¡Finalmente, está aquí! El capítulo tan esperado. O por lo menos por mí. Se me fue un poco la mano... me emocioné y escribí el triple de lo que suelo escribir en un capítulo. Consideré dividirlo en dos capítulos, pero de ser así la primera parte sería solo una pequeña transición y no iba a quedar bien. Tuve que dejarlo tal y como está. ¡Disfruten!
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La torre de Tokyo era el lugar favorito de Kisshu. Recordaba haberse desahogado ahí algunas veces por los continuos rechazos de Ichigo, cuando peleaba contra las Mew Mews. Quizás era por su altura y la vista excepcional que tenía de toda la ciudad, o quizás porque lo hacía sentir fuerte. Estar sobre la inmensa ciudad y sentir que podía ver todo lo que sucedía allí, lo hacía sentir más seguro de sí mismo, y era justo lo que necesitaba en ese momento.
Eran las 10 p.m. y Kisshu seguía sentado en uno de los bordes de la torre, con la mirada perdida en las luces de Tokyo. Después de la "conversación" que había tenido lugar entre su juguete y él, había pensado automáticamente en la punta de la torre y se había teletransportado allí.
"Soy un idiota", pensaba una y otra vez. "No entiendo por qué tuve que hablarle así", aunque en el fondo, sí lo entendía. Ichigo, su gran amor, el que no pudo superar durante cuatro largos años a pesar de no haber tenido ningún tipo de contacto con ella, dudaba de él y de sus sentimientos. "¿Qué más quiere que haga?" se preguntó a sí mismo, frunciendo levemente el ceño. "Le salvé la vida; di la mía por la suya. Enfrenté a mi propio líder. Pasados cuatro interminables años, logré volver y le demostré que aún estoy interesado en ella. ¿Qué debería hacer? ¿Qué hacía ese idiota de "Aoyama-kun" (procuró decir ese nombre con voz burlona) para que a Ichigo le guste tanto? Era un idiota. Todas las chicas del instituto están enloquecidas por mí, y ni hablar de las clientas del café. ¿Por qué no me ve igual que ellas?" Kisshu se mataba a preguntas sin respuesta. Lo único que sabía, era que no sabía qué hacer. Estaba enojado, pero también estaba desesperadamente confundido, y posiblemente el enojo se debía a ello. "Mañana es el Festival de Primavera y no lo echaré a perder" dijo decididamente antes de desaparecer.
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Ichigo abrió el casillero en donde guardaba sus zapatos y encontró algo que la desconcertó. "¿Una nota?" se preguntó, mientras la tomaba con algo de desconfianza. "Buen día, my love" leyó, soltando una risita sin darse cuenta. "¿My love? ¿En serio?" La nota no iba firmada, pero no era necesario. Parece absurdo, pero esa insignificante notita hizo que empezase el día con una pequeña sonrisa.
La adolescente subió las escaleras y entró al aula, dirigiendo una mirada involuntaria hacia el alien quien notó rápidamente su presencia. Se miraron por un corto pero eterno segundo, que alcanzó para que este le llegara a guiñar un ojo. Ichigo normalmente se habría molestado, pero no pudo evitar sonreír y ruborizarse. Avergonzada por su inesperada reacción, se tapó la boca con una mano y caminó rápidamente hacia su asiento. "¿Qué me sucede?" se preguntó internamente mientras intentaba calmar el escalofrío que le acababa de recorrer toda su espalda. Quiso mirar a Kisshu de nuevo, pero se contuvo.
–¿Qué te sucede?
–¿Eh? ¡Moe! Lo siento, estaba distraída.
–Lo noto… ¿Qué te sucede? –Volvió a preguntar.
"Yo me pregunto exactamente lo mismo…" pensó la pelirrosa, pero concluyó en que era mejor no decir nada.
–Nada. Simplemente desperté de buen humor –contestó Ichigo con una sonrisa.
–Bien… eres rara. –Moe se retiró hacia su banco, pues la clase estaba a punto de empezar.
El día siguió tan extraño como comenzó. Las horas de clase pasaron volando e Ichigo no hizo más que divagar en sus pensamientos, intentando fervientemente no dirigir una mirada involuntaria hacia el atractivo peliverde. En los recreos se limitó a fingir que dormía para no tener visitas indeseadas. Cuando finalmente sonó el timbre anunciando el final de la última hora, Ichigo fue la primera en salir por la puerta. Quería evitar a toda costa un posible encuentro directo con Kisshu; ni siquiera sabía por qué, pero al imaginarse la incómoda situación se ponía nerviosa y su corazón comenzaba a latir rápidamente. Ya podía oír una estúpida pregunta como "¿qué te pareció mi nota?" o algo así a lo que no sabría qué contestar más que un insulto.
Para suerte de nuestra querida adolescente, nada de esto sucedió… hasta que entró a su casa, subió las escaleras y abrió la puerta de su cuarto. No; Kisshu no estaba ahí, pero sí que había estado antes de que ella llegase. Ichigo se quedó paralizada ante lo que sus ojos contemplaban: pétalos de rosa blanca esparcidos por toda su cama, un bol repleto de frutillas color carmesí sobre su escritorio acompañadas de un bello ramo de rosas del mismo color que reposaban sobre un delgado florero de vidrio, un gigante oso de peluche sosteniendo un corazón que decía "I LOVE YOU", pero aun así lo más imponente y hermoso de todo no era ninguna de esas cosas… Un impresionante vestido rosa con detalles en blanco descansaba colgado de una pared de su cuarto. El corset, en su mayoría rosado, presentaba un escote corazón con un pequeño moño blanco con perlas incrustadas ubicado en el centro de este, y delicadas tiras de seda se situaban a los costados que se ubicarían por debajo de los hombros, dando una imagen sensual pero elegante a la vez. Aun así, la falda era lo más bonito: corta por delante, descendía con unas esbeltas ondulaciones hacia la parte de atrás, donde era tan larga que Ichigo se preguntó si llegaría a tocar el suelo. Como un perfecto cierre, una cinta blanca cruzaba la cintura formando un gran moño en la parte lumbar trasera del corset. Era posiblemente el vestido más bello que la adolescente había visto en toda su vida. Además, no tardó en darse cuenta de que el juego de collar y aros rosados hacían juego perfectamente con este. Ignorando completamente el resto de los regalos, Ichigo se acercó tímidamente hacia el vestido, presa de una instintiva excitación. Sintió que sus pies chocaban contra algo, y cuando bajó la vista descubrió unos exquisitos stilettos color blanco perla con punta redonda. Ichigo estaba atónita. No sabía cómo reaccionar ante todo aquello, pero de cualquier manera no tuvo mucho tiempo para pensar.
–¿Y? ¿Qué te parece?
Kisshu, obviamente. Ichigo estaba tan sorprendida por los regalos que se limitó a mirarlo con los ojos bien abiertos con su mano cubriendo su boca, intentando esconder su fascinación. Se tomó unos segundos para poder asimilar todo lo que ocupaba su campo de visión. Mientras tanto, Kisshu esperaba una respuesta con ojos expectantes y una gran sonrisa, parado sobre el marco de la ventana de la habitación y con una mano en la cintura.
–Yo… no… no tengo palabras… –comenzó Ichigo tímidamente; nunca le habían regalado algo tan hermoso… un momento. De repente un pensamiento negativo asaltó la mente de la pelirrosa –. De cualquier manera, no me lograrás comprar con unas flores y un lindo vestido. –Ichigo sintió ganas de volver a preguntarle si en realidad estaba enamorado de ella o solo era una estúpida obsesión, pero se contuvo.
Kisshu suspiró antes de contestar.
–Sabía que dirías algo así –dijo mientras bajaba de la ventana y se acostaba en la cama con los brazos entrelazados detrás de la cabeza, mirando hacia el techo –, pero estos son solo unos pequeños regalos. En fin… no vine para alardear mi buen gusto. ¿Vendrás conmigo al Festival esta noche?
Una flecha habría sido menos directa que esa pregunta. Ichigo ya había aceptado ir con él, pero era verdad que no estaba muy segura de querer ir realmente.
–Supongo que sí…
–No te obligaré si no quieres.
¿Era realmente Kisshu el que estaba acostado en su cama en ese momento? La ex Mew Mew recordaba varias veces en las que el alien había intentado obligarla a hacer cosas peores que ir a una fiesta a la fuerza.
–Iré –contestó decididamente. La cabeza de Kisshu se levantó levemente para poder mirarla a los ojos –, digo… alguien tendrá que usar este conjunto… –dijo finalmente Ichigo ruborizándose.
Kisshu sonrió y desapareció para volver a aparecer en menos de un segundo frente a Ichigo, con las dos manos en la pared, una a cada lado de ella.
–¿Lo dices en serio? ¿Irás con tu antiguo enemigo que intentó matarte y secuestrarte más de una vez en el pasado? –preguntó rápidamente el alien, con una mirada tan intensa y llena de deseo que logró asustar un poco a la pelirrosa.
–¿Estás buscando que te diga que no o qué? ¡Ya te dije que sí! Ahora déjame en paz. –Ichigo movió la cabeza hacia un costado, tratando de escapar inútilmente de la mirada del alien. Sin embargo, no mostró signos de intentar salir de la pequeña prisión en la que se encontraba, lo que deleitó a Kisshu. Disfrutó de lo que tenía en frente un par de segundos más hasta que volvió a abrir la boca.
–Pasaré a buscarte a las siete en punto –dijo y se esfumó, como acostumbraba a hacer cuando finalizaba una conversación.
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–Y luego…
–Y luego te dijo que iría contigo. Ya entendimos. Lo has contado unas cinco veces en los últimos quince minutos.
–¿No pueden alegrarse una vez por mí? –dijo finalmente Kisshu cruzando los brazos y sentándose en una silla alrededor de una mesa.
El excitado alien estaba experimentando un popurrí de emociones y necesitaba contárselo a alguien, pero al parecer sus dos hermanos no eran la mejor opción. Pie estaba limpiando la cocina ya que acababan de comer y esta vez le tocaba a él hacerlo, mientras que Taruto había dejado de escuchar a su hermano la tercera vez que había empezado con la misma historia para jugar con una consola de videojuegos en el living. Sus hermanos mayores no apreciaban para nada esa actividad y decían que era una manera de idiotizar a los humanos, pero Taruto no les hacía caso; además era verdad que lo mantenía ocupado.
–No es aceptable que tengas sentimientos hacia alguien inferior a nosotros –dijo secamente Pie mientras secaba un plato.
–Ichigo no es inferior. ¡Ya lo comprobamos cuatro años atrás! Fue una de aquel pequeño grupo de personas que logró salvar a la triste humanidad –refutó Kisshu.
–Olvidas que nosotros los ayudamos a hacerlo.
Kisshu bufó. Odiaba discutir con su hermano mayor, era aún más terco que él.
–Además, vinimos a la Tierra para escapar de los problemas de nuestro planeta, no para meternos en otro aquí –continuó Pie.
–Ichigo no es un problema…
–Piensa, Kisshu. Tendremos que volver, tarde o temprano. ¿Y qué harás entonces? ¿Llevarla de regreso con nosotros y alejarla del mundo que conoce? ¿Quedarte a vivir tú aquí como un apestoso humano?
El peliverde no contestó.
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La espera se estaba haciendo eterna. No por el hecho de que Kisshu estuviera llegando tarde, ni tampoco porque ella hubiera estado lista hace mucho rato, sino porque la acosaban los nervios. Ichigo no había tenido una cita con otro chico que… ¿cita? Claro que no. Ichigo no había salido casualmente con otro chico que no hubiera sido Masaya, y ahora experimentaba los nervios comunes previos a una cit… salida casual. El vestido le había quedado a la perfección al igual que los zapatos. Se había maquillado delicadamente centrando toda la atención en un brillo labial rosa con sabor a frutilla, que por cierto, no se lo había puesto con el fin de… besar a Kisshu. El solo pensarlo le daba escalofríos. Obviamente era porque le gustaba, nada más. Había recogido su pelo en un complicado moño que Moe le había enseñado a hacer, pero siempre dejando su flequillo sobre su frente. Estaba magnífica, y lo sabía, pero seguía experimentando esas molestas náuseas provocadas por los nervios. ¿Cómo sería salir con Kisshu? Ichigo no se lo imaginaba romántico, como Masaya. Seguro actuaría como un idiota.
En fin… eran las siete en punto. ¿Dónde se encontraba ese estúp…
–Te dije que sería pun…
Kisshu se inmutó. Frente a él, Ichigo correspondió a su silencio con una expresión parecida a la suya. Estaba resplandeciente. No, más que eso. No había palabras para describirla. Estaba preciosa. Kisshu se tuvo que tomar unos segundos para poder observarla por completo, repasando cada parte de su anatomía (o lo que se pudiera ver de ella). Sin embargo, no era esto lo que más fascinó en todos sus aspectos a Kisshu, sino el que Ichigo Momomiya se había preparado para salir con él. Tuvo que pellizcarse para darse cuenta de que no era uno de sus tantos sueños.
Por otro lado, la situación de Ichigo no era muy distinta. Tuvo que intentar callar las miles de voces que gritaron en su cabeza cuando lo vio. "Es solo Kisshu" se repitió una y otra vez en su cabeza, alterándose aún más. Sí, era Kisshu, y eso era lo que la preocupaba. Una chica puede admitir que cualquier hombre suele verse bien en traje, pero Kisshu no se veía "solo bien". Kisshu se veía realmente bien, casi demasiado, y posiblemente el haber aparecido sobre el marco de su ventana como acostumbraba a hacer lo favoreció enormemente. Vestía un elegante smoking gris claro que le quedaba perfecto, combinándolo con un moño color rojo opaco que se envolvía en el cuello de una camisa blanca. Ichigo pensó por un momento que si no lo conociera, sentiría ganas de acercarse a él. Pero… no podía sentirse atraída hacia Kisshu… eso jamás…
–…tual –finalizó el peliverde luego de unos incómodos segundos de silencio.
Ichigo asintió. Las palabras no salían de su boca, su cerebro no respondía. Por suerte el alien volvió a romper el silencio antes de que se tornara vergonzoso.
–¿Estás lista?
Ichigo volvió a asentir.
–Genial. –Kisshu estiró su mano hacia la adolescente.
Una mueca de sorpresa y miedo se formó en la cara de Ichigo.
–Confía en mí.
Por primera vez, la voz de Kisshu sonaba sincera y sin intenciones ocultas. O quizás así era como la escuchaba Ichigo. Decidió no pensarlo mucho, y tomó su mano. El alien la tomó y tiró de ella hasta que casi sin que se dé cuenta, consiguió alzar a la pelirrosa en sus brazos. Luego giró… y luego saltó.
–¡KISSHUUUUUUUUUUUUUUUUU! –gritó Ichigo mientras descendían a una velocidad alarmante, pero antes de poder volver a gritar su nombre se elevaron. La sensación fue parecida a cuando uno se sube a un ascensor y desciende hasta la planta baja, pero sin la tosca delicadeza de este. Ascendieron lentamente hasta que la asustada adolescente tomó el valor de mirar para abajo, y se encontró con varios metros que la separaban de tierra firme. Bastantes. –¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? –volvió a gritar. Estaba asustada, pero no podía decir que también estuviese enojada. En el fondo se lo estaba pasando bien…; muy en el fondo.
–¿Es que no puedo darle un viaje romántico por los cielos a mi chica? –contestó sin el menor esfuerzo.
Ichigo reconocía que no tenía kilos demás, pero volar debía requerir cargar con el peso del cuerpo de uno mismo, además. O así se lo imaginaba ella. Un momento… ¿mi chica?
–En primer lugar: esto no es un viaje romántico. –La pelirrosa sabía que en el fondo lo era, o por lo menos debía serlo, ya que ningún humano común y corriente podría llevar volando por los aires a su chic… eh, su cit… su estúpida pareja del Festival de Primavera. –En segundo lugar: definitivamente no soy tu chica. Y en tercer lugar: deberías saber que los humanos no estamos acostumbrados a que nos lleven volando sobre la ciudad como si nada.
–Entonces siéntete privilegiada.
Solo eso bastó para que Ichigo se callase y dejara de discutir. Kisshu tenía razón. Ahora que se había acostumbrado a la altura, se sentía excelente.
–De cualquier manera… ¿la gente no nos puede ver?
–Estamos tan alto que nos confundirán con un ave o un avión. Los humanos no tienen la visión tan desarrollada.
La conversación se silenció por un rato. Esta vez, era un tipo de silencio agradable. Ichigo se dedicó a apreciar el paisaje, ya que nunca había viajado en avión, aunque seguramente no era ni la mitad de genial de lo que le estaba pasando. ¡Estaba volando! O algo así. Si la pelirrosa se dedicaba a hablar, probablemente no prestaría la menor atención a lo que estaba viviendo en esos momentos.
–Te lo estás pasando bien, ¿a que sí? –preguntó Kisshu con una sonrisa, siempre mirando al frente.
–No te diré que no… –Ichigo todavía no podía ser del todo amable con el alien. Simplemente no le salía, aunque él se estuviese portando bien.
Kisshu rió por lo bajo y continuaron en silencio un rato más. Ichigo pudo ver perfectamente la caída del sol sobre el mar, y por un momento pensó que Kisshu estaba alargando el viaje justamente para que pudiera presenciar eso, porque aunque no se hubiera fijado en la hora sabía que habían estado un buen rato allí arriba.
Finalmente, el viaje terminó y comenzaron a descender suavemente a varios metros de la parte de atrás del gimnasio, para que nadie pudiera reparar en ellos. Caminar resultó un gran esfuerzo para Ichigo, quien había olvidado por un momento como utilizar sus piernas, pero logró recobrar la compostura dos segundos después. Hubiera sido horrible caerse y ensuciar el precioso vestido. Cuando entraron al gimnasio del colegio, se encontraron con que por lo menos la mitad de los alumnos ya habían llegado, y por primera vez a Ichigo le entró la duda de la hora. Se fijó en el reloj de pared situado en el centro del establecimiento y trató de descifrar las agujas de este; nunca había sido muy buena para leer… ¿las ocho y cuarto? ¡¿Habían estado más de una hora volando?! Definitivamente, el alien había alargado el viaje a propósito. Ichigo observó a Kisshu caminando a su lado, en perfecto estado.
–Alumnos, o mejor dicho damas y caballeros, bienvenidos al Festival de Primavera Anual de nuestra preciada secundaria –anunció la voz del director –. Como todos los años, daremos comienzo al evento con un vals. Caballeros, recuerden que el hombre es el que guía, y damas, recuerden que deben seguir al caballero.
Ichigo se paralizó. Se había olvidado la parte del baile. "¡Idiota, idiota, idiota! ¡Se supone que el Festival de Primavera es un baile!" se reprochó internamente. ¿Cómo se podía olvidar de eso? Era malísima bailando. Los años anteriores había tenido la suerte de que Masaya era un excelente bailarín y no la había hecho quedar como una tonta. Simplemente sus pies se movían. Pero ahora estaba con una pareja un tanto… diferente. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, Kisshu se puso frente a ella con una expresión muy tranquila en su rostro.
–¿Qué sucede, Ichigo? ¿No sabes bailar? –preguntó divertido mientras tomaba delicadamente la mano derecha de la avergonzada adolescente, y la otra mano la posaba en su cintura.
Las mejillas de la ex Mew Mew no tardaron sonrrojarse. Quiso insultarlo, pero no era momento para peleas y la única opción era decirle la verdad.
–No… –contestó mirando hacia el suelo, intentando ocultar su inusual timidez.
–Solo tienes que seguirme a mí. Piensa en disfrutarlo en vez de intentar hacerlo totalmente bien.
¿En serio ese era Kisshu? Ichigo todavía no lo podía creer.
Comenzó a sonar un violín que dio inicio al vals y, como arte de magia, Ichigo estaba bailando. ¡Lo estaba haciendo! De un momento a otro, se encontró con Kisshu guiando perfectamente la danza, como si fuera algo normal para él.
–¿Cómo?...
–¿Cómo es que sé bailar? Te olvidas que soy uno de los habitantes más importantes en mi planeta. Estoy acostumbrado a esto, aunque nunca pude tener un baile con una chica que me guste –dijo Kisshu, adivinando la pregunta de su pareja.
Ichigo se ruborizó y no contestó. El vals continuó un rato más, lo suficiente. Cuando salió del trance que le había impuesto la maravillosa danza, notó que todos sus compañeros estaban mirándolos. ¿Había bailado mal y solo había tenido la ilusión de haberlo hecho bien? ¿Tenía aún su peinado hecho? ¿No se habría desarmado con el viento? ¡Seguro era eso! Tenía que encontrar a sus amigas en ese preciso momento. ¿Se habría ensuciado el vestido?
–No te asustes –la tranquilizó el alien, adivinando sus pensamientos una vez más –, o bailamos muy bien o están celosos de la pareja que tengo. –Ichigo no se había dado cuenta, pero Kisshu se había acercado mucho a su oído para decirle esto último. Sin embargo estaba demasiado ocupada con sus pensamientos como para darle importancia.
–Tengo… tengo que encontrar a mis amigas… ya vuelvo. –La pelirrosa se separó de él sin siquiera mirarlo. No sabía qué le pasaba, pero no le gustaba. O le gustaba pero no quería admitirlo. ¡No! No le gustaba nada. Tenía que encontrar a las chicas. Para fortuna suya, logró divisar unos rizos rubios inconfundibles y caminó ligeramente hacia ellos.
–¡Moe!
–¡Ichigo! ¡Estás guapísima! Y tu príncipe azul también. Recién empieza el Festival y ya son las estrellas de la noche. Por cierto, ¿dónde está?
–Moe. Te necesito, a ti y a Miwa. ¿Sabes dónde se encuentra?
–Eh, sí… creo que está por allá tomando algo… ¿qué sucede?
–Tú solo acompáñame, ¡por favor! Las necesito. –Ichigo sonaba desesperada. Moe no tuvo opción que dejar solo a su acompañante un rato.
Encontraron a Miwa al lado de la mesa donde servían las bebidas con su pareja. El chico no era feo pero tampoco era Masaya Aoyama. Además, había estado interesado en Miwa hace tiempo.
–¡Miwa!
–¿Ichigo? Te vi bailando, ¿eras realmente tú? ¿Fuiste a clases o algo así? ¡Se pasaron! Todos los estaban mirando.
–Miwa, ¿podemos hablar un minuto las tres? ¿A solas? –preguntó sin disimular en absoluto frente al chico.
–Eh, sí, ya vuelvo. –Miwa tuvo menos complicaciones para dejar a su chico. Al parecer no se la estaba pasando muy bien.
Se apresuraron a ir al baño, donde Ichigo recibió más miradas incómodas, pero decidió no escuchar los comentarios.
–¿Qué sucede? –preguntó Moe, algo inquieta. –Acabo de dejar solo a uno de los chicos más lindos del instituto. Si no vuelvo pronto, las chicas intentarán quedárselo para ellas.
–Es Kisshu, yo… no sé… creo que estoy asustada. Él se está portando mejor que nunca, créanme, pero no estoy acostumbrada a esto. Me siento incómoda, y para colmo todos mis compañeros se ponen de acuerdo para incomodarme aún más, mirándome a cada paso que doy. ¿Tengo algo mal que no esté notando? Son mis amigas, tienen que decirme.
Ichigo sonaba terrible.
–Ichigo… –comenzó Moe intentando mantener la compostura –, todos te miran porque estás increíble. Ese vestido está precioso, y ni hablar de los zapatos. ¡Date cuenta, demonios! Eres hermosa, y verte arreglada deja a cualquiera con la boca abierta. Además, como si fuera poco, estás con el chico más popular y no sin razón de todo el instituto. Si ya no me necesitas, volveré con mi chico. –Moe finalizó el discurso algo molesta.
–Tiene razón, Ichigo… Quizás Moe es algo directa y no mide sus palabras, pero dijo toda la verdad –añadió Miwa. – ¿Por qué no tomas un poco de aire afuera? Una bebida te ayudará. Ve con Kisshu, así también pueden hablar sin que nadie los moleste.
Ichigo agradeció tener una amiga como Miwa.
–Gracias, Miwa, yo… no sabía… lo siento… –Se sentía una tonta. –Volveré con Kisshu. Gracias, de nuevo. Ah, antes que me olvide, ¿qué tal tu chico?
–No tengo comentarios. Creo que es un poco… no, bastante raro. Es muy tímido y no habla mucho, pero creo que podré soportarlo toda la noche sin problemas.
Ichigo le dedicó una sonrisa a su amiga deseándole suerte y volvió a donde había visto a Kisshu por última vez.
Lo que vio no le agradó en absoluto, incluso dejó de caminar. Por lo menos cinco o seis chicas se peleaban a la vez por llamar la atención del alumno. Una le agarraba la mano, otra tiraba de su traje, unas agarraban los brazos y las demás tiraban de donde hubiera espacio. Daban vergüenza. Kisshu sin embargo, parecía tratar a todas gentilmente, intentando mantenerse en pie. La ira invadió a la pelirrosa. Definitivamente no eran celos, simplemente le daba asco ver a sus compañeras actuando de esa manera tan desesperada por un solo hombre. ¿Ella también se veía así antes de salir con Masaya? Sin pensar mucho más, reanudó su marcha con paso decidido hacia su pareja.
–Kisshu, ¿me acompañas? –preguntó intentando no forzar la voz para que su enojo no sea tan evidente.
Las chicas miraron a Ichigo con ojos de desprecio y frenaron su ataque, lo que permitió que Kisshu se desenvolviera fácilmente de ellas sin que se den cuenta.
–¿Qué fue eso? –volvió a preguntar cuando su acompañante llegó a su lado, sin disimular la irritación.
–Es lo que pasa si me dejas solo… nadie me estaba cuidando y no pude hacer nada… –Kisshu hablaba sonriendo, parecía al borde de un ataque de risa. – ¿Acaso estás celosa?
–¡No! No. Para nada. No. Ni en sueños. –Ichigo continuó negando la pregunta y provocó que Kisshu estallase de la risa. –¡No te rías! No es gracioso.
–¡Sí lo es! Estás celosa.
–Ya te dije que no. Quiero tomar algo. –La adolescente se dio la vuelta, cruzó los brazos y caminó hacia la mesa. No se volteó a ver si Kisshu estaba detrás, pero tampoco hizo falta.
Ya con las bebidas en la mano, Ichigo se dirigió al patio con Kisshu siguiéndola por detrás. Necesitaba aire fresco.
–¿Te sientes bien? –preguntó un tanto preocupado el alien. –Hace un rato te fuiste corriendo como si nada.
–¡Sí! Perfectamente. Sí, definitivamente no hay ningún problema. De verdad. Estoy genial. –Ichigo, visiblemente, era malísima a la hora de mentir.
–Ichigo…
No contestó. No tenía ganas de hablar de su pequeño episodio de nervios de antes. Preguntó algunas cosas sobre sus dos hermanos para cambiar de tema, pero nada muy importante. Kisshu mencionó algo sobre Taruto y Pudding, pero eso es otra historia. Tras unos minutos de charla de cualquier cosa, el director anunció la segunda tanda de baile, en la que por lo general las parejas se separaban un rato y se juntaban con sus amigos. Ichigo no tardó en reunirse con Moe y Miwa.
–¡Es tan lindo! ¡Y tan gracioso!
–El mío es bastante callado y tímido…
Las amigas de la pelirrosa hablaban sobre sus respectivas parejas interrumpiéndose constantemente para contar cualquier cosa que les hubiera pasado y pudiera llegar a ser interesante. O no. Simplemente contaban todo lo que había sucedido hasta ese momento. Mientras tanto, Ichigo escuchaba y reía. Disfrutaba escuchar a Moe con su usual excitado tono de voz, que aumentaba considerablemente cuando algo bueno le pasaba. Esto contrastaba con el tranquilo semblante de Miwa. Eran un par de amigas curiosas.
Cuando por fin notaron que no había nada más para decir, repararon en que Ichigo no había abierto la boca en toda la charla.
–A todo esto, Kisshu está guapísimo –comentó Moe intentando captar la atención de su amiga.
–¿Cómo la estás pasando tú, Ichigo? ¿Estás más tranquila? –preguntó Miwa.
–Sí, eso creo. Cuando volví del baño estaba rodeado por chicas.
–Era de esperarse. Encontrar a Kisshu sin pareja en este Festival es algo demasiado bueno como para dejarlo pasar. –Moe era sincera, tal vez demasiado.
–¡Como sea! Ellas sabían que había venido conmigo.
–Ichigo… ¿no es que ni siquiera querías venir al Festival con él? ¿Por qué de repente te importa tanto? –curioseó Miwa.
–¡No me importa! Se los puedo jurar. Simplemente me molesta que mis compañeras actúen de esa manera.
Las amigas cruzaron una mirada de desentendimiento, pero decidieron dejar de lado el tema y volver a hablar sobre lo bien o lo mal que lo estaban pasando.
-ooo-
–¡Qué linda está Ichigo, Kisshu!
–Te sacaste la lotería, hermano.
–Nadie pensó que podría mirar a alguien que no fuese Aoyama.
–¡Pf! Yo soy mejor que Aoyama.
–¿Y por qué Ichigo está con Kisshu y no contigo, eh?
–Pues porque yo no quería levantármel… –El chico no tuvo oportunidad de finalizar la oración. La mano de Kisshu le cubría la boca, y no muy suavemente.
–No toleraré que hables así de ella –advirtió el peliverde. Había estado con la mirada perdida, totalmente desconcentrado, o eso pensaban sus compañeros hasta que reaccionó de esa manera ante la inoportuna ocurrencia de su amigo. Tras asestarle una mirada asesina, retiró la mano y volvió a su estado anterior.
–¿Qué le sucede?
–Mejor no lo molestemos. ¡Que ninguno vuelva a decir nada de Ichigo!
Kisshu estaba demasiado ocupado con sus pensamientos como para prestar atención a la conversación de sus "amigos" humanos. Lo consideraban uno de ellos, aunque de vez en cuando dejaban en claro que pensaban que era algo… raro. A él no le importaba. Solo estaba interesado en Ichigo. Normalmente era bastante sociable y divertido, pero en ese momento no le apetecía. Se sentía un idiota. No podía negar que lo llenaba de una sensación inexplicable ver a su adorado juguete aceptando su compañía, pero no estaba del todo satisfecho. Ese no era Kisshu. Estaba jugando a actuar igual que el imbécil de Aoyama, y le aburría ser un chico bueno. Lo que más quería era que Ichigo lo quisiera, pero siempre y cuando quisiera al verdadero Kisshu, no a una versión barata de ese humano inferior.
Una voz amplificada fue capaz de cortar los pensamientos de Kisshu, anunciando el comienzo de la tercera tanda de baile.
–Ahora reencuéntrense con su pareja y ¡disfruten del Festival! –dijo la voz, demasiado fuerte para el gusto del alien.
La tercera tanda del Festival de Primavera era reconocida por presentar los mejores temas lentos para disfrutar con la pareja. Era el momento más íntimo de los dos, y el favorito de las mujeres. Kisshu no tardó en ir a buscar a su gatita.
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"Ahora reencuéntrense con su pareja y ¡disfruten del Festival!"
Eso fue suficiente para que Ichigo se mareara y estuviese a punto de desplomarse. Sus amigas ya habían desaparecido entre la multitud. Estaba sola, entre tanta gente que le regalaba miradas de curiosidad. Se debían preguntar por qué estaba allí parada, sola, entre todos ellos, y no con el chico estrella. Sin embargo, esto no fue lo que más angustió a Ichigo, sino el hecho de que no estuviera Masaya con ella.
La tercera tanda era conocida por presentar maravillosos temas lentos que fascinaban a Ichigo, y que disfrutaba el doble al pasarlos con su novio de ensueño. Era tan feliz, bailando lentamente mientras lo abrazaba por el cuello, apoyando su cabeza en su pecho. Lo amaba. Pero ahora, no solo se encontraba sin él, sino que había sentido una pizca de atracción hacia… hacia Kisshu. Le costaba admitirlo, pero era verdad. ¿Qué le pasaba? ¡Habían peleado a muerte! ¡Había querido separarla a la fuerza de su gran amor! En cierto sentido, tuvo suerte de que Kisshu hubiera aparecido justo cuando Masaya se fue; sino, probablemente habría pasado lo mismo, y esta vez el alien no habría regresado a su planeta con las manos vacías. Ni siquiera habría regresado a su planeta.
Ichigo permaneció inmóvil ante los ojos que la miraban, y finalmente corrió hacia la salida. No quería estar ahí. Kisshu le había dicho que no tenía que ir si no quería… bien, entonces no habría problema en que se marche en ese preciso momento. Intentó no prestar atención al camino que se abría entre la gente para que pudiera pasar, simplemente corrió, hasta que logró salir y se encontró completamente sola en el medio de la noche.
Se desplomó allí mismo. Ya no le importaba el vestido, ni los zapatos, ni su peinado, ni nada. Dejó caer sus rodillas sobre el suelo y empezaron a brotar las lágrimas. Un instante después, sintió una mano en su hombro.
–Ichigo…
–¡Déjame en paz!
Kisshu se agachó frente a ella, y la observó mientras lloraba desconsoladamente.
–¿Quieres ver algo genial? –Kisshu se levantó rápidamente y le tendió la mano.
–¡Kisshu, dije que me dejes en paz! No es momento. Quiero estar sola.
El alien no se movió. Ni siquiera dio signos de haberla escuchado. Permaneció allí parado con la mano extendida hacia Ichigo, hasta que esta se dio cuenta de que no cedería fácilmente.
–De veras, Kisshu… simplemente quiero irme a mi casa…
–Confía en mí.
El extraño adolescente le había dicho algo parecido antes de haberla llevado volando por la ciudad. Ichigo, vencida por cansancio, aceptó la mano de su pareja. Al segundo de haberla tomado, o quizás menos, experimentó la teletransportación por primera vez. No sintió su cuerpo por un momento, era como si se hubiera desvanecido en pequeñas partículas. La sensación fue muy corta, pero intensa. Un segundo después, Ichigo divisó Tokyo. Literalmente.
–Vengo aquí cuando me siento como tú te sientes ahora. –Kisshu se sentó en uno de los bordes de la Torre de Tokyo. Se encontraban en el punto más elevado en el que entrarían un par de personas de pie. –Te sorprenderías al saber que son más de las que piensas.
Ichigo quedó completamente inmersa en la vista que tenía en frente suyo, hasta que se dio cuenta de dónde estaban y empezó a sentir los síntomas del vértigo. Sintió que se caería en cualquier momento, así que prefirió arrodillarse y gatear hasta donde estaba Kisshu, para sentarse a su lado. La aterró la idea de tener los pies colgandos sobre metros y metros de altura, pero sin duda eso era mejor que estar parada. El alien tenía razón; casi se había olvidado por completo que hace un minuto lloraba a cántaros.
–Es por el humano, ¿no? –Kisshu tenía la habilidad de adivinar cualquier sentimiento y/o emoción de Ichigo. –Nunca te pregunté qué le había pasado. Preferí disfrutar el hecho de que ya no fuera un estorbo. –Ichigo decidió ignorar el insulto hacia su ex novio.
–Se mudó, bastante lejos y por bastante tiempo. Y quizás para siempre –contestó con la voz débil, pero centrando su atención en la ciudad. La vista la hacía sentir realmente bien, o tal vez nada más la distraía de cualquier pensamiento.
Permanecieron en silencio unos minutos, ninguno supo descifrar luego si habían sido pocos o muchos.
–Antes mencionaste que venías aquí cuando te sentías mal… –La adolescente sintió curiosidad. ¿Qué haría sentir mal a Kisshu? Parecía la person… el alien más fuerte del universo. Del universo que ella conocía, por lo menos.
–Amar a una persona que no te ama duele más de lo que te imaginas. –Kisshu permaneció con la mirada al frente, sin mostrar cambio alguno en su rostro. –Lo sufrí hace cuatro años, cuando me rechazaste más de una vez. Siempre me quedó la duda de si había sido por mí, o porque ya estabas enamorada de ese idio… de Aoyama. –A Kisshu le dio un poco de asco pronunciar ese maldito nombre. –Lo sufrí cuando estuve al borde de la muerte para salvarte, luego de rebelarme contra mi líder. Lo sufrí aún más los cuatro años que estuve en mi planeta, intentando convencerme de que ya jamás volvería a verte. Conocí chicas muy lindas y buenas, pero ninguna llamó mi atención siquiera. Te extrañé mucho… –Kisshu parecía al borde del llanto luego de decir esto último, pero se contuvo y prosiguió con una mirada mucho más endurecida. –Cuando me enteré de que volveríamos a la Tierra, la esperanza me golpeó fuertemente, pero sin embargo sigo sufriendo por la misma razón que antes.
Ichigo lo miraba con una expresión indescriptible. Definitivamente era una mirada triste, pero no se podía entender si era porque compadecía al alien, porque se sintió mal consigo misma, o ambas.
–Y antes de que digas algo: no, no estoy obsesionado contigo. Lo tomaba como un juego antes, pero yo jamás daría mi vida por un simple juguete.
–Kisshu… yo… no sabía… –La pelirrosa no sabía qué hacer. Quería abrazarlo, pero quizás él lo malentendería. Quería decirle que la chica era una idiota al no saber apreciar lo que tenía en frente, pero luego recordó que esa idiota era ella. Permanecer en silencio con él fue la mejor opción, hasta que el alien decidió que se había cansado de estar callado.
–De cualquier manera, a lo que quería llegar… creo que es hora de dejarte en paz. La parte que conociste de mí hoy fue mi mejor faceta de actor; quiero que sepas que yo no soy así. Yo no soy como tu… ya sabes. Quise comportarme bien para que te llevaras una sorpresa, pero ni siquiera resultó como esperaba. Dame la mano, te llevaré a tu casa. –El resignado alien extendió la mano hacia ella, aún sin mirarla, disfrutando una última vez del esplendor de Tokyo.
–Todavía no me quiero ir.
La inesperada reacción de la ex Mew Mew capturó completamente la atención de Kisshu. La miró con sorpresa en los ojos, olvidando por un instante el dolor que sentía en ese momento.
–Todavía estoy enamorada de Masaya… tienes razón –Ichigo lo miró antes de seguir –, pero eso no quiere decir que otro no pudiera lograr interponerse. Masaya ya no está aquí para enamorarme todos los días, y uno no elige de quien enamorarse. Simplemente tienes que ser tú mism…
Ichigo no pudo terminar su oración, porque los labios de Kisshu se lo impidieron. La besó suavemente, pero ella pudo sentir la cantidad de emociones que recorrían el cuerpo del adolescente en esos instantes. Simplemente lo sintió. Y ella no intentó separarse. El beso terminó luego de unos escasos segundos cuando Kisshu se separó un par de centímetros y la miró a los ojos, provocando un escalofrío que recorrió todo el cuerpo de la pelirrosa.
–Si quieres que sea yo mismo… bien, este soy yo. –Kisshu no le dio tiempo para responder. Tomó a su antigua enemiga por la nuca pero sin forzarla, y volvió a besarla con más pasión, saboreando el sabor a frutilla de sus labios. Ella accedió. No tardó en lanzarse sobre ella, preso de la euforia que experimentaba. Había esperado tanto este momento… lo había deseado como a nada en el mundo. Ella correspondía a todo lo que él hiciese con su boca, y en ese momento con su lengua. En un frenesí de sensaciones, Kisshu se separó y comenzó a besar el cuello de su juguete. Su juguete, y de nadie más. Se deleitó al notar su respiración agitada, el calor que emanaba su cuerpo bajo el suyo, su aroma. Era perfecta. Era todo lo que quería en el mundo.
Un segundo después, sin que Ichigo se dé cuenta, sintió como la superficie dura y fría de la Torre de Tokyo cambiaba a una mucho más blanda y agradable. Estaba en su cama, y Kisshu aún estaba arriba suyo, observándola, apreciándola en su totalidad con sus espectaculares ojos color ámbar. El lugar había cambiado, pero ellos dos no. Ichigo sintió la necesidad de volver a sentir los labios del que antes había sido su enemigo mortal, aunque este solo se hubiera separado por unos segundos.
Por primera vez, ella fue quien lo obligó con su mano sobre la nuca a besarla, y él aceptó encantado. Completamente fuera de sí, Ichigo abrazó a Kisshu con más fuerza, acercándolo más y más a ella. Él aprovechó para hacerla rodar sobre sí misma, quedando él debajo esta vez, y ella apresándolo contra las sábanas.
Ichigo podría haberse detenido si hubiese querido. Podría haber dicho una sola palabra, tan corta como un simple "basta" y el alien habría parado. Pero no lo hizo, porque no quería. En cambio, flexionó las piernas, sentándose peligrosamente cerca de la zona sensible de Kisshu. El beso no cesaba y se hacía cada vez más y más profundo, más intenso, permitiéndole a los dos explorar cada parte de la boca del otro.
Kisshu no podía parar. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, sabía que se estaba aprovechando de la sensibilidad de Ichigo, pero la fascinante sensación que recorría todo su cuerpo y mente le impedía hacer algo al respecto. En lugar de frenar la locura, sentía la necesidad de intensificarla más y más. Ya no le bastaba con tener al amor de su vida sobre él, besándolo apasionadamente. Se volvía loco intentando contener sus impulsos, inútilmente por supuesto. Pasó de tener las manos en la cintura de Ichigo, a un poco más abajo. Logró contenerse y comenzó a pasear sus manos sobre los suaves muslos de la pelirrosa. Separó su cara del bellísimo rostro de su amada, y no pudo evitar las ganas de comer su cuello a besos. Ichigo sintió como el alien lo saboreaba, mordiéndolo suavemente de vez en cuando.
De repente, los dos a la vez sintieron la mejor sensación que habían experimentado hasta el momento, y rápidamente les asaltó la necesidad de querer más, y más, y más.
Ichigo comenzó a rozar el cuerpo del alien, sedienta de experimentar con mayor intensidad esa embriagante sensación. El alien supo que si no frenaba en ese momento, no iba a frenar hasta dentro de un buen rato. Recobró la razón por un segundo, que bastó para que agarrara a su gatita por los hombros, quien lo miró sorprendida, sin entender bien qué quería hacer.
–No puedo seguir. No está bien –dijo Kisshu, entre jadeos.
Ichigo, dándose cuenta por fin de la situación en la que estaba, se separó del cuerpo del alien y se sentó al lado suyo.
–Lo siento… –Se sentía tan avergonzada. ¿Cómo había pasado eso? ¿De verdad quería llegar tan lejos?
–Es mi culpa. –Kisshu se reincorporó, sentándose frente a ella. La observó de nuevo. Estaba despeinada y con el maquillaje corrido, mirando hacia abajo. Aun así, Kisshu la veía más hermosa que nunca. –No sé si ya te lo dije, pero me gustas más así desarreglada como estás ahora –dijo, sonriendo. –No volverá a pasar. Perdón –dijo, levantando la delicada cabeza de Ichigo por la barbilla, obligándola a mirarlo de frente–. Por lo menos ahí tuviste una impresión de cómo soy realmente.
–No digas eso. Yo también cooperé a que… termináramos así… –A Ichigo la atacaba la vergüenza. –Además, pudiste frenarme… –No tenía idea de cómo iba a hacer para mirar al alien a la cara después de esto. –Eso también dice algo de ti. Y estoy segura de que todavía no te conozco ni un poco.
Kisshu parecía satisfecho. La miraba con una sonrisa inusual.
–¿Quieres conocerme? –preguntó, con la misma sonrisa, divertido.
–Vienes al colegio conmigo y trabajamos juntos. No creo que pueda decir que no.
–Entonces acepta salir conmigo.
-ooo-
AHHHHHH! Yo estoy igual o peor que ustedes. Me moría de la emoción mientras escribía. Y me dio mucha vergüenza, pero bueno... tarde o temprano tenía que pasar. Kisshu es todo un atrevido, y ¿quién habría pensado que Ichigo también lo sería? O quizás estaba sensible, como bien dijo Kisshu... bah, quién sabe. Yo no. ¡Cualquier review es bienvenido! 3
