que mostraban en la serie.
Ty es un chico, flacucho y de largo cabello negro que disfrazado, aparenta ser la peleadora con tal de ganar algo de dinero y poder ayudar a su amiga de paso.
Bueno espero de verdad les haya gustado este capitulo, ahora con lentes las ideas me fluyen con mas libertad y puedo estar mas cómoda trabajando. Y si no es así y consideran que los capítulos están decayendo en su calidad, siéntanse en la plena libertad de decírmelo.
Como siempre agradezco sus comentarios y el que pasen a leer, mis fieles lectores :) un abrazo apretado para ustedes.
Reviews:
MtesPs: Jajaja si xD debo decir que estoy algo obsesa con esa serie de anime, tanto que ya tengo tres historias de ella xD pero prometo no dejar esta historia ni la de Korra botadas, de hecho los nuevos capítulos de la historia de Korra ya están en proceso de creación ;) Me alegra que te haya parecido bueno el capitulo anterior aunque haya estado bastante vago :S y bueno, prometo actualizar con mas regularidad esta historia que ya esta tomando la forma casi final, pero aun quedan capítulos ;D Cuídate amiga, saludos :D
Plistintake 0.o: Jajaja intentare que no me secuestren los ovnis nuevamente xDy bueno, aprecio que de todas maneras te haya gustado el capi anterior, si no es puedes decirlo, tranquila que yo entiendo ;D las criticas constructivas son bienvenidas. Cuídate te mando un abrazo, saludos :)
