ROSAS EN EL DESIERTO

X. SECUELAS

Santuario de Athena

Al mismo tiempo

Tan pronto como Aioros y Milo desaparecieron en el portal, Saga alzó las cejas, confundido, cuando todos los enemigos se retiraron sin siquiera poner un pie en el Santuario, o intentar atacar. Aún así, el santo de Géminis respiró hondo, aliviado. Todos los demás santos se relajaron, aunque con algo de preocupación. ¿Sería un truco del enemigo?

En el templo del Patriarca, Kanon suspiró levemente, aliviado de que no hubieran atacado, pero no sonrió, sino que se quedó pensativo. Kiki, Lydia y Christoffer subieron también, sin poder creer lo que sucedió.

-¿Kanon?- preguntó Satu, con Elsita en sus brazos, quien seguía durmiendo a pierna suelta como si nada malo estuviera pasando- ¿qué sucedió?-

-No lo entiendo- dijo el gemelo menor en voz baja, pasándose los dedos entre sus cabellos distraídamente- los enemigos huyeron-

-Bromeas- dijo Satu, alzando las cejas, y estrechando a la nena en sus brazos- ¿porqué huirían? ¿Se arrepintieron de atacar?-

Kanon se encogió de hombros distraídamente, aún intentando deducir que era lo que había pasado. Casandra también estaba preocupada: no le agradaba ni un poco la situación. No parecía lógico. De pronto, todo tuvo sentido. Elsita, quien había estado durmiendo tan plácidamente, comenzó a llorar con fuerza, como si algo la hubiera asustado. Satu la arrulló, y Kanon iba a dar un paso hacia ellas para ver que era lo que le había molestado a la nena, cuando lo sintió. El cosmo de Mu estaba encendido, advirtiéndoles que algo no andaba bien. En otro punto de la ciudad, Aioros y Milo también habían encendido su cosmo, avisando al Santuario lo que había pasado.

-¿Kanon?- insistió Casandra, mirando a su cuñado con creciente preocupación, al notar que el gemelo menor había palidecido de pronto- ¿qué pasa?-

-Mu y los otros fallaron en su misión en Egipto- dijo Kanon, pasándose los dedos por el cabello nerviosamente otra vez- dice que Afrodita de Piscis está gravemente herido, y lo lleva al hospital. Y al parecer, atacaron a Cathy y a Sofi en la ciudad- al escuchar eso, tanto Casandra como Lydia se llevaron una mano a la boca, preocupadas, y Satu bajó la mirada, aún intentando consolar a la pequeña- Cathy… Cathy también esta gravemente herida, y…-

Pero se interrumpió.

-¿Qué… que le pasó a mi maestro, Kanon?- preguntó Lydia.

-No estoy seguro, Lydia- dijo Kanon seriamente. La detuvo del brazo cuando vio que se disponía a bajar a hacia el templo de Piscis- ¿a dónde crees que vas, mocosa?-

-Suéltame, Kanon- dijo Lydia, haciendo un movimiento brusco para soltarse de él- voy al hospital a verlo. ¡Mi maestro está herido!-

-Tienes que tranquilizarte- le dijo el gemelo, alzando la voz- no sirve de nada que te salgas del Santuario y te ataquen también. Ya perdí la cuenta de las veces que te han atacado-

-Como si eso fuera mi culpa- dijo Lydia- y no es de mí de quien estamos hablando. ¡Qué no ves que Afro está…!-

-¿Qué no puedes seguir órdenes de tu superior?- la interrumpió Kanon.

-Ya basta, los dos- dijo Shion, saliendo de su estudio y encendiendo su cosmo levemente para que los dos dejaran de discutir.

Kanon estaba preocupado, soltó a Lydia y frunció el entrecejo. Iba a decir algo, pero Elsita volvió a llorar, y suavizó levemente su mirada. Lydia también estaba molesta, pero Kiki la tomó de la mano para hacerla tranquilizarse.

-Bien, ahora que se calmaron- continuó Shion- Kanon, necesito que te hagas cargo del Santuario por unas horas. Revisa que todos los santos que restan estén a salvo dentro. Y dile a Saga que prepare las defensas una vez más. No debe contar a Afro, a Milo, Death Mask o Aioros, porque ellos estarán ocupados o…- se interrumpió- iré al hospital a ver como están. Enviaré a Mu de regreso en cuanto llegue. Y Lydia- añadió, volviéndose hacia ella.

-¿Sí, maestro?- dijo ella con el rostro enrojecido de enojo y frustración.

-Vas a acompañarme- dijo el Patriarca- te dejaré venir, con la condición de que regreses al Santuario inmediatamente, sin replicar, cuando te lo indique-

Lydia sonrió levemente, preocupada pero aliviada.

-Lo prometo, maestro Shion- dijo ella.

-Enviaré pronto noticias de como están Afro y Cathy- dijo Shion y, tomando la mano de la aprendiz de Piscis, ambos desaparecieron, teletransportándose, hacia el hospital de Atenas.

x-x-x

Calles de El Cairo

Poco antes de que oscureciera

Death Mask había salido del museo poco antes de que oscureciera, y se había apresurado a regresar al hotel. No se sentía a gusto. Había recibido el mensaje de Mu sobre lo que había sucedido con Afrodita. No era la gran cosa, pero era su amigo, y parecía estar muy encariñado con esa chica, la egiptóloga obsesionada. Pero al parecer se había quedado varado en Egipto por un rato.

Cuando el santo de Cáncer pasó cerca de la casa de Fatima, se encontró a Rashid, tirando del brazo de la chica en la que había estado pensando durante todo el día. Frunció el entrecejo. Death Mask los siguió entre las calles hasta el mercado, y lo que vio hizo que el santo rechinara los dientes de furia. La pobre Fatima lloraba y suplicaba porque la soltara, pero el hombre no hacía más que tirar de su brazo, haciéndola gritar de dolor.

-Por favor, Rashid, no hagas eso…- lloró la chica.

Rashid dejó caer a Fatima en el suelo de un empujón. Cuando ésta levantó la vista, tenía un feo moretón en la cara, debajo de su ojo izquierdo. El hombre la levantó, tirándola de sus cabellos, para después tumbarla en el suelo de nuevo.

-Por favor, por favor, Rashid…- volvió a pedir ella.

-Si alguien en esta plaza está interesado en comprar a la inútil de mi esposa, estoy dispuesto a escuchar sus ofertas- dijo Rashid en voz alta- no es la gran cosa, pero es joven y bonita-

Fatima no dijo nada. Solo lloraba cabizbaja frente a todos los hombros se acercaban para valorar la oferta. El santo de Cáncer se dio cuenta que estaba paralizado por el enojo, y estuvo a punto de usar sus poderes para enviar a ese engreído al pozo más profundo del Inframundo. Pero se contuvo.

-¿Cuanto pides por ella?- ofrecen por ella.

-¡Mil libras!- exclamó uno de los hombres que los miraba.

-Dos mil libras- dijo otro.

Death Mask apretó los puños, horrorizado y furioso. No podía dejar que ese horrendo espectáculo siguiera llevándose a cabo. De un empujón quitó a los primeros hombres que habían ofrecido dinero por la chica, quien seguía llorando en silencio, y levantó la voz.

-¡Nada!- dijo Death Mask.

-¿Perdón?- dijo Rashid, alzando las cejas, viendo al extranjero por el que había sancionado a su mujer.

-Ofrezco nada- dijo el santo de Cáncer.

-Creo que no entiende como se lleva a cabo el comercio, extranjero- dijo Rashid.

-¡Entiendo bastante bien!- exclamó Death Mask, rojo de furia, su mandíbula temblando del coraje que sentía en esos momentos. ¿Cómo se atrevían a tratar así a una mujer? Cualquier mujer. Y sobre todo una chica tan dulce como Fatima.

-¿Qué quieres decir, extranjero?- dijo Rashid, sin ser consciente del peligro en el que estaba.

-Que esta mujer está bajo mi protección a partir de ahora- dijo Death Mask en voz alta, no solo para Rashid sino para todos, irguiéndose y cruzándose de brazos, en un intento por calmarse antes de que mandara a ese impertinente al más allá- y quien se atreva a volver a ponerle un dedo encima responderá ante mí-

Rashid no parecía dispuesto a quedarse sin dinero por su esposa y, tomando un palo, se lanzó contra el santo de Athena. Éste encendió su cosmo, conteniéndose para no matarlo, pero lo suficiente para mandarlo contra uno de los puestos del mercado. Los demás árabes que se habían acercado para ver si compraban a la chica, poco a poco se fueron dispersando.

El esposo de Fatima se levantó y caminó hacia Death Mask, furioso. Escupió al suelo, y tiró una hoja de papel a los pies del santo dorado.

-Tómala, y ojalá que Alá los destruya a ambos- dijo Rashid, y se fue del mercado.

Death Mask suspiró, para tranquilizarse, y se inclinó al suelo. Fatima seguía sollozando sin parar, cubriéndose el rostro con las manos. Una parte del santo quiso levantarse e ir a despedazar miembro por miembro a Rashid por hacerla llorar así, pero se contuvo, y puso sus manos sobre los hombros de la chica. Esta dio un respingo de sorpresa, pero levantó la vista y fijó su mirada en el santo dorado.

-¿Dema?- dijo Fatima, mientras que Death Mask le limpiaba las lágrimas en sus mejillas con su mano.

-Shhh… vas a estar bien, Fatima- dijo el santo dorado- no voy a dejar que nadie te haga daño otra vez. Tienes mi palabra-

x-x-x

Urgencias, Hospital de Atenas

Mu se levantó de su asiento y abrazó a Lydia tan pronto como la vio llegar. Ella le había advertido que tenía un mal presentimiento, pero jamás imaginó que sería algo así. Shion esperó pacientemente a que se soltaran, y su alumno se volviera hacia él.

-Lo siento mucho, maestro- dijo Mu, cabizbajo y algo avergonzado por lo que había sucedido- fallamos. Afrodita encontró el khopesh junto con una chica, pero ella cayó bajo el control de un par de sirvientes de Seth. Acabo de encontrar a Aioros en el pasillo, me contó lo que le pasó a Cathy…-

-¿Qué sucedió?- preguntó Shion con seriedad.

-No estoy muy seguro, maestro- dijo Mu con un gesto decepcionado de sí mismo- Afrodita no ha podido decir bien. Lo que entendí fue…-

-No, déjalo, Mu- dijo Shion, levantando una mano para hacerlo callar- yo entraré a hablar con Afrodita-

-Maestro, Afro está en muy malas condiciones- dijo Mu, bajando la mirada- los médicos dicen que…-

-Gracias, Mu- dijo Shion, interrumpiéndolo de nuevo- gracias por tus esfuerzos. Solo te pido que te quedes a esperar a Lydia unos minutos, necesito que ella entre conmigo a ver a su maestro-

-Pero maestro…- comenzó Mu.

-Hoy estas muy poco cooperador, Mu- dijo Shion en voz baja, haciendo callar al santo de Aries- solo obedece, por favor. Lydia, vamos-

Lydia miró alternadamente a Mu y al Patriarca, sin saber de decir, pero no tuvo más opción que obedecer a Shion y caminar lentamente tras él a la habitación donde Afrodita se encontraba.

El santo de Piscis estaba tumbado en la cama de hospital, boca abajo, con un par de bolsas de sangre colgando alrededor. Una mascarilla de oxígeno estaba sobre su rostro. La herida en su espalda estaba cubierta, pero su vendaje estaba empapado por el líquido rojo. Lydia se llevó las manos a la boca para no producir ningún sonido. Su maestro estaba aún más pálido que de costumbre. Tenía los ojos hinchados, cosa que le pareció rara. ¿Había estado llorando?¿o que significaba eso?

Shion le señaló el asiento junto a la cama de Afrodita, y Lydia se sentó obedientemente. El santo de Piscis abrió los ojos débilmente.

-Lydia…- dijo Afrodita con voz ronca y apagada por la mascarilla.

-Shhh…- dijo la chica en voz baja, quitándole los cabellos de los ojos- todo va a estar bien, Afro-

-No…- dijo el santo tristemente- no, Lydia… algo horrible pasó-

Lydia iba a preguntar, pero Shion la silenció con una mirada. Todos los presentes se mantuvieron en silencio unos minutos.

-Ahora, Lydia, necesito que hagas algo- dijo Shion por fin, volviéndose a ella- Afro perdió mucha sangre. Se le está reponiendo, pero si no me equivoco, necesita un poco de sangre que tenga una tintura de veneno, como la tuya-

-Lazos rojos- dijo Afrodita a su vez, incorporándose un poco y volviéndose hacia ellos- además, así también tendrás mi veneno si yo no sobrevivo-

-No digas eso, Afro. Te vas a poner bien- le dijo Lydia, poniéndose de pie, y se volvió al maestro Shion, asintiendo. El Patriarca tomó una aguja y pinchó un dedo de cada uno de ellos. Ambos juntaron sus dedos, y la sangre de ambos se mezcló. Afrodita sonrió levemente, y Lydia también, aunque cerró los ojos, algo mareada. Shion la ayudó a volverse a sentar para evitar que cayera al suelo.

-Ya fue suficiente con eso, pequeña- dijo Shion en voz baja- ¿recuerdas la condición con la que te traje? Regresarás con Mu al Santuario, y descansarás hasta que te recuperes, ¿entendido?-

Lydia asintió débilmente, y Shion la llevó junto con Mu.

-¿Maestro?- dijo el santo de Aries, poniéndose de pie, preocupado al ver a Lydia apoyada en el Patriarca.

-Mu, escúchame bien- dijo Shion en voz baja, al tiempo que Lydia apoyaba su cabeza en el hombro del santo de Aries- Afro acaba de compartir su veneno con Lydia. Lleva un año preparándose para ello, pero se tuvo que hacer el intercambio un poco prematuro. Quédate con ella en la noche, controla su fiebre y asegúrate que descanse y que no intente nada estúpido-

Mu asintió, sin entender muy bien lo que había pasado. Cuando ambos desaparecieron hacia el Santuario, Shion volvió al lado de Afrodita.

-Gracias, maestro- dijo el santo de Piscis débilmente- tenía que pasar el veneno en caso de…-

-No lo menciones- dijo Shion- ahora, cuéntame que fue lo que sucedió-

x-x-x

Templo de Piscis

Mu llevó a Lydia con cuidado a su habitación en el templo de Piscis. La piel de la chica estaba muy caliente, seguro por el veneno. Le dio a tomar una pastilla, la descubrió lo más que pudo, y tomó varios paños con agua fría, en un intento por bajarle la fiebre.

-Lydia, ¿me escuchas?- dijo el santo de Aries.

-Estoy bien, Mu- le dijo la chica con una sonrisa cansada, la cual no llegó a sus ojos. El santo de Aries sonrió preocupado, sabía que Lydia estaba triste por lo ocurrido con su maestro, además de que se debería sentir fatal por el proceso por el que estaba pasando, pero no insistió. Se sentó en la cama a su lado, y le acarició los cabellos mientras ella se ovillaba junto a él.

-Me voy a quedar esta noche contigo- dijo Mu tristemente- si te llegas a sentir mal, me dirás inmediatamente, ¿de acuerdo?-

-Ajá…-

-¿Quisieras que te cuente como es allá?- preguntó Mu.

-Sí- dijo ella.

El santo de Aries sonrió ampliamente.

-Hace calor, pero no tanto como lo imaginé- comenzó a contar Mu, mientras ella sonreía al escuchar su voz- quizá porque ya casi es diciembre. El aire es cálido en el día, y frío en la noche, pero a todas horas huele a especias. Los hombres casi siempre visten túnicas largas de color blanco o negro, las mujeres utilizan hiyabs de colores. Los mercados están llenos de…-

-¿Mu?- lo interrumpió él.

-Dime-

-Afro… él está sufriendo por alguna razón, ¿verdad?- dijo ella, nuevamente sin abrir los ojos.

-Afro conoció a una chica mientras estábamos allá- le dijo Mu en voz baja- una egiptología que estaba buscando lo mismo que nosotros. No sé bien que pasó entre ellos, pero se podía ver que le gustaba-

Lydia sonrió.

-Lo vi en sus ojos- dijo la chica en voz baja- estaba triste porque algo malo pasó-

-Dime algo- dijo Mu- ¿el maestro cree que Afro está muy grave?-

-Lo está- dijo Lydia- creo que… el maestro me engañó. Me hizo creer que necesitaba mi sangre. Lo que quería era confortar a Afro, haciéndole saber que su legado estaba a salvo…-

-No estabas lista…- dijo el santo de Aries en voz baja, con un tinte de resentimiento en su voz.

-Sí lo estoy- dijo ella, frunciendo el entrecejo- no te preocupes. Mañana estaré como si nada-

El santo de Aries sacudió la cabeza de un lado a otro, un tanto preocupado por su chica. Mejor no le mencionaba nada de esto a Aioria: no tenía ganas de ponerlo de mal humor.

-¿Mu?- dijo ella.

-¿Sí?-

-Creo que… voy a dormir un rato, tengo mucho sueño-

-De acuerdo- dijo Mu sonriendo e inclinándose para besarla en la mejilla- aquí estaré contigo, Lydi-

Lydia asintió y apoyó su cabeza en la almohada, mientras que el santo de Aries la cubría con una sábana delgada. Sabía muy bien que no debía cubrirla demasiado, o la fiebre nunca bajaría. La besó en la frente con cariño y se recostó junto a ella, sobre las sábanas.

x-x-x

Terapia Intensiva, Hospital de Atenas

Una vez que Shion terminó de hablar con Afrodita, y éste le dijo todo lo que había sucedido en Egipto y lo que los enemigos habían dicho sobre Evelyn Carter, decidió dejarlo descansar, y se apresuró a entrar a la terapia intensiva.

En la sala de espera, Aioros y Sofi estaban esperando. El santo de Sagitario tenía a su chica en sus brazos, y ella no había dejado de llorar desde que habían llegado ahí. Aioros sabía bien la causa: la carga del conocimiento. Ella sabía, conocía bastante bien las posibilidades que su querida amiga tenía, y eran muy escasas. Aioros intentaba en vano consolarla.

Cuando el Patriarca pasó junto a ellos, solo le lanzó una mirada de tristeza, y pidió entrar inmediatamente a la terapia intensiva.

Milo estaba sentado en una silla, cabizbajo, junto a la cama donde tenían a Cathy. Ella estaba tumbada boca arriba, con sus ojos cerrados, un tubo en su boca y una palidez mortal. Había al menos tres alarmas sonando. El único médico que no se había rendido con ella, Oskar, el hermano mayor de Satu, estaba ahí, administrando medicamentos sin detenerse. Había más de diez bolsas a su alrededor.

Cuando vieron llegar al maestro Shion, Milo no tuvo ninguna reacción. Su corazón estaba dolido que no pudo más que mirar tristemente al Patriarca. Oskar se inclinó levemente.

-¿Puedo hablar un segundo con usted?- le dijo el Patriarca a Oskar, y éste asintió. Ambos caminaron a la entrada de la terapia, donde había un par de sillones, y tomaron asiento.

-Supongo que quiere saber…- comenzó Oskar, y Shion asintió- ella está en una condición crítica. La herida es grave y profunda, y perdió mucha sangre. Acaba de salir del quirófano. El cirujano me dijo que tuvo que remover el bazo, y apenas pudo reparar el intestino. Pero el riesgo de infección es muy grande. En serio, necesitará un milagro para sobrevivir-

Shion bajó la mirada tristemente. Esas eran malas noticias. Tendría que llamar a los padres adoptivos de Cathy en Escocia. Y no sabía que hacer sobre Milo. Suspiró y, tras agradecer a Oskar, se acercó al santo de Escorpión y se sentó junto a él.

-¿Milo?- dijo Shion en voz baja.

-Maestro…- dijo Milo sin muchas ganas.

-Cathy es fuerte- dijo Shion en el tono más neutral que pudo encontrar- va a dar una buena pelea, estoy seguro-

El Patriarca no se atrevió a decir que Cathy iba a estar bien, porque sabía que era muy poco probable. Milo no respondió. Por fin, después de horas de no decir nada ni tener alguna reacción, el santo de Escorpión bajó la mirada y sepultó su rostro entre sus manos, y comenzó a llorar.

-Milo…- dijo el Patriarca en voz baja, poniendo su brazo sobre los hombros del santo.

-Maestro, fue mi culpa…- sollozó el santo- ella me intentó proteger… me quitó del camino…-

Shion no respondió. Esperó pacientemente a que el santo de desahogara. Una vez que se tranquilizó y recuperó la compostura, el Patriarca lo miró benévolamente.

-Quédate con ella, Milo- dijo Shion- háblale. Ayúdala a quedarse aquí-

Milo asintió con vehemencia, y el Patriarca salió de la terapia intensiva, para encontrarse nuevamente con Aioros y Sofi.

-¿Maestro?- dijo Aioros, aunque sin levantarse ni soltar a su chica.

-Milo pasará la noche aquí con Cathy- dijo Shion- y sería sensato que Sofi se quede en el Santuario contigo. Supongo que tiene suficiente insulina, ¿no es así?-

Aioros asintió, pero Sofi sacudió la cabeza.

-No quiero, maestro Shion- dijo Sofi, aún sollozando- no quiero dejarla sola, quizá puedo ayudar y…-

-No puedes ayudar a Cathy así como estás- le dijo Shion en un tono bondadoso, pero firme- estás demasiado emocional para ayudar a tu amiga. Deja que la atiendan, y mañana veremos si puedes ayudar-

-Pero quizá mañana…- comenzó ella, pero se interrumpió.

-Bien, eso haremos- dijo Shion, y se volvió a Aioros- los llevaré de regreso al Santuario-

El Patriarca cerró los ojos, y los teletransportó de ahí.

Dentro de la terapia intensiva, Milo extendió su mano y tomó la de Cathy.

-Cathy, eso fue estúpido, no debiste haberlo hecho- dijo el santo de Escorpión- no me dejes solo, Cathy, por favor-

x-x-x

Bodega abandonada, afueras de Atenas, Grecia

Evelyn despertó con un fuerte dolor de cabeza. ¡Había tenido un par de sueños espantosos! Soñó que alguien le decía que era descendiente de Tutankhamón, tomaba una espada dorada y con ella atacaba por la espalda a Anders, quien en realidad era un santo de Athena, lo que eso significara. Y otro, donde atacaba a unas chicas, y lastimaba a una de ellas. Se llevó las manos a la cara, segura que, al abrir los ojos, se encontraría en Egipto, a la sombra de las pirámides, repitiendo en su mente esa bonita noche que había tenido con el chico del hotel.

Abrió los ojos, y la realidad fue mucho peor que sus supuestos sueños.

Estaba tumbada en un sofá mugriento, en una sucia bodega quien sabe donde, pero sabía que no estaba ya en Egipto. Se incorporó para sentarse en el sofá, y miró a su alrededor. No había nada, mas que una mesa a unos pasos de ella, la cual estaba vacía. No vacía. Sobre la mesa de madera, brillando levemente, estaba su colgante de Kepri. Evelyn intentó incorporarse y caminar hacia la mesa para tomarlo.

Sintió un par de manos en sus hombros, y éstas la empujaron hacia abajo, obligándola a volver a sentarse.

-¿Qué rayos está pasando…?- comenzó a decir Evelyn.

-No te vas a mover de ahí, miss Carter, por tu propia seguridad- le dijo Khayrat en un tono firme que hizo que la chica sintiera un horrible escalofrío, mientras que tomaba el colgante de la mesa. Los dedos alrededor de sus hombros se cerraron aún más, y Evelyn sintió un escalofrío.

-¿Qué quieren conmigo?- dijo la chica, entre asustada y molesta por el trato que estaba recibiendo.

-Solo queríamos el khopesh, Evelyn- dijo Collins, que era quien le estaba deteniendo los hombros- y estuviste a punto de arruinarlo todo, junto con ese santo de Athena. Con un poco de suerte, él ya está en el Inframundo, y tú ahora nos eres útil-

Evelyn bajó los ojos. Anders, o Afrodita de Piscis, quienquiera que fuera, ¿él había muerto por su mano? Evelyn esperaba de corazón que no. Sintió un feo vuelco cuando Collins le dijo que podía estar muerto. Pero ella, como todo el mundo, había escuchado las historias de los santos de Athena en Grecia y, si la memoria no le fallaba, a los santos no se les mataba fácilmente. La chica relajó su mirada.

Collins y Khayrat se echaron a reír. Una risa femenina enervó a la chica.

-¿Como ves, Fleur de Lys?- dijo Khayrat- ella aún cree que hay esperanza…-

-Quizá el santo de Piscis sobrevivió- dijo Fleur de Lys- la herida que le dio en la espalda no fue de gravedad, aunque la espada está embebida con el cosmo de Seth desde hace más de tres mil años. Cuando menos lo debió dejar permanentemente fuera de combate, aunque sobreviva-

-Lo mismo no podrá decirse de la pobre chica- dijo Collins, haciendo que la inglesa palideciera- no puedo creerlo, Evelyn, la destrozaste por completo-

Evelyn bajó la mirada, avergonzada. Las memorias de la noche anterior habían comenzado a regresar dolorosamente a ella. No había sido dueña de sus actos, pero había sido consciente de sus acciones. Recordaba a la pobre mujer que se había interpuesto entre ella y el santo dorado al que iba a atacar, recordaba la sangre fluyendo de su cuerpo, la luz abandonar por completo sus ojos.

-Por todos los dioses- dijo Evelyn en voz alta, cubriéndose la cara con sus manos- ¿qué me hicieron hacerle a esa pobre chica?-

Lágrimas de horror fluían de sus ojos a sus mejillas. ¿Cómo se había metido en ese problema? Los tres enemigos se echaron a reír.

-Es peligroso seguir como hemos hecho hasta ahora- comentó Khayrat- no se puede controlar, y corremos el riesgo de ser destripado por ella-

-Hay otra manera- dijo Fleur de Lys, mostrándoles una botella con polvo dentro.

-Cuando llegue el momento- dijo Khayrat.

Evelyn miró a su alrededor, y miró a Collins tomar su colgante de Kepri de manos de Khayrat, y lanzándolo al suelo a sus pies. La chica se inclinó y lo tomó en sus manos, estrechándolo contra su pecho mientras sollozaba en silencio. ¿Porqué su abuelo no le había advertido que eso podría pasar?

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Cathy está en muy mal estado, y Milo está muy triste. Las cosas no están bien tampoco para los demás. ¡No me odien! Les mando un abrazo enorme a todos. Muchas gracias por seguir leyendo, y por sus reviews.

Abby L.