Ya habían pasado los dos días faltantes para que Mabel regresara a la mansión. Durante esos días la pareja de enamorados no había salido de la mansión, estaban ocupados en sus "asuntos privados", pero ambos sabían que eso les traería resultados pero no se abstuvieron a las consecuencias.

Pacifica se había despertado antes y decidió ir a buscar la gema que Mabel le había encargado, no la buscó antes pues había estado muy ocupada. Tomó su diario, se bañó y cambió pero los mareos y náuseas de repente la empezaron a hacer sentirse mal, demasiado. Se había pasado toda la mañana en el baño con las náuseas y los vómitos causando que Dipper despertara. Rápidamente el castaño se cambió, había oído a la rubia en el baño devolviendo la comida y no pudo evitar preocuparse.

-Pacifica...¿Estás bien?.- Preguntó tocando dos veces la puerta del baño en el que estaba la rubia.

-Si, si, no te preocupes, solo tuve unos pequeños mareos y náuseas, es todo.- Y nuevamente se volvió a oír como la rubia devolvía la comida y en el rostro del castaño ya se hacía una expresión de asco.

Cuando ya se sintió mejor, cepilló sus dientes, lavó y secó su rostro para luego salir pero con un rostro algo pálido.

-¿En verdad te sientes bien? No lo pareces.- Preguntó algo preocupado y viendo como apenas si podía salir sujetándose en la pared.

-Si, estoy bien.- Respondió con una sonrisa ladina.

Dipper también sonrió y cuando la rubia se dirigia a caminar a la puerta de la mansión para salir en busca de la gema casi cae al suelo de no haber sido porqué el castaño la sujetó entre sus brazos. -Paz, no estas bien. Lo mejor es que vayamos al doctor, no puedo dejarte así.-

-No..no te preocupes, estoy bien.- Insistió para luego levantarse, era muy necia.

-Pacifica, algo no está bien. Tú no estás bien y no puedes salir así, mírate, pareces un zombie.- Replicó Dipper al ver a la rubia abriendo la puerta para salir.

-No te preocupes por mi, no soy una niña, yo sé cuidarme sola.- No dijo mas y se fue.

Dipper quedó pensativo. Aquellos síntomas en Pacifica eran raros, de un día para el otro se puso mal, algo no estaba bien. En fin, no podía pensar sin el estómago vacío por lo que decidió preparar el desayudo para tres personas, pues sabía que su hermana iba a llegar en solo cuestión de horas.

Dipper había terminado de preparar su desayuno y se sentó en la mesa a tomar su taza de café mientras seguía pensando lo de hoy en la mañana.

-Fue algo..extraño.- Pensó. -Sus mareos, las nauseas, el desmayo, ¿Será posible?. No, por supuesto que no, me estoy anticipando a las cosas. Ella no puede..- Y justo cuando iba a concluir su pensamiento la puerta se abrió de golpe sin previo aviso para dejar ver a una Mabel enojada. -Mabel..¿Qué te pasó?.- Preguntó Dipper al ver a su hermana frustrada.

-Nada que te importe.- Respondió la castaña de mala gana entrando con sus dos maletas y cerrando la puerta. Dejó sus maletas tiradas en el suelo y se aproximó a sentarse en una silla de la mesa para hablar con su hermano gemelo.-Tienes que quitarle el diario a Pacifica.- Dijo mientras le daba un sorbo a su taza de café la cual Dipper ya le habla dejado lista.

-¿Que?.- Interrogó muy confundido el castaño al escuchar las palabras prominentes de su hermana. -¿Estas loca?, No le quitaré el diario, ella me odiaría y ya no seríamos pareja, no terminaré con ella ni por todo el poder absoluto.- Exclamó Dipper a la defensiva dejando su taza de café en la mesa.

-Tendrás que elegir entre el diario o la rubia.- Habló Mabel tomando a su hermano por el cuello de su camisa mirándolo con los mismos ojos del mismísimo Satanás

-Pero yo..no puedo hacerlo, yo la amo y aunque mi vida dependiera de ese diario no la obligaría a dármelo.- Respondió Dipper aun siendo sujetado por su hermana la cual lo lanzó al suelo al oír su respuesta-

-Pues vas a tener que quitárselo, no me interesa si por conseguir ese libro tienes que terminar con tu noviecita. QUIERO ESE DIARIO, GLEEFUL.-

-No Mabel, no terminaré con Pacifica solo por un capricho tuyo.- Respondió Dipper muy enojado levantándose del suelo y sacudiendo su ropa.

-Tendrás que hacerlo o si no la rubia se muere hoy.- Mabel subió las escaleras haciendo oír el taconeo de sus zapatos en toda la mansión.

A Dipper en verdad no le importaron las palabras de su hermana, siempre decía lo mismo o algo similar y jamas cumplía con lo que afirmaba.

Mabel ya encerrada en su habitación sacó su bolso un pequeño sobre blanco y una sonrisa maliciosa y macabra se formó en su rostro el cual se reflejaba en el espejo que estaba frente a ella. -Si tú no terminas con ella. . . .Yo haré que ella termine contigo.- Se habló a si misma para luego caminar hacia la puerta de su habitación y salir para llegar nuevamente hacia su hermano.

El joven de cabello claro tomaba un sorbo de su taza y miraba por el rabillo de su ojo como su hermana se sentaba nuevamente al lado de él. -Hermanito...- Dijo ella con una sonrisa fingida y poniéndole mucha atención a su hermano.

-Ya te lo dije, Mabel. No terminaré con Pacifica.- Habló de manera seria Dipper.

-No. No, no, no, no. Está bien, no te obligaré a ello. Si tú quieres estar con tu rubia teñida está bien.- Respondió ella aun con esa extraña sonrisa en su rostro.

-Que rara estas hoy..- Mencionó el castaño dejando su taza de café en la mesa.

-Ajá, si. Hey, mira eso.- Añadió Mabel señalando a un lugar opuesto a ella a lo cual Dipper miró engañado. Mabel aprovechó para sacar aquel sobre de debajo de la manga de su camisa, abrirlo con rapidez e introducir un polvo fino y blanco en la taza de su hermano y luego simular que nada pasó.

-¿Que había?.- Preguntó Dipper algo confundido.

-No, nada, creí haber visto una cucaracha voladora. Ya sabes, hay muchas en la época de verano.- Respondió sonriendo y riendo de manera nerviosa.-

-Ajá...- Respondió el castaño enarcando una ceja desconfiado para luego tomar nuevamente su taza de café y beber un sorbo.

La sonrisa de Mabel se desvaneció. Pero no porqué algo le haya salido mal, si no porqué sabia que dentro de algunos momentos debía empezar con su plan.

Dipper empezó a sentirse mal, los mareos y dolores de cabeza lo invadieron. Todo se volvía borroso pero aun estaba consiente.

Mabel empezó a acercársele apoyando sus manos en las piernas de su hermano y viéndolo con una ladina sonrisa. -Hermanito...te ves algo cansado..- Le mencionó lentamente y pasaba su mano por la entrepierna de su hermano llegando a su miembro y acercándosele mas para rozar sus labios con los de él.

Dipper se hallaba en un trance completo, para él todo se volvía borroso y él se volvía cada vez mas débil. -Ma..Mabel..¿Qué demonios estás haciendo?.- Mencionó algo enojado.

-Solo déjate llevar, hermano..- Respondió Mabel y todo para Dipper se volvió negra oscuridad.

Pacifica se había demorado mas de lo que creyó pero lo consiguió, consiguió la gema que tanto se había pasado la mañana y parte de la tarde buscando. Pero toda esa mañana y parte de la tarde se la había pasado con las náuseas y los mareos pero tuvo que soportar, debía de soportar para poder haber encontrado esa gema. Pacifica se dirigió lo mas rápido que pudo a la mansión.

Al entrar no vio a nadie, solo vio que la mesa estaba con dos tazas de café casi llenas. Pudo intuir que Mabel había regresado, pero Dipper no estaba, decidió ignorar ese pequeño detalle y buscar a Mabel; tal vez estaría en su habitación.

Al menos las nauseas y los mareos ya habían pasado. La rubia subió entusiasmada a la habitación de la castaña con la gema y su diario en sus manos. -¡Mabel, ya tengo la gema!.- Exclamó sonriente la rubia. Pero cuando vio lo que había pasado, supuestamente, en la habitación de la castaña toda esa sonrisa se le borró y algo se quebró dentro de ella.