Esa mañana despertó por el insistente sonido de un móvil. Era el de Craig, pero Craig no se encontraba allí, él, a juzgar por el sonido del agua, debía de estar dándose la ducha matutina que Kyle conocía bien después de cada noche que pasaba en su casa. El tono de llamada no se detenía, eso confirmó que la pelirroja tampoco estaba con ellos. Bufó. Él tendría que encargarse. Se levantó maldiciendo el sol que le quemaba los ojos desde el balcón, maldiciendo también a Craig por haber abierto las cortinas y dejar que los visillos no taparan suficiente luz —porque era probable que lo haya hecho adrede— y maldiciendo aún más a quien sea que estuviese llamando tantas veces mientras él solo intentaba descansar. Y es que la noche anterior había sido increíble. Eso no lo podía negar.

Se acercó al aparato, feliz de que haya dejado de sonar, pero de pronto sus ojos se fijaron en un pequeño mensaje.

"Dónde estabas? Los vieron muy juntos anoche. Te ibas a hacer cargo, lo olvidas?"

No. Eso no había sonado para nada normal en su mente. ¿De qué trataba aquello? Dudó por un segundo cuando una parte de él le dijo que lo dejara en paz y no se metiera en algo ajeno, pero su curiosidad ganó al notar que no tenía bloqueo. Solo una vez no me matará. En un segundo ya se encontraba explorando su Whatsapp. El remitente era Rebecca. Retrocedió en los mensajes y observó uno que llamó en exceso su atención.

"Haz que Stan venga"

Había sido enviado el sábado en que Stan los encontró en el café. Justo ese sábado a esas horas. ¿Qué estaba pasando? Sintió un cosquilleo recorriéndole la nuca, uno que buscaba relajarlo, pero a la vez lo helaba. Su boca se abrió al mismo tiempo que lograba atar cabos. No podía ser que… ¿Todo era parte de un plan? ¿Los hermanos jugaban a la conspiración mientras él y Stan perdían su amistad? ¿Era eso?

No dejó de leer los mensajes. Todos aludían a las causas de la mayoría de sus problemas con su amigo…

Oyó el grifo de la bañera cerrarse, pero no podía moverse. Estaba congelado mirando el celular. Y en realidad, tampoco quería dejar de sostenerlo. Era hora de enfrentarse. Era hora de hacerles pagar. Porque era su culpa, ¿verdad? Todo su sufrimiento era culpa de ellos. Los Tucker nunca debieron llegar a sus vidas y si él fuera quien los tuviera que echar, lo haría. Lo haría con gusto.

Sintió una descarga leve de adrenalina recorrerle la espina cuando la puerta se abrió con un azabache secándose el pelo con una toalla semidesnudo. Parecía por completo ajeno a la situación, solo concentrado en sacudir su cabello.

—Ya te despertaste... —le saludó sin mirarlo siquiera, posiblemente por no saber dónde se encontraba—. Sé que no te gusta que desaparezca por la mañana, pero debo trabajar, quizás la próxi–

De pronto se sintió observado y dejó su indiferencia para asimilar lo que ocurría.

—¿Pasa algo?

¿Pasa algo? Claro que pasa algo, maldito bastardo.

Kyle se mantuvo en silencio. Craig lo buscó con la mirada y dio con la melena roja despeinada del joven y su móvil en su mano pálida.

—¿Podrías explicarme esto, Craig?

Los ojos del azabache se convirtieron en unos muy grandes que Kyle solo había visto en ese rostro cuando fue descubierta su infidelidad. Sintió un pequeño dolor punzante, pero lo ignoró para seguir fijando una mirada letal en esos orbes azules que expresaban sorpresa y temor. Craig se dejó caer en seco contra la cama dando un largo suspiro pesado. Luego adquirió una expresión de enojo. Una de esas que Kyle sabía que ponía cuando estaba frustrado. Una que solo mostraba el antiguo Craig. Dejó de sacudirse el pelo con la toalla y la tomó en sus manos estirándola con todas sus fuerzas. Aún buscaba las palabras correctas con las cuales responder, y Kyle tenía mucho tiempo para escucharlas.

Acudieron el silencio y la tensión. Lo que saliera de los labios de Craig le daría fuerzas suficientes para afrontar el futuro. No. Con ellas podría forjar su futuro. Eran todo lo que necesitaba ahora. Y sabía que llegarían, porque el azabache estaba acorralado, se había convertido en el compañero de crimen que traicionaría al otro. Lo sabía. Craig no podría escapar. No se lo permitiría esta vez.

—¿Entonces?

El azabache cambió su expresión a una de angustia.

—Yo… Realmente no quería hacerlo. ¿Lo has leído todo, no? Rebecca había sospechado ya todo y me suplicó ayuda. No quería herirte, Kyle. No quería hacerlo. Incluso pensé que así podría tener algo así como una ventaja… Ya sabes. No quería perder esa espera–

—No me jodas, Craig. Quiero la jodida verdad. Y la quiero ahora. —Gruñó mostrando todo su odio reunido—. Esto empezó mucho antes, ¿no es así? Lo tramaban desde hace mucho tiempo atrás. Ella te dijo mi nombre antes de que conocieras en persona a Stan, ¿no es así? Por eso fuiste a nuestro departamento. Por eso me viniste con toda esa mierda, porque ella te convenció así de separarnos a mí y a Stan.

—Kyle, no…

—Dime, Craig, ¿ya no puedes ver a tus padres porque ellos saben lo que me hiciste antes, verdad? —soltó sintiendo que llegaba a un punto donde ya no podría controlarse. Era demasiado. Tenía mucho sufrimiento acumulado por su culpa y estaba decidido a tirarlo en ese instante—. Me hiciste sentir como una mierda cuando volviste. Me hiciste quedar como el malo cuando dijiste que yo estuve contigo porque eras como Stan… cuando en realidad tú solo jugabas conmigo. Te reíste de mí todo este tiempo, ¿no? Porque a ti no te importa ser el reemplazo de nadie. Solo te gusta verme sufrir. Desde siempre. ¡Respóndeme, Craig! ¿Lo que digo es verdad?

Craig calló una vez más. Su rostro cambiaba como la onda una radio descompuesta. De repente se levantó y lanzó la toalla de golpe al suelo.

—Sí, es cierto.—.Aunque solo te equivocas en una cosa. Sí te amé. Sí te quise. Sí di mucho por ti. Pero siempre hubo una complicación, ¿no? Solo una. Bien, es cierto. Ya hemos crecido y toda esa mierda, pero con todo lo que pasó quedó algo mal. Mi familia. Desheredado, ¿puedes creerlo? No por lo que hice, sino por estar contigo. Y eso fue mucho antes de que lo nuestro acabara. Pero ahora me dieron el cargo de proteger a Rebecca, por eso lo hago.

—¿Ella sabe todo esto?

—No. Me prohibieron hacerlo. Nadie quería que saliera a la luz, claro, alta cuna, ya sabes. Pura mierda al fin y al cabo. Son cosas que detesto, lo sabes. De hecho no quería hacer nada de esto, pero las cosas cambian cuando te das cuenta de que no quieres vivir en la calle… En fin, que Rebecca me pidiera ayuda fue pura coincidencia.

—¿Por culpa de tu familia me odias tanto…?

—No sé si te odio, Kyle. Creo que realmente terminé obsesionándome contigo. Al final… volví a sentir algo. Qué irónico. —Respondió expresando disgusto.

El mayor comenzó a pasearse por la habitación con una actitud que ponía nervioso a Kyle.

—No quería llegar a esto, Kyle… No es mi culpa, es culpa de ellos, yo soy solo un peón que saca algo de provecho de esto. ¿Sabes con qué te estarías metiendo si haces algo? Con un maldito empresario hijo de puta que quiere cuidar a su pequeña.

—¿Me estás jodiendo?

—Suena a mucho, lo sé. Pero no puedo permitir que hagas lo que quieres hacer y, Kyle, me apenaría mucho usar el poder que tenemos para impedírtelo. Stan podría resultar afectado…

—Hijo de puta…

Las cosas no estaban saliendo para nada bien. ¡Un tipo poderoso y su jefe lo amenazaban! Tendría que buscar una rápida solución si quería evitar la boda, aunque tampoco quería perjudicar a Stan, no, claro que no, eso era lo que menos quería. ¿Por qué de todas las personas se tuvieron que meter con los Tucker? Había escuchado a Cartman hablar de Thomas, pero jamás pensó que se trataba del suegro de Stan. Cartman. Él nunca dijo nada sobre eso…

Lanzó el móvil a la cama y buscó sus cosas con desespero. Solo quería irse de allí y no volver. Quería buscar una solución a todo. Quería proteger a Stan de lo que él estaba causando. Debía alertarlo. Debía hacer tantas cosas y no sabía cómo. Ahora solo podía centrarse en lo primero: vestirse. Sin vestirse no iba a lograr hacer nada. Una vez recolectadas sus prendas se dirigió al baño, pero fue detenido por la mano de Craig.

—¿Ya te vas?

Se sacudió brusco.

—¿Qué crees?

—Yo creo que no.

Miró en los ojos del azabache y reconoció en ellos algo que le produjo temor. Sabía ya muy bien que Craig sabía solucionar las cosas de una sola forma. Se lo había dejado claro en la universidad. ¿Pero qué esperaba de él ahora? Kyle no tenía ningún interés en que él lo tocara otra vez. Era un hombre adulto, ya no podía reaccionar así, sería muy inmaduro… ¿verdad?

—Aléjate —gruñó.

Pero en vez de obedecer, lo acorraló empujándolo contra lo primero que encontró. Genial. Kyle acababa de desatar la furia del azabache. Déjà vu. Precipitado, por reflejo, chocó sus manos en el pecho de Craig y lo impulsó hacia atrás.

—Esta vez no, Craig, esta vez no —escuchó su propia voz terminante.

No le dio tiempo para responder al perderse en el interior del baño. Se sujetó del lavatorio recuperando fuerzas para cuando tuviera que salir. No podía creer que todo iba de mal en peor; había hecho el ridículo por tanto tiempo y jamás se le ocurrió pensar en estarlo haciendo. Jamás se le ocurrió desconfiar. Se enjuagó la cara y se dispuso a ponerse la ropa. No fue hasta ese momento que notó su desnudez solo cubierta por una sábana y repasó la conversación sintiéndose humillado solo por ese detalle. Quizás incluso la última reacción de Craig había sido culpa de ello.

Salió del cuarto de baño recordando las cosas que debía tomar antes de irse. Sería más humillante tener que volver a buscarlas después. Craig seguía en el mismo lugar, silencioso, dolido y, sobre todo, desesperado; se notaba en sus labios temblorosos. ¿Qué le pasaba? Ya había confesado todo, no había necesidad de actuar más. Cogió su chaqueta, su móvil repleto de notificaciones y una carpeta con datos de la boda que había discutido la tarde anterior con los demás padrinos. Se dirigió a la puerta y como llevado por el impulso de saber que nunca más regresaría, Craig tomó de nuevo el brazo de Kyle, suplicando.

—Kyle, no. Por favor. Lo siento. En verdad lo siento. Siento todo esto… Sé que fui egoísta. Lo hice pensando en mantener los pocos lujos que me puedo permitir y pensando en tenerte solo para mí. Sí, en eso tienes toda la razón. Aún siento algo por ti, lo sabes, pero no lo crees… Por favor, Kyle…

—C-Craig… No lo entiendes, esto va mucho más allá de lo que puedo tolerar. ¡Yo no puedo con tanto!

Ver en sus oscuros ojos toda esa aflicción no le dejó hablar. Podía percibir su honestidad y bien sabía que era demasiado sensible como para dejar pasar eso. Craig no tenía por qué sufrir más por su culpa. Ya había sido suficiente con arruinar sus relaciones familiares. Recordó que cuando eran pareja, su hermana menor, Ruby, se alejó del azabache cuando los encontró besándose en algún rincón de la universidad. No creía posible que ella lo hubiera delatado, porque pasó mucho tiempo antes de que todo se tornara tan oscuro. Algo que no sabía Kyle era que Ruby insistió hasta el cansancio a Craig de dejarlo con el argumento de que el pelirrojo no veía en él su verdadera identidad, sino a otra persona, pero Craig se negó incluso expresando que lo sabía. Ahí fue cuando le amenazó por última vez diciendo que si se comportaría de esa forma siempre, no merecía ser su hermano. No volvieron a hablar. Craig siempre eligió a Kyle sobre todo lo demás.

—Me cambiaré de lado… —murmuró quebrado—. Dejaré de ayudar a Rebecca. Te ayudaré a arreglar lo que hicimos. Kyle, solo… no cruces esa puerta aún.

Se refería a no abandonarlo, comprendió el pelirrojo.

—Craig, sabes bien que no quiero que esto salga así de mal, pero no puedo fiarme más. No más.

—Lo sé. Es mi culpa.

—Tampoco debes sentirte así. No somos nada, ¿lo olvidas? Supongo que solo fue un juego que llevamos ambos. Ya lo dejamos claro. Yo debo estar por mi cuenta y tú debes estar con tu familia. Es como una guerra, ¿sabes? Pero no hay tregua.

—Yo no quiero estar de este lado.

—Lo siento, Craig.

Abrió la puerta y dejó que el brillante piso de baldosa le devolviera el reflejo del sol, la cerró tras de sí pensando en lo dicho por Cartman. Sí, creo que sí importa. ¿Tú de qué lado estás realmente? Muchas dudas comenzaban a atraparlo. Debía seguir por el camino principal, así, sin atajos, sin desvíos y sobre todo, sin perderse. Craig había sido una pérdida de tiempo. Al menos ahora podía comprender lo que le revolvía el cerebro meses atrás. Rebecca había iniciado su carrera mucho antes de tiempo gracias al poder de Thomas —y quién sabe si también la madre—, pero también debía deberse a su inteligencia. En definitiva la pelirroja nunca necesitó su ayuda, solo buscaba un espacio a solas con Kyle para confirmar sus temores, porque cada vez que Stan alababa algo de su amigo, ella lo encontraba en él de una manera desmesurada, sobre todo cerca del azabache.

Gimió. ¿Cómo había sido tan ciego? ¡Estuvo todo tan claro frente a sus ojos esos meses! Era hora de recuperar los días desperdiciados. Sacó su teléfono móvil y presionó un contacto. Al cabo de unos segundos hubo respuesta.

—¿Kyle? ¿Qué pasa? —preguntó la áspera voz de Cartman.

Se produjo un silencio. Kyle reunía las palabras en su mente y Eric comenzaba a desconfiar de la pausa.

—Ahora sí hay que deshacerse de esa puta —escupió Kyle.

Esta vez las palabras se detuvieron en la boca del castaño. Kyle aguardó.

—Ya era hora —se escuchó su satisfacción y el pelirrojo dedujo que sonreía.

Y vaya que él también sonreía.

...

¡Hey! ¿Qué tal? Vuelvo con otro capítulo... uno bien amorfo, confieso. Vuelvo a disculparme por mis desapariciones y... nada, quiero agradecerles su apoyo continuo. Leer sus reviews me completa el día, en serio, así que... muchas gracias.

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