Hello!
Espero que estén bien… muy bien!
Deseando este nuevo invento mío sea de su agrado! Saluditos :)
…
Después de todo, algo bueno salió hoy. Resultaba que montar en moto era mi nueva cosa favorita.
Vaya que era divertido.
La emoción de sentir la rugiente moto debajo de mí era algo que no estaba esperando. El viento se extendía por mi sweater como si no fuera rival para su poder. Había pasado mucho tiempo desde que me había encontrado disfrutando de algo por lo que estaba conmocionada cuando escuché mi propia voz en el aire. Todos mis sentidos estaban martilleando cuando la moto paró unos pocos minutos después.
—¡Eso fue increíble! —grité, sacándome el casco de la cabeza, olvidando ser cuidadosa —. Ouch— lamentablemente, no era tan experta como pensaba porque prácticamente desprendí mi cabeza al tratar de quitar el casco. Froté mi mandíbula con la mano y situé el casco de regreso al asiento.
Peeta rió ante mi torpeza, pero aún estaba mirándome la mandíbula como si de un buen chiste se tratase.
—¿De verdad nunca has estado antes en una moto?
Sacudí la cabeza. Fue entonces que noté que nunca me preguntó dónde vivía, y sin duda no estábamos en algún lugar que yo conociera.
Estábamos en un mirador, en la playa.
Una playa costosa.
De la clase alta.
—Está bien, sé que dije que nada de cena romántica, estrellas y esas cosas, pero este es mi momento favorito del día, y pensé que tal vez querrías dar una caminata conmigo. ¿Estás enfadada?
Estaba a punto de decirle que estaba demasiado cansada para algo así cuando me di cuenta de que ya no estaba cansada para nada. La adrenalina del aventón me había dado un segundo aire. Eché un vistazo al mar. Con bastante seguridad, la luna había comenzado a hacer su entrada. Había visto la playa de noche siendo decorada por la inmaculada luna muchas veces en el rompeolas con Rue y siempre era preciosa, claro que era la playa más concurrida... Aquella en donde nunca faltan las parejas que van a literalmente hacer el amor frente a todo el mundo, donde unos chicos amenazan tu salud mental por el alto volumen de la música proveniente de sus jeeps, en pocas palabras nunca había podido disfrutarla completamente.
—No, no estoy enfadada —dije dubitativamente—. Podemos caminar o quedarnos aquí
Peeta parecía complacido consigo mismo y se quitó con un encogimiento de hombros, la chaqueta de cuero y su casco. Los puso en el pequeño cajón que se ubicaba prácticamente al final de la moto, de ahí extrajo dos bolsa de papel de diferentes tamaños y bajó el camino hasta la playa. Caminamos en silencio, lado a lado. Las farolas distribuidas por casi toda la playa alumbraban con todo su esplendor logrando que la arena pareciera de un ocre intenso.
Lo miro, la sorpresa debe de mostrarse en mi cara, estaba esperando una "cita" no romántica y sin embargo, me trajo a mi lugar favorito en la tierra. Una playa casi que aunque fuese de noche se veía más hermosa y tranquila que de día. Simplemente no está jugando limpio, pero de nuevo, no me conoce lo suficientemente bien como para saber mis preferencias, así que sólo se lo atribuyo a la suerte de su parte.
―Vamos ―exige mientras tira de mi mano, mil sensaciones me seducen cuando me lleva a la arena. Estoy un poco mareada por el hecho de que sigue manteniendo mi mano en la suya, incluso aunque lo seguí. Los callos ásperos en sus manos contra mi piel suave son una sensación de bienvenida. Casi me pellizco para asegurarme de que no estoy soñando. Caminamos a la playa junto a un montón de toallas y ropa que supongo que pertenece a los dos chicos saliendo y entrando en el agua. Caminamos en silencio, ambos viendo a nuestro alrededor mientras trato de averiguar qué decir.
Cuando llegamos a unos tres metros de la arena mojada, Peeta finalmente habla. ―¿Qué tal aquí?
―Claro, aunque hubiera traído mi traje de baño si hubiera sabido que vendríamos a la playa ―respondí con ligereza, mis nervios dan un paso al estúpido humor como hacen normalmente. Sintiendo mi falta de valentía e intensificados nervios ahora que realmente estamos solos, sólo él y yo
Si pudiera rodar los ojos para mí en este momento, lo haría.
―¿Quién dijo algo de trajes? Estoy a favor de la inmersión desnuda- Bromea y me congelo ante el comentario, mis ojos se abren, y trago con fuerza. Es extraño que la idea de quitarme la ropa con este hombre terriblemente guapo me inquiete a pesar de que ha puesto sus manos sobre mí… bueno no tanto tiempo como hubiese querido pero el hecho es que lo hizo.
Peeta estira su mano libre y pone un dedo debajo de mi barbilla, levantando mi cabeza para poder encontrarme con sus azules e increíbles ojos.
―Relájate, Everdeen. No te comeré viva. Dijiste que querías ser casual, así que estoy dándote algo casual. Pensé que podríamos aprovechar el clima inusualmente cálido ―dice soltando mi barbilla y entregándome una de las bolsas de papel para poder extraer de la segunda una especie de manta, para después colocarla en la arena―. Además, cuando me desnude, será en un lugar mucho más privado para poder disfrutar de cada lento y segundo enloquecedor de ello. Así podré tomarme mi tiempo y mostrarte exactamente para lo que está hecho ese sexy cuerpo tuyo. ―Levanta la vista, con los ojos brillantes y la boca deseosa de volverse una sonrisa maliciosa.
Suspiro y niego, insegura de mí misma, de mi reacción hacia él, y de cómo debo proceder. El hombre me puede seducir con palabras solamente. Esa definitivamente no es una buena señal, viendo la forma en que si sigue así estaré entregándole mis bragas a en cualquier momento.
Me agito bajo la intensidad de su mirada y la dirección que mis pensamientos tomaron.
―Toma asiento. Te lo prometo, no muerdo. ―Sonríe.
―Eso lo veremos. ―Resoplo en broma, pero accedo y nos sentamos en la manta, distrayéndome de mis nervios quitándome los botines. Me quito los calcetines, libero mis pies y muevo mis dedos, que están pintados de vino intenso, en la arena. Me pongo de rodillas, y envuelvo mis brazos alrededor de ellos, abrazándolos hacia mi pecho―. Es hermoso aquí afuera. Estoy tan contenta de que la de que la luna brille con tal intensidad esta noche.
-Mmm Ok ―murmura él mientras se acerca y retira de mis manos la otra bolsa de papel a la vez que mete la mano en la bolsa ―. ¿Tienes hambre? ―pregunta sacando dos paquetes envueltos en papel deli blanco, seguidos de una barra de pan francés, una botella de vino y dos vasos de papel―. Voilá ―anuncia―. Una muy sofisticada cena de salami, queso provolone, pan francés, y un poco de vino. ―Las comisuras de sus labios se mueven ligeramente hacia arriba como si fuera a ponerme a prueba. Como si comprobara para ver si realmente estoy bien con un ambiente informal, con una cena de bajo coste de este tipo en una tierra de ostentación como nuestro entorno, de glamur, y de pretensión… aunque sí de ostentación hablamos su querida novia se llevaría el premio. Clove tendría un infarto en este momento si Peeta la hubiese traído a la playa para cenar tirados en la arena.
Lo miro con cautela, sin gustarme los juegos ni las pruebas, pero creo que alguien en su lugar probablemente sería más cuidadoso con los demás. Por otra parte, es él que me pedía una cita, aunque todavía no estoy segura de por qué.
―Bueno, pensé que si te decía que no quería nada costoso y romántico, harías todo lo contrario. Creo que debí esforzarme un poco mas ―digo secamente, poniendo los ojos en blanco―, pero tendrá que ser suficiente ―termino.
Él se ríe a carcajadas, mientras saca el corcho del vino, lo vierte en las tazas de papel, y me da uno a mí.
―¡Por la simplicidad! ―Brinda con buen humor.
―¡Por la simplicidad! ―Estoy de acuerdo, toco su taza y bebo un sorbo del vino dulce y sabroso―. Wow, una chica… en este caso yo, podría acostumbrarme a esto ―reconozco. Cuando él me mira con duda, continúo―: ¿Qué más puedo pedir? mar, arena, frescura, comida…
―¿Una cita con un increíble y fascinante cirujano? ―Bromea mientras parte un pedazo de pan, las capas de provolone y delgadas rebanadas de salami, y me lo entrega en una servilleta de papel. Lo acepto con gracia, mi estómago gruñe. Había olvidado lo hambrienta que estoy.
―Gracias ―le digo, mientras tomo la comida de él. Tomo un bocado del improvisado sándwich, y gimo con aprecio por la mezcla de pan fresco y deli―. ¡Esto está realmente bueno!
Él asiente de acuerdo conmigo.
—Me gusta esto —dije, insegura de lo que estaba diciéndole que me gustaba, la comida o la compañía. Suponía que me gustaban ambas.
Suspiró.
—A mí también. ¿Pero no somos los mejores conversadores, verdad? —Tomó otro bocado de su sándwich sin romper nuestro contacto visual—. Me aseguraré de dar un cómodo silencio sobre una incómoda conversación cualquier día.
—Eso es un eufemismo —dije—. De cualquier manera nunca he sido una gran admiradora de las conversaciones sobre mí.
—Igualmente —responde, limpiando las comisuras de sus labios con una servilleta de papel.—. Entonces, ¿sobre qué hablan dos personas que no quieren hablar de sí mismos y que obviamente quieren mantener sus secretos guardados en el armario?
—Nunca dije que tenía secretos.
—Pero sí los tienes —asegura—. Es obvio.
—¿Obvio? Claro que no, yo no soy de las que anda llorando o riendo por los rincones- ―confieso, terminando mi bocado
—No, no eres de esas. Pero tampoco eres de las que asimila completamente su potencial―dice encogiéndose de hombros sin pedir disculpas
—¿Potencial? ¿Qué es esto un casting? Si mal no recuerdo estábamos hablando acerca de los secretos, no de mis defectos y virtudes.
―¿Entonces cuál es la historia ahí? ¿La que quieras contarme hoy?
—¡Oh! Eso me hace sentir mucho mejor, ahora soy tu cuenta cuentos.
—Tal vez algún día puedas contarme los tuyos.
—Probablemente no —le dije—. ¿Vas a contarme los tuyos?
—Probablemente no. —Me sonrió—. Aunque aún quiero saber cosas de ti, o quizás puedas comenzar con tu intento de asesinato
—No es gran cosa, solo Clove tenía una deuda pendiente conmigo.
—¡Claro! Nunca me lo imaginé, pensé que esa era tu manera de expresarle tu cariñó- niega agarrando otro pedazo de queso, doblándolo en el pan- Me imagino que es tu manera de cobrar lo que ella me dijo ¿No?
—Tenías razón con lo que dijiste ese día en el hospital. Clove, no es mi persona favorita en el mundo… muchas veces me la he imaginado mientras la estrangulo- al terminar mi comentario, esperé la simpática sonrisa de Peeta, solo que su expresión estaba en blanco.
— ¿Qué tenían los bombones?
—Sulfamida, una pequeña porción
Peeta aparta los ojos de mi mirada por primera vez desde que llegamos a esta playa. Puedo sentir su malestar con este tema de conversación. Una rareza para un hombre tan confiado y seguro de sí mismo en todos los demás ámbitos de la vida. Él mira hacia el tumultuoso océano y se queda en silencio durante unos momentos, con una mirada indescifrable en su rostro duro.
—Sinceramente, no te puedo juzgar. Sé que Clove no es la mejor persona del mundo… tiene esta cosa de Diva tan dentro de sus huesos que muchas veces tiende a ser un poco egocéntrica, pesada e insensible- dice con lo que siento una tristeza resignada en su voz- Pero ella… en el fondo es buena persona, no la mejor del mundo pero si tiene sus momentos de bondad- niega enfáticamente, todavía negándose a mirarme a los ojos, su mirada sigue a un chico que monta una pequeña y oscura ola en lugar de escapar de ella.- Supongo que fue mala suerte que esos bombones terminaran en mis manos. Ahora podemos cambiar de tema, lo último que quiero es hablar de Clove en este momento.
—Así que- vacilo mientras empiezo a preguntar sin pensar. - ¿Háblame de tu bestia?
—¿Perdón?
—Motocicleta, corrijo
—¿Bestia? ¡Te atreves a llamar a mi BMW, bestia! Definitivamente te estás ganando un par de bombones envenenados- Peeta deja escapar una gran y larga risa- Es una BMW K1300 S. Tiene cuatro cilindros. Puede alcanzar los 280 kilómetros por hora y tiene 164 caballos de fuerza. La compré hace aproximadamente tres años y medio, tuve que hablar con mi padre y mis hermanos para que cada uno me prestara dinero para poder comprarla. En un principio la quería de color azul eléctrico pero en cuento vi este modelo, me enamoré.
-¿La usas para carreras o cosas así?- Él echa la cabeza hacia atrás y se ríe a carcajadas antes de volverse hacia mí.
-No soy para nada un corredor, solo la tengo porque es… hermosa, increíble, perfecta y
-¿Una moto?
-No, es LA MOTO- Él toma un sorbo de su vaso de papel. Suspira y me observa detalladamente con los ojos llenos de humor y una gran sonrisa.-Entonces, ¿Cardio? ¿Por qué?
-En realidad, siempre lo tuve claro desde el momento en que me aceptaron en la facultad de medicina. Creo que básicamente se lo debo a mi profesora de biología en la secundaria, cuando en el laboratorio entregó un corazón de res por equipo para examinarlo. Gran parte de las chicas del salón o se desmayaron o vomitaron… gracias a eso la profesora solo dio clases a los alumnos que se mantuvieron en pie. Fue la mejor clase que tuve en la secundaria. Ese corazón estuvo por casi dos horas en la mesa para que yo hiciera lo que quisiera con él. Ese fue el comienzo, creo que terminé de enamorarme en el momento en que pude sentir los latidos de uno contra mi palma después de que mi jefe de residencia se diera por vencido con un trasplante, fue increíble, tanto que lloré después de haber salido del quirófano ―Suspiro, no teniendo suficientes palabras para expresar los sentimientos que tengo―. Hay muchas cosas que no puedo ni siquiera empezar a explicar.
―Eres muy apasionada al respecto. Te admiro por eso ―su tono es serio y sincero.
―Gracias ―contesto, tomando otro sorbo de vino, encuentro sus ojos―. ¿Y tú?
—Era lo único que faltaba en mi familia- responde rápidamente- No mentira, no tengo una historia como la tuya. Pero elegí neuro porque es lo que me apasiona, además los traumatólogos y los Urólogos no conquistan tan rápido como un neuro… esa razón también influyó―Él se encoge de hombros, con una media sonrisa en sus labios mientras mira hacia el agua
―Y después de todo este tiempo, ¿todavía disfrutas de ello?
―Soy bueno en eso ―dice.
―Eso no es lo que pregunté.
Él mastica la comida, reflexionando cuidadosamente sobre mi pregunta.
―Sí, supongo que sí. No hay otra sensación que me guste. Soy parte de un equipo, y sin embargo, estoy sólo conmigo ahí. No tengo a nadie de quién depender, ni culpar si algo sale mal. ―Puedo sentir la pasión en su voz. La reverencia que todavía tiene por su especialización―. En ese quirófano, puedo escapar de mis problemas, de las rutinas ...para enfocarme en los de otro, en los de alguien que depende directamente de mi. El único miedo que tengo es lo que he creado por mí, de creer que hice algo bien y eso pudo empeorar el esto de alguien, de conformarme, de rendirme.
La mirada de asombro en su rostro me dice que me ha dado más de lo que esperaba en una respuesta. Que está sorprendido por su inesperada honestidad conmigo. Quito el malestar de él sintiéndose vulnerable al apoyar mis brazos hacia atrás y levantar mi cara hacia el cielo.
—Por eso el Ipod— agrego sin detenerme
—El Ipod ayuda a que la burbuja se cierre completamente. Puede sonar un poco estúpido, pero de verdad le tengo una fe increíble— La media sonrisa que se dibujó en sus labios, rápidamente fue copiada por los míos
—¿Qué tipo de música tienes ahí?
—Un poco de todo, éxitos de los ochenta y noventas. UB40, Michael Jackson, Guns N' Roses, Bob Marley, Beatles, Jay-z, Coldplay, Maroon 5, Red hot… la lista es larga ¿Quieres que continúe?
—¿Y Madonna, Taylor y Beyonce?
—Estas bromeando, ¿Verdad?— juro que me llevó todas mis fuerzas aguantar mi risas— Soy un hombre por lo tanto escucho música de hombres. Mi ipod está preparado para explotar en caso de que esas canciones se agreguen a la lista de reproducción. Me disculpo si te gustan, ya sabes lo que dicen: entre gustos y colores…
—No han escrito los autores, tranquilo. De hecho muchos de los que nombraste son mis preferidos también.
Esperé alguna respuesta de su parte, como por ejemplo alegrarse porque coincidíamos en algo, sin embargo sucedió todo lo contrario. Peeta centró por completo su atención en el chico que trataba de surfear a esta hora.
―Es tan hermoso ―digo respirando el aire fresco y hundiendo mis dedos de los pies en la arena fría.
―¿Más vino? ―pregunta mientras se mueve para sentarse más cerca de mi lado. El roce de su brazo desnudo contra el mío deja zumbando a mis sentidos.
Murmuro en señal de asentimiento mientras señales de alarma se apagan en mi cabeza. Sé que tengo que crear una cierta distancia de él, pero es demasiado condenadamente atractivo. Irresistible. Nada de lo que esperaba y sin embargo todo lo que había previsto. Sé que tengo que aclarar mi mente porque él está nublando mi sensibilidad.
―¿Así es como lo imaginabas, Peeta, cuando me preguntaste en la biblioteca si quería salir contigo? ―Vuelvo mi cabeza y me encuentro cara a cara con él, su cabello está despeinado, sus labios son carnosos, sus ojos brillantes. Aguanto la respiración, congelada en el momento de que todo lo que tomaría es que me apoye para sentir sus labios sobre los míos de nuevo. Para probar su hambre carnal como lo hice anteriormente en la convención.
Él me muestra una sonrisa.
―No exactamente, para mi primer intento pensé el invitarte a cenar en un restaurant y después ir a esta heladería que tiene el mejor chocolate con queso en toda la cuidad. Pero entonces no aceptaste y para el segundo casi tercer intento me pediste que no hiciera nada de cenas costosas, entonces así es como llegamos aquí. ―admite, pero puedo sentir que nuestra cercanía le está afectando demasiado porque puedo ver el pulso en su garganta acelerarse. Su nuez se mueve con un trago de saliva. Puedo llevar mis ojos de regreso a sus palabras no dichas, que fluyen entre nosotros―. Realmente tienes los ojos más inusuales y magníficos que he visto ―me dice, sus palabras son un aliento de susurro.
No es como si no hubiera escuchado eso antes de que mis ojos son por decirlo únicos y poco inusuales, de que son de color gris con motas verdes y algunos destellos claros , pero por alguna razón, oírlo de él hace que un deseo vaya en espiral por mí. Campanas de advertencia suenan otra vez en mi cabeza.
—Diablos— la palabra escapa de mis labios y rápidamente rezo para que el sonido de las olas no le haya permitido escucharme.
—¿Qué ocurre? Dime
—No deberías decirme cosas como esas, Peeta— aseguro, apartando mi mirada de la suya y posándola en el pequeño montículo de arena que he formado con mis pies.
—¿Por qué?
—Porque quiero besarte y eso no está bien
—¿Por qué? —Pregunta y su tono es exigente.
—Tienes novia
—¿Y?
—No soy una roba hombres— Y no, no lo soy. No me parezco en lada a ella. No quiero hacerlo.
―¿Katniss?
Levanto mis ojos para encontrarme con él, con temor en mi corazón.
―Sólo haré esto una vez. ¿Tienes novio? ―La seriedad de su tono, así como la pregunta misma me toma por sorpresa. No esperaba esto porque creo que él ya sabría la respuesta, digo, ninguna chica comprometida estaría dispuesta a sacrificar sus jueves y viernes para dar clases de psicología. Creo que más sorprendente que la cuestión en sí, es la forma en que lo pregunta. .
Niego con mi cabeza proporcionándole la respuesta que espera y tragando con fuerza.
―¿Nadie a quién estés viendo casualmente?
―Esas son dos preguntas. ―Bromeo, tratando de sacudirme los nervios deslizándose por mi espalda. Cuando no sonríe, y sostiene mi mirada en cuestión, niego otra vez―. No, ¿por qué? ―respondo sin aliento.
―Porque quiero saber que está de pie en mi camino...― Inclina la cabeza y me mira mientras mis labios se abren en respuesta a su boca que de repente está muy seca―... Me gustas, hay algo que en ti que no logro entender pero que me exige que me mantenga cerca de ti. No te estoy pidiendo un compromiso, solo quiero que parte de tu tiempo lo compartas con el mío.
—Esa no soy yo, no soy de las que le gusta estar en el medio.
—No soy de los que deja pasar las oportunidades, las buenas oportunidades- ―Peeta revolotea su aliento en mi cara mientras la expresión de sus ojos me traga entera―. Una vez que me acueste contigo, Katniss, podré responder cada una de las preguntas que rondan por mi mente, satisfacer más que mi curiosidad, mi necesidad.
Oh. Maldita. De. Mí. ¿Cómo pueden esas palabras, tan posesivas, tan predominantemente masculinas, hacerme que lo deseé mucho más? Soy una mujer independiente, segura de mí misma y sin embargo, oír a este hombre, sí, a Peeta Mellark, informándome que me tendrá sin preguntar, sin darme opción, me hace sentir débiles las rodillas.
―Puede que no sea esta noche, Katniss. Puede que no sea mañana por la noche ―promete, el estruendo de su voz vibra por mi cuerpo―, pero sucederá. ―Mi respiración se corta hasta que se detiene, lo que permite que sus palabras penetren en mí antes de continuar―. ¿No lo sientes, Katniss? Esto ―dice señalando con una mano entre él y yo―, ¿esta carga que tenemos aquí? La electricidad que tenemos cuando estamos juntos es demasiado fuerte como para ignorarla. ―Bajo mis ojos, incómoda con su exceso de confianza aun excitándome por sus palabras. Toma una mano y la extiende, la chispa a la que se está refiriendo se enciende cuando su dedo índice se arrastra hasta la parte inferior de mi cuello hasta mi barbilla. La mueve hacia arriba para levantar mi barbilla para que me vea obligada a mirar en las profundidades de sus ojos―. ¿No tienes un poco de curiosidad de lo bueno que será? Si es tan electrizante con sólo el roce de nuestra piel uno contra el otro, ¿puedes imaginar cómo será cuando esté enterrado dentro de ti?
La confianza en sus palabras y la intensidad de su mirada pulsa en mí, y aparto la mirada hacia abajo, hacia el mar. La parte racional de mí sabe que él solo quiere salirse con la suya conmigo, siguiendo adelante. Y aunque le gustaría que entrara en ella, todavía estaría devastada al final.
Es sólo que no quiero pasar por eso otra vez. Tengo miedo de sentir de nuevo para que vuelvan a dejarme. Miedo de tener una oportunidad para las consecuencias antes de que se altere la vida para mí. Uso mi miedo para alimentar mi obstinación, sin importar lo salvaje del paseo, las inevitables consecuencias no valen la pena para mí.
―¿Estás tan seguro de ti mismo, que tengo que aparecer para el evento? ―le digo con arrogancia, esperando que mis palabras cubran el profundo dolor del que él es responsable de crear en mi cuerpo. Su única respuesta a mi pregunta es una sonrisa de infarto. Sacudo mi cabeza hacia él―. Gracias por el aviso, Mellark, pero no, gracias.
―Oh, Katniss ―advierte entre risas―. Ahí está esa boca inteligente que me parece tan interesante y sexy. Desapareció por un tiempo por los nervios. Estaba preocupado. ―Se acerca y aprieta mi mano―. Ah, y Everdeen, para que lo sepas, esa no fue una advertencia, cariño. Fue una promesa.
Y con eso, se inclina sobre sus codos sobre la manta, con una sonrisa arrogante en su rostro, el desafío está en sus ojos mientras mira fijamente hacia mí. Viajo por el largo de su delgado cuerpo con mis ojos. Mis pensamientos corren a cómo debo resistirme a este hombre sobre todo, imprudente, con problemas, e impredecible, cuya continua pelea verbal me pone incómoda. Me hace desearlo. Agita sentimientos y pensamientos que no sabía que están ahí. Y sin embargo, en lugar de voltear hacia otro lado como debo hacerlo, lo único que quiero hacer es subirme a horcajadas aquí mismo sobre esa manta, pasar mis manos por los firmes músculos de su pecho, hacer un puño con mis manos en su cabello, y tomarlo hasta que me rinda a todos mis pensamientos racionales.
Valiente lo miro a los ojos otra vez porque sé que está mirando mi valoración de su cuerpo. Me aseguro de que mis ojos no reflejen nada del deseo que estoy sintiendo.
―Entonces, ¿qué hay de ti? ―le pregunto, regresando a él- ¿Por qué tan mal es psicología?
—No voy mal— refuta con algo de enfado— Es solo que Haymitch no se conforma con que le recite la teoría, quiere hacerme sufrir. Para mí es una complementaria totalmente inservible… no te ofendas, pero soy cirujano, las personas que vienen a mi o que caen en mis manos lo hacen porque saben que algo les ocurre y quieren que lo remedie. Te puedo asegurar que no quieren que me siente en una mesa con ellos a tomar café y preguntarles por sus vidas para después responder "¿Y cómo te sientes con eso?"
―Bueno, en cierto punto entiendo lo que dices pero tienes que reconocer que es necesaria, tanto para examinar, evaluar y en el peor de los casos encontrar la mejor forma de notificar una perdida ―admito.
―Tienes mucho Haymitch dentro de ti. Deberías alejarte un poco del viejo. ―dice, su expresión se anima, con los ojos muy abiertos en una mirada simulada de horror.
―Es imposible que tenga algún parecido con Haymitch
―Puedo hacerte una pregunta indiscreta—Una expresión ausente se asentó en su rostro mientras me observaba sin perder detalle alguno de mi posible reacción.
―Me has dicho un montón de cosas indiscreta y ahora te da pena preguntarme algo
―Digamos que es un tema un poco delicado
―Adelante
―Tú y el… Haymitch, ustedes…
―¿Qué?... ¡Oh por Dios! Claro que no, no no no. Jamás
―Está bien, tranquila. Solo era una pregunta.
―¿Por qué?
―¿Por qué, qué? — Repite
―La pregunta, a qué se debe
―Curiosidad— agrega como si nada, restándole importancia a mi pregunta con un pequeño gesto de su mano
―¿Cuántas personas creen que me acuesto con él?
―En realidad no lo sé, es solo que Haymitch te protege tanto que… provoca cierta confusión en mi percepción. — Sus grandes ojos azules parpadearon rápidamente y la sonrisa regresó a su rostro. A donde sea que haya ido mentalmente, había regresado.
―Nunca me he acostado con alguna persona del hospital… el único fue… bueno, ya sabes
―Está bien, te creo. De verdad… oye sobre lo que sucedió ese día en los vestuarios
―Ya sé que lo sientes. Los veintitantos mensajes que recibí me lo dejaron claro. — contesté con una sonrisa de suficiencia.
―Sin embargo no respondiste
―Orgullo. Te Molesta si ahora soy yo la que pregunta
―Suéltalo.
―¿Por qué Clove?... Sé que dijiste que no querías hablar más de ella pero… Digo, había tantas chicas que te perseguían y fue ella la que ganó ¿por qué?
―Clove es… fue la opción más segura. La única que no representaba ningún tipo de riesgo, fue fácil y seguro
―Debo conformarme con esa respuesta
―Sí, de verdad no quiero hablar de Clove.
—Sabes algo de mí que nadie más sabe. Además, esa sería una bonita forma de recompensarme por todas esas cosas feas que dijiste de mí y sinceramente quiero saber cómo dos personas que son capaces de decirse que se aman pueden engañarse el uno al otro.
―Mi hermano… el te ha dicho esas cosas
―No, tu novia
―¿Qué hay que decir? No me gusta el drama, el sistema de puntos de quién aporta qué, la expectativa del próximo paso a tomar, tratando de averiguar si hay un motivo oculto para que esté conmigo... ―Se encoge de hombros―. En lugar de lidiar con esa mierda, prefiero estar con una mujer que conozco, que conozco la manera en la que piensa, sé lo que quiere y lo más importante sé que no me espera ningún tipo de sorpresa a su lado. Esto simplifica las cosas.
―Sin embargo estas prácticamente ofreciéndome que me acueste contigo.
―No te estoy mintiendo, es lo que quiero. Como te dije en un principio acostarme contigo sería algo así como… satisfacer una necesidad
―Así que, un tipo con problemas de compromisos. ―Pongo los ojos en blanco―. ¡Como si eso fuera algo nuevo! ―Él se queda callado, aún con lo que pienso de él, de esto, de todo―. Entonces, ¿qué es lo que estabas esperando? ―continúo con sorna―. ¿Qué acabe de mirar tus hermosos ojos azules, deje caer mis bragas y abra las piernas cuando admites que te gustan las mujeres en tu cama, pero que no las dejas entrar en tu corazón? ―A pesar de mi sarcasmo, estoy siendo brutalmente honesta. ¿Cree que el hecho de que sea quien es, voy a negar toda mi moral?
―No estaría mal si lo haces en este momento, de hecho lo disfrutaría mucho ―Su pronunciación lenta, moviéndose a su lado, apoyando su cabeza en su codo. Una sonrisa lenta se extiende por su rostro―. Te aseguro que el romance no es algo al que me adhiero activamente. No hay tal cosa como felices para siempre.
La romántica empedernida en mí suspira profundamente permitiéndome ignorar su comentario y la sonrisa en su cara me hace olvidar todos los pensamientos en mi cabeza, porque él es, de hecho, un maldito atractivo y sus ojos son tan fascinantes.
―¿No puedes estar hablando en serio? ¿Por qué el desapego emocional? ―Niego sin comprender―. Pareces ser una persona muy apasionada en cambio.
Él se mueve en la manta, acostándote sobre la espalda y poniendo sus manos detrás de su cabeza, exhalando con fuerza.
―Para mí, la pasión no tiene nada que ver con el romance― Le miro sin comprender― Puedo llegar a hacerte sentir la pasión mas arrolladora que tendrás en tu vida pero te juro que nunca daré pie a una romántica relación entre nosotros. Y antes de que lo preguntes, mis padres me aman, mis hermanos siempre están para mí, no siento ningún tipo de impulso a cortarme o mutilarme, no me atrae eso del cuero y los látigos. Ah y tengo un perro que también me ama.
Lo miro, tratando de descifrar su laberinto verbal de explicaciones mientras él se queda en silencio durante unos minutos antes de estirar una mano detrás de su cabeza y colocarla en la mía. Me deleito con esa rara señal de afecto de él. La mayoría de las veces cuando nos tocamos es explosivo, incluso carnal. Rara vez es simple. Poco exigente. Tal vez por eso me gusta el calor de su mano filtrándose a través de la parte superior de la mía.
Todavía estoy pensando en lo que dije a pesar de la distracción de su toque.
―No estoy de acuerdo. ¿Cómo puedes…?
Me detengo a media frase cuando tira de mi brazo y en segundos me pone en la manta, miro su cara cernirse sobre la mía. No estoy segura de cómo es posible, pero mi respiración se acelera y se detiene al mismo tiempo. Él muy lentamente, deliberadamente usa una mano para quitar un cabello errante de mi cara, mientras los demás se apoyan sobre la base de mi cuello, justo bajo el pliegue de mi barbilla.
―Este lunar es sumamente atractivo― señala delineando la pequeña mancha ubicada justo bajo mi mandíbula― debe sentirse increíble besarte ahí mientras tu pulso está acelerado
―¿Estás tratando de cambiar de tema? ―le pregunto tímidamente, mi corazón está desbocado y el deseo florece en mi vientre. Su toque deja cargas eléctricas en mi piel como un reguero de fuego dejado en todas partes donde me toca.
―¿Está funcionando? ―respira, ladeando la cabeza para estudiarme.
Aprieto los labios y reduzco mis ojos en mis pensamientos.
―Mmmm... No, aún tengo algunas preguntas. Me dijiste que tenías un perro, quiero saber de él. ―Una sonrisa juega en mis labios cuando lo veo, él me mira.
―Entonces podría tener que hacer algo al respecto, ah y Diver es un bóxer tiene un año humano lo que quiere decir que tiene siete años perro. Le encanta jugar y ver películas conmigo ―murmura como con minuciosa lentitud, bajando la cabeza hasta que sus labios son un susurro sobre los míos. Lucho con el impulso de arquear la espalda para que mi cuerpo pueda presionar contra el suyo―. ¿Y ahora?
¿Cómo es que estamos al aire libre, pero me siento como si todo el oxígeno se hubiera ido? ¿Por qué, pues, tiene este efecto sobre mí? Trato de respirar lentamente y todo lo que huelo es a él, a madera, a limpio, se trata de una embriagadora mezcla que es puro hombre moderno y atractivo.
No puedo encontrar mi voz para responder a su pregunta, así que sólo le doy un evasivo:
―Continua. ―Estoy ajena a todo lo que nos rodea: a las personas nadando, a las olas rompiendo, la luna sobre el mar
Debido a nuestra proximidad, no puedo ver sus labios, pero sé que sonríe porque veo las líneas arrugar las esquinas de sus ojos.
―¿Debo tomar eso como un sí o debo tomar eso como un no? ―me pregunta enunciando cada palabra lentamente a medida que acaricia mis labios. Sus ojos tienen los míos, una luz los atraviesa. Cuando todo lo que hago es respirar una bocanada de inestable aire en reacción, la respuesta es―: Entonces, supongo que sólo te tomaré.
Y con esas palabras, su boca baja a la mía.
Establece un lento, hipnótico ritmo de besos ligeros que acarician mis labios. Cada vez que pienso que me dará lo que quiero, profundizar el beso, se aleja. Él se apoya en un codo junto a mí, y levanta esa mano para acariciar la parte de atrás de mi cuello. Su otra mano lentamente se desplaza hacia abajo a un lado de mi cuerpo, a lo largo de mis líneas y se detiene en un lado mi cadera. Me agarra ahí, agarra mi carne a través de mis pantalones vaqueros y presiona mi cuerpo más cerca de él.
―Tienes un cuerpo sumamente delicioso ―murmura entre besos. Los disturbios de la sensibilidad que está causando en mí son a la vez estimulantes y atormentadores. Paso mis manos bajo su polo, hasta las llanuras de su torso y espalda, sintiendo la fuerza allí y el juego de músculos definidos juntándose mientras se mueve conmigo, mientras continúa su lánguido asalto a mis labios.
Si fuera la mujer inteligente que pretendo ser, me gustaría dar un paso atrás un momento y racionalmente evaluar la situación. Me doy cuenta de que Peeta es un hombre acostumbrado a conseguir lo que quiere sin preámbulos ni precaución.
Y en este momento me desea. Lo ha probado directamente, consiguiendo llegar a la búsqueda del punto y básicamente tenerme contra una pared a los diez minutos de conocerlo. Intentó la coacción, enojarse, e incluso admitir que no es un novio perfecto, ni quiere compromisos con otros, ni relaciones. La parte racional de mí reconoce esos hechos y se da cuenta de que ha fallado en el reto hasta el momento, por lo que ahora se está moviendo hacia la seducción. Diría que está cambiando su enfoque ahora, tomándose su tiempo haciéndome sentir y hacer que lo deseé también. Dejar que esta situación sea a mi manera ahora. Me cuenta que esto no tiene nada que ver con las emociones y el deseo de "un después" conmigo, sino que está tratando de meterme en su cama de la manera que pueda.
―¿Y después qué? ― él no responde, solo se limita a ignorarme como si no hubiese dicho nada o como si mis labios fuesen más importantes― ¿Después de que me acueste contigo qué?
―Eso no suena como una negativa. ¿Ya aceptaste? ― Su boca adora a la mía con lentitud, lamiéndome ociosamente con su lengua, rozando mis dientes, y acariciando mis labios. ― No lo sé, supongo que sabremos qué hacer cuando lleguemos ahí
―Yo no corro riesgos, Peeta
―Pues es hora de que te acostumbres. Porque lo que estoy pidiendo de ti es peligroso y una total falta de respeto―se burla contra de mis labios mientras paso mis dedos por el cabello de la parte posterior de su cuello y trato de tirar de él más cerca, para poder ceder a la formación de ampollas de necesidad que ha construido dentro de mí para que tome más.
―Te equivocaste entonces, no soy de las que cambia todo el patrón de su vida solo por pasar una noche caliente, en una cama caliente y con un hombre…
―¿Caliente?
―No, comprometido.
―Si la respuesta es no, preferiría que usaras otra excusa que mi relación. Tengo bastante claro que los sentimientos de Clove son lo que menos te importan
―Eres frustrante… hablar contigo es frustrante ―suspiro de frustración, porque ahora sus labios se mueven constantemente por mi cuello dándome besos con la boca abierta hasta llegar a mi lóbulo de la oreja, haciendo pequeñas chispas de escalofrío en su camino.
Puedo sentir su sonrisa dibujarse contra el punto hueco debajo de mi oreja, en respuesta a mis palabras.
―Eres de las que no corres riesgos. ―murmura― del tipo de mujer que siempre se queda asomada en la ventana viendo lo que le pasa a los demás, agradecida por la protección de la casa pero deseando ser la vecina que camina por la acera. ―Se retira de mi cuello para que su rostro se cierna a unos centímetros del mío. No hay duda del deseo que nubla sus ojos cuando se fusionan con los míos. Él se repite a sí mismo― No soy de los que le gusta pedir algo, solo voy y lo tomo. Pero si tengo que rogar para que accedas, créeme que lo haré y no me rendiré hasta tenerte donde quiero y cuando yo lo quiera.
Ni siquiera tengo un momento para registrar sus palabras antes de que su boca se aplaste hacia abajo en la mía. Esta vez no se contiene. Sus labios poseen los míos desde el momento en que nos tocamos. Él ordena el beso con una ardiente pasión que tiene a mi cabeza dando vueltas, mi cordura se vuelve un reflujo, y mi cuerpo desea. Él me besa con tanta hambre no correspondida, que es como si se volviera loco si no me degusta. No tengo más remedio que subirme a la ola que es su control porque estoy tan atrapada como él.
Su lengua es como un dardo en mi boca degustando un vino antes de que se vaya y tira suavemente de mi labio inferior. Yo arqueo mi cuello, lo que le ofrece más, deseando que tome más porque no puedo tener suficiente de su embriagador sabor.
Me deleito con la sensación de él. Su mano se extiende por mi cadera con propiedad. El peso de su pierna, que está doblada y apoyada sobre la mía, presiona su evidente erección en mi cadera. Su boca se controla, tomando, y dando todo al mismo tiempo. Los bajos gruñidos de deseo que emanan de lo más profundo de su garganta son puro aprecio, diciéndome que lo excito. Que me desea.
Podría quedarme en esta suspensión de deseo todo el día con Mellark pero el sonido de risa acercándose me regresa a mis sentidos. Me lleva a la conclusión de que estamos afuera, a la vista del público. Peeta acaricia mis labios suavemente una vez más mientras escuchamos a los otros chicos caminando a varios metros de distancia a sus toallas. Sus manos se mantienen tomando mi cara y aunque apoya su frente contra la mía, los dos tratamos de calmar nuestra entrecortada respiración.
Cierra los ojos un momento, y tengo la sensación de que lucha con su control. Frota su pulgar atrás y adelante en mi cuello y clavícula, una suave caricia que me calma.
―Gracias a Dios tengo a un Cardiólogo cerca en este momento. ―Suspira, besando la punta de mi nariz―.Siento que mi corazón va a estallar
―Si algo de esto sale mal, créeme que tengo el poder para herirte. Tienes razón, me gustas y te deseo… tanto que sinceramente Clove me da igual en este momento pero tú tienes mucho más que perder. Ser tu asesora me da cierto poder sobre ti― Pongo mis manos en su pecho y lo empujo lejos mientras me levanto para sentarme, me estiro de nuevo para tomar mi vaso de plástico de vino. Peeta me lo da mientras toma el suyo y sorbe.
―Eso es bueno, quiere decir que ya estamos en la misma página―Él me muestra una sonrisa diabólica antes de reírse a carcajadas, echando la cabeza hacia atrás, viendo la mirada de asombro en mi cara.
―No he aceptado todavía―Sonrío, arqueando una ceja, pensando que he encontrado el equilibrio y tirado la pelota en su cancha.
Él se inclina cerca de mí, su respiración calando en mi cara y la diversión bailando en sus ojos.
―Bien, al menos acabo de hacer que admitas que va a suceder y que estas advirtiéndome lo que pasará su llegara a lastimarte y ahora que lo pienso bien no te he escuchado decir no y marcharte
Mis ojos se abren mientras me doy cuenta de en lo que acabo de entrar de buena gana. No puedo evitar la sonrisa que rompe mis labios mientras tomo la maligna picardía suya. Sacude la cabeza y cuando sus ojos se apartan de los míos dice:
―Si te sirve de algo, te juro que nunca me arrepentiré de obligarte a salir conmigo. Esta es sin duda la mejor cita que he tenido
―¿Estás tratando de decirme algo en una manera indirecta? ―pregunto, tratando de averiguar el énfasis en su punto.
―No ―dice, con una sonrisa iluminando su rostro―. Estoy haciendo una observación. Eso es todo.
En este caso en el tiempo es cuando me siento como que estoy viendo al verdadero Peeta Mellark, a la desenmascarada versión con una vulnerabilidad que me hace desear llegar a más y quitar el dolor que muchas veces parpadea en esos ojos verdes y hacerlo mejor. Demostrarle que el amor y el compromiso son posibles sin complicaciones. Esto es real y puro y mucho más poderoso de lo que nunca imaginó cuando se construye y comparte entre dos personas.
Siento un dolor fantasma en mi corazón como si un trozo se arrancara, no mentiré diciendo que no quería que nada de esto pasara. Sin embargo, me hubiese gustado que se acercara por razones un poco distintas y no pidiéndome ser la otra.
Supongo que es algo que va en mis genes.
Herencia, quizás.
Finalmente rompo el contacto visual, bajando mis ojos de nuevo para ver mis dedos recoger mi vaso. Sé que nunca llegaré a expresarle esto a él. Nunca tendré la oportunidad. En algún momento en un futuro próximo le entregaré mi cuerpo de buena gana a pesar de que mi cabeza me dice que es un error. Me deleito en este momento con él que está lleno de reverentes suspiros y cuerpos entrelazados, y me sentiré devastada cuando camine y desaparezca después de que se harte de mí. Trago las lágrimas que queman el fondo de mi garganta por ese momento en el tiempo por venir.
Levanto la vista hacia él, con una mirada sincera en la cara.
―Gracias, Peeta. Realmente tuve un buen momento...
―A pesar de la pesada conversación ―añade cuando me detengo en mi comentario.
Me río de él.
―Sí, a pesar de los pesados temas, pero tuve una semana muy larga y estoy exhausta ―me disculpo―. Por lo que creo que es mejor si nos vamos.
―Está bien, como buen caballero que soy tengo que llevarte a casa, sana y salva.
Le ayudo a empezar a recoger la comida sobrante y a colocarla en la bolsa a medida que intercambiamos informales comentarios entre nosotros. Empiezo a ponerme los calcetines y los botines de nuevo cuando dice:
―.Eso, mis asesorías y psicología, no tiene nada que ver con esto ―dice señalando entre los dos. ―No estoy aquí solo para recibir una buena calificación.
―Supongo que tendrás que demostrarlo entonces.
La luna se había levantado en su máximo esplendor, regalándome un paisaje increíblemente hermoso, en silencio caminamos de regreso hacia la moto. Al llegar a ella, Peeta repitió todo el proceso que había empleado para ayudarme a subir a su motocicleta, mientras que yo le indicaba mi dirección.
Por lo menos tenía la esperanza de que disfrutara el viaje de regreso…
Obviamente no fue así, estaba lo suficientemente cómoda como para desear estar en cualquier otro lugar.
Tal vez si le dijera que quiero ir a otro lugar…
―Esa es mi torre ―señalo hacia edificio verde y blanco que se encuentra ubicado casi al final de la aldea universitaria y frente a las áreas verdes de la universidad. Él se detiene detrás de un árbol justo al frente de la enterada a la pequeña torre, empujando el botón para silenciar el ronroneo sexy del motor. Las farolas están encendidas y la más cercana a la casa se mantiene parpadeando y se apaga a intervalos impares. Puedo oír a un perro que ladra a varias calles más abajo y el olor a césped recién cortado cuelga en el aire. Se siente como casa, como normalidad, por fuera las torres eran una buena opción pero al entrar digamos que el panorama cambiaba.
Peeta baja de su motocicleta, deja su casco en el asiento y viene por el lado de la moto por el que se supone debo bajar, extiende una mano para ayudarme a salir de mi asiento. Agarro mi bolsa a mi pecho, de repente incómoda en el momento en que me dirijo a mi edificio con la mano de Peeta en la parte baja de la espalda. Me vuelvo hacia él, apoyando la espalda contra la gruesa reja de acero. Muerdo mi labio inferior entre los dientes y con preocupación atrás y adelante mientras mis nervios parecen estar sacando lo mejor de mí. ―Bueno... gracias por una salida tan agradable ―le digo mientras miro alrededor de la calle incapaz de mirarlo a los ojos. ¿Tengo miedo de que esto pueda ser todo? Por supuesto que no, porque sé que tendré que verlo por el trabajo. Entonces, ¿por qué de repente siento una mezcla de inquietud y tristeza al separarme de él? ¿Por qué estoy pateándome mentalmente por no haber tomado la oferta de ir a otro lugar de aceptar ser... Lo que el sugiere?
Dios mío como se supone que lo haga si no puedo siquiera decirlo
Peeta se acerca y coloca un dedo debajo de mi barbilla, volviendo mi cara para que me vea obligada encontrarme con sus ojos. ―¿Qué pasa? Cada vez que comienzas a quedarte atrapada en el momento y manejas la sensación, algo parpadea por tu cara y te retiras. Tiras hacia atrás y ya no estás disponible. Embotellas esa seguridad y toda esa pasión potencial tuya en cuestión de segundos. ―Busca mis ojos cuestionándome, sus dedos son firmes en mi barbilla para que no pueda apartar mis ojos―. ¿Qué ocurre?
Sus ojos exploran los míos en busca de respuestas que no estoy dispuesta a darle. El músculo se mueve en su mandíbula en frustración por mi silencio. Sus facciones, oscurecidas por el cielo de la noche, están tensas, esperando mi respuesta. La vacilante farola crea un fuerte contraste con sus emociones en conflicto. Puedo sentir mi muro de protección crecer a su atención no deseada. La única manera que sé cómo hacerle frente, cómo mantenerlo a distancia, es a mi vez hacerle yo una pregunta a él.
―Podría hacerte la misma pregunta, Peeta ¿Qué ocurre si acepto y dentro de algún tiempo decido que no es suficiente para mí? ¿Qué quiero más?
Él sube sus cejas por mi táctica, su mirada es concentrada nunca vacilante.
―Te puedo asegurar que nos detendremos antes de que eso suceda. Y si eres tú la que en algún momento se cansa, hasta ahí llegamos…
―¿Y tú? ¿Qué pasa si eres tú, el que se canse o quiera… más? ―lo interrumpo, mis palabras salen apenas en un susurro y me cortan la respiración.
―No, no puedo pedirte algo que no quiero― Él mueve el pulgar de mi barbilla y lo arrastra por encima de mi labio inferior. ― Y con respecto a cansarme, no lo creo. Si me lo hubieses preguntado en la biblioteca te hubiese dicho que soy de los que se aburren rápido pero después de estar contigo en la playa no creo que pueda cansarme de ti.
―Tal vez soy una buena chica, Peeta. Una a la que no le van estas cosas.
―Ahora eso ―susurra de nuevo hacia mí―, puedo entenderlo. ―Sus respuestas me sorprenden, reafirmo mi suposición de que en realidad oculta algo suyo. O huye de algo.
Se inclina lentamente, rozando un reverente, beso en la punta de mi nariz, su ternura es inesperada, y quiero capturar este momento en mi mente. Deleitándome en él. Suspiro sin poder hacer nada, nuestras frentes se tocan brevemente.
―Buenas noches, Katniss― se inclina hacia atrás, alejándose completamente. Toma el cierre se su chaqueta y lo sube completamente para después girarse y dirigirse hacia su moto
Corre el riesgo… eres mejor que Clove. Demuéstraselo.
Sinceramente, creo que Peeta solo dio unos tres pasos, cuando me apresure a alcanzarlo. Tomando su brazo y aplicando un poco de fuera logré que se girara… no si antes tropezar conmigo
―Si
―¿A qué? ―pregunta tratando de estabilizarse ―Hoy te ofrecí dos cosas, ¿A cuál te refieres?
―Sabes a cual, pero si tu puedes asegurarme que me alejaras antes de que se cree un vinculo entre nosotros, yo también tengo una regla
― Adelante― me animó
―Solo yo… y no, no es un compromiso el que te pido. Estoy resguardando mi salud
―Hasta ahora no tengo la capacidad de multiplicarme, así que no tenías que preocuparte por eso o por tu salud. Soy cuidadoso. ― Se inclinó y apoyó su mejilla sobre la mía. Su aliento me hizo cosquillas en la oreja cuando habló.― Pero si es lo que quieres, no tengo problema con eso
―Y quiero tus exámenes de sangre. Yo te daré los míos
―Me parece perfecto― respondió. Él no iba a hacer esto fácil para mí. Los pequeños vellos de la parte de atrás de mi cuello se erizaron.
―Ok
―Ok. ¿Terminaron tus peticiones? ¿Puedo besarte ahora? ― antes de que pudiese responder, me besó en el cuello, volviéndose cada vez más audaz. Cada vez más cerca sus pequeños besos se deslizaban hacia mi boca y cuando sus labios acariciaron la comisura derecha de mis labios… una risita nerviosa escapó de mi boca.
―Lo…Lo siento es solo…
―No te disculpes, me gusta ponerte nerviosa― y ahora sin demora alguna unió sus labios a los míos, esta vez no fue una risita nerviosa lo que escapó, mis piernas se rehusaron a cooperar en el instante en que su lengua acarició mi labio inferior. Instintivamente su mano derecha se apretó en la parte baja de mi cintura, pegando prácticamente todo mi cuerpo al suyo y logrando que mis manos tomaran su cuello para ajustarlo a mi estatura.
La mano que se ubicaba un poco mas debajo de mi cintura, tomó un el extremo inferior de mi sweater y subiéndolo un poco logró introducir su mano. Mi cuerpo se estremeció levemente cuando la calidez de su mano conectó con mi piel.
Según el reportero del clima, está noche era mejor andar abrigado porque se esperaban lluvias desde la tarde hasta bien entrada la madrugada. Si tuviese en frente en este momento al reportero juro que podría reírme de él y del gran abrigo que seguro llevaría.
No podía tener mejor abrigo que este
No podría querer más algún otro tipo de calor, que el que proporcionaba el cuerpo de Mellark
No querría que nadie más ocupara su lugar en este momento
No me importaba… puedo vivir con esto.
….
