Ahora sí, y luego de una larguísima espera (soy espantosa escribiendo, lo sé…) por fin puedo presentar el final definitivo de este proyecto. Estoy feliz de (por fin) presentar un final a uno de mis múltiples proyectos. Ha sido un gusto escribir este fanfic y una satisfacción especial ver que Saskia ha sido recibida con muchos comentarios positivos.

Muchas gracias por haber seguido este fanfic hasta el final. Como siempre ha sido, Saint Seiya no me pertenece. Sólo esta historia y Saskia son propiedad mía.

EPÍLOGO

Bubamara.

"Todos preguntan

¿Mariquita, por qué eres tan pequeña?

Oh Dios, Oh Dios la amo

Mariquita, pagaré todo por ti

Escuchen, amigos

Dulce y preciosa niña

Mariquita, pequeña

Eres la mejor, la mejor canción"


La amazona dorada observó con atención el panorama desde la salida de su templo. Ese día, las nubes cubrían el cielo, volviéndolo color gris blancuzco: había mucha luz y poco calor, de hecho una ráfaga de viento la hizo sentir un poco de frío. Desde su templo, alcanzaba a ver todo lo que ocurría en el santuario… todo se sentía tranquilo.

A sus espaldas la doceava casa se mantenía tan majestuosa como siempre había sido. La amazona llevaba puesta la armadura dorada que le correspondía, algunos reflejos en el metal brillaban a tal grado que de vez en cuando tenia que cerrar los ojos. Había dejado de sentir el cuerpo pesado al llevarla desde hacía tiempo atrás.

Justo cuando estaba por entrar de vuelta al templo, una minúscula mancha roja en el suelo la hizo detenerse. La mujer se agachó para descubrir que no se trataba de una mancha, sino de un pequeño insecto rojo con puntos negros. Una catarina. Con cuidado acercó su mano para que el animalito se subiera en ella.

—Vaya— murmuró, mirando al insecto pasearse entre sus dedos. – ¿Visitas, verdad?

La amazona dorada se quedó quieta, analizando el ambiente a su alrededor. Y fue entonces que una cosmoenergía, o más exactamente dos, acercándose al santuario la hicieron sonreír.

Su maestro había regresado, no le cabía duda.

Saskia sonrió ampliamente y entró al templo de nuevo.

Afrodita tardó largos minutos en llegar ante su antiguo templo. Ahora que llevaba tanto sin vivir en el santuario, le daba la impresión de que la subida de las doce casas se había vuelto aún más tediosa que antes. Por un largo rato se preguntó qué tan sádica debía ser su constelación protectora para haberlo enviado precisamente a la última de las doce casas. Había atravesado todas las casas por la mera curiosidad de ver a los nuevos caballeros, pero ahora se arrepentía de no haber pasado por los pasadizos.

Qué tedioso.

Afrodita se detuvo en el último escalón y observó con atención la entrada al que había sido su templo. Como lo suponía, no se veía para nada como antes. Las columnas estaban cubiertas con rosas entrelazadas, en las que una conocida persona había anudado todo tipo de objetos. Joyas, semillas, bolsitas de tela de contenido dudoso, herraduras, telas. Y el piso no se veía tan limpio como el caballero lo recordaba. Como si la misma conocida persona hubiese pintado cosas en él.

Afrodita suspiró. Lejos quedaban las columnas desnudas y el blanco inmaculado de la piedra. Su alumna no tenía idea de elegancia clásica, sin duda.

Aún así, el sueco sonrió para sí mismo cuando percibió el cosmos de su antigua alumna acercándose. La amazona salió del templo dramáticamente llevando una sonrisa desafiante.

En cuanto se encontró con su antigua aprendiz, Afrodita sonrió complacido: Saskia se veía bella. Tenía un estilo completamente distinto al suyo, pero se veía muy hermosa en su propio modo. Su cabello estaba envuelto con una de sus acostumbradas pañoletas, aunque esta tenía tela finamente adornada y de muchísimo mayor calidad que la que usaba al llegar al santuario: la amazona dejaba en evidencia a donde se iban sus ahorros.

Sus joyas, por ejemplo: grandes pendientes llenos de brillos, un anillo en cada dedo y varios collares. Sus ojos estaban maquillados, y sus labios pintados de forma exquisita. Saskia ya no era la chiquilla que había entrenado. Ahora veía en ella a una mujer imponente.

Y con la armadura puesta, se veía aún más adulta.

—Qué mal gusto tienes.— concluyó Afrodita.

Saskia sonrió burlonamente.

–Sabía que diría eso.

—Malditos gitanos, les encanta recargar las cosas.

—¿No se lo expliqué? El dorado aleja los malos espíritus— Saskia señaló sus hombreras—El brillo trae buena suerte.

Afrodita suspiró y le puso una mano en la cabeza a su aprendiza. La chica seguía siendo bastante más bajita que él. Afrodita elevó una ceja observando la armadura, como revisando que no estuviese rota o desatendida. Por suerte para Saskia, la armadura de Piscis estaba resplandeciente.

—Bah. Para una amazona de Piscis, estás al nivel. A tu modo, pero me enorgullece haberte convertido en alguien digna de mi armadura.

—Ja. Se está elogiando a usted mismo.

Afrodita asintió con la cabeza, complacido.

—Perfectamente, Saskia.

La gitana levantó el dedo índice, como señalando el cielo.

—Una catarina dijo que hoy vendrían visitas, pero no creí que sería una tan importante. Era una catarina muy pequeña.

Afrodita decidió ignorar esta última frase, al no entender de qué rayos estaba hablando la amazona. Su mirada se detuvo en el tejado de la casa de Piscis. Se veía mucho más gastado de lo que recordaba.

—El tiempo ha pasado muy rápido...— dijo. —debes mandar arreglar esa escultura.

El caballero echó a andar hacia el interior del templo sin esperar a que la amazona lo invitara a pasar. Saskia le echó una mirada rápida a la escultura en cuestión, y se encogió de hombros. A ella no le parecía tan gastado, pero Afrodita era un perfeccionista.

Unos minutos después, la gitana estaba sirviendo té para ambos. La armadura de Piscis estaba de vuelta en su caja. Afrodita la observaba con curiosidad, sentado a la mesa en la cocina. Saskia dejó las tazas de té sobre la misma, se sentó frente a él, tomó un sorbo y luego le mantuvo la mirada a su antiguo maestro.

Afrodita estaba usando una camisa rosada muy femenina, con pantalones blancos. Alrededor del cuello tenía un moño color negro. A Saskia le daba la impresión de que usaba aún más maquillaje que como lo recordaba, aunque no se le veía mal… sólo se veía aún más "Dama" que antes.

—No se ve mal.

Afrodita levantó una ceja.

—Obviamente que no. Soy hermoso y seguiré siéndolo por siempre.— señaló a Saskia viendo que la amazona estaba por comentar algo —Y antes de que te lances en el tema, no, no me da miedo envejecer.

Saskia negó con la cabeza.

—No parece.

—¿De verdad quieres hablar sobre eso, Saskia? No seré más tu maestro, pero darte una buena reprimenda es un gusto que puedo permitirte.

Saskia decidió no arriesgarse. Mejor no comentar la cana que alcanzaba a ver entre todos esos cabellos azules. Pero mientras miraba a su maestro tomar un largo sorbo de té...

—Entonces… ¿Al fin va a decirme si es pareja de Máscara Mortal, o no?

Afrodita frunció el ceño y negó con la cabeza. Dio un sorbo a su taza de té.

—No, no voy a decirte. No tengo por qué hacerlo.

—Bueno, es cierto que luego de desaparecer con él ya no me quedan muchas dudas al respecto.

—No me digas.

—Eso de irse a Sicilia los dos solos suena a Luna de Miel.

—Piensa lo que quieras, no podría importarme menos.— tomó otro sorbo de té. –De cualquier forma, también puedo interrogarte con ese tipo de temas ¿Planeas lanzarle a Ario un hechizo de amor?

Saskia levantó una ceja.

–Está bien informado, a lo que veo.

—Máscara me comentó varias veces de las atenciones… no, del acoso al que sometes a su discípulo. Claro, si de verdad le desagradaras a Ario no te lo permitiría.

La gitana se encogió de hombros y suspiró.

—Trabajo en ello. Es gracioso, es tan lindo que podría hacerme reconsiderar muchas cosas acerca de tener pareja.

Afrodita observó a su alumna con los ojos entrecerrados. Saskia hablando de tener vida romántica le daba escalofríos. Dejó su taza de té vacía sobre la mesa, sin intenciones de volver a servirse.

—Aun no se te ha quitado lo acosadora ¿Verdad?

—No es acoso, es simple interés.— respondió. Luego, cerró los ojos y fingió lamentarse —¡Devla! No es mi culpa que esté tan lindo. Y entre más crece más lindo se pone.

Afrodita negó con la cabeza, bastante divertido.

—El santuario ha cambiado mucho. Simplemente, subiendo aquí me topé con dos niños. En este sitio nunca veías niños.

Saskia se golpeó la frente con una mano.

—¡Yoi! ¡Ni me lo recuerde, que no acerté con esa predicción! Nunca podré ver a Marin a la cara.— exclamó. –¡No logré acertar en mi predicción, había terminado por decirle a Marin que tendría una hija... y son dos niños! ¡Argh! Mi abuela me habría castigado por una predicción tan errada.

Afrodita sonrió como burlándose de su aprendiza y sus nulas dotes de adivina. Saskia volteó a verlo e hizo un puchero como una niña (cosa que llevaba años sin hacer). Entonces pareció tener una idea para contraatacar.

—¿Y usted cuando va a traer bebés a casa?

Afrodita escupió lo que estaba bebiendo.

—¡¿Eh... eh?!

—¿Eso, cuándo planea sentar cabeza y ser padr...—sus ojos se detuvieron en los maquillados labios de su maestro.—madr... ahm... tener bebés?

Afrodita sabía que la amazona le estaba tomando el pelo.

—¡Oh, no, gracias! Los bebés son adorables y lindos... mientras no tenga que pasar con ellos más de cinco minutos.— entrecerró los ojos. —de cualquier forma prefiero escucharlos llorar que reír.

Saskia miró hacia su maestro con los ojos muy abiertos. Afrodita estaba haciendo una perfecta actuación de villano... ¿o villana?: la expresión de maldad acababa de salirle perfecta. "Probablemente ni siquiera está actuando... algunas cosas nunca cambian" pensó Saskia. Decidió dejar el tema de familias y bebés porque acababa de recordar que esa cara de Afrodita no le gustaba. La gitana se levantó con las tazas vacías y la tetera.

Mientras la observó retirar las cosas, Afrodita se concentró en lo mucho que había cambiado su alumna. Aún recordaba a la chiquilla histérica que le había tocado entrenar.

—Supe que estuviste cerca de la muerte.

Saskia ladeó la cabeza, restándole importancia, mientras regresaba.

—Enemigos, maestro, sabe lo que son. Puedo decir que he eliminado a muchos con nuestras rosas. Una no puede salir sin herirse.

Levantó una de sus mangas, la derecha, y le mostró a su maestro una cicatriz que partía de su muñeca hasta su medio brazo. Afrodita la contempló con cierta repugnancia, pero Saskia ya lo conocía como para ofenderse, y volvió a taparse el brazo. Prefirió no mencionarle a Afrodita los detalles. De cualquier forma no le hacía mucha ilusión recordar el dolor que había sentido en ese entonces.

—Dime, Saskia ¿Te gusta esta vida?

A la gitana pareció sorprenderle un poco la pregunta. Sonrió ampliamente.

—Creame, maestro, no puedo pedir nada mejor que esto.

—Debes ser de las pocas personas que creen eso en el santuario.

—La vida allá afuera era mucho peor. Al menos para mi.

Afrodita observó a su discípula unos momentos. Saskia parecía estar pensando algo triste. Le sorprendía que aún a estas alturas siguiera entristeciéndose por cosas de hacían tantos años.

—Bueno, basta de cosas frívolas.— Afrodita se levantó de su lugar. –Déjame ver lo que realmente vine a visitar. Y más te vale que esté presentable.

La gitana también se levantó y echó a andar hacia la parte trasera del templo, seguida de su maestro. Finalmente le abrió paso hacia el jardín principal, que recibió a Afrodita con una brisa de aire fresco, impregnado de otra conocida fragancia. El caballero aspiró el dulce aroma de las rosas rojas, que a su nariz le resultaba el mejor perfume del mundo. Ningún aroma le gustaría más que ese, jamás. Ese aroma a batallas y victorias, a hogar, a muerte de sus enemigos… sus pulmones se llenaron de él, causándole de inmediato una sensación de nostalgia.

—Este sigue siendo el lugar más hermoso del mundo…— murmuró.

Saskia lo observó extrañada.

—¿Maestro?

Afrodita se arrodilló frente a uno de los rosales y pasó sus dedos por los suaves pétalos de una de las rosas.

—Cuidaste bien de este sitio, mis rosas están felices.

—En realidad… maestro… estas son mis rosas.

Afrodita se encogió de hombros.

—Lo que tu digas.

Posesivo Ridículo— se burló la gitana en romaní, con voz baja. Afrodita ya se imaginaba qué había dicho la amazona, pero no le importaba. Las rosas, sus rosas, nunca serían de Saskia. Para Afrodita, en el fondo el siempre seria el caballero de piscis. La casa y las rosas siempre serían suyas.

—¿Maestro, aún tiene rosas mortales en donde sea que esté viviendo?

Afrodita sonrió maliciosamente.

—Desde luego, algunas cosas nunca cambiarán.

—Pero… ¿Eso está permitido? ¿No se supone que las rosas deben quedars...— vio la expresión burlona de su maestro y comprendió. —Ah.

—Llevo mucho sin lastimar a nadie con ellas, pero… me gusta tenerlas a la mano en caso de ser necesario. Las rosas normales ahora me parecen bonitas pero… insulsas, sin tanto encanto. Aunque también tengo rosas normales.

Se levantó.

—Bueno, es suficiente. Debo presentarme ante Athena, y luego regresaré aquí a despedirme.

Saskia no pudo evitar que su sonrisa se borrara.

—¿Por qué? ¿No va a quedarse?

—No. Máscara Mortal y yo nos quedaremos en Atenas. No es por ofender, pero allá hay playa.

—¡Que fiasco!— protestó Saskia.—¿Años sin verlo y va a pasar el tiempo en Atenas? ¡La ciudad está en crisis y hay gadjos malos allá!

—No son malos para mi.

—¡Qué estupidez!— dio un pisotón —¡Cuando estaba aquí no podía soportarlo y ahora que regresa tengo ganas de que se quede!

—Es tu problema.

Insensible de mierda— murmuró la gitana en su idioma natal —De verdad creí que te quedarías.

—Prefiero no hacerlo. Este lugar... digamos que es extraño ya no ser parte de él. No me gusta sentirlo.

Saskia se cruzó de brazos. Tampoco iba a protestar por más tiempo. Sonrió a su maestro mostrando que no estaba realmente furiosa con él. Afrodita le sostuvo la mirada, sin querer admitir que una parte de él se sentía orgulloso. Su ultimo acto de lealtad a Athena, probablemente su mayor paso hacia la redención: le había legado una amazona al santuario. Negó con la cabeza para quitarse esa sensación y echó a andar hacia la salida del templo.

Mientras iban saliendo del templo, volteó hacia su alumna.

—Y nadie te ha echado el mal de ojo, supongo, por la entrada al templo.

—¡Y usted diciendo que no era efectivo, maestro!

Lo acompañó al empiezo del jardín de rosas demoniacas. Afrodita iba a empezar a andar cuando Saskia lo interrumpió con una pregunta.

—¿Ha sabido algo de Shaina, maestro?

El sueco frunció el ceño extrañado ante las ocurrencias de Saskia.

—Claro, Shaina, mi mejor amiga y con la que hablo todos los días.—dijo, sarcásticamente. —No, no sé por qué lo preguntas.

La gitana mostró sus cinco dedos.

—Necesito saber si esa vez si acerté.

Afrodita se encogió de hombros.

—De todas las cosas que posiblemente me interesan, Saskia, la vida de esa amazona y del idiota de pegaso no están en ellas.

—Rayos, tal vez deba preguntarle a Marin.

Afrodita sonrió resignado.

—Por Athena, Saskia, preocúpate de cosas más importantes.

Ella negó con la cabeza.

—Nada de eso: los tiempos de paz son para pensar en tonterías. Usted mismo me lo demostró, maestro.

Afrodita abrió los ojos sorprendido ante tal atrevimiento, en silencio por unos segundos, pero finalmente se echó a reír.

—¡Los dioses de verdad me castigaron con semejante discípula!

—¡Ajá! ¿Soy su castigo por sus malas acciones?— respondió Saskia, también riendo. Creyó que el hombre avanzaría hacia el templo de Athena, pero en su lugar Afrodita volteó hacia ella con los brazos cruzados.

—Anda, antes de que me vaya bailame algo.

Saskia abrió los ojos sorprendida.

—¿Cómo? ¡Pero siempre ha odiado la música que me gusta!

Afrodita asintió con la cabeza y se encogió de hombros.

—Es verdad. Y aun lo hago, pero... no preguntes por qué, quisiera verte bailar una vez mas.

Saskia sonrió ampliamente y corrió a buscar una grabadora bastante grande y un disco. Afrodita la observo plantar todo su material para bailar, con curiosidad. Finalmente la mujer dejó que el disco corriera, y se quedó frente a su maestro y al camino de rosas diabólicas con una pose esperando el inicio de la pieza.

—Uno... dos... tres...— contó la gitana.

Para alivio de su maestro, esta canción no empezaba con sonidos estridentes como otras piezas que Saskia adoraba. Sólo con algunos violines y una voz masculina que cantaba. Saskia comenzó a bailar de forma muy tranquila.

"El vestuario ayuda" se dijo el caballero de piscis, sonriendo. Era verdad que con ropa mucho más nueva y adornada que la de hacía años, algo en Saskia resultaba mucho más hermoso de lo que esperaba. Seguía sin gustarle, pero al menos dejaba de tener esa tentación de ahorcarla y destruir la bocina de antes.

Como un momento suspendido en el tiempo, Saskia mostró sus movimientos que con los años se habían perfeccionado. Daba vueltas, haciendo que tanto las telas en su cabeza y su amplia falda flotaran. Como un remolino de colores, enmedio de los pétalos de rosas que flotaban en el aire. Afrodita por un momento se dio cuenta de que el destino era una fuerza muy extraña: ¿A dónde habría ido Saskia de no ser por la decisión de los dioses de meterla en este camino?

¿A dónde habría ido él?

Seguro no estaría vendo a una gitana bailar especialmente para él justo en este momento.

La hora de la despedida llegó unas horas después. Afrodita, luego de haberse entrevistado con Athena, debía regresar a la ciudad. A la entrada del templo de Piscis, ambos observaban el atardecer sobre el santuario. El día seguía gris y luminoso. El aire hacía que el cabello de ambos se alborotara.

—Bueno, me retiro.— dijo Afrodita.—Veo que no estás haciendo tonterías (más de las normales) con mi casa. Máscara Mortal debe haber terminado con su discípulo también.

—Es una lástima que Shura esté en misión.— comentó Saskia.

—Bah, ya le dije que pase a verme cuando vuelva.— Afrodita hizo una mueca y su mirada de pronto se ensombreció.—Es lo mínimo después del mal rato que me hizo pasar contigo hace años...

Saskia abrió los ojos y la boca escandalizada.

—¡¿Es en serio?! ¿Aún no puede superar eso?

—¡No, no voy a superarlo!— gritó Afrodita, profundamente ofendido.—¿Cómo quieres que supere eso que pasó entre ustedes? ¡Y yo creyendo que Shura era un poco más digno como para andar detrás de la virginidad de una aprendiz como perro en celo! ¡Qué vergüenza!

La gitana se puso un poco roja y rápidamente negó con la cabeza.

—¡Solamente fue una vez! ¡No tenían por qué ponerse tan histéricos usted y Máscara!

—¡Yo creía que Shura tenía escrúpulos! ¡Qué decepción!— se quejó Afrodita. Saskia negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

—Usted tampoco tiene escrúpulos. Ni Máscara.

—No es lo mismo, justamente pensaba que de los tres Shura era el único con un poco de decencia al menos.

—Ahora entiendo por qué la cara de Piscis está llena de esculturas de gente desnuda.— comentó la gitana, más para sí misma que para el caballero.

—Hm... por cierto, en esta semana probablemente vendré por ellas. Quedarán magníficas en el departamento que planeo comprarme en Atenas.

—¿Por qué actúa como si estuviera por irse por siempre, si se va a quedar en la ciudad?

Afrodita se encogió de hombros.

—Estarás muy ocupada. Y yo tendré también muchísimas cosas que hacer como para venir a verte. Falta de tiempo... y sin ofender, ganas también.

Saskia frunció el ceño.

—¿Qué?— protestó Afrodita.—¿Qué más vendría a hacer? Vine para comprobar que todo mi esfuerzo no fue en vano y que te has convertido en una amazona decente. ¿Necesitas algo más de mí, Saskia?

El caballero estaba sonriéndole. Saskia le sostuvo la mirada unos segundos. Por primera vez en muchos años, tenía la sincera convicción de que su maestro era hermoso. Tal vez era por la luz del ocaso, tal vez por su maquillaje, tal vez porque el frío comenzaba a afectarle. La gitana le sonrió también.

—No, maestro.

Algunas personas están destinadas a seguir un camino perfectamente luminoso. Algunos están destinados a ser entrenados por caballeros con un pasado intachable y métodos perfectos. En los ojos de Afrodita la amazona veía esa extraña mezcla de oscuridad y de luz que tanto le aterraban como la hacían sentir tranquila. Finalmente, ¿No había sido también ella una renegada, a la que otras personas temían, una extraña, una ilegal?

—Maestro...— dijo, antes de que Afrodita se diera la vuelta. El caballero la miró una última vez por ese día con la misma altanería de siempre. Siempre tendría la impresión de hablar con una dama, una duquesa, cuando Afrodita la miraba de ese modo. La gitana casi se muerde los labios cuando de su boca escapó una palabra más.

—Gracias.


"Todos preguntan

Madre está sirviendo frijoles

Dios, Dios, todo ha sido comido

Mariquita no puede esperar

Amigos escuchen

Dulces y hermosos niños

La vida es un carrusel

Dios bendiga a marido y mujer.

Jinji Rinji Mariquita

Pequeña belleza

Aléjense, no deseo casarme

Niños. amigos

Amigos escuchen

Dulces hermosos niños

Mariquita, pequeña niña

Eres la mejor, la mejor canción."

FIN

¡Y FIN (por fin) DEL FANFIC!

Bubamara. Empiezo y termino el fanfic con las dos canciones básicas de la película "Gato Negro, Gato Blanco" de Emir Kusturika. Esta canción es una canción popular romaní tomada por el director para la película. Parece ser que los intérpretes son Goran Bregovich o el No-Smoking Orchestra.

Catarina. Para los romaníes la catarina es un símbolo que anuncia una visita, y también trae buena suerte.

Devla. "Dios" en romaní.

Algunas personas manifestaron su inquietud sobre la homosexualidad de Afrodita (o no) en este fanfic. Como ven, lo dejé abierto a la interpretación. Como lo he dicho mil veces, Saskia es sólo un OC, y no pretende ni representar ni estigmatizar a la cultura romaní. Sus locuras son propias.

Muchas, muchas, muchísimas gracias por leer este fanfic hasta aquí.