Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P Hola de nuevo! Disfruten!
Capítulo 10 – La biblioteca.
Cuando lo que más deseas tener es aquello que no deberías, te das cuenta de que las cosas realmente son mucho muy complicadas.
Sin que Ron se diera cuenta del rápido paso del tiempo, Hermione ya llevaba tres semanas en la escuela. Y la afinidad inmediata entre Harry y Hermione era palpable en el ambiente. Algo tenían entre ellos que debía remontarse a mucho tiempo atrás, años seguramente.
Hermione trataba de pasar el máximo de tiempo disponible junto a Harry y a cada momento empezaban a cuchichear tan bajo que Ron no podía lograr entender las palabras, ¿no podían tenerme confianza aunque fuera un poco? No, al parecer no podían.
Desde que Harry se encontró con Hermione había infinidad de momentos en los que la veía con cariño y una mirada de protección y de sufrimiento se posaba en sus ojos cuando se quedaba viéndola detenidamente sin que ella lo notara. ¿Por qué? Ron tenía dudas, muchas dudas, ¿el pasado de esos dos se remontaba a la realidad del pasado de Harry? Ciertamente Ron deseaba que no, aunque no parecía, Hermione para nada parecía parte de lo que Harry era, de lo que él significada.
Para estar seguros, una semana después de su regreso le preguntó a Harry qué era lo que tenían Hermione y él. Harry se limitó a contestar: Ella siempre fue alguien muy importante en mi vida, es alguien muy importante en mi vida.
Claro que Ron no podía estar conforme con esa simple explicación; gruñó y trató de patalear buscando que Harry soltara mas prenda. No lo logró. Lo que sí consiguió fue que Harry se burlara de él y murmurara algo que sonaba como ¡Imposible! ¡No lo creo! Y frases de ese tipo que Ron realmente no entendía.
Ron se la pasó molesto la mayor parte del tiempo que ellos lo ignoraban olímpicamente, pero solo fue los primeros días. Después se las arregló para hacerse notar antes ellos, ¡claro que lo logró!
Empezaba con una inocente plática que lograba captar su atención, o un comentario ofensivo con el cual Hermione no estaba de acuerdo, continuábamos con una leve discusión sobre ese tema hasta que las muecas acompañaban de manera sincronizada sus palabras hasta que lográbamos enojarse por completo. La realidad era que Hermione se enojaba y Ron debía de pedir una imperceptible disculpa puesto que con los gritos dentro de la biblioteca comenzaban a exasperar a la Señora Pince.
La biblioteca…
Estaban pasando muchísimo tiempo en la biblioteca, Ron podía jurar que ese lapsus de tres semanas que llevaba metido en la biblioteca por varias horas diarias era mayor que el tiempo que había visitado la biblioteca durante los casi siete años de sus estudios; pero es que Hermione los arrastraba ahí, siempre tenía una excusa y Ron no podía negarse.
La rutina del día se volvía precisa. Bajaba temprano a la sala común encontrándose con Hermione, quien normalmente bajaba desde muy temprano y se colocaba en el sillón frente a la chimenea sentada con las piernas cruzadas sobre el mueble y con un libro abierto en sus manos. De ahí iban directo a la cafetería por el desayuno, un muy hambriento Ron y una muy parsimoniosa Hermione junto a un curioso Harry (por verlos a ellos) era lo que sucedía, con las ocasionales compañías de Ginny en las que no dejaba de platicar con Hermione a cada momento, tal vez eso ocasionaba mas que nada el lento comer de Hermione.
Después las aburridas clases, pero ahí podía asestar sus "pláticas" con Hermione, porque de pláticas lo que quedaban era las peleas. Últimamente lo único que Harry hacía era reírse de ellos. Después iban directo a la biblioteca a esperar que las cocinas abrieran para ir por la comida; aunque Ron siempre encontraba la manera de llegar directo a la fuente de alimentos y conseguir algunas golosinas para aguantar, aunque si eran chocolates lo que conseguía siempre serían robados por las delicadas manos de Hermione acaparándolos para ella.
Esa rutina se estaba convirtiendo en el pan de cada día, incluso en algunas ocasiones se volvían algo necesarias. Algo había en las discusiones, en verla enfurecida, o en simplemente verla, que lo hacía sentirse bien durante todo un día.
Y vaya que la estaba viendo mucho. Ron lo notaba, incluso Harry lo notó; pero Ron difícilmente podía contenerse mucho de no hacerlo. Conocía varios estados de Hermione; primero estaba el sabelotodo durante las clases, con la mirada fija sobre el maestro o el pintarrón, concentrada por completo, tendía a fruncir el entrecejo y pasar una mano por sus labios antes de apuntar a decir algo sobre el tema; cuando iba a responder una pregunta que hiciera el profesor parecía tomar postura, echando los hombros hacia atrás y poniéndose recta antes de dar su discurso, tomaba aire y empezaba a hablar. Después estaba el estado que decía que lo mejor era alejarte (cosa que no hacía Ron) cuando empezaba a enfurecerse (normalmente a causa de Ron) sus ojos se entornaban y apretaba los labios, suspiraba profundamente proclamando por paciencia que nunca llegaba, después sus mejillas se marcaban de un tono carmín y sus gritos no tardaban en salir, sus ojos chispeaban de furia y Ron no podía hacer algo mas que sonreír, aunque claro, solo cuando la pelea había terminado y él podía recrear la imagen en su cabeza.
Pero también había una imagen que veía algunas veces y que le preocupaba.
En algunas horas de biblioteca, mientras hacían tarea y el silencio reinaba, Hermione se quedaba con la cabeza apoyada entre sus manos y con la mirada perdida entre los estantes de la biblioteca e inhalaba y exhalaba aire tantas veces como podía tratando de contener un llanto, una posición que había adoptado desde que él la vio llorar ese día que llegó Harry.
Ron aun seguía preguntándose qué la había puesto así, pero no quería forzarla a hablar, él no tenía razón alguna, aunque deseaba fervientemente saber qué le pasaba y poder eliminar el miedo, la tristeza, el enojo de su mirada.
…
Noviembre dio paso a diciembre y los primeros días de nevada iniciaron. En uno de esos primeros días, donde lo más deseable era tener una guerra de bolas de nieve, su suerte se vio ennegrecida por el más odiado profesor de todo Hogwarts: Severus Snape.
El viernes sus resentimientos contra Harry, involucrando a Ron y llevándose de encuentro a Hermione, los obligó a prolongar su horas de tareas hasta muy entrada la noche en la biblioteca por un maldito trabajo de química. De entre diez investigaciones diferentes que les pudo haber tocado, a ellos tuvo que asignárseles la más larga de todas, y para la cual solo dispusieron de un solo día. ¡Ah! Y les tocó la misma, pero eso no indicaba que pudieran llevar el mismo trabajo, era algo in-di-vi-dual, como lo había recalcado el profesor varias veces, agregando que revisaría minuciosamente sus trabajos y si encontraba una sola oración que concordara entre ellos quedaría anulado su trabajo. Ron quiso maldecirlo ahí mismo, Harry mostró la normal mueca de odio hacia su profesor; lo que los indujo a no contestarle lo que se merecía fue cada una de las manos de Hermione aferrando una de ellos tranquilizándolos y casi arrastrándolos fuera del salón para que no cometieran una locura.
Ron tuvo que contraer sus labios para no decir nada y tuvo que cerrar su mente, empezaba a hacer la más grande y tentativa broma de venganza que se le había ocurrido, ya tenía bastante rencor contra Snape, y no solo era él, estaba seguro que si se la planteaba a Harry se agregaría al plan.
Hermione se detuvo de golpe y se dirigió a los dos chicos que arrastraba. Puso una mano sobre su cintura y adquirió una postura que marcaba el inicio de un regaño. Apuntó amenazadoramente con su dedo índice a cada uno de ellos y les advirtió lenta y calmadamente que si intentaban hacer algo estúpido contra el profesor sufrirían las consecuencias que la furia de ella podría provocar.
Eso fue suficiente para que dejaran de pensar en una pequeña e insignificante manera de tomarla contra su profesor. A regañadientes tuvieron que irse de inmediato a la Biblioteca, a pesar de las súplicas de Ron por ir a comer y descansar un poco. Al parecer la tarde sería un poco ocupada.
Eran cerca de las diez de la noche y su visita a la biblioteca aun no había finalizado. Ron estaba con los brazos cruzados sobre el escritorio y su cabeza descansada sobre ellos, sus ojos comenzaban a cerrarse por periodos cortos de tiempo mientras permanecía con la pluma entre los dedos apoyándola en el papel, ya era la tercera vez en la última hora que la tinta empezaba a salirse dejando una mancha redonda y uniforme que era visible en su trabajo.
Harry no hacía mas que mirar el reloj de su muñeca, y su pie se movía sonoramente por debajo de la mesa haciendo un replique constante que empezaba a molestar a Ron.
Sin embargo, Hermione seguía ensimismada en bajar más y más libros. Ya había cerca de quince gordos, feos y viejos libros que inundaban la mesa, pero según ella necesitaba revisar más datos sobre teorías atómicas que requería antes de finalizar su trabajo, que ya había sobrepasado por quince hojas las requeridas por el profesor.
– Harry, ¿quieres dejar de hacer eso? –Exigió Ron al ver por quinta vez en un mismo minuto la cara de su amigo sobre el reloj y el sonido de su zapato que comenzaba a taladrar su cabeza– El tiempo no va a ir mas rápido, lo juro.
– No sé de qué hablas Ron –Respondió Harry perdiendo su mirada entre los centenares de libros del estante.
– ¡De eso! –Repitió molesto Ron escuchando de nueva cuenta el nerviosismo de Harry con el sonido insistente de su zapato.
– Es que… es que… –Harry mantenía su mirada fija tratando de descifrar un lugar específico del tercer estante. En cualquier momento Ron le diría que ahí ya no había ningún libro. Tan solo un espacio vacío.
– ¿A qué hora es tú cita? –La voz de Hermione interrumpió sus pensamientos. Estaba acomodando por quinceava vez la escalera que la bibliotecaria le había proporcionado para facilitar sus búsquedas en las alturas.
– ¿Cita? –Repitió Ron ceñudo, no creía que esa fuera la razón de su desesperación. Era más probable que fuera por lo aburrido de la biblioteca– ¿De qué hablas, Hermione? ¿Una cita? –Ron sonrió burlonamente y dirigió su mirada a Hermione quien le regresaba una retadora a que dejara de decir tonterías– ¡Puf! ¿No te estás refiriendo a una cita cita, verdad?
– Define una "cita cita" –Pidió Hermione dejando la escalera y volteando a ver a Ron.
– Ya sabes, con una chica –Respondió Ron encogiéndose de hombros.
Harry trataba de intervenir a esa conversación, pero ninguno de los dos le estaba poniendo ninguna atención a él, como ya empezaba a pasar muy frecuentemente cuando Ron empezaba a contradecir y sulfurar a Hermione. Ya estaba acostumbrado, además que lo último que quería pensar en ese momento era en ellos.
– Y si así fuera, ¿Qué tiene de malo?
– Harry no tiene citas. –Respondió simplemente Ron.
– ¿Qué significa eso? –Inquirió Hermione olvidando por completo los peldaños que tenía que subir.
Ron alzó una ceja ceñudo.
– Parece que el Harry que conociste y el que yo conozco no son muy parecidos. –Ron lanzó una media sonrisa, Hermione una mueca. Ron le estaba diciendo que no conocía a su mejor amigo– Digamos que su experiencia con mujeres se resume a una cita. Si es que se le puede llamar cita… –Agregó Ron por lo bajo rodando los ojos y haciendo una mueca. En una cita, después de besarse, la chica no precisamente debería empezar a llorar–. Con la cual quedó traumado y desde entonces no ha salido con nadie.
– Y ahí van de nuevo –Resopló Harry y sin esperar a que alguno se percatara de algo, se puso de pie para irse.
– El hecho de que una cita haya salido mal no implica que las demás sean así. Esa cita seguramente fue hace muchísimo tiempo, cuando Harry era inexperto. Ya debe haber madurado y está capacitado para tratar a una mujer. Además… –Lanzó una mirada hacia Harry mientras se alejaba y lo vio de pies a cabeza–, hay que admitirlo, es guapo.
Harry pareció sentir la mirada de Hermione en la nuca, porque se estremeció y dio media vuelta lentamente. No fue precisamente la mirada de Hermione quien lo molestó. Ella solo lo miraba comprobando su teoría y reclamando su huida, Ron por otra parte lo veía molesto. Se había cruzado de brazos y hacía una mueca, era bastante obvio que quería repartir unos cuantos golpes y gritos a la integridad de su amigo.
– ¿Qué tienes que decir a todo eso? –Bufó Ron y volteó para pedir, al fin, una explicación a su amigo– Harry, ¿Quieres decirnos a dónde vas? –Preguntó bruscamente al verlo tan cerca de la salida. Harry no hacía más que ver a todos y cada uno de los lados posibles, evitando cualquier contacto con Ron– Oh… oh… no es cierto… ¿Por qué no me habías dicho? –Preguntó irritado Ron frunciendo la boca.
– ¡No tengo nada que decirte! –Harry se exaltó y un sonrojo evidenció que había algo que quería ocultar. Evitó la mirada de Ron y la dirigió al estante más cercano, estaba nervioso.
– ¿Le dices nada a una cita? –Alegó Ron casi en un grito, llevándose un regaño por parte de Hermione.
– ¡Ronald! –Exclamó tratando de no subir mucho el tono, pero poniéndole el debido énfasis para lograr que Ron se pusiera nervioso y le hiciera caso–. Es una biblioteca, por Dios. Déjalo en paz. –Subió los primeros peldaños de la escalera. En ese momento era más importante el hecho de acabar su trabajo que seguir alegando con Ron.
– Pero es que esto es demasiado… –Ron estaba irritado por el hecho de que Harry le haya ocultado algo así.
– ¡Yo solo… solo… me paré por un libro! –Exclamó nervioso Harry llevando su sonrojo a uno merecedor del título de la familia Weasley y salió disparado de ahí.
– ¡¿El libro te puso hora de llegada?! –Vociferó Ron empezando a mostrar una media sonrisa, el aprieto en el que había puesto a su amigo había sido bastante divertido y el sonrojo de Harry hacía subir la puntuación por mucho.
Hermione le lanzó una mirada fría y retadora de que si volvía a gritar estaría en serios problemas. Ron rodó los ojos y apretó la mandíbula mientras asentía, después de eso prefirió silenciarse.
– Creo que quedo bastante claro que no va por ningún libro –Apuntó Hermione llegando al último peldaño de la escalera.
Ron hizo una mueca y rodó los ojos, de nuevo. ¿Hermione no entendía lo que era decir algo irónicamente, o qué?
Volvió a recostar su cabeza en la mesa, de nuevo aturdido, cansado. Tomó un libro y buscó en el índice el tema del que trataba su trabajo, copió el último párrafo de la hoja indicada, la verdad a esas alturas de la noche ya no le importaba lo que escribiría, solo quería terminar.
Estaba cansado y la verdad ya no quería hacer absolutamente nada, plasmó lo primero que encontró y se formaron unos garabatos para nada legibles, dejo la pluma de lado y volteó a ver a Hermione trepada en el último peldaño de la escalera por completo concentrada en su intento por alcanzar el libro que necesitaba para terminar su trabajo. Al parecer el desgastado libro se resistía a salir del apretado lugar entre dos enormes tomos que lo aprisionaban. Hermione se inclinó un poco a la derecha, la escalera, algo vieja, hizo una sacudida leve, pero peligrosa. Hermione terminó aferrándose al anaquel.
– Deberías dejar que te ayude a bajar ese libro –Advirtió Ron cerrando el pesado libro que tenía enfrente. Al fin había acabado. Apoyó su cabeza en una de sus palmas y dirigió su mirada hacia el ventanal que daba al lago, a pesar de que en verdad quería ayudarla, ya conocía la respuesta, sería la misma que las anteriores doce veces que había ofrecido su ayuda.
– No necesito tú ayuda, Ronald. Soy perfectamente capaz de bajar un libro.
Ron no insistió más, si Hermione confiaba en su capacidad autosuficiente para hacer la simple tarea de bajar un libro, bien, que lo hiciera; pero que no sufriera después por las consecuencias que podría tener.
Exhaló el aire que, sin que se hubiera dado por enterado, había retenido y dirigió su vista hacia Hermione. Desde hacía una hora que le preocupaba que ella se subiera a esa escalera, era algo vieja y por la cara que había puesto la bibliotecaria cuando la solicitaron, hacía años que nadie la ocupaba; pero con Hermione casi viviendo en la Biblioteca la Sra. Pince no se pudo negar. Y es que, vamos, la verdad casi nadie se paraba por la ahí, era una bendición para la encargada que ellos la frecuentaran tanto.
Ron levantó la vista al escuchar un crujido. Hermione estaba a un palmo del borde de la escalera y cualquier movimiento brusco podría provocar una caída segura. Se preocupó y su vista se quedó con ella, anticipando su cerebro a cualquier percance que tuviera que solucionar.
Al observarla una sonrisa de idiota se generó en sus labios. Fue imposible no hacerlo.
Desde semanas atrás su memoria no la dejaba de lado. Por alguna cosa, aunque fuera minúscula, su mente terminaba recordándola, acaparaba toda su atención. Aunque recordarla sería aplicable en momentos en los cuales no estuviera ella cerca, así que se limitaban a las horas que pasaba en su dormitorio. ¡Dios! Estaba todo el día cerca de ella y cuando no lo estaba su pensamiento solo giraba entorno a ella. Se volvería loco, seguro que lo haría. Sonrió de medio lado, sip, por completo loco.
En ese instante, su mirada se posó en ella, la bendita falda que utilizaba daba margen para observar las largas piernas que poseía y que mantenía estiradas por el esfuerzo, el tono cobrizo de su piel era único, y lo tenía comprobado. Revisando los tonos de todas las chicas se dio cuenta de una cosa: o eran demasiado pálidas o, en su defecto, demasiado oscuras; Hermione tenía el color indicado, el tono que a Ron le encantaba.
Si vista subió un poco mas, la playera del uniforme de Hermione se había desfajado al estirarse para alcanzar el dichoso libro. Ron no se quejó. Su estrecha cintura se mostró ante él, y se mostró perfecta. Perfecta porque no era conseguida por centenares de dietas. Hermione mantenía una alimentación normal, y eso lo demostraba cuando no le importaba robarle el chocolate que Ron cuidadosamente había robado de las cocinas.
En un movimiento para acercarse un poco más al libro, sus rizos se tambalearon de un lado al otro y Ron sonrió. Su cabello se veía tan desalineado, que no parecía conjugar con la perfecta señorita Granger. Pero la verdad eso le daba un toque bastante especial, le daba un algo que… Ella tenía un algo que a Ron le producía un escalofrió en todo el cuerpo.
Sonrió al verla alzarse de puntitas sobre la escalera, le vino a la mente una niña pequeña tratando de alcanzar los dulces que su madre cuidadosamente dejaba lejos del alcance de sus manos. La imagen se borró al ver la escalera tambalearse con mayor intensidad. Ahí sí se preocupó. Podría caerse por la posición tan deforme en la que estaba, tratando de alcanzar el dichoso libro.
– Deja que lo baje yo –Insistió Ron levantándose de un solo movimiento.
– Ya… casi… lo tengo… –Su voz forzada se escuchaba mientras sus dedos rozaban el lomo del enorme libro.
– ¡Hermione! –La rudeza de su voz resonó en el lugar– Bájate –Puntualizó cada sílaba lentamente para que ella entendiera que hablaba en serio.
– Ya… casi…
Ron hizo una mueca y se puso de pie, si la escalera se movía una sola vez aunque fuera un milímetro la bajaba de ahí porque la bajaba, aunque tuviera que obligarla.
Unos segundos después escuchó el grito de júbilo de Hermione. Ron suspiró quitándose un peso de encima, Hermione ya había conseguido lo que quería, ahora ya se bajaría lentamente como cualquier persona normal, ¿cierto?
– ¡Lo tengo! –Dio media vuelta bruscamente tratando de ver a Ron para sonreírle.
Ron había olvidado que Hermione no se comportaba, ni mucho menos, como una persona normal.
Estaba a una altura no tan cercana al suelo, ella sobre una escalera un tanto deteriorada y moviéndose como no debería sobre algo así. Para la mayoría de las personas esa no sería una buena idea.
Y no lo fue.
La escalera no estaba para aguantar movimiento repentino. Se tambaleó de nuevo, tan bruscamente que Hermione perdió el equilibrio por completo y terminó cayendo.
Ron reaccionó lo más rápido que pudo para impedir la caída. Dos zancadas fueron necesarias para llegar donde ella y tomarla por su estrecha cintura antes de que llegara al suelo. Soportó el peso de ella y se quedaron inmóviles. Veía la expresión de miedo en la mirada de Hermione, sintió como su cuerpo tembló junto al de él, como sus miradas no se alejaban por segundos. Sus ojos castaños seguían siendo un enigma para él y de nueva cuenta le provocaban un estremecimiento tremendo, pero esta vez no quería dejar de verla.
Un nuevo estruendo les advirtió de la caída inminente de la escalera segundos antes de que pasara. Ron, sin mayor pensamiento que salvarse y salvarla del posible accidente que provocaría la escalera sobre ellos, empujó a Hermione a un lugar seguro, quedando atrapada entre el estante lleno de libros y el cuerpo de Ron mientras el estruendo de la escalera al tocar el suelo se escuchó haciendo un eco en los pasillos vacios de la Biblioteca. Ron había aprisionado a Hermione poniendo sus manos a cada costado de su cuerpo, apoyándose en los bordes del anaquel, donde muy cerca también las manos de Hermione se encontraban para comprobar que había algo que evitara su caída por tanta exaltación.
Su cuerpo se había acercado mucho a ella, quería protegerla de lo que fuera, y de nuevo reaccionaba mas pronto que su cuerpo que su mente. Se estremeció al percibir que el aroma florar del cabello desordenada de Hermione lo hacía agitarse. Su cuerpo acortó la distancia, sus sentidos querían aspirar con mayor intensidad ese aroma, conocerlo mejor para mantenerlo resguardado en la memoria. Abrió los ojos al darse cuenta que su nariz topó con aquello que desprendía tan exquisito aroma, sintió un cosquilleo en la punta de la nariz y sonrió, debía admitir que el olor lo hacía sentirse bien, demasiado bien de hecho.
Cuando sus ojos contemplaron el pequeño rostro que se alzaba por debajo del suyo, no se había percatado de la cercanía, ni tampoco de cómo sus manos se separaron del anaquel y se deslizaron hasta las curvas que presentaba la cintura de su compañera de estudios. Sus ojos estaban cerrados y los labios los mantenía apretados. Seguramente estaba asustada y recuperando su respiración.
– ¿Estás bien? –Preguntó Ron alejándose algunos centímetros de su cara. Hermione no pudo responder con palabras, se limitó a asentir ligeramente– Qué bueno… –Suspiró aliviado, pero no cambió su postura.
Hermione después de tragar saliva y respirar agitadamente abrió los ojos por completo y Ron volvió a ver esa mirada penetrante que lo hacía perderse casi por completo, aun había algo en su subconsciente que evitaba hacer lo que su cuerpo pedía a gritos… acercarse.
– Me… me salvaste –Su voz atropellada inundó los oídos de Ron. Estando tan cerca notó como el timbre de voz, enojado y mandón, que podía tener Hermione, se convertía en un sonar delicado y estremecedor para las partes de su cuerpo que aun no despertaban por el contacto.
– Si bueno… creo que soy un caballero andante ¿no? –Lo dijo recordando el apelativo que uso Malfoy en su primer encuentro, un encuentro que se había convertido en algo muy especial para él. Sonrió recordándolo.
Como respuesta vio a Hermione mordiéndose el labio inferior demasiado fuerte, peligrando que se hiciera daño.
– ¡No! –Exclamó Ron llevando una mano al labio de ella, y sólo de la impresión Hermione terminó su tortura. Sus ojos se posaron en los de él demandando una explicación– No creo que se siente muy agradable…
– No es nada –Interrumpió Hermione agitada– No siento nada –Agregó. Ron no le creyó.
– No parece –Alegó. Sus caras de nuevo estuvieron a centímetros de distancia. Ron estaba inspeccionando el área de cerca y con sus dedos rozó la zona. Hermione contuvo el aire y soltó un gemido que logró que Ron se estremeciera. Seguramente a Hermione si le había dolido su tortura propia.
Ron siempre terminaba con miles de raspaduras y cortadas después de una sesión de juegos con sus hermanos gemelos, y para cada golpe su madre lo aguardaba con un tierno beso que aliviaba su malestar. Si servía para él, serviría para ella, ¿no?
Instintivamente, y como siempre: antes de que su cerebro pensara, acercó sus labios a los de ella y dos centímetros antes comprobó una mirada que expresaba más confusión que rechazo para él. Y sin más, besó el labio inferior de Hermione para mitigar el dolor que momentos antes ella misma se había ejercido. Solo fueron suficientes dos segundos para hacerle recorrer una descarga por todo el cuerpo. Empezó por su boca, llegando a su corazón y obligándolo a pararse un segundo antes de retomar la marcha aceleradamente. También llegó a sus pulmones, los cuales demandaron que el cerebro los dejara volver al trabajo para realizar esa pequeña acción necesaria para vivir, pero éste estaba enfrascado en la única cosa en la que quería estar, sentir y dejar en la memoria, esa sensación que lo hacía estremecerse. Y ese contacto ansiaba más, mucho más.
Esperaba alguna reacción de Hermione, una bofetada, un empujón, un… algo. Pero parecía estar tan confundida por las reacciones como lo estaba él. Se decidió a hacer algo más cuando empezó a sentir las manos de Hermione iniciar un recorrer para llegar a su cuello, estaba por tomarla entre sus brazos y…
– Ejem, ejem…
Sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído encima. Soltó a Hermione sin querer hacerlo y se alejó varios metros de distancia sintiendo sus orejas demasiado calientes y sabiendo que sus mejillas estarían a punto de explotar acaparando la atención de su cabello al estar de un rojo más fuerte que el fuego.
Vio de reojo a Hermione respirando muy agitadamente mientras un rojo inundaba sus mejillas al retomaba una postura normal, su nerviosismo le impedía prestar atención al visitante que acababan de hacer su aparición.
– ¿Interrumpo? –La voz de Harry llegó hasta los oídos de Ron, sacudió su cabeza para regresarla al presente, pero era muy difícil cuando lo que quería era volver a la misma posición– Si quieren los dejo para que sigan "trabajando" –Comentó sonriendo. Se preparaba para volver a salir.
– ¡NO! –Gritaron Ron y Hermione al unísono. Ron no querían que Harry pensara que… que pensara cosas que… que pensara lo que su mente retorcida pudiera asimilar con la última imagen que tenía de ellos.
– Shhh…No pueden gritar, estamos en una biblioteca, ¿recuerdan? –Regañó Harry observando detenidamente a sus amigos y conteniendo una carcajada al ver el alcance de sonrojo que eran capaces de tener.
Una sonrisa que trataba de reprimir se mostraba en los labios de Harry, pero es que si ellos pudieran verse seguro también se causarían gracia. Hermione se sentó en el lugar que, antes de ir tras el dichoso libro, le correspondía. Ron se sentó frente a ella, tomó un libro, el que fuera, y lo puso a la altura de su cara para no verla.
No quería saber la expresión que tendría Hermione después del atrevimiento que tuvo de hacer… eso que estuvo a punto de continuar. Simplemente no sabía cómo reaccionar, o esperar que reaccionara ella. Simplemente que jamás estuvo en sus planes terminar casi-besándola.
– Deja tus expresiones, por favor –Exigió Hermione viendo furiosa como Harry no dejaba de verla a ella y después a Ron buscando algo que decir para avergonzarlos mas de lo que estaban– Casi acabo muerta y tu te ríes, ¡Vaya amiguito que tengo! –Agregó bufando. Harry frunció el entrecejo y se acercó a su lado. Ron reparó en la caja que Harry llevaba en sus brazos.
– Pero seguramente hubieras muerto en la gloria –Soltó Harry dejando la caja sobre la mesa y recibiendo un golpe con el libro que Hermione mantenía en las manos– ¡Oye! –Hermione volvió a la lectura y mostró una cara de indignación hacia Harry. Su anterior situación, su agitación, había quedado rezagada.
Cuando Ron bajó un poco el libro, Harry pidió una explicación en silencio.
– Por querer tomar ese estúpido libro casi se cae de la escalera –Contestó Ron apuntando al libro que Hermione tenía en sus manos.
– No es un estúpido libro, Ronald –Respondió Hermione viendo directo a donde estaba él, demandando su mirada. Pero Ron ya había vuelto a colocar el libro sobre sus ojos. Sabía que si la veía muy probablemente se lanzaría hacia ella a… a… No sabía a qué, pero de que la tomaría entre sus brazos no había muchas dudas. O tal vez lo que haría si llegaba a verla de nuevo y tras tomarla entre sus brazos, no era un completo misterio, pero no quería que su mente pronunciara siquiera eso.
"No, no, no." Agitó varias veces su cabeza, tenía que acallar todos sus pensamientos y emociones.
– Si lo es, si no fuera por ese estúpido libro no te hubieras tenido que subir a la estúpida escalera para tratar de llegar al estúpido último estante para bajar ese estúpido y viejo libro que estúpidamente provocó que te cayeras –Espetó Ron subiendo la voz un tono más de lo normal. Prefería acabar en una pelea con ella y así mitigar lo que su cuerpo estaba reclamando. Siguió bufando mientras se escondía tras el libro que tenía enfrente de él, pero Hermione siempre terminaba sabiendo cuando él lanzaba maldiciones al aire.
– ¡Deja de decir palabrotas! –Exclamó Hermione.
– ¡Deja de regañarme! –Ron contraatacó.
Bajó el libro y la contempló. Hermione estaba furiosa con los puños sobre el escritorio y acercándose a él. Había un dejo de pasión en la mirada por tratar de sacar todas las fuerzas que se habían acumulado por la anterior situación, y lo sabía muy bien porque él sentía exactamente lo mismo y sentía que podía gritar toda la noche y no saciaría esa fuerza que su cuerpo contenía.
– Oh, claro que te regañaré si no dejas de soltar insultos solo porque se te antoja, alguien debería enseñarte modelas.
– ¿Me los enseñaras tú? –Preguntó Ron acercándose dos centímetros más, escuchó la voz de Harry, pero no tenía ninguna intención de hacerle caso.
– Normalmente no me gusta tratar con niños –Hermione sonrió y se acercó otro centímetro.
Ron ansiaba un nuevo contacto, de nuevo la cercanía lo estaba extasiando, simplemente el olor de su perfume le estaba quemando al penetrar sus pulmones y reclamándolo solo para él.
– ¡No soy ningún niño! –Pataleó Ron y quiso demostrárselo. Sonrió maliciosamente, tenía a Hermione a pocos centímetros, estaba dispuesto a continuar lo de minutos antes. La fuerza que recorría su cuerpo no se iba a calmar si no la besaba…
Besaba… Su mente acababa de pensar en eso y de pronto regreso a la Tierra. Andaba muy alejado, como en Marte o Plutón, si, mas seguro Plutón, pero después de un aterrizaje forzoso, regresó.
Se alejó de Hermione de inmediato y ella, ruborizándose, también lo hizo, claramente pudo ver que ella también había regresado su mente al lugar y momento en el que estaban.
Ron maldijo en su mente, aunque estuviera mal desear eso…Estaba seguro que lo habría disfrutado demasiado.
– Es la segunda vez que sus gritos me llevan a ustedes –Ron volteó hacia la entrada del cubículo, ahí se encontraba Ginny rompiendo la tensión que se sentía en el ambiente, cargando una caja con varios papeles dentro.
Ron recordó perfectamente esa primera vez, aunque no era algo bueno, dado que trataba de alejar una imagen similar en ese momento.
Harry se acercó a Ginny para ayudarle con la caja sin siquiera percibirlo, la pelirrojo lo dejó como si fuera algo habitual.
– ¿Cuál fue la primera vez? –Preguntó Harry tratando de saciar su curiosidad dejando la caja sobre la otra, a un lado de las docenas de hojas del trabajo de Hermione.
– Fue…
– Harry, ¿te encontraste con tu cita? –Preguntó Ron tratando de vengarse de su amigo por su impertinencia.
– Eh… –Un poco rojo y nervioso trataba de encontrar una contestación adecuada, volteó a ver a Ginny y soltó una– Me encontré con tu hermana. –Respondió con una enorme sonrisa en los labios. Ron empezó a cambiar de expresión, en definitiva quería fastidiar a Harry, no que lo terminaran fastidiando.
– ¿A qué te refieres con eso? –Preguntó atando cabos, suponiendo quien era la cita de su "amigo". Aunque no le agradaban sus suposiciones.
– A que me encontré con tu hermana –Repitió sentándose a un lado de Hermione.
– Simplemente le pedí a Harry que me ayudara a traer estas cajas aquí –Explicó Ginny interfiriendo antes de que su hermano empezara a decir cualquier disparate.
– Te estoy vigilando Potter –Ron hizo una seña con dos dedos, apuntando sobre sus propios otros y después hacia la figura de Harry.
– Creo que soy yo quien debería empezar a hacer eso –Dijo Harry apuntando a Hermione con la cabeza. Ron no podía estar más rojo.
– ¿Qué es? –Preguntó Hermione un poco sonrojada y entre respiraciones dificultosas, refiriéndose a las cajas que estaban sobre el escritorio. Ron sospechó que lo hacía para desviar la conversación lejos, muy lejos de donde se dirigía. Lo agradeció.
– Son los volantes para la fiesta de navidad, ya está cerca –Les recordó Ginny mientras abría una caja.
Harry se puso a inspeccionar los papeles, mientras Ron guiaba su mirada a Hermione quien estaba con los ojos cerrados terminando de calmar su respiración. Tocaba frenéticamente su dije de mariposa, la piedra verde al centro parecía emitir una luz propia, las piedras que se acomodaban en las orillas de las alas resplandecían también.
– Hace años que no hay fiesta de navidad –Escuchó a Harry y guió su mirada a ellos.
– Porque los alumnos de sextos son los encargados de la fiesta, pero nunca se querían poner de acuerdo.
– Y como éste es tu sexto año, imagino que todo fue obra tuya –Mencionó Harry y una sonrisa risueña de Ginny respondió.
– Eso, y que mis padres se irán a Rumania y ella no quiere ir –Aclaró Ron entrando a la conversación por un segundo, luego tomó de nuevo su libro para perderse entre las palabras que ni siquiera veía.
– Bueno, tenía que hacer algo con mi tiempo libre, ¿no? –Preguntó Ginny con una enorme sonrisa– Además de que va a ser la mas increíble fiesta de navidad –Afirmó feliz entregándoles un volante a cada quien.
Ron lo dejó entre sus cuadernos, su mente aun no procesaría ninguna información que tuviera que leer.
– ¿Irán al baile? –Preguntó Ginny ya habiéndoles dado el tiempo suficiente para leer.
– Nos acabamos de enterar –Mencionó Hermione con sus mejillas algo rojas aun. Guardó el volante y regresó a su redacción.
– Tendrán que apresurarse, es un baile de parejas…
Parejas… La mente de Ron viajó hacía el futuro. Se imaginó a él vestido con un traje de gala, una linda noche, el gran salón de baile, la hermosa decoración y Hermione junto a él, acompañándolo…
"Wow, wow, wow, un momento, ¿Hermione? ¿Por qué Hermione?"
"Porque podría seguir pasando lo de hace un momento, idiota…" Le respondió una vocecita dentro de su cabeza.
Un nuevo calor sucumbió sobre sus mejillas y volteó su mirada que minutos antes había incrustado en Hermione. Estaba enfrascada en su redacción, pero al escuchar la frase también se estremeció y apretó tanto el lápiz que sostenía que terminó partiéndolo en dos, nadie más vio el suceso. Harry estaba muy entretenido hablando sobre el baile con Ginny, ella le contaba pequeños adelantos de lo que habría.
– ¡Hermione! –Explotó de pronto Harry, parecía haberse dado cuenta de algo– ¿Te das cuenta de que será la primera navidad que pasaremos juntos en seis años? –Preguntó sonriendo abiertamente tomando de las manos a su amiga para que dejara su trabajo. Hermione mostró una sonrisa tímida mientras asentía.
Juntos… Retumbó en la cabeza de Ron. La idea que antes había cruzado en su cabeza de llevarla a ella se derrumbaba. Debería de haber sabido que Hermione iría del brazo de su amigo, de su… de Harry. Se dejó caer recostado en la mesa y se perdió todo el hilo de la conversación, ya no vio la expresión de sus "amigos" ni de nada mas, se quedó con la vista perdida en las lejanías del paisaje que se vislumbraba por la gran ventana y su mente no lo dejaba olvidar una cercanía, un sensación y un sentimiento que permanecería por varias semanas en su cabeza y en sus sentidos.
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Hermione se dejó caer abruptamente en su cama, ya no tenía fuerzas. Dejó su mochila tirada en el suelo y sobre ella la redacción que muy apenas terminó, su mente batalló para procesar lo que la media hora siguiente al suceso leyó. Pasó la yema de sus dedos por su labio inferior, aun no creía que lo pasado fuera verdadero, no se esperó que algo como eso sucediera.
La cercanía de esa tarde estaba sobrepasando a sus sentidos, ¿Por qué tuvo que hacer eso? ¿Por qué tuvo que casi-besarla? Lo peor de todo es que su cuerpo y mente no estaba furiosa por besarla, si no por casi-besarla… Agarró un cojín y poniéndoselo sobre la cara hizo lo que mas anhelaba, gritar.
Gritó mas de lo que pudo, hasta que la fuerza que guardaba su cuerpo pudiera terminarse, pero eso no sucedería, por más que lo deseara. Aun tenía impregnado en el cuerpo el olor de Ron, solo los separaron centímetros, y después una tonta pelea que incrementaba el fuego que quería salirse como un torpedo, con una sola dirección… Ron.
Tuvo que hacer de todo para apaciguarlo, aunque fuera una tarea casi imposible de realizar. Tuvo que controlarse, y controlar el cosquilleo que en su estómago empezaba a sentirse como un volcán a punto de erupción.
Odiaba que le pasara eso que no había ocurrido nunca antes, a no ser la vez con su novio en la que… No quería recordar aquello, porque compararlo con lo que le pasaba con Ron sería admitir que había sentido mas con él que con su novio, y decir eso era lo mismo que decir que le gustaba Ron, y no quería permitirse ni siquiera que le gustara, si lo permitía, su corazón se entrometería y no quería volver a poner a su corazón en una situación en la que sufriría con una despedida ya asentada.
Pero a pesar de todo lo que deseara, a pesar de estar renuente a dejarlo entrar a su vida, había una verdad que no podría esconder por mucho tiempo, y era que empezaba a sentir algo… diferente por él.
El sonido de los nudillos golpeando su puerta la hicieron levantar la cabeza de su almohada.
Se puso de pie y abrió la puerta; se encontró con una niña portando el uniforme de su casa, aparentaba ser de primer año.
– ¿Hermione Granger? –Preguntó.
Hermione la vio curiosa.
– ¿Si?
– La profesora McGonagall me pidió entregarte esto –Extendió una hoja de papel doblada por la mitad hacia ella.
Hermione miró confundida por unos segundos el papel. Después, la mirada insistente de la niña que quería terminar con su tarea e irse, la hizo tomarla lentamente entre sus dedos. En cuanto la tuvo, la niña salió apresurada.
Cerró la puerta y regresó a su cama, se sentó en el borde y vio detenidamente la hoja doblada.
En la parte superior se marcaba una leyenda con unas finas letras de molde que estaban remarcadas, acrecentando su importancia.
Fax para la Señorita Hermione Granger. Gryffindor. 7º curso.
¿Un fax? ¿Desde cuándo ella recibía faxes en la escuela?
Desdobló la hoja cuidadosamente. Eran nervios y curiosidad los que guiaban sus manos.
Cuando terminó su tarea se encontró con unas letras garabateadas bruscamente sobre el papel y algunas manchas de tinta por sobre toda la hoja, seguramente eran de aquellas manos que lo habían mandado.
El contenido de la hoja la sobresaltó.
Olvidé decirte que no te desharás tan fácilmente del chequeo. ¡Menos con las cifras que mostraste hoy! Estoy arreglando unas últimas cosas y nos veremos allá en unos cuantos días. Cuídate. NT
Se llevó una mano a su dije e inhaló aire por largos segundos, después lo soltó de golpe, resignada.
Después de todas las consecuencias que su mente sabía ocasionaría y podría llegar a ocasionar la cercanía de Ron, ahora resultaba que eran muchos más estragos de los que pensó.
Continuará…
para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?
Cuidense, nos vemos.
XOXO
rosa . chocolate
