Capítulo 10.
Walburga Black era una muger estricta. Creció en una familia adinerada y siempre tuvo todo lo que quiso y más.
Fue criada para que fuese una dama digna, diligente esposa y buena madre.
Creía que los sangre puras eran superiores a los demás magos y cualquiera que no pensara ésto, era un traidor.
Se casó con Orion Black nada más salir de Hogwarts y unos años después, nació su primer hijo.
Dos años más tarde nació el segundo.
El primero resultó ser una total decepción.
No se comportaba como el próximo heredero de una de las más prestigiosas y nobles casas.
Todo empeoró cuando entró en el colegio y quedó en Gryffindor.
Era irrespetuoso, grosero y no cumplía las normas.
Y para más desgracia, tenía un novio mestizo.
Regulus era su mayor orgullo.
Se comportaba con propiedad, tenía buenos modales y ovedecía los deseos de Walburga sin protestar.
En hogwarts fue un Slytherin como cualquier buen Black que se precie y no como ése al que había llamado alguna vez hijo.
Sabía que su marido no la amaba aunque ella tampoco lo amaba a él. Eso era lo que pasaba con la mayoría de los matrimonios concertados.
La finalidad era unir buenas casas y obtener veneficios por ello y lo demás era secundario.
lo único que debían hacer, era tener al menos un heredero y ella había cumplido y le había dado dos hijos.
Ella tenía amantes al igual que su marido. Ninguno tenía problemas con eso. La única regla tácita era ser discretos y que nadie se enterara para no manchar la reputación de su familia.
Pero gracias a aquel al que un día llamó hijo, su reputación estaba manchada.
Los de otras casas nobles se reían a sus espaldas.
walburga sabía que a veces, para que un cuerpo funcionara, había que extirpar algún órgano y su familia era un cuerpo al que había que arreglar.
Y si para que volvieran a respetarla en los círculos sociales tenía que acabar con el parásito... así lo haría.
Una lechuza parda y negra entró por la ventana de su precioso salón.
Walburga desató la carta que llevaba en la pata y la lechuza se marchó.
La carta era del colegio.
Había recibido muchas de esas cartas gracias a Sirius.
Iba a tirarla al fuego como las otras, pero decidió leerla.
"Estimados señores Black tengo el deber de informarles, de que su hijo Regulus Black, está en la dulce espera.
Esta información me la ha facilitado la enfermera de la escuela tras haberle realizado varios hechizos diagnóstico.
El joven Regulus confirmó que el otro padre de la criatura que lleva en su vientre, es el señor James Potter.
Deseo que tenga un buen día.
Atentamente:
Albus Dumbledore".
Walburga empalideció.
-¡Kreacher! -Bramó muy enfadada.
Su otro hijo la había decepcionado.
El elfo apareció enseguida.
-¿Qué desea mi ama? -Dijo inclinándose tocando el suelo con la nariz.
-Llama al señor Black y dile que acuda aquí de inmediato. Es urgente.
El elfo hizo una reverencia y desapareció.
Orion había sido criado de manera estricta por su familia.
Era un hombre con más dinero que el que necesitaría en su vida y cinco vidas más.
Dos años después de salir del colegio se casó con Walburga. Y años después nació su heredero.
Dos años más tarde, nació su segundo hijo.
Al contrario de lo que todo el mundo creía y pensaba, él amaba a sus hijos hicieran lo que hiciesen.
Le habían criado para despreciar a aquellos que no eran sangre pura y a aquellos de sangre pura que congeniaran con mestizos y sangre sucias.
Pero él, aunque por fuera mostraba esos ideales, disfrutaba del mundo muggle cuando podía escaparse.
Una secreta parte de él se alegró cuando Sirius quedó en Gryffindor. Siempre supo que su hijo sería diferente.
Por lo menos él, era capaz de revelarse y luchar por lo que creía.
Se había enterado de que salía con un mestizo y eso le divertía. Porque la furia de Walburga por aquello, era estúpida.
A veces tenía miedo de la locura de su mujer y le aterrorizaba imaginar lo que sería capaz de hacer solo para limpiar la reputación de la familia.
Si aún no había acabado con Sirius, era porque él lo había evitado.
Se alegraba sinceramente de que Sirius estuviera viviendo con los potter.
Nunca había sido capaz de desovedecer a su padre y por eso, ahora vivía en una siniestra casa, a merced de una loca purista de sangre.
Orion suspiró con melancolía.
Entonces ese elfo loco como Walburga apareció en su estudio. Escuchó que su esposa quería verlo y se levantó.
Cinco minutos después apareció en el salón.
Walburga le entregó la carta sin decir nada.
Orion suspiró creyendo que era otra trastada de Sirius.
Pero como Walburga insistía con la mirada, al final acabó leyéndola.
-¿Cómo? -Preguntó incrédulo.
-¡Hay que ir al colegio inmediatamente! Hay que acabar con esto cuanto antes.
Orion asintió.
Se acercaron a la chimenea, cogieron polvos flu y diciendo la dirección, fueron tragados por la chimenea.
Aparecieron en las tres escobas.
Salieron del local con la cabeza en alto y una mirada orgullosa y se dirigieron a Hogwarts.
Nota:
Si tenéis alguna idea para este fic, me encantaría recibirla.
Muchas gracias.
Un gran saludo.
Y recordad, los personajes pertenecen a la magnífica J. K. Rowlin.
Yo solo los utilizo como entretenimiento.
