Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Shayla Black.
Capítulo 10
Bella alisó su falda por décima vez en los últimos cinco minutos, luego presionó una mano en su estómago revuelto. Daba golpecitos con los dedos del pie en un gesto nervioso. Los muchachos estarían justo aquí de un momento a otro y era todo lo que podía hacer para no perder el contenido de su estómago.
¿Cómo reaccionarían a lo que tenía que decir? Ella había imaginado un millar de escenarios, pero aún no lo sabía. La hora siguiente podría ser la más larga de su vida.
A las diez en punto exactamente, el timbre de la puerta sonó. Su estómago pegó un salto, se acalambró. Respiró hondo, luego trató de encontrar un momento zen mientras se acercaba a la puerta y la abría.
Al otro lado había tres hombres maravillosos. Dios, estaban todos tiesos y quietos con sus caras silenciosamente anhelantes. Edward tenía una expresión tan arrepentida. Nunca había visto a Emmett tan taciturno. Jasper se veía exhausto. Él nunca había sido alguien de revelar sus emociones, pero hoy llevaba el corazón en la mano.
Bella cerró los ojos por un momento. La irrevocabilidad resonó dentro de ella como un toque de difuntos. Esto iba a matarla.
—Buenos días. —Dio un paso atrás—. Entrad y…
La sala de estar tenía demasiados recuerdos. Malos recuerdos. Cada vez que pasaba, todo lo que veía eran los puñetazos repartidos. Oía los ecos de las amenazas y los insultos lanzados.
No, no aquí.
—Vamos al estudio —murmuró.
Ellos la siguieron en silencio. Emmett iba en primer lugar detrás de ella. Es curioso como conocía su perfume almizclado tan a la perfección. Edward lo seguía. La forma en que arrastraba los pies cuando caminaba era inconfundible. Jasper iba el último… una sorpresa. Ella había esperado que entrara primero de sopetón e hiciera las mayores exigencias. ¿Qué pasaba con él?
Una vez que llegaron a la familiar habitación, ella a propósito se sentó en un sillón reclinable de una plaza de la habitación. Todos los hombres se detuvieron delante del sofá y se sentaron a regañadientes. Sin decir una palabra, sabían que lo que ella tenía que decir iba a cambiarlo todo.
—Sé que os preguntareis por qué os llamé aquí.
—Espera. —Edward se inclinó hacia adelante, pareciendo como si fuera a explotar si no conseguía hablar—. Pido disculpas por todo. Pensaré antes de actuar…
—Gracias. Pero eso no cambia nada.
—En realidad esperamos que lo haga —respondió Emmett—. Hemos hablado. Sabemos que la jodimos mal.
Ella suspiró.
—No fue sólo la pelea.
—Te preocupa todo lo que hay detrás de eso; lo entendemos —aseguró Jasper.
Entonces su ex jefe se puso de pie y cruzó la habitación. Bella observaba con los ojos abiertos de par en par, mientras él se acercaba.
—No lo hagas —protestó ella.
No tenía la fuerza para resistirse a él… a ninguno de ellos.
—Shhh. No te… tocaré… —suspirando, se dejó caer de rodillas a sus pies—. Por favor. Sólo escúchanos.
¿El más duro, el abogado de Texas que más-va-a-la-yugular, suplicando? Ella no supo que decir. Tragó saliva. El hielo alrededor de su corazón ya se estaba agrietando. ¿Cómo diablos podría detenerlo cuando Jasper la miraba como si ella tuviera su corazón y su alma en la palma de la mano?
—Sé que lo que vayas a decir es… el final. —Edward dobló las manos en su regazo—. Tienes esa mirada en tu cara. Pero antes de que lo digas, nos gustaría tratar de arreglar las cosas…
—No funcionará. No puedo… No… elegiré y vosotros no podéis compartir, ni siquiera por un tiempo. Así que sólo… no nos lastimemos más unos a otros.
—Sé que no vas a elegir. No te obligaremos a intentarlo —prometió Jasper.
—Con el tiempo lo haríais. Sobre todo tú.
—No eres sólo mía —barbotó Jasper, tomándole las manos—. Eres nuestra. Estaba poniendo mis exigencias por encima de tu felicidad. Ahora sé que no puedo. Nunca he compartido bien. —Se encogió de hombros y le brindó una sonrisa tensa—. Síndrome de hijo único, supongo. Pero te veías… radiante cuando estabas con todos nosotros y lo siento, pensé que podía tener eso para mí. Si nos dieras una segunda oportunidad, nunca volvería a interponerme entre tú y los demás.
Ella contuvo el aliento. Una promesa bellísima. De padre y señor mío. Su corazón saltaba con las posibilidades… antes de chocar contra la realidad.
—Es fácil de decir… y difícil de hacer. Me dirás lo que piensas que quiero escuchar ahora, pero no es en serio. Como la última vez…
—La última vez que todos hicimos el amor contigo a la vez, yo estaba pensando que te concedería esta última fantasía antes de reclamarte solo para mí. Ahora, lo he comprendido.
¿Lo hizo? ¿Realmente?
—Pero cuando nuestra situación os ponga a prueba…
—Pruébanos ahora —insistió Jasp—. Mientras me ames, puedo lidiar con cualquier cosa.
Se veía tan sincero que Bella dio un respingo.
—¿Y esto no es alguna táctica para hacerme elegir con el tiempo?
Él negó con la cabeza.
—Te lo juro.
—Esto somos nosotros queriendo amarte, nena —dijo Emmett—. De cualquier forma que necesites ser amada. Siempre y cuando nos quieras de nuevo.
¿De verdad? ¿Realmente habían hablado de lo que había salido mal?
Tal vez no debería hacerse esperanzas. Sabía que quería mucho de estos hombres. Y aún existían más barreras entre ellos.
—¿Y tú, Edward? ¿Puedes aceptar lo que necesito de Jasper?
Algo cruzó el rostro de él mientras se tensaba. Resolución. Se puso de pie, cuadró los hombros. Sus ojos azules y compasivos se endurecieron cuando la miró con demanda.
—Ponte de pie. Te voy a mostrar exactamente lo que puedo aceptar, corazón.
¿Edward? No se podía negar que la orden en su voz le disparó el pulso, haciendo eco entre sus piernas.
Lentamente, de forma vacilante, se puso de pie.
—¿Qué es?
—La próxima vez más rápido. Ahora deshazte la falda.
Los ojos de Bella casi se salieron de las órbitas. ¿Esa orden había venido de su dulce amigo Edward? Y su tono… profundo, restallando como un látigo, apremiante.
Bella se sintió humedecer, pero se obligó a refrenar el deseo.
—No sé hacia dónde va todo esto, pero realmente tenemos cosas importantes…
—Deshazte. De. La. Falda. —Edward dio un paso fuerte hacia ella, su expresión era caliente e impaciente.
Ellos habían planeado esto. Bella lo entendió en ese momento. Realmente los tres habían hablado sobre los problemas entre ellos y cada uno trató de aceptar su parte de responsabilidad. Jasper prometió que la compartiría, Emmett juró que la amarían de cualquier forma que lo necesitara y ahora Edward había adoptado una capa dominante para complacerla.
Se mordisqueó el labio. ¿Era posible que de verdad tuvieran la intención de hacerlo funcionar?
No. Ella había estado allí, había hecho esto con ellos. Pero su resolución titubeó. Había sido tan desgraciada las últimas dos semanas. Unas pocas semanas atrás se había despertado en una ciudad extraña, en un apartamento desconocido, con un trabajo poco familiar y lloró a moco tendido. Había recibido más noticias impactantes y…
¿Cuál era el mejor curso de acción en esto? ¿Cortarlo totalmente antes de que cualquiera se lastimara más? ¿O escuchar y esperar que, por algún milagro, todos ellos pudiesen hacerlo bien?
Bella se conocía. Si se levantaba y se alejaba ahora, siempre se lamentaría de no haberlos escuchado hasta el final, especialmente cuando había tanto en juego.
Tragando, extendió la mano para alcanzar su cremallera y la bajó. Tan pronto como la falda se quitó de en medio de sus muslos y reveló su pequeño tanga de encaje blanco, Emmett siseó, Edward jadeó y Jasper maldijo.
Sus piernas se volvieron débiles.
—Bien —elogió Edward—. A continuación, la camisa.
Estaba chiflada. Certificada. Pero con unas pocas palabras y sus miradas absortas y muy calientes, sus pechos se habían puesto pesados, sus pezones duros. Masturbarse con el pensamiento de ellos ya no hacía nada en ella. Necesitaba sentirlos.
Al pasar la camisa por encima de su cabeza, reveló el sujetador de corte bajo de encaje haciendo juego, los montículos de sus pechos empujados hacia arriba, bien altos.
—Sí. —La palabra de Edward fue una caricia larga y ella respondió, tensando el cuerpo.
—¿Y ahora qué? —La voz de Bella temblaba.
—Señor —interrumpió Jasper—. Llámalo señor. ¿Lo tenemos claro?
Dios, eso la hizo apretar su sexo. Ahora estaba realmente mojada.
—Sí, señor.
—Emmett, termina de desnudarla —exigió Edward.
El bombero se levantó del sofá, su polla hacía una tienda de campaña en sus pantalones cortos. Llevaba una media sonrisa lasciva, luego clavó los ojos en dirección a Jasper.
—Sabes que voy a tocar todo, a poner mi boca por todas partes.
Jasrp asintió con la cabeza.
—Estoy esperando.
Esto era surrealista. Jasper se sentó a sus pies. Edward estaba a mitad de camino en la habitación, dando órdenes. Emmett cruzó la sala a pasos agigantados con toda la intención de… ¿qué? ¿Desnudarla? ¿Follarla? ¿Mientras los demás miraban?
Las rodillas de Bella casi flaquearon. Emmett posó un beso sencillo, reverente sobre sus labios.
—Te extrañé, nena. Me arrancaría el corazón y te lo daría, si eso es lo que necesitas para ser feliz.
Sus palabras la dejaron perpleja. La postraron. Ellos no creían que ella necesitaba eso, ¿verdad?
No obstante, les había pedido demasiado. Cuando habían sido incapaces de dárselo, se había ido intempestivamente. Enojada. Tal vez podría haber funcionado… y había estado demasiado asustada de quedarse atrapada en medio y destruir completamente la relación con los tres por intentarlo.
—Sólo ámame —susurró—. Eso es todo lo que necesito.
Él sonrió, los ojos verdes danzaban con picardía mientras ponía las manos alrededor de sus hombros.
—No tienes idea de lo bien amada que vas a ser…
Antes de que pudiera procesar el comentario, él bajó acariciando por su espalda. Un minuto más tarde, el sostén cayó al suelo. Las manos de Emmett estuvieron inmediatamente debajo de sus pechos, sosteniéndolos, elevándolos. Le chupó los pezones uno a la vez, mojándolos, raspándolos, haciendo círculos con la lengua.
Bella se agarró de sus hombros fuertes buscando apoyo, sintiendo las miradas de Edward y Jasper sobre ella. Edward se veía excitado; ella lo esperaba. Jasper observaba con una mirada oscura, embelesada. ¿No estaba listo para matar a Emmett? ¿De verdad?
Un momento más tarde, los pensamientos se dispersaron cuando Emmett le retorció los pezones y su boca se movió a la deriva por su cuello.
Mientras ella temblaba en el agarre de Emmett y Edward se acercó más.
—Ahora las bragas.
Emmett dio un paso atrás y todos ellos se quedaron mirando, esperando impacientemente, queriéndola desnuda. Entonces ellos podían… ¿qué? Bella no lo sabía, pero lo que fuera, se sentía genial estar con ellos, hacerlos llevarse bien, aunque fuera temporalmente, jurando que entendían sus necesidades. No podía durar, pero trataban de probarle algo… y ella no tenía la voluntad de rechazarlo.
Enganchando los pulgares en las tiras alrededor de las caderas, se bajó y quitó las bragas meneándose.
—Dáselas a Jasper —ordenó Edward.
¿Así ellos podrían sentir lo mojada que estaban? Rotando por diez tonos de rojos, accedió.
Inmediatamente, Jasper las levantó a su nariz e inspiró.
—Está lista.
—Bien. —Edward la miró con aprobación—. Abre las piernas. Jasper va a observar como Rhys hace que te corras.
Temblando, miró a Jasper. ¿Podría realmente manejar esto o se sentiría compelido a agarrarla, penetrarla profundamente y advertir a los demás de no continuar, enseñando los dientes y gruñendo una amenaza?
Si él pudiera observar y no interferir… y no asumir que nunca tendría que compartirla de nuevo… sería un gran paso adelante, una puerta definitiva a nuevas posibilidades.
Con el estómago apretado por los nervios se hundió en la silla, apoyó el trasero sobre el borde y abrió las piernas. Ella estaba respirando con fuerza ahora; Jasper los miraba fijamente por encima del muslo, su cara a menos de treinta centímetros de sus pliegues mojados. Él se lamió los labios… pero nada más.
En cambio, Emmett se ubicó frente a ella, en cuclillas entre los muslos, Jasper contuvo la respiración, esperando. Diablos, ella esperaba sin aliento también. Pero Emmett no los mantuvo a ninguno de los dos en suspenso por mucho tiempo.
Separó los pliegues con los pulgares y dejó caer la boca sobre su clítoris dolorido, lamiéndola y chupándola, no como si fuese un banquete, sino la persona más preciada del planeta. Nunca había sido tan tierno. Siempre divertido. Siempre físico. Siempre dispuesto. Pero esto… la adoraba con cada aliento, movimiento y toque.
Bella arqueó la espalda y sus ojos se empañaron.
Emmett tomó las caderas en las manos. Bella trenzó los dedos en los de él. Con las manos unidas se movieron juntos, mientras la tensión y el placer aumentaban con cada latido del corazón.
—Córrete para Emmett, amor —ordenó Edward.
No había ninguna forma de que pudiera rechazar esa petición. Un segundo más tarde, ella se sacudió, estremeciéndose cuando el deseo ascendió y estalló violentamente, dejándola boyante y serena. Emmett continuó bebiendo a lengüetazos de ella con delicadeza, como si se resistiera a dejarla.
A través de la habitación, la voz exigente de Edward atravesó la neblina de Bella.
—Haz el amor con ella.
Emmett la apartó bruscamente de la silla, asintiendo con la cabeza. Sus ojos verdes se encontraron con la mirada inquisitiva de ella. ¿Aquí mismo? Cuando ella se recostó sobre la alfombra, lanzó una mirada nerviosa a Jasper, ahora a menos de dos metros de distancia.
—¿Eres feliz? —Su mirada oscura conectada con la de ella mientras Emmett arrojaba sus ropas.
Bella recaló en la cara amada de Jasper, en busca de cualquier señal de agonía.
—No si tú eres miserable.
—¿Lo amas?
—Os amo a todos vosotros. Lo sabes…
—Si él te hace feliz, soy feliz. Sólo… —se ahogó Jasper—. No puedo perderte de nuevo.
Ella quería preguntarle cómo sabía que mañana o el día después no se volvería a conectar con sus tendencias celosas. Pero Emmett trepó entre sus muslos y exploró su abertura mojada.
—Espera —espetó Edward, luego contempló a Jasper—. Bells no se ve convencida de tu sinceridad aún. Necesitas tomar un papel activo ayudando a Emmett a follarla. Siéntate detrás de ella y pon su cabeza en tu regazo. Así. Bien. Ahora toma las piernas de Bella y mantenlas separadas. Obsérvalos.
El requerimiento era sorprendente, llevando la idea de compartirla a un nivel completamente nuevo. ¿Se suponía que Jasper ayudaría a otra persona a tener sexo con ella? Internamente sabía que debería estar escandalizada, tal vez hasta horrorizada. En cambio, la excitación que Emmett había saciado con su boca, saltó con vida nueva, llamas de necesidad abrasaron su clítoris una vez más.
Especialmente cuando Jasper siguió las instrucciones de Edward, sujetándole las piernas en las rodillas, las levantó y se las abrió de par en par.
Un momento después, Emmett comenzó a alimentar su cuerpo hambriento con su polla, unos pocos centímetros de granito tras otro al ritmo más lento y enloquecedor. Ella se agarró con fuerza de él y Emmett siseó, manteniéndose por encima de ella sobre los codos.
Sintiéndose sonrojada y llena de hormigueos, Bella volcó la cabeza hacia atrás para investigar la expresión de Jasper. Él observaba a Emmett abrirse paso dentro de ella con una mirada intensa.
Luego Jasper miró hacia abajo para encontrarse con la mirada de ella.
—Estás sonrojada.
—Estoy excitada —admitió.
—¿Y eres feliz?
Antes de que ella pudiera contestar, Emmett se metió… con fuerza. Ella jadeó cuando la llenó con un estiramiento abrasador de la carne, luego se aplastó contra ella, presionando contra su clítoris.
—¡Sí!
—¿Sí tú quieres más o sí a la pregunta de Jasper? —espetó Edward cuando se arrodilló al lado de ella.
—Ambas. —Apenas pudo decir la palabra mientras Emmett se retiraba con un movimiento atormentadoramente lento de sus caderas, luego la embistió otra vez.
Él desató el precio de las semanas de lujuria reprimida en ella con una serie de estocadas fuertes y rítmicas que la tuvieron conteniendo la respiración, coreando su nombre, cerniéndose sobre el borde del orgasmo más rápidamente de lo que hubiera creído posible.
Edward se agachó bajo el brazo de Jasper y tomó un pezón en la boca, chupando con fuerza.
Ante el placer-dolor, su cuerpo se elevó tenso. Mientras se apretaba en torno al pene de Emmett, la fricción avivaba el placer en todas partes del cuerpo de Bella. Su corazón, ya tan enamorado, no tenía forma de resistirlos. Ella se movió trémulamente, gritó, luego se corrió con un estremecimiento que hizo juego con el de Emmett cuando se corrió dentro de ella.
Un momento más tarde, Bella cayó en la cuenta de que había extendido las manos por encima de su cabeza y ahora se aferraba a los muslos de Jasper.
Su ex jefe respiraba ruidosamente, cada músculo tenso, la mirada severa una demanda abrasadora de su cuerpo. Sin embargo, no dijo nada, simplemente soltó el agarre de sus piernas cuando Emmett se retiró, le besó el abdomen, luego dejó el cuarto, volviendo un segundo más tarde con un paño húmedo.
Mientras Emmett la limpiaba con ternura, ella sentía el cariño en su toque, lo veía en sus ojos. Bella se derritió una vez más.
Dios, ¿qué estaba haciendo? ¿Dejándoles hacer? Jeremy estaba ejercitando un enorme autocontrol… ¿pero qué pasaría si él se rompía? ¿Qué ocurriría si la crianza sana y muy masculina de Edward abrumaba su juicio la próxima vez que Jasper la dominara? Esto le podría estallar en la cara en cualquier momento. En verdad, debía poner fin a esto ahora.
—Muchachos —comenzó Bella.
—Espera —pidió Edward—. Vamos a asegurarnos de que entendiste.
Después de limpiarla, Emmett se apartó, luego se puso la ropa interior y se recostó en el sofá con una sonrisa satisfecha.
—Ponte sobre tus manos y rodillas, Bells —exigió Edward de nuevo con su voz más oscura, la que hacía mella en ella y, asombrosamente, reavivó su dolor.
—Sí, señor.
Lentamente, de forma vacilante, rodó sobre su vientre, luego se sostuvo en cuatro patas. Y encontró el rostro de Jasper a escasos centímetros del de ella. Todavía la miraba, su mirada dura y firme. Un momento más tarde, sintió a Edward detrás de ella, la parte delantera de sus muslos contra la parte posterior de los de ella.
A continuación, ella sintió algo frío contra su entrada trasera… justo antes de que sus dedos se deslizaran profundamente. Ella estiró la cabeza para observar más decisión solidificada en el rostro de Edward.
—Vas a tomarme aquí —le dijo—. Todo de mí.
—Eres grande —protestó ella automáticamente.
—Y si duele, me lo dirás. Me adaptaré. Nunca he hecho esto. Jasper me lo va a explicar en detalle. Y sólo explicar.
¿En serio? Bella se volvió a Jasper. Se veía igualmente decidido.
—Estoy.
Sus entrañas se estremecieron cuando Edward la bombeó con un dedo, luego otro. Sorprendentemente el deseo que había sentido que Emmett había saciado por completo se encendió otra vez con una llama necesitada.
—Ok —susurró Bella finalmente.
—No era una petición, y sólo follaré este magnífico culo después de zurrarlo.
—¿Qué? —preguntó ella, volviéndose hacia él.
Edward presionó una mano en la parte baja de la espalda de Bella y la obligó a bajar, hasta apoyar los codos, así su culo apuntaba hacia arriba. Le lanzó una mirada a Jasper.
—Sujétala.
Jasper sonrió, luego atenazó sus manos sobre los hombros de ella.
—Completamente.
Los ojos de Bella se abrieron de par en par y le disparó:
—¿Estás disfrutando esto?
—Él va a poner tu culo rojo como una cereza brillante, gatita —le informó—. Diablos, si lo estoy disfrutando. Si no tienes cuidado, me sumaré a esto antes de follarte.
—Tú, lo creo. ¿Pero Edward? ¿Realmente va a zurrar… ¡Ouch!
La palmada sobre el culo de Bella resonó en la habitación. Ella no se había preparado para eso. Su cachete realmente no dolía tanto como escocía. Pero tan pronto como la sangre se agolpó, latió.
Ella se volvió hacia Edward y él estaba mirando directamente hacia su culo.
—Asombroso —suspiró—. De hecho, puedo ver la huella de mi mano sobre tu piel clara.
—Excitante como el diablo, ¿no? —se burló Jasper.
Edward le brindó un asentimiento de cabeza tembloroso… luego le golpeó ruidosamente el culo de nuevo.
—Esto es por dejarnos sin darnos la oportunidad de hacer lo correcto. Nos preocupamos muchísimo por ti. Jasper fue a Miami a buscarte. Emmett usó sus contactos. —Whap—. Yo acampé fuera de la casa de tus padres.
—Tú estás… ¿estás castigándome? —incluso la posibilidad de Edward administrando un castigo aturdió su mente
—Sí —dijo mordiendo la palabra, luego golpeó su culo de nuevo—. Esto es por desaparecer de la faz de la tierra sin decirle a ninguno de nosotros dónde estabas.
—No tenía sentido —ella se esforzó por encima del hormigueo, el calor y el placer-dolor—. Habíamos terminado.
—No habíamos —gruñó él… y encendió su culo de nuevo. Mientras ella jadeaba, continuó—. Nosotros te amamos. Las personas enamoradas no se rinden; lo resuelven. Eso es lo que vamos a hacer, ahora y siempre. ¿Entendido?
¡Palmada! ¡Cachete! ¡Azote! Una y otra vez. Alto, bajo, izquierda, derecha. Tucker nunca golpeó el mismo lugar dos veces, pero pronto, su culo estaba en llamas.
—Sí…, señor —jadeó ella. Oh Dios mío, estaba a segundos de correrse.
—Si regresas a nosotros para siempre, no hay vuelta atrás. Sin favoritismos.
Otra serie de palmadas la recalentaron, la derritieron. La mirada ardiente de Jasper en su cara elevó la temperatura aún más.
—¿Entiendes? Amor, aceptación, devoción… y nada más —la palma de la mano de Edward aterrizó en lo alto del culo de Bella, en su cadera, en la parte alta de muslo. Luego metió la mano para zurrar los labios de su coño.
—¡Oh Dios, sí! —se quedó sin aliento, pendiendo sobre su compostura con los hilos más delgados.
—Por favor… —Bella se meneaba, se retorcía, suplicando en silencio.
—¿Entiendes? —repitió él.
—Sí, señor —chilló ella.
—Excelente. —De repente, sus manos se quedaron quietas.
—¡No!—protestó ella.
Edward la ignoró, luego se dirigió a Jasper.
—¿Ahora qué?
—Te encantó —lo acusó Jasper.
Después de dudar, Edward asintió con la cabeza.
—Me encantó. Sentí su necesidad de una manera como nunca hice. Sabía que le estaba dando algo que ella deseaba mental y físicamente y fue un calentón enorme.
—Exactamente. —La sonrisa de Jasper era categóricamente perversa—. Extiende sus cachetes con tus manos y sólo mete suavemente tu polla en ese pequeño agujero un poco. Quemará y arderá. Estate pendiente de su tensión, de sus siseos, de sus arañazos. Cualquiera podría ser síntoma de que el dolor es demasiado. Arqueos, jadeos o súplicas y tienes luz verde. Empuja lentamente para asegurarte de que no la lastimas. Es un asesino de tu autocontrol, pero cuando tú estés metido hasta las pelotas, ella casi estará lista para correrse.
Bella contuvo el aliento. Jasper acababa de… explicarlo claramente, le dijo a Edward exactamente cómo tomarla de esta manera tan prohibida. Y lo había hecho sin pelear o gruñir… o incluso inmutarse. De hecho, parecía casi satisfecho.
Luego ella no tuvo más tiempo para maravillarse por este giro de los acontecimientos cuando sintió la punta de la polla de Edward separarla y comenzar a hundirse en el agujero pequeño y apretado. Un dolor exquisito. Un ardor. Apabullante. Le encantó.
Jadeando, clavó las manos en la alfombra.
—¡Más!
—Va a doler, corazón.
—Lo sé. —Ella se presionó hacia atrás contra él, contoneándose, tratando de tomarlo más profundo.
Agarrando las caderas de Bella, Edward se deslizó hacia adelante con un empuje controlado, unos pocos tortuosos centímetros a la vez. Dios, la forma en que la estiraba. Nada como esto. Ella jadeaba, tratando de absorber las confusas sensaciones bombardeándola a la vez, el placer, el dolor. Cerró los ojos y se derritió en la alfombra.
—Ella está ahí contigo —afirmó Jasper—. Fóllala ahora.
La exigencia seductora en la voz la hizo temblar. Edward no perdió el tiempo en obedecer.
Usando las palmas para separar más sus nalgas, se hundió implacablemente centímetro tras centímetro en su culo, llenándola más y más, hasta que gritó cuando el dolor aplastó el placer.
—¿Duele, amor? —preguntó, deteniéndose.
Ella gimió y asintió con la cabeza, extendiéndose para clavar una de sus manos en la pierna de Edward, hundiéndole las uñas profundamente en la piel.
—Vale, gracias. Sácame si lo necesitas. —Bella sintió la mirada de Edward volverse a Jasper—. Ella no puede tomar más.
—Ella puede —replicó Jasper—. He visto el umbral de dolor de una mujer. No ha alcanzado el suyo. Continúa. Ve más profundo.
Jasper levantó la cabeza de Bella y besó su boca lentamente, luego apartó el cabello de la cara húmeda.
—Toma más de la polla de Edward. Estamos en la recta final. Hazlo. Por mí.
Bella respiró profunda y trémulamente. Dolía. Realmente dolía. Pero se sentía curiosamente… eufórica. Y quería tomar todo lo de Edward. Necesitaba saber que él estaba profundamente dentro de ella de cualquier modo que él deseara estar. Ansiaba complacer a Jasper.
Ella asintió con la cabeza.
—Quiero todo de ti, Edward.
Él se inclinó sobre ella, su pecho en la espalda de Bella, luego frotó círculos perezosos alrededor del clítoris.
—Bien. Deja a Jasper besarte y hacer que el dolor se aleje.
Cuando giró la cara hacia Jasper otra vez, él consagró sus labios sólo al placer de Bella y Edward presionó dentro de ella lenta e implacablemente. Ella gritó en la boca de Jasper y de pronto sintió a Emmett a su lado, rozando con suavidad los dedos a través de sus pezones duros como diamantes y del suave abultamiento de su abdomen.
—Él está adentro —le susurró al oído—. Te ves bellísima y tan excitada.
—Y tan jodidamente feliz. —La voz de Jasper se resquebrajó y Bella abrió los ojos para encontrarlo mirándola con una mezcla de excitación y devoción que hizo que su corazón y su coño se apretaran a la vez.
A continuación Edward se retiró hasta el anillo de músculos apretados, le rozó el clítoris con la punta de los dedos, luego se abrió paso de nuevo, un centímetro tras otro. Sin parar, más y más profundo, hasta que ella se aferró a la alfombra otra vez, lloriqueando, retorciéndose.
—Podríamos tener esto siempre —susurró Edward tentadoramente—. Podríamos darte placer y empujar tus límites.
—Podríamos protegerte y apoyarte, nena. —Emmett se inclinó y le besó el hombro—. Todos los días.
Jasper apretó su boca sobre la de ella.
—Podríamos demostrarte lo mucho que te amamos en todos los sentidos. Todas las noches.
Era demasiado… para ignorar, para soportar, para luchar.
Cuando Edward se retiró y luego se hundió profundamente otra vez, apenas rozando el clítoris inflamado con los dedos, ella estalló en una explosión supernova, viendo destellos blancos detrás de los ojos, su cuerpo siguiendo los pasos de una detonación de placer tan extrema, Bella lloró a gritos hasta que ya no pudo ver ni respirar… o distinguir dónde terminaba ella y comenzaban sus hombres. Estaban todos con ella ahora, en espíritu, cuerpo y alma.
Cuando la cima derivó en satisfacción, el amor se fusionó dentro de ella. Las lágrimas bajaban deprisa por su rostro. Besó a Jasper por última vez, el deseo y el agradecimiento anidaba en los labios de Bella. Luego ella volvió su cuerpo a Emmett, dándole la misma dosis de su adoración. Por último, se incorporó apoyada sobre sus rodillas. Con Edward todavía profundamente en su interior, Bella apretó la espalda contra el pecho de él, luego volvió la cabeza sobre su hombro para encontrar los labios esperando, pegándolo a su boca mientras él gemía y se corría hondo dentro de ella.
Edward se retiró, y ella se hundió en la alfombra en un montón deshuesado.
Momentos después se despertó para encontrarse en los brazos de Jasper. Él la dejó en la cama, presionó otra toallita caliente sobre ella, luego le apartó los rizos húmedos de la cara, el cuerpo de él se movió suavemente sobre el de ella. Su erección se deslizó dentro de su sexo mojado con una estocada simple.
Ella jadeó cuando él la llenó.
—Dios, te he echado de menos, cariño.
—Yo también te extrañé. A los tres.
—Déjame amarte —susurró Jasper.
Ella sonrió con cansancio.
—Sólo si me quieres de vuelta.
—¿Para siempre?
—Vosotros realmente habéis resuelto esto, ¿verdad? —preguntó a Jasper antes de que su mirada resbalara a Emmett a un lado y a Edward al otro.
—Sí —prometió Jasper—. Verte brillar así, saber que soy parte de hacerte así de feliz… es todo lo que necesito.
La dicha total se hundió en ella. Esa mañana se había despertado temiendo el día de hoy, por miedo a que pudiera ser la última vez que viera a todos sus hombres juntos en un mismo lugar, sabiendo que la información que abrazaba cerca de su corazón podía destruirlos para siempre… ahora rezaba para que esto fuera un nuevo comienzo, una esperanza nueva para el mañana.
—Para siempre —susurró, acariciando su pelo de medianoche y sus hombros anchos.
Una enorme sonrisa atravesó la cara de Jasper, hasta que el éxtasis se apoderó de ella y la hizo gritar y estremecerse de pasión. Él la siguió rápidamente, jadeando contra su cuello, susurrando con cada respiración lo mucho que lo asombraba, lo mucho que la amaba.
—Ah, bruja. —Él besó su boca, luego se apartó—. Maldita sea, realmente estás radiante.
—Es curioso que menciones eso… —Ella se mordisqueaba el labio.
¿Obtendría la reacción que ahora se atrevía a esperar? ¿O los consumirían los celos otra vez?
—¿Radiante? —Emmett se veía desconcertado.
—Sí. Realmente os hice encontrarme aquí hoy para contaros unas cuantas cosas.
—¿Como dónde has estado? —hizo pucheros Emmett.
Ella asintió con la cabeza.
—Puedo comenzar por allí. Aproximadamente una semana después de mi partida, llamé para aceptar la oferta de trabajo de Vulturi en Miami, pero él ya había ocupado el puesto. Así que me ofreció otro trabajo en su oficina en Palm Beach. Entonces… fui hasta allí y me quedé en su apartamento vacío y busqué un lugar propio. Se supone que comienzo a trabajar el lunes.
—¿Te agradaba aquello? —preguntó cuidadosamente Edward.
Bella se dio cuenta que él contenía la respiración… y su opinión respecto al traslado de ella. Ella lo amó aún más por eso.
—Lo odiaba. Simplemente no estaba en casa.
—El hogar es donde nosotros estamos. —Edward sonrió, luego le tomó la mano.
Jasper arqueó una ceja oscura hacia ella.
—Vulturi es un hijo de puta zalamero que no se merece una empleada brillante como tú.
Nada sutil, pero él no había exigido que volviera a trabajar en ese mismo instante.
—Hay ventajas definitivas en ser una sumisa… quiero decir subordinada —bromeó—. Probablemente podría ser persuadida para regresar a trabajar contigo… con un aumento de sueldo.
—Cariño, lo haré mejor.
—¡Por supuesto, porque Vulturi no me estaba haciendo nada!
Jasper se rió.
—Quise decir que he hablado con St. John —dijo, haciendo referencia a su socio principal—. Su esposa ha decidido entrar en el negocio por cuenta propia y yo incluso le he dado algunas cuentas… por lo que su puesto dirigiendo el equipo de asistentes legales está vacante. ¿Qué dices?
—Muy tentador. —Luego se volvió a Emmett—. Pero tengo otro problema. Bueno dos en realidad. El primero es que tengo este vecino muy guapo que es fabuloso en la cama.
—Malditamente sincera, nena. —Emmett le acariciaba el cuello.
—Pero yo ya no lo quiero más como vecino. Lo quiero como un amante que viva conmigo todos los días y las noches. Al igual que a mis otros amantes.
—Lo tienes —aseguró él.
Jasper y Edward rápidamente estuvieron de acuerdo.
—¿Cuál es tu otro asunto? —Edward le metió un rizo detrás de la oreja.
Bella respiró temblorosa. Ahora venía la parte más difícil. ¿Qué dirían? ¿Cómo se sentirían? Las vibraciones felices y las guasas de los últimos minutos aparte, esto era algo serio que podía realizarlos o quebrarlos.
—¿Corazón? —Edward se percató de su tensión y le apretó la mano.
Ella echó un vistazo a los tres para ver que estaban pendientes de cada palabra suya. Ahora o nunca…
—Estoy embarazada.
Por un largo segundo nadie dijo una palabra. Su corazón latía fuera de control, aporreando locamente contra su pecho. Maldita sea, en cualquier momento empezaría la lucha sobre quién se casaría con ella y quién criaría al bebé y…
Emmett dio un grito de alegría. Edward sonrió y se frotó las manos en un gesto de adorable arrogancia. Jasper acarició una mano a lo largo de su vientre y apretó su boca en la de ella.
—¿Estás segura?
Cautelosamente optimista, ella asintió con la cabeza.
—Fui a un chequeo médico por mi nuevo trabajo. Me dijeron que estaba embarazada, precisamente de unas pocas semanas. Tengo fecha para principios de Junio. —Respiró temblorosa—. No sé quién de vosotros…
—Si estás feliz, entonces estoy muy contento —le aseguró Jasper.
—Si te quedas, vamos a ser los papás del bebé, nos harás los hombres más felices en toda la vida —juró Emmett.
—De acuerdo —insertó Edward—. ¿Te casas con uno de nosotros? Legalmente, de todos modos. En privado, nosotros…
—No. —Ella se apoyó, cubriendo su desnudez con una sábana—. Estoy de acuerdo con una ceremonia privada para casarme con todos vosotros. Pero legalmente… os dije que no elegiría.
Ellos se quedaron callados un buen rato y ella pudo ver dando vueltas la idea en sus mentes. No se veían emocionados, pero sabía que con el tiempo verían la sabiduría de su decisión.
—Entiendo que hay aspectos legales cuando los niños están involucrados. Cuando el bebé nazca, haremos un examen de paternidad. El padre biológico del bebé se incluirá en el acta de nacimiento. Todas las demás legalidades, las podemos resolver desde ahí. —Ella se volvió hacia Jasper—. Sé que podrás ayudar a asegurar todo eso.
Él parecía tenso, inseguro.
—¿Y eso te hará feliz?
—Sí. ¿Pero qué pasa con vosotros? No funciona si no sois felices también.
Él apretó los labios, formulando con claridad sus siguientes palabras.
—Tengo casi treinta y ocho años. ¿Qué pasa si este bebé no es mío? Puedo compartirte con ellos. Tienes suficiente amor para todos y sería un tonto para no ver eso. Pero algún día, me gustaría ser padre.
El corazón de Bella se derritió.
—Si este no es tu bebé, entonces con una coparticipación pequeña de Edward y Emmett… sólo tendremos que asegurarnos que el siguiente lo sea.
—¿El siguiente? ¿Harías eso por mí? —Parecía sorprendido una vez más.
¿Pensaban que este "bebé sorpresa" era el final de sus familias?
—En mi corazón, quiero ser una esposa para todos vosotros. Al igual que cualquier matrimonio, tendremos desafíos y discordias. Pero vosotros ya habéis hecho muchísimas concesiones para hacerme feliz. Estaría encantada de tener a vuestros bebés. De hecho, creo que tres hijos suenan genial.
Jasper la abrazó con fuerza contra su pecho, y luego presionó los labios en la frente de Bella.
—Muchísimas gracias. Te amo.
—Yo también te amo.
Él la soltó a los brazos de Emmett que esperaban, quien presionó un beso caliente sobre sus labios.
—Hmm. Una niña con mis ojos y tu espíritu. Me encantaría eso.
—Vamos a trabajar en ello. —Ella le guiñó un ojo.
—Ya lo estoy esperando con impaciencia.
Entonces Edward envolvió sus brazos alrededor de ella.
—Me asombras. Gracias por venir hasta aquí a decirnos lo del bebé.
—Me negaba a tomar la salida cobarde y decíroslo por el teléfono… Y creo que parte de mí esperaba que resolviéramos todas las cosas.
—Estoy tan contento de que lo hayas hecho. Ahora, corazón, entiende que no hay más salir corriendo así. Si hay un problema en el futuro, lo hablaremos largo y tendido, ¿de acuerdo?
Decidida y feliz, ella asintió con la cabeza.
—Completamente.
Él le brindó una sonrisa pícara.
—Aunque podrías fingir un poco… caminar hasta el final del bloque o algo por el estilo. Darme una buena razón para zurrarte otra vez.
—Sí, señor. —Ella se echó a reír—. Aunque espero hacerlo en abundancia durante los años venideros para garantizar un montón de castigos.
—Contamos con eso —dijo Edward.
—También contamos con toda una vida de amor —agregó Jasper.
—Exactamente —sonrió Emmett—. Yo también.
Ella se sorbió la nariz, lágrimas de felicidad brotando de sus ojos.
—Siempre.
Fin
Hola chicas! Como estáis..?
Este es el emotivo, caliente y atrevido final :P
Espero que les alla gustado esta adap. tanto como a mi ya que esa fue la razon de publicarla.
Quizas mañana publique el primer cap. de esa adap. que estoy pasando...la cual al parecer nunca dije el nombre xD Se llama SU VIRGEN CAUTIVA. No hagan trampa y busquen, solo imaginen ...
Es cosa de magia publicare mas tarde porque tengo que editarla... si no llego publico mañana a mas tardar.
Realmente quiero agradecer todos los comentarios, no importa si fueron muchos o pocos, solo que se allan tomado la molestia de hacerlo... Gracias por todo, por segirme hasta el final, por leerme, por todo.
GRACIAS
Besos,
Mara S.
