Bien, es algo más corto que los anteriores pero realmente estoy escribiendo contrarreloj ya que la semana que viene rindo y me tomé un tiempo para escribir esto antes de seguir estudiando y no dejarlos esperando. Espero sepan entenderme...
Gracias por tan lindos reviews, me inspiran a seguir con ésto. Disfruten la lectura. ¡Hasta el próximo finde!
Si quieren contactarme, búsquenme en twitter como SwanMnsterQueen :D
Claramente, los personajes no me pertenecen. Todo es una historia de mi autoría, basada en los personajes de la serie Once Upon a Time.
·10·
No tenía ganas de levantarse, se sentía muy cansada y aún así debía ir a trabajar pero cuando intentó hacerlo, sintió un fuerte brazo rodeando su cintura.
– Mmm, quédate un rato más. – Balbuceó Emma, acercándola más a ella.
– Me encantaría hacerlo, Emma... Pero debo ir a la Alcaldía, ya se está haciendo tarde. – Dijo preocupada mientras miraba el reloj.
– Vamos, cariño. Eres tu propia jefa y, además, estás embarazada... Debes descansar un poco.
– Vas a hacer de mi una embarazada holgazana. Lo sabes, ¿verdad? – Contestó Regina riendo y acomodándose entre los brazos de su amada. – Buenos días, mi amor.
– Buenos días, belleza. – Respondió ésta dulcemente.
Se quedó más de media hora más en la cama junto a Emma, dejando que su rubia la besara y la mimara por un rato. Luego se levantó, se aseó y cambió su ropa para luego bajar y asegurarse de que su hijo desayunara antes de ir al colegio.
El joven se sorprendió al ver a su madre aún en pijamas y no con uno de sus caros trajes. La morena le dijo que se quedaría en casa ese día y a él le pareció bien que descansara un poco. Después de todo, su trabajo en la Alcaldía solía ser muy agotador y ella no debía estresarse demasiado, mucho menos en su estado... Su expresión de sorpresa cambió rápidamente a una sonrisa pícara cuando vio a Emma entrando en la cocina con una de las camisas de Regina y los jeans que llevaba el día anterior y agradeció mentalmente el haber decidido dormir con los cascos puestos mientras escuchaba música. Claramente, no sabía sobre el hechizo que su madre había hecho para insonorizar la habitación.
– Buenos días, chico. – Dijo Emma, revolviendo el cabello del moreno con una de sus manos.
– Buenos días, má. ¿Se divirtieron anoche? – Preguntó, guiñándole un ojo a la rubia quién, extrañamente, se ruborizó como nunca antes. ¿Acaso su hijo las había escuchado?
– Concéntrate en tu desayuno o llegarás tarde. – Manifestó la Alcaldesa. – Hola de nuevo, Srta. Swan... – Dijo mientras se acercaba a la Sheriff y dejaba un casto beso sobre sus labios.
– Hola, amor. ¿Ya has desayunado? – Preguntó.
– Estaba esperando por ti pero no tengo hambre, lo que sí tengo son nauseas... – Contestó en un susurro.
– Creo que deberías comer algo, aunque sea un poco. Puede bajarte la presión si pasas la mañana con el estómago vacío y eso no es bueno.
Regina tan solo sonrió y asintió. Amaba cómo Emma la cuidaba y le daba esos pequeños consejos ante situaciones que, para ella, eran nuevas.
Mientras desayunaban, Henry se despidió de ellas y se dirigió rápidamente hacia donde su abuelo David lo esperaba para llevarlo a clases. Ellas tan solo continuaron desayunando hasta que Regina abandonó la cocina por un momento.
Emma se quedó terminando su desayuno, pensando en lo feliz que era ahora y en la hermosa familia que formarían. Nunca pensó que su felicidad tendría nombre y apellido. Jamás imaginó que la antigua enemiga de sus padres sería el amor de su vida y que esa mujer le daría lo que siempre quiso, amor incondicional y una hermosa familia a la que pertenecer, de la cual formar parte.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuchó a Regina llamarla desde su habitación. Rápidamente subió las escaleras hasta llegar al segundo piso. La forma en la que la morena había gritado para que la escuchase no la dejaba ni un poco tranquila, se la escuchaba asustada...
Entró en la habitación, pero no la vio allí.
– ¿Regina? – Llamó.
– Emma, ven por favor...
Estaba en el cuarto de baño. Su voz se escuchaba rara. ¿Estaba llorando? La rubia se dirigió hacia allí y vio a su morena parada frente al espejo, sosteniendo su peso con los brazos sobre el lavabo. Estaba temblando y sus ojos llenos de lágrimas.
Miró a Emma y simplemente dijo:
– Estoy con pérdidas.
La Sheriff rápidamente reaccionó y se dirigió hacia ella.
– Te llevaré al hospital. Todo va a estar bien, mi amor... No te preocupes. – Le dijo y la tomó en sus brazos para llevarla hacia el carro y evitar que ella hiciera cualquier tipo de esfuerzo.
– Voy a perderlos, Emma. – Musitó Regina, abrazándose al cuello de su rubia y dejando que las lágrimas comenzaran a caer por sus mejillas. Tenía miedo. No quería que nada les pasara a sus bebés.
– Ellos estarán bien, Regina. – Contestó la Salvadora, dándole un beso en los labios para tranquilizarla un poco mientras la sentaba en el asiento del copiloto y cerraba la puerta para luego meterse en el auto y comenzar a conducir hacia el hospital.
Al llegar, las enfermeras sentaron a la alcaldesa en una silla de ruedas y la llevaron hacia el consultorio de ginecología. Whale entró a los pocos minutos y la ayudó a subir a la camilla.
– Bien, Regina. ¿Qué sucede?
– Tiene pérdidas, Whale. – Contestó Emma. La morena seguía temblando por los nervios.
– Haremos una ecografía para ver el estado de los mellizos, ¿de acuerdo? – Informó el doctor para ambas, pero luego sólo miró a Regina y le dijo: – Necesito que estés tranquila, Regina. Tus nervios los alteran a ellos también, estas situaciones son normales en ciertos embarazos... Trata de tranquilizarte.
La morena asintió y apretó la mano de Emma mientras esperaban a que Whale terminara de preparar todo para el ultrasonido. Puso el frío gel sobre el vientre de Regina y encendió el monitor para luego comenzar a mover el pequeño aparato, buscando a los bebés tal cual lo había hecho hacía unos días.
Ambas mujeres trataban de calmar sus nervios pero se les hacía algo imposible... Hasta que escucharon el sonido más lindo del mundo. Los latidos de los pequeños corazones de sus bebés.
– Ellos están bien, mamás... No tienen nada de qué preocuparse. – Dijo el doctor, sonriéndoles.
Y ellas finalmente soltaron el aire que contenían en sus pulmones. El terrible miedo que sintieron no se lo desearían ni al peor de sus enemigos.
Cuando Whale terminó con la ecografía, limpió los restos de gel del vientre de Regina y la hizo sentarse nuevamente.
– Como dije anteriormente, ambos bebés están bien así que no tienen nada de qué preocuparse. Las pérdidas de sangre son aún más frecuentes en los embarazos múltiples. Ésto se debe al repentino estiramiento del útero, la matriz crece más rápido que en un embarazo simple y ese cambio es lo que ocasiona el sangrado. – Explicó el hombre. – Los mellizos no están en riesgo pero tendrás que estar en reposo por tres o cuatro días, sólo para evitar cualquier complicación. Después podrás continuar con tu rutina sin problemas.
– De acuerdo. Muchas gracias, Whale. – Respondió Regina, visiblemente más tranquila.
– Estás tomando las vitaminas pre-natales que te receté, ¿verdad?
– Sí, por supuesto.
– Muy bien. Pueden ir a casa... Eso sí, si ves que la hemorragia aumenta, te vienes directamente al hospital. Oh, y nada de magia. No sabemos si eso tendrá algún efecto en los bebés y es mejor no arriesgarse.
– Eso no será problema, Whale. Gracias y buenas tardes. – Dijo Emma, y juntas salieron del consultorio.
Al llegar a la mansión, Regina fue directamente hacia la habitación por orden de la Sheriff mientras ésta preparaba algo para comer y buscaba algunas películas para que la morena no se aburriera.
Regina se quedó dormida a mitad de la película, aún estaba cansada por su noche con Emma y ese pequeño-gran susto con las pérdidas y el miedo de que algo les pasara a sus bebés la dejó exhausta. La rubia tan solo se quedó a su lado, sosteniéndola en sus brazos hasta que también ella se quedó dormida.
Horas más tarde Emma despertó y al mirar hacia el reloj, vio que era hora de ir a buscar a Henry a casa de sus padres. Había llamado a Mary Margaret cuando estaban saliendo del hospital para pedirle que retirara a su hijo del colegio y lo llevara a su casa, a lo cual la maestra aceptó.
Así fue que, cuando Regina despertó, se encontró sola en la cama. Supuso que Emma estaba en la cocina, comiendo algo... Como siempre. Pero se dio cuenta de que no era así cuando la puerta de la habitación se abrió de par en par, dejando a la vista a un preocupado Henry.
El adolescente estaba completamente colorado y su respiración agitada.
– ¿Has subido las escaleras corriendo, Henry Mills? – Preguntó Regina levantando su "famosa ceja", como decía Emma.
– Mamá me contó que tuvieron que ir al hospital. ¿En serio estás bien? ¿Mis hermanitos están bien? ¿Qué sucedió? – Cuestionó el moreno, rápidamente.
– Henry, tu madre necesita descansar. – Dijo Emma, entrando en la habitación con una bandeja con té y unas tostadas para la morena.
– Estaba muy preocupado, los siento. – Respondió cabizbajo.
– Estoy bien, cariño. Tus hermanitos lo están también... Sólo fue un pequeño susto. No tienes nada de qué preocuparte.
– Te lo dije, chico. ¿Crees que te mentiría con algo así?
– ¿En serio? – Volvió a preguntar.
– Sí, Hen... Sólo tengo que hacer reposo por unos días. Todo está bien, lo prometo.
– De acuerdo...
– ¿Quieres quedarte aquí y hacerme compañía? Me quedé dormida a la mitad de la película y quiero terminarla, ¿qué dices? – Le dijo Regina, sabiendo que su hijo no rechazaría la idea. Él adoraba abrazar a su madre mientras miraban películas juntos.
– Bien, creo que no estoy invitada a la fiesta de películas y abrazos. – Dijo Emma en broma cuando Henry abrazó a la morena. – Mejor me voy a casa.
– La cama es grande, má.
– Es cierto, má. – Agregó Regina riendo tiernamente. – Acuéstate con nosotros, amor. También te necesito a ti aquí conmigo.
Emma felizmente se acostó al lado de Regina, dejándola a ella en el medio, y también la abrazó. Nuevamente, sus pensamientos volvieron a viajar al mismo lugar en el que estaban antes de que Regina la llamara y le dijera lo de las pérdidas...
Ésto era lo que necesitaba, lo que siempre necesitó. Su familia. Su hermosa morena. Su maravilloso hijo. Sus bebés que crecían sanos en el vientre de su amada. Y más que nada... Esos pequeños pero increíbles momentos que pasaban juntos.
mills1, sólo quería decirte que tus reviews siempre me hacen sonreír. Creo que eres mi fan Nº1, jajaja. Besos :)
