En las afueras de Gotham, al norte de la ciudad, la noche asomaba, haciendo que la gente se resguardase en sus casas del frio, la mayoría durmiendo. Entre las viejas fincas que se apilaban, separándose en calles de manera simétrica, en un piso cualquiera, que pasaba desapercibido para todos los ojos que observaban la ciudad, un grupo de personas aún se mantenía despiertos, debatiendo. Estas personas, que se habían reunido en un salón, eran jóvenes, de entre veinte y treinta años, vestían de manera juvenil, aunque con ropa vieja y desgastada. Físicamente, su piel era negra, y estaban en forma, tanto la chica, que lucía un cabello negro, trenzado, como los tres chicos, dos de ellos delgados, y uno poseía una constitución fuerte. Aunque los cuatro se veían en forma, sin duda todo el mundo apostaría en una pelea en que Richard Die sería el claro vencedor. Richard era el mas mayor de los cuatro, y la relación que tenían entre ellos no era otra que el haber sido concebidos por los mismos padres. Los cuatro hermanos, los Die, se encontraban hablando, debatiendo ideas de manera seria, tejiendo un plan el cual nadie conocía menos la visita que acababa de tocar a la puerta. Frank Die, el mas bajito y delgado, el cual siempre tenía cara de pocos amigos, fue a abrir, para dejar entrar a la mujer que esperaba al otro lado. Era una mujer de tez blanca, con ojos azules, con rasgos masculinos, que con solo su presencia enmudecía su alrededor, ganándose el respeto de la gente gracias a esa apariencia que para nada daba la sensación de ser una doncella frágil y delicada. Al llegar, todos enmudecieron excepto Richard:

Hola jefa, parece que se te ha hecho un poco tarde...

Yo no llego tarde ni pronto, yo solo llego cuando tengo que llegar...

Por supuesto jefa.

Excepto Richard, que se mostraba amable, tanto los tres hermanos como la mujer se mostraban totalmente serios, como si desconfiasen los unos de los otros. Richard, al ver el mal ambiente, siguió hablando.

Oye, ¿por que no nos tomamos unas cervezas en el bar de abajo?

Llevamos tres semanas diciendo que vamos a robar, pero no habéis dicho ni el que ni donde ni cuando... Richard, aunque tu te acuestes con esta blanca, yo no me fio ni un pelo...

Bueno, eso... - Richard intentó calmar a su hermana, cuando la visitante le interrumpió.

Lena, tienes razón. No he dicho nada, y os he reunido a todos para dejarme de secretismos. Pero debéis entenderme, hasta hace poco yo trabajaba sola y además estaba ese Tony Ford dando por culo por la ciudad, menos mal que un policía lo quito de en medio...

Pues Ann, por favor, déjate de mierdas y comienza a explicar que es lo que tenemos que hacer. Desde hace un par de días que solo tenemos pan, arroz y agua para alimentarnos...

Es que a Lena le encanta comer... - dijo Richard intentando enfriar la situación.

Frank, Lena, "Martillo", siento no haber contado tanto con vosotros hasta ahora, pero para que veáis que quiero que trabajemos juntos, seré clara: El objetivo es robar el banco central de Gotham. He pensado un plan y Richard cree que es la mejor manera.

¿Y bien? - Martillo intervino mientras se hacía hacía un cigarro con tabaco de liar.

Yo trabajo sola, y seguiré haciéndolo, pero realmente atracar un banco de esta magnitud es difícil, así que haremos lo siguiente. Dos tienen que encargarse de la comisaria, me da igual quienes. Y otros dos estar cerca con un coche para que me recojan con el dinero. Un plan sencillo, cualquier colectivo lo podría ejecutar. Unos entretienen al gato mientras dejamos que la rata coma el queso sin inconvenientes.

Al principio todos se mostraron pensativos, pero poco a poco fueron accediendo mientras se miraban los unos a los otros. Tras acceder y darse la manos para confirmar su beneplácito, los hermanos Die excepto Richard, salieron de la casa, dejando al mas fuerte de los cuatro y a la mujer blanca solos en el apartamento. Sin pensarlo demasiado comenzaron a desnudarse y se dirigieron a la cama. Como dos animales, la pareja compartió caricias que se fueron convirtiendo en golpes y gestos violentos, en un sexo desenfrenado que provocaba tal ruido que comenzaron a despertar a los vecinos, los cuales, debido a la incomodidad de aquel acto carnal, intentaban dormir y no escuchar los gemidos y alaridos de placer de Ann y Richard. Al acabar, sudados y cansados, se fueron a la ducha, donde pudieron seguir con su baile lascivo otra media hora mas. Ya, al salir, ella sacó de su bolso un par de cigarros, y se sentaron en el sofá del salón.

Tus hermanos no quieren robar.

Si quieren robar Ann, lo que pasa es que les es nuevo hacerlo así.

¿Así como?

Pues en plan... A lo grande. Tú has robado otras veces, de hecho la policía te busca, ¿no?

Bueno, me busca un inspector pero... lo tengo a raya...

¿Te lo follas?

Sí...

¿Y como es? ¿Es mejor que yo?

Joder, si fuera mejor que tú no me dedicaría a robar. Es como hacerlo con un lapicero...

Richard se reía mientras Ann fumaba y miraba al techo.

Ultimamente algunos se están haciendo un nombre... Como la Catwoman esa o el difunto Tony Ford.

La gata esa no tiene ni puta idea – dijo Richard apagando el cigarrillo en el sofá.- No puedes ir robándole a los ricos en su propia casa. Sobretodo a Ferris Boyle. Joder, que es el jefe de GothCorp.

Pero Ferris no es el primero al que roba, ¿no?

No, robó a otro, pero Ferris es un pez gordo, es como robarle al alcalde, por ejemplo.

Ann se acabó el cigarro y cogiendo sus cosas se dirigió a la entrada de la casa.

Bueno, decidid los detalles del plan, yo me voy a casa. Diles que el resto os lo dejo a vosotros y que aceptaré cualquier decisión, así a lo mejor recupero algo de confianza. Pero eso sí, yo entro sola a robar, no quiero a nadie molestando, ¿entendido?

Lo que tú digas, "Capucha Roja".

Hasta luego, "Lobo".

Al cerrar la puerta, Richard se tumbó en el sofá, donde cayó rendido hasta que, con el sol alumbrando a través de la ventana, sus ojos volvieron a abrirse, percatándose de la presencia de sus hermanos en el salón.

¿Que pasa, hermanito? - Lena le sonrió mientras tomaba una cerveza.

¿Y eso que tienes en la mano? - preguntó Richard mientras se alzaba.

Lo pillamos en un 24 horas... Pero tranquilo, no nos pillaron. No habían cámaras de seguridad. Lo comprobamos bien. - dijo Martillo dejándole a mano a su hermano un tercio.

Poco a poco, Richard fue estirándose e intentando despertarse lo mas rápido posible. Al despejarse, vio unas revistas encima de la mesa, las cuales eran de deportes y de temática erótica. Mientras hojeaba una sin prestarle realmente atención, comenzó a hablar con sus hermanos.

Bueno chicos, ya lo oísteis ayer, vamos a robar el banco central de Gotham, ¿vale?

Mientras Richard lo decía, todos sus hermanos no pudieron evitar sonreír, hasta Frank, el cual siempre parecía estar de mal humor.

Así que ha colado... - dijo Frank mientras bebía cerveza.

No es que haya colado, es que las cosas han salido tan bien que creo que si lo hubiésemos hecho aposta habría salido peor. - dijo Richard tirando la revista al montón.

Entonces el plan es sencillo, ¿no? Ella roba el banco y nosotros de mientras robamos en...

Bueno, realmente lo haremos así – intervino Richard, mientras sus hermanos le oían con atención – Para que Ann no sospeche, os quedareis dos cerca de la comisaria de Gotham, y cuando digo cerca, me refiero lejos del banco, para que ella no sospeche nada. Luego, una vez ella esté dentro, venís donde estamos nosotros, y cuando estéis cerca, avisáis de que habéis hecho estallar una bomba en la comisaria, entonces ella comenzará su trabajo, por lo que nosotros llamaremos a la policía para que vayan a detenerla. Y sin preocupaciones, vamos a la joyería que hay cerca de Los Altos, saqueamos el sitio, y nos vamos de esta ciudad.

Y la banda de la Capucha Roja habrá triunfado una vez más, como ya hicieron en ciudades como Chicago o Nueva York. - dijo con orgullo Frank, con una amplia sonrisa en la boca.

La verdad es que esta líder es mejor que Guy o Elliot, la verdad... - opinó Martillo.

Eh, hermanos, puede que Ann sea una buena ladrona, pero recordad, siempre unidos, sacrificando al líder. Ese es el plan, esa es la clave. - dijo Richard serio, mientras todos afirmaban con la cabeza.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, debajo de la mansión Wayne, en la cueva subterránea, Bruce se encontraba vestido con su uniforme de héroe murciélago, observando un pequeño trozo de metal el cual se asemejaba a un silbato. Las noches se habían sucedido, y Bruce patrullaba la ciudad, intentando evitar cualquier tipo de crimen que pudiese sucederse en Gotham, pero como bien había reflexionado Bruce, sabía que caminando de aquí para allá no evitaba el verdadero problema de Gotham. Mientras meditaba en silencio y miraba el pito metálico que tenía entre sus dedos, en aquella penumbra, Alfred aparecía con una bandeja en la mano.

¿Cansado, señor?

Que hora es, Alfred...

Las diez de la mañana, señor. Le recomiendo dormir...

Desde que metí a Frederick entre rejas, no he conseguido hacer nada mas... He estado trabajando en tener a disposición una moto, para no ir con el coche de aquí para allá, y bueno, parece que este invento también funciona. - dijo Bruce, enseñándole a su mayordomo el trozo de metal.

¿Que es, señor?

Es... un plan de emergencia... Me voy a dormir, Alfred.

Muy bien, señor...

Mientras Bruce caminaba, Alfred le observaba de pie, quieto, viendo que lo que creía que sería un antojo pasajero se estaba convirtiendo en una problemática forma de vida.

Y es que, desde la creación de aquel héroe, la ciudad parecía otra. En las calles, en pleno día, la gente ya no caminaba cabizbaja, triste, viendo como todo se deterioraba. Los niños, atrapados en sus consolas, volvían a ser como antes, soñaban despiertos, mientras corrían por las calles, soñando en combatir al mal, y las madres, viendo a sus niños ilusionados, felices, y viendo aquellos actos heroicos como el rescate de aquella familia en el incendio sucedido hace semanas, seguía estando presente como si acabara de ocurrir el día anterior. El rescate de las tres niñas, anunciado como un acto heroico conseguido por la policía de Gotham, también alegraba a la gente. Por fin habían buenas noticias donde antes solo había tragedias y una sensación de malestar que se impregnaba en la sociedad. Y ante este buen panorama, en mitad de la metrópolis, un hombre entrado en años, que vestía con traje blanco de seda y lucía un pelo canoso con gran elegancia, observaba desde una ventana con una sonrisa mientras acercaba una rosa de un jarrón a su nariz, para olerla fuertemente, inhalando por largo tiempo para que su perfume natural embriagase su sentido del olfato durante unos segundos. Aquel adulto, que podría considerarse un anciano en plena forma, se situaba en una habitación donde solo la luz del sol alumbraba el lugar, haciendo que dos hombres, que también vestían con traje pero eran mas jóvenes, se mantuvieran en la oscuridad, sin que nadie pudiese verles. En aquella habitación, que parecía una oficina, los tres se mantenían en silencio, hasta que uno de los hombres que se ocultaban se dirigió al anciano.

Jefe, debería apartarse... Esta ciudad tiene demasiados ojos vigilándole...

¿Yo? Si con Blackman ahora nadie se fija en personas como yo... No debes preocuparte. Es por la mañana, la gente está en sus empresas, o estudiando... Es en la noche, cuando parece que la oscuridad nos está cubriendo las espaldas, donde todos hacen su aparición.

Pero por el día, la policía...

¡Por supuesto, Benito! Aunque no lo parezca, la policía es un trabajo – dijo riéndose el anciano, que dejaba la rosa junto al ramo que adornaban el jarro que había a su lado.

De repente, la puerta se abrió, creando como reacción en los dos jóvenes el meter su mano en un bolsillo de sus americanas y sacar una pistola la cual apuntaba desde el momento en el que la empuñaron al visitante. Era Arnold Flass.

Hombre, si que has tardado... - dijo el canoso hombre vestido de blanco.

Lo siento, señor Falcone... - dijo Flass, haciendo una reverencia.

Los dos hombres, los cuales no eran mas que lacayos del mafioso, se levantaron, y sin mediar palabra, salieron de la habitación.

Sabes, no suelo citarme con otros en mitad de la ciudad, sino en mi casa. Este sitio apesta a muchedumbre y pobreza.

No me puedo permitir un palacete como el suyo, señor... - Flass se mostraba siempre en un tono serio y respetuoso, agachando la cabeza, sin mostrarle a Carmine Falcone sus ojos.

Aquella adulación provocó una pequeña carcajada en el anciano.

Sabes... Me caes bien, eres un buen chico, un buen policía... Siempre hablo con tu jefe, pero últimamente no me quiere hacer caso... Parece que no se acuerda de quien le puso en su sitio...

Hay que ser agradecido... - dijo Flass siguiéndole la corriente.

Por supuesto... Aunque tampoco hay que hacer la pelota... - dijo Falcone, poniendo su mano sobre el hombro del policía, provocando que se mirasen a los ojos.

Escúchame, Arnold. Quiero traer un par de cosas a Gotham, y necesito que me ayudes. Me da igual como lo hagas, pero mañana viene un barco al puerto, a las doce de la noche. Hazme el favor y que todo pase sin que haya ruido, ¿de acuerdo? Hazte cargo de la guardia o lo que sea... Confío en tu profesionalidad.

Arnold, sabiendo que no tenía otra opción, asintió con la cabeza, mientras veía al criminal sonreirle con su mirada clavada en sus ojos.