Hola! He vuelto! Y mucho mas fiera que nunca!!!

Disclaimer: Inuyasha no me pertenece es de Rumiko Takahashi.

Capitulo 10. Confesiones, parte 2.

— ¿Quién dijo que yo le amaba? — Se defendió la mujer youkai.

— Madre… tu amabas a mi padre de la misma forma en la que yo amo a Ahome, eso es algo que nunca has podido ocultar, — atacó el hijo mirándole a los ojos.

— Me… ama, realmente me ama como para encarar a su madre, — pensó Ahome al escuchar tales palabras.

— ¡¿Cómo puedes decirme esa infamia?! — Exclamó la mujer con molestia, — ¡¿Cómo puedes amar a una humana?! ¡Por si se te ha olvidado, una humana te quito a tu padre! — Gritó exasperada.

— ¡Izaoi no hizo tal cosa! — Bramo Sesshoumaru.

— ¿Cómo la has llamado? — Preguntó la madre sin creer lo que había escuchado con sus propios oídos.

— La he llamado por su nombre, tal y como lo merece, la madre de Inuyasha siempre mereció y merece aun ahora respeto, ella… era una buena mujer, por eso mi padre la eligió para "reemplazarte" — respondió mordazmente.

Ante tales palabras, Sara reaccionó de manera aun más violenta que la vez anterior, rápidamente se acercó a su hijo y le desgarro la camisa, dejando solo harapos, también logró llegar al pecho con mucha facilidad ya que Sesshoumaru no tuvo tiempo para apartarse. A los pocos segundos Sesshoumaru volvió a escupir sangre al sentir el corrosivo veneno de su madre en las venas que le ardían como si estuvieran en llamas.

— Se… Sesshoumaru, — murmuró la joven azabache ante tal escena, y casi grito al ver que volvía a caer al suelo.

"No va a sobrevivir por más tiempo, si continua provocando la ira de su madre terminara muerto."

— Cállate, — musitó Ahome con la voz molesta, sus manos cerradas en puños temblaban violentamente.

— Madre… dime realmente… ¿Por qué crees que se fue mi padre de tu lado? ¿No lo sabes? — Le dijo el hijo con dificultad.

— Como si lo supieras Sesshoumaru, — gruñó la mujer en respuesta.

— Si lo sé madre. Tú misma lo alejaste de tu lado, la frialdad que tienes alejo a todo el mundo de tu lado…— le respondió indiferentemente, — y cuando yo nací, intentaste volverme de la misma manera, — le acusó, — dime desde hace cuanto madre…— Sara no entendió esas palabras, — ¿Desde hace cuanto me odias? ¿Desde que era un niño o incluso antes de que naciera? Por que se… que debes odiarme, por ser el hijo… del ser que te abandono.

Sara se quedo totalmente en blanco, reacción que Sesshoumaru nunca creyó ver en su madre, en su interior sentía, que los muros que rodeaban el congelado corazón de su madre se caían en pedazos. Miró borrosamente el rostro que casi nunca tenía expresión alguna, tenía la mirada baja, cubriendo sus ojos. Se sorprendió al ver como una fina línea caía del lado derecho del rostro de su madre. Una lágrima.

— Llegue…— Sesshoumaru se sobresaltó con ese susurro, — muchas veces en las que llegue a… odiar tu presencia, el solo verte hacia que la herida que traía en mi corazón se abriera más. Hubo momentos en los cuales… quería desaparecer tu existencia, solo para ver sufrir a tu padre.

Sesshoumaru sintió una fuerte opresión en su pecho, siempre había sospechado que su madre tenía un aura asesina cada vez que le miraba, cada vez que estaban juntos a solas sentía ese odio en su espalda que nunca supo como explicar, bajo la mirada sin decir ni una palabra, aunque esperaba esa respuesta de su madre… parte de su corazón no quería confirmarlo.

— Pero, — continúo la mujer haciendo que Sesshoumaru le mirara nuevamente, — aquel odio… se esfumaba cuando te veía feliz, veía esos ojos cargados de un inocencia tan pura… esos ojos que alguna vez yo también llegue a tener, cuando miraba tus ojos recordaba… que eras también mi hijo, mi querido y único hijo.

— Madre…— susurró el hijo impactado ante la confesión de su madre, pero sentía que ella aún no terminaba y no estaba equivocado.

— Nunca logre quitarte la vida, porque… eras lo más preciado que tenía en este mundo y sabía que jamás podría superar tu muerte, tal vez por eso trate de volverte frío y cruel, parte de mi quería desaparecer esa inocencia para matarte, pero otra parte de mí quería eso para que no sufrieras como yo sufrí. — Terminó de decir.

— Al final lo conseguiste, me volviste frío, distante, cruel… y me hiciste creer que mi padre tenía toda la culpa, — le acusó Sesshoumaru.

— No me la eches toda a mi Sesshoumaru, no dejes impune a tu padre.

— ¿Por qué debería escucharte? Cuando tú me maltrataste por años. Convertiste mi infancia en un infierno y solo por una disputa con mi padre, ¡Qué te hace pensar que voy a escucharte ahora! — Reclamó Sesshoumaru.

— Entonces dime a quien escogió, ¿a ti o a Inuyasha? — Le dijo de sorpresa.

Sesshoumaru calló, esa decisión de su padre era la única que jamás le había perdonado, pero ahora no odiaba a Inuyasha. Ya no tenía razón alguna para odiarle, tampoco a su padre, todo eso había quedado olvidado años atrás.

— Si hubiese estado en el lugar de mi padre… seguro habría escogido lo mismo. — Sara le miró incrédulamente. — Mi padre no escogió a Inuyasha, simplemente escogió salvarle, en esos momentos él ya no necesitaba enseñarme nada más. Podía valerme por mí mismo, pero Inuyasha siendo solo un recién nacido no podía. Eso es algo que recién ahora… puedo comprender.

— Eres idéntico a él, — murmuró la madre, — guardias, traigan a la humana, — ordenó con voz firme.

— ¡Madre!

— Tranquilízate, ya no necesito escuchar ninguna razón, me doy cuenta sola de lo que pasa; — un guardia abrió la puerta y detrás estaba Ahome — váyanse de este lugar antes de que me arrepienta. — Dijo fríamente, pero la verdad es que ya no deseaba oír más.

No quería caer en lo mismo que su hijo y empezar a apreciar a los humanos. Sesshoumaru tomó a Ahome de la cintura y la alejó del guardia, solo por si acaso su madre cambiaba de opinión demasiado rápido. No tardaron demasiado en irse del palacio de la madre del taiyoukai, pero este estaba demasiado débil como para volar a gran velocidad, Ahome notaba lo mucho que le costaba respirar a Sesshoumaru con aquellas heridas nuevas.

Ya estaba oscureciendo y aun no podían salir del territorio del sur. No por nada era el territorio más extenso de los cuatro principales, la miko veía a Sesshoumaru al borde del colapso, con tanta sangre perdida y sin momentos para descansar lo suficiente estaban acabando con él.

— Sesshoumaru aterriza por ahí, cerca de esas sierras, seguramente encontraremos una cueva y nos podremos quedar esta noche ahí. — Le dijo la miko mientras señalaba la dirección.

El taiyoukai no dio ninguna negativa y se dirigió a donde ella le decía. Aterrizo en los bosques cercanos, Ahome le vio que hacia todo lo posible por mantenerse consciente, quizá el daño que tenía era aun más grave de lo que trataba aparentaba.

— ¿Seguro que puedes caminar? — Le pregunto Ahome mirando como se sostenía de un tronco.

— Sí puedo. — Le contestó extrañado, ella generalmente no se preocupaba demasiado por él.

— Entonces busquemos una cueva.

Sesshoumaru caminó detrás de ella, no era capaz de mantener el equilibrio ya que seguía aturdido por la fractura de su nariz, el olor de su propia sangre siempre le atontaba los sentidos. Después de unos minutos, Ahome encontró fácilmente una cueva abandonada recientemente, no estaba muy sucia y para buena suerte había un árbol seco derribado cerca de la entrada.

— Entra a la cueva Sesshoumaru, yo recogeré la leña de ese árbol seco. — Le dijo mientras se acercaba al tronco.

Sesshoumaru se sintió extrañado, ahora Ahome actuaba muy diferente a como lo hacia antes, como si su personalidad se estuviese invirtiendo. No lo pensó demasiado tiempo, su respiración jadeante le indicaba que necesita descansar con urgencia; entró en la cueva y se apoyó con brusquedad en la pared, tiró su estola en el suelo y se dejó caer sobre la misma. Aquello provoco que el sangrado de su nariz volviera, cualquier movimiento que fuese demasiado brusco movía la parte del hueso que estaba desprendida y reabría la cicatriz que tenía en la cara.

Vio como Ahome entraba con varios trozos de madera seca y los apilaba dentro un círculo de rocas que ya estaba en la cueva. No seria sorpresa que alguien más hubiese estado antes que ellos, el lugar estaba demasiado limpio. Las llamas se avivaron rápidamente, iluminando la pequeña caverna, Sesshoumaru observó con detenimiento la gran mochila amarilla de la joven y como de ahí sacaba aquella caja blanca con una cruz roja. Además de una botella de plástico con agua.

— Toma estas medicinas y pásalas con agua — le hablo tranquila mientras le daba las cosas.

Sesshoumaru optó por tomar las medicinas de aquella extraña época de la que ella venía. Después solo permaneció callado, sabiendo bien que debía quitarse la parte superior del kimono para ser curado nuevamente por ella. Como lo esperaba, Ahome comenzó a curar cada una de las heridas externas que tenía, suprimió la mayoría de sus quejidos, las marcas en su cuerpo y los golpes que había recibido de su madre le habían dado en puntos precisos donde su cuerpo perdía resistencia y le costaba más reparar los daños.

— Sesshoumaru… quiero hacerte un par de preguntas, espero que me respondas. — Dijo muy tranquila.

— ¿Qué quieres saber? — Habló a la defensiva.

— Solo algunas cosas que me he estado preguntado, — murmuró mientras se daba la vuelta. — Pero esperare a mañana, necesitas descansar.

Sesshoumaru no quiso saber el porque esperarle, era mejor aprovechar a descansar tal y como ella pedía, no tardo demasiado en conciliar el sueño, pero Ahome no. Veía afuera más de un par de ojos les observaban a través de la barrera; salió de la misma, pero los youkais no parecían tener la intención de atacarla, solo eran observadores.

— Me atrevo a adivinar que vienen de parte de Sara; — hablo con voz clara y firme, — se que no van a mostrarse, seguramente Sara se los prohibió. Tengo un mensaje para ella… su hijo no estará conmigo por mucho tiempo. Que lo interprete como ella quiera.

Retornó al interior de la cueva, Sesshoumaru ya estaba dormido por completo. Se arrodilló frente a él, creer realmente lo que dijo el youkai frente a su violenta madre, no sabía que hacer, además de algo en su interior no parecía aceptar a Sesshoumaru.

La pregunta que ella misma se hacia a cada momento era ¿qué era eso?

Todavía no tenía sueño ni sabía como conciliarlo, se puso a mirar a los youkais que seguían por ahí, aunque notaba claramente que faltaban dos o tres pares de ojos. No le tomó demasiada importancia, seguramente habían ido a darle su mensaje a Sara, si las cosas salían como ella pensaba tendría que adelantar muchas cosas que se había puesto a pensar desde que salio de la aldea de Kaede, pero no sabia si aquello era bueno.

Volvió a fijar sus ojos cafés en el poco fuego que quedaba y atizo las cenizas con una barra cercana. Como no sabía que hacer, comenzó a pensar sobre lo que dijo la anciana Kaede le explicó sobre el collar de esclavo.

Ahome miraba una cadena muy similar a la que tendría el youkai que "usara" como esclavo, esta la llevaría en el cuello, la veía como algo exagerado, pero al instante recordó que eran youkais a los que controlaría, seres con grandes poderes que los humanos apenas comprendían, pero había cosas que le impactaron más que la forma de aquella atadura.

Anciana Kaede, ¿hasta que punto puedo controlar a un youkai?

Según se dice en los pergaminos, se pueden controlar a casi todos los youkais, eso depende del poder que tenga el humano, si solo fueses una chica común y corriente no podrías hacer nada pero tus poderes son el doble o incluso el triple de poderosos de los que Midoriko poseyó en sus días de vida he incluso cuando creo la perla de Shikon, — le explico la vieja mujer mientras comenzaba a hacer el símbolo de una estrella de nueve puntas dentro de un círculo.

¿Ese es el sello? — Preguntó la adolescente, Kaede solo asintió, — quisiera saber algo importante.

¿Qué es Ahome? — Cuestionó la anciana mientras veía las pupilas café opaco de la joven.

¿Qué actitud tendría… el youkai al que controle? — Dudo en preguntarle más que eso, primero vería la situación.

La anciana guardo silencio, como si lo meditara, Ahome no se impaciento, pero se intrigó más por saber que le diría, generalmente Kaede siempre le decía las cosas tal y como eran y evitaba darle evasivas.

Mientras más tiempo pase el collar puesto en un youkai más sumiso se volverá. Y mientras más alto sea el nivel…

— El tiempo que le quede antes de su sumisión total será menor. — Terminó la frase que recordó de la anciana.

Recordaba bien las normas y los riesgos que corrían tanto él como ella misma.

El collar era estable solo si sus emociones lo eran; con una personalidad fría y sin consideración aceleraba el proceso. Contrariamente, si su actitud fuese dulce y frágil el collar a duras penas haría efecto en el youkai que lo utilizase; aunque como ella estaba en esos momentos debía hacer que la atadura del conjuro se volviera sumamente inestable puesto que no se decidía por lo que sentía.

Eso pronto lo sabría, Kaede se lo dijo en su última visita, notaria cambios bruscos o ligeros en la apariencia del youkai que controlase, si era un ser con marcas oscuras estas se volverían claras y viceversa.

Paseó la mirada por las heridas vendadas de Sesshoumaru, una parte de ella sentía más que simplemente alagada por como se enfrentó a su propia madre, pero otra se negaba a aceptar que sus palabras, eran solo para que le liberara, que se confiara para así poder matarla sin riesgos. Se estaba convenciendo más a si misma de que era lo segundo, viendo como Sesshoumaru a veces se resistía al conjuro y a la sumisión, podía entrar en las posibilidades que solo usase sus sentimientos heridos y el vacío que llevaba en el corazón para volver a ser libre.

— ¿Cuál será la realidad? ¿Lo que me dices? ¿O lo que pienso de ti? Quisiera creer… que es sincero lo que me expresas. — Murmuró muy suavemente mientras sus ojos miraban las ultimas brazas apagarse y la cueva se oscureció.

A la mañana siguiente, Sesshoumaru despertó perezosamente a causa de los rayos del sol que llegaban a la cueva, pero algo muy inquietante, Ahome no estaba ahí. Se levantó de su estola y trato de salir, pero el campo que había dejado la joven no le permitió irse; ¿qué ganaba con encerrarlo? No se había ido demasiado lejos, si no el collar le hubiese empezado a quemar la piel.

— ¿Tan preocupado estas? — Le dijo una voz femenina a su derecha.

— Ahome, — pronunció extrañado, la chica entró a la cueva, — ¿por qué me dejaste encerrado?

— No me arriesgare a que te maten ni que tu mismo lo provoques, estás muy débil haber si eso lo entiendes por las buenas, — le respondió mientras bajaba una bolsa con algunas frutas que apenas pudo conseguir.

— Fuiste por comida, en estas épocas es muy difícil.

— Tome un curso de supervivencia por seis meses en época invernal y viaje por todo el país, se como sobrevivir y también he llegado a cosas que no parecen humanas. Y ni se te ocurra preguntar a lo que he llegado, — le advirtió al final poniendo mala cara.

— ¿No podías conseguir algo de carne? — Cambio el tema para evadir conflictos.

— No lleve ningún cuchillo o arma para conseguir algún animal, — tomó una navaja del bolsillo de su mochila, — pero hay conejos blancos por todos lados. — Dicho esto lanza el arma contra los arbustos.

— ¿Nani? — Murmuró incrédulo.

Por estar detrás de la barrera, no era capaz de sentir ni la más mínima presencia, ni la de un animal tan pequeño como un conejo, Ahome fue a tomar al animal muerto y lo colocó frente a la fogata extinguida, solo debía sacar la madera del tronco muerto que tenían al lado de la cueva. Sesshoumaru seguía incrédulo a lo que había visto, la chica había aprendido muchas cosas que jamás espero.

— Mejor vuelve a sentarte Sesshoumaru, no puedes salir de aquí. Y aun necesito hacerte las preguntas que te dije. — Le hizo recordar mientras cortaba al conejo.

— Como quieras. — Fue lo único que dijo antes de sentarse en el suelo.

Ahome lo miró por unos segundos, ahora que había luz notaba un muy leve cambio en el color de sus ojos y el cabello, signo de que la conexión que tenía con ella se estaba haciendo más sólida y solo bastarían unas semanas para que terminase como un verdadero esclavo, su mente solo estaría en blanco y haría lo que se le pidiese sin importar que fuese. Más parecería un muñeco con el alma atada. No le agradaba demasiado aquella imagen, una cosa era ser fría para mantenerle tranquilo y otra diferente era para acabar con la mente y sentimientos de un ser; aun si se trataba de Sesshoumaru.

— Sesshoumaru, — le llamó la joven mientras se deshacía del pelaje del roedor — ¿odiabas realmente a Inuyasha?

Sesshoumaru levantó la vista, mirándola justo a los ojos opacos que ella tenía; Ahome ya había escuchado lo que dijo sobre Inuyasha cuando estaba frente a su madre youkai, ahora quería escuchar lo que dijese frente a ella, si cambiaba su versión sabría fácilmente que siempre estuvo mintiendo. El taiyoukai estuvo bastante tiempo callado, más del que creyó Ahome que estaría ¿qué mentira le contaría?

Extrañamente Sesshoumaru comenzó con una leve risilla, la miko le vio más que incrédula ¿a qué venía eso ahora?

— Desde siempre, — murmuró Sesshoumaru, Ahome le vio con mala cara, — o al menos… eso pensé; — musito al último mientras bajaba la vista.


Lamento la demora, pensaba publicar el 15 de abril pero un pequeño accidente en educacion fisica me dejo con la muñeca lastimada.

Y digamos que escribir con una mano es muy dificil xD

En el proximo tardare menos,