Advertencia: Puede contener escenas sangrientas. Amor-Odio. Kuroshitsuji no me pertenece, pertenece al author Yana Toboso, pero Aihara Etsuko si me pertenece (el nombre es Etsuko y el apellido es Aihara por si se llegan a confundir) Sebastian x Ooc


Yo: Aquí esta el próximo capitulo! Me dolió que solo recibí un review (llorando)

Etsuko: Al parecer mis amenazas no han sido suficientes. (tomando cuchillo)

Sebastian: No creo que eso arregle el problema, tal vez si cambiamos el tipo de despedida.

Yo: Iiosh! Hay que intentarlo! (llena de energía)

Etsuko: Te recuperas rápido… (gotita en la cabeza)


Capitulo 9: Escuela Parte 2

Pov. Etsuko

-¿Así que la pulga es un ángel caído? ¿Quién lo diría?- Dice la chica pelinegra de nuevo.

-Creo que le queda muy bien.- Dice su amiga castaña.

-Eso explica porque actuaba tan amigablemente con ese pelinegro que la trajo aquí.- Empiezan a decir los chicos.

-Vamos chicos, dejen a la señorita Aihara en paz, es su primer día.- Dice el maestro para tranquilizar a los demás.

-De seguro te acostaste con el sensei igual que con el pelinegro para que te tratara mejor.- Vuelve a hablar la pelinegra.

Ya es suficiente, pensaba no matar a nadie en el primer día, una cosa es insultarme, pero inventar algo tan asqueroso como eso.

-¿Qué clase de persona haría algo tan enfermo como eso?- Digo sin pensar mientras mis alas negras son cambiadas por unas blancas.

-Eso es imposible, un ángel caído no puede conservar sus alas blancas!- Dice la amiga castaña de la pelinegra mientras se para.

-Eso es porque Etsuko es diferente a todos esos ángeles inservibles.- Dice el rubio mientras se me acerca.

De pronto vuelvo a empezar a temblar y mis alas desaparecen, se me acabo la energía. Tengo que aprender a controlar cuando me salen las alas.

-Sabia que era mala idea escuchar a Sebastian.- Digo para mi misma sin darme cuenta de decirlo en voz alta.

-¿Sebastian? ¿El demonio Sebastian Michaelis?- Pregunta una chica de cabello rojo con trenzas.

-Suficiente chicos, dejen en paz a la señorita Aihara.- Dice el maestro.

-Ya deje de fastidiar sensei.- Dice el rubio mientras le prende fuego y hace que se vuelva cenizas.

-Genial, tendrán que conseguir otro maestro molesto de nuevo.- Dice la pelinegra.

Sera mejor que me sienta en alguna parte de este salón, busco un asiento vacío y me siento en el.

-Disculpa hermosa, pero ese es mi asiento si quieres puedes sentarte sobre mi.- Me dice un chico volteando a ver a mi busto.

-No gracias, prefiero pudrirme.- Le digo mientras me acomodo bien en el asiento.

-Oye, te dije que te quitaras, ese es mi asiento.- Dice el mientras saca una navaja.

Le quito la navaja y se la entierro en la frente.

-Ya no lo es.- Le digo mientras le saco la navaja de la frente y la guardo.

Sorprendentemente después de eso el día se fue rápido y llego la hora de regresar a la mansión de Sebastian.

Al salir a la entrada de la escuela saco la navaja por si alguien más decide fastidiarme.

-Oye linda, que tal si vamos a jugar en el patio de la escuela.- Me dice un chico de cabello castaño con ojos cafés.

-No te preocupes, seremos gentiles contigo.- Dice otro de cabello rubio pintado y con peinado punk.

Los dos se me acercan y el rubio pone su brazo alrededor de mí, estaba a punto de sacar la navaja cuando escucho un carro estacionarse bruscamente y la puerta del carro abriéndose.

-Disculpen, pero no creo que ella quiera perder su tiempo con chiquillos.- Dice Sebastian mientras quita el brazo de aquel rubio.

-¿Y a ti que te interesa?- Dice el rubio volteando a ver al pelinegro y luego retrocediendo al ver sus ojos.

-¿Ese es Sebastian Michaelis?- Comienzan a decir todos los que están afuera, incluyendo a la pelinegra que me irrita tanto.

-¿Estas bien?- Me pregunta.

-Si, llegaste tarde.- Le digo fríamente y algo irritada.

-Gomene.- Me dice seductoramente mientras me besa en la boca. Solo lo dejare hacer eso ahora para que me dejen en paz los pervertidos de la escuela.

-Así que la pulga se acostó con el demonio Sebastian Michaelis para poder llamar la atención, no me sorprende que seas un ángel caído.- Me dice la pelinegra.

-Si, me he acostado con el demonio Sebastian Michaelis, ¿tienes algún problema con eso?- Le digo sin voltearla a ver.

Esa chica ya me harto, si he tenido sexo con Sebastian es asunto mio no de ella, mejor dejárselo en claro desde ahora.

-¿Así que en verdad si lo has hecho?- Me pregunta la pelinegra. Otras personas empiezan a poner atención a la pequeña conversación. Justo en eso me salen mis alas negras y pierdo el control de mi cuerpo.

-Si, y eso es algo que no te interesa, no tengo ningún interés de seguir hablando con una chiquilla virgen que fue rechazada por el hijo de Lucifer, si me disculpas me tengo que ir.- Le digo mientras recupero el control y comienzo a caminar hacia el carro de Sebastian.

La chica enfurece y me lanza otro cuchillo que por suerte Sebastian atrapa con facilidad y lo tira al suelo mientras me guía a mi asiento y el sube al suyo.

-Perdiste el control de tu cuerpo, ¿cierto?- Me pregunta Sebastian.

-¿Cómo sabes eso?- Le pregunto un poco sonrojada por lo que dije sobre acostarme con Sebastian.

-El aura que desprendías en ese momento era de una persona diferente. Es algo normal en los ángeles caídos, ya que al pasar tiempo en el infierno una parte de ellos se vuelve como un demonio. Me imagino que esa parte de ti es la que conserva tus recuerdos.- Me dice.

-Así que era eso.- Digo mientras volteo hacia la ventana.

-Supongo que meterte a una escuela no fue tan buena idea.- Dice con su sonrisa fastidiosa.

-Ahora que me lo recuerdas, ¿porque me metiste a una escuela donde los estudiantes saben sobre los ángeles y demonios?- Le pregunto con ganas de ahorcarlo.

-Ahh, eso.- Me dice tratando de evitar responder.

-Sebastian.- Le digo ya irritada.

-Pues pensé que seria mejor que estuvieras en una escuela donde no tuvieras que ocultarte, por cierto, ¿dijiste algo sobre el hijo de Lucifer a esa chica no?- Me pregunta cambiando de tema.

-Si, al parecer el esta en mi salón.- Le digo.

Aprieta con más fuerza el volante y hace una pequeña mueca de enojo. A él tampoco le agrada mucho por lo que veo.

-Ya veo.- Me dice.

Después de eso el camino de regreso a la mansión fue callado, ninguno de los dos teníamos humor como para hablar de algo.

-Ya llegamos.- Me dice mientras estaciona el carro.

Se baja del carro y me abre la puerta dejándome salir.

-¿Te encargaron tarea?- Me pregunta mientras entramos a la mansión.

-No, Jigoku mato al sensei y los demás no quisieron terminar igual así que nos dieron todo el día libre.- Le digo mientras dejo mi mochila en el piso.

-Bueno, entonces tenemos tiempo para hacerlo.- Me dice mientras me carga a la habitación y me deja en la cama.

-¿Ahora mismo?- Le pregunto, nunca lo he visto de esta forma tan forzosa, ¿será por lo que paso con Jigoku?

Comienza a quitarme el uniforme rápidamente y me deja desnuda ante el, se desabrocha el pantalón y saca su pene, sin dudarlo lo mete adentro de mi. Esta vez es diferente a las anteriores, esta demasiado agitado. Tengo que calmarlo. En un solo movimiento hago que el este debajo de mi, Me acerco a su rostro y lo beso de forma gentil.

-Calma, no tienes que estar preocupado por nada, ni por ese Jigoku.- Le digo.

-¿Cómo supiste?- Me pregunta un poco sorprendido.

-Te conozco.- Le digo mientras lo vuelvo a besar, esta vez mis alas blancas son las que salen, que extraño, siempre salen mis alas negras cuando voy a tener sexo con Sebastian, me pregunto porque.

Sebastian comienza a besar mi cuello y luego le da pequeñas mordidas. Después de esto vuelve a meter su pene adentro de mí de forma más gentil, comienza a moverse lentamente y luego a una velocidad normal. Esta vez no contengo mis gemidos. No pensaba quedarme atrás así que me acerque a su oreja y la empecé a lamer y darle pequeñas mordidas. En eso el vuelve a hacer que yo este debajo de él y continuamos como si nada. Cada vez sentía mas ganas de besarlo así que lo hice. El corresponde al beso instantáneamente y mete su lengua en mi boca.

-Vaya, quien diría que fueras tan pervertida Etsuko.-Escucho la voz de Jigoku.

Al momento de escuchar su voz comienzo a temblar, Sebastian se da cuenta de esto y me abraza haciendo que me calme.

-¿Qué haces aquí?- Le pregunto molesta.


Yo: ¿Qué tal me quedo? No tenia planeado el lemmon pero espero les guste.

Etsuko: Alice (aura demoniaca)

Yo: ¿H-hi? (asustada)

Etsuko: Dime que hace ese idiota de Jigoku aquí! (ahorcándome)

Yo: Sebastian, tasukete!

Sebastian: Gomenasai Alice, demmo yo también estoy enojado por eso. (tratando de no golpearme)

Jigoku: No hay necesidad de ponerse tan tensos por mí, sé que le gusto a Etsuko pero no tienen que ponerse nerviosos todos. Alice me dejo estar aquí porque también me ama, ¿nee Alice?

Yo y Etsuko: BAKA! (golpeando a Jigoku al mismo tiempo en la cabeza)

Sebastian: No entiendo para que metes a Jigoku a el fic, solo causa problemas.

Jigoku: Que, ¿tienes miedo que te quite a Etsuko?

Etsuko: Urusai Jigoku! Sebastian tiene razón solo causas problemas y matare a Alice por meterte en el fic.

Yo: Gomenasai! Pero si no agregaba a alguien que causara problemas el fic se volveria muy aburrido. A mi tampoco me agrada Jigoku.

Jigoku: Oye! Eso es grosero, yo sé que las chicas me aman y me quieren violar.

Yo: (golpeando a Jigoku) dejen reviews por favor! Si llego a los 30 reviews subiré un dibujo de como se vería Etsuko hecho por mi, y no es por ser presumida pero soy muy buena dibujando.

Etsuko: Tambien gracias a 1995 por ser la unica en darme un review, enserio, y las demas de ustedes se atreven a llamarse lectoras, que decepcion.

Yo: Etsuko! No seas tan cruel con las demas, a mi tambien me entristece pero estoy segura que tuvieron una razon.

Etsuko: Como sea, dejen reviews esta vez, onegai, la ultima vez que casi nadie dejo tuve que soportar a Alice con sus lloriqueos y paranoias