Capítulo 9

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Salvada… otra vez.

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Las suaves hebras rubias claras casi como el algodón se encontraban desparramadas por el verde pasto, con sus pálidas manos trataba de alcanzar el cielo o más bien sentir el calor más cerca de ella. Dejó caer sus brazos a los costados de su cuerpo y cerró sus amatistas dejando que su lengua saboreara esos dorados y calientes rayos que irradiaba el astro rey. Eso lo había leído en un libro, de esos tantos que tenía escondidos bajo la cama, como de costumbre. Y parecía que las escrituras de ese libro decían la verdad, su cuerpo comenzó a sentirse lleno de calor y energía al probar con su lengua el calor del sol.

Estuvo así por unos 15 minutos, alimentando su cuerpo con esa energía libre e irradiante para ella. Se incorporó sentándose sobre sus blancas y tersas piernas, sentía la textura cosquilleante y rasposa del verde y corto pasto bajo su cuerpo. Tenía puesto unos shorts de cintura alta color negros con botones color cobre, una blusa de manga larga color rosa cubría su torso y hombros.

Volteó a ver al lago frente a ella, las ranas y sapos croaban en una natural sinfónica tenue, gateó para acercarse más y quizás poder ver más de cerca el color de los peces que ahí habitaban y compartían su hogar junto a los anfibios de grandes saltos.

Eran las 9 de la mañana y necesitaba pensar en una forma de pedirle a Claude que la llevara a la feria de libros en el pueblo de al lado. Estaba en contacto con una caravana que conocía muy bien y le llegó una notificación que ese fin de semana se llevaría a cabo, por lo cual debía ir a como dé lugar.

Pero mientras quería seguir observando a las ranas brincar y croar, más tarde le pediría a su tutor que la llevara a comprar cosas.

"El desayuno Luna…" y se levantó para entrar a la cocina corriendo, ¡cómo se le olvidó que a ella le tocó hacer el desayuno ese día!.

-Buenos días…- saludó con una sonrisa mientras se apresuraba a lavarse las manos y a preparar el desayuno de ese sábado. Claude estaba sentado en la mesa leyendo el periódico, Luna se preguntó cómo lo conseguía cada mañana si vivían muy alejados de la ciudad.

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-Buenos días, my Lady…- saludó mirándola rápidamente, la joven se veía normal, como todos los días, parecía que había olvidado la escena con Hannah y eso le parecía bien. La ojivioleta rápidamente le entregó su café recién hecho, sin azúcar y con un toque furtivo de canela, se le había hecho descortés decirle que preparara café solo, así que se acostumbró.

Mientras la rubia preparaba huevos con lechuga y leche -La salud es primero-, el demonio leía la sección policiaca de esa mañana. Parecía que no habían detenido al culpable de los crímenes que atemorizaban a los ciudadanos, "Humanos, siempre incompetentes" pensó mientras doblaba el diario y miraba su plato servido frente a él.

Cuando la ojivioleta miró que su tutor comía como siempre, educado y pausado, pensó perfectamente en las palabras para pedirle de favor que la llevara a esa feria.

-¿Se encuentra todo bien, my Lady?- preguntó haciendo a la rubia ruborizarse por la escena del sostén del día de ayer. Claude notó el ligero rubor y pensó que su protegida estaba pensando en el beso apasionado con Hannah -my Lady… lo que ocurrió ayer…- Luna tragó todo el bocado de golpe esperando no ahogarse y poder interrumpirlo antes que terminara con esa frase.

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-Ehhhh… ¿Podríamos ir a la feria del libro?- preguntó para después tomar un sorbo de jugo de zanahoria, leyó que los carotenos de esa verdura dulce la harían verse más colorida y no como un muerto, miró levemente al de ojos dorados -Por favor… yo… cada año mis padres me llevaban… y…- dijo sumisamente, iba decir nuevamente por favor cuando la voz tranquila de Claude la interrumpió.

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-Como usted pida, my Lady… ¿En dónde se lleva a cabo?- preguntó bebiendo su café humeante en esa taza negra como su cabello y dorada como sus ojos.

La rubia sonrió agradecida, se limpió los labios y le comentó que en un pueblo más allá de la urbanización, la gente era humilde y necesitaban el dinero, ahí vendían de todo y ella necesitaba comprar diferentes ingredientes para comenzar con sus "prácticas" cuanto antes.

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La ojivioleta como odiaba sudar, todas las ventanas del auto iban abiertas, tomaba agua fría de su botella todo el camino, se secaba la frente con una pequeña toalla -ya empapada, por cierto- y solo le faltaba sacar la cabeza por la ventana y cuando estuvo a punto de hacerlo, Claude habló.

-Eso solo lo hacen los perros, my Lady…- dijo burlándose pero sin quitar su semblante duro de siempre, Luna se dio cuenta pero prefirió simplemente reír mientras sacaba un pañuelo del interior de Gizmo. -Si tiene tanto calor, ¿por qué no se dejó la ropa que tenía puesta en la mañana?- preguntó sin dejar de mirar al camino solitario por el que iban.

-Ummmm… cuando lleguemos verá por qué vamos vestidos así…- dijo antes de dar otro sorbo al agua fría, le ofreció al demonio de ojos dorados, pero éste negó.

Llegaron a "la feria del libro", que Claude veía más como un mercado ambulante antiguo, la rubia sonrió al recordar cómo sus padres siempre iban a divertirse con ella, parecía esas películas de gitanos pero real.

Ambos bajaron del auto, que Luna había pedido a su tutor estacionarlo unos metros atrás del mercado. La ojivioleta se colocó una amplia tela parecida a una mascada en la cabeza, la acomodó cubriendo su frente como si fuera una banda y el nudo dejaba caer libremente la tela suave café y ondeante al viento ahora fresco. Su cabello rubio y ondulado caía por sus hombros cubriendo la mitad de su espalda y un poco arriba de los codos, miró su vestuario por última vez y extendió el sombrero a su tutor.

-Todos llevan sombreros negros… debemos encajar.- explicó sonriendo emocionada, Claude se colocó el sombrero y caminó un poco detrás de la ojivioleta.

Las sandalias blancas y sencillas de la rubia combinaban a la perfección con las líneas de su falda larga y café, la cual tenía un estampado tribal por toda la extensión de la tela. La blusa naranja de la ojivioleta la hacía ver más energética y alegre, era una blusa simple y holgada en los brazos.

Claude se dio cuenta al llegar al mercado que todos los hombres llevaban un sombrero negro y ropa negra, como él. Luna lo había convencido de llevar un pantalón que se veía un poco desgastado, una camisa negra y su chaleco gris formal, parecía un gitano más de la muchedumbre con ese sombrero -claro que si no tomaban en cuenta que ambos tenían un color de ojos peculiar-, podrían pasar por gitanos normales.

La rubia miraba emocionada los puestos de la gente, cuando dijo que vendían de todo, Claude no se imaginó que vendieran partes de animales disecados también. Las mujeres miraban a la albina pasar con el apuesto demonio a su lado y murmuraban cosas inentendibles.

-Niña Chimutre, vino como todos los años…- dijo una anciana de ojos y cabello negro, sus manos arrugadas tocaron las mejillas tersas de Luna haciéndola sonreír ampliamente. (Chimutre= Luna en Rom o Gitano.)

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-No podría perdérmelo Nana Nonoka…- la rubia miró como la mujer entristecía al verla sin sus padres -No se preocupe… usted me lo había dicho ya…- dijo sonriendo y haciendo sonreír a la señora. Luna miró a Claude y reaccionó -Ohhh… Nana, mire él es Claude Faustus- la anciana de cabellos negros miró con los ojos entrecerrados al demonio, luego miró a Luna y la rubia asintió levemente. (Nonoka es un nombre gitano)

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-Cuide de mi Chaví- dijo la mujer simulando una sonrisa solo por compromiso con Luna, la rubia suspiró con alivio y la señora acarició las mejillas de la ojivioleta. -Sus Mules dijeron que vendría por libros y provisiones… estoy muy orgullosa que quiera usar su Draba- le dijo a la ojivioleta mientras la abrazaba y la llevaba por todas las "tienditas" fascinantes que a Luna deslumbraban. (Chaví=niña, Mules=fantasmas, Draba=magia gitana)

Todas las cosas que compraba eran llevadas a la tienda de la Nana de Luna, Claude no se separaba de la rubia mientras la mujer de cabellos negros guiaba a la ojivioleta por todas las tiendas que serían de utilidad.

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-Nana… quiero ir por libros…- pidió la rubia un poco apenada por tanto hacerla caminar, la mujer sonrió y le hizo un ademán de restarle importancia. Caminaron por unas tiendas casi solas, las mujeres ahí usaban unas ropas muy oscuras y miraban a la rubia con el ceño fruncido, sin embargo Claude no se salvó de las miradas profundas de las mujeres.

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-Quiero hablar con usted… la chaví puede entrar sola.- dijo la mujer en tono de orden a la rubia, la cual miró a Claude indicándole que se quedara ahí con la mujer de cabellera negra y ojos oscuros, cuando la ojivioleta entró a la gran tienda de libros la mujer habló -Aunque la chaví saber hacer maravillas con sus manos… sé lo que es usted.- dijo seria y mirándolo a los dorados ojos, Claude no pestaño -La chaví tiene muchos enemigos, pero sé que la cuidará… si no, yo me encargaré de que no se olvide de su nombre…- dijo la gitana sonriendo ampliamente.

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-Muchas gracias por todo Nana… espero con esto tengan para sus gastos.- dijo entregando un costalito lleno de billetes enroyados, la pelinegra negó pero la rubia colocó la bolsita entre las manos de la dama vidente. -Dígales a sus hijos que les mando saludos y que espero verlos pronto…- dijo mientras abrazaba a la mujer de avanzada edad.

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-Chaví… tenga mucho cuidado por favor, las cosas serán muy duras para usted, en todos los aspectos… puedo verlo.- dijo tomando la cara de la rubia entre sus viejas pero suaves manos.

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-Lo sé Nana… pero aprenderé rápido, verá que en unos meses le regresaré su juventud…- dijo guiñando un ojo y la señora sonrió ampliamente, apretó las mejillas de la rubia dejándolas coloradas y besó su frente.

Luna y Claude caminaban con el ocaso a sus espaldas, la leña de la fogata tronaba y desprendía chispas, una pequeña niña se acercó corriendo a la rubia y abrazó sus piernas.

-¡Chimutre, Chimutre!, toca una canción… queremos bailar en el fuego.- dijo la pequeña contenta al ver a su amiga "blanquita" como en secreto le llamaba.

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-Lali… más respeto, ¿no ves que Chimutre ya es una Rumí?- un joven castaño de ojos miel reprendió a la niña y en el proceso la rubia enrojeció violentamente, pero al mismo tiempo su corazón se estrujó. El chico lo notó y se sintió feliz, por él… no por ella. (Rumí=esposa)

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-Romano, sigo soltera… Claude es mi protector.- explicó la rubia con una sonrisa leve, cuando el chico escuchó esas palabras su semblante cambió a uno más jovial y galante. (Romano es un nombre gitano)

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-Entonces… ¿nos concederías escucharte tocar?- preguntó mirándola a los ojos directamente, Claude no le agradaba como ese chiquillo coqueteaba tan libre y descaradamente con su protegida, ella no era como todas las chicas de su edad.

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-Claro, ¿Me prestan un Boshbaro?... el mío lo dejé en casa.- pidió la rubia sonriendo tiernamente, "Es demasiado ingenua e inocente…" pensó el de ojos dorados mientras miraba como el castaño entregaba un violín negro a la rubia. (Boshbarro=violín)

La ojivioleta comenzó a tocar una suave y sensual melodía mientras daba pasos suaves y sigilosos con los ojos cerrados, comenzó a dar vueltas alrededor de la fogata y los gitanos se levantaron, unas chicas con panderos comenzaron a hacer un compás para que los de la caravana se emocionaran y ayudaran con sus palmas. La rubia sonrió ampliamente y las palmas demandaron un ritmo más rápido y enérgico. Luna comenzó a dar vueltas sobre sí misma y el ritmo fue más bailable, ante los ojos dorados de su tutor, los gitanos comenzaron a aplaudir al cielo y a dar vueltas en una rueda grande alrededor de Luna. El crujido de la leña era un extra que le daba misticismo al momento, entonces se unió a la melodía una guitarra. La mezcla de los panderos, el violín y la guitarra del ojimiel era sublimemente rítmica y bailable, los saltos de los niños y sus risas no se hicieron esperar al escuchar la risa feliz de la rubia, era lo que le faltaba como sonido final. Para terminar con el ritual del baile, la rubia hizo una vuelta lenta y dejó sucumbir la melodía con un eco de su prestado violín.

"¡HEEEE!... ¡Chimutre, Chimutre!... ¡BRAVOOO!" era lo que gritaban extasiados los gitanos mientras aplaudían a la rubia, la cual estaba contenta y sonrojada por tantos halagos de sus "parientes" lejanos.

-¡Callaos!… Chaví, si tiene algún problema… aquí tiene casa y familia.- dijo la anciana abrazando a la ojivioleta y mirando profundamente a la criatura de los infiernos que estaba atrás de ellas esperando la partida.

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-Nana, no se preocupe… muchas gracias por todo…- y con ese abrazo fuerte, miradas del gitano de ojos miel y la despedida cariñosa a la niña bailadora, se retiraron a su "gran casa".

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El camino a casa era largo y silencioso, la rubia estaba ligeramente dormitando en su asiento mientras leía unas líneas de un libro negro de cuero que había comprado.

-No sabía que sus padres tuvieran linaje gitano…- irrumpió en el silencio, ya la rubia casi no hablaba como antes lo había hecho, el demonio supuso que le daba pena hablarle después de haberlo visto con Hannah en ese arranque pasional. Debía hacerla confiar en él como ya antes había pasado.

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-Oh… cierto. Ammm no son de linaje gitano. Bueno no eran.- dijo corrigiendo su tonta y melancólica memoria, se le hacía extraño que Claude la hiciera hablar ya que normalmente él simplemente escuchaba sus tonterías terrenales de mujer joven, excepto sus problemas de la academia con las chismosas siliconas -Mis padres se refugiaron ahí cuando no tenían nada… verá ocurrió un incidente cuando era bebé y por obra del destino aparecieron en ese lugar donde la caravana de mi Nana los encontró.- explicó guardando el libro dentro de su graciosa mochila y la colocó sobre sus piernas tapadas con esa falda larga -Yo crecí con ellos, aprendí sus costumbres y, cuando cumplí los 6 años, mis padres ya habían ahorrado dinero para darme una casa y educación que, según ellos y la caravana, yo merecía.- continuó mirando las oscuras calles solitarias, escasos 4 coches había alrededor -Pero no todo fue perfecto… ¿notó que algunas personas nos miraban de una manera poco agradable?…- preguntó mirándolo atentamente esperando su respuesta, la cual fue simplemente un asentimiento silencioso -Eso se debe a que se dieron cuenta que yo no era normal… que tenía la facilidad de romper y mover cosas sin siquiera moverme, mi Nana también sabía más pero si lo decía a su gente ya no querrían vernos más. Ellos me tienen un poco de miedo y por ello fue que decidieron desterrarnos hasta que yo aprendiera a usar perfectamente mis dones y ayudarlos con lo que fuera posible.- dijo mientras abría la ventana y Claude bajaba la velocidad para que la rubia oliera la esencia del bosque.

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-Si la desterraron, ¿Cómo le avisan donde estarán?- preguntó sin perder de vista el camino en el bosque que rodeaba la casa de la rubia.

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-Mi contacto es mi Nana y ella es la sabia… no pueden contradecirla. También ella les dice que yo simplemente voy a comprar y ellos necesitan el dinero.- le explicó con una sonrisa mientras Claude abría el gran portón de la cerca.

Luna iba a ayudarlo a bajar las cientos de cosas que compró, pero el demonio no la dejó, ella se encaminó a la cocina a prepararle agua de Jamaica natural para refrescarlo un poco.

-Sus cosas las he guardado en la habitación que deseaba.- dijo entrando a la cocina, la rubia abrió los ojos muy sorprendida ya que no pasaron ni 5 minutos y ya había terminado su trabajo. La ojivioleta le entregó el vaso con agua roja y con un toque dulce, a Claude no le quedó más que aceptarla -Se lo agradezco, my Lady.- y la rubia simplemente sonrió.

Eran las 7 de la tarde, por lo que la rubia le pidió al demonio la llevara a la habitación que había encontrado para hacer sus ejercicios mágicos. Claude se retiró a preparar la cena y la ojivioleta comenzó a caminar por toda la amplia habitación, necesitaba aprenderse las dimensiones contando los pasos ya que debía tener cuidado de las visiones de la Sabia gitana.

Luna comenzó el acomodo de su material, había un mueble muy antiguo, tal y como le gustaban las cosas, lo miró limpio y sin señal de polvo, "Claude se ha de haber encargado de todo…" pensó mientras colocaba los libros que había adquirido, los frascos de paredes gruesas y cristalinas -que contenían cosas que no le gustaba recordar- los colocó en un estante arriba del mueble. "No hay señal de arañas ni telarañas…" suspiró contenta mientras desempacaba los cueros y pieles que la anciana había regalado, las colocaría en una caja de madera debajo de la gran mesa de "operaciones" como ahora le llamaría a esa gran mesa pentagonal y con una estrella enorme al centro.

También compró especias naturales y crudas, el comino, pimienta entera, un gran cristal de sal, era lo que colocó en pequeños platitos platinados en la ventana, para que la luz de la brillante luna los bañara cada noche.

Ya casi había acomodado todo y lo había memorizado, sacó un cofre pequeño, el cual cabía entre sus manos y tenía dentro varios tipos de piedras energéticas: cuarzos naturales, ámbar, perla, ónix y aguamarina. Le faltaba comprar las más difíciles de conseguir y la que más le gustaba: la amatista, tenía una pero esa estaba en su cuello en forma de corazón y entre alambres de plata. El pequeño cofre iría al centro del pentágono de la mesa.

-La cena está lista, my Lady…- dijo el demonio de voz tranquila detrás de la puerta vieja. Luna le pidió entrar para que viera como había quedado todo.

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-¿Qué le parece?- preguntó mirando su organizada habitación secreta, el demonio miró los frascos acomodados perfectamente, podría adivinar que la ojivioleta midió con los dedos la separación de los platos en la ventana y que también tenía pulidas piedras en la mesa pentagonal.

-Quedó perfecta, my Lady… tiene una facilidad innata para esas cosas.- halagó con su semblante se siempre, se acomodó los lentes haciéndolos brillar con la luz de las antorchas dentro de la habitación de ladrillo resistente, la rubia sonrió y miró hacia otro lado antes de sonrojarse por ver a ese demonio que nombraba cada noche antes de dormir.

Las antorchas se apagaron al salir ambos de la habitación y cerrar la puerta, subieron las escaleras frías llegando a la planta donde se encontraba la cocina con la exquisita cena que el ser de ojos dorados había preparado para su protegida.

Después de lavarse las manos y sentase a comer tranquilamente, Luna observó a su pequeña mochila, atentamente miraba el pelaje y textura de las manos y piernas inanimadas de su fiel acompañante, Claude la miraba sin verla realmente, estaba algo intrigado por la actitud tan fuera de lo común de su protegida, pero la vista de la ojivioleta se posó sobre el centro de la mesa, su celular estaba ahí, la pantalla brilló, la rubia abrió la mano y el pequeño aparato se deslizó entre sus dedos.

-Bueno… Astarté hola…- contestó contenta mientras la escandalosa pelirroja anunciaba que mañana irían a comprar ropa para rellenar ese cajón de "prendas sexys" -Ya entendí… Ohhh dios, dime que tus padres no están cerca…- dijo apenada mientras se masajeaba las sienes. -¿Ya le avisaste a Carmina?- preguntó esperanzada, pero su tutor sabía que no tenía emoción por ver a su amiga que le dijo cosas tan crueles sin siquiera detenerse a escuchar. -Ohhh… bueno entonces en el centro a las 3… bien mañana nos vemos… Por favor no comas chocolates con café, te pones más loca de lo que ya estás…- dijo con media sonrisa burlona, del otro lado se escuchó un estruendoso "EREEEEES MALAAAA" y se cortó la comunicación.

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-A las tres en el centro, my Lady…- dijo haciendo a la rubia abrir los ojos con sorpresa, "Dime que no escuchó lo de las prendas…" dejó de pensar para no enrojecer -No escuché más… no se preocupe my Lady- dijo sinceramente tranquilizándola un poco.

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-Claude… ¿cree que podría mañana darme un par de horas para comprar tranquilamente con las chicas?- preguntó con los ojos entrecerrados y suplicantes, el de orbes dorados no entendía por qué le molestaba tanto que la protegiera como era su deber -Probablemente entremos a tiendas que no es bien visto que hombres entren…- agregó mirando hacia otro lado.

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-Mañana veremos cómo salen las cosas, my Lady… mas no prometo nada.- advirtió lo último para después beber de esa agua roja que la rubia preparó cuando llegó.

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El caldero de hierro puro contenía una líquida y negra sustancia de un olor muy familiar para Claude, la rubia usaba un cucharón rústico para mezclar el menjurje que dejaba salir un humo color púrpura, bajó las llamas de la pequeña hoguera usando un atomizador con agua fría y comenzó a partir sábila, cerezas y ramas de lavanda.

-Claude, por favor ¿me alcanza el aguacate?- preguntó al demonio que miraba indiferente el trabajo que la rubia hacía, le alcanzó el fruto deseado y la ojivioleta le agradeció sonriente.

En una botella de vidrio transparente vació un poco de miel y el aceite que en segundos extrajo del aguacate, con el cucharón sacó una cantidad de ese menjurje y lo introdujo en ese recipiente.

Después esparció pétalos de lavanda y violetas, trozos de cerezas y bolitas de zarzamoras dentro de una pequeña jabonera previamente encerada y finalmente colocó otra cantidad del menjurje seguido de unas gotas de glicerina y cerró el recipiente.

-Bien, ya tengo Shampoo, acondicionador, jabón y me faltan unas velas aromáticas- dijo subrayando las cosas de una lista en papel rayado. Claude enarcó una ceja al saber que la rubia estaba haciendo cosas que podía conseguir como cualquier otra persona en tiendas.

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-My Lady, ¿por qué no compra esos objetos y deja de perder su tiempo?- preguntó mirando como la ojivioleta colocaba en la ventana los menjurjes ya convertidos en jabón, shampoo, acondicionador y finalmente las velas.

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-Claude, no es pérdida de tiempo cuando se puede evitar el sufrimiento de un indefenso y enjaulado animal…- respondió ella mientras hacía anotaciones de pequeños cambios que le realizó a la receta normal de jabones y las demás cosas que había realizado -Además… soy alérgica a unas cuantas cosas que le añaden a esos productos… como los colorantes por ejemplo.- añadió cerrando el cuaderno de pasta dura y gruesa, el cual tenía un broche especial que ella había confeccionado: si alguien más lo tomaba, se cerraba y era imposible abrirlo, solo un poco de sangre de la ojivioleta lograba hacerlo.

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-Es verdad… ¿A qué otras cosas es alérgica my Lady?- preguntó el demonio mientras miraba como la ojivioleta buscaba entre sus libros algo que había estado aplazando desde la tarde de ayer, la rubia pasaba sus dedos por la cobertura de cuero de cada libro y paró en seco sacando un libro muy viejo, casi deshecho de su cubierta.

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-Mmmmm… pues son cuatro cosas: los camarones, los colorantes, las coles y las nueces …- enumeró la de ondas rubias mientras se sentaba en una alfombra que compró esa tarde, era color negra con detalles morados en forma de flamas y estrellas -Los camarones me causan un salpullido color rosáceo, normalmente no se notaría… pero como mi piel es pálida como la leche, pues pareciera que me quemé con el sol.- explicó sin dejar de ojear el libro buscando algo de el "elixir" -Los colorantes me causan picazón y ronchas del color del colorante artificial.- continuó mientras leía una página de pociones antiguas -Las coles me hacen dormir por mucho tiempo… la última vez que comí, dormí por dos días seguidos, falté a una fiesta por ello… ahora que lo pienso, supongo que no fue accidente que mi papá no quisiera que fuera a la fiesta y después despierte para ir a la academia…- comentó pensativamente y suspirando cansadamente, sus padres tenían maneras muy eficientes de hacer su voluntad con ella -Bueno… y las nueces… eso es veneno puro para mí: si como un poco de nueces, mi garganta se cierra y comienzo a toser, después por falta de aire me desmayo y si no actúan rápido, entro en coma… la última vez que pasó fue en una fiesta de cumpleaños, tenía 7 años y tuvimos que mudarnos después… mi padre pensó que querían envenenarme los de la pastelería.- comentó recordando que después sus padres le compraron muchos suéteres de capucha y ella eligió las orejas, desde ahí las usaba.

-Su madre evitaba comer esas cosas… excepto el colorante artificial, en ese tiempo no existía.- comentó el de ojos dorados haciendo reír a la rubia por su curiosa rememoración, el demonio miró como la ojivioleta carcajeaba armoniosamente y se levantaba a revisar los objetos de limpieza personal que había hecho ella misma.

-Ya están… ¿Qué le parece si vamos a ver una película?- preguntó la rubia mientras colocaba sus sustancias en una pequeña caja, la cual Claude cargó y se retiraron a la sala -Yo las llevo a mi habitación… usted busque una película interesante.- pidió ella mientras subía corriendo las escaleras, el demonio le había comentado no bajar las escaleras corriendo, "pero nunca dijo nada de subir" pensó la rubia mientras reía levemente y entraba a su habitación.

Mientras el demonio de orbes dorados negaba cansadamente al ver como la ojivioleta corría por las escaleras, encendió el televisor y comenzó a buscar una película "interesante" para la rubia, a él le daba igual ver o no la televisión, pero la de ondas rubias claras quería entretenerse un poco.

-¡UH UH!... déjele ahí… es de terror.- y bajó con calma las escaleras, "Al menos tiene cuidado de bajar caminando…" pensó mientras se sentaba en un sillón a un lado del amplio sillón donde la rubia se sentó. Mientras la de orbes amatistas se acomodaba de manera que abrazaba sus piernas y miraba por encima de sus rodillas la película de una mujer muy sanguinaria, no entendía por qué la chica que se veía tan delicada y frágil le gustaban esas cosas. -Ammm Claude… ¿conoce algo de un elixir de la juventud?- preguntó de la nada la rubia sacando de su examen visual a su protector.

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-No debe ver tantas películas, my Lady…- comentó acomodándose los lentes con esa mano enguantada y usando sus dedo delgados. La rubia lo miró extrañada y trató de no ser tan demandante con él.

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-Pero las películas deben tener algo de cierto… ¿No?, digo… hay películas de brujas y demonios, usted y yo somos íconos vivientes que algo de real hay en las películas…- dijo ella un poco apenada, Claude la miró mostrando indiferencia como siempre, sin embargo Luna tenía razón en sus palabras. -Bueno, mañana será un largo día y será mejor dormir.- dijo la ojivioleta levantándose del sillón y encaminándose a las escaleras, el demonio la miró de reojo y tomó el control de la televisión -Espero algún día confíe en mi… Buenas noches Claude- y subió sin correr los escalones.

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Ya era el día "de compras", o más bien dicho "día de chicas", sin embargo… no sería un día de chicas si Claude iba detrás de ellas a todos lados. Sacó aire entre sus labios en un suspiro frustrado. Se metió a bañar estrenando esas deliciosas fragancias de color morado claro natural y el aroma floral-fresco-frutal llenó toda la habitación iluminada por la luz del sol que entraba libre por la ventana.

La rubia pensaba en alguna forma de pasar el día sin pasar la vergüenza de que su protector escuchara las locuras de su amiga pelirroja, que era más conocida por sus pláticas "incandescentes", como ella misma les decía.

Salió del baño son encontrar ninguna solución, se secó la humedad de su cuerpo y cabello, se envolvió en la toalla y se metió al gran armario/vestidor, comenzó a vestirse pensando en la desconfianza que Claude le tenía ya que era obvio que le mintió ayer ocultándole lo que sabe de el "elixir".

Salió vestida como siempre, un suéter de diablillo rojo con cuernitos en la capucha y un pantalón negro con manchas grises en los muslos, unos zapatos de tacón color rojos, "Me recuerdan a la película "el diablo viste a la moda"" pensó divertida saliendo de su gran Narnia. Por último, y antes de salir al pasillo, se acomodó el cabello para que callera a los lados de su cuello, las ondas eran dóciles y suaves, había hecho muy bien ese shampoo.

Bajó las escaleras y olió el desayuno ya listo, aún era temprano ya que mirando por la ventana calculaba que no pasaban de las 10, entró a la cocina viendo su desayuno ya servido, colocó al pequeño Gizmo en su lugar de siempre y se sentó también ella.

-Buenos días Claude.- saludó la rubia mientras el demonio colocaba su plato frente a ella -Gracias.- dijo cuando vio su plato servido frente a ella y también su jugo de zanahoria fresco.

El desayuno comenzó silencioso, Luna supuso que era por lo que le dijo a su tutor en la noche, pero debía decírselo. La rubia encendió la televisión y cuando fueron las 10 a.m. una noticia apareció en todos los canales:

"Muy buenos días tengan ciudadanos, hoy requerimos del servicio de la sociedad para encontrar a una joven desaparecida ayer a las 8 de la noche, la Señorita Elina Baxter no llegó a su hogar…"

La ojivioleta frunció el ceño al ver la fotografía de la chica, era una niña de no más de 13 años, tenía un cabello negro y unos ojos miel hermosos, pero esa cara no la olvidaría, ya que 1) la rubia recordaba muy bien las cosas y 2) la señorita desaparecida era parecida a la chica que haría el papel de la obra, la que era tímida.

-Baxter… Elena Baxter, es su hermana pequeña.- comentó la rubia para sí misma mientras trataba de escuchar más de la noticia.

"Mi hermana está en peligro… lo sé, solo pido a los secuestradores que por favor no la hieran… les daremos dinero, todo lo que pidan… pero por favor regrésenla a casa.

Bien ese es el pedido de la señorita Elena Baxter, primogénita de la familia Baxter y representante de las fragancias "Sweet Blood", los mantendremos informados" y la programación volvió a la normalidad con ese programa de "un show más".

-Pobre Elena… si supiera que no piden dinero.- comentó la rubia en tono triste y bebiendo su jugo lentamente.

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-¿Cómo está tan segura, my Lady?- preguntó el demonio mientras miraba como la ojivioleta se secaba los restos del líquido anaranjado, Luna sonrió tristemente y apagó el televisor.

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-Si quisieran dinero, hubieran secuestrado a Elena, ella es la imagen de la campaña de fragancias de su familia, pero se llevaron a su hermana, quien ni siquiera ha tenido un novio.- comentó pensativamente recordando lo del elixir y la palabra "virgen" que Clara usaba con tanto fervor.

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-My Lady, debemos hablar de lo que la señorita Bird piensa de usted.- comentó el demonio haciendo a la rubia entristecerse un poco, Luna sabía que Carmina pensaba lo peor de ella, pero pudo apreciar en su mirada que se sentía aliviada por el error que la rubia "santa" había cometido.

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-Es mejor escuchar y esperar, Carmina se siente sucia por haber llamado a Hannah, pero se siente menos sola de saber que yo también me hundiré con ella.- dijo la ojivioleta vestida de diablillo, pero eso solo la hacía verse graciosa, ya que era demasiado buena que parecía un chiste su vestimenta. El de ojos dorados no se imaginaba a su protegida con una marca de contrato y destinada a ser devorada, ya era irónico que fuera parida por una bruja de malas intenciones de la cual él se alimentó hace siglos, sería una blasfemia para el cielo y el infierno que el destino de la ojivioleta se viera manchado también. -No me importa parecer de lo peor, si ella se siente mejor con ello… para mi está bien.- concluyó con una sonrisa y cerrando los ojos con alivio, como si hubiera dicho una plegaria al cielo y ésta fuera escuchada.

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Ya estaban en camino al centro y la ojivioleta ya se había resignado a que debía acostumbrarse a que Claude escuchara las pláticas de la pelirroja loca de las tres. Tenía abrazado fuertemente a Gizmo y miraba a la ventana, se preguntaba si sería mejor decirles a las chicas que mejor fueran solo al cine y lo de la ropa lo dejaran para otro día.

Después de estacionar el coche, caminaron ambos a la fuente en espera de encontrar a las amigas de la rubia, pero lo que la ojivioleta miró, fue más una posible vía de escape a la "tarde de chicas".

-¡Luuuuny!... ¿Lista para derrochar dinero?- preguntó la pelirroja mientras mostraba su tarjeta dorada, Carmina hizo lo mismo y esperaban que la ojivioleta hiciera lo mismo -Ohhh vamos Luna, ¡Debes estrenarla hoy!- ordenó la pelirroja de mechas negras esperando a que la rubia mostrara su tarjeta personal nueva, Luna sacó de sus amplias mangas (parecidas a un quimono) su cartera y después sacó su reluciente tarjeta dorada al estilo "legalmente rubia" -¡UUHHHHH!... se verá más sexy cuando le saquemos humo ¡Hell Yeah!- exclamó Astarté abrazando a las dos por los hombros. -Pero antes… ustedes dos tortolos, vayan a hacer cosas de novios… no queremos hacer mal tercio-quinteto con ustedes.- dijo directamente la pelirroja al tutor de Luna y al ama de llaves de Carmina.

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-Con todo respeto…- trató de refutar el demonio de orbes dorados, pero fue en vano.

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-Carmina-sama y Luna-sama nos llamarán si ocurre algo, ¿Cierto?- preguntó la demonio con voz tranquila y femenina, la rubia solo quería irse de ahí y hacer de ese día lo que ella tanto había esperado.

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-Claro, ahora vayan a pasear… nos vemos a las 8 aquí mismo.- ordenó la castaña a los dos demonios, se imaginó que Luna no tenía el valor de ordenarle algo al demonio que contrató, así que le hizo el favor.

Claude miró a la rubia esperando le dijera que hacer, pero la ojivioleta no quería ver como la demonio de hermosas curvas y ojos índigo profundos lo tomaba del brazo, así que lo que hizo fue mostrar una sonrisa radiante y cerrar los ojos.

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-Diviértanse mucho… ¡Vamos chicas… tenemos hasta las ocho!- y jaló a Carmina y Astarté por los pasillos llenos de tiendas de ropa y zapatos perdiéndose de la vista de su tutor, el cual simplemente suspiró cansadamente por que la rubia se salió con la suya al final de cuentas.

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Entraron a tiendas de accesorios, de maquillaje, pinturas de uñas, se arreglaron las uñas y finalmente estaban en un restaurante, oficialmente fue un día de chicas.

-Luny, ¿no es lindo que Hannah y Claude anden?... quiero decir, eso las hace ser como hermanas.- dijo emocionada la pelirroja mientras comían sushi de diferentes estilos.

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-Pues si, es una coincidencia.- contestó la rubia sonriendo radiante, muy en el fondo se sentía tan agradecida con la castaña por haber llevado a su demonio de cabellos grises y piel bronceada.

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-El mundo es tan pequeño y trabaja de maneras tan interesantes.- comentó la de ojos verdes sin mostrar el mínimo interés en lo que hacían los dos demonios enamorados, mientras que Luna se sentía menos culpable por que Claude estaba pasando tiempo con su novia.

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-Si, si… mucho blah blah blah… debemos ir de compras, Luna tiene que llenar un cajón de prendas ardientes todavía.- dijo la de cabellos rojos para después dar un sorbo a su té helado.

Pagaron y se encaminaron a una tienda de ropa interior cara, la cual estaba hecha con diseños exquisitos y telas de la más alta calidad, pero la rubia pidió que sea de puro algodón y telas suaves.

-Buenas tardes muchachas… ¿en qué puedo ayudarles?- preguntó una mujer mayor, se veía que no las quería en la tienda, "tal vez se debe a que tenemos ropa no muy de señorita" pensó la ojivioleta al ver a sus amigas y ella misma como iban vestidas: Carmina con sus ropas negras góticas y esas botas de militar con plataforma ya que odiaba verse tan pequeña. Astarté no le gustaba que vieran que sus padres tenían dinero y eran diseñadores así que vestía con pantalones rotos y desgastados, pero sin dejar de ser sexy con esos escotes cubiertos con telas de red y tacones de hermosa pedrería. Y finalmente estaba ella, la que se vestía siempre con sudaderas de orejas pantalones pegados pero despintados y con zapatillas… "eres una diablita sexy… a tu modo claro" se dijo mentalmente antes de salir de su habitación.

-Buenas tardes, deseamos ver su colección de ropa íntima sexy y juvenil- dijo Astarté segura de sí misma, la señora de traje de diseñador las miró de arriba abajo lentamente.

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-Pasen por aquí, Janet las acompañará en su estadía en Lovely Boutique.- dijo la dueña con mirada desconfiada, a Luna no le estaba gustando mucho como las estaba tratando.

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-Buenas tardes muchachas… acompáñenme.- pidió una chica de no más de 20 años y mirada dulce, se veía que era hija de la dueña ya que la rubia podía percibir que su esencia provenía de la de esa señora.

Antes de entrar a la gran trastienda, la dueña le susurró un "no las pierdas de vista" a la muchacha y les mostró una sonrisa forzada, Luna era de sentidos muy desarrollados, a veces era bueno pero a veces lo odiaba.

La muchacha les enseñaba todos los modelos lindos, sostenes hermosos de colores pastel y sensuales toques de encaje, la rubia estaba encantada tocado los hermosos detalles y la chica le traía más y más sostenes con sus pantaletas.

-Todos son tan lindos, pero no creo poder llevar todos.- dijo pensando en que ya había comprado zapatos, accesorios, pinturas de uñas y maquillaje.

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-¡Lo sabía!... su pinta me hizo pensar desde un inicio que no tenían dinero para comprar aquí…- dijo en aire petulante la señora, la rubia se sintió ofendida y sabía que si no le decía nada podría reventar una ventana y sería peor.

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-Señora, cálmese por favor.- trató de tranquilizar la rubia agitando levemente las manos en el aire.

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-Mocosa ¡No me digas que hacer!... si no van a comprar ¡largo de aquí!- dijo la mujer muy enojada y Astarté iba a intervenir, pero Carmina la detuvo, quería ver como Luna se hacía dura.

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-En primer lugar, señora usted no tiene por qué llamarme "Mocosa" soy su cliente y merezco respeto, en segundo lugar no debe de juzgar a las personas por cómo se visten y para finalizar, le pido por favor me envuelva todas las prendas que la señorita muy amablemente me mostró…- la ojivioleta sacó su tarjeta dorada y la entregó a la señora, la cual muy apenada la tomó y se la llevó.

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-Luna, no pierdes la calma con nada… te admiro, yo ya hubiera bofeteado a la presumida esa.- dijo la pelirroja para después irse a ver otros atuendos.

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-Luna, admiro tu paciencia, pero deber ser demandante y más dura… no entiendo ¿Cómo ordenas a tu demonio hacer lo que quieres?- preguntó la tranquila castaña, la rubia entendió que su amiga en efecto quería compartir su "suciedad" con ella y simplemente le regaló una sonrisa sincera.

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-Carmina, tú sabes que a mí me gusta hacer las cosas por mí misma. No por tener un contrato voy a cambiar mi forma de ser, debemos disfrutar lo que nos queda por ahora antes de que todo se vaya y no tengamos más que la oscuridad y el dolor de esas llamas y garras que nos esperan en un futuro.- le dijo tranquilamente a su amiga de ojos verdes, Carmina no entendía como era que la ojivioleta estaba tan relajada por su condición, pero en efecto tenía razón y eso la hizo sonreír -Emmm muchas gracias por pedirle a Hannah que se llevara a Claude.- y comenzó a reír la rubia.

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-Pues no fue problema, sabía que no soportarías estar siendo observada mientras compras sostenes y más si es hombre… además, Astarté habla de cosas que no deberían saber los hombres y finalmente: Hannah y Claude se merecen un tiempo de caricias y arañazos.- dijo como siempre impasible, pero lo último lo dijo guiñándole un ojo a su amiga de extravagante color de ojos. La rubia se ruborizó violentamente al pensar que Claude estaría haciendo cosas de adultos con Hannah, no por morbosa, sino porque se le hacía incómodo saber que en ese preciso momento debía estar contento como todo hombre con una mujer.

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-Muchas gracias por su compra, Señorita Moussier.- dijo apenada la señora y entregando la gran caja con las prendas femeninas y sensualmente delicadas.

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-Tome en cuenta mis consejos señora, de verdad espero que no vuelva a ocurrir algo parecido- dijo Luna sonriendo como siempre, sacó un billete de 20 dlls y se lo entregó a la chica que la atendió -Toma, soy muy indecisa y fuiste muy paciente conmigo, gracias.- dijo sonriendo amigablemente a la chica tímida.

Salieron las tres amigas y se encaminaron a la fuente donde esperarían al ama de llaves de Carmina y al tutor de Luna, pero la rubia tenía una idea mejor y les pidió que la acompañaran a comprar un libro, las expresiones no se hicieron esperar.

-¡Luny estoy exhausta!... ¿sabes?, estos tacones no son para caminar por 4 horas.- dijo la pelirroja sentándose en la fuente. -Ve tú, yo me quedo con las bolsas.- añadió acostándose en la repisa de la fuente.

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-Ve Luna, yo me quedo con la loquiroja volada, si se queda sola… se va con algún chico… o chica en el peor de los casos.- dijo indiferente la castaña pero ambas chicas sabían que estaba jugando.

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-Ahorita vuelvo, no tardaré mucho.- dijo la rubia corriendo lo más rápido que esos tacones le permitían.

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El tiempo parecía que corría lento ante las caricias y besos desenfrenados de ambos demonios. Cuando cayeron a la cama, la demonio de bella piel bronceada ya estaba desnuda y a la merced de su amado demonio de ojos dorados, también él estaba desnudo, ya que ella a través de la oscuridad podía ver ese cuerpo marcado y varonil, de piel blanca y porcelanizada que tanto le gustaba.

La lengua larga de Claude se deleitaba jugueteando con los pezones ya erectos de la de ojos color índigo, la cual se entregaba a las sensaciones placenteras y delirantes que le hacían sentir las manos de ese dios infernal de cabellos azabache.

-Cl-Claude, ah- jadeaba y gemía su nombre al sentir esas manos en su intimidad y, al sentir los dientes morder sus pezones, se sintió desfallecer en una placentera ola de calor y humedad brotando de su interior.

Él nunca decía nada, era más de morder y lamer, arañar y acariciar, besar y succionar, pero no era nada rutina, todo era verdaderamente espontáneo y único.

Ella abrió las piernas para recibirlo y entregarse como hace mucho lo hacía, esperando algún día que él le dijera que la amaba entre sus rítmicas, salvajes y delirantes embestidas. Cuando sintió su miembro entrar espontáneamente en ella, gritó su nombre y él mordió su labio acallándola en un beso con sabor sangre, la de cabellos grises arañó la espalda de su amado sacando sangre junto con un gruñido poderoso y salvaje de la garganta del de ojos dorados. El ritmo era rápido y ambos no podían más ya, cuando el de cabellos negros estaba perlado de sudor y a punto de llegar a la cúspide de las sensaciones, Hannah habló.

-Claude di que me amas…- pidió ella descolocándolo y bajándolo de esa pendiente que cualquiera anhelaría llegar -¡Claude dilo!- y solo hizo que las embestidas fueran mucho más frenéticas, ambos sintieron el cosquilleo en su interior reaccionando de distinta manera: ella demandando esas palabras y él gruñendo como bestia enjaulada. -¡¿POR QUÉ?!, ¡¿QUÉ TANTO TE CUESTA?!- demandó enfurecida sin importarle que su respiración aún no se regulaba.

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-Debemos irnos, ya es hora.- dijo tranquilamente mientras trataba de ocultar su respiración agitada, se estaban vistiendo pero ella se le abalanzó encima -Hannah, ahora no… nuestros contratos…- pidió él de manera tranquila y esperando ella entendiera.

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-No, tenemos que hablar ya. Además Carmina-sama y Luna-sama llamarán si pasa algo.- dijo ella desesperada, tal y como Alois hace mucho tiempo. Eso a Claude le enfermaba, ese chiquillo rogándole amor parecía que salía en sus sesiones de pasión descontrolada a rogarle nuevamente.

Pero el estómago comenzó a moverse como un remolino en su interior, rápido y con ira mezclada con preocupación, era Medianoche descontrolándose y pidiendo a gritos saliera en busca de su hija, pero no escuchaba el llamado de la ojivioleta. "No tiene marca, ¿no puedo escucharla por ello?" se preguntó mentalmente mientras el agarre de su amante se hacía más intenso.

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-Hannah, debemos irnos, mi contratista está en peligro.- dijo con voz tranquila pero su ceño estaba fruncido, con un poco más de fuerza trató de moverse, pero fue en vano ya que la demonio de ojos profundos aumentó la fuerza del agarre.

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-No me evadas, Carmina-sama está con ella y no me ha llamado… además ¿Cómo sabes que te llama si no tiene marca de contrato?- preguntó la demonio con la mandíbula tensa, estaba enojada porque nunca oía lo que quería que le dijera su amado Claude.

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La rubia salió de la gran librería que hace mucho que no visitaba, en sus manos portaba el gran libro que se titulaba "1000 un pociones locas de la brujería y herbolaria". Era obvio que el libro tendría cosas que no eran verdaderas pero por algo debía comenzar a buscar más acerca del elixir.

Miró los pasillos solos de ese lado del centro, había demasiado silencio, Luna se sentía observada y podía jurar que no estaba sola. Comenzó a caminar a paso lento y los tres hombres escondidos en unos botes de basura no dudaron en salir a la cacería. A la ojivioleta no le importó el sonido molesto y rítmico de los tacones contra el piso, al tener entre sus brazos el libro de casi 1000 páginas no lograba ganar más velocidad.

-Hermosa liebre blanca… ¡corre corre que te alcanzamos!- exclamó divertido uno de los tres hombres, la ojivioleta se asustó y cayó por unas escaleras, gimió al levantarse ya que su tobillo se había doblado muy fuerte, continuó corriendo mientras pensaba "Luna vamos… solo es dolor" -¡Vamos, no irá muy lejos!- y la siguieron por una calle solitaria.

La rubia se regañaba a cada adolorido paso que daba, "¿CÓMO DEMONIOS SE TE OCURRE VENIR SOLA?" pensaba sintiendo las punzadas en su tobillo, miró el puente que ya le faltaba para entrar al centro comercial. Con todas las fuerzas y autocontrol que tenía, subió las escaleras y corrió esperando llegar al otro lado para finalmente bajar las escaleras. Pero para su mala suerte fue acorralada por un cuarto hombre el cual la agarró de los cabellos, Luna lo golpeó fuertemente en la cabeza con el libro haciéndolo caer y arrancarle un mechón de cabello. La ojivioleta nuevamente comenzó a correr y mientras lo hacía marcó el número de Claude, pero una cuerda jala su tobillo lastimado haciéndola caer y lanzar un alarido de dolor.

-¡CLAUDE!- gritó desesperada y cerró fuertemente sus ojos al sentir la energía de su cuerpo palpitar violentamente. A cada latido, los focos de las lámparas comenzaron a explotar, los cristales volaban y se insertaban en espectaculares, árboles y en la piel de los hombres que gritaban con dolor y miedo. La rubia, al no sentir los cristales de la lámpara sobre ella, abrió los ojos y se encontró con esos orbes rojos incandescentes mirándola muy de cerca, el demonio de ojos color vino la protegía con su cuerpo, estaba sobre ella y le sonreía. -Ehhh Profesor Michaelis… ¿está bien?- preguntó preocupada mirando la sangre de los hombres tirados en el piso.

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-Luna, soy un demonio… claro que estoy bien. Por ellos no se preocupe… están vivos aunque no lo merezcan.- dijo tranquilamente serio al ver a los secuestradores abatidos en el piso, todo estaba oscuro pero Luna pudo ver esa sonrisa enigmática surcar los labios del demonio de ojos envinados -Usted es realmente asombrosa.- alagó mientras con cuidado levantaba y cargaba a la rubia entre esos fuertes y protectores brazos. -¿A dónde la llevo?- preguntó mientras caminaba hacia el la escalera que la ojivioleta tanto quería bajar.

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-Me estaba observando desde que salí de la librería ¿Cierto?- preguntó abrazando muy fuertemente el libro que recién compró, el demonio rio levemente, en efecto la humana era muy perceptiva.

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-Solamente necesitaba observar con mis propios ojos que usted fue quien hizo cimbrar los vidrios aquella vez, además no iba a meterme.- dijo sonriendo de medio lado, la ojivioleta guardó silencio pensando que tal vez no era tan buena idea confiar en su profesor de música -Oh, no me malentienda por favor. Lo que quise decir fue que Faustus es un demonio muy centrado y territorial, sin embargo pienso que está perdiendo la condición de sirviente.- explicó haciendo a Luna entender que lo normal era que Claude apareciera cuando ella lo llamara, pero no era su contratista ya que no tenía un contrato con ella.

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-Muchas gracias por salvarme… de nuevo.- dijo apenada la ojivioleta al ver que ya entraban por uno de los pasillos y que recibiría la primera regañada por parte de Claude.

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La plática con Hannah tuvo que esperar ya que su estómago ardía como si un hierro caliente quisiera salir de él. La demonio estaba enojada con él ya que no recibió llamado de su contratista y pensaba que su amante la estaba evadiendo.

-Lamentamos la tardanza, ¿Dónde está Luna?- preguntó Claude mirando a las chicas solas sentadas en la fuente, una gran cantidad de bolsas de compras en el piso las acompañaban.

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-Ummm… hace media hora que salió a buscar un libro… ya tardó- dijo la de ojos verdes buscando a su amiga con la mirada, pero no estaba preocupada por ella ya que su demonio sabría si algo le pasa y acudiría a ella.

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-Ahí viene… ¡KYAAAAA Y NO VIENE SOLA!- exclamó la pelirroja levantándose de sopetón y mirando hacia las escaleras eléctricas. Claude siguió la mirada de la pelirroja encontrándose con una escena que logró descolocarlo por segunda vez ese día, su enemigo de tiempos lejanos cargaba a la hija de Medianoche, a la chica que estaba bajo su tutela, a su protegida, el demonio de orbes dorados se sentía enojado y desplazado -¡OH DIOS, LUNA! ¿QUÉ PASÓ?, ¿ESTÁS BIEN?- exclamó el par de preguntas que los presentes querían saber.

-Pues… soy muy torpe con tacones, oscuridad y escaleras, me caí y por suerte el profesor Michaelis estaba cerca.- explicó la rubia honestamente, bueno en parte era lo que pasó. El teléfono de la pelirroja sonó, contestó y después de colgar llegó su chofer.

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-Luna, Carmina… debo irme, mis padres tienen otra cena de beneficencia, Luna por favor llega viva a tu casa… luego practicamos andar con tacones por las escaleras.- bromeó un poco antes de irse con su chofer, el cual cargaba las 10 bolsas de compras de la de mechones negros.

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-¿Qué sucedió?- preguntó el demonio de orbes dorados mientras miraba severamente a la rubia, Luna se sintió perturbada y nerviosa, pero debía contestar con la verdad.

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-Fui a buscar un libro, cuando venía de regreso unos hombres me seguían, corrí, caí por unas escaleras y me doblé el tobillo, corrí nuevamente y llegué al puente antes del centro comercial pero me acorralaron y golpeé a uno con el libro, me ataron de los pies y el profesor Michaelis me salvó.- cortó lo último la rubia, dándole a entender a Claude que su poder destructivo la salvó de los hombres, pero eso no fue suficiente, Claude estaba furioso por como quedaba frente al demonio enemigo.

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-¿Por qué no me llamó?- preguntó tranquilamente pero con la mandíbula tensa, eso puso más nerviosa a la ojivioleta haciéndola temblar levemente en los brazos de Sebastián.

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-Faustus, la señorita si lo llamó. No debería reprocharle a Luna, sino más bien debería sentirse avergonzado de que su trabajo deje mucho que desear.- defendió severamente a la rubia el demonio de ojos ahora color rubí brillante, miró a la ojivioleta entre sus brazos y cambió su tono a uno burlón y reconfortante -Le dije que podría escuchar su voz si gritaba.- dijo regalándole una sonrisa sincera.

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-Fue mi culpa… Claude yo lo siento…- se disculpó apenada la de ojos color índigo, pero sintió curiosidad por ver como el demonio de ojos vino le sonreía a la ojivioleta, parecía que le tenía cariño a esa humana y eso se fundamentaba con esa acción de haberla salvado sin siquiera ser su contratista.

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-Hannah, es hora de irnos…- ordenó la castaña al ver que el tutor de Luna estaba furioso y no quería observar como su ama de llaves se humillaba ante el demonio de orbes dorados.

La demonio acató la orden y levantó las bolsas de Carmina, pero se fue con culpa por lo que pasó y con curiosidad con el demonio Michaelis.

Ya encontrándose solos los tres el silencio se hizo incómodo, la ojivioleta no sabía dónde meterse y trató en vano de bajar de los fuertes brazos de su profesor.

-Luna, no puede caminar por ahora. La llevaré a su auto, no se preocupe.- se acomidió el demonio de enigmática sonrisa, la rubia no estaba tan acostumbrada a ese tipo de atenciones y se sentía un poco abrumada, simplemente asintió con una sonrisa agradecida.

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-Eso no hará falta Michaelis, yo puedo llevarla.- dijo con su voz y rostro imperturbable el protector de Luna, que ya estaba sumamente molesto por que su enemigo le estaba diciendo qué hacer y metiéndose en su territorio.

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-Mejor encárguese de las bolsas de la dama, lo esperamos en el estacionamiento.- y se encaminó hacia ese lugar con la rubia entre sus reconfortantes brazos, Luna se sentía muy cansada como cada vez que su poder destruía cosas, pero también se sentía culpable por haber arruinado el día. -Sé que siente que fui muy duro con él, sin embargo debe saber que su trabajo no está rindiendo.- explicó el demonio al ver que la ojivioleta estaba callada y sumergida en sus pensamientos.

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-También fue mi culpa, yo le di el día libre… no crea que no noto como se deleita por la situación.- comentó la rubia tratando de mover el tobillo y saber el daño que sufrió, se mordió los labios al sentir la fuerte punzada en él.

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-No haga eso…- reprendió con su voz aterciopelada, llegaron al coche de Claude y lo esperaban en la puerta -Usted es muy perceptiva, digno de admirar en un humano.- añadió sonriendo mientras pensaba en la cara que puso Claude cuando los vio juntos, en efecto le gustaba la situación.

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En otro lugar, en la espesa arboleda de un bosque, había unas ruinas que hacían de escondite para una gran secta de encapuchados. Todos estaban reunidos en una mesa circular, en el medio estaban los 4 hombres que antes fueron "atacados" por una chica de cabello rubio y muy hermoso ejemplar.

-Tienes algo de ella en tus manos… dámelo.- dijo el hombre que era el líder de la organización. El asustado ladrón entregó lo que parecía un mechón de no más de 20 cabellos, eran de un rubio muy claro. El hombre de manto negro con detalles dorados olió profundamente la esencia del cabello de la chica, al sentir la pureza del simple mechón, no pudo evitar sonreír victoriosamente y tragar la gran cantidad de saliva que su boca produjo. -Todos escuchen… ahora lo que buscamos son rubias y sin malicia, las quiero enteras.- ordenó y todos los presentes hicieron una reverencia al líder, que siempre estaba escondido tras ese profundo manto oscuro y muy pocos habían visto su cara -MUY PRONTO TENDRÉ LA INMORTALIDAD Y PUREZA QUE POR TANTOS AÑOS HE BUSCADO- y comenzó a reír descontroladamente causando escalofríos a las personas que lo rodeaban.

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-Chicas… si la encontramos primero, podremos ser bellas para siempre y el profesor hermoso será mío.- dijo ambiciosamente la rubia de extensiones, no le molestaba usar esa pomada de aceite de virgen y demás sustancias, pero el efecto ya duraba muy poco y ella quería más.

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-Entonces ahora buscaremos rubias de 13 o 14 años, me gustaban las castañas… mi pelo se hacía más hermoso y café como el Capuccino.- comentó la castaña de ojos negros, recordaba el por qué había entrado ahí, jamás había visto su cabellos tan hermoso.

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-¿Podremos buscar una con ojos azules?... es que mis gotas de lágrimas y sangre de chica ya se está acabando.- preguntó la ojiazul morena mientras miraba su frasquito color ámbar entre sus dedos.

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-Bien… rubias de ojos azules… cuídense.- dijo la rubia mientras todos alababan al hombre de risa macabra. "Será difícil encontrarla si Ávalon se queda con el cabello muestra" pensó mientras su cara y manos tocaban el piso.

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Mientras iba en el auto en silencio, la rubia estaba preparándose mentalmente para la regañada que le daría su protector, era fácil ver en su expresión serena que estaba enojado, y no era para menos ya que la ojivioleta estuvo en peligro y se sentía ofendido porque no lo llamó.

Ahora debía pensar también en una forma de tener una marca de contrato sin tener contrato con Claude, no quería que volviera a pasar eso de esa noche. "Bueno… al menos sabes que le caes bien al profesor Michaelis y tienes el libro donde puede venir lo del elixir" pensó animadamente, pero muy en el fondo sabía que no era momento para pensar de esa manera.

Pasaron por el bosque que estaba antes de llegar a casa, entonces Luna suspiró derrotadamente al ver que sus sospechas eran ciertas… Claude estaba enojado aunque por fuera parecía sereno. ¿Cómo lo sabía?... sencillo, no bajó la velocidad para que ella se deleitara con la esencia del bosque… "Hay Luna… ¿Lista para recibir la regañada del siglo?" se preguntó con pena a sí misma, "Será una larga noche…" pensó mientras apoyaba su codo en la puerta y acomodaba su cabeza en su mano.

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Hoooola :3… no me odien por no poner rápido el capi u_u… lo que pasa es que salí a noviar :3… tenía que distraerme un poquito y librarme del calorzote de estos días TToTT. Bueno les dejé un capi laaargo n_n y espero lo hayan disfrutado.

Shadechu Nightray: Ahhh bueno… quiero conti pues xD… jejejeje me alegra que te haya gustado el beso :3… siii Lunita está un poco celosita, pero sabe controlarse muy bien (cosa que admiro de ella xD). Jajajajaja hentai refinado xD si yo también pienso eso y me emociona :3… siii la pelirroja es algo fuera de lo normal :)…

Jejejeje espero te haya gustado el capi :3… la escena de pasión de Claude y Hannah… me reservo mis comentarios porque me da penita xD…

Cuéntame como te fue en tu graduación ehhh… espero te hayas divertido y llorado de felicidad con tus compañeros :3… nos leemos en la próxima :3…

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Valery- Chan: Awwww :3… me encanta que griten de emoción :D… jejejeje, Luna tiene una habitación enorme y un armario amplio que envidiaría cualquiera… parece que Sebby ya ganó un punto por haber protegido a Luna de los cristales y por cargarla a la fuente :3… Carmina es una contratista muy seria y severa, piensa lo peor de Luna y eso la hace sentir bien consigo misma :(… y como Luna es tan buena, pues dejará que piense lo que quiera si eso la hace feliz. Espero también haberte dejado sin palabras también :)… muchas gracias por tu review y por apoyar la historia :)… Nos leemos en la próxima besos (°3°).

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andreita1500: Tranquila Andreita xD… lo sé yo también cuando me enojo uso mucho la palabra PUTA ajajajajajaja… es de familia xD… ammm si Hannah tiene la suerte de que Claude la posea con pasión cada vez que quiere n_n… y Lunita es tan buena como el pan que lo deja ir u_u… Ajajajajaja xD a mí también me cae bien la pelirroja loquilla xD, ahí está Sebastián salvando a Luna n_n… la cargó y la defendió de Claude :3… espero te haya gustado el capi n_n y que me digas que te pareció la escena de pasión entre esos dos demonios :)… Muchas gracias por tu review y por estar al tanto de la historia :)… cuídate mucho, besos y nos leemos en la próxima.

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Estefa-chan: Ajajajaja no te preocupes… que ricoooo clases de natación con este calorón :)… jejejeje espero les hayan gustado los capis y que no vuelva a ahogarse Yoru :)… Yoru debe gustarte al agua, ya que no siempre podrás bañarte con la lengua :)… además es relajante flotar en el agüita n_n. Jajajaja hola señor sillón, cuide de los loquillos… muchas gracias por el review y por leer la historia :) Nos leemos en la próxima, besos.