Para SkuAg.

Imagen: No. 72 – Diente de león. Propuesta por Nats28.

Disclaimer: Digimon no me pertenece.


X - Sigue la canción del viento


Los matices del atardecer era algo que le encantaba a ella. Siempre podía escuchar el cantar de las aves en el cielo. Un rítmico aleteo que le hacían extender sus brazos hacia el infinito, queriendo volar como ellas. Le gustaba volar, estar en los aires. El mismísimo cielo era su nombre. Y le gustaba la sensación de las caricias del viento en sus mejillas. Le recordaba a Biyomon. Incluso podía sentir las plumas de su camarada darle comezón en la nariz, hasta que lo recordó.

Era el diente de león que tenía en mano.

La ventisca se intensificó, el agua a sus pies queriendo robarse lo poco de tiempo que le quedaba. No sabía si acudir. Su corazón latía en antelación tras recordar su petición en el parque colindante la secundaria. Su uniforme se mecía, deseando danzar entre las diminutas olas que se formaban en sus pies descalzos.

Ahora el cielo se tornó violeta.

Con un simple suspiro, los copos volaron hacia el anochecer, ella deseando hacer un puchero. No había sido su intención dejarlas libres. Deseaba aplicar su belleza en su diseño floral actual, y ahora no podría hacerlo. Un par retornaron con el viento, este susurrándole una melodía que conocía muy bien. Ella sabía que tenía que ir.

Después de todo, le costaba mantener su enojo con él, a diferencia de cierto otro amigo que estaba en detención desde la hora de salida.

Siguió la canción, persiguiendo los rastros del diente de león. El cielo se extendía ante su mirada, alas formándose en su espalda para volar hacia la distante voz. Podía ver las notas musicales a su alrededor, bailando y bailando un ritmo que desconocía. Su imaginación llegó a un cierre tras verlo sentado en un columpio, dejando su bajo en el césped.

Él se meció un poco. Ella ladeó el rostro. El último rastro del diente de león cayendo entre la distancia que los separaba.

—Lamento haber botado tus diseños en el almuerzo. Pensé que eran servilletas sucias.

—Igual no estaban muy bonitos.

Sora se sentó al lado de Yamato, estirando sus pies en el columpio colindante luego de impulsarse.

—En verdad pensé que eran servilletas sucias.

—Esto me enseñará a comprarme una bitácora.

—Pensé que no vendrías, estabas enfadada al acabar la hora del almuerzo y no me hablaste el resto de la tarde.

—Más que nada fue porque Taichi se hizo el payaso en ciencias. Ya se me había pasado.

—Estás sin zapatos.

Sora miró sus pies. Sus dedos relucían gracias a los faroles del parque. Se preguntó cómo no se dio cuenta antes. Por seguir los rastros del diente de león olvidó sus zapatos y calcetines en la arena. Yamato sonrió. Se sacó los suyos, por más que Sora protestara.

—Prefiero resfriarme yo.

—Pero tienes un concierto este fin de semana.

—Me importas más tú que ese concierto.

La noche relucía sobre ellos dos, Sora jugando con los zapatos de Yamato al quedarle algo grandes. Él solo andaba en medias blancas ya que eran del día anterior. Después de todo, la lavadora se había averiado y había sido algo flojo en querer lavarlas a mano. Y no quería que Sora se enterara de ello.

Son pequeños detalles que pueden pasar desapercibidos pero, lo más bello de su amor, es el hecho que no es necesario expresar lo que sienten por medio de palabras, sino por acciones que gesticulan más de lo que parecen.

Retomó su bajo y siguió su canción. El diente de león emprendió vuelo, siguiendo la canción del viento sobre el amor de los dos.


Sé que me tomo mi tiempo en concluir tus historias, y quería pedir disculpas. Espero te haya gustado el Sorato :)