Ifára no estaba.
Y como no estaba en el barco, si no pululando por el pueblo en compañia de algun compañero de tripulacion, Ace se permitio asi unos minutos de soledad pensante y tranquilidad.
Tras la hora de comer, la niña se marcho a realizar aquellas tareas en tierra firme, asi que Ace decidio permanecer en su camarote sobre la cama, con la vista clavada en el techo y la cabeza dolorosamente confusa, culpable y castigadora.
No sabia cuanto tiempo paso de semejante manera, dandole vueltas una y otra vez a los hechos acontecidos recientemente, torturandose aun mas cuando recordo el tema de la libertad junto a su infidelidad y las disculpas de Ifára, cosa que solo consiguio que Ace se sintiera aun mas rastrero y peor persona que nunca.
¿Que podia hacer?
¿Que debia hacer?
Ace ya no sabia nada ni quien tenia la razon, si él mismo, Thatch, Marco, Circe, su conciencia o su instinto. Era doloroso y confuso, o dolorosamente confuso, no pudiendo contener el joven comandante un gruñido quejumbroso acompañado de la expresion dañada de turno. La cabeza, ademas de liosa, le dolia por la falta de sueño, y los ojos le picaban como mil demonios por la misma razon, que era una de esas personas que precisan de dormir profundamente horas y horas eternas.
Y asi, sin darse ni cuenta, los ojos de Ace comenzaron a cerrarse solos de vez en cuando, que era la hora de la siesta y, encima, el calor lo amodorraba aun mas, volviendolos a abrir por pura tozudez. A la cuarta o quinta vez que esto paso, el muchacho pirata desistio del intento por mantenerse despierto, sucumbiendo a la tentacion de relajarse y no pensar en nada.
Solo un ratito, se murmuro a si mismo justo antes de, sin poder evitarlo, caer preso de un pesado sueño y quedarse dormido.
(Cambio de escena)
El aullido de los lobos desgarro el cielo como una cruel sentencia.
Ante semejante cancion que presagiaba una muerte lenta y dolorosa para aquel que estuviera lo suficientemente cerca de escucharla, la muchachita acelero el ritmo al igual que su respiracion.
Sobre la nieve blanca y brillante que contrastaba con un cielo nocturno y asfixiante, sin estrellas, solo de Luna redonda e incluso rojiza, sus pies recorrieron veloces el camino perdido entre arboles secos y cortantes, enganchandose su capa roja y gruesa en las ramas.
Pero a ella no le importo en absoluto, sobre todo cuando sus oidos atentos de niña en peligro escucharon una nueva tanda de aullidos aun mas cercanos que la anterior.
La chiquilla lloriqueo, transformando la caminata veloz en una carrera por su supervivencia, recorriendo aquel bosque sin rumbo fijo mientras, de vez en cuando, frenetica y aterrada, giraba la cabeza para cerciorarse de que los lobos todavia no la habian alcanzado. Aunque estaban cerca, muy cerca. Demasiado cerca.
Debio ser por el miedo, por las piernas temblorosas, los enganches en las ramas o bien por el destino y su mala suerte, que la pobre muchacha dio un traspies peligroso y cayo de bruces contra el suelo de nieve helada en el peor momento posible.
Quejumbrosa, se revolvio sobre la superficie fria, tratando de incorporarse rapidamente para cerciorarse, desesperada, que su tobillo habia sufrido la peor de las desgracias y se habia torcido, doliendo ahora como mil demonios. Aun asi, sabiendo que su vida pendia de un hilo y dependia de ello, la niña de capa roja trato de levantarse igualmente, lograndolo a duras penas. Intento echar a correr de nuevo, pero casi ni pudo dar una zancadita debido al dolor lacerante de su pierna herida, empezando a llorar silenciosa mientras le dirigia al cielo asfixiante una miradita de suplica, buscando a alguna divinidad compasiva.
Entonces, los aullidos volvieron a resonar aun mas cerca, pareciendo ahora una risa cantarina y en conjunto debido a la situacion de su futura y dulce presa.
No pudo la chiquilla ni tener tiempo de asustarse, cuando un murmullito de pasos la hizo dar un respingo. Con mirada llorosa, aterrada y temblando, la niña rebusco por los alrededores al ser culpable de dicho ruido tan excesivamente cercano, topandose para su total horror y desagradable sorpresa con aquel animal que, mas rapido, habia alcanzado sus pasos eficazmente.
Un lobo de proporciones considerables, fuerte y con aspecto peligroso, se detuvo en seco a su lado pero manteniendo una distancia prudencial, observando a la chiquita de capa roja y capucha igual de espesa entre curioso y amenazador.
Ella no se atrevio a moverse, porque algo en los ojos ambarinos de aquel lobo salvaje la congelo, permaneciendo estatica mientras, entre asustada y curiosa, que siempre seria curiosa, analizaba la mirada del animal asi como su extraña actitud observadora.
Parecia que la andaba contemplando con sorpresa mas que con ganas de devorarla, olfateando el aire gelido con aspecto perdido para agitarse un par de veces, haciendo que su pelaje oscuro, casi negro, brillara silbante bajo la luna rojiza.
Supo la niña entonces que aquel lobo no pertenecia a la manada asesina que la andaba siguiendo, si no que cazaba solo, no sabiendo ella exactamente si habia encontrado un peor depredador o, en cambio, un amigo.
-¿A donde vas, caperucita?- Le dijo Ace a aquella muchacha, pero de su garganta solo salio una especie de ladrido imposible de entender para ella, que los oidos humanos hace mucho dejaron de comprender el idioma de otras especies, observando como la chiquita parecia tan asustada como confusa. No supo exactamente porque, pero apelo a su compasion, que no era de vital necesidad el comer niñas perdidas cuando tantas otras bestias peligrosas plagaban el bosque.
Asi que, el lobo llamado Ace se dio la vuelta, dispuesto a largarse de alli y abandonarla a su suerte. Si el destino queria, la manada de lobos a la que él nunca perteneceria la alcanzaria, o bien ella se salvaria si no era su momento. Eso, solo el destino lo sabia, y Ace no era quien para oponorsele.
-¡E-espera!- Grito ella temblorosa, confusa y no sabiendo demasiado bien que hacer, elevando una manita temerosa hacia él en busqueda de un amigo.
Ace volvio a darse la vuelta, que su voz le resulto, extrañamente, imposible de ignorar, atravesandole cada letra como un balsamo calmante por todo su cuerpo y cada cabello de su pelaje.
Y, sin esperar mucho mas, como adivinando cada sensacion que se adueñaba del lobo, la chiquita se retiro la capucha con velocidad, descubriendo un rostro redondeado de facciones preciosas y un cabello ensortijado, algo salvaje, color chocolate.
Sin embargo, lo que realmente hizo desistir al animal de abandonarla fueron sus ojos, cada uno de un color distinto del anterior, ojos de mirada dulce, brillante y siempre tan compasiva.
Supo Ace seguro en aquel instante que aquella chiquita era un ser especial, que era su compañera de viaje y que sus ojos ¡Oh, sus ojos! domesticarian al peor de los lobos para convertirlo en un simple perro pastor.
Pero no le importo transformarse en un animal de compañia, no si era para ella, acercandose el lobo Ace velozmente a la muchachita de capa roja para demandar algo de su cariño.
-Hola.- Dijo ella entre sonriente y nerviosa por el logro, acunclillandose sobre la nieve en cuanto el animal salvaje estuvo lo suficientemente cerca. El lobo la saludo, aunque ella no entendio su sonido, aventurando una mano temerosa hacia el pelaje del animal salvaje con algo de miedo, todavia. Sin embargo, lo noto tranquilo e incluso esperanzado con la idea, llegando a mover la cola y a hacer un ruidito quejumbroso por no andar recibiendo, todavia, su atencion.
Entonces, Ifára por fin decidio arriesgarse y que aquel lobo la necesitaba enormemente, posicionando su mano calida sobre la cabeza del can para atravesar el pelaje oscuro con mimo. Era suave, se dijo ella, sonriendo sin poder evitarlo cuando el lobo hizo un ruidito entre el ladrido y el aullido, dandole las gracias, para despues revolverse cariñoso bajo las caricias de la otra.
El lobo supo que se habia enamorado de ella, y que una conexion que iba mas alla de lo fisico se habia establecido entre ambos. Le lamio las manos bonitas, jugueteo con sus dedos delgados que lo acariciaban, y decidio que nunca mas estaria solo puesto que habia encontrado, por fin, una compañera. Pero una de por vida y de verdad.
Por desgracia, el aullido de la manada de lobos rompio la magia.
Ifára dio un respingo nervioso, despertando del embrujo tras internarse en el mundo salvaje para dedicar una miradita tensa y asustada al camino tras ella, rebuscando con los ojos a los animales que pretendian convertirla en su cena de aquella noche.
Sin embargo, el lobo Ace era mucho mas rapido y conocia mejor el mundo de las bestias, reaccionando rapido para tensarse y, urgente, dedicarle una mirada intensa que pudiera hacerla entender la situacion en la que se encontraba.
-¡Vamonos!- Le dijo, pero ella no pudo entenderle, comenzando el lobo oscuro y grande a aullar bajo, pero desesperado, en busca de su comprension. Ifára le observo aterrada, inquieta pero confusa, logrando tan solo que su salvaje y nuevo compañero se agitara nervioso a su alrededor tratando de que ella reaccionara. Entonces, mordio su capa roja y gruesa con demanda, tironeando de la prenda y logrando que, por fin, ella se pusiera en pie rapidamente.
Una vez comprobo que la niña habia entendido, el lobo Ace la insto con gruñidos y movimientos que echaran a correr, siguiendola él como un buen y enorme perro guardian mientras la chiquita comezanaba, de nuevo, una carrera frenetica por su supervivencia.
Por desgracia, no pudieron ni recorrer tres metros, cuando un par de lobos se detuvieron justo en su camino, derrapando sobre la nieve para observarles amenazantes con sus ojos ambarinos. La chiquita se detuvo en seco con terror y Ace rapidamente se posiciono frente a ella, gruñendo a aquellas bestias que querian convertirla en comida y haciendo gala de su mayor tamaño y dentadura.
Los lobos atacantes no se movieron, pero si parecieron andar pensandoselo detenidamente, admirando a aquel compañero de especie que se habia transformado, de pronto, en un guardian y protector cuando siempre habia sido tan salvaje y asesino como ellos mismos.
Por desgracia, a la derecha de ambos aparecieron otros tres lobos, y a la izquierda otros cuatro, a sus espaldas cinco, rodeando la manada numerosa tanto a la pobre chiquita como al mismo Ace.
Les aullo con amenaza, les gruño, colocandose veloz junto a la niña para rodearla de un lado a otro y tratar, por todos los medios, que su tamaño y fuerza, asi como su mala fama en el mundo salvaje, les hiciera desistir y darse la vuelta sobre sus patas.
Sin embargo, en un uno contra uno, Ace se sabria el ganador, pero en semejante desventaja numerica, la situacion cambiaba radicalmente.
Como si fueran un solo animal y en menos que canta un gallo, la manada al completo se lanzo al ataque.
Ella grito con miedo, llorosa y aterrada de la muerte cercana, logrando que su compañero y defensor lobuno se lanzara a la ofensiva desesperada, decidiendo que mas valia morir matando por amor, que no ovillarse cual cordero a los pies de la muchacha.
Desgarro pelajes y patas, orejas y colas, manchando rapido los dientes de sangre a la vez que el cielo de quejidos perrunos de dolor, diciendole con su mirada y acciones a la niña que aprovechara el despiste y desapareciera de alli.
Sin embargo, ella, llorosa y aterrada, pero firme en sus decisiones, nego con la cabeza, segura de que no abandonaria a aquel ser salvaje que, de pronto, queria incluso en semejante situacion.
Decidiendo que, si tenia que morir, entonces que fuera a su lado y agradeciendo su compañia.
Al lobo Ace lo mordieron rapido, que eran muchos y el no tenia mas amigos que batallaran a su lado, quebrandole alguna pata, desgarrandole la piel con sus mandibulas afiladas y casi asfixiandole entre todos.
Asi, vencido y sangrante, herido, trato de incorporarse y a duras penas lo consiguio, regresando veloz junto a la chiquita mientras eran, de nuevo, peligrosamente rodeados por toda la manada, mas cerca que nunca. Ella se arrodillo sobre la nieve, abrazando su cuello fuerte pero herido de lobo salvaje mientras Ace respiraba dificultosamente, gruñendo de vez en cuando a sus atacantes pero llorando por dentro, que no podia imaginar si quiera semejante destino horrible para una niña tan preciosa.
Ifára parecia mas tranquila, sin embargo, mimando su pelaje oscuro y ahora manchado por la sangre, al igual que la nieve alrededor, mientras él gimoteaba lobuno y enseñaba los dientes.
Amenazante y no dejandose llevar por la compasion, la manada avanzo.
Y Ace supo que estaban perdidos, y que ella seria devorada cruelmente por haberse encontrado con él, que entorpecio su camino y se habian dedicado a juguetear cuando la niña de lo que precisaba era de correr hasta un lugar seguro.
Y en un parpadeo, la manada, como si fueran un solo animal, se lanzo sobre ellos.
(Cambio de escena)
Los ojos de Ace se abrieron de par en par.
Como un resorte se incorporo sentado sobre su cama, jadeando todavia debido a aquel mal sueño, o pesadilla, no sabia bien, que habia ocupado su mente durante la pequeña siesta.
Nervioso, se cercioro de que él no era ningun lobo y que alli no habia ningun bosque, ni manada, tampoco Ifáras con caperuzas rojas, llevandose una mano hasta la cara para suspirar frustradamente.
Habia sido un sueño. Nada mas.
Desconcertado con su mente que le andaba jugando muy malas pasadas ultimamente, Ace se estiro perezoso sobre el colchon, no pudiendo evitar el sentirse, extrañamente, escamado y receloso. Con miradita adormilada pero analitica llevo una mano hasta la mesilla de noche, girando hacia sus ojos el reloj que siempre mantenia sobre el mueble para comprobar cuanto tiempo llevaba dormido.
Eran las ocho de la tarde.
Habia dormido casi cuatro horas.
Sorprendido con la idea, al principio dio un respingo urgente, relajandose rapidamente por su naturaleza despreocupada al decirse que, por mas nervioso que se pusiera, la tarde ya estaba perdida y el no podia dar marcha atras en el tiempo.
Sin embargo, si le extraño que Ifára no le hubiera despertado, siempre tan correcta ella.
Inquieto por su sueño extraño, Ace se levanto de la cama, decidido en ir al encuentro de la niña y, asi, quedarse tranquilo por puro capricho, que al fin y al cabo en el Moby Dick no habia manadas de lobos e Ifára no llevaba capas rojas. Con caminar pesado y espabilandose poco a poco el segundo comandante salio de su camarote, mesandose el cabello con una mano cansada y cara de evidente reciente despertar.
Recorrio los pasillos, dedicando sonrisas cordiales a todo aquel compañero que se cruzaba en su camino y le regalaba algun saludo o burla divertida, dirigiendose directo hacia la cocina mientras pensaba con desgracia que tendria que hacer sus tareas abandonadas de la tarde por la noche y a la velocidad de la luz.
Asi, el joven comandante alcanzo finalmente la puerta doble y blanca que daba con aquella estancia, abriendola suave y ya mas despierto para dar, finalmente, con Ifára y acallar aquella inquietud extraña y sin sentido, puede que incluso ridicula, que se habia adueñado de su persona tras la pesadilla.
-¡Chico guapo!- Exclamo Joan-Marie con una sonrisa radiante nada mas verle, abandonando sus labores para dedicarle toda su atencion.
-Buenas tardes.- Dijo él con una carcajadita divertida, revisando veloz la estancia esperando toparse con la imagen calmante y bonita de Ifára. Sin embargo, cuan enorme y desagradable fue su sorpresa cuando comprobo que, alli, no habia nadie mas que la enorme mujerona y el mismo Ace.
-Bueno ¿Y que te trae por mis dominios?- Pero el joven Ace ya no estaba prestandole demasiada atencion a Joan-Marie, rebuscando con la mirada inutilmente en cada rincon y recobeco visible.
-¿Donde esta Ifára?- Le pregunto a ella finalmente, dedicandole una expresion desconcertada en espera de una respuesta rapida y sencilla.
-Oh... - Por su parte, Joan-Marie abandono su sonrisa enorme por una expresion de sorpresa, admirando al joven pirata frente a ella bastante confusa. -¿No estaba contigo?-
-No.- Desde que se marcho al mediodia, Ifára no habia estado con Ace, que se habia quedado dormido como un muerto durante cuatro horas. Su inquietud sin sentido crecio un poco mas. -Crei que estaria aqui... - Pero evidentemente, esto no era asi.
-Bueno, se habra retrasado, entonces.- Con despreocupacion total, Joan-Marie se encogio de hombros, quitandole hierro al asunto para regresar a sus tareas sobre la encimera. -La mande al pueblo por unas cosas y... - Sin embargo, Ace la interrumpio un poquito nervioso.
-Eso ya lo se.- El muchacho chasqueo la lengua, sintiendose a pesar de todo algo controlador y paranoico. A pesar de ello, no pudo evitar seguir encontrando informacion, que precisaba de echarle un ojo a la niña para quedarse tranquilo. Ace era una persona instintiva y, lo que mas miedo le daba de todo, era que su instinto no solia engañarle. -¿No estara con Dadou?- Pregunto esperanzado, casi seguro de haber dado en el clavo mientras despreciaba sus extrañas sospechas.
-¿Con Du? ¡Que va!- Por desgracia, Joan-Marie desterro rapido aquella teoria tranquilizante, agitando una mano con actitud de descarte suavemente. -Ella acaba de salir de aqui, de la cocina. Debe estar por el comedor ahora mismo.-
-¿E Ifára ha bajado sola al pueblo?- No es que le importara, es solo que... lo asustaba un poco.
-Oh, no, no.- Respondio veloz Joan-Marie, dedicandole incluso una miradita indignada. -¡Claro que no! No iba a dejar que una esclava tan bonita paseara sola por ahi ¡Podria pasarle cualquier cosa!- Y un escalofrio desagradable recorrio la espalda del segundo comandante ante sus palabras, pensando que ella tenia razon y que, siendo esclava, no era buena idea que Ifára andara sola por ahi. -Le dije a uno de tus subordinados que la acompañara, que tu me lo habias pedido... - La mujer grande le sonrio con algo de vergüenza por su mentira piadosa, encogiendose de hombros resignadamente. -Ha sido una mentirijilla, pero espero que no te importe.-
-No me importa en absoluto.- Claro que no le importaba, que la idea de Joan-Marie habia sido la mejor del mundo. Ella preocupandose por su seguridad, cuando él se habia dedicado a dormir como un idiota perezoso. Ace se sintio bastante peor que antes con su persona. -Has hecho bien. Asi tendra proteccion.- Y la preocupacion malamente contenida de Ace se hacia cada vez mas evidente.
-Chico guapo, no te preocupes.- Adivinadora, Joan-Marie le sonrio tranquila, demostrandole que no habia motivo para andar con semejante estado inquieto. -Solo se ha retrasado un poco, ya sabes que es curiosa.- Y Ace asintio, queriendo convencerse de las palabras de Joan-Marie. -Ademas, desde que llego al barco, nunca ha pisado tierra civilizada, la pobre... ¡Dejala disfrutar un poco!- Ace de verdad queria aquello ultimo, pero aun asi algo en su interior andaba revolviendose violentamente.
-Se esta haciendo de noche... - Respondio el muchacho bajo, mirando la ventana cercana de reojo para toparse con un cielo cada vez mas oscuro que no le gustaba nada.
-Y ella vendra pronto. Ya lo veras.- Dijo Joan-Marie con un asentimiento seguro de cabeza, regresando la atencion y la mirada, de nuevo, a su encimera plagada de utensilios. -No deberias ser tan sobre protector... ¡Terminara dandote un infarto demasiado joven!- Ella rio con su propia broma, causando que Ace sonriera falsamente por pura educacion y cordialidad, que apreciaba a Joan-Marie y sabia que, en realidad, lo mas posible es que tuviera razon.
-Si... tienes razon, supongo.- Y con un cabeceo afirmativo algo inseguro, Ace se giro sobre sus propios pies, dispuesto a largarse de alli y dedicarse a sus propias tareas, que asi cumplia obligaciones a la vez que despejaba la mente.
-¡Oh! ¡Hoy habra luna llena!- Exclamo Joan-Marie desde su encimera, causando que Ace no pudiera evitar detener el paso abruptamente.
Para él, aquella noticia no era merecedora de tal animacion en el dia de hoy, no tras su sueño lobuno.
Finalmente, con un suspirito imperceptible, Ace se dijo que los sueños eran solo eso, sueños, y que no debia andar de preocupado tras la niña solo por haber tenido uno de ellos hacia demasiado poco.
Sin mas, el joven comandante continuo su camino y salio de la cocina.
(Cambio de escena)
Deshecho de nervios, Ace se revolvio en su asiento.
Pateando el suelo con un murmullito ruidoso debido a que su pierna habia cobrado vida propia repentinamente, el joven comandante continuo a lo suyo, ignorando las voces y gracias de sus compañeros alrededor. Tenso y cada vez mas preocupado, Ace dedico una mirada de revision a toda la estancia por septima vez consecutiva, suspirando frustrado para regresar a su plato, ya vacio, que minutos antes habia contenido su cena.
Al borde de los gritos y un infarto, Ace comenzo a repiquetear sus dedos sobre la mesa, combinando el movimiento y el sonido inconscientemente con el de su pierna nerviosa.
-¿Tratas de torturar a la mesa lentamente?- Dijo con sorna y gracia su buen amigo huesudo, tipico compañero de desayunos, comidas y cenas, codeando a un tenso Ace sentado justo a su lado. Como respuesta, el segundo comandante se limito a ignorarle principalmente, revisando el comedor concurrido y ruidoso por las horas con total nerviosismo una vez mas.
-¡Quiza pretenda hacer musica!- Exclamo con una carcajada seca otro de sus compañeros, uno sentado frente a él, siendo su comentario secundado por mas risotadas.
-Quiza, pero no tiene ritmo.- Rio Thatch desde un sitio cercano, jocoso y burlesco como el arlequin que seria siempre.
Ace se limito ahora a bufar un poco, tan nervioso y tenso como estaba sin poder evitarlo.
-Bueno, si escuchamos detenidamente podriamos llevarnos una sorpresa.- Aquel pirata mayor amante de los acertijos bromeo, fingiendo un asentimiento solemne y convencido. -¡A lo mejor es un genio de la musica y nosotros sin enterarnos!- Una nueva carcajada general invadio a sus compañeros cercanos.
-¡A mi no me suena a Mozart, precisamente!- Exclamo el pirata huesudo a su lado, riendo jocoso al igual que el resto de compañeros de cena.
-Seguro que a nadie de la epoca de Mozart, Mozart le sonaba a Mozart.- Siempre tan reflexivo y serio, Marco se hizo notar, algo desconcertado el mismo por sus propias palabras desconcertantes.
-Eso parece un trabalenguas.- Dijo el amante de los acertijos, propinandole a su copa de la cena un buen trago. -Uno muy malo, ademas.- El blanco de las risas burlonas ahora fue el primer comandante, que se limito a encogerse de hombros con su habitual serenidad.
-Son las diez de la noche.- De pronto, tras haber estado en silencio mortal durante toda la cena, Ace hablo, causando con su voz cortante como de sentencia que un pequeño silencio se adueñara de sus compañeros mas cercanos.
-Uh... ¿Y que con eso?- Cuestiono Thatch con confusion, admirando atentamente al segundo comandante al igual que hacian ahora el resto de piratas a su alrededor.
-Ifára no ha vuelto.- Respondio Ace sin mas, levantandose de sobre su silla como un resorte para incorporarse en pie, tenso y nervioso, sobre el suelo del comedor. -Y se ha ido a las cuatro del mediodia.-
-¿Adonde vas?- Aquel pirata huesudo a su lado le dedico una mirada desconcertada, observando como el joven comandante tenia unas claras intenciones de empezar a caminar.
-A buscarla.- Ace no podia quedarse alli ni un segundo mas, que la preocupacion se lo estaba comiendo vivo, importandole ya poco o nada el parecer un paranoico controlador. -Esta tardando demasiado.- Dijo mas para si mismo que para el resto, comenzando a dirigirse con caminar tenso hacia la salida del abarrotado y gran salon.
-¡Oh, vamos, Ace!- Exclamo Thatch, gritando un tanto debido a que el aludido ya habia recorrido la mitad del comedor. -¡Seguro que no le ha pasado nada!- Pero Ace no parecia dispuesto a escuchar, no dignandose si quiera a girarse. -¡Vive un poco, muchacho! ¡Ace!-
Sin embargo y a pesar de las quejas y exclamaciones lamentadas de sus camaradas, Ace siguio el recorrido, atravesando la gigantesca sala como una bala peligrosa.
No pudo ni acercarse tres metros a la puerta grande del comedor, cuando esta se abrio ruidosa y abruptamente casi en sus narices.
Un hombre cayo de bruces sobre el suelo de madera a los pies de Ace, jadeando ruidosamente mediante un respirar insano y silbante, enfermizo, golpeandose contra la madera estruendosamente con un quejido de dolor. El silencio velozmente se apodero de la sala al completo, observando cada tripulante el lugar donde aquel recien llegado habia hecho acto de presencia de semejante manera, rodando el pobre un tanto sobre el suelo y mostrandoles, asi, heridas sangrantes y morados recientes de una evidente paliza sufrida.
En cuanto adivinaron su rostro y facciones, los mas aventureros saltaron de sus asientos a la carrera, dispuestos a ayudar y comprobar el estado fisico apalizado de su compañero de pirateria, rodeandole rapido una marabunta ruidosa y energica de amigos preocupados.
Por su parte, siendo ademas el mas cercano, Ace no pudo moverse.
No pudo moverse un centimetro todavia, analizando con horror total las facciones de aquel pobre compañero que, a sus pies, se revolvia jadeante y sangrante mientras algunos tripulantes comenzaban a prestarle ayuda y le cuestionaban sobre su estado sin ser respondidos.
Era uno de sus subordinados. El mismo subordinado que, se suponia, debia haber actuado de guardian para con Ifára durante su visita al pueblo.
El corazon de Ace se apreto dolorosamente dentro de su pecho.
Y, entonces, Ace estallo.
-¡¿Donde esta?- Grito frenetico, totalmente nervioso y dejandose llevar por el panico, transformandolo rapidamente en ira. No permitio ni siquiera asimilar sus palabras a aquel subordinado herido, agachandose Ace para agarrarle de la chaqueta sin nigun cuidado, elevandole fuertemente y asi encararlo con furia. -¡¿Donde esta Ifára?- El tipo herido abrio los ojos como platos un segundo con su respiracion dolorosa y silbante, mostrandole tan solo una expresion perdida y asustada en sus facciones rotas y amoratadas. -¡¿Donde esta, maldita sea?- Le zarandeo para que reaccionara, importandole nada que fuera su propio subordinado y si acaso aquello le doleria, no teniendo ahora mismo cabeza y corazon mas que para la chiquita y su posible estado. Por favor, rogo Ace, que estuviera bien, que estuviera a salvo. Que todo fuera un malentendido o una broma desagradable.
-¡Ace!- Le grito alguien entre el gentio con reproche y urgencia, quejandose del trato que le estaba dando a aquel pobre herido, pero Ace lo ignoro olimpicamente porque, ahora, no habia nada mas importante que Ifára.
-¡Responde!- Ace estaba fuera de si, pareciendo al borde del asesinato masivo, el llanto nervioso o la colera ciega, zarandeando con violencia a aquel subordinado herido sin cuidado alguno, que tosio algo de sangre con daño.
-Yo... - Con enorme dificultad y voz entrecortada, aquel tipo apalizado cruelmente por fin abrio la boca para algo mas que toser y jadear, siendo todavia apresado firmemente por las manos fuertes de su comandante. -T-todo iba bien... - Dijo dolido y confuso por los golpes, no pudiendo el pobre ni siquiera apoyar sus propios pies sobre el suelo debido a su debil estado. -Todo iba bien... y-y de pronto... - El silencio total, incluso mortal, se apodero de cada recobeco del comedor, escuchando atentos sus palabras dificultosas y entrecortadas. -De pronto se... se me echaron encima... - El miedo de Ace se hizo aun mayor.
-¡¿Quien?- Le espeto sin cuidado y pensando que acabaria muriendose de preocupacion alli mismo, zarandeandole una nueva y violenta vez.
-A-aquellos... aquellos tipos... - Obediente y fiel a su comandante a pesar de todo, que lo conocian demasiado bien y reaccion semejante habia sido de esperar, el subordinado sangrante y herido continuo. -Aquellos tipos a los que... a los que d-dimos una paliza... en el bar... - Las manos de Ace se apresaron aun mas fuerte en torno a su chaqueta, apretando a aquel pobre desdichado como si tuviera la culpa de todo. - ... los bandidos... o piratas... aquellos del bar.-
-¡¿E Ifára?- Le grito con total desesperacion, colerico pero aterrado, casi llegando a suplicarle con la mirada por una respuesta optimista y calmante. -¡¿Que ha pasado con Ifára?- Por favor, si existia un Dios, que ella estuviera bien. Por favor.
-Se... - Pero le costo continuar, mas por la expresion tan deshecha como desesperada de su comandante que por las heridas, tratando de dedicarle una miradita compasiva por puro instinto su subordinado. -Se la llevaron... - Los dedos de Ace se volvieron blancos sobre la chaqueta del otro, con los musculos temblando por la tension.
Si fuera tan solo un poquito mas debil, se hubiera desmayado redondo alli mismo.
-¡¿Como que se la llevaron?- No podia ser. Era imposible. Ifára estaba bien, seguro que estaba bien. Debia estar bien. Era de vital necesidad que Ifára estuviera bien. -¡Respondeme!-
-S-se me echaron encima... - Salio rapido en su defensa aquel pobre subordinado, observando con horror la falta de control y expresion peligrosa, asi como incluso al borde de las lagrimas, de su comandante. -Me superaban en numero y... s-se la llevaron... no pude hacer nada... yo... -
-¡Maldita sea!- Y el grito desgarro el ambiente como un cuchillo torturador y afilado, perdiendo, ahora si del todo, los estribos y el poco razonamiento que tenia el joven Ace. -¡Delante de tus narices!- Estallo, porque alguien debia pagar por aquello, porque Ace no podia asumir semejante cosa sin mas, reaccionando con violencia y ninguna compasion para estampar al herido apaleado contra la puerta de madera fuertemente. -¡Paso delante de tus narices ¿Y tienes el valor de venir hasta aqui para decirmelo?- Le espeto Ace ciego de ira y dolor, estrellando a su subordinado quejumbroso y sangrante contra la superficie dura de nuevo. -¡Se suponia que tu la tenias que proteger! ¡¿Que clase de hombre eres tu?- Como unica respuesta posible debido a los golpes y el agarre asfixiante que Ace mantenia sobre él, aquel subordinado herido solo pudo soltar una tos enferma junto a un quejido. -¡Te matare!- Y en su amenaza se adivino claramente un lamento de dolor absoluto, elevando al otro incluso mas que antes, arrastrandole un tanto contra la puerta cerrada. -¡Se suponia que cuidarias de ella! ¡Se suponia que tu... -
-¡Ace!- Marco reacciono por fin, recuperandose de la escena violenta entre tripulantes y la noticia fatidica, saliendo a la carrera con un respingo en cuanto vio como Ace parecia a punto de propinarle un puñetazo a su propio subordinado. -¡Basta, Ace! ¡Ya basta!- Gracias al cielo era rapido como el viento si se lo proponia, apresando al segundo comandante mediante un agarre bajo sus brazos justo a tiempo.
El subordinado sangrante se deslizo ruidosamente hasta caer con estrepito al suelo, todavia consciente pero aun mas herido que al principio, incluso, mientras que Ace, por su parte, se dedicaba ahora a batallar sin sentido contra el agarre de Marco.
-¡Ya esta, Ace! Ya esta... - Siempre empatico, siempre comprensivo y sabiendo como actuar en cada situacion, el primer comandante hizo uso de toda su fuerza sobrenatural, logrando controlar a un Ace desesperado y en pleno estado de violencia que se revolvia bajo sus brazos. -Ya esta, calmate.- Aprovecho la situacion para ordenar con un movimiento indicativo de cabeza y mirada significativa a un par de tripulantes que se llevaran rapido de alli a ese pobre herido. Obedecieron como alma que lleva el diablo, agarrando al compañero apalizado y retirandolo velozmente de la mirada y presencia asesina de Ace, que continuaba batallando sin sentido contra el agarre opresor.
-¡Quiero matarle! Él tenia... tenia que protegerla... - Dijo Ace entre furioso y al borde del llanto nervioso, tironeando del agarre por puro instinto y tozudez mas que por deseo.
-¡Él no tiene la culpa, Ace!- Era cierto, Ace lo sabia bien. La culpa era suya, que en lugar de andar cuidando a su pequeña, se habia dedicado a huirla y dormir. Era asqueroso. Ace se odiaba mas que nunca y lo pagaba con los demas.
-¡Pero él debio cuidar de ella!- Estallo el segundo comandante, comenzando a flaquear en su lucha contra el agarre de Marco.
-Iremos a buscarla, Ace... todavia es pronto.- Dijo el primer comandante firme, seguro y convencido, llegando a producir incluso un cabeceo afirmativo a sus propias palabras. -Deben andar por el pueblo, la encontraremos.- Y entonces, noto como los musculos de Ace, aunque todavia tensos, se relajaban lo suficiente como para hacerle saber que ya no atentaria contra mas compañeros, decidiendo Marco que era hora de soltarlo y comenzar la carrera contra reloj.
-Si.- Contesto finalmente el joven Ace entre dientes, deshaciendose del todo de aquel agarre anterior para estar dispuesto a largarse en su busqueda frenetica y asesina.
-¡Voy con vosotros!- Exclamo una voz mas que conocida entre la muchedumbre, provocando que ambos comandantes se giraran hacia el lugar del ruido. La figura alta y espigada de Thatch se hizo hueco entre mastodontes del mar y mujeronas curtidas, posicionandose veloz junto a sus dos amigos y compañeros. -Yo... ella me pidio que la acompañara, pero... - Trago saliva con dificultad, observando como los ojos de Ace se clavaban sin compasion sobre su persona. - ... le dije que no.- Se limito a concluir Thatch, temiendo una represalia violenta y culpabilizadora de su amigo descontrolado y deshecho. Marco parecio ser preso de los mismos miedos.
Sin embargo, Ace se dijo que no habia tiempo, y se limito a dedicarle una miradita asesina que no paso a mayores.
Habia algo demasiado importante en juego como para perder ni un minuto.
No podia esperar ni un segundo mas, tragandose un grito de guerra y dolor el joven comandante para atravesar la puerta, abriendola ruidosa y decuidadamente, con fuerza, largandose a la carrera frenetica.
Thatch lo siguio en cuanto reacciono, consiguiendo que Marco, siempre mas racional y sensato, sereno, se dirigiera un segundo a los tripulantes que, incredulos y anonadados, habian consistido el publico de semejante escena dramatica.
-Decidselo a Padre. Explicadle la situacion.- Y mas que una orden sono a ruego, chasqueando la lengua el primer comandante con dolor para, tan rapido como sus dos amigos ya desaparecidos del comedor, largarse a la carrera por el mismo camino que ellos.
Por el bien de Ace mas que por el de la misma Ifára, Marco le rogo al cielo por encontrar a esos bandidos cuanto antes.
(Cambio de escena)
-Vamos, seguro que los recuerdas... - Dijo Thatch con su mejor actitud de negociador, acomodando los brazos chulescamente sobre la barra para acercarse a aquel mesero regordete.
Con mirada desconfiada pero segura de si misma, el tabernero mayor, de piel grasienta y algo barbudo, se limito a producir un sonidito falso de reflexion, llevandose una mano al menton redondo con actitud pensativa.
-No, esa descripcion no me suena de nada.- Chasqueo la lengua como resignado, negando con la cabeza despues fingiendo andar plenamente convencido de sus propias palabras.
Acogidos bajo el techo de aquella taberna o bar en el que se habia desatado un conflicto entre tripulaciones, tres de los comandantes principales de la temida banda de Barba Blanca habian llegado con claras y urgentes intenciones de conseguir informacion, dos permaneciendo aun como meros espectadores y habiendole cedido, de momento, el terreno a aquel que poseia mas labia e instinto de negociante.
Habian tenido suerte, penso Marco revisando la escena y cerciorandose, otra vez, que no habia nadie mas que ellos tres y el mismo tabernero en el bar aquella noche. Aunque en realidad la suerte, mas que ellos, la tenian los que hubieran decidido no entrar en semejante local el dia de hoy a esta hora, que no podia evitar andar en revision y control constante de un joven Ace tras su espalda. Este, en tension total y manteniendo un aura asesina y peligrosa a su alrededor que le ponia los pelos de punta hasta al mismo Marco, se limito por el momento a permanecer quieto y en silencio con total dificultad, temblando de ira y nerviosismo a cada palabra del mesero.
Marco no tenia ningun problema con que Ace tomara las represalias que creyera convenientes contra los bandidos aquellos, pero de ahi a permitirle atacar civiles normales, habia un trecho bastante grande.
-Claro que te suenan.- Dijo Thatch sacandolo de sus pensamientos, afianzando la posicion cruzada de brazos sobre la barra. -Una tripulacion pequeña que estaba el otro dia, antes de que llegaramos nosotros... - Fingiendo escuchar atentamente, el tabernero regordete y mayor produjo un sonidito de garganta afirmativo. -El capitan parecia muy fino y tenia las manazas llenas de anillos, con facciones macizas y toscas... -
-¿Uno que actuaba con aires de gran señor?- Cuestiono confuso el tabernero, logrando que Thatch diera un respinguito animado.
-¡Si! ¡Exacto! ¡Ese es!- Exclamo el cuarto comandante, notando incluso él mismo desde su posicion el aura peligrosa y agobiante de un Ace a punto de estallar. -¿Sabes por donde paran? ¿O su nombre, al menos?-
-Mmh... - Fingiendo desconcierto y reflexion total, el tabernero se llevo, de nuevo, una mano al menton para revisar el techo con actitud pensante. -No... no me suenan ¿Eh?-
-¡Pero si acabas de decirme que si!- Dijo Thatch algo quejumbroso, chasqueando despues la lengua resignadamente.
-Sin embargo... - El tabernero hablo rapidamente, apoyandose igual de chulesco que el otro tambien sobre la mesa. - ... si tuvieras algo que me refrescara la memoria... - Vale, ahora Thatch empezaba a entenderle mejor.
-Entiendo... Eres un tipo despistado ¿Eh?- Dijo divertido y con una sonrisa maliciosa el cuarto comandante, comenzando a rebuscar entre sus bolsillos para comprobar, por lo pronto, que podia ofrecer a cambio de aquella valiosa informacion.
-Muy despistado... Veo que hablamos el mismo idioma.- Sonrio agradado, observando como aquel pirata de ostentoso tupe castaño parecia dispuesto a seguirle el juego.
-¡Oh, no te haces una idea! ¡Soy un pirata, al fin y al cabo!- Tan animado y agradable como siempre, Thatch sonrio, sacando un par de billetes de entre los recobecos de sus pantalones. -¿Cuanto? ¿50 berries?-
-¿50 berries?- Incluso indignado, decepcionado un tanto, aquel tabernero se inclino hacia atras, analizando el dinero que el cuarto comandante tenia entre los dedos. -Con eso no recordare mucho... -
-¿No los quieres? Muy bien... - Thatch no perdio los nervios en absoluto, encogiendose de hombros para hacer un ademan de devolver el dinero a su lugar de origen.
-Esta bien, esta bien... - Por su parte, el tabernero velozmente extendio su mano con urgencia, no queriendo perder ni un solo centavo pasase lo que pasase. Satisfecho de su hazaña, el cuarto comandante le tendio el dinero, que fue rapidamente acogido por aquel mesero grasiento. -Pero con 50 berries solo recuerdo que ese grupillo de maleantes siguen en el pueblo. Nada mas. Ni su nombre, ni donde estan exactamente.-
Thatch chasqueo la lengua, y Marco estuvo seguro de escuchar tras su espalda como Ace se removia inquieto en su sitio.
-15 mas y me dices el nombre.- Dijo el cuarto comandante algo mas serio y negociador, colocando sobre la barra aquellos quince berries mencionados, pero sin quitarle los dedos de encima.
-¿Por solo 15? ¡Vamos, chico, no me vendo tan barato!- Rio incluso el mesero, negando con la cabeza como si Thatch fuera el mejor bromista de la historia.
-Vale... ¿30, entonces?- Suspiro el cuarto comandante, llegando a la conclusion de que acabaria arruinandose demasiado pronto en una sola noche.
-Mmh... - Pensativo y tomandoselo cada vez mas en serio, aquel mesero grasiento observo el dinero nuevo sobre la barra, reflexionando detenidamente si le convenia aceptar la propuesta o bien arriesgarse por una cifra mayor. -Quiza... quiza con 30 si recuerde el nombre del capitan, al menos... -
Satisfecho, Thacth sonrio, pero no pudo ni soltar el dinero cuando una voz colerica se lo impidio.
-¡Se acabo!- Vocifero Ace de pronto, perdiendo los nervios y la calma para propinarle, sin compasion, una patada violenta a la silla mas cercana que la mando por los aires con un estruendo, rompiendose en cuanto se estampo contra el suelo. -¡¿Quieres dinero?- Y en el peor estado que jamas habian visto, ni siquiera, sus dos compañeros mas cercanos, el joven segundo comandante esquivo como una bala a Marco, dirigiendose amenazante y peligroso hacia la barra del bar.
-¡¿Que diablos te pasa, muchacho?- Exclamo el mesero indignado, admirando con dolor su silla destrozada de una patada. Sin embargo, en cuanto levanto la cabeza y se topo con la mirada del joven Ace, no pudo hacer mas que tragar saliva, contemplando estupefacto como aquel pirata peligroso caminaba hacia él con actitud de asesinato inminente.
-¡Tendras dinero, entonces!- Exclamo Ace fuera de control, empujando a Thatch sin miramientos para hacerle a un lado violentamente. Sin dar tiempo de reaccion a ninguno de los presentes, el segundo comandante apreso la nuca y parte de la escasa cabellera de aquel mesero grasiento, estampando su cabeza ruidosamente contra la barra de madera, que crujio un tanto.
-¡Ah!- Se quejo con dolor el pobre y avaricioso tabernero, notando que su nariz habia comenzado a sangrar por el impacto tras un preocupante sonido de rotura, aplastando su mejilla Ace contra la superficie dura sin compasion ni miramientos de ninguna clase. Trato de revolverse y librarse de él, pero para su horrible desgracia aquel muchacho era mucho mas fuerte y estaba en exceso enfadado, no logrando otra cosa mas que un nuevo golpe fuerte contra la barra de su bar.
Sin mas, ciego de ira e importandole nada cuanto pasara ahora a su alrededor, indiferente al sufrimiento y dolor que pudiera causar, Ace agarro con su mano libre aquel pequeño fajo de billetes que Thatch habia dejado sobre la mesa, metiendoselos al mesero en la boca obligada y violentamente.
-Aqui tienes- Le dijo incluso con sorna el joven Ace, escuchando como aquel tipo grasiento parecia ahogarse bajo el papel y su mano fuerte, que no dejaba de apretarlo hasta el punto de casi estamparselo en la garganta. -¡¿Donde estan esos malditos perros?- Cuestiono el muchacho, retirando durante un segundo el monton de billetes para liberar su boca y recibir una respuesta. Por desgracia, el mesero no pudo hacer mas que coger aire y toser, logrando que Ace volviera a estamparle aquel fajo pequeño, pero asfixiante, entre los dientes. -¡Su nombre! ¡Dime el nombre del hijo de puta de su capitan!- Nuevamente retiro los papeles para no lograr mas que ruidos ahogados, toses con saliva incluso y una respiracion peligrosamente entrecortada, perdiendo el segundo comandante la poca paciencia que le quedaba.
Tirando con violencia los billetes empapados y arrebullados por la saliva hacia un lado, Ace salto la barra del bar sin necesidad si quiera de liberar a aquel desdichado mesero, dispuesto a hacer de su interrogatorio violento algo mucho mas eficaz.
-¡Venga!- Le espeto hasta con gracia, agarrandole por la espalada del cuello de la camisa para tironear facilmente de él, que por muy gordo y pesado que fuera el tipo, un Ace enfadado y fuera de control era mas peligroso que una manada entera de lobos salvajes. Sin compasion ni miramientos, tampoco paciencia, arrastro al mesero hasta el friega platos, agarrandole de nuevo de la nuca para hundir su cabeza violentamente en el agua sucia entre la bajilla y los vasos usados aun sin lavar.
-¿Que hacemos?- Le cuestiono Thatch a Marco entre curioso y confuso, observando la escena violenta algo alejados de la barra. -Ugh... que bruto.- Incluso con dolor, el cuarto comandante contrajo la expresion burlonamente cuando Ace saco a aquel hombre un segundo, para despues volverlo a hundir en el agua sucia.
-No lo se.- Se limito Marco a responder, mucho mas preocupado y perdido que su compañero, no sabiendo si debian entrar en accion o bien limitarse a observar y dejar que Ace hiciera el resto a su manera. -Nunca le habia visto tan... -
-¿Piscopata?- Y es que Thatch siempre se reiria de todo, hasta de semejante situacion peligrosa y de muerte cercana para un pobre mesero.
-Tan asi.- El primer comandante se encogio de hombros, debatiendose internamente entre si debia detener a su joven compañero, o bien permitirle destruirlo todo y permanecer como mero espectador.
-¡Venga, Ace, hombre!- Grito Thatch poniendose incluso de puntillas, logrando que el segundo comandante le dedicara una miradita rapida mientras ahogaba a aquel mesero en su propia pila llena de cacharros. -¡Si lo matas ahora, nos quedamos sin informacion!- Definitivamente, Thatch no era precisamente el mas indicado para apelar a la serenidad, que podia ser tan retorcido y malvado como el que mas si la situacion lo pedia.
Ace parecio pensarselo un tanto, bufando finalmente con ira para, obediente y usando algo de logica, levantar la cabeza de aquel tabernero grasiento y permitirle respirar algo de oxigeno.
El tipo mayor aspiro ruidosamente, comenzando a toser con violencia mientras su cara andaba empapada y de un color incluso amoratado, escupiendo parte del agua sucia que habia invadido sus pulmones.
-Ahora, dime... - Le dijo Ace amenazante y apretando fuerte, muy fuerte, la nuca gorda de aquel hombre, sabiendo seguro que ahora si conseguiria la informacion que necesitaba. -¿Donde... - Pero no pudo terminar, adelantandose rapidamente el mesero en busca de su supervivencia.
-¡Se llama Erick!- Grito entre jadeos y toses, llorando debido tanto al miedo como a la falta de oxigeno. -¡El capitan es Erick Blackbone! ¡Son famosos en esta isla! ¡Tienen una pequeña sala de juego a las afueras del pueblo! ¡Estan ahi! ¡Seguro estan ahi!- Y desesperado, se hecho a sollozar como un niño, provocando que Ace le dedicara incluso una miradita de fastidio.
Era toda la informacion que necesitaba.
-Muchas gracias.- Dijo Ace serio y de mejor humor, soltando sin mas a aquel tipo que callo de rodillas al suelo con un estruendo. Lo esquivo sin miramientos, escuchandolo toser y revolverse por ahi mientras él se dedicaba a volver a saltar la barra, caminando hacia sus compañeros con el instinto asesino, ahora, volcado en aquellos que se habian atrevido a arrebatarle a su bonita Ifára.
Mas les valia que estuviera bien.
Por su vida, mas les valia que ella estuviera bien...
-Nos vamos.- Les espeto a sus compañeros y amigos sin mas, caminando directo hacia la salida.
Y Marco, que no pensaba permitirle andar por ahi solo en semejante estado de nervios, simplemente chasqueo la lengua, siguiendole los pasos velozmente.
Por su parte, Thatch no pudo contener una carcajada jocosa, llevandose una mano hacia el cabello extravagante para mesarselo un tanto.
-¡Oh!- Exclamo de pronto, girandose hacia aquel pobre mesero que, aun no recompuesto del ataque, luchaba por normalizar su respiracion sobre el suelo. -Y me debes dinero, recuerdalo. Yo no tengo la culpa de que el chalado de mi compañero te los hiciera comer.- Se encogio de hombros gracioso, como si alli no hubiera ocurrido nada fuera de lo normal y, sin abandonar su actitud divertida, desaparecio tambien del bar o taberna.
Aun sobre el suelo, el mesero decidio que, a partir de ese dia, la entrada de piratas en su local quedaria terminantemente prohibida.
(Cambio de escena)
-500... 600... - Dijo un tipo alto y desgarbado con actitud calculadora, posicionado en pie junto a la mesa de la sala que usaban de despacho a menudo. -Aqui van 700... - Lamiendose un pulgar sin separar sus ojos del jugoso dinero que andaban contando, aquel tipo larguirucho despego el penultimo billete de su mano para colocarlo en el mueble sobre el resto, apilados en montoncitos bien ordenados. -Y 800.- Concluyo finalmente, dejando el ultimo papel que determinaba aquella cifra encima de los demas con un ruidito sordo.
-Asi que, aqui hay 200.800 berries ¿Eh?- Dijo el capitan, sentado presidencial en su silla comoda frente a la mesa de madera buena, llevandose una mano cargada de anillos al menton mientras observaba el dinero. -No esta tan mal... Nada mal.-
-Si, este mes hemos hecho buen negocio.- Aquel subordinado perteneciente a la pequeña tripulacion sonrio un tanto orgulloso, asintiendo animado a sus propias palabras.
Por su parte, el capitan continuo revisando su dinero un par de segundos mas, analitico y reflexivo.
-Uno muy bueno.- Dijo finalmente, sonriendo entre animado con los beneficios y algo malicioso, incluso, dedicandole a su tripulante una miradita significativa.
-Aja. Guardemoslo, entonces, y larguemonos.- Y sin mas, el tipo larguirucho y desgarbado se inclino hacia la mesa, dispuesto a acoger aquel dinero que eran sus ahorros de semanas para ponerlo a salvo entre el escaso equipaje que solian llevarse.
-Espera.- Pero el capitan se lo impidio abruptamente, acogiendo su muñeca delgada con firmeza y mirada autoritaria. -Aun es pronto.- Dijo, liberando el brazo de su subordinado para, despreocupado, encogerse de hombros. -Deberiamos descansar un poco mas. Nos queda un largo viaje.- Y asi, tranquilo se acomodo mejor sobre su silla buena, ignorando la expresion urgente de su tripulante y tesorero.
-Capitan... - Sin embargo, el tipo delgado fue interrumpido por su superior.
-¿Me cuestionas, acaso?- Le espeto sin mucha alegria, dedicandole una mirada tensa y amenazadora, pero segura.
-Claro que no, capitan.- Respondio rapido su subordinado, negando con la cabeza nerviosamente. -Es solo que... -
-Que tienes miedo.- Y despreciativo para con el otro, aquel capitan de facciones macizas suspiro fastidiado, pero elegante.
-Con todos mis respetos... - A pesar de todo, el tipo desgarbado continuo dando su opinion, sabiendo claro él mismo que, efectivamente, tenia miedo. - ... no creo que se queden quietos demasiado tiempo, capitan, y, permaneciendo aqui, en el pueblo, somos un blanco facil... -
-Eres un tipo cobarde, mi buen amigo.- Incluso con lastima, el capitan chasqueo la lengua, meciendose un tanto sobre su silla comoda. -Y te dire que, para tu desgracia, es un asunto personal.-
-Lo se, pero... - Nada, que aquel subordinado y tesorero no pensaba dar su brazo a torcer, ni siquiera frente a su superior. - ... aun asi, deberiamos largarnos antes de que den con nosotros.-
-¡Y lo haremos, maldita sea!- Estallo finalmente el capitan, poniendose en pie abruptamente para golpear la mesa con ruido y contemplar peligrosamente a su tripulante, que dio un respingo asustado de sorpresa. -¡Pero no pienso correr con el rabo entre las piernas temblando ante la idea de que den con nosotros o no! ¡No daran con nosotros tan rapido, y me largare de este apestoso pueblo con la cabeza bien alta! ¡¿Entiendes?- Casi que escupio, provocando que el otro tragara saliva temeroso ante semejante despliegue de temperamento repentino.
-S-si, capitan.- Asintio aquel pobre tripulante.
-Yo saldre de aqui como una sabandija, es cierto.- Mas calmado, el capitan de facciones macizas y toscas respiro hondo por la nariz, volviendo a acomodarse sobre su silla una vez superado el arrebato furioso. -Pero saldre como una sabandija victoriosa. He ganado.- Dijo, asintiendo una firme y serena vez para si mismo. -Él pisoteo mi orgullo, y yo he hecho lo mismo con el suyo.-
-¿Jaque mate?- Y el tripulante volvio, de nuevo, a atreverse a abrir la boca.
-Cierto, si. Jaque mate.- Celebrativo incluso, aquel capitan de bandidos, o piratas, que ni ellos lo sabian del todo, sonrio triunfal.
Sin embargo, no pudieron ni saborear el jubilo tres segundos, cuando un estruendo, proveniente de la enorme sala de juegos contigua, los hizo dar un respingo.
Con miradas desagradablemente sorprendidas, ambos hombres en la sala observaron la puerta justo frente a ellos, llegando hasta sus oidos mas ruidos violentos, seguidos de sonidos de rotura y golpes impactantes. Aterrado, que no era demasiado valiente, mas de numeros que de batallas, aquel tripulante y tesorero abrio los ojos con horror cuando escucho como un grito de guerra de alguno de sus compañeros estallaba, viniendo tras este un nuevo estruendo y, despues, un alarido de dolor mortal. Por desgracia, esta ecuacion se repitio mas veces en un espacio de tiempo corto, pero que se le hizo infinito, amalgamandose aquel ruido humano con el de los golpes, el moviliario destrozado e incluso el de balas y fogonazos.
Luego, solo quedaron algunos suaves pero lo suficientemente audibles sonidos de moribundos, que poco a poco fueron ahogandose dolorosamente de una manera que ponia los pelos de punta.
Y finalmente, silencio.
Estaticos en su posicion, no sabiendo como reaccionar o si moverse a comprobar que diablos habia sucecido en su sala de juegos, tanto el capitan como su subordinado continuaron con la vista clavada en la puerta.
Lo que parecia una conversacion entre tres hombres les llego un tanto, cada vez mas cercana, acompañada la charla por el ruido de los pasos en conjunto. Escucharon, incluso, una carcajadita cantarina y de lo mas divertida, que se hizo hueco en la estancia como la voz de un arlequin del diablo.
Hasta que alguien giro el pomo tras la puerta, sin prisa pero con eficacia, abriendola relajadamente.
Un tipo alto y delgado, pero fibroso, de cabello rubio cortado de manera extravagante, se asomo el primero a la sala ocupada por dos hombres aun incredulos.
-Buenas noches.- Dijo Marco con sus buenos modales de costumbre y actitud tranquila, internandose valientemente en la estancia y mostrandoles, asi, su indumentaria destartalada y manchada tanto de sangre como del alcohol derramado por las copas.
En cuanto le vio y reconocio facilmente, aquel tripulante y tesorero aterrado, que creia morirse de panico, abrio la boca con claras intenciones de pedir ayuda desesperada.
-Oh, no te empeñes.- Tras aquel primer comandante se interno en la sala un tipo igual de alto, con peinado de tupe ostentoso y extravagante como el de su compañero, de ropas en similar estado pero actitud animada. -Estan todos muertos.- Dijo sin mas ni anestesia, encogiendose de hombros graciosamente mientras observaba a aquel tripulante tembloroso, que parecia al borde de las lagrimas. -Todos muertos.- Canturreo, incluso, asintiendo seguro con la cabeza para que aquello quedara claro.
Y aquel pobre tesorero no pudo mas, dando un respingo para responder de manera nerviosa y desesperada. Dejandose llevar por el panico y el trauma del asesinato repentino de sus compañeros, ignorando al capitan aun estatico en su sitio, el subordinado en cuestion se lanzo a la carrera sin sentido, no sabiendo nadie si iba a atacar o bien a tratar de huir sin oportunidad.
Por desgracia, no pudo apenas el pobre ni recorrer un metro, cuando se clavo directamente en su cabeza un afilado cuchillo de caza que alguien lanzo tras la espalda del cuarto comandante.
Y, asi, la vida de aquel tesorero concluyo, cayendo hacia atras con los ojos como platos, que rapido se volvieron opacos, y estampandose de espaldas contra el suelo en una posicion antinatural, fulminantemente muerto.
Tanto Thatch como Marco se giraron un poco, el primero dedicandole una expresion de ojos exhasperados y el segundo de reproche al atacante en cuestion.
-Ahora si estan todos muertos.- Dijo Ace sin mas, mortalmente serio y aun preso de aquella ira asesina incontrolable, internandose del todo por fin en la estancia para corresponder la mirada de sus compañeros, que no pudieron hacer mas que resignarse.
En cuanto reconocio sus facciones inolvidables, el capitan Erick Blackbone hizo ademan de levantarse de su asiento por puro instinto, causando que Ace velozmente se tensara y le dedicara toda su atencion.
Ahi estaba. Ahi estaba el gran hijo de puta.
Y, antes de que pudiera ponerse en pie, el segundo comandante le dedico la mirada mas asesina y llena de odio del planeta, señalandole con un brazo tenso y autoritario mientras contenia, malamente, algun insulto dañino.
Obediente y decidiendo que mas valia mantener la calma, Erick Blackbone se volvio a sentar.
Y Ace respiro hondo, tratando de no saltar sobre él y descuartizarlo con sus propias manos.
-Primero... - Dijo el joven pirata con una presencia que hubiera aterrado hasta al mismo diablo, señalando ahora el cuerpo tirado de aquel que habia tratado de escapar. - ... voy a recuperar eso.- Y Ace recorrio la estancia en unas cuantas zancadas, alcanzando el cadaver reciente de herida sangrante para agacharse junto a él y recuperar su querido cuchillo de caza.
-Portgas... - Incluso serenador, el capitan de aquella tripulacion ya eliminada del todo hablo, dispuesto a desplegar sus aptitudes de negociador.
Por desgracia para él, decidio que era mejor callar cuando la mirada de un Ace arrancando su arma de la cabeza del tesorero se clavo directa sobre la suya, aterradora y furiosa indicadora de silencio.
-Me parece que es un poco tarde para las reconciliaciones, Blackbone.- Dijo Thatch con sorna, causando la atencion del aludido mientras Ace se ponia en pie con su cuchillo y comenzaba a limpiarlo en sus propios pantalones, ya de por si manchados de manera similar a la de sus camaradas. -Mas que nada, lo digo porque toda tu tripulacion esta ahi atras... - Señalo el cuarto comandante con un pulgar tras su espalda, indicando la sala de juegos que apenas si se divisiba desde la mesa. - ... fiambre total.- Y Erick Blackbone supo que aquello no era una amenaza, si no una sentencia. Una prediccion, incluso.
-Portgas... - Sin embargo, no se dio por vencido, hombre de planes y negocios como era. Por su parte, Ace, una vez finalizo la tarea de limipieza, se limito a dedicarle una miradita burlona, acercandose hacia la mesa ocupada y llena de billetes para posicionarse justo frente al otro. -Vamos, ambos somos hombres ya... no niños.- Dijo con calma, asintiendo a sus propias palabras mientras el segundo comandante se dedicaba a mirarle completamente serio. -Sabemos como funcionan las cosas en Grand Line ¿Cierto?- Pero Ace no respondio absolutamente nada, causando que ante semejante tenso silencio, al otro no le quedara mas remedio que continuar. -Ojo por ojo, diente por diente... Tu me robaste ¿Recuerdas?- Nuevamente, otro mutismo acompañado de la misma expresion. -Entonces... - Y la mirada del capitan se ensombrecio, dejando mostrar su orgullo de bandido cruel para inclinarse un tanto sobre su mesa, no dispuesto a flaquear tan facilmente frente a aquel que le habia humillado y, encima, asesinado a toda su tripulacion. - ... yo te he robado a ti.- La expresion de Ace se contrajo un tanto. -Ojo por ojo, diente por diente.- Repitio con orgullo el capitan sin subordinados ya, notando como la respiracion del hombre frente a él se agitaba un tanto, aunque de manera casi imperceptible.
Tras la espalda de este, Erick Blackbone pudo observar de reojo como el cuarto comandante negaba con la cabeza veloz, como diciendole que no debia haber dicho eso.
-Asi que... ojo por ojo.- Ace rompio finalmente su silencio, asintiendo despacio mientras dirigia una mano hacia los billetes sobre la mesa, jugueteando un tanto con ellos. -Yo te robe, tu me has robado. Ojo por ojo... - Llego incluso hasta a sonreir, pero su expresion se hizo mas inquietante de aquella manera.
-E-exacto... si.- Respondio levemente inseguro aquel capitan de facciones macizas, observando como el joven Ace dejaba de toquetear su dinero.
-¿Insinuas que es mi culpa?- Y, de pronto, la expresion asesina pero calmada del segundo comandante se clavo sobre la suya, esperando la respuesta de aquel desdichado que se habia convertido en su enemigo mortal.
-Bueno... - Se lo penso un tanto, porque Ace parecia peligroso y realmente no entendia muy bien a que venia aquella pregunta, decidiendo que, al fin y al cabo, mantendria el orgullo como mejor pudiera. -Si, supongo que si.- Y Ace asintio, pareciendo completamente de acuerdo.
-Lo es.- Dijo Ace rapidamente, evitando el contacto visual del otro para que no lo notara flaquear ni un solo segundo en su propia culpa.
-Entonces... ¿Lo has entendido?- Erick parecio esperanzado e incluso incredulo, observando a su joven atacante atentamente.
Ace solto una pequeña risa ahogada y entre dientes, sonriendo de manera cerrada para corresponder, de nuevo, la mirada de aquel capitan de tripulacion recientemente asesinada.
-¿Donde esta?- Cuestiono el joven comandante, que empezaba a cansarse de tanto juego tranquilo y hablante. Firme y seguro de si mismo, orgulloso, altivo, salvaje, Ace se inclino sobre la mesa, apoyando las manos fuertes sobre ella con tension contenida cada vez mas evidente. -¿Donde esta la chiquilla?-
-La mate.- Respondio sin miramientos ni anestesia aquel capitan, manteniendo firmemente el contacto visual con el otro. Comprobo, saboreando por dentro la venganza que estaba tomando, como la expresion de Ace parecia andar tratando de sufrir un cambio repentino, evitandolo el muchacho con toda su voluntad para permanecer impasible. Pero lo logro malamente. -Me la folle, despues se la pase a mis hombres, luego la degolle y, finalmente, arroje su bonito cadaver al mar.- Y, sin mas, Erick Blackbone se encogio de hombros, acomodandose sobre la silla resuelto mientras disfrutaba, siendo la mirada transparente por mas que se trate de lo contrario, de como su rival parecia de pronto en estado de shock.
Porque el mundo de Ace se vino abajo, y solo quedo la ira.
Sin embargo, el fiel instinto de Ace grito con advertencia rapidamente.
-Eso no es verdad.- Ace podia ser muchas cosas, pero nunca un estupido, habiendose ademas topado con demasiados tipos como Blackbone como para caer en sus redes retorcidas.
-Lo es.- Respondio el capitan, tratando de mantener la calma para que su actuacion fuera del todo perfecta.
-No.- Pero Ace nego con la cabeza mediante aquella sonrisa maliciosa, afianzando mejor su posicion apoyada sobre la mesa. -Eres demasiado avaricioso y arrogante como para haber tomado esa decision. Nunca desperdiciarias asi un robo como el que me has hecho.- Y es que Ace ya lo tenia seguro, que la expresion cambiante y resignada de su enemigo termino de darle la razon. -Pero ha sido un buen intento.-
-Cierto... es una pieza magnifica.- Dijo el capitan mientras evocaba la imagen de la joven Ifára, llevandose una mano pensativa hacia el menton a la vez que perdia la mirada sobre la mesa.
-¿Donde esta?- Y por los ojos cada vez mas impacientes y nerviosos de Ace, Blackbone supo que aquella charla serena terminaria rapido.
-Aqui no.- Dijo el capitan sin tripulacion, no dando su brazo a torcer.
Ace bufo con exhasperacion.
-¿Donde esta la chiquita?- Volvio a preguntar pacificamente, apretando los dedos sobre la mesa con tension.
-¿Quien sabe?- Aquella cuestion con sorna, incluso, fue el pistoletazo de salida.
Con movimientos rapidos y violentos, olvidandose de absolutamente toda la actuacion serena, el joven Ace clavo sin miramientos de ningun tipo su fiel cuchillo sobre la mano cargada de anillos del capitan, provocandole un alarido de dolor en cuanto esta fue atravesada junto con parte de la mesa.
-Esto es lo que tenia que haber hecho la otra noche.- Espeto Ace entre dientes, apretando con fuerza el arma blanca que heria brutalmente la mano del otro mientras este ultimo se retorcia y quejaba con sufrimiento. Disfrutando realmente de su dolor, el segundo comandante se inclino aun mas sobre la mesa, encarandole con total amenaza e instinto asesino.
-¡Maldita sea, Portgas!- Exclamo entre gritos quejumbrosos y movimientos dañados el capitan Blackbone, observando con horror su mano atravesada y apresada a la mesa cuyo cuchillo era firmemente sostenido por un peligroso Ace.
-Ahora si ¿Donde esta?- Repitio Ace, cada vez menos calmado, cada vez menos sonriente.
-¡Ah! ¡Joder!- Pero el otro no andaba para coherencias todavia debido al shock y el dolor repentino, gritando con su voz masculina y desgarrada.
-¡¿Donde esta la chica?- Ace estallo de nuevo, moviendo a proposito aquel arma sobre la mano del otro para hundirla un poco mas dolorosamente, causando un nuevo alarido.
-¡La vendi!- Confeso Blackbone finalmente entre sudores y gritos, algunos contenidos y otros imposibles de acallar, apresando con su mano sana su muñeca inmovil ahora.
-¡¿A quien?- Cuestiono el segundo comandante, clavando mas aquel arma blanca sobre la carne de su torturado enemigo.
-¡S-se la vendi a unos tratantes esta misma noche!- Exclamo desesperado y retorciendose sin poder evitarlo aquel capitan, decidiendo que no merecia la pena el andar de silencioso y sufrir tales padecimientos solo por orgullo. -¡Tienen un pequeño islote que usan para la venta ilegal!- Y, por fin, Ace retiro sin cuidado la mano de sobre su cuchillo, deshaciendo la presion pero manteniendolo en el mismo lugar dañino. -No esta lejos de aqui... hacia el sur.- Al menos, Blackbone pudo respirar de nuevo, meciendose un poco sobre su silla mientras apretaba su muñeca apresada.
Y Ace recupero su postura, irguiendose en pie cuan alto era de nuevo frente a la mesa, ahora macabra por la mano apresada del capitan.
-Bien.- Dijo Marco resolutivo y sereno a sus espaldas, habiendo permanecido junto a la puerta al igual que Thatch. Dispuesto a marcharse de una vez, el primer comandante hizo ademan de darse la vuelta, deteniendose con un suspirito cuando se percato de que, por su parte, Ace aun no habia concluido.
No, no habia terminado en absoluto.
-¿Le has... - Ace contrajo su expresion un poco, buscando recomponerse veloz para mantener su actitud mas impasible y peligrosa. -¿Le has hecho algo?- Aquello si que desconcerto a Blackbone.
-¿Que?- Cuestiono jadeante el capitan, que comenzo a ver con temor que aquello no terminaria tan rapido.
-Que si le has hecho algo... ya sabes... - Y los ojos de Ace se clavaron sobre los de su presa, sin piedad, pero pareciendo a la vez realmente asustados. -Me dijiste que te gustaba ¿Cierto?- Entonces, Erick Blackbone entendio.
-S-si, pero... - No pudo ni finalizar sus palabras, cuando Ace volvio a echarsele encima, apresando de nuevo la empuñadura de su fiel cuchillo para clavarlo dolorosamente otra vez. Blackbone solo pudo quejarse.
-¿Que le has hecho?- Cuestiono el joven Ace bajo, entre dientes y con tanto miedo como odio, agarrando con su mano libre el cuello de la camisa de un Blackbone que parecia desear desmayarse de dolor. -Quiero saberlo... Dime que le hiciste.- Un nuevo quejido de daño absoluto provoco que, como siempre, la paciencia de Ace se terminara, retorciendo el arma sobre la mano del capitan sin compasion de ninguna clase, sin ni siquiera reaccionar ante ello, pendiente total como estaba de sus palabras.
-¡Nada!- Estallo Blackbone desesperado y retorciendose sobre su silla, apretando su muñeca hasta el punto de que casi le cortaba la circulacion. -¡Por el amor de Dios, Portgas! ¡No le hice nada de eso!- Pero era poco creible, consiguiendo tan solo que el muchacho pirata aumentara el daño. -¡Te lo juro! ¡No le hice nada de lo que estas pensando!- Exclamo, no razonando ya debido al grado de dolor que partes callarse y cuales confesar, observando a duras penas como el segundo comandante lo encaraba aun mas, dispuesto a buscar la verdad tambien en su expresion desencajda.
-Eso es raro.- Dijo Ace incluso reflexivo, desesperado por saber que padecimientos y atentados traumaticos habian cometido sobre su dulce Ifára.
-¡Crei que era virgen!- Confeso Blackbone a gritos, rogandole al cielo por que el dolor concluyera de una vez o bien Ace optara por, mejor, cortarle la mano. -¡Si! ¡Lo intente! ¡Intente tirarmela pero, en cuanto le dije que se desnudara, empezo a llorar! ¡Lloraba y crei que era virgen!- Ace seguia sin entender semejante razonamiento.
-Tiene diecinueve años.- Y es que era algo bastante ilogico creer que una esclava de esa edad, ademas tan bonita como Ifára cuyo dueño, encima, era un hombre, estuviera intacta en semejante asunto.
-¡Yo que se!- Grito Blackbone dolorido, notando la presion asesina que la mano de Ace producia sin descanso sobre el cuchillo. -¡Normalmente, las esclavas se resignan enseguida y se quedan calladas! ¡Pense que era virgen!- Confuso y desconcertado, perdido completamente en temas como aquel, que Ace no comprendia el significado de aquellas palabras, el joven giro la cabeza hacia sus compañeros, buscando respuestas en el rostro de Marco.
-Las virgenes se venden mas caras.- Dijo el primer comandante en cuanto descubrio el significado de la expresion del otro, encogiendose de hombros con resignacion mientras esperaba apoyado contra la pared.
Ahora, Ace si que lo entendia.
-Oh, entiendo.- Dijo, asintiendo un tanto pensativo, regresando nuevamente su atencion hacia su herida y gritante presa torturada. -Esta bien, no la... hiciste nada de eso.- Mas relajado, sin embargo, Ace retiro su mano de la empuñadura, liberando nuevamente la presion dolorosa y permitiendo que el otro jadeara con alivio otra vez. -Pero la viste desnuda, entonces.-
-Si, pero yo... - Por desgracia, Ace lo interrumpio velozmente.
-Contra su voluntad.- Dijo, asintiendo con falsa actitud analitica y serena.
-Si, pero... - Nuevamente, le impidieron abruptamente decir una palabra mas.
-Thatch.- Sin quitarle los ojos al otro de encima, el segundo comandante llamo a su camarada, el cual dio un pequeño respinguito de leve sorpresa. Encogiendose de hombros con resignacion, el aludido se dirigio directo junto a su torturador amigo, posicionandose despreocupado a su lado para dedicarle una miradita curiosa.
-¿Si?- Cuestiono el cuarto comandante, llevandose chulesco las manos hacia los bolsillos para esconderlas ahi.
-Prestame tu pistola.- Y asi, sin mas, Ace extendio una mano con clara actitud receptora, causando que la expresion del capitan Blackbone se tornara horrorizada.
-¡¿Que?- Grito aquel desdichado, siendo ignorado olimpicamente por ambos piratas.
-Oh... - Por su parte, Thatch parecio levemente sorprendido, asintiendo finalmente con eficacia para comenzar a rebuscar en su cinturon. -Claro, claro... - Dijo, topandose velozmente con su arma de fuego, siempre compañera y fiel. -Aqui tienes.-
-Gracias.- Recibio la pistola pesada y fria todavia sin haber apartado en ningun instante los ojos de sobre el otro, apresandola entre sus dedos con firmeza y seguridad. -Veras, Blackbone... - Le dijo Ace al horrorizado capitan, comenzando ahora a revisar un tanto el arma para cerciorarse de que anduviera cargada y a su disposicion. - ... ¿Recuerdas lo que te dije aquella noche, en el bar?-
-Portgas... - E incluso con suplica, el capitan desesperado de mano apresada pronuncio su nombre como un ruego.
-Te jure... - Sin embargo y para su total desgracia, a Ace le fue indiferente, tan descontrolado y peligroso como se encontraba ahora mismo. Desgarrado por dentro, en realidad. - ... que si la tocabas, te mataria.- Le dijo el joven pirata, retirandole el seguro a la fiel pistola de Thatch para apuntar el cañon, diretamente, a la cabeza del otro.
-¡No la toque! ¡Te lo he dicho! ¡No la toque!- Grito Blackbone en pleno estado cercano al infarto, pendiente total ahora de aquel arma peligrosamente cerca de un punto letal.
-Claro que si.- Pero Ace ya lo habia decidido, no andandose con rodeos ni juegos para con aquella busqueda. -La secuestraste ¿No? Para eso, has tenido que tocarla obligatoriamente, aunque no sea de una manera sexual.-
-¡Portgas!- Volvio a suplicar el capitan, cerrando los ojos con fuerza un segundo al no asimilar la muerte inminente.
Por su parte, Thatch chasqueo la lengua, interrumpiendo la tensa escena.
-¿Es necesario?- Cuestiono con fastidio incluso, dedicandole al segundo comandante una mirada caprichosa para dejarle claro que andaba cansado, no compasivo.
-Si.- Pero Marco respondio por Ace, asintiendo sereno y calmado, pero firme e infranqueable.
Si tenia que matar, lo haria, si tenia que morir, lo haria, y si tenia que descender hasta las puertas del infierno, lo haria.
Como le dijo a ella una vez.
Portgas D. Ace no queria a mucha gente pero, cuando queria, lo hacia de verdad.
Queria demasiado.
Y, asi, apreto el gatillo, y el sonido de la polvora estallando innundo la estancia como el ultimo trueno de una tormenta tropical.
Y la bala atraveso la cabeza de Erick Blackbone.
Ahora si. Todos estaban muertos.
(Cambio de escena)
Basicamente, habian tenido que arrastrar a Ace hasta el Moby Dick.
Debido a su desesperacion e ira asesina, su total panico y la ausencia completa y actual de razonamiento que padecia, Ace no habia andado de acuerdo con abandonar la busqueda de su querida y desaparecida Ifára ni un segundo, dispuesto incluso a batallar contra Marco y Thatch si no quedaba otro remedio.
Sin embargo, el primer comandante, siempre tan sereno y correcto a la vez que firme, trato con el joven Ace como quien doma a un perro rabioso, explicandole lo mas detallada y tranquilamente que sabia su situacion actual. No podian largarse sin mas, le dijo, que ya habian desaparecido del barco que llamaban hogar repentinamente para, encima, masacrar una tripulacion que aunque pequeña seguia consistiendo bastantes muertos.
Ace lo entendio, pero le dio lo mismo, sintiendo como sus nervios se retorcian con dolor y alaridos de solo imaginar donde estaria la pobre Ifára o lo que es peor, con quien.
Por lo tanto, Marco decidio apelar hacia otro punto concreto, decidiendo pacificador que regresarian al Moby Dick en busqueda de un bote en el que poder viajar los tres hacia aquel islote mencionado por el difunto Blackbone, y que él mismo se encargaria de hablar con su padre.
Ante esto ultimo, aunque le costo, Ace decidio ceder, tambaleandose su voluntad de pisar el navio cada dos segundos mientras atravesaban el pueblo en plena noche.
Sin embargo y gracias a las divinidades del mar, Marco logro arrastrarle hasta alli.
Asi, regresaron a casa, al Moby Dick, al hogar, topandose en cubierta en cuanto llegaron con varios de sus compañeros pululando por ahi, deteniendose estatico y atento cada uno de ellos en cuanto divisaron sus presencias. La noticia de la desaparicion de aquella chiquita guapa, esa esclava que tenia los sentimientos del segundo comandante entre las manos de manera mas que evidente, provoco que todo tripulante presente se mantuviera en un mutismo completo, observando a los tres recien llegados y, sobre todo, al dueño y enamorado en cuestion de la muchacha.
Ace se limito a ignorarlos con todo su mal humor y estado nervioso actual, Thatch permanecio relajado y disfrutando de la atencion, y Marco se trago un suspirito, atravesando los tres directos la cubierta para llegar hasta el capitan.
Y de aquella manera, facil y rapido dieron con el imponente Barba Blanca que parecia, incluso, que los andaba esperando desde hacia un buen rato, sentado comodo pero serio en su silla de dimensiones tan grandes como las suyas bajo la luz de la luna y el cielo estrellado.
Marco se posiciono justo frente a él en busca evidente de darle algun tipo de explicacion, observando de reojo con frustracion como Ace decidia saltarse el protocolo y dirigirse, justo frente a sus narices, hacia el borde del navio para comenzar a preparar el dichoso bote.
Por su parte, Thatch se encogio de hombros, decidiendo permanecer levemente al margen y disfrutar del espectaculo.
-Padre... - Dijo Marco con calma, siendo velozmente interrumpido por su admirado padre.
-Se lo que ha ocurrido.- El enorme lobo de mar solto aquello de manera seca, pero resignada, llevandose el barril que contenia su alcohol hacia la boca para darle un buen trago. -Me lo dijo... - Entonces, su mirada se clavo sobre la espalda de un Ace que, cercano, continuaba a lo suyo con movimientos fuertes y tensos, suspirando el viejo capitan con cansancio. - ... uno de mis hijos de la segunda division.- Y Marco asintio atento, guardando silencio hasta que fuera el momento oportuno. -Al parecer, cierto niño se paso de listo y, no solo le dio una paliza a una serpiente, si no que ademas le robo demasiado dinero.- Observo el capitan como la espalda de Ace se tensaba y contraia notablemente, deteniendo sus acciones en seco con la mirada clavada en el mar. Un par de segundos mas tarde, el joven comandante regreso a su tarea preparatoria, cortando y amarrando las cuerdas precisas. -Asi que, le han robado algo demasiado importante al niño... - Dijo Barba Blanca, dirigiendo finalmente su mirada y atencion sobre Marco, inclinandose un tanto en su asiento colosal hacia el otro. - ... y este y sus amigos han decidido entrar en el nido de la serpiente para vengarse y recuperar lo que le arrebataron ¿Cierto?-
-Cierto, Padre.- Contesto Marco obediente y respetuoso, pero tan digno como era su naturaleza, asintiendo una vez rapida.
-Y, por lo que veo... - Continuo el viejo y temible lobo de mar, revisando a su primer comandante e hijo mas cercano de pies a cabeza, deteniendose un tanto sobre las manchas de sangre y alcohol. - ... los niños se han vengado y han aniquilado a cada una de las serpientes... pero no han recuperado lo que andaban buscando desesperadamente.-
-Cuando llegamos... - Dijo Marco, suspirando resignada y cansadamente cuando comprobo que su capitan parecia haber finalizado la historia. - ... ya la habian vendido.-
-Entiendo.- Barba Blanca asintio con tranquilidad y despreocupacion, pero manteniendose serio, propinandole un nuevo trago a su barril cargado de fuerte licor. -Era bastante obvio. Ninguna serpiente es tan estupida como para dejar el tesoro en su guarida. Mucho menos cuando se trata de un ataque directo contra el niño en cuestion... - Nuevamente, observo la espalda de Ace, logrando que los movimientos de este se volvieran un poco mas tensos y dolidos. -Ha sido un asunto personal. Asi funcionan las cosas en Grand Line... - Nuevamente, Marco asintio. -Ahora dime, hijo ¿Donde esta el tesoro?-
-En un islote al sur. Se lo vendieron a unos tratantes.- Contesto Marco obediente, observando como su viejo capitan se llevaba una mano pensativa hacia el menton.
-Y supongo que el mezquino y arrogante niño que se paso de listo quiere recuperarlo ¿Verdad?- Hablo el enorme Barba Blanca, elevando una ceja divertida mientras su expresion se tornaba hasta burlona.
-Si, Padre.- Marco, por su parte, le dirigio una miradita incluso suplicante, esperando que su respetado padre les diera su beneplacito.
-Deberia darle una paliza y ponerlo a fregar suelos durante un año, por arrogante y descuidado.- Chasqueo la lengua el viejo lobo de mar, acomodandose mejor sobre su gigantesco asiento para beber de nuevo. -¿De verdad es tan importante?- Y aquella pregunta no fue para el primer comandante, en absoluto, dedicandole el famoso Barba Blanca una mirada cuestionativa a su hijo mas joven.
Dandose por aludido rapidamente, Ace detuvo sus movimientos durante un instante, con las manos estaticas sobre las cuerdas, girando la cabeza para corresponder la mirada de su capitan.
Sus ojos rabiosos y firmes, pero a la vez preocupados y culpables, fueron respuesta suficiente.
Barba Blanca se limito a suspirar cansado a la vez que el joven Ace decidia continuar a lo suyo, en silencio, causando que por el ambiente tenso Marco se aventurara a abrir la boca.
-Padre, es que... - Pero el enorme padre lo interrumpio veloz, elevando una mano pacifica mientras asentia resignado y con fastidio.
-Lo se, Marco. Lo se... - Dijo, pareciendo un tanto pensativo durante un par de segundos que se hicieron eternos. -Conozco a Ace, y se que le diga lo que le diga, ira de todas formas.- A Marco no le quedo mas remedio que asentir completamente de acuerdo, cruzando los dedos mentalmente para que su figura total de respeto les diera su visto bueno. -Solo id con él, y tratad que no le pase nada o bien se comporte de manera muy... escandalosa, ya me entiendes.- Y es que no era de necesidad que el joven Ace llamara demasiado la atencion en su violenta busqueda, que nunca les viene bien a los piratas tan buscados como ellos el exceso de informacion regalada a la marina. -Pero os advierto... - Dijo de pronto el enorme lobo de mar sin compasion ni miramientos, señalando autoritario tanto al atento Marco como al pobre Thatch, que nada habia tenido que ver en la conversacion. - ... por culpa de vuestro numerito de esta noche partiremos hacia alta mar mañana, al amanecer. Buscaros la vida. Si sois mayores para largaros por vuestra cuenta y asuntos, lo sois para asumir las consecuencias y regresar por vuestros propios metodos.- Y tanto Thatch como Marco asintieron veloces y firmes, seguros por dentro de que el capitan, mas padre que pirata, no permitiria que sus hijos se perdieran a la deriva, en realidad.
Sin embargo, decidieron callarse aquello, conteniendo una sonrisita graciosa facilmente.
-Si, Padre.- Dijo Marco finalmente, tan correcto como solo él podia ser, dispuesto como el que mas a largarse de una vez y encontrar a aquella pobre chiquita perdida.
-Regresaremos pronto.- Jocoso, Thatch no iba a ser menos, dedicandole a su padre una de sus sonrisas graciosas y picaras que nunca acontecian nada bueno.
-Si, si... pero... - Ante sus palabras, ambos jovenes tuvieron que detenerse, esperando sorprendidos una nueva orden o impedimento. - ... antes daros una ducha ¿Quereis? Pareceis tres granjeros recien salidos de la matanza del cerdo.-
Con expresion desconcertada, ambos comandantes se revisaron a si mismos de pies a cabeza, cerciorandose disgustadamente de que su capitan tenia toda la razon del mundo.
Apenas una hora despues, tres de los tripulantes mas peligrosos e importantes de la temida tripulacion de Barba Blanca ya estaban listos para marchar en su propio viaje.
Y asi, observaron bajo el cielo nocturno plagado de estrellas, cuya luna llena les dio la bienvenida, como poco a poco se alejaba de su vista el colosal Moby Dick a medida que avanzaban a traves del mar.
En realidad, lo unico importante para Barba Blanca era la felicidad de sus hijos.
Nada mas.
(Cambio de escena)
Durante horas, Ace no dijo una palabra.
Prefirio mantenerse en un mutismo cortante y peligroso, que daba hasta miedo, desesperado por dentro a la vez que furioso tanto consigo mismo como con el mundo horrible.
El mundo, que solo dejaba de ser tan malo cuando Ifára estaba cerca.
Ambos amigos y compañeros, no solo de fiestas y viajes si no tambien en los momentos bajos y tan incomodos como aquel, se dedicaron en un principio a tratar de mantener algun tipo de conversacion, dadonse por vencido cuando comprobaron pesarosos que el segundo comandante no andaba dispuesto a abrir la boca mas de lo necesario.
Tras varias preguntas respondidas a base de monosilabos, o bien ni eso les dedico, tanto Thatch como Marco se resignaron, dedicandose a lo suyo mientras Ace les daba la espalda, atento al horizonte y al pequeño bote de vela.
El vehiculo aunque pequeño y rapido, resulto un recurso cuestionable, sobre todo cuando se econtraron en mitad de la noche con que el viento no andaba a su favor y acabarian tardando mas de lo que pensaron en un principio.
Como ni siquiera ellos podian luchar contra las variaciones atmosfericas del siempre impredecible Grand Line, no les quedo mas que resignarse y esperar, acabando por caer dormidos tanto el cuarto como el primer comandante.
Sin embargo, Ace paso toda la noche en vela, observando el horizonte y evocando imagenes y recuerdos.
Fue la primera vez en su vida que no tenia sueño a semejantes horas.
Dormirse significaba flaquear, y no iba a permitirse ni un apice de debilidad hasta que no la encontrara. Por que si, la encontraria. Le costara cuanto le costara, tardara cuanto tardara y tuviera que asesinar a quien tuviera que asesinar, Ace daria con la dulce Ifára y la recuperaria.
Entonces él la salvaria del mundo cruel, al igual que ella lo salvo hace tiempo del mismo peligro sin, si quiera, haberselo propuesto.
Perdido en su cabeza peligrosa, que no podia hacer mas que pensar en Ifára y en su estado, en que la habrian hecho y en las manos de que monstruos estaria, el amanecer sorprendio a Ace repentinamente sin que apenas se diera cuenta.
Asi, con la mente llena de ira contrastada mediante imagenes calmantes de la maravillosa Ifára, que al final no hacian otra cosa mas que aumentar su estado nervioso, Ace se mantuvo en la misma posicion mientras el dia se abria camino, pasando las horas a la velocidad de la luz para él que ya estaba en otro mundo.
Debia ser aun temprano, cuando el segundo comandante diviso, por fin, un pequeño islote en la lejania.
Como un resorte se levanto sobre el suelo del bote, acercandose peligrosamente al borde de madera para cerciorarse de que su mirada no le engañaba, revisando el pedacito de tierra con ojos de analitico halcon hambriento.
-¡Ahi esta!- Exclamo con un pequeño grito firme, girando la cabeza un momento para observar a sus aun dormidos compañeros. -¡Eh!- Dijo con voz alta y tensa, pateando fuertemente el suelo del navio pequeño y asi hacer ruido suficiente. -¡Arriba!- Comprobo satisfecho como sus camaradas se despertaban con un respingo debido al impacto repentino contra la madera, pareciendo ambos desconcertados y confusos. En cuanto se recompusieron un tanto y vieron que nada fuera de lo comun ocurria alli, los otros dos comandantes anduvieron dispuestos a replicar y armar revuelo, desistiendo finalmente cuando Ace los interrumpio. -Ya estamos llegando.-
Todavia adormilado, Marco se puso en pie en cuanto escucho las palabras de su amigo, recorriendo facilmente el bote debido a sus dimensiones pequeñas para posicionarse junto al otro y comprobarlo con sus propios ojos.
-Cierto... - Dijo Marco con mirada entrecerrada, analizando él tambien el diminuto islote cada vez mas cercano. -En unos minutos estaremos ahi.- Y sin mas, asintio, regresando al centro de la embarcacion mientras Ace permanecia tenso en aquella posicion analitica.
-Gilipollas... - Por su parte, Thatch, que tenia mal despertar y aun se mantenia sentado sobre el suelo, se limito de momento a dedicarles semejante desprecio entre dientes, siendo ignorado por ambos ofendidos pero consiguiendo asi desahogarse el cuarto comandante.
Si, en unos minutos estarian alli.
(Cambio de escena)
En aquella tierra escasa solo habia arena, un barco y una construccion.
La arena clara y amarillenta, iluminada por el sol tortuoso a plena hora de la mañana, se arremolino un tanto con un ademan del viento que trato de regalarles una brisa. Sin embargo, al final se quedo tan solo en eso, en un ademan.
En el otro extremo del diminuto islote, facilmente visible debido a sus considerables dimensiones y las tan pequeñas de la superficie de tierra, el barco en cuestion casi les dio la bienvenida, analizandolo los recien llegados con atencion para cerciorarse de que no era un buque de guerra, si no un vehiculo de transporte y ventas.
Y atravesando la infima islilla natural se encontraba la construccion de piedra de un solo piso, de formas cuadradas y toscas, casi incluso primitivas, recalentada al sol asesino del lugar sureño.
Ace supo facilmente cual era la finalidad de aquella construccion grande, pero a la vez estrecha y asfixiante, siendo el primero en aventurarse a tierra firme en cuanto su pequeño bote de vela se detuvo en la costa.
En cuanto puso los pies sobre la arena arida y caliente, el calor ya de por si sofocante se transformo en insoportable, incluso, aumentando la temperatura debido al encontrarse aun mas al sur.
Rapido Marco y Thatch, fieles amigos y compañeros, lo siguieron en sus pasos, posicionando pies en la tierra firme y ardiente para suspirar quejumbrosos debido a la temperatura, no queriendo ni imaginar como debia apretar alli el calor cuando el sol alcanzara su punto algido al mediodia.
Decidido, Ace aumento el ritmo de avance, no pudiendo apartar los ojos de la construccion cuadriculada de piedra cada vez mas cercana y reconocible. Sus camaradas inseparables lo siguieron en silencio, mudos los tres por ahora, atravesando el islote diminuto con paso seguro y respiracion dificultosa debido la calor.
Velozmente, que era facil divisarlos teniendo en cuenta la escasa distancia que la superficie de arena tenia de punta a punta, algunos tipos de aspecto bastante deprorable, pero sanos, se mostraron bajo la luz del sol en el horizonte, analizando con ojos entrecerrados en la lejania pequeña a los recien llegados.
Cuando comprobaron rapidamente que no eran marines ni ninguna figura de autoridad similar, se relajaron un tanto, desapareciendo de nuevo algunos tras la construccion mientras que, un par tan solo, se quedaron donde estaban en espera de un nuevo comprador o negociador que atender.
En menos de dos minutos, tres de los principales comandantes de la temida banda pirata de Barba Blanca llegaron a su destino, caminando sin descanso hasta dar, finalmente, con aquella construccion alargada y asfixiante de piedra.
Llego rapido a la nariz de Ace un olor desagradable y cargante, un aroma humano que solo podia formarse en las malas condiciones de lugares como aquel, cerciorandose de sus sospechas facilmente adivinables cuando decidio dar un vistazo mientras avanzaban.
Un almacen.
Pero esta vez al descubierto, no precisando de escondrijos ni clandestinidad debido al anonimato del que ya gozaban en semejante islote perdido o bien al haber hecho algun trato economico con la marina, dedicandose Ace a observar ahora a la mercancia en cuestion.
Tras las rejas metalicas y oxidadas, separados en cubiculos pequeños de piedra y techo bajo, varios ojos se clavaron sobre él como una dolorosa sentencia, distinguiendo miradas asustadas y esquivas, otras perdidas y confusas, otras resignadas simplemente y, otras, incluso combativas.
Pero estas eran las que menos abundaban, por desgracia.
Era una imagen increiblemente desagradable pero, no supo exactamente por que razon, Ace no podia dejar de analizar cada recoveco y rostro de aquel almacen humano, topandose con hombres jovenes que, en otro tiempo, debieron ser fuertes y saludables en lugar de enfermizos y delgados, muchachas ovilladas y aterradas la mayoria, de las cuales algunas le parecieron unas crias, mujeres maduras, tipos bien entrados en la cuarentena e, incluso, unos pocos y escasos ancianos.
La imagen cercana a los barrotes, sin embargo, de una precisa persona en uno de los cubiculos del medio le hizo detenerse un segundo.
Una mujer algo mayor, pero no entrada en la vejez ni mucho menos lo sorprendio, mirandole aquella esclava sin dudarlo mientras Ace dejaba su caminar para corresponder a sus ojos. Sentada en el rincon junto a los barrotes, con la frente y las facciones envueltas en sudor por el sofocante calor insano que debia hacer debido a las paredes de piedra a pleno sol, la mujer lo contemplo con desden en un principio, pasando despues a la incomprension y, finalmente, a la resignacion y al olvido.
Pegadito a su pecho y protegido bajo los brazos de su madre, un bebe comenzo a llorar de manera afonica y asfixiante, haciendole pensar a Ace si acaso se quejaba por el calor, el hambre, la falta de agua o bien por todas las causas juntas. Entonces, aquella mujer y madre abandono la antencion sobre el segundo comandante porque habia algo demasiado importante ahora, meciendo a su hijo lloroso y sin esperanzas de vida en semejante lugar, apretandolo contra si y tratando de calmarlo en un idioma extraño y extranjero del que Ace no entendio palabra, pero si el contexto.
Seguramente, fuera una oracion en forma de nana cantada con aquella dulzura maternal inconfundible, no logrando la pobre mujer que su bebe mal alimentado callara facilmente. Sin embargo, el amor de una madre lo puede todo, en realidad, o casi todo, consiguiendo al menos que el pequeño extranjero se relajara y no malgastara sus ultimas fuerzas y dias en el llanto histerico.
Y si habia algo que Ace valoraba y respetaba por encima de todo, era el amor de una madre.
Al fin y al cabo, el estaba vivo y causando estragos en el mundo gracias a aquel afecto y fuerza sobrehumana que, como un huracan, solo puede utilizar una madre por su pequeño.
Como una telaraña formada por cordeles que se tensa de repente, deshaciendo los nudos para quedarse clara y desenredada, deshecha, la mente de Ace sufrio de un colapso.
Y la mirada de aquella mujer con su bebe se clavo de nuevo sobre la suya, mostrando esta vez hasta compasion. Se estaba compadeciendo de él.
Ace desperto de su extraño y doloroso embrujo cuando escucho los pies de Marco a su lado, pareciendo removerse incomodo y fuera de lugar el primer comandante para alejarse un tanto de aquellas celdas que mas parecian destinadas a bestias que a seres humanos. El joven Ace lo vio caminar un par de pasos como de precaucion, sabiendo que para el otro era aun mas dificil que para nadie y comprendiendo, facilmente, que era mas sano para su mente el evitar cualquier tipo de contacto visual con aquellos desdichados.
Respeto su decision y la comprendio, analizando la espalda tensa de un Marco cuya expresion disgustada y enfermiza le hizo pensar en, si acaso, terminaria hasta vomitando, el pobre.
Por desgracia, Ace no tenia tiempo para preocuparse por él. Ifára era demasiado importante.
Un sonidito zumbante de aleteo paso junto al oido del segundo comandante repentinamente, que por puro instinto y haciendo gala de sus buenos reflejos llevo una mano rapida hasta el lugar del ruido, atrapando al responsable del zumbido en su puño.
Sintiendo una vida pequeña y diminuta entre los dedos se llevo la mano cerca de los ojos, subiendo la temperatura dentro de la celda manual a conciencia para llevar a cabo un extraño experimento. Cuando razono que habia sido mas que suficiente, abrio la mano finalmente, liberando el cuerpo chamuscado de un moscardon que, muerto por el fuego, cayo sobre la arena sin poder volar nunca mas.
Entonces, observando el insecto inmovil, Ace comprendio un poco mas la mente de Ifára.
No llego a entenderlo del todo, todavia no, pero si a empezar a adivinar y poner en orden ciertas cosas.
Dirigio, por tanto, una ultima mirada a aquella madre con su bebe.
Y luego, otra final al morcardon quemado.
Él habia abusado de su fuerza y tamaño para eliminar a aquel ser diminuto, se dijo Ace con extraño analisis. Aquel ser que, aunque menos fuerte y mucho mas pequeño, tenia la capacidad de volar, cosa que el mismo Ace no tendria jamas por mas que tratara, no por naturaleza. Significaba entonces que cada ser en el mundo tiene cualidades unicas que le dotan de una especialidad, no siendo por lo tanto ninguno superior o inferior al otro.
Es decir, era evidente que Ace podia eliminar a la mosca, pero ella podia volar y él no.
Aquella madre, por ejemplo, era mas debil que Ace fisicamente hablando, y podria reducirla facilmente. Sin embargo, aquella madre que apretaba a su bebe contra su cuerpo era mas valiente y valiosa que Ace, era mas fuerte en todos los otros sentidos, y lo era por propia naturaleza maternal.
Y, sin embargo, por culpa de aquellos que abusan de sus cualidades sobre otros, aquella madre estaba presa en una celda y su bebe condenado a la muerte injustamente al igual que Ace habia quemado a la mosca.
Ahora, aunque era complicado y Ace estaba acostumbrado a ecuaciones mas simples, si comenzaba a entender mejor la filosofia de Ifára.
Convierte lo que otros llaman debilidades en cualidades unicas.
Si eras sensible y blandito, alimenta tu sensibilidad de manera que se convierta en tu fuerza y forma de defensa. Cura corazones y almas deshechas, pega pedazos con dulzura e inteligencia, y haz del mundo algo mas agradable.
Si eras, en cambio, poderoso y grande como Ace, utiliza tu cualidad para proteger a aquellos que no lo sean y, asi, salva a los sensibles y blanditos para que ellos te salven a ti despues a su espiritual manera. Te curaran el corazon y el alma y tu permitiras que el suyo, tambien, se sanee, haciendo del mundo algo mas agradable.
Ahora, Ace si comenzaba a entenderlo. Los monstruos, en su mayoria, no son lo que aparentan ni tan malos como los pintan.
Pero eso no significaba que tuviera compasion para con aquellos que habian decidido seguir el camino equivocado. Algunos monstruos no tenian cura. Quiza en el mundo de Ifára si lo tuvieran, pero en el de Ace, no.
Que comprendiera a la dulce chiquita y comenzara a tomar partido en su salvacion del mundo, no queria decir que él dejara de ser él, y que se tomara las cosas a su manera.
Cuando la recuperara y estuviera de nuevo a salvo, curando el mundo, Ace decidio que seria el momento de replantearse sus maneras y forma de ver la vida. Pero ahora, no era el momento.
Todavia no.
Ace necesitaba derramar la suficiente sangre de monstruo para llevar a cabo hasta la mas leve metamorfosis.
Y el pensar en la maravillosa Ifára y sus buenas intenciones, no hizo mas que aumentar la ira hacia aquellas bestias que no comprendian la grandiosidad de su bonito corazon.
Saliendo de sus pensamientos, el segundo comandante asintio para si mismo, olvidando el cuerpo de la mosca quemada para continuar su camino a traves del suelo arenoso.
Con un chasquidito cansado de la lengua, harto de la falta de accion, Thatch se le adelanto sin esperara ni un segundo mas, dispuesto a comenzar con sus negociaciones y actitud divertida para sonsacar algo de informacion.
Mediante un caminar seguro y chulesco pero a la vez relajado para inspirar confianza, el cuarto comandante recorrio la distancia que lo separaba de aquellos tratantes tan atentos a la presencia de los tres piratas, elevando una mano amiga a la vez que sonreia graciosamente.
-¡Hola, buenos dias!- Les dijo, que Thatch era el unico de sus compañeros con estomago lo suficientemente duro como para mostrarse cordial ante semejantes "vendedores"
-Buenos dias.- Contesto un tipo bajo y robusto, cuyo aspecto parecia gritar los malos negocios que llevaba por cada poro de su piel. Aquel delincuente, que debia ser el encargado de tratar con los clientes si no era el lider, correspondio la sonrisa de Thatch con otra cargada de dientes descolocados, tendiendole una mano formal que fue rapidamente apretada por el comandante. -¿En que puedo... - Iba a hablar en plural, seguramente, cambiando de idea en cuanto sus ojos revisaron a un Marco que, ausente y lejano, habia decidido permanecer a lo suyo con la mirada clavada en el mar. - ... ayudarte, amigo?- Concluyo finalmente, dirigiendo la mirada sobre un tenso y serio Ace que andaba hacia ellos con caminar lento, decidiendo brindar su atencion al animado Thatch.
-Oh, pues estaba interesado en hacer unas compras... complicadas.- Y la mirada significativa de Thatch acompañada de su sonrisa maliciosa le hizo comprender facilmente a aquel tratante.
-Ya veo. Has venido entonces al lugar indicado, amigo.- Rio el negociador ilegal, soltando una carcajada jocosa mientras trataba de aparentar mas estilo del que poseia en realidad. -¿Y en que tipo de compra estas interesado? Tenemos sustancias... complicadas, armas complicadas e, incluso, documentos complicados.- Orgulloso de sus negocios, aquel traficante de cualquier tipo de mercancia no permitida amplio su sonrisa, irguiendose un tanto con su cuerpo de baja estatura pero de robusted envidiable.
Thatch no pudo evitar girarse en cuanto escucho el susurro de la arena, dedicandole una miradita rapida y descontenta a un serio Ace de expresion peligrosa que se habia colocado, justamente, tras su espalda.
El cuarto comandante se trago un suspirito fastiadiado al observar que el joven pirata no parecia dispuesto a despegar los ojos de sobre aquel tratante con desprecio absoluto, decidiendo continuar a la conversacion negociadora y esperando que este ultimo no se diera cuenta.
-Veras, amigo... - Dijo Thatch con su sonrisa habitual, correspondiendo él tambien al trato de confianza que le andaba dando aquel otro hombre. -En realidad, estaba interesado en su mercancia mas... especial.- Dirigiendo una miradita rapida y señalativa a la construccion de piedra, Thatch espero gracioso la respuesta del otro, que asintio animado un par de veces.
-¡Oh, entiendo!- Exclamo el tratante con su sonrisa de dientes descuidados, frotandose las manos un tanto con orgullo. -Puedes darte una vuelta por ahi y elegir el que mas te guste, o los que mas te gusten... - Thatch abrio la boca dispuesto a decir algo, siendo interrumpido por el hombre robusto rapidamente. -El precio varia dependiendo de la pieza, amigo.- Concluyo, encogiendose de hombros y andando convencido de que Thatch pretendia cuestionar sobre cifras economicas.
-En realidad, el precio me da un poco igual... - Y la expresion del vendedor ilegal se desconcerto un tanto, mirando sorprendido a su supuesto futuro cliente. -Busco algo muy concreto ¿Entiendes, amigo?- Thatch le miro significativo y con sonrisilla complice, haciendo que el otro se llevara una mano al menton y adoptara su actitud mas atenta. -Mira, el problema es el siguiente. Se que no deberia contarte mi vida ya que es de muy mala educacion pero... - Suspiro Thatch falsamente, encogiendose de hombros como si se sintiera algo avergonzado.
-No te preocupes, amigo. A ver en que puedo ayudarte.- Dijo aquel tratante con buenas maneras malamente llevadas a cabo, que se notaba a la legua que era un hombre bruto y vulgar. Como agradecimiento, el cuarto comandante asintio con su sonrisa mas inocente, dispuesto a comenzar con alguno de sus teatros.
-Bien, ahi va... Mi mujer es alguien de armas tomar ¿Sabes?- Dijo Thatch con expresion entre dolida y resignada, causando que el otro asintiera con pura complicidad masculina. -El caso que, ultimamente, siempre anda quejandose de que esta muy sola porque trabajo demasiado, que no puede mas con las tareas de casa ella sola, que se aburre, que no para de currar... Lo que dicen todas.- Resignado y haciendo gala de sus buenas dotes dramaticas, Thatch se encogio de hombros, causando que aquel tratante ilegal asintiera comprensivo. -Lo hablamos y pues, como ambos somos piratas, decidimos que la mejor opcion era comprar una esclava. Alguien joven, una chiquilla tranquila y docil que la obedezca y ayude en casa y, a la vez, le haga compañia.- Rapidamente, el vendedor de mercancia humana dio un respingo, dispuesto a hacer un buen y facil negocio.
-Oh, tengo muchas de esas, amigo.- Exclamo animado, asintiendo rapidamente con evidentes intenciones de emprender camino y mostrarle a Thatch sus encerradas mascotas humanas. Sin embargo, el cuarto comandante se lo impidio veloz como el viento, causando que el otro desistiera sorprendido y permaneciera en el mismo lugar.
-No, no... a ver, como te explico... - Fingiendo que la situacion marital y hogareña que sufria era real, Thatch se llevo una mano al menton con actitud pensativa, pareciendo que reflexionaba un par de segundos una mejor explicacion al problema. -Mi mujer es muy exigente, amigo... No se conformara con cualquier chiquilla. Querra alguna con la que, ademas de todo lo que dije anteriormente, pueda presumir delante de sus amigas ¿Sabes? Quiero decir, que le gustara alguna pieza mas... unica. Una joven bonita, que llame la atencion pero que no busque ensombrecerla.-
-Me lo pones dificil.- Dijo el tratante, riendo incluso ante semejante pedido mientras le daba vueltas en su cabeza para dar con alguna que se ajustase a aquella descripcion.
-¡Lo se!- Exclamo Thatch con culpa, palmeandose la frente como castigo una rapida y graciosa vez. -¡Y lo siento mucho! Pero es que mi mujer es una señorita dificil de contentar.-
-Eso es porque es una mujer inteligente.- Aquel negociador ilegal rio, agasajando un tanto a su futuro cliente.
-Si, lo es... - Suspiro el cuarto comandante, asintiendo convencido de sus palabras. -Mira, amigo, alguien me dio el soplo, apenas ayer en la noche, de que ha llegado a tus manos una muchachita preciosa y dulce como la miel... - Pero rapido, aquel tratante lo interrumpio.
-¿Quien soplo?- Cuestiono el hombre de dientes descolocados con recelo, temiendo que algun desdichado bocazas se hubiera ido de la lengua sin mas.
-Blackbone. Erick Blackbone.- Y en cuanto escucho aquello el tratante ilegal rapidamente se tranquilizo, conteniendo un suspirito de alivio cuando comprobo que no tenia nada que temer. -Fui a preguntarle donde podia conseguir lo que ando buscando, somos buenos amigos.- Era la mentira mas grande del universo pero, dicha por los labios de Thatch, en aquel momento parecia una verdad incuestionable. -Al parecer, segun me dijo te vendio a esa chiquita que tan perfectamente se ajusta a mi descripcion.-
-¡Ah!- Exclamo velozmente el hombre robusto, asintiendo descubridor un par de veces. Tras Thatch, manteniendo la calma a duras penas, Ace casi se muere de incertidumbre y nerviosismo, deseando saber donde diablos habian escondido a Ifára en aquel pequeño islote. Gracias al cielo, el vendedor no se dio cuenta. -¡Buscas a la chiquita guapa, la de los ojos bicolores!- Definitivamente, el difunto Blackbone no les habia mentido, revolviendose el joven Ace un tanto en su sitio en cuanto escucho hablar de la muchacha.
-¡Exacto, amigo! ¡Esa misma es la que quiero!- Animado a mas no poder ante la idea de que resultara tan sencillo, Thatch sonrio radiante, dando incluso una palmadita feliz en el aire. -¿Podria echarle un vistazo?-
-Deberias poder... - Dijo aquel tratante, causando que la animacion de Thatch se transformara en desconcierto cuando el otro suspiro derrotado, incluso. - ... pero, por desgracia, aunque paso por aqui apenas si pude echarle un ojo.- A Ace casi se le cae el alma a los pies, no pudiendo reaccionar de momento mientras el otro se decidio por continuar. -La enviamos directamente al campamento que tenemos en una isla cerca de aqui... - Y se encogio de hombros con resignacion, analizando la expresion frustrada de Thatch. -Aqui apenas habia espacio para uno mas, asi que... - Pero no pudo concluir.
-¿Que?- Ace se dejo oir finalmente, cuestionando aquello con expresion tensa y voz cortante, seca.
Por su parte, Thatch se limito a morderse el labio inferior, dedicandole una miradita rapida a su furioso y fuera de control compañero para, despues, encogerse de hombros.
-Que la enviamos al campamento... - Desconcertado por la actitud cortante del joven Ace, aquel tratante finalmente le dedico su atencion, no habiendosele escapado la extraña reaccion de su anterior interlocutor. -Aqui no teniamos mas... - Pero los detalles a Ace no le interesaban en absoluto.
Sin mas, el segundo comandante se adelanto, avanzando terreno en un par de amplias y tensas zancadas, esquivando facilmente a un Thatch resignado que se hizo sumisamente a un lado. Con violencia y no dandole tiempo de reaccion apreso el cuello de la camisa sucia y sudorosa de aquel tipo robusto, tironeando con fuerza del agarre para obligarle a ponerse de puntillas y, asi, encararlo mejor.
-¿Donde esta el campamento?- Le cuestiono entre dientes, sintiendo la colera y el odio apoderandose de su interior, aguantandose el asco absoluto que le transmitia el ahora asustado tratante en cuanto lo tuvo tan cerca. Le repugnaba. Le repugnaba enormemente. -¿Donde esta el puñetero campamento?- Repitio al ver que su interrogado aun no cuestionaba, habiendose limitado al principio a tratar de revolverse sin conseguir liberarse ni un apice.
-U-un poco mas al sur... - Respondio finalmente con desconcierto y totalmente asustado, teniendo la mirada amenazante y peligrosa de Ace a apenas un palmo de distancia de la suya. Rapido, el otro par de comerciantes ilegales que andaban por alli comenzaron a ponerse nerviosos, no sabiendo si debian entrar en accion o bien quedarse donde estaban. -En la isla m-mas cercana ti-tirando hacia el sur... - Continuo el fuertemente apresado tratante, hablando dificultosamente debido a que el agarre peligroso sobre su camisa comenzaba a ahogarle. Sin embargo, Ace no parecio convencido del todo, propinandole un fuerte tiron que casi le rompe o bien el cuello, o bien la prenda que llevaba encima. -¡Te doy mi palabra!- Exclamo el tratante al verse seriamente en peligro, que él no era tipo de orgullo ni soberbia cuando el contrincante era, claramente, mas fuerte y peligroso que él.
Su cobardia y abuso de fuerza para con aquellos sin oportunidad de defenderse no hizo mas que aumentar el asco de Ace hacia su persona.
Asi que, como realmente le asqueaba, como realmente le odiaba, el joven Ace no se lo penso dos veces, propinandole repentinamente un cabezazo fuerte y eficaz que, basicamente, lo noqueo con un ruido sordo. Velozmente los otros tratantes se revolvieron en su sitio con total estupefaccion a la vez que algunos esclavos, los mas valientes, se asomaban a traves de las rejas para contemplar el espectaculo, observando como Ace evitaba que su presa cayera al suelo sin llevarse la peor parte. Asi que, en el aire, el segundo comandante lo agarro con fuerza del rostro con una de sus manos grandes, cubriendo sus ojos, nariz y boca para apretar con fuerza.
Estupefactos, los espectadores repentinos contemplaron como comenzaba a salir un peligroso humo de la cara aplastada de aquel tratante ilegal, el cual empezo a gritar en alaridos de dolor y a revolverse con violencia en cuanto sintio su cara abrasarse debido a aquella mano, que mas que de piel parecia ahora hecha de puro metal al rojo vivo.
-Agh... ya empezamos... - Susurro Thatch con fastidio para si mismo, analizando de reojo al resto de la banda de tratantes a los que, seguramente, tendrian tambien que aniquilar tarde o temprano en cuanto salieran de su estupefaccion.
-Si ellos llevan tu marca... - Dijo Ace con total condena, apretando mas fuerte el rostro del ahora gritante hombre mientras lo quemaba de manera tortuosa. - ... tu llevaras la mia.- Y, tras aquella sentencia, finalmente aflojo el agarre sobre su victima, que no paraba de retorcerse y hacer escandalo, cayendo el abrasado comerciante al suelo. La temperatura habia sido tal, que Ace casi pudo sentir la piel a punto de quedarse pegada contra su propia mano, cubriendose en un acto reflejo el negociante ilegal la cara abrasada tras sus dedos para dar vueltas en el suelo sobre si mismo con gritos de dolor. Ace se permitio unos segundos de observacion, contemplando impasible y satisfecho como el herido se revolvia en la arena, sufriente, mientras no dejaba de cubrir su cara quemada bajo las manos sucias.
Finalmente, el segundo comandante ignoro los gritos y maldiciones incredulas del resto de tratantes, agachandose junto al rodante y gritante lider para arrancarle el manojo de llaves que tintineaba sin descanso en su cinturon. Mas tranquilo, que ya habia eliminado a la rata mayor, Ace se incorporo de nuevo en pie sobre la arena, dirigiendose directo hacia la construccion de piedra que albergaba a los esclavos con expresion seria y convencida.
-Maldita sea... - Musito Thatch entre dientes en cuanto lo vio largarse hacia los cubiculos ardientes, observando despues que el numero de tratantes en el exterior habia aumentado un tanto. -Sabia que pasaria esto... - Se dijo el cuarto comandante, resignandose fastidiado a la idea de que tendria que ser él, al final, quien eliminara al resto de la banda. Miro a ver si podia, al menos, confiar en Marco, topandose con que este continuaba dandoles la espalda, mirando hacia el mar y habiendose alejado incluso mas que al principio. -Ten amigos para esto... - Y, finalmente, chasqueo la lengua, esperando molesto y dispuesto a pagar cada frustracion con aquellos desdichados que se habian cruzado en su camino.
Ace escucho los sonidos de batalla que se desarrollaron a su espalda, sabiendo seguro que la lucha duraria poco, muy poco, y que Thatch saldria facil vencedor, continuando su camino frente a las celdas de piedra recalentada. Ante el manojo de llaves que el joven comandante mantenia firmemente entre los dedos, los esclavos fueron poniendose tensos y nerviosos a medida que avanzaba, acoplandose poco a poco y en masa contra los barrotes para apresarlos y asomarse lo mas que podian, no apartando los ojos de sobre Ace. Sin embargo, este no les dedico ni una sola mirada, dirigiendose directo hacia su destino sin pensarlo ni dos veces.
Finalmente, una vez alcanzo a quien andaba buscando, el joven pirata se detuvo en seco, posicionandose frente al cubiculo en cuestion.
Aquella mujer y madre, cuyo bebe parecia haberse dormido por fin bajo su abrazo, le miro entre desconfiada y estupefacta desde el mismo sitio en el que Ace la habia visto por primera vez, apretando a su pequeño inconscientemente contra el pecho.
-¿Entiendes mi idioma?- Le dijo el segundo comandante de repente, logrando que la mujer acalorada y, seguramente, agotada, le dirigiera una mirada de lo mas desconcertada.
-U-un poco... si.- Contesto por fin con un acento extranjero marcado y dificultoso, asintiendo tensamente mientras abrazaba a su hijo mas fuerte por puro instinto.
-Bien... - Y Ace parecio aliviado, incluso, tendiendole sin mas el manojo de llaves a la madre esclava de bebe mal alimentado. La mujer madura parecio necesitar un tiempo de larga reflexion, admirando aquel objeto metalico y libertario que, sin mas, sin esperar nada a cambio, era cedido a su persona. Finalmente, alargo una mano temblorosa de total desconfianza, dedicando sobre Ace miraditas fugaces como si no pudiera creer que, en verdad, este no pretendiera ningun acto malvado o de convenio. -Cogelas.- Dijo Ace, y la mujer obedecio, arrancandole las llaves de las manos para llevarselas contra el pecho, al igual que hacia con su pequeño hijo. -Salid de aqui... todos.- Revueltos y nerviosos, tan incredulos como la misma mujer portadora ahora de la esperanza de libertad, los esclavos de aquel cubiculo y los vecinos de estos comenzaron a cuchichear entre ellos, dedicandole al joven Ace miraditas veloces de incredulidad y recelo. -Obligatoriamente... - Continuo el joven pirata, hablando con aquella mujer y madre. - ... algunos sabran navegar, asi que coged el barco.- Refiriendose claramente al barco mercante de aquellos delincuentes, Ace pronuncio las palabras, causando que la mujer no pudiera hacer mas que asentir atenta. -Para cuando hayais salido de esta asquerosa celda, no quedara un tratante con vida, asi que no os preocupies por eso.- Y, nuevamente, la madre asintio, transformando su mirada en otra firme e, incluso, agradecida, apretando fuertemente el manojo de llaves contra su pecho.
Satisfecho con la respuesta, Ace dio el asunto por finalizado, girandose sobre sus propios pies para continuar su camino hacia el pequeño bote de vela.
Sin embargo, cuando apenas si habia terminado de recorrer en su totalidad aquellas celdas ahora compuestas por un monton de esclavos cada vez mas agitados, una voz le hizo detenerse.
-¡Rogare a los dioses por que encuentres a esa muchacha!- Exclamo la mujer con su acento marcado y extranjero, asomandose un tanto a traves de los barrotes oxidados mientras un joven flaco comenzaba a abrir el candado con las llaves cedidas. Ace se giro un segundo, admirando a aquella mujer que, agradecida, andaba dispuesta a suplicar a sus dioses desconocidos por la buenaventura de su salvador. -¡Y por que seais felices!- Las madres, que siempre lo adivinaban todo.
Ace permanecio en su posicion y silencio un par de segundos, manteniendo el contacto visual con aquella mujer, aquella madre, asintiendo finalmente una vez para, tan agradecido como ella misma, darle la espalda y continuar su camino.
Escucho, lejano mientras andaba directo al bote, el sonido inconfundible y metalico de un candado abriendose.
Era el sonido de la esperanza.
(Fin del capitulo)
Aaaaaaaaaah! Soy mala, lo se!
Este capitulo es de lo mas... desconcertante. Creo que me deje llevar demasiado y filosofee en exceso pero ¿Que quereis? Soy una futura estudiante de filosofia, era imposible que no dotara a mi historia de aspectos psicologicos y emocionales complicados.
Igualmente, quiero que los cambios que Ace va dando tengan logica y sentido, aunque sea un poquito, que tengan una explicacion, ya sabeis...
No tengo mucho mas que decir de momento mas que gracias por leer, que lamento las faltas de ortografia y acentos y que exasperado-exasperacion no se escribe con H intercalada, pero siempre me viene a la mente la palabra exhalar y pues, inconscientemente, lo escribo mal.
Y si, soy demasiado vaga como para revisarlo completamente de una sola tanda y cambiarlo XDDDD I'm sorry (I'm elephant! Decia el chiste juas! en fin XD)
Un besazo sabor miel y un abrazo maternal para todos!
Maddy
