¡¡¡Por fin el capítulo 10!!! Después de dos meses de espera XD ¡¡Disfrútenlo!!


Capítulo 10

Savin Me


— ¿Nos vamos de Forks?

— No, no lo haremos tampoco.

— ¿Por qué no? Sé que dijiste que no le iba a decir a nadie, pero nos hemos ido por cosas menores que esta.

— Lo sé, pero esta vez no lo haremos.

— ¿Por qué?

Sacudí mi cabeza, adivinando lo que Alice iba a decir — Porque Bella va ser nuestra hermana algún día.

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Era más de medianoche y no podía dormir. Solo había una cosa en mi mente desde el mediodía. Creo que puedes saber que es.

El único ruido en la habitación era el tic tac del reloj, pasado de medianoche, y la pálida luz de la luna colándose por la ventana y alumbrando el suelo.

Estaba agitada. Seguí reproduciendo el almuerzo con Edward de nuevo y de nuevo en mi cabeza. Estaba el noventa y nueve por ciento segura de que Edward y su familia eran vampiros. ¿Por qué más habría de actuar tan extraño? Estaba tan nervioso que pude darme cuenta. Por supuesto que todavía había una pequeña posibilidad de que él no fuera un vampiro y que el sólo hubiera actuado de esa forma porque él era... chocante... y él... agh, no lo sabía.

Sé lo que estás pensado; ¿cómo podía aceptar esto tan fácilmente? ¿cómo no estaba asustada?

Podía aceptar esto porque no había otra explicación que tuviera tanto sentido como está lo tenía. Creía que era verdad, no porque fuera una creyente de lo mitos y la magia, sino por mi propia maldición. Si era posible que pudiera ver extraños números y visiones de la muerte, entonces no podía ver muy imposible que los vampiros existieran. Si dijera que las brujas y brujos existían también, no estaría sorprendida.

A menos, de que mi poder fuera fruto de mi imaginación y estuviera realmente demente. Sabía que si le decía a alguien acerca de esto sería llevada aun psiquiátrico y sería puesta en observación por aburridos psiquiatras.

Tal vez tenía alguna condición mental, como esas personas que veían colores y oían cosas, sentían ciertos sentimientos, o veían letras o números.

Excepto que mi condición no sería descubierta. Muchos científicos querrían estudiarla.

EN cuanto si me asustaba o no. Bien, sin rodeos, me asustaba. Sólo me ponía en calma y me armaba de valentía, pero mi mente me gritaba que me detuviera y que me escapara antes de que yo me hundiera.

Sabía que Edward no quería lastimarme, si lo hubiera querido hacer, hubiera dejado que la furgoneta me aplastara desde hace semanas.

Pero esto no paraba mi instinto de supervivencia. Si aprendes que alguien con el que convives todos los días come y mata humanos, y coincidentemente tú eres un humano, tu primer instinto es el de supervivencia. Es incontrolable.

Pero de nuevo, de algún modo sabía que Edward no me haría daño, entonces yo intentaba trabajar para controlar este miedo aún innecesario. Si la familia de vampiros de Forks quisiera matarme, yo ya no estaría vivía.

Pero, ¿cuándo moriría? Esta noche parecía estar llena de contemplaciones y revelaciones.

Dejando mi comodidad, caminé hacia el espejo junto a mi armario. Mi pálido reflejo se veía igual que siempre; sin números.

Aunque, ¿por qué? Algunas veces estaba agradecida por esto. El saber cuándo vas a morir puede hacer que te vuelvas loco. Sería un poco nervioso tener la fecha de muerte encima de tu cabeza, algo que constantemente te recuerda que el final se acerca.

Pero al mismo tiempo estaba… preocupada, por ser una mejor palabra. ¿Por qué no podía ver mis propios números? ¿esto significaba algo?

Dejando a un lado lo que otros pensaban, yo sabía que esto no se debía a una condición psicológica. Así que entonces, ¿Por qué la tenía?

Noches de desvelo siempre eran gastadas en esto. No me quejaba de mi vida. Admitía que a veces lloriqueaba un poco, pero no me quejaba tanto. ¿Para que quejarte de algo que no puedes cambiar?

Pero esto no impedía que dejara de pensar en esto. Preguntándome cómo era posible y por qué era que tenía esto; ¿habría alguien como yo? Veía cosas morbosas y me metía con el destino, como el haber salvado a Connor. Alguien quizás no me clasificaría como humana. ¿Qué si no lo era?

Algunas veces pensaba en mí misma como una especie de demonio. Sabía y veía cuando morirían las personas. Esto no podía ser algún tipo de poder angelical. Esto era espeluznante y oscuro. Esta maldición era inexplicable y me hacía sentir como si tuviera un alma corrompida.

Ga, esto de estar pensando en inmortalidad, almas y religión, a pesar de que yo era más angostica que nadie más, estaba estresándome. Necesitaba vacaciones. Todos estos pesados pensamientos me harían vieja más pronto de lo que me tocaba. Suspiré y pasé mi mano por mi espeso y largo cabello. Probablemente era una extraña especie de demonio. Cómo aquellos chicos escalofriantes de las películas de terror.

Si de verdad había un Dios ahí arriba, debe de estar odiándome.

Me sentí como una de esas personas que ruegan por ser salvadas de la condena eterna. Si Él existía, entonces Él me había hecho de la manera en que yo era.

¿Por qué demonios Él haría eso? ¿Cuál era el objetivo?

Tal vez si yo supiera que había un objetivo, uno bueno, para el que fuera así, entonces no lo odiaría tanto.

De repente sentí pasar una corriente de aire frío y giré. ¿Qué era eso? Mis ojos inmediatamente fueron hacia la ventana para ver si accidentalmente la había dejado abierta. Me paré y chequé el seguro. Síp, cerrada y segura. Difícilmente había abierto esta cosa. Así que, ¿qué era eso?

Hay un propósito.

Me giré una vez más, mi ojos paseaban por la habitación para localizar el sonido. Era... era una voz.

De hecho, era más un susurro suave, que una voz. La única cosa que había oído y podía pensar era el viento, era tan discreto. Pero oía las palabras. Un escalofría recorrió mi columna.

Me quedé parada por unos momentos, pero el susurro suave nunca volvió. Tenía que estar imaginándome cosas. Verdaderamente me tenía que estar volviendo loca en estos momentos... si no era que ya estaba lo suficiente.

Gateé de regreso a mi cama, para intentar dormirme, pero ese susurro fantasmal empezó a repetirse por si solo en mi cabeza.

Hay un propósito.

No podría dormir esta noche, eso es seguro.


—¿Hay buenas librearías por aquí? —pregunté a Ángela el día siguiente en el almuerzo. Necesitaba un buen libro, ya que ya había leído todos los que tenía en mi casa y la librearía de aquí era un asco. Y no, Edward Cullen no me había vuelto a invitar a que me sentará con él en el almuerzo. Había asustado al pobre chico

—No. Pero hay más tiendas en Port Angeles —contestó Ángela.

—Oh —dije—. ¿Sabes cómo llegar ahí? La librearía de aquí es muy mala, sin ofensa.

Ángela rió —Ninguna. Y sí, sé cómo llegar ahí. Todo mundo va ya que en Forks no hay cines o buenas tiendas. Puedo llevarte si quieres.

—No tienes que hacerlo. Puedo mirar las direcciones por mí misma.

—De todas formas tengo que ir. Tengo que comprar un regalo para mi mamá.

Jessica, cargando una bandeja de comida, se sentó a mi lado entonces —¡Hey! —ella estaba emocionada. Emocionada porque, no tenía idea.

—¿Quieres venir con nosotros a Port Angeles, Jess? —preguntó Ángela.

—¡Definitivamente! Tengo que comprarme unos tops nuevos —ella se inclinó como si acabara de ganar la lotería.—Para mi cita de éste sábado —ella se inclinó de nuevo luciendo divertida. Ella tenía una cita. Ninguna razón para estar satisfecha. Me refiero a que, nunca he tenido un novio antes, pero no me importaba si ella tenía o no.

Eh, la carencia de sueño me estaba haciendo tonta hoy. La actitud tan engreída de Jessica no me estaba ayudando.

—¿Con quién? —preguntó Ángela, luciendo genuinamente feliz por Jessica. Sólo podía ver lo buena que era.

Jessica tiró de su cabello rizado —¡Mike Newton! ¡Él finalmente me preguntó! Estoy emocionada, estaba segura de que le gustabas, Bella —ella entrecerró sus ojos mientras decía esto y me miró con desconfianza. Nunca trataría de robarle a Mike Newton. El chico era guapo y era bueno, pero no estaba interesada en él. Él no me hacía sentir ninguna especie de conexión, por más romántico que sonara eso.

—Aunque eso fuera cierto, lo hubiera asustado. Dudo que fuera mi tipo —dije con ligereza.

—Quizás podríamos conseguirte algunas ropas mientras estamos allí. En serio que necesitas más color en tu guardarropa, sin ofender. Tal vez alguien te invite a salir, entonces.

—Jessica —dijo Ángela en un tono de advertencia. Miré mi atuendo; unos jeans negros, una camisa de manga larga, una blusa blanca con cuello en forma de V atada con unos espaguetis negros debajo. Mis zapatos eran unos converse blancos y negros. Supuse que necesitaba colores, pero no quería.

—Creo que me quedaré así como estoy —dije, tomando un sorbo de mi coca.

Sentí una sensación picante detrás de mi cabeza y me giré para encontrarme con los ojos dorados de Edward Cullen. Me estaba mirando directamente.

Mi corazón se aceleró un poco y me sonrojé. La seria expresión de Edward de repente se hizo divertida y me dio una media sonrisa. Me giré rápidamente, sin querer mirarlo. Después de mi pequeña presentación de valentía de ayer con ese juego de palabras, las cosas iban a ser un poco extrañas entre nosotros. Sabía que era un vampiro, y él sabía uqe yo sabía.

Y sabía que él sabía lo que yo sabía. Y él sabía que yo sabía que…

Pero ¿él sabía como sabía eso?

Por supuesto que no.

Jessica notó mi pequeña interacción con Edward y levantó sus cejas —Así que, ¿qué pasa con Edward Cullen y contigo, Bella?

Me encogí de hombros —Somos amigos —dije cortamente.

—¿Te agrada?

—Uh, si claro.

—No, Bella, ¿te gusta, él?

—Cielos, Jess. ¿En dónde estamos? ¿en el sexto grado? No, no me gusta. Sólo somos amigos.

Jessica me dio una extraña mirada y estaba segura d que mis mejillas brillaban rojas, aunque ni siquiera sabía porque me estaba sonrojando. Hablamos de cosas sin importancias antes de que la campana sonara. Planeamos ir a Port Angeles esta noche ya que era viernes, así que no mañana no había clases ni tarea por hacer.

Me levanté y tiré mi basura en el cesto. Cargando mi mochila, me dirigí a clase. Noté que los Cullen ya no estaban en la cafetería, así que supuse que ya se habían ido.

Bastante seguro, Edward ya estaba sentado en su asiento en la clase de Biología. Yo casi me giraba para marcharme, pero sabía que no podía hacer eso. Él sabría que era por él que me había saltado la clase.

Me senté en mi lugar y Edward me dio una pequeña sonrisa en saludo. Le devolví la sonrisa y puse mis libros en la mesa. Por supuesto que esto no era tan extraño.

—Así que, Bella —dijo él. Mi corazón empezó a latir un poco rápido como siempre lo hacía cuando él me hablaba.--¿Cómo estás?

Nunca había dicho esto, pero odiaba las charlas cortas. Esta era una pequeña plática, así que lo odiaba.

—Bien —dije.

Él abrió su boca para decir algo más, pero el señor Banner entró al salón, anunciando un examen sorpresa. Nadie es fan de los exámenes sorpresa, pero honestamente podría decir que estaba agradecida de este. Este examen tomaría un buen tiempo y eso significaba que no tendría que hablarle a Edward.

Me sentía un poco mal por no querer hablarle, pero era tan extraño. Sabía su secreto y él lo sabía. ¿Qué demonios pasaba por su cabeza en este momento? ¿qué pensaba de mí? ¿Seguíamos siendo amigos?

Quería hablar con él acerca de ello. Quería enfrentarlo y cuestionarlo. Quería respuestas específicas a todas las preguntas que paseaban por mi cabeza. Cómo vivía, qué de su familia, cómo y cuándo se había convertido en lo que es…

Por supuesto que mis sentidos me decían que corriera y honestamente lo estaba considerando, pero encontraba que no quería hacerlo.

Él por qué no quería hacerlo estaba junto a mí. Todo lo que quería era estar junto a Edward y el que fuera un vampiro no lo iba a cambiar. Me gustaba estar con él, extrañamente. Me gustaba su compañía aunque hiciera mi corazón latir rápidamente y mis mejillas sonrojarse más de lo que deberían —y normalmente me sonrojaba un montón— Lo encontraba interesante aunque él supiera más de mí que yo de él.

La forma en que algunas veces él me miraba era tan intensa e intrigante. Él era tan misterioso y yo quería saber más acerca de él. Algo de acerca de él me atraía. Me hacía sentir algo dentro de mí. No, no era porque fuera vampiro. Ya había sentido esto antes, así que no podía ser eso.

La campana sonó de nuevo y me levanté de mi asiento, mirando a Edward para ver que él me estaba viendo. Su mirada era tan intensa; era como si él estuviera viendo a través de mí. ¿Él me conocía de la manera en la que yo lo conocía él? Imposible.

Me giré y caminé hasta el salón, mis pensamientos eran revueltos y confusos. Pero había una oración coherente que tenía.

¿Me gustaba Edward Cullen?

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— ¿Qué tal esta chicas? —preguntó Jessica cuando se probó otra prenda para su cita de mañana con Mike.

La miré de arriba hacia abajo, pensando lo mismo que con las otras prendas que se había probado: Genial, si quieres mandar el mensaje de que quieres que llegue a la tercera base en la primera cita.

Mantuve la boca cerrada y deje que Ángela criticara, sabiendo que ella era mucho mejor que en esto que yo.

Después de otros veinte minutos me cansé y me paré. — Voy a la librería —dije—. Me encontraré con ustedes en el restaurante en una hora, ¿vale?

— Bien —dijo Ángela—. ¿Recuerdas cómo llegar?

Asentí y salí; siguiendo las direcciones que me había dado Ángela hacia un rato para ir a la librería. El sol era débil, que podías decir que estaba demasiado nublado por aquí. Extrañaba Phoenix. Extrañaba el sol que había diariamente.

Después de otros veinte minutos, me di cuenta de que no tenía idea de a dónde diablos iba. Lo cual resultaba escalofriante cuando te ponías a pensarlo. Vi hacia mis espaldas y no vi ninguna de las tiendas donde Ángela y Jessica dijeron que estarían. Sabía que si entre más me ponía a buscar la librería me perdería aún más.

Suspirando, me giré y regresé a la tienda de ropa. Desde ahí esperaba poder encontrar el camino al restaurante donde me había quedado a ver con Ángela y Jessica si es que ya estaban ahí.

Se estaba oscureciendo, poniéndome más nerviosa. Después de otros veinte minutos me di cuenta de que estaba aún más perdida que antes. Esto era tan estúpido.

Anduve en círculos por otros diez minutos antes de dar con la tienda de ropa donde Jessica y Ángela estaban. Sabía que probablemente ya se habían ido, pero estaba muy segura de que podría encontrar mi camino al restaurante desde ahí.

El único problema es que había una sola y muy oscura, y larga calle entre la tienda y yo que estaba detrás varias bodegas. Tomaría unos minutos en poder llegar.

Estaba a un tercio de la calle cuando escuché pasos detrás de mí. Mirando detrás de mi hombro noté un par de hombres caminando, o más bien tropezándose detrás de mí. Ellos debían estar borrachos o drogados. Apresuré el paso.

Otro hombre se les unió a los otros dos. Podía oírlos riéndose y bromeando unos con otros. Sus pasos hacían eco a los míos.

— ¡Hey, cariño, espera! —llamó uno de ellos, sus palabras estaban mal pronunciadas. Definitivamente estaba borracho. Esto sólo me hizo acelerar el paso en busca en algún lugar cercano.

De repente, hubo más hombres enfrente de mí. Incluyendo a esos detrás de mí, estaba atrapada. Ellos eran siete y sólo yo. Mierda, este tipo de cosas jamás me pasaban en Phoenix.

— ¿Qué pasa, corazón? —dijo uno de ellos. Me giré al escuchar el sonido de su voz y me encontré con su cara.

Y entonces ocurrió.

Sus números me dijeron que iba a morir dentro de diecinueve horas, así que naturalmente, mi cuerpo se congeló y mis ojos se abrieron mucho.

Mierda, está pasando, pensé con pánico. Este era un mal momento para estar viendo una visión. Porque este chico no podía morirse después, ¡Maldita sea!

No había vez en la que odiara tanto mi poder como esta. Cuando estaba viendo la visión de la muerte de alguien, mi mente era llevada a otro lado y mi cuerpo básicamente estaba indefenso. No podría controlarlo realmente hasta que la visión terminara. Esto significaba que estos chicos podrían atacarme, violarme, hacer lo que quisieran conmigo, y para el tiempo en que terminara, sería muy tarde para hacer algo.

Porque demonios podía ver visiones de las muertes de las personas cuando las veía veinticuatro horas máximo antes de su muerte, no lo sabía. No me servía para nada. Pero lo hacía, y esto eventualmente me llevaba a mi muerte, o violación. Cualquiera. Probablemente las dos. Maldición.

Con ningún control de lo que estaba pasando, sentí mis hombros alzarse y mi cuerpo quedándose inmóvil, en trance. Las voces de esos asquerosos hombres se fueran haciendo más y más lejanas.

Era en algún rato de la mañana. Esos hombres que había visto, el que había visto que iba a morir en diecinueve horas, estaba sentado en un desastroso departamento. Él estaba llenando una aguja con una especie de liquido. Drogas, lo sabía.

Entonces él cerró su mano izquierda en un puño apretado, intentando que las venas resaltaran aún más. Eran apenas notorias, aunque no estaba muy sorprendida considerando la pobre salud que tenía.

Accidentalmente fallando en una vena por un par de veces, finalmente encontró una y se inyectó. Él tosió y tiró la aguja. Se levantó y tropezó por un momento, obviamente muy fuera de él.

Sentí un soplido en la parte derecha de mi cuerpo, haciéndome tropezar y casi sacándome de la visión. Pero inmediatamente fue metida en ella de nuevo. No había nada que pudiera sacarme de una visión una vez que estaba en ella.

El chico parecía como si estuviera a punto de volar, estaba segura de que se sentía en la cima del mundo en ese momento. Él se giró hacia su estéreo cuando una mujer entró a la habitación; probablemente su novia. El tomó sus manos y comenzó a bailar un sucio baile con ella.

Entonces la soltó de repente y empezó a sacudirse. Eso no se veía nada bien, pero ¿yo qué sabía?

Algo frío y duro me golpeó de repente durante un segundo, e hizo que volviera a estar un poco consciente de lo que le estaba pasando a mi cuerpo, pero tan pronto como pasó, regresé a mi estado de la visión.

El hombre seguía sacudiéndose, pero después de unos segundos, él empezó a murmurar un poco en un especie de delirio. No estaba consciente de lo que estaba haciendo, su mente estaba a mil kilómetros lejos de allí.

Él finalmente se detuvo y se cayó en el sofá, inconsciente. La escena entonces cambió, mostrándolo todavía inconsciente en el sofá, pero esta vez sabía que ya no estaba vivo. Su respiración fue bajando lentamente hasta que se paró completamente. Murió a causa de las drogas.

La visión terminó y me sentí volver a la realidad. Sentí la misma cosa fría y dura de la hace unos momentos. Aunque esta vez me envolvió, haciéndome sentir que estaba flotando en el aire. Cuando mis sentidos volvieron a enfocarse y a estar cerca, noté que no estaba flotando en el aire, estaba siendo cargada. Y, Dios, quien fuera que me estuviese cargando tenía los brazos de piedra.

Parpadeé unas cuantas veces y alcé la vista. Mis ojos se abrieron como platos.

Era Edward Cullen.

Él me miró. Sus ojos eran duros y su mandíbula estaba tensa. El no parecía contento. Él parecía como si estuviera tratando de reprimir la cólera. Rabia. Esto no era bueno.

Él no dijo nada, caminó hacia su Volvo, de donde fuese que viniera, y me puso en el asiento del pasajero.

Él cerró la puerta del pasajero y camino velozmente hacia el lado del conductor. Se metió, cerró la puerta, y encendió el motor, acelerando.

De repente en shock inicial que sentí al despertar en los brazos de Edward se fue y mi cabeza se llenó de preguntas.

— Es-espera, ¿qué ha pasado? —pregunté rápidamente, girándome hacia Edward.

— Cinturón de seguridad —dijo cortante, su voz era tensa con una rabia controlada. Me puse el cinturón y me giré de nuevo hacia él. Cada vez que una luz de la calle iluminaba su rostro, podía ver la rabia en sus ojos topacios.

— ¿Qué paso? —pregunté de nuevo—. ¿Por qué estás aquí? Pensé que... —me callé. Pensé que iba a ser violada y dejada para morir, eso era lo que iba a decir, pero no lo hice. No quería decir las palabras en voz alta.

La mandíbula de Edward se tensó aún más —Acabo de salvarte de un puñado de borrachos que iban a matarte, ¿qué era lo que estabas haciendo?

—¿Eh?

—Sólo estabas parada ahí. Parecías como si estuvieras en el espacio. ¿Por qué no estabas intentando escapar? —demandó él. Estaba probando su paciencia, estaba segura.

—Hum… —Bueno, es porque uno de ellos va a morir accidentalmente por sobredosis en menos de veinticuatro horas, así que tuve una encantadora visión de su muerte. Es por eso que no intenté huir. —No lo sé. El miedo y la sorpresa me congelaron, supongo —La mentira era tan obvia en mi voz; seguramente un niño pequeño ni me hubiera creído.

Edward se rió, aunque el sonido era vacío y sin ningún tipo de humor. — Eres una pésima mentirosa, Bella. Estabas haciendo algo además de congelarte; estabas ahí pero sólo tu cuerpo. Tu mente estaba muy lejos de ahí —él me miró.— Podría decir.

— Oh, bueno, hum... —brillantes respuestas, Bella.

— Algo pasó —dijo en voz baja, más para sí mismo que para mí. Pude ver el restaurante donde se suponía que me iba a ver con Ángela y Jessica. Edward aparcó enfrente de él y me pregunté cómo habría sabido que yo iba a venir aquí.

Él salió del auto y caminó junto a mi tan rápido que yo ni siquiera había alcanzado la puerta todavía. Él abrió la puerta y esperó hasta que salí. El cerró la puerta un poco más fuerte de lo necesario y yo retrocedí. Su expresión se disculpó por un segundo antes de volver a la enojada y fuerte expresión.

De repente una pregunta vino a mi cabeza — ¿Cómo me encontraste? — En serio, eso no pudo haber sido una coincidencia. El camino estaba desierto, ¿por qué estaría conduciendo en el camino de detrás de las bodegas?

Edward hizo una mueca durante un pequeño segundo, dándome a entender que esto no era una coincidencia, y dijo —: Responderé a tus preguntas si contestas las mías, empezando con lo que acaba de pasar con esos hombres.

Contemplé esto en mi cabeza. Sabía que él podría decir cuando estaba mintiendo, y si le decía la verdad, sabría mi secreto.

Pero también está era una oportunidad para que él se abriera y me dijera su secreto. Y no sin mencionar que estaba bastante curiosa por saber cómo había sabido que necesitaba ayuda. Eso no tenía nada que ver con la cosa de los vampiros.

¿Él tendría más de un secreto escondido?

Sabía que si me rehusaba a decirle la verdad, podría perder mi última oportunidad de que se abriera conmigo. Además, no sería la peor cosa si él supiera acerca de mi poder. Él era igual, o si no hasta más, extraño, así que éramos como dos guisantes en una vaina. Dos guisantes muy diferentes, pero de todas formas éramos guisantes.

Si no le decía, él pensaría que estaba loca. Él podría decirle a su papá doctor y probablemente me llamarían para ir a un hospital para asegurarse de que no sufriera daños.

También, Edward me salvó. Salvó mi vida. Me sentía como si le debiera algo.

Le asentí a Edward, aceptando sus condiciones — Bien, te diré lo que quieres saber si tú haces lo mismo.

— Lo haré.


Guten Morgen!

So, what's up? Espero que les haya gustado, y que lo hayan disfrutado aquellos que tanto ansiaban que llegara a este capítulo. No sé, pero éste y los otros cinco que vienen son mis favoritos. EN especial el quince… que ¡¡uff!! Laura lo dejó buenísimo. ¡Ya quiero leerlo! En fin, ese no es el caso. Perdón por haber tardado tanto, dije que el sábado y ya es domingo, pero no sé qué le dio a mi internet que se puso difícil justo ayer. No puedo asegurarles que subiré pronto el 11 puesto que como dije en el cap anterior: tengo que traducir de nuevo el 7 ¬¬ Y es bastante larguito XD

Nos leemos pronto. ¡¡Muchísimas gracias por los reviews!!

Leon Jact,

Alles Ist Gut Solange Du Wild Bist