Notas de la autora:
Hola a todos:
Espero que disfruten este capítulo, saludos.
PD: Cualquier comentario para mejorar mi trabajo o sobre la historia es bien recibido.
El androide pateó el espejo de auto que había en el suelo, y luego contempló la ciudad en ruinas como siempre solía hacer, la sensación de satisfacción que usualmente tenía en ese momento no apareció, en vez de eso, su cuerpo se sintió estremecido por la furia, y comenzó a lanzar esferas de energía hasta que no quedaron más que cenizas a su alrededor.
— ¿Pensando en tu mascota? —preguntó su gemela en un tono burlón, el pelinegro se volvió a mirarla.
— No digas estupideces, solo estoy aburrido —declaró tan indiferente como de costumbre— En esta maldita ciudad no había mucho con lo cual divertirse.
— Si la hubieras alimentado a tiempo no habría muerto, aunque me hubiera gustado verla desfalleciendo de hambre —dijo la rubia sin hacer caso de su última frase, provocando una misteriosa sonrisa en el rostro de su hermano.
— Habría sido entretenido —afirmó, mientras se volvía a mirar hacia otro lado y volvía a lanzar esferas de energía.
La androide lo imitó y pronto se formó un círculo de fuego y destrucción alrededor de ellos. Cuando no quedo nada más que destruir los dos emprendieron el vuelo en busca de otra ciudad para atacar, ya que su sed de sangre y muerte seguía insatisfecha. Durante el trayecto, Diecisiete pensó en Azul, le había mentido a Dieciocho para evitar que lo importunara con sus burlas sobre el fracaso del plan. Pero en realidad, cuando regreso días antes a la casa a buscar a la mujer esta no se encontraba ahí, al principio creyó que quizá ella se había aventurado a ir en búsqueda de comida, más al revisar los estantes notó que aún quedaban algunos víveres, luego se imaginó que podría haber salido a caminar por los alrededores así que sobrevoló la zona.
Incluso se dio a la tarea de investigar sobre la mujer en la ciudad más próxima, sin obtener ni una sola pista de los aterrados habitantes, los cuales de conocerla, la habrían entregado sin dudar con tal de salvar sus vidas. Así que, tras no obtener información, arrasó con todo. Pronto no le quedó más remedio que admitir que Azul se había esfumado y que él estaba furioso consigo mismo por no haber previsto su huida. Con eso en mente Diecisiete aumentó su velocidad, su gemela creyó que la estaba retando e hizo lo mismo, lo que no sabía, es que el ojiazul estaba tratando de descargar la frustración que tenía por los planes que tenía para Azul y que ya no podría llevar a cabo.
Como pronostico el médico, la memoria de Bulma volvió gradualmente una vez que la hinchazón de su cerebro ocasionada por el fuerte traumatismo recibido desapareció. Al principio había sido difícil para los jóvenes saiyayins lidiar con la situación, pero afortunadamente todo regreso a la normalidad. Al paso de las semanas la peliazul volvió a ser la misma de antes, y se enfrascó en su tarea de terminar la máquina del tiempo con más ahínco que nunca.
— Cada vez duermes menos —protestó el joven cuando ella se recostó a su lado.
— Siento haberte echo esperar —se disculpó inclinándose hasta rozar sus labios.
— Sé que me compensaras —soltó con la sonrisa pícara, que ella adoraba.
— Lo haré...
Ella lo besó y después se incorporó hasta quedar frente a él, sin dejar de mirarlo comenzó a quitarse la ropa de forma lenta y sensual, provocando que la sonrisa de Gohan se hiciera mayor a medida que las prendas caían. Cuando las manos del guerrero la atrajeron hacia su cuerpo, Bulma se dejó llevar y disfruto de sus caricias.
Por un instante cerró los ojos y entonces las imágenes que no la dejaban en paz, aparecieron en su mente. Era Lapis quién la besaba, y la tocaba, su cuerpo se encendió al rememorar al androide recorriendo su piel.
La voz de Gohan diciendo su nombre, la devolvió a la realidad, abrió los ojos de golpe y le sonrío. Luchó por apartar sus recuerdos y vivir el presente, y se entregó al guerrero como llevaba haciéndolo desde un par de años atrás.
La luz de la mañana le golpeó el rostro, por lo que hizo un gesto de molestia y se cubrió la cara con la almohada. Su cama había vuelto a estar vacía, religiosamente el joven se iba antes que Trunks despertara, para evitar que este se diera cuenta del amorío que mantenían. Y ella le agradecía eso, nadie debía saber sobre esa relación, así era mejor.
Después de todo no sería el primer secreto que guardaba y tampoco el último. A su lista se había unido su extraño encuentro con los androides. Nunca le confesaría a nadie lo sucedido en esos días, no podía.
El recuerdo de esos momentos, terminó por quitarle el sueño, así que se levantó lista para comenzar con la rutina de su día. Las horas fueron pasando sin que se diera cuenta, y cuando terminó de trabajar la noche ya había caído. Regreso a su habitación, y abrió el clóset buscando que ponerse para dormir, cuando algo llamó su atención, lentamente pasó sus manos por la tela de la prenda que tenía enfrente sin advertir que no estaba sola.
— ¿Aún guardas ese vestido? —preguntó su joven amante apareciendo inesperadamente tras ella.
— Gohan, me asustaste —lo regañó, por respuesta él la beso y la llevó hacia la cama.
— ¿Cuándo vas a contarme? —soltó al tiempo que fijaba sus ojos azabaches en los de ella.
— ¿Sobre qué?
— De los días que estuvimos separados, y de quién estuvo cuidándote.
— Has preguntado eso muchas veces, y mi respuesta es la misma, pasé la mayor parte del tiempo inconsciente, así que no recuerdo mucho —dijo tras unos segundos, esperando que eso bastara para hacerlo desistir como en ocasiones anteriores, sin embargo, esta vez él parecía no estar dispuesto a rendirse tan pronto.
— No entiendo tu renuencia a contármelo, ¿Acaso te ocurrió algo malo? —cuestionó preocupado, ella negó y el joven siguió insistiendo— Entonces, háblame de lo que recuerdas.
Bulma se recostó sobre el pecho del guerrero, conociendo a Gohan, él buscaría la forma de obtener la verdad tarde o temprano, así que, si quería evitar más cuestionamientos, no tenía más opción que mentir sobre ciertas cosas para dejar ese asunto de una vez.
— En realidad no hay mucho que contar, fui rescatada por unos jóvenes que también estaban en la ciudad durante el ataque. Al verme herida decidieron llevarme a su casa y ayudarme. Eran buenas personas, me alimentaron y me vistieron durante ese tiempo, a cambio yo hacía pequeñas tareas domésticas para agradecerles, no llegamos a conversar mucho, como te dije, pasé varios días inconsciente y además ellos solían dejar la casa por períodos prolongados, y cuando volvían solo era para traerme algunos víveres, al parecer estaban muy ocupados con otras actividades, y eso es todo lo que paso.
— ¿Unos jóvenes? —preguntó Gohan mirándola detenidamente. Y ella se tranquilizó al darse cuenta, que esa era la única parte de su historia que llamó su atención.
— Lázuli y Lapis —contestó y algo dentro de ella se removió al mencionar en voz alta el último nombre.
— ¿Y ellos eran pareja? —volvió a cuestionarla y Bulma no pudo contener una carcajada al verlo celoso por primera vez.
— No me lo pareció, aunque tampoco tuve la oportunidad para preguntarles —le dijo y para quitarle la expresión seria del rostro, lo beso fugazmente— ¿Qué pasa, te has enojado?
— Desde que recobraste la memoria has estado distante conmigo, sé que algo paso en el tiempo que estuvimos separados, y después de lo que acabas de contarme tengo la impresión de que el tal Lapis tuvo algo que ver —soltó tomándola por sorpresa por su perspicacia— ¿O vas a decirme que estoy equivocado?.
La mujer sonrió algo avergonzada, era tan transparente para él, que, a pesar de sus mentiras, Gohan había descubierto lo que más trató de ocultarle.
— Hubo cierta atracción entre nosotros, eso fue todo —aceptó vencida.
— ¿Sigues pensando en Lapis?.
— A veces —respondió sabiendo que era incapaz de mentirle sobre ese punto aunque quisiera.
Él se volvió a mirarla, necesitaba sacarse algo del pecho y de la mente, y ese era el momento oportuno para hacerlo.
— Cuando desperté y supe que no te habían encontrado fue el momento más aterrador de mi vida. El segundo fue, cuando te vi renuente a dejar esa casa, por un momento llegué a creer que tenías otra razón para no querer hacerlo y ahora entiendo por qué.
— Lo que sentí en ese momento, solo se debió a las circunstancias —le dijo convencida— Si quisiera verlo de nuevo, habría regresado allá a la primera oportunidad. Y aquí estoy, contigo.
La expresión seria del guerrero se suavizó al escucharla, y una de sus manos acarició el rostro de la peliazul, aún tenía más que confesarle.
— Eres mi luz en medio de este infierno —ella se sonrojó, él no solía decirle cosas como esa— Estoy cansado de ocultar lo que siento por ti, de no contradecirte cuando dices que esto solo es pasajero, o que un día encontraré otra mujer. Eso no va a suceder nunca, te he amado desde que recuerdo Bulma, y es momento que lo sepas.
La habitación se llenó de silencio. La mujer se mordió el labio inferior y sus ojos celestes se fijaron en el techo. Él acababa de confirmarle lo que llevaba tanto sospechando.
— Debí decirte esto desde la primera vez que estuvimos juntos, pero me acobardé. Pensé que si lo sabías terminarías con todo y me harías a un lado, así que me he estado callando por cuatro largos años, dejando que creyeras que lo que nuestro no tiene futuro.
— ¿Y por qué me hablas de todo eso ahora? —preguntó tímidamente. Él buscó su mano y la estrecho fuertemente.
— No deseo perderte, ni que alguien que no sea yo ocupe tus pensamientos. Quiero estar contigo como debe ser y no solo compartir tu cama durante las noches. Ya va siendo hora de decirle a Trunks, y a mi familia que te amo, que estamos juntos.
El sobresalto de la mujer no pasó inadvertido. Los ojos azabaches de Gohan buscaron los de ella. No era común ver a Bulma Briefs temblando de nervios, así que la estrechó entre sus brazos para reconfortarla.
Su brillante mente estaba hecha un caos. La propuesta de Gohan era inesperada y a la vez muy dulce, pero irreal.
— Gohan...
— No tienes que decidirlo ahora —la interrumpió al intuir que estaba por recibir una negativa.
— Has dicho que me amas, y yo...
— Tú no me amas porque no te has permitido hacerlo, y eso no cambiará de un día para otro —dijo leyéndola como a un libro— Estoy consciente de eso. Lo único que te pido es que lo pienses.
Sin encontrar más argumentos que decirle al obstinado saiyayin, la peliazul comenzó a besarlo. Los amantes dejaron que la pasión los fuera consumiendo y se entregaron con la misma intensidad de noches pasadas. Cuando el encuentro terminó, ella se acurrucó en los brazos de Gohan, pensando en su plática anterior.
No es que no lo amara, ni que su confesión la tomara por sorpresa, tampoco le temía a lo que los demás dirían al enterarse de su relación, después de todo lo que había vivido un escándalo por tener un romance con un joven menor que ella, le parecía de lo más inverosímil. El miedo que tenía, era diferente, tenía un rostro atractivo, cabello negro e intimidantes ojos azules.
