¡ALERTA DE SECUELA! Se va a entender mejor si se ha leído antes "Littera Minima" y "Cave Helena!". Como pueden intuir, esto es una revisión y una reedición del fic y reconozco que con este en particular llevaba AÑOS sin leerlo. Aquí lo tienen, mejorado y listo para una nueva vida. Sean lindos con él.

¡MIL GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA POR EL TIEMPO QUE SE DIERON PARA CORREGIR MIS DESVARÍOS! Gracias Yukime-chan por tus ánimos y Sonomi-chan por tu sinceridad.

Y muy importante, a Ekléctica, que se dio el tiempo de releer toda la saga, cazando errores que se escaparon, para que les pudiera corregir.

Lo típico. Sumen 3 años a las edades de los personajes propios de la serie (no ha pasado mucho tiempo desde el fin de "Cave Helena!").

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa… aunque últimamente la muy perezosa no se ha quejado en lo absoluto.


ADVERTENCIA.

Principio 121 para ver y entender Manga: El cabello y los ojos pueden ser de cualquier color… de cualquier color.

Se requiere criterio al leer. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


"Imago Mundi: Silva Auri."
(La Imagen del Mundo: La Selva de Oro.)

Capítulo 9: El Árbol de las Luciérnagas.

Algún Lugar del Amazonas

"Hmpf. Mujeres."

Camus se cruzó de brazos. Hacía unas 4 horas que Alsacia no cruzaba ni una sola palabra con él y rehuía sus miradas. No le gustaba: era la primera vez en mucho tiempo que la chica le hacía el quite a sus coqueteos. ¿Cuál era su problema? ¡Bah! Tenía que estar con la luna: Esa era la única explicación lógica que le daba.

El follaje se movió a su izquierda, pero el santo dorado apenas le prestó atención. Sabía de quién se trataba. Cruzó una escueta mirada con su alumno cuando este apareció entre los espesos arbustos, quien asintió con gravedad, y reinició la marcha, seguido de cerca por Hyoga.

¿Qué si amaba a Alsacia? ¡Claro que la Amaba! Nunca antes había sentido eso por una mujer, y se preocupaba de demostrárselo seguido. ¿Por qué de pronto le había hecho esa estúpida pregunta de que si la amaba o no? Bah. Ni siquiera tenía un mugre indicio que le indicara la respuesta. Cierto… no se lo decía con frecuencia, y vaya que tenía razón Alsacia cuando le dijo que sólo se lo decía cuando ella se lo preguntaba, pero ¿no qué acaso un hecho habla más que mil palabras? Él no era un tipo que va corriendo por los prados, lanzando flores y repartiendo abrazos. Tenía una muy peculiar manera de demostrar sus sentimientos, tan peculiar que muy pocas personas le entendían cuando los expresaba, su chica siendo una de ellas. Se veía un tipo frío, insensible, drástico… pero tenía su corazoncito al fondo de aquél glaciar, sólo que muy, muy oculto.

¡Mujeres! Ya entendía ahora cuando su padre y maestro, el antiguo santo Antoine de Acuario, le decía que a una mujer había que amarla y no intentar entenderla, ya que si uno osaba hacer tal cosa, terminaría en el psiquiátrico más cercano, con una camisa de fuerza, un bozal y dentro de un habitación acolchada dando brincos por las paredes.

Camus sacudió su cabeza y frunció el ceño. ¡Sí Amaba A Alsacia! Amaba esa sonrisa y ese espíritu libre tan alegre y espontáneo que tenía y que le contagiaba hasta la misma médula de sus huesos. Amaba sus ojos y su cabello ondulado, esa gracia al moverse que no había visto en nadie, es valentía que tenía de enfrentar su trabajo y la pasión que le ponía a todo. Ella era la única que sabía de su 'real' lado divertido, la única que lo había visto absolutamente relajado y dispuesto a pasarlo bien sólo por el gusto de hacerlo. La única a quién no tenía reparos en abrazar y besar cada vez que se le antojaba, aunque no le daba paso para mucho más que eso, pero bueno: al menos algo era algo. Sí. La amaba… desde que le había visto por primera vez en aquél pasillo del registro civil, el día de la boda de Milo, cuando le apretó las mejillas para forzar una sonrisa que ella creía debía haber esbozado al presentarse. ¿Qué había hecho dudar a su chica de sus sentimientos hacia ella…? Esa mirada… le daba mala espina.


Flashback.

"Ya no importa."

Alsacia le miró con tristeza y cariño, como si se hubiera decepcionado de algo que él había hecho.

Fin de Flashback.


… No la entendía. La conversación de hacía unas horas por algo había surgido, ¿qué habría motivado a su chica a dudar de él? Quizás… quizás… ¡No! ¡NO podía ser posible! ¿Es que Alsacia ya no lo quería y estaba probándose esto? No podía culpar a la chica. Él era frío, le habían enseñado toda su vida a ser así. Aunque fuera ella, de todas maneras le costaba mostrar lo que sentía… Quizás… quizás Alsacia se había aburrido de él y buscaba a alguien más divertido, más acorde con ella.

Bah. Sentir no era algo que un caballero de los hielos pudiera darse el lujo. Alsacia no era así, como él… ella era al contrario, era fuego, vida feliz y alegre como nunca antes hubiera visto en una mujer. Quizás… quizás… ¿se había aburrido de él?… no la culpaba. Las dos novias que había tenido antes lo habían botado por frío y aburrido. ¿De nuevo iba a pasar por lo mismo? ¡¿Con Alsacia?! ¿Con la chica con la que bien podría pasar el resto de su vida? ¡Tenía que ser una broma de pésimo gusto!

Ese pensamiento hizo que su corazón se saltara un latido y se estrujase contra sí mismo. Al contrario de otras ocasiones, no le daba lo mismo que Alsacia lo dejara por ese motivo.

"¿Maestro?"

"¿Sí?"

"¿Le ocurre algo?"

"No."

"¿Seguro?"

"…"

Hyoga se llevó las manos detrás de la cabeza mientras observaba a Camus, quien caminaba delante de él. Hacía rato que el cosmo de su maestro se sentía errático. Pensaba demasiado y en cosas que no le causaban mucha paz interior.

"Está pensando en Alsacia, ¿verdad?"

"…"

"Feh. Si me lo pregunta eso es una pérdida de tiempo."

"¿Por qué dices eso?" Preguntó Camus. Hyoga se encogió casualmente de hombros.

"Porque la mujer esa suele ponerlo así." Comentó el santo de Cygnus. "Lo distrae mucho, maestro, lo hace pensar mucho en las que no debería. Le da muchos problemas."

Camus se detuvo en seco, giró sobre sus talones y encaró a su alumno tan contento como un rinoceronte con dolor de muelas ante su forraje favorito.

"¿De Dónde Sacas Esas Ideas?"

Hyoga tragó saliva.


No lejos de allí.

El brillo de las hojas era descaradamente color dorado. Esto le causaba a Alsacia extrañeza. Nunca se habría imaginado que una planta se vería tan rara de orto color que no fuera verde, y que conste que había visto vegetales raros. Dejó ir la hoja con algo de desdeño.

El Dorado estaba muy cerca. No sabía por dónde, pero lo sentía en sus huesos. Los santos a quienes acompañaban hacía rato que sentían la energía de la ciudad, pero ella era la única que podía ver ese brillo dorado en el fondo de la selva, que los guiaba hacia la ciudad oculta, como un faro en la oscuridad. Se fijó en una sola dirección… al fin el brillo volvía a definirse.

"¿Alsacia?"

"¿Qué pasa, chaparro?"

"Camus y Hyoga ya vienen hacia aquí." Le anunció. "Será mejor que los vayamos a encontrar. Por cierto… ¿Pudiste dar con el brillo de nuevo?"

"¡Claro! ¡Es por allá!" Le dijo mientras le señalaba una dirección determinada.

"¡Muy Bien!" Seiya se golpeó las manos. "Ya estoy ansioso por ir donde ese Nar y darle de patadas."

"Entonces te pones a la cola, que yo también quiero decirle un par de cosas y no me contento si no es con la primicia."

"Feh. Por lo general las damas tienen la prioridad en todo, pero en este caso no me parece." Dijo jovialmente el santo de Pegaso. Se puso las manos detrás de la cabeza. "¿Te parece si le doy un par de golpes, te lo dejo bien tonto y luego te lo paso?"

"¡Jijijiji! Ya que lo pones así…"

Alsacia y Seiya se pusieron a caminar en la dirección en la que estaban Camus y Hyoga 'hablando' de maestro a discípulo. No fue necesario que se adentrasen mucho en el follaje, ya que pronto oyeron sus voces. Ambos se miraron brevemente a la cara al notar que el tono de su conversación y de sus voces no indicaba algo muy… feliz, si se quiere decir de algún modo. Con lentitud se acercaron.

"… el que esté con Alsacia es mi problema y no el tuyo."

"¡Maestro! Disculpe que sea tan honesto, pero ¿Qué no ve que la chica lo perjudica? Usted es un santo de hielo, no un…"

"No necesito que tú me estés recordando mis obligaciones que las tengo bien claras." Camus entrecerró los ojos. "¿Qué tiene que ver que yo sea un santo de hielo? Eso NO me impide tener novia."

"Pero sí una como ella. Más que hacerle un favor, le está haciendo un daño."

Seiya se pasó la mano por la cara. ¿Qué Hyoga NO Podía Dejar La Boca Cerrada? ¡Estaba mucho peor que él mismo! Miró a Alsacia de reojo, con algo de temor. La chica se veía confundida como nunca, escuchaba con más atención de la que hubiera querido la conversación.

"¡¿DAÑO?! ¿De qué hablas? ¿Qué Daño?"

"No se puede dar el lujo de amar a una mujer que no le da la talla, y que…" Camus atrapó a Hyoga por la solapa. Este tragó saliva, pero continuó. "… es chapucera, poco elegante y…"

UNA PALABRA MÁS Y Pasarás un LARGO TIEMPO Congelado!"

"¿Lo ve? Ni siquiera puede usted pensar claro cuando se trata de ella."

"No. Al contrario, pienso muy claro cuando se trata de ella." Gruñó Camus tras soltarlo. "Escúchame Hyoga. Alsacia es mi mujer, te guste o no. NO te metas en lo que no te importa."

"¿Cómo puede siquiera considerarla, maestro? ¿Qué puede ofrecerle ella a usted?"

"¡¿QUÉ HAS DICHO?!" Camus no alzó su voz ni un solo decibel, pero fue tan potente y golpeado el sonido de su voz que fue como si hubiera gritado.

"Nada, Hyoga." Dijo Alsacia de pronto. "No puedo ofrecerle nada."

Camus y Hyoga se voltearon de improviso en la dirección de Seiya y Alsacia. Ninguno los había sentido llegar. El santo de Pegaso se encogió de hombros, pero la chica se quedó estática en su lugar. Bajó la mirada, se giró sobre sus pies y se adentró en el follaje. Los tres santos se quedaron estáticos, aunque pronto Hyoga fue víctima de la furibunda mirada de Camus, quien pronto se adentró en la selva siguiendo los pasos de Alsacia. Seiya lo miró hastiado.

"¡Tenía que ser el Chavo del Cygnus!" Le dijo en tono de reproche. "Se supone que yo era el inocentón del grupo."

El día por fin daba paso a la noche, el cielo estaba teñido con algunas violáceas tonalidades, último vestigio de la luz solar, que pronto darían paso a la oscuridad de la noche. Se detuvo finalmente junto a un gran árbol, que destacaba de entre los demás y parecía como sobrepuesto en la selva… como si perteneciera a una especie foránea al Amazonas. Algunas luciérnagas flotaban en el aire, muy cerca del tronco, algunas estaban posadas en la corteza, dándole un aspecto aún más… calmo. Porque el árbol parecía irradiar tranquilidad. Estas luciérnagas debían ser los primeros seres vivos, aparte de la demencial cantidad de plantas, con los que se topaban desde que habían llegado. El árbol debía medir con facilidad unos treinta o cuarenta metros de altura… desde su base era imposible saberlo, y daba la sensación de que se extendía hacia el infinito.

"¿Als?"

"¿Sí?"

Camus se acercó a Alsacia, quien lo miraba con ojos grandes. Los ojos de ambos intentaban ajustarse a la oscuridad. Él quiso acariciarle la mejilla, pero ella se lo impidió con elegancia.

"¿Qué opinas de mi?"

"¿Por qué me lo preguntas?"

"¡Porque quiero saber!"

"Lo evidente no necesita demostrarse."

"¿Qué es lo evidente?"

"… tú… tú significas el mundo para mi… lo sabes…"

"…"

"¿Als?"

"… ¿Qué quieres de mí? ¿Qué buscas en alguien como yo?"

"…"

Alsacia se dio cuenta en ese momento que había estado algo tensa. Relajó los músculos y emitió un largo suspiro, al tiempo que apartaba su mirada del rostro de Camus. Este la buscó con los ojos, pero no la encontró. Tragó saliva… de pronto se sintió asustado.

"¿Me amas?"

"… Este… ¡Claro que te amo!"

"¿Por qué dudas al decírmelo?"

"¡Nunca he dudado eso!"

"Pero nunca me lo has dicho primero."

"No lo creí necesario." Ni bien dijo eso, se mordió la lengua. Alsacia le miró con los ojos grandes y muy dolidos. "Argh. Alsacia… yo… ¡No te pongas así por la tontería de un chiquillo insolente!" La chica bajó la mirada, con un leve puchero. Camus se angustió. "¿Chérie? No me ocultes tus ojitos…"

"… es que yo…"

"… Dime."

"…"

"¿Mademoiselle?"

"… yo… a veces necesito escuchar que me quieres…" Alsacia se encogió de hombros. "A veces me gusta escuchar que me amas…"

"Yo te amo"

"Sólo cuando te lo recuerdo."

"…"

"…"

"¿A qué viene todo esto?" Preguntó Camus tras una larga pausa. "Primero lo de esta tarde, luego lo de ahora. Quisiera saber qué pasa para poder solucionarlo."

"No seas tan analítico, te lo he dicho millones de veces. NO pasa nada… tan sólo de pronto me di cuenta… de… yo…"

"¿De qué?"

"… de… que esto no va para ningún lado. Hace un tiempo que es así… y ahora… me doy cuenta… que a lo mejor no soy quien…"

"Als…" Camus bien hubiera dado un paso atrás, pero no lo hizo. "No digas nada más. Tú eres la chica para mí. Punto." Le tomó las manos entre las suyas, se sentían muy frías.

"¿En serio lo soy?"

"Por supuesto."

"…"

"…"

"¿Soy importante para ti?"

"¡Claro!"

El semblante de Alsacia era uno de pena. Pese a la oscuridad, ambos se pudieron ver directo a los ojos casi sin problemas. Las luciérnagas flotaban ajenas a todo eso: algunas se habían posado entre los cabellos de la pareja. Ambos sintieron un vacío en el estómago.

"Si soy tan importante para ti, ¿por qué siempre me escondes?" Preguntó de pronto Alsacia frunciendo el ceño y soltando sus manos.

"¿De qué hablas?"

"¡En un año no le dijiste nada de mi a tu alumno! Nunca le has hablado a tus padres de mí, y sé que has tenido las oportunidades, y prefieres que estemos lejos del Santuario cuando tenemos ratos libres lo más que puedes"

"¡¿NO estarás enojada por…?!"

"¿Enojada? ¿Yo? ¡¿POR ESO?! ¡NUNCA!" Alsacia se quedó en silencio. "No estoy enojada ¡Sería perder el tiempo! Nada más… Estoy dolida: eso es diferente."

La sorpresa en el rostro de Camus se manifestó en una neutralidad digna de una máscara de amazona.

"… nunca me lo habías dicho…"

"Sí. Siempre te lo digo."

"No… nunca me lo habías dicho."

Alsacia se encogió de hombros tras pasarse la mano por la cara. No insistió… eso quería decir que tenía razón. La chica tenía una filosofía extraña: para ciertos casos, si tenía la razón, pelear era un sin sentido, ya que de todos modos saldría ganando. Este parecía ser uno. Alsacia dio un par de tentativos pasos para alejarse. Camus le sujetó el brazo.

"Suéltame." Dijo con suavidad. Camus le soltó. "Ya estamos casi en los muros. Creo que un par de horas más llegamos…"

"Alsacia…"

"… no quiero seguir hablando."

"Yo sí."

"… déjame en paz. Me quedó claro lo que piensas de mi."

NO, no te quedó claro!"

Alsacia no le respondió y siguió caminando. Una vez más sin discutirle nada. Camus sintió un vacío en las tripas, el mismo que su chica estaba sintiendo, y tomó una profunda bocanada de aire. Se quedó solo unos momentos bajo aquél gran árbol. Una sueva brisa pareció acariciarle las mejillas… fue como un gesto de consuelo.

Como si lo hicieran a propósito, algunas luciérnagas fueron tras de Alsacia, dejando un rastro luminoso de su huella.


Alguna celda en El Dorado.

"¿Miguelito? ¿Sigues con nosotros, hermanito menor?"

"¿Pa – Pachamama?" Murmuró de pronto Miguel extrañado, en medio de su debilidad. "Sí… apenas…"

Desde esa tarde que apenas sí podía mantenerse despierto, respirar le provocaba un daño enorme y consumía su energía como una esponja seca. No estaba en condiciones de hablar con nadie. Ya era noche y, como aprovechando el descuido del anciano y el guerrero que le protegían y servían, esta apacible sensación de calma y alivio le inundó el cuerpo, como si le quisiese dar un descanso. Pachamama estaba de visita y fiel a su naturaleza, le hacía algunos mimos. Miguel miró por entre los dorados barrotes hacia fuera… aquella presencia no se sentía como la noche anterior.

"¿Pachamama…? ¿Qué te ocurre?" Preguntó con debilidad.

"tienen miedo, Miguelito, mucho miedo de perderse el uno al otro… tienen que saberlo… no te olvides." Oyó que la tierra susurraba palabras que el viento llevaba a sus oídos, voz muy femenina y casi imperceptible.

"¿Quiénes, Pachamama?"

"los que se acercan…"

"… no… no te entiendo… habla claro, Pachamama."

"Lo entenderás pronto, Miguelito… ¡Nar se acerca! ¡Resiste!"

El viento cesó, al igual que la voz. Miguel cerró los ojos con cansancio. El anciano se acercó a él y puso un paño mojado en su frente. El Rey Dorado se sumió en un sueño intranquilo.

Se oyeron pasos en el calabozo.

Continuará.

Por
Misao-CG.


Próximo Capítulo

"Se tranquiliza contigo, Milo. Es como si te sintiera."

"¿Qué? ¿Qué no era que se ponía todo inquieto cuando me acercaba?"

"Lo que pasa que con todo lo que ha pasado las últimas horas, cuando te presiente cerca, se tranquiliza." Explicó Alisa devolviéndole la sonrisa, que pronto borró de su rostro. "¿Estás bien? Abajo hace mucho frío." Milo le acarició la mejilla.


PS: Sip. La crueldad fluye por mis venas. No puedo evitarlo, así es la vida. Por cultura general, Pachamama es la Madre Tierra para los Incas y las culturas que ellos dominaron. Ya saben… los veo la próxima semana, o antes si me inspiro. ¡Les doy las gracias por su preferencia y espero verlos en el próximo episodio! ¡GRACIAS POR LEER!