Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
Advertencia: contiene OoC.
GRACIAS: ScarrieS: Si piensas lo que creo, pues sí le acertaste. Por fin le toca a Hinamori declarar y todo cobrará un poco más de orden, son embargo falta unir algunas piezas. Y sí el final del capítulo anterior te dejó en Shock, espero que este final te deje aún más intrigada.
¿POR QUÉ MATASTE A AIZEN SOSUKE?
Capítulo diez.- Por obsesión.
Rangiku estaba sentada en la incómoda cama de cemento viendo hacia la celda de Rukia, quien estaba acostada mirando hacia la pared. Junto a ella había una bandeja de comida, pero no se le apetecía comerla.
Se sentía muy deprimida por todo lo que había pasado. Desde recordar lo que había vivido con Sosuke hasta la traición de Gin.
―Y pensar que todo lo hice por ti. ―susurró con tristeza.
Su vida sería diferente si no hubiera aceptado la propuesta de Gin, al principio quería negarse porque nunca había sido su intención lastimar a Sosuke, pero Gin terminó por envolverla con sus palabras y ella tontamente creyó que era sincero cuando le dijo que la amaba. Y ahora entendía que sólo la estaba utilizando para vengarse de Aizen.
Había tenido suficiente tiempo para analizar toda la situación. Que ciega había estado al no darse cuenta de los detalles que lo delataban.
Observó un viejo reloj de pared y vio que ya eran las seis y media de la tarde. Estando ahí encerrada el tiempo se le iba muy lento, no quería ni imaginar lo que estaba sintiendo Rukia que llevaba más tiempo ahí.
Por un breve instante sintió envidia de ella, pues tenía el amor de Ichigo, que fue capaz de echarse la culpa por salvarla, porque para ella era obvio que por eso él había aceptado ser el asesino de Aizen.
Pero luego borró ese sentimiento, pues sólo ella misma había elegido el rumbo de su vida.
El ruido de unas llaves la hizo salir de sus pensamientos. Era un oficial abriéndole la reja a Yoruichi.
―Tengo que decirte algo importante. ―mencionó la detective acercándosele con un folder en la mano. Parecía muy seria y eso angustió a la rubia.
―¿Qué sucede? ―preguntó preocupada.
―Examinamos tu sangre, coincide con la muestra encontrada en el cuchillo. ―dijo Yoruichi.
―No creo que haya venido sólo por eso. ―comentó Rangiku.
―También encontramos algo más. ―dijo Yoruichi extendiéndole el folder, que Rangiku abrió y luego leyó su contenido pero no podía descifrar nada. ―Estás embarazada y quedó confirmado que es de Sosuke Aizen. ―expresó con pena.
―¡No puede ser! ―exclamó Matsumoto dejando caer el folder y entrelazó sus manos sobre sus piernas. Ella comenzó a llorar.
―Lo siento mucho, pero al no haber sido violación no puedes abortarlo. ―comentó Yoruichi. ―sin embargo si no lo quieres puedo canalizarte a una institución para dar en adopción a tu hijo.
Ella trataba de ponerse en el lugar de Matsumoto, por lo que imaginaba que tal vez no quería al hijo del hombre que le provocó tanto miedo.
―Gracias. ―dijo la rubia después de un breve silencio. ―pero no será necesario. Me quedaré con mi hijo. ―dijo sorprendiendo gratamente a Yoruichi.
Después de un momento la detective salió de la celda y la dejó sola.
Rangiku puso sus manos sobre su, aún, plano vientre.
La nueva vida que llevaba dentro no tenía la culpa de nada, así que ella cuidaría de él y trataría de educarlo adecuadamente y formarlo como una buena persona, para que no se pareciera a su padre….ni a ella.
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Mientras tanto un hombre rubio entraba en la oficina del Primer Ministro.
―Urahara ¿Qué haces aquí? ―preguntó Ryuken detrás de su escritorio, luciendo un impecable traje blanco. ―¿Ya saben quién mató a Sosuke?
―Ya tenemos a alguien en mente, sólo faltan algunos datos para corroborarlo. ―comentó Urahara sentándose en uno de los asientos de piel que estaban frente al escritorio de cedro. ―Pero no he venido para hablar de eso, sino de tu relación con él y con Ichigo. ―comentó Urahara. Ryuken lo miró asombrado. ―Descubrimos que tu pagaste la fianza de Ichigo cuando lo apresaron hacía varios años.
―Así que han hecho bien su tarea. ―comentó Ryuken echándose hacia atrás en su silla. Se giró en su asiento para quedar frente a la gran ventana de cristal que mostraba una vista panorámica de la ciudad. ―aunque no lo suficiente, de otro modo sabrían a lo que me dedicaba antes de la política. ―dijo girando de nuevo para quedar frente a Urahara, mostrando una sonrisa.
―¡Tú eras el cuarto integrante del equipo de Yamamoto! ―señaló Urahara sin ocultar su sorpresa. Ryuken asintió. ―por eso conoces a Ichigo y a Rukia. ¿Pero por qué tú no tuviste problemas con el Vandenreich?
―Porque no me infiltré en la banda, mi participación estuvo encaminada más a la investigación y coordinación, además me retiré antes de que se descubriera esa operación. ―mencionó con culpa. ―para ese entonces ya me interesaba más la política, así que dejé mi trabajo como detective.
―¿Y cómo terminaste involucrado con Sosuke Aizen? ―preguntó el rubio. ―porque ahora estoy seguro que tú eras el hombre que Rukia mencionó haber visto una vez visitar a su papá.
Ryuken cruzó los brazos y alzó su vista al techo, dejando a su cerebro hacer memoria sobre varios acontecimientos.
―Supongo que Yamamoto les comentó acerca del operativo donde Byakuya conoció a Hisana. ―Urahara respondió afirmativamente con un monosílabo. ―Te contaré un poco más sobre eso.
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Gracias a un informante anónimo la policía se enteró del lugar y fecha en que se reunirían los integrantes de Los espadas, ese lugar era la casa del padre de Hisana y Sosuke, ellos tenían catorce y diez años respectivamente.
La policía no sabía que había menores en la casa, así que no dudaron en repeler el ataque de los sicarios. Cuando todo acabo y entraron a la casa, los encontraron acurrucados en una esquina, Hisana abrazaba a su hermano tratando de protegerlo, sin embargo ella era la más asustada.
Al morir su padre en el tiroteo y no tener más familia, ya que su mamá murió al nacer Sosuke, quedaron bajo resguardo del Estado. Pero Ginrei Kuchiki, que en ese tiempo era el comandante de la policía, se interesó en ellos y los acogió bajo su cuidado.
Fue por eso que tanto Yamamoto, Isshin, Byakuya y Ryuken convivieron con ellos y le tomaron afecto. Todos intentaron que ellos olvidaran la vida que llevaron con su padre, líder de Los Espada.
Al morir Byakuya y Hisana a manos del Vandenreich, Ryuken le ofreció su apoyo, pero Aizen lo rechazó pues alegó que si la policía no había podido proteger a su hermana y cuñado, a ellos menos.
Sosuke también le comentó a Ryuken que él buscaría a Ichigo, pues ya Masaki se había cambiado de casa y no se tenía pistas de ella. En esos días iba a verlo a menudo para hablar sobre ese asunto.
La última vez pudo ver a Rukia, le recordó tanto a su mamá y a su amigo. Esa tarde Sosuke le pidió que ya no fuera más porque Ryuken no estaba de acuerdo en sus métodos. Aunque siguieron manteniendo contacto.
Años después Aizen encontró a Ichigo y montó ese robo para involucrarlo, Ichigo no tenía dinero para pagar la fianza, así que Ryuken lo hizo.
Y es por el recuerdo de sus amigos detectives que Ryuken ha estado al pendiente de Ichigo y Rukia.
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―Muy interesante lo que me comentaste. ―dijo Urahara. ―pero ahora dime los motivos de Aizen para buscar a Ichigo y para involucrarlo en ese robo. Además creo que tú estabas enterado que estaba reclutando de nuevo a Los Espadas.
―Así que le haces honor a tu fama. ―sonrió Ryuken. ―Es cierto, sé algunas cosas más de Aizen. Él fue él que me pidió que pagará la fianza de Ichigo y me contó lo que había hecho, pero ignoro cuales son los motivos reales para hacerlo.
―No te preocupes, lo averiguaré pronto. ―respondió el rubio, pensando en los libros que en ese momento Tessai se encargaba de seguir leyendo.
Ryuken le contó algo más antes de que Urahara se retirara.
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Ukitake y Kyoraku entrevistaron a varios vecinos del edificio en donde vivía Momo, pero ninguno comentó haber visto a Aizen llegar con ella o ir a visitarla. Después fueron a la universidad donde ella estudiaba para tratar de averiguar algo más.
―¿Usted alguna vez vio a Momo y Sosuke discutir? ―preguntó Ukitake a una muchacha de cabello café, que también pertenecía al club de fans.
―Claro que no. ―respondió ella. ―Sosuke siempre era muy respetuoso y amable con todos, hasta con ella que se la pasaba hostigándolo.
―¿A qué se refiere?
―A que ella quería acapararlo la mayor parte del tiempo que teníamos convivencia, a veces no dejaba que otras chicas se le acercaran para besarlo. ―señaló molesta la muchacha. ―La mayoría sabemos que Momo estaba enamorada de Sosuke.
―¿Y él le correspondía? ―preguntó Ukitake. ―¿Alguna vez los vio juntos?
La muchacha comenzó a reírse.
―Lo siento. ―se disculpó dejando de reír. ― Pero es muy gracioso pensar que Sosuke pudiera tener algo con Momo si tenía a Rangiku Matsumoto a su lado.―comentó la muchacha. ―nunca lo vi interesado en ella como algo más que la presidenta de su club de fans.
―Muchas gracias. ―dijo Ukitake. La muchacha se retiró y después llegó Kyoraku. ―¿Tuviste suerte? ―preguntó el detective de cabello blanco a su compañero.
―Pues nadie parece haberlos visto juntos, y aunque dicen que Momo parecía algo obsesionada con él, nadie la cree capaz de matarlo.
En eso sonó el celular de Ukitake y él contestó la llamada.
―Detective Ukitake, soy Hitsugaya, el amigo de Momo Hinamori. ―señaló el muchacho de cabello blanco.
―Sí, dime ¿en qué puedo ayudarte? ―preguntó amablemente.
―Hace un momento me llamó Momo para despedirse de mí, me dijo que necesitaba tiempo a solas y que iría a casa de sus padres.
―¿Y sabe a dónde planea viajar?
―Sí, somos del mismo pueblo, Junrinan, al cual sólo se puede acceder en autobús, ahora mismo está en la central norte. ―le informó el chico.
―Muchas gracias por tu ayuda. ―dijo Ukitake antes de colgar. ―Debemos apresurarnos. ―le comentó a su amigo.
Los detectives se dirigieron a la central de autobuses, cuando se subieron al carro informaron a la comandancia para pedir refuerzos.
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Mientras tanto Yoruichi y Soi Fong estaban en el departamento de balística. Shinji y Hiyori terminaban de colocar las varas para verificar la trayectoria de las balas, en un muñeco blanco.
Los encendieron y un láser rojo salió de cada una de las siete varas.
―Bueno esto confirma que los disparos se hicieron desde dos ángulos y distancias diferentes. ―dijo Shinji. ―Y gracias a Unohana sabemos que el primer disparo fue al hombro izquierdo, ya que presentaba sangre coagulada. Ese disparo se hizo aproximadamente un hora y media antes de su muerte.
―¿Eso significa que su atacante regresó después para terminar con él? ―preguntó Soi Fong.
―De hecho no. ―mencionó Hiyori tomando una hoja de papel y pasándosela a Yoruichi. ―La altura a la que se realizaron los disparos son diferentes. Ahí están especificadas cuales son.
―Una concuerda con Rukia Aizen. ―comentó Yoruichi viendo los resultados.
―Seguramente la otra es de Momo Hinamori, ¿ya analizaron la pistola encontrada en su casa? ―preguntó la detective de cabello negro a Shinji.
―Pues si ella disparó, no fue con esa pistola. ―informó el rubio leyendo unos documentos. ―esa arma nunca ha sido disparada.
―Con lo que respecta al silenciador la sangre que tiene es de Sosuke, también tenía una pequeña huella parcial que corresponde con los zapatos de Rangiku Matsumoto.
―¿Encontraste alguna huella de quien tomó el silenciador? ―preguntó Soi Fong.
Hiyori sonrió con satisfacción.
―Por supuesto que sí, aquí está el resultado. ―dijo mostrándoles el informe.
Con eso Yoruichi hizo nuevas conjeturas sobre el asesinato de Aizen, las compartió con sus colegas y entre todos llegaron a una teoría.
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Ya estaba oscureciendo cuando Kisuke Urahara estaba entrando a un restaurante bar llamado "Las Noches", ubicado en el corazón de la ciudad de Karakura. Había llegado ahí gracias a algunos datos que leyó en el libro de Aizen.
Era un local exclusivo, ya que sus costos eran algo elevados. Pero a cambio ofrecían muy buenos servicios, ya que todo el interior lucía de forma elegante. Las mesas eran de madera y hacían juego con las sillas acolchonadas que las rodeaban. La música no era tan estridente pero transmitía un ambiente de algarabía en ese momento. También ofrecían música en vivo, ya que en una esquina se encontraba un espacio destinado para ese fin.
En las paredes había colgadas fotografías de varios famosos, entre ella había varias de Sosuke.
Kisuke caminó hacía la barra y se sentó en una silla. Un hombre moreno y de cabello purpura lo atendió.
―¿Qué le sirvo? ―preguntó.
―Una naranjada. ―pidió él sin importarle la cara de rareza que puso el hombre moreno. ―Necesito hablar contigo Kaname. ―dijo después que el hombre le sirviera su bebida.
―No sé cómo sabes mi nombre pero no creo que tengamos nada de qué hablar.
―De Sosuke Aizen. ―mencionó Urahara. Tousen se tensó un poco. ―Creo que ya sabes que está muerto.
―Sí, por eso no sé qué interés pueda tener en el caso.
En ese instante en la pantalla de televisión se podía observar que la transmisión diaria estaba siendo interrumpida para dar un boletín especial. Los reporteros estaban dando la noticia en vivo sobre la aprehensión de Momo Hinamori como sospechosa del asesinato de Sosuke Aizen.
―Siempre creí que la obsesión de esa chica terminaría mal. ―comentó Tousen sirviendo unas copas para un mesero.
―¿A qué te refieres?
―A que esa chiquilla seguía mucho a Sosuke a todas partes, aquí venía todas las noches hasta que él le enseñó una orden de restricción en su contra. ―A Urahara le pareció interesante esa información y lo animó a continuar. ― Aunque en realidad no existía tal orden, sólo lo hizo para que se alejara de él.
―¿Y ella se alejó?
―Por un tiempo, aunque hace dos años él vino aquí y tomó mucho. Me acuerdo de eso porque Sosuke no era de los que tomaban hasta embriagarse y porque esa chica se apareció por aquí y luego se fue con ella. ―comentó Tousen. ―después de eso ella volvió a estar muy cerca de él.
―Bien, ahora háblame de Los Espada. ―pidió Urahara en voz baja.
―No sé a qué te refieres. ―Urahara le hizo una seña para que se acercara más.
―Sé que eres uno de ellos, lo leí en los libros de Sosuke. ―comentó Urahara en un susurro.
―Sabía que esa manía de Sosuke nos iba a traer problemas. ―dijo Tousen.
―No te preocupes, no vengo aquí por eso, sólo quiero saber un poco más sobre él para entender sus acciones.
Tousen le habló a un chico rubio y lo dejó a cargo de la barra, seguido por Urahara fue a una oficina que estaba en la parte trasera del local.
―¿Qué necesitas saber? ―preguntó el moreno tomando asiento detrás de un escritorio.
―Para empezar si hay posibilidades de que Sosuke se aliara al Vandenreich.
―No hay ninguna posibilidad de eso. ―respondió el hombre sin vacilación. ―Ellos mataron a su hermana, él jamás se los perdonó.
―He leído bastante sobre Aizen y creo saber porque formó de nuevo a Los Espadas. ―comentó Urahara. ―pero no entiendo cómo funciona el grupo ni cómo llegó Sosuke a ser el líder. Ni lo que tienen que ver Ulquiorra y Grimmjow, los antiguos guardaespaldas de Aizen, en esto.
―¿Cómo sabes que él era el líder? ―preguntó Tousen sorprendido, pues la identidad del jefe era confidencial.
―Un pajarillo me lo contó. ―respondió con una sonrisa.
―Pero no veo la relevancia de todo esto en el caso de la muerte de Sosuke, esto no ayudará en nada para encontrar al asesino.
―No ayudará en eso, pero si para que Rukia, Ichigo y los demás comprendan porque actuaba como lo hacía. ―comentó Urahara. ―No creo que a Sosuke le gustaría saber que Rukia cree que él tuvo algo que ver con la muerte de sus padres.
―Está bien, te contaré lo que sé. ―dijo Tousen después de suspirar. Se lo debía a su amigo. ―Pero a cambio tendrás que entregar algunas cosas por mí. ―Urahara aceptó su petición.
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Mientras tanto Momo ya estaba a disposición de las autoridades, había sido procesada y ahora esperaba a que alguien entrara a interrogarla.
―¿Dónde demonios está Urahara? ―preguntó Yoruichi enojada en el espacio destinado a sus escritorios. ―Sin él no podemos iniciar el interrogatorio.
―Ya lo hemos tratado de localizar por el celular pero no contesta. ―informó Ukitake colgando el auricular del teléfono negro.
―Yoruichi. ―la llamó Soi Fong acercándose con un hombre de traje y cabello negro. ―él es el abogado de Rukia y quiere hablar con ella.
―Ya es algo tarde para que este por aquí. ―le comentó Yoruichi.
―Me acaban de contratar y quiero enterarme de este caso cuanto antes. ―contestó el hombre. ―Necesito preparar mi defensa.
―Bien, Soi dale la indicación a un oficial para que lo lleve con Rukia. ―indicó la líder del equipo. Ahora lo que más le preocupaba era encontrar a Urahara. Y si no aparecía en diez minutos toda la semana tendría que dormir en el baño.
Soi hizo lo que la detective le pidió.
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Rukia estaba en su celda viendo a Matsumoto, que desde que Yoruichi la fue a ver se notaba pensativa, sin embargo ella no quería hablar de nada.
―Señorita Aizen su abogado viene a verla. ―informó un oficial de policía mientras abría la reja.
Rukia se sorprendió, pues no había llamado a nadie, y su sorpresa aumentó cuando vio el rostro del abogado, tenía el cabello de otro color pero podía reconocerlo.
―Hola Patitas Flacas. ―dijo el supuesto abogado cuando estuvieron solos.
―Grim…
―No, no digas mi nombre. ―interrumpió el chico acercándose más a ella. ―puede ser peligroso. En estas celdas hay alguien del Vandenreich. ―le comentó en un susurro.
―Me alegra verte, ¿pero qué haces aquí? ―preguntó ella, el chico se sentó a su lado.
―Vine a darte un poco de información. ―dijo él y de sus bolsillos sacó un papel doblado. ―Ahí está la dirección donde pueden encontrar al Vandenreich y las pruebas de los crímenes que cometieron. En estos años hemos podido investigar varias cosas.
―¿Mi papá te obligó a hacer todo esto? ―preguntó Rukia tomando el papel. ―Lo siento, siento que él te haya dado a ti y Ulquiorra esta vida. ―dijo llorando. Se sentía tan mal por ellos, obligados a cometer crímenes y asesinatos desde niños.
Grimmjow le limpió las lágrimas con cuidado.
―Él no nos obligó a nada. ―respondió el chico bajando las manos. ―nosotros lo hicimos por agradecimiento.
―¿Agradecimiento?
―Sí, antes de conocer a Aizen tuvimos una vida muy dura, él nos dio una nueva vida, un trabajo y una familia.
―Pero los orilló a matar. ―dijo con tristeza, al recordar lo que hicieron por Ichigo.
―No, él siempre nos pidió que no nos mancháramos las manos de sangre, nosotros sólo teníamos que protegerte, pero cuando te secuestraron no tuvimos más alternativa que matar para salvarte, tampoco podíamos permitir que mataran a Kurosaki. Sabíamos que eso te dolería.
Rukia mostró sorpresa en sus ojos violetas.
―Él nos dio a escoger el camino que seguiríamos, nosotros optamos por ser Espadas.
―¿Espadas?
―Sí, es la organización que Aizen reagrupó, aunque con fines diferentes a la primera. ―comentó.
―No entiendo.
―Sé que tienes muchas dudas, pero no las puedo contestar ahora. ―respondió Grimmjow. ―tal vez en otra oportunidad. ―dijo poniéndose de pie.
―¿Mi papá tenía que ver con el Vandenreich? ―preguntó ella poniéndose de pie. ―¿él mató a mis padres? ―le preguntó angustiada, tenía muchas dudas pero por lo menos quería que le aclarara sobre eso. Se había quedado con esa idea desde que fue a ver a Ichigo al hospital
―No. ―respondió el chico.―Sosuke no tenía nada que ver con eso, puedes estar segura que él nunca atentaría contra su familia. También despreocúpate sobre Ichigo, él está siendo vigilado por uno de los nuestros y al igual que tu está a salvo del Vandenreich.
Rukia se sintió aliviada, confiaba en la palabra de Grimmjow.
―¿Por qué hacen esto por mí? ―preguntó con curiosidad refiriéndose a Ulquiorra y Grimmjow.
―Por el recuerdo de lo que fuimos y la idea de lo que pudimos ser. ―respondió el chico dejando a Rukia confundida.
En ese momento el oficial se acercó pues ya había terminado el tiempo permitido.
―Te veré de nuevo. ―dijo el chico antes de salir.
Grimmjow caminaba detrás del oficial.
―("¿Por qué hacemos esto por ti?"). ―se repitió la pregunta mentalmente. La respuesta era simple, porque ambos se habían enamorado de ella y optaron por cuidarla entre las sombras.
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Momo estaba muy tranquila a pesar de llevar cerca de una hora en esa habitación, que tenía una ventana que daba al pasillo de la estación y un gran espejo a un costado. Tenía las palmas sobre la mesa y una sonrisa tímida en el rostro.
Yoruichi entró seguida del rubio, que tenía como quince minutos de haber llegado.
―Detectives están cometiendo un error. ―mencionó la chica con voz suave. ―yo no maté a Sosuke.
―Las evidencias dicen lo contrario. ―señaló Yoruichi. ―Sosuke recibió varios disparos. ―colocó las fotos del hombre sobre la mesa. Hinamori las volteó. ―Y encontramos sus huellas en la pistola con la que le dispararon a Sosuke.
―No sé cómo llegaron mis huellas ahí. ―respondió serena. ―pero yo no mataría a Sosuke, yo lo amaba. ―dijo comenzando a llorar. ―a pesar de todo lo amaba.
―El día de su muerte entró a su casa. ―señaló la detective colocando sobre la mesa nuevas fotos de evidencia. ―y en estas fotos aparece saliendo con un florero con rosas rojas. El florero fue hallado en su casa y pertenecía a la hermana de Sosuke. ―le enseñó el grabado del florero.
―Es cierto, fui ese día a verlo y le llevé flores, pero él me rechazó y por el enojo tomé el florero con las flores y salí de la casa a prisa.
―Lo que yo creo es que ya estaba harta de que Sosuke no le hiciera caso y la tratara mal, ese día él le dijo que lo de ustedes había terminado, te enojaste y le disparaste hasta matarlo, luego el miedo se apoderó de ti y tomaste lo primero que viste en la mesa y pensabas que podía delatarte.
―No, eso es mentira.
―Confiese Momo. ―ordenó Yoruichi alzando la voz. ―usted mató a Sosuke Aizen, la pregunta es ¿Por qué? ―preguntó pegando en la mesa, sobresaltando a Momo.
―Yo no lo maté.
Yoruichi volvió a colocar hacia arriba las fotos de Sosuke en la morgue.
―Mire, mire lo que queda del hombre que dice amar. ―comentó Yoruichi enojada. Momo vio las fotos de Aizen y recordó todo lo que había pasado con él, cuanto lo admiraba y amaba.―Mire lo que queda de ese hombre que tenía una vida por delante.
Entonces también recordó lo que él quería hacer, y todo el coraje y dolor se arremolinó en ella de nuevo, entonces los recuerdos de esa noche que quería olvidar se hicieron presentes.
―¿Por qué mataste a Sosuke Aizen? ―volvió a preguntar Yoruichi.
―Porque él no entendía cuanto lo amaba. ―gritó desesperada. ―porque a pesar de que Matsumoto lo humilló y lo hizo sufrir pensaba quedarse con ella. ―En sus ojos se veía el coraje que sentía en ese momento, pero también dolor. ―fui esa tarde decidida a matarlo, pero al final no pude hacerlo. ―comentó ella. ―mi amor por él era más grande que todo. No podía quitarle la vida a pesar de que él me quitó la mía. ―Momo se quedó viendo fijamente a un punto de la pared, dejando perderse en sus pensamientos.
―Momo. ―habló Urahara sacándola del trance. ―dinos que pasó con Aizen, qué pasó esa noche.
―La noche que él murió una parte de mi murió también. ―indicó ella.
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Cuando tenía dieciséis años empecé a interesarme en Sosuke, cada que lo veía en las entrevistas y los veía sonreír mi corazón se agitaba, él me gustaba mucho, pero fue cuando lo comencé a tratar en las convivencias con el club de fans que la admiración y lo que sentía por él empezó a crecer.
Sosuke siempre fue muy amable conmigo, no se limitaba sólo a dar autógrafos y dejarse fotografiar, él también se interesaba por la opinión de sus fans sobre los proyectos que hacía.
Cuando me di cuenta ya estaba enamorada de él.
Cuando cumplí los dieciocho años y él tenía treinta y dos, decidí que ya era tiempo de decirle lo que sentía por él. Una tarde al finalizar una convivencia aproveche para confesármele. Las chicas ya se habían ido, me quedé a lo último porque como coordinadora me tocaba dejar el salón limpio. Sosuke y su asistente estaban guardando los regalos que le había dado.
―Señor Aizen. ―lo llamé con pena mientras él tomaba el libro que yo le había regalado. ―¿puedo hablar con usted un momento? ―él me volteó a ver y me sonrió.
―Momo, ya te he dicho que sólo me digas Sosuke. ―me dijo con su característico tono amable. ―Y gracias por libro, es uno de mis favoritos. ―dijo acortando la distancia entre nosotros. En ese momento podía sentir como los latidos de mi corazón se aceleraron, él era el único ser capaz de hacerme sentir así. ―¿De qué quieres hablar conmigo? ―me preguntó.
―Es algo personal. ―dije con nerviosismo bajando la mirada.
Sosuke se volteó y le pidió a Orihime que se llevara las cosas y lo esperara en el auto. La chica me miró un momento y luego salió del salón.
―Ahora sí, dime que ocurre. ―pidió invitándome a sentarme en una de las sillas, después que me sentara él también se sentó.
―Sosuke te he admirado desde hace tiempo. ―le dije. ―y ahora ese sentimiento creció y se convirtió en amor. ―él me miró sorprendido.
―Momo, creo que estás confundiendo tus sentimientos, lo que sientes por mí no es amor. ―sus palabras, aunque no pretendían ser ofensivas ni hirientes, me dolieron.
―No estoy confundida, de verdad te amo. ―expresé entrelazando mis manos, su mirada atenta sólo aumentaba mi nerviosismo. ― Mi corazón se acelera cada vez que te ve, cuando sonríes me transmites calidez y desde hace tiempo sólo quiero estar a tu lado. ―acabé la frase con un enorme sonrojo, él no dijo nada, se limitó a verme con ternura.
―Momo lo siento. ―se disculpó colocando su cálida mano sobre mi temblorosa y fría mano. ―Tu eres muy joven aún, no eres mucho mayor que mi hija, no puedo corresponder a tus sentimientos.
Comencé a llorar sin quererlo, Sosuke con su mano libre me limpió las lágrimas.
―Sólo tienes que esperar y ya verás que él hombre adecuado para ti llegará. ―me dijo y se inclinó para besar mi mejilla.
Después se levantó de la silla y caminó a la salida. Me llevé la mano a mi mejilla, que aunque no la veía, podía jurar que estaba roja como un tomate.
Y entonces lo supe, lo único que tenía que hacer era esperar, esperar a ser mayor y entonces él me correspondería.
Sosuke siguió tratándome igual que antes, pero nuestra relación se volvió más cercana.
Cuando cumplí los veintiún años le volví a hablar de mi amor, con la esperanza de que esta vez sí me correspondería. Pero de nuevo me dijo que no me podía amar, que él estaba interesado en otra mujer.
Necesitaba saber quién era ella, quien era la culpable de que mi pecho doliera tanto. Así que una tarde espere afuera de la televisora y lo vi salir con Rangiku Matsumoto. Esa era una nueva actriz que no tenía papeles relevantes, estaba segura que sólo lo buscaba por su fama.
Sin embargo no perdí las esperanzas de hacerlo recapacitar, de hacerle entender que en realidad él me amaba y que nadie lo iba a amar como yo, por eso siempre estaba ahí para él, para asegurarme de que cuando ella lo hiriera, fuera yo la que lo sanara.
Una tarde fui con las demás chicas del club a verlo grabar una novela en un parque. Fue tanto el alboroto y empujones que se armaron que terminé tirada en el piso con el tobillo lastimado.
―Momo ¿estás bien? ―no me di cuenta cuando él llegó junto a mí, pero mi corazón dio un vuelco de felicidad al escuchar su preocupación por mí.
―Me duele mi tobillo. ―le dije aun en el piso.
Entonces lo que pasó fue como un sueño para mí, él se agachó y me tomó en brazos. Me sentía tan segura y tan feliz. Me llevó a su camerino y me dejó sobre una silla. Después con cuidado me revisó el pie.
―No tienes fracturas, pero aun así deberás de guardar reposo por unos días. ―me dijo él. Yo asentí en silencio, estaba muy nerviosa por estar a solas con él.
―Momo tengo que pedirte algo. ―me dijo viéndome a los ojos. Luego se sentó junto a mí y tomó mis manos entre las suyas.
Mi corazón se aceleró y mi imaginación voló, muchas ideas nacieron en mi cerebro acerca de lo que quería pedirme. Pero él ya no pudo decirme nada porque Matsumoto interrumpió.
―Quise darte una sorpresa, pero la sorprendida soy yo. ―dijo ella al vernos tomados de las manos.
―No es lo piensas. ― respondió él.
―Nos dejas solos por favor. ―me pidió ella. Estaba muy molesta y en cierta forma me agradaba, pues significaba que me veía como rival.
Me paré del asiento y salí del camerino. Días después Sosuke me pidió que no lo buscara más, que era mejor que no volviéramos a vernos. Eso me destrozó el alma, yo lo amaba y deseaba estar a su lado, aunque fuera como conocida.
Sabía que Rangiku había sido la culpable de eso, y me enojaba que Sosuke no se diera cuenta de la clase de mujer que era ella.
Un día que aguardaba afuera de la televisora descubrí su secreto, y la odie más. Pero no pude decírselo a él.
Estuve algunos meses sin acercarme a él, pero una noche lo vi llegar a un bar que frecuentaba mucho.
Se veía tan preocupado y enojado al mismo tiempo. Él no tomaba, pero esa noche lo hizo en exceso.
Me preocupé por él, así que me acerqué hasta la barra, donde estaba.
―Sosuke ¿te encuentras bien? ―le pregunté tímidamente. Él no me contestó y siguió tomando. ―Deja eso por favor. ―le pedí quitándole la copa.
―Vete y déjame tranquilo. ―me dijo enojado quitándome la copa. Nunca lo había visto enojado y eso me asustó un poco, pero mi preocupación por él era más grande.
―No puedo hacer eso. ―le volví a quitar la copa atrayendo su atención. ―no sé qué es lo que tienes pero tomar no solucionará nada.
Con esfuerzo logré sacarlo del bar, lo quise llevar a su casa pero él se negó, tampoco lo podía llevar a la mía, pues lo más seguro era que Toushiro estuviera vigilando a que llegara, así que lo llevé a un hotel.
En la habitación lo acosté en la cama y le quité los zapatos, le desabroché los primeros botones de la camisa y se la saque de los pantalones, luego lo tapé con una sábana.
Él se me quedó viendo.
―¿Por qué haces esto por mí?
―Porque te amo. ―le respondí sin dudar, yo podría hacer cualquier cosa por él.
Él se sentó y me miró.
―Si no fueras tan niña y si no existiera ella, tal vez yo….―no lo dejé continuar porque me abalance contra él y apresé sus labios con los míos.
Yo lo amaba y no me importaba nada, ni los quince años que me llevaba, ni que él tuviera novia, ni que no me amara.
Él comenzó a besarme con necesidad, con lujuria.
Mis sentidos y razón se nublaron y me recargué en él, haciendo que los dos cayéramos en la cama, yo sobre él. Nos dejamos de besar por falta de aire.
Él pareció entender lo que pasaba, aunque estaba tomado, porque me hizo a un lado y se paró de la cama.
―Esto no está bien. ―señaló con algo de culpa reflejada en el rostro.
―Para mí sí. ―le dije poniéndome de pie y abrazándolo por la espalda. ―yo te amo y sólo me importa estar contigo.
Él se volteó para verme y luego me volvió a besar. Esa noche me entregué a él por primera vez.
Después de eso tuvimos otros encuentros más, sabía que sólo era para olvidarla, pero nunca le reproché nada. Pero ante los demás seguíamos aparentado que sólo éramos conocidos o amigos.
Pero Sosuke empezó a cambiar, a veces se mostraba muy enojado y agresivo, era en esos días que me trataba mal y me recordaba que él no me amaba, que sólo era el sexo lo que lo unía a mí.
Y porque lo amaba en exceso nunca lo dejé.
A veces iba a su casa y nos pasamos horas encerrados en su despacho, pero sólo platicábamos o yo lo observaba trabajar. Él siempre me dijo que esa casa era de su hija y que teníamos que respetarla.
Sosuke siempre me hablaba maravillas de su hija, a veces lo veía maltratarla, y siempre vi en su mirada arrepentimiento y dolor, algunas veces quise preguntarle por eso, pero no respondía.
Una tarde supe su secreto, y comprendí su conducta.
Le dije que siempre estaría con él, que lo amaría hasta el final. Lo besé para demostrarle nuevamente mis sentimientos, pero Matsumoto entró y nos vio.
Ella le reclamó y yo salí de la habitación. Los días que siguieron él me evadía, me pidió que ya no fuera a su casa y me dijo que lo nuestro se había terminado.
Me pido perdón por el daño que me hizo.
Pero yo no podía soportar estar sin él, así que el día que él murió fui a verlo en la mañana.
Le llevé un ramo de rosas rojas, sabía que eran sus favoritas. Él me recibió afuera porque dijo que tenía visitas.
Le supliqué que me dejara estar con él, pero él no se conmovió con mis lágrimas.
―Lo siento Momo, pero quiero intentar algo con ella. ―me dijo mientras deshacía mi abrazo.
¿Me dejaba por ella?, por quien lo hizo sufrir, por quien no lo valoró.
―Sé lo que piensas, pero ya hemos hablado mucho de eso y tú sabes que nunca te mentí.
Se dio la media vuelta y me dejó con mi roto corazón.
Regresé a la casa y lloré sobre mi cama, hasta que tomé una decisión, le abriría los ojos por las buenas o por las malas, él no podía estar con ella.
Esa tarde regresé y entré a la casa con una copia de la llave, estaba en su despacho escribiendo algo. Cuando me vio dejó de escribir y guardó los documentos en su caja fuerte.
―Sosuke, tu no me puedes dejar. ―le pedí. ―yo te amo.
―Momo, ya hablamos de esto antes. ― sonaba cansado. ―Fue un error lo que pasó entre nosotros, si pudiera hacer algo por evitarlo lo haría.
Lo de nosotros no fue un error, había sido lo mejor que me había pasado, error era que él regresará con ella.
Me acerqué al escritorio y vi una pistola en él.
―¿Soy un error para ti? ―le pregunté enojada caminando hacia atrás. ―¿Por qué no te das cuenta que yo te amo? ―pregunté apuntándole con el arma.
―Momo cálmate por favor.
― No quiero calmarme, no cuando piensas dejarme por esa mentirosa. ―le grité. Él se mostró sorprendido. ―Sí, sé lo que te hizo, sé que ella no te ama. ―le dije con las manos temblorosas, tenía miedo, pero tenía que enfrentarlo.
―Ya la he perdonado. ―confesó él. ―Lo siento pero a ti nunca te podré querer como a ella.
Sus palabras me enfurecieron, siempre estuve para él, me dediqué a él en cuerpo y alma, siempre lo amé incondicionalmente.
No iba a dejar que se fuera con ella, no permitiría que sufriera de nuevo. No dejaría que ella estuviera entre sus brazos.
Cuando me di cuenta ya había jalado el gatillo, el enojo y los celos me habían cegado.
Me asusté por lo que hice, dejé la pistola en el escritorio, tomé el florero con las rosas y salí corriendo.
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―Así que lo mataste para que no se fuera con Rangiku. ―comentó Yoruichi ante el silencio de Momo.
―No, yo no lo maté. ―gritó desesperada. ―no podría hacerlo, sólo le abrí los ojos, sólo quería liberarlo de su dolor.
Ella se veía angustiada, pero no lloraba.
Unos guardias se la llevaron a la celda y Yoruichi y Urahara se fueron a reunir con el resto del equipo.
―Nos falta ubicar el orden en el que se llevaron a cabo las interacciones con Sosuke. ―comentó Yoruichi viendo las fotografías en el panel de la oficina.
―Puedo ayudar con eso. ―mencionó Urahara sacando unas notas.
Estuvieron por largo tiempo revisando las pistas y las declaraciones hasta que tuvieron el caso armado.
―Muy bien, ya tenemos al culpable y las evidencias que lo prueban. ―señaló Yoruichi con satisfacción.
Ya era de madrugada, todos estaban muy cansados pero satisfechos por resolver el crimen.
Urahara se paró de su asiento y caminó a la puerta.
―¿A dónde vas? ―preguntó Yoruichi.
―Necesito volver a hablar con los sospechosos. ―respondió desde la puerta.
―Pero ya no es necesario. ―expresó Soi Fong. ―ya sabemos quién mató a Sosuke Aizen.
―Pero a mí me falta unir algunos cabos sueltos respecto a la vida de Sosuke. ―respondió y salió de la habitación.
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Un mes después.
Ella entró al edificio gris con una opresión en el pecho, los cinco pisos que subió en ascensor se le hicieron eternos. Ese día conocería su condena por arrebatarle la vida a un hombre.
Las esposas que llevaba en manos y pies dificultaban sus movimientos, un par de veces tropezó y alguno de los guardias que iban junto a ella tuvieron que ayudarla.
Aguardó en una habitación hasta que el juicio comenzó. Tuvo tiempo de reflexionar en lo que hizo.
Por fin los guardias fueron por ella y la condujeron por un pasillo. No podía evitar sentir miedo pues sabía que pasaría mucho tiempo para que volviera a ver a su familia, a sus amigos, para ser libre.
La sala de juicio estaba llena por la importancia de Sosuke como figura pública.
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Se sentó detrás de una mesa frente al estrado donde estaba el lugar del juez, junto a ella se sentó su abogado.
Vio entre los asistentes a Ichigo, Tsunade y otras personas que iban a darle su apoyo. Los detectives y Urahara también estaban presentes.
El juez no tardó en aparecer dando por iniciada la sesión.
―….Se le ha encontrado culpable….
Rukia cerró los ojos, las lágrimas fluyeron con tristeza. Su abogado le colocó una mano sobre su brazo en señal de apoyo.
―Y es sentenciada a pasar treinta y cinco años en prisión.
Espero que les haya gustado este capítulo. Saludos.
