Los personajes no son míos, tampoco los conceptos, son de MasamiKurumada
No planeo ni obtendré ningún beneficio monetario por esto, solo matar el tiempo y entretenerlos.
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Advertencia: No creo que haya algo relevante, solo tenemos violencia, sangre y muerte.. Nuestro catalogo de siempre :v.
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Rey de la perversión
El viaje del Héroe es la eterna añoranza y fantasía de la humanidad pero, dime mortal
¿El héroe no puede viajar a los abismos del que sólo los demonios han de retornar?
Retrocedió, retomando distancia de los dos oponentes que sin una pizca de compasión le contemplaban. Sabiendo lo inútil de su engaño, perdió su falsa forma humana y dejo que su verdadera forma se manifestara. Shun y Augusto vieron como la alta criatura se alzaba frente a ellos, de largas y finas extremidades que emulaban a las humanas y decoradas con enormes garras, estas no eran sus únicas armas, por las demás partes de su cuerpo emergían toda una serie de negros y viscosos tentáculos que hasta asco daban... Bestia putrefacta, criatura de pesadilla amorfa y de pura oscuridad que ni rostro ni ojos poseía.
–Mira que feo eres, hasta te pareces a Slender Man*–Le dijo tranquilamente el pelirrojo. –, sólo que a diferencia de él eres completamente negro y con mucha menos humanidad.
Shun no emitió comentario alguno, simplemente dejo que su inquietante cosmos carmesí le rodeara al tiempo que su cuerpo era cubierto por las negras placas de la armadura del Tártaro.
–¿Sabes? –Continuo Augusto. –Desde que perdí como unas mil veces en ese juego de mierda, hasta he tenido unas ganas inhumanas de patearle el culo a aquel tío de traje y gracias a ti obtendré lo más parecido a eso que puedo pedir.
Augusto abrió la escopeta y rápidamente puso dos cartuchos de perdigones de plata y Astrom. Luego coloco el arma en su hombro para con la otra mano poder colocarse los cascos, el reproductor ya empezaba a tocar el tema con el cual llenaría de balas a aquella bestia y el estribillo de We're all to blame* se le antojo el más indicado para la salvaje noche que se avecinaba... Era hora de teñir con un nuevo y vibrante color rojo a las paredes de la mansión.
– ¿Acaso creen que pueden detenerme? Yo soy la pesadilla eterna e inmortal…
La siniestra bestia se acerco a ellos con sus afiladas garras listas para atacar, sin aviso, se lanzo directamente sobre el demonio de cabellos esmeraldas. Las plateadas garras de Shun largaron chispa al chocar con las negras dagas de la bestia. Augusto inmediatamente disparo hacia la espalda del enemigo más, para su terrible sorpresa tres de sus asquerosos tentáculos absorbió sus balas.
–Pero que…
Volvió a dispara, pero esta vez la bestia retrocedió esquivando sus proyectiles. Shun rápidamente le ataco, sus garras volvieron a chocar contra las de las criaturas mientras esta giraba y agachaba la cabeza para esquivar las plateadas balas de Augusto. En un nuevo y feroz movimiento, aprovecho la misma energía de su giro para encestarle una terrible patada al joven demonio que salió disparado hacia el fondo del salón. La bestia volteo y dirigió aquella cabeza sin rostro hacia Augusto.
–Mierda…
Apenas alcanzo a poner su escopeta de costado y usarla para desviar el primer impacto de aquellas garras, mas, no alcanzo a reaccionar y el otro brazo de la criatura que impacto de lleno contra su costado. La armadura trono y antes de siquiera sentir el dolor fue arrojado contra la pared que estaba a su lado.
–Lento humano…
A una velocidad impresionante la monstruosa bestia apareció en frente del pelirrojo. Posicionada en cuatro patas, sus dos aberrantes garras ya estaban colocadas a ambos lado de las piernas de Augusto y esa oscura cabeza humana a escasos metros de su rostro.
– ¿Crees poder escapar de mi terror?
Alzó sus dos garras para atacarle, pero fue detenida por certera patada que impacto de lleno en su cabeza y la envió directamente a volar. La bestia choco y abrió una de las puertas para caer directamente en una habitación continua cuyo techo estaba casi desaparecido, apenas alcanzo a levantarse y ver como el demonio de ojos rojos daba un salto para arrojarse sobre ella con sus plateadas garras enfiladas hacia su cuello.
Shun cayó de lleno sobre la humanoide criatura, la bestia dio un rugido atroz y el viejo suelo cedió ante el peso de los dos para hundirse. Toda la casa se estremeció, y prácticamente todo el suelo se vino abajo llevándose con él las pocas partes del techo que una permanecían, prácticamente se había todo se hundió dejando un erecto y cuadrado agujero de escombros.
– ¡Shun!
Augusto escucho el temblor e inmediatamente logro pararse, dolería mañana, pero la adrenalina que circulaba por la sangre le permitió ignorar sus heridas e ir hacia la puerta que su compañero había atravesado…. Solo habían quedado las cuatro paredes de la habitación y un inmenso agujero que bajaba por más de dos pisos y se encontraba lleno de escombros.
Maldijo su suerte, esperaba que Shun estuviera bien, pero también estaba el hecho de que estaban haciendo pedazos un monumento histórico… Ganaran o perdieran, Azrael se iba a encabronar por esto.
La bestia de oscura naturaleza se alzo arrojando los trozos de piso y techo que tenia sobre ella, inmediatamente volteo ubicando rápidamente al demonio que aturdido intentaba incorporarse del suelo. Shun no alcanzo a reaccionar y recibo de frente el golpe, parte de su armadura salieron volando mientras las afiladas garras cortaban su carne y lo clavaban de boca al suelo. La criatura alzo su otra mano para destrozarle la cabeza, pero sólo otro grito de dolor salió de ella cuando las balas destrozaron gran parte de la oscura carne de su brazo. Se dio vuelta y enfoco al pelirrojo que desde lo alto le disparaba con una pistola de alto calibre, el demonio aprovecho aquella distracción y sin importarle el dolor se alzo lo suficiente para poder atacarle con su otro brazo. La bestia le soltó y retrocedió para esquivar su golpe, pero luego tuvo que volver a retroceder, esta vez para evitar las plateadas balas del pelirrojo.
Augusto siguió disparándole, más la bestia le esquivaba con agilidad y sobrenatural rapidez cada uno de sus proyectiles. Moviéndose semierguida sobre sus cuatro miembros, se parecía más al Rake* o a un demonio escapado de una residen evil que a los enemigos que solía enfrentar, era u blanco muy difícil. Shun le lanzo un ataque que la criatura desvió con sus afiladas garras, el demonio no se dejo vencer e inmediatamente le respondió con una patada, pero la veloz criatura esquivó su golpe y aprovechando el movimiento lo tomo de su pierna para arrojarlo contra la pared. El cuerpo del demonio revoto con fuerza contra muro, estremeciendo los cimientos de la vieja mansión.
El pelirrojo le maldijo e inmediatamente le volvió a dispara, la criatura de negras garras evito cada una de sus balas mientras que de dos prodigiosos saltos llego a escasa distancia de él. Augusto supo que se le venía encima mas, no huyo, vio como la bestia se le lanzaba sobre él e inmediatamente soltó la pistola que tenía en su mano para dejar ver la otra arma que ya estaba lista para disparar. El atroz disparo y el grito de su compañero hicieron que Shun inmediatamente abriera de par en par sus rojos ojos.
El pelirrojo se hallaba acostado contra el piso y con la aberrante bestia frente a él, las negras garras de la criatura atravesaban por completo uno de sus hombros y la otra estaba a centímetros de su cabeza. Su roja sangre ya entremezclaba con las escasas gotas negras que dejaba salir el pecho de la aberrante bestia. Joder, le había dado en todo el pecho con balas que bajaban a un demonio ¿Qué mierda era lo que tenía en la cara?
Con brutalidad la criatura arranco y se incorporo al mismo tiempo que lo tomaba del cuello y lo alzaba del suelo.
– ¡En todos mis siglos, jamás un mísero humano a hozado herirme!
–Grassi…as… Soy… todo..un.. hozado…
Apenas alcanzo a responderle Augusto con una sonrisa pese a su carencia de aire. La bestia enfurecida se disponía a exprimir a ese bastardo mortal cual vil insecto, mas un dolor atroz le hizo soltar a su presa. Augusto cayó bruscamente al suelo, recargando todo el peso sobre su hombro ya destrozado y sintiendo como una horrible punzada de dolor destrozaba por completo sus nervios. Su visión algo borrosa se entorno hacia el enemigo para ver como este se removía enloquecido e intentaba librarse por todos los medios del joven demonio que tenia encima y que envuelto en frenesí le clavaba una y otra vez sus plateadas garras en la espalda….
Su visión se fue tornando negra, hasta que no vio nada más y se encontró tirado en un helado suelo mientras la más profunda oscuridad se cernía sobre él…
– ¿Crees que los animales tienen memoria? ¿Qué ellos son como nosotros? Por dios, deja de hablar pelotudeces, Augusto.
–Pero, mamá. Existen los cementerios de elefantes, no son como nosotros pero ellos pueden…
–Nos vemos…
La mujer salió del comedor y se dispuso a salir a su sesión fotográfica, ignorando por completo al pequeño niños de orbes café y el libro que con gran deseo quería mostrarle…
Tus ideas son estúpidas
¿Por qué no dejas de decir boludeces, Augusto?
¿No eres muy chico como para estar haciendo esos problemas de matemática?
¿Tus padres te dejan leer eso? Dios, se nota que no les importas.
Qué música de mierda que escuchas ¿Por qué no escuchas algo decente, como la gente normal?
Ponete los auriculares y no me molestes, Augusto.
¿Dibujar o escribir no te van a dar un futuro? Los artistas se mueren de hambre
Eres extraño
Eres raro
¿Eres humano?
¿Por qué no eres más normal, Augusto?
Por tú culpa no podemos ser nunca una familia normal…
Las cientos de voces hicieron eco en su cabeza y por unos momentos dudo si lo que escuchaba y veía era real… Ya se encontraba nuevamente en su casa… En aquella mansión que había sido su casa, rodeado de extraños que con extravagantes disfraces y coloridas mascaras pasaban por su lado sin prestarle ni la más mínima atención. Un baile encantador, lleno de trajes de cientos de colores y camareros que de aquí para allá llevaban sus bandejas cubiertas de manjares o bebidas coloridas. Seguramente era una de las extrañas fiestas que daba su padre, una fiesta llena de adultos y en la que él no era más que un mero adorno representativo llamado hijo del auspiciante…
Estaba sólo, siempre estaba sólo…
Camino por aquella fiesta llena de lujo y decadencia, como un niño de once años surco la sala atestada de gente, ignorando por completo las charlas de los adultos y uno que otro acto carnal e inescrupuloso que los invitados llevaban a cavo… Ignoro absortamente todo, solo camino hasta el negro sillón que igual que el yacía abandonado ante el bullicio, se sentó en él y como mudo observador contemplo todo el espectáculo de lujos y placeres que frente a él se llevaba a cavo.
Entre todos aquellos cuerpos, las luces de fiesta y la oscuridad del baile noto una larga sombra, misterioso caminante que avanzaba siendo totalmente ignorado por todas las demás almas de la fiesta. Oscura sombra, alto e imponente hombre que se veía ataviado de un inquietante disfraz que le recordaba a los médicos medievales. Su rostro se hallaba cubierto por una máscara roja como la sangre, hecha totalmente de cuero se asemejaba a la cabeza de un pájaro ya que tenía una larga y curvada nariz con solo dos pequeños agujeros para respirar, sus ojos eran dos enormes óvalos remachados de un vidrio negro como la obsidiana, vestía una larga y holgada túnica negra de toques carmesí… La visión caminaba hacia él como si fuera una presencia etérea, lúgubre y siniestra, un ser totalmente ajeno ha aquella fiesta de suntuosos colores y pecaminosos placeres.
En su mente, sólo podía recordar aquellas viejas ilustraciones de los médicos de la peste negra, aquellos hombres que con iguales mascaras blancas se paseaban entre las enfermas calles de la vieja Europa cargando sus varas y sus inciensos colgantes. En silencio observo ha aquella misma figura de eras pasadas y recubierta de carmesí parada justo frente a él, el misterioso invitado dirigió su pálida mano hacia su marcara y la retiro para dejarle ver el familiar rostro que poseía.
–Dibujas muy bien para ser un simple prisionero.
Le dijo mientras lo contemplaba desde el otro lado de la celda, bajo su vista y observo que tenía una vieja libreta entre sus manos, y en cuya hoja amarilla se apreciaba el boceto recién dibujado de una bella mujer.
–Quien eres y que quieres.
Le pregunto, él hombre le sonrió.
–Soy aquel al que intentaste robar.
Los ojos rojos como la sangre y la pálida piel porcelana que poseían se acentuaban entre las sombras de la noche que les rodeaba. Entre el silencio y los barrotes, aquel hombre se acercaba y le hablaba con la misma tranquilidad y soberbia que aquel que todo lo que le rodea posee… Sí, efectivamente era Vladilav Vólkov, uno de los hombres más poderosos y temibles de Rusia, el conocido millonario al que había intentado estafar el día anterior, debía admitir que en toda su vida nunca había conocido semejante sistema de seguridad… Augusto bufo y murmuro que su padre iba a matarle, mas sabiéndose entre la espada y la pared miro aquel alto e inquietante hombre y le dijo:
– ¿Podríamos arreglar esto sin hacer mucho escándalo? Digo ¿Ya has de haberte dado cuenta de quién soy?
–La oveja negra de los Hernández, Augusto.
Aquello logro una seca sonrisa por parte del pelirrojo, Vladilav estaba de visita en su casa, por lo que a su padre no le haría ninguna gracia saber que había aprovechado el momento para intentar hacerse con todos los códigos de seguridad de su "ilustre invitado". Aunque, debía admitir que un aire inquietante reposaba entorno a aquel imponente y soberbio hombre… Una esencia distinta a la de los demás, su presencia le hacía sentir una sensación de tranquilidad e insana curiosidad que ninguna otra persona le había despertado, aquel tío era realmente raro… Más raro que él.
–Puedo hacer algo, puedo sacarte de esta pequeña comisaria sin que nadie recuerde que estuviste aquí y puedo no condenarte por todo lo que has hecho… Es decir, yo no le diré a la policía lo que realmente hiciste y pagar la fianza para que salgas de aquí.
– ¿A cambio de qué? –Le pregunto el pelirrojo, pero al recordar algo que le habían dicho de Vólkov inmediatamente agrego. –Si es de índole sexual desde ya te digo que prefiero pudrirme en este lugar y enserio, me defender lo bastante bien como para no tenerle miedo a los perros de este lugar. Yo no te temo, Vlad.
Vólkov se rio divertido.
–Tendré que ver cómo arreglar la imagen que los mortales tienen de mí–Le dijo con tranquilidad. –mas, no es eso lo que quiero, Augusto Hernández. Me resultas un humano muy curioso… Muy interesante y me han dicho que nada te parece o es extraño en este mundo.
–Básicamente, te han dicho que soy raro y que no parezco humano… Sí, lo suelen decir a menudo.
La siniestra risa de Vlad resonó entre las paredes que le rodeaban, profunda y marcadamente siniestra.
–Tú eres humano, pero créeme que existen cosas en este mundo que no lo son… ¿Quieres saber mi verdadero nombre?
Antes los ojos marrones del pelirrojo, Vólkov atravesó los barrotes de la celda como si fuera un fantasma, con paso tranquilo se acerco hacia él mientras negras y oscuras alas emergieron de su espalda. Sus ojos rojos se tornaron de un frio helado y sin dudarlo se clavaron sobre su mirada.
–Mi nombre es Azrael el Arcángel de la Muerte.
Le dijo con un voz tranquila e imponente.
–El ángel de la muerte… ¿Eres quien lleva las almas al más allá?
–No– le dijo mientras negaba. –. Yo soy representación de la misma muerte, son los humanos los que creyeron erróneamente que yo era un mero intermediario, pero; mi pequeño mortal, yo soy la esencia misma de la quietud absoluto y del silencio eterno.
–Baya, entonces mi pariente se informo mal, tú no eres el diablo sino la parca. –Le contesto un divertido pelirrojo.
Azrael se acerco más a él, sus alas se quebraron frente a él y entre todas sus negras plumas nuevos huesos aparecieron y sobresalieron de su piel. Ante los ojos del mortal aquellas alas cambiaron, se quebraron y doblaron de forma inquietante para dar origen a unas extremidades aviares hibridas con las de un murciélago… Un espectáculo más que Dantesco.
– ¿No le temes a la muerte? –Le pregunto con ominosa voz.
El pelirrojo negó.
–Prefiero que me mates a tener que enfrentar el enojo de mis viejos.
La muerte rio de buena gana ante las ocurrencias del pequeño mortal, mas volviendo a su compostura le dijo:
–No voy a matarte, niño. Yo te he dicho que puedo sacarte de aquí.
–Pero ¿No me has dicho que quieres por ello? Y siendo sinceros, no quiero tener que darte mi alma.
–Sólo pido un nuevo trabajador, ando escaso de personal y la temible locura que ocultas te hace excelente para el grupo que pienso crear.
– ¿Locura? Bueno, algo me dice que no es un trabajo halagador si la única persona a la que se lo ofreces tiene poca o ninguna otra opción.
–No, no lo es… El trabajo que te ofrezco te llevara a la guerra, a la sangre y a tu propia muerte.
–Suena tentador ¿Alguna otra cosa más?
Azrael pasó por su lado y sentó junto a él, sus negras alas se replegaron hasta pegarse a su espalda para no molestarle a él o su acompañante.
–También, te ofrezco la posibilidad de unirte a mi familia… De tener unos verdaderos amigos, en las buenas, en las malas y en el delirio, una familia que realmente te quiera y se preocupe por ti…
Sus palabras lograron que el risueño y divertido pelirrojo borrara la sonrisa de su rostro y le prestara toda su atención ¿Era verdad lo que le estaba ofreciendo? ¿Este tío podría darle aquello?
– ¿Cómo podría creerle a la muerte? –Le pregunto. –Tú solo me matarías.
–Te juro, que yo nunca te hare daño. Será el camino que te ofrezco y tus decisiones los que te lleven a un aciago final, mas, no recorrerás este camino en soledad…
No estarás solo…
Ya no…
Augusto se lanzo a reír de buena gana rompiendo de una todo el silencio de la habitación, estaba hablando con la misma muerte y no podía, no podía dejar de pensar en lo hilarante de toda la situación. En ángel de la muerte en prisión con él, ofreciéndole de buena gana un trabajo que lo mataría, menudo enredo el que vivía…
–Acepto. –Termino diciendo una vez que se le había calmado la risa– ¿Sabes? –Le dijo, ya por completo enserio. –… Yo realmente no tengo nada que perder ni nada mejor que hacer en esta vida, incluso le será un alivio para mis viejos ya no tenerme cerca y tener que aguantar mis… "problemas", así como ellos llaman a mis travesuras.
–Bueno, yo estaré contento de que hagas tus "travesuras" para mí y emplees tus "bromas" en contra de mis enemigos.
–Viejo, te arrepentirás de tus palabras.
–Llámame jefe, Augusto. Y, seguramente sí que me arrepentiré de ello, pero ahora deberías abrir tus ojos… Ya no estamos en la época de tus recuerdos y uno de los amigos está luchando a muerte para protegerte, creo que podrías echarle una mano.
– ¡¿Qué?!
Los ojos del pelirrojo se abrieron de par en par, el terrible estruendo lo había despertar y a escasos metros de él podía contemplar como Shun había sido golpeado, una vez más, contra el duro suelo de azulejos. La bestia había conseguido dominarle e inmovilizar las afiladas garras del Tártaro con sus tentáculos, sin contemplación atravesó con sus garras la armadura del demonio y se clavo profundamente en el pecho de este. Shun apretó los dientes, evitando escupir sangre mientras se tragaba el grito de dolor que emergía desde lo profundo de su garganta. La bestia grito de euforia e inmediatamente se dispuso a rematar a su víctima, pero todo su cuerpo se contrajo de bajo el dolor y el golpe de los perdigones de plata.
– ¡Bicho de Mierda!
Le grito Augusto desde el piso, pese a tener el hombro destrozado, el pelirrojo había logrado levantar su escopeta y dar un certero disparo.
– ¡Maldito mortal!
Escupió con furia la criatura, mas antes de que pudiera lanzarse contra el pelirrojo Shun libero uno de sus brazos y lanzo sus plateadas hacia el cuello del monstruo. El grito de agonía hizo vibrar los mismos cimientos de la mansión, la bestia alzo a Shun con sus tentáculos y herida lo alzo en el aire, pero el demonio arranco sus otro brazo del agarre de los tenáculos y le lanzo un golpe certero hacia la cara de su agresor, las plateadas garras cortaron aquella cabeza negra como el abismo e hicieron que la bestia lo soltara.
El demonio cayó de pie e inmediatamente volvió a concentrarse en su atacante, tras un furibundo grito la criatura coloco sus dos zarpas delanteras en el suelo haciendo que cientos de negras estacas brotaran del suelo. En demonio retrocedió a gran velocidad esquivando las mortales armas, Augusto observo con horror como las afiladas estacas a gran velocidad salían del suelo cada vez más cerca de él, cerró los ojos esperando ser un brocheta, mas un fuerte tirón hizo que volviera abrirlos. Shun lo había tomado del suelo y a toda carrera escapaban del extenso ataque que ya sus talones pisaba. El demonio se arrojo suicidamente contra la puerta de la entrada, atravesándola y cayendo bruscamente fuera mansión, Augusto rodo un par de metros lejos de su compañero, busco incorporarse, alzando la vista vio como su compañero intentaba hacer lo propio.
Shun intentaba levantarse, una horrorosa punzada de dolor lo detuvo en el acto, bajo la vista y noto una negra estaca le había atravesado de lado a lado la pierna derecha… Era eso lo que le había hecho tropezar y caer. El demonio hizo un gesto de desagrado, con pálidas manos tomo la negra estaca que le atravesaba y mordiendo sus dientes se la arranco de un solo tirón… Ese… Ese bastardo pronto vendría. Augusto se paro y contemplo durante esos milagrosos segundos de paz a su compañero, Shun estaba muy herido, el joven demonio había trabado un feroz combate cuerpo a cuerpo con el enemigo mientras él estaba inconsciente, y por lo visto no le había ido muy bien. Tenían que ayudarlo, llevo su mano hacia la campera, dándose cuenta de le quedaba un solo cartucho de balas para la escopeta… Ok, la cosa se estaba poniendo muy, pero muy fea.
El sonido de la madera crujiendo hizo que ambos voltearan hacia la puerta de la mansión, la terrible criatura se asomaba desde aquel bosque de negras estacas, herida pero implacable en su deseo de exterminarlos.
Shun simplemente le miro, su mirada se tornaba borrosa de ha momentos y sus dientes le empezaban a pesar… ¿Eran las heridas pasándole factura? ¿Estaba empezando a desangrarse, acaso? No, había algo más, algo más profundo que empezaba a emerger desde lo profundo de su ser… Escucho el crujir de los huesos de su boca, mas ya no sentía dolor…No, el dolor y cualquier otro sentimiento se esfumaban mientras toda su mente era consumida por un oscuro e inquietante deseo…
Shun cayó al suelo de rodillas frente a su compañero, llevando sus manos hacia la cabeza sintió como su alma se partía dos para dejar salir lo más profundo de su aberrante ser... Su cabello rápidamente se tiño con ébano de la noche, toda su armadura tronaba mientras se regeneraba y se doblegaba para adquirirá una apariencia más estilizada y feroz…
–Shun… –Augusto instintivamente retrocedió unos pasos.
–No, no lo harás…
La bestia oscura se lanzo directamente hacia al demonio, Augusto alzo la escopeta y apretó el gatillo. El estruendo del disparo hizo eco en el bosque, Augusto bajo su arma, no había sido él ya que había disparado sin darse cuenta de que no tenía balas. La criatura volteo para ver él quien le disparo desde la espalda, tras todas aquellas estacas negras una mira de francotirador le contemplaba desde las sombras.
–Bastardo…
Susurro Iris e inmediatamente volvió a dispara, la criatura esquivo su disparo y se deponía a correr, pero un terrible impacto la lanzo por el aire. Las afiladas garras del tártaro le golpearon de lleno, hiriendo profundamente su negra carne. El demonio siguió con sus ataques, sin darle la más mínima oportunidad de responder y haciéndola retroceder ante la ferocidad de sus ataques… La sombra se estremeció, era mucho más rápido y certero que antes. Le arrojo sus tentáculos para hacerlo retroceder, pero el ángel de la desolación los trozo en aire con sus afiladas garras y sin meditarlo se arrojos sobre él con las fauces abiertas de par en par. La criatura se protegió de las mordida con sus brazo, sintiendo como los afilados dientes del joven demonio se hundían profundo en su carne. Ambos adversarios cayeron al suelo, y desesperada, la sombra intento usar sus garras para defenderse, mas el demonio tomo la delantera y en un rápido movimiento de su brazo sus plateadas garras se trabaron con las negras zarpas de su adversario. Lo tentáculos de la criatura se arrojaron sobre Desolación, envolviendo sus extremidades con su asqueroso abrazo, mas esto no lograba que el demonio le soltara, como un perro enfurecido, el Tártaro se aferraba a la carne de su presa y la sacudía con la vida…
El grito de agonía resonó en todo el bosque, Augusto se quedo en silencio… Contemplando todo como si se estuviera dando en cámara lenta. Shun se había alzado por sobre el cuerpo caído de su enemigo, la negra sangre volaba por el aire mientras entre sus terribles fauces sostenía el miembro recién arrancado de la criatura. La bestia uso todas sus fuerzas para arrojar al demonio lejos de sí, este dio un giro en el aire y callo de pie, los ojos del Tártaro se encontraban sellados tras las negras placas de su tiara, mas nunca dejaban de enfocar su presa.
Antes de que el demonio se le volviera arrojar encima, la criatura estampo la zarpa que le quedaba contra el suelo. Cientos de estacas negras empezaron a surgir del suelo a su alrededor con gran rapidez. Desolación retrocedió, Augusto intento hacer lo mismo, pero rápidamente se dio cuenta de que no era lo suficientemente veloz.
Escucho el grito desesperado de Iris y esta vez se creyó morir, cerró los ojos y sólo sintió como un fuerte golpe lo arrojaba varios metros en el aire. Golpeo contra el pecho de quien detuvo su caída, abrió los ojos y vio por primera vez el rostro de Hermes embargado por la completa sorpresa.
Por un momento todo se detuvo…
Seguramente, ni Hermes ni la bestia podrían comprender lo que veían… De hecho, hasta a la condesa le costaba creerlo.
Augusto bajo la vista ante aquella inesperada quietud, el ángel de la desolación estaba a escasos metros de él y Hermes, atrapado entre las cientos de estacas que emergieron del suelo y que le habían perforado gran parte del cuerpo. El demonio no capto la sorpresa general, totalmente indiferente a sus heridas, empleo sus brazos para tomar las estacas, y sin la más mínima muestra de dolor se impuso hacia arriba, arrancando su cuerpo de las afiladas armas que lo perforaban para caer a escasos metros de Augusto y Hermes…
La criatura retrocedió y retiro su zarpa del suelo ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué clase de demonio era este? Por su parte, Hermes tampoco daba crédito a lo que había visto, en toda su inmortalidad jamás creyó contemplar algo semejante ¿Acaso el Tártaro había salvado al humano? Desolación le gruño con ferocidad, Hermes dejo Augusto en el suelo y se alejo de él mientras no dejaba de contemplar al joven demonio.
–Yo no soy tu enemigo, Desolación. – Le dijo.
–No– Le contesto la cristalina y bifurcada voz del demonio entre inquietantes gruñidos. –. Tú presencia mi alma enferma… Eres el condenado errante, tu olor es putrefacción y mentira… Tú creaste a esta bestia.
Sus palabras finalizaron con un inquietante y gutural gruñido, las terribles heridas que cubrían el cuerpo del Ángel de la Desolación se regeneraban mientras que con un paso tranquilo y felino se colocaba entre Hermes y su compañero. El antiguo patriarca no le contesto, Desolación le sonrió mostrándole todos los afilados dientes que poseía, y sin darle más atención se enfoco en la criatura de sombras que desde su escudo de afiladas estacas le contemplaba.
La bestia oscura temió, intento escapar pero varias balas le cortaron el paso, volteo hacia la casa desde donde le disparaban ¿Cómo era posible? ¿Quién era capaz de darle, aun entre su bosque de espinas? No tuvo más tiempo de meditarlos, pues tuvo que usar el miembro que le quedaba para parar el ataque del demonio...
Augusto se paro con dificultad, Hermes contemplaba aquel feroz combate cercano en el que las certeras balas de Iris y las feroces garras del Ángel de la Desolación hacían retroceder más y más a la ya herida criatura.
– ¿Él me salvo?
Hermes asintió a la pregunto del pelirrojo, era un acto increíble que un demonio herido arriesgara tanto por un simple humano… Pero, quizás aquellos olvidados mitos de inmortales condenados por debilidades humanas no fueran meros delirios del pasado, quizás, hasta las terribles bestias de la creación podían aprender a temerle al amor.
Las garras del Tártaro acertaron otro certero golpe en el rostro de la criatura, haciendo que cientos de gotas negras llenaran el aire de la noche, la bestia retrocedió esquivando el siguiente ataque, mas la certera bala de la condesa lo desestabilizo y el demonio le atravesó de lado a lado con las garras de su otro brazo…
–Mi desgraciada criatura, has vivido demasiado tiempo.
Susurro Hermes, el demonio alzaba a la criatura atravesada por sus garras, la bestia lanzo los pocos tentáculos que le quedaban al cuello del Tártaro logrando que este lo soltara e inmediatamente se dispuso a atacarlo, sus tenáculos fueron cortados en el aire por las certeras balas de la condesa y el demoño suelto desvió su golpe al mismo tiempo que le volvía atravesar con sus garras. La criatura cayo ya completamente derrotaba, con sus últimas fuerzas se arrastro por el suelo intentando alejarse de aquel demonio que con un paso tranquilo y acechante se le acercaba.
–Creador…
Pronuncio la bestia agonízate en medio de la noche, con su otrora ominosa voz quebrada tras el peso del terror y la proximidad de la muerte. Arrastrándose cual vil gusano, alzo su rostro incapaz de demostrar el miedo que sentía hacia donde estaban Hermes y Augusto…
¡Creador!
Los ojos marrones del humano se fijaron en su singular compañero, el rostro impasible de Hermes contemplaba toda la escena sin darle ni la más mínima pista que le digiera si aquellas palabras eran verdad o mentira. Desolación se acerco a su presa en un andar silencioso, con sus plateadas garras manchadas de negra sangre brillando a la luz de la luna y sus terribles fauces levemente abiertas.
La bestia grito de horror, los dientes traspasaban el último miembro que le quedaba y tras una increíblemente dolorosa sacudida se lo arrancaron…
Todos miraban, mudos espectadores del aquelarre de dolor que frente a sus ojos se realizaba, la brutal y lenta muerte que aquella desgracia bestia sufría.
La sangre negra se deslizaba por entre los dientes de la Desolación que todo lo devora, la carne inhumana cedía destrozada por su filo y por la garganta del inmortal se deslizaba, mientras la criatura; aun viva, sólo agonizaba…
Hermes cerró los ojos y murmuro una plegaria que el viento se llevo. Augusto, en su interior supo que las palabras de su compañero y de la bestia eran ciertas mas, contemplo a Hermes en silencio y sin cuestionar nada de su actuar… Casi todos los asesinos de la muerte tenían un pasado que callar.
Sin más en que pensar, volteo hacia donde se encontraba Shun, el ángel de la desolación dejo caer los escasos trozos que quedaban de su enemigo y alzo su cabeza hacia la menguante luna mientras su inquietante cosmos disminuía hasta desaparecer. Luego, simplemente se desplomo.
Iris y Augusto inmediatamente se acercaron a su compañero, Shun temblaba, tiritaba de frio mientras su armadura lentamente volvía a la normalidad y dejaba ver sus ojos, rojos como la sangre perdidos en la inmensidad de la luna… Casi por completo vacios.
– ¿Qué le pasa?
Le pregunto Augusto a Iris, pero la condesa fue incapaz de responder. Para terror de los dos, pudieron ver como manchas oscuras se extendían sobre el cuerpo de su caído compañero mientras este no dejaba de tiritar.
–¡Shun!
Iris tomo su rostro intentando hacer que reaccionara, que les hablara, o algo. Pero, Shun ni les miraba.
–Tranquilos… Es sólo un mero precio ha pagar.
– ¿De qué estás hablando, Hermes? –Le cuestiono Iris.
–Del barro a las plantas, de las plantas a la carne y al animal… ¿Cómo evoluciona? ¿Cómo se adapta una criatura que no ha de reproducirse ni morir jamás? ¿Cómo las aberraciones que contradicen el ciclo de vida natural* pueden existir? –Les dijo con tranquilidad Hermes. – La desgraciada bestia que devoro le ha ofrecido su ADN maldito, un camuflaje que le permitirá desaparecer por completo entre la oscuridad… Su cuerpo eterno sólo está asimilando su nueva capacidad, el dolor es escaso precio a pagar por semejante habilidad–Los vacios ojos marrones del antediluviano hombre se fijaron sobre el demonio sin el menor signo de piedad. –. Pero, estoy seguro de que es un precio que él está dispuesto a pagar.
Todo el cuerpo del demonio se retorció en ese mismo momento, sintiendo como aquellas manchas oscuras le quemaban la piel y le carcomían la carne con sumo dolor. Sus mandíbulas crujían reacomodándose a su posición normal, sumando a su tortura el cambio de su cuerpo que a la normalidad volvía, si poder evitarlo dejo salir de su boca unas gemidos de dolor… Iris y Augusto jamás lo habían escuchado quejarse antes, por lo que aquello de verdad les preocupo.
–Hermes, por favor ¿Tienes una idea de cómo ayudarlo? –Le suplico Iris que ya sostenía entre sus brazos al agonizante demonio.
–No sé puede hacer nada por él, el dolor de este paso es inevitable.
– ¿Eso tú lo sabes bien, no? –Le pregunto secamente Augusto. – ¿Tampoco ayudaras esta vez?
La pregunta de augusto logro que los abismales ojos se fijaran sobre él, un cosmos antiguo y monstruoso se removió desde una olvidada profundidad, por primera vez, percibieron el verdadero y poderoso cosmos que poseía Hermes.
–Es… Es como el de un Dios…
Susurro sorprendida Iris, pero Augusto no le prestó atención, el pelirrojos sólo enfrentaba la inmemorial mirada del "comodín" de la muerte.
–Eres Insolente.
Le contesto la poderosa y tranquila voz de Hermes.
–Eso es lo normal, no eres lo más temible que he conocido–Le contesto con firmeza Augusto. –. Hermes, yo sólo sé que mi compañero está sufriendo y que tú puedes hacer algo para ayudarlo.
– ¿En qué fundamentas semejante acusación, niño?
Augusto apretó sus dientes con enojo, no había lógica tras sus acusaciones… El instinto no tiene pensamientos y la razón no entiende las razones del corazón, pero él conocía las miradas degastadas por la inmortalidad y aunque le costaba entender el porqué, no le era difícil saber que aquel hombre antiguo le mentía.
–Simplemente, lo veo en tus ojos. –le contesto.
–Hermes trimegisto, sí puedes hacer algo más vale que lo hagas.
La condesa tomo un veredicto, aunque Hermes superara fácilmente el poder de ella y sus dos compañeros juntos, si ese bastardo le estaba negando su ayuda y estaba dejando sufrir a Shun, sabe Dios que no dudaría en enfrentarle.
Hermes se quedo en silencio, contemplando aquellos dos que fácilmente le enfrentarían en post de defender a la cría de inmortal…
– ¿Por qué les interesaría el librarle de su dolor? –Les cuestiono. –Él ya acepto el sufrimiento cuando se fijo como objetivo enfrentar al Señor del Caos y la Destrucción, el seguirle, el protegerle, sólo hará que caiga sobre ustedes el mismo aciago destino. Pecado mortal es amar a un demonio, sus pisadas inmortales sólo dejan las huellas de muerte tras sus pasos.
–Lo sabemos.
Fue la contestación de los dos, sorprendiendo y confundiendo al mismo tiempo al antiguo caminante del tiempo… Hacía siglos que no sentía tantas emociones, menos dadas en una sola noche. Mas, en la voz y la mirada de los dos compañeros del demonio no había duda alguna sobre su decisión.
–Acaso… ¿Están dispuestos a dejarse arrastrar hacia el abismo con tal de acompañarle?
–Todo aquel que acompaña a un demonio se dirige hacia el infierno–Le contesto Iris. – Pero, nosotros ya nos dirigíamos hacia ahí antes de encontrarnos con Shun, ahora solo deseamos acompañarle… Yo, simplemente adoro a mis dos compañeros–Dijo mientras volteaba a ver a Augusto y luego bajaba su vista hacia Shun–, y no me voy a quedarme de brazos cruzados viéndolos sufrir, aun cuando ese sea nuestro destino. –Le contesto secamente y mostrándole sus colmillos al Hermetista.
–Sí–Le consintió el pelirrojo. –. Es nuestro compañero, nuestro amigo… Le queremos.
–Es una total arrogancia, un delirio. –Les contesto Hermes.
–Eso no lo hace menos real–Le contesto Augusto. –, eso no hace nuestra decisión menos valida. Azrael será la muerte y yo con gusto seguiré sus pasos… Este camino me ha hecho feliz, me hace feliz y lo recorreré hasta el final… Aun, cuando Azrael sea el arúspice* del dolor, el demonio de la perversión* que nos susurra los encantos del pecado y luego nos empuja hacia el abismo, sea padre y asesino… Él me dio una familia de verdad, me presento a mis amigos, me dio compañía y felicidad entre los infiernos, eso es mucho más de lo que tenía antes.
Hermes los contemplo enmudecido por su sinceridad, desde las profundidades de su inmemorial mente, los ecos del pasado le hacían recordar los pasos y errores de un necio que jugaba a ser Dios… Alma desgraciada, pobre diablo que al igual que estos tres jóvenes corría en las sendas de los sepulcros persiguiendo su aciago final. Pero, la muerte nunca le liberaría del error que cometió, no obstante siempre le ofreció reguardo bajos sus negras alas hasta el final de los días, la muerte era la piedad final de los condenados… Condenados, como lo era él y ellos.
En silencio estiro su mano y la poso sobre el pecho del debilitado demonio de cabellos negros, no se merecía más dolor, ninguno de ellos se merecía el ser ignorado o condenado por el otro… Pues, todos sus compañeros, todas las armas y gemas de la muerte compartían el mismo aciago camino hacia el abismo….
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La calidez del sol sobre su piel le hizo despertar, el familiar aroma del café recién hecho inundo sus pulmones junto con la húmeda fragancia salvaje de los bosques.
–¡Hey! Iris, el bello durmiente por fin despertó.
Shun levanto su cabeza y pudo ver que enfrente de él se encontraba Augusto sentado en una mesa y disgustando de una buena taza de café junto con un buen trozo de budín de pan. Al escucharlo Iris asomo su cabeza desde la cocina y le sonrió. Shun se dio cuenta de que estaba en una cabaña mediana, la cual era básicamente un mono ambiente donde las dos camas estaban colocadas juntas en un costado mientras que el resto de sala era el livng comedor, solo había un pared divisoria que separaban la concina y el baño del resto del lugar.
–Es pequeño, pero fue lo único que pudimos encontrar por el lugar–Le comento Augusto. –Con la pinta que teníamos, ósea la sangre y las heridas, no podíamos volver al Hotel sin que alguien nos quisiera meter en una ambulancia.
Sólo entonces, Shun logro recordar todo lo que había pasado e inmediatamente se percato de las vendas que se asomaban por sobre el hombro de la musculosa del pelirrojo. El demonio llevó una de sus manos en la cabeza, recordaba no haber dañado a sus compañeros, en su mente veía su pelea con la criatura la luna… Y luego, luego sólo un inmenso dolor que lo arrastro a la inconsciencia.
–Lo devore…–Dijo de manera seca. –Yo…
–Hiciste lo que tuviste que hacer–Le contesto la voz de Iris desde la cocina. –, está bien.
–Pero, yo…
–Está bien–Le dijo Augusto con una divertida sonrisa. –. Los compañeros tienen que conocer el lado malo del otro, son sólo cuestiones de convivencia ya que todos tenemos nuestros días malos.
Shun desvió la mirada, siendo sincero sólo quería marcharse de aquel lugar, pero su cuerpo no le respondía bien. Notaba que no podría levantarse, estaba mortalmente agotado y sentía como si lo hubieran apaleado durante horas… Cosa que no distaba mucho de la realidad.
–Deberías seguir descansando–Iris salió de la cocina y con cuidado camino por la cabaña, esquivando a conciencia la luz del sol que se colaba por las dos ventas que esta poseía. –, has estado dos días inconscientes.
– ¡Dos días!
Aquella información desvió rápidamente el curso de los pensamientos del demonio de cabellos verdes.
–Sip, me diste tiempo de hacerme todo un tour por la zona–Le dijo Augusto. –. Mira, hasta encontré un lugar de comida que vende un budín de pan que esta para morirse ¿Quieres? –El pelirrojo ya le estaba ofreciendo la mitad del budín que tenía en su plato.
Shun negó.
– ¿Por qué no me llevaron a la mansión?
– ¿En tu estado? Jamás–Le contesto Iris. –. Estabas demasiado adolorido y, pese a que parte de tus heridas se habían regenerado, todavía no estabas completamente sano por lo que moverte mucho podría volver a abrir tus heridas. No era necesario arriesgarse, durante el combate recibiste un daño considerable. Sólo entonces Shun se dio cuenta de que el también tenía el torso cubierto de vendajes, de hecho, parecía que también las piernas…
– ¿Me curaste?
Iris asintió, en otros tiempos aquello lo hubiera incomodado… Mas, ya no sentía tanta incomodidad ante sus compañeros, y esta no era la primera vez que la condesa lo trataba, en otro de sus trabajos le había tenido que sacar una bala del brazo en pleno tiroteo. Aun no sabían cómo era posible que uno de esos mercenarios estuviera armado con balas de plata, por suerte el demonio gozaba de una buena agilidad y con rápidos reflejos para responder ante las sorpresas.
–Gracias, pero no te hubieras molestado he tenido días peores… Sólo estoy muy cansado, cansado y algo turbado…
Confeso, en su mente aun estaba el recuerdo de haber devorado aquella criatura, de haberlo hecho ante la vista de todos… Pero, tanto Iris como Augusto parecían no haber reparado en ello, tranquilos, sus dos compañeros no parecían repudiarlo por tal acto ni verlo de manera diferente ¿Acaso no les inquietaba? ¿No les asustaba saber que él era eso? ¿O no lo habían visto hacerlo?
– ¿Por qué me tratan tan bien?
Aquella pregunta descoloco al pelirrojo unos segundos.
– ¿Por qué deberíamos tratarte de otra forma? –Le respondió con duda. –Tú nos tratas bien y eres un excelente compañero, entonces nosotros hacemos los mismo, así son los amigos… ¿Somos amigos, no?
–Sí–Le respondió rápidamente Shun, mas pronto agrego. –, somos amigos… Pero ¿Ustedes vieron que yo…
–Sí–Fue Iris quien lo interrumpió. –, vimos lo que siempre supimos. Shun, nosotros sabemos lo que eres y desde el primer momento te aceptamos así, eres nuestro compañero, lo eres tanto ahora como lo fuiste esa noche… Nunca dejaste ni dejaras de serlo.
Augusto asintió, afirmando con aquel simple gesto todas las palabras de la condesa, Shun se quedo en silencio, sólo una pequeña y suave sonrisa fue su respuesta.
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La tranquila y algo siniestra melodía* hacía eco por todo el salón, cientos de violines; que cual gráciles musas, dejaban volar las notas desde cuerdas e inundaban todo con su melodía. Un solitario piano les acompañaba, con sus teclas bailando al mismo ritmo, deslizándose entre los violines con suma agilidad y haciéndose notar como un sumiso compañero de su cantar.
Hermes, contemplo sin asombro el fantástico espectáculo que frente a sus ojos sucedía, cientos de violines de brillante cristal que por el aire flotaban y solos se tocaban, una orquesta de fantasmas que acompañaba al único pianista de la inmensa habitación. Reflejados en el suelo de oscuro gabro*, los hermosos instrumentos se mantenían fijos en sus lugares, reflejando en su suave y brillante textura la luz de la enorme araña central, iluminando aun más la blanca sala con el relejo de sus luces…
Hermes avanzo sin miedo hacia el centro de la estancia, quedando justo detrás del concentrado panista que como poseso tocaba.
–A veces, hasta yo me olvido que esta habitación cambia según tu humor. –Le dijo.
–Sólo es el reflejo de mi desquiciada naturaleza–Le contesto Azrael sin detener un su melodía. – ¿Qué te trae a mis aposentos, errante? Es de mi conocimiento que la misión ha sido éxito, que nuestro cachorro ya goza de la mejor habilidad de tú creación y que para vuestro alivio no tuviste que derramar la sangre de tu fallido vástago–Una sonrisa de satisfacción se instalo en su rostro. –. Mis gemas muestran una vez más su eficiencia en combate, mi último grupo es todo un éxito y una pieza de armamento envidiable en toda la creación… Pero, no siento tu satisfacción. Hermes, tienes una marcada turbación en el alma.
El hombre de imperturbable semblante se alzo la vista hacia los instrumentos cristalinos que aun tocaban.
–No puedo ser feliz ante el latigazo de la culpa, ángel de Locura y Muerte… Una parte de mi murió esa noche, murió devorada por el ángel caído que has alzado entre tus alas.
–Sí, siento tu dolor, mi amada gema primigenia… Pero, eso no explica tu duda ¿Acaso algo de mi infernal esmeralda roja te turbo?
Hermes se quedo en silencio, con todas las dudas deslizándose por la mente pero sin las palabras justas que las liberaran.
– ¿Desde cuándo temes hablar, viejo errante? –Le pregunto Azrael. – Mis oídos son los únicos que te escucharan en esta habitación.
–Quizás… Desde que he contemplado lo imposible volverse realidad.
–Lo imposible es sólo la mínima probabilidad haciéndose realidad, en esta existencia llena de agujeros no existe lo posible o lo imposible, solamente existen probabilidades y sucesos infinitos que se arrojan al universo cual delirante juego de azar… Todo lo que puede pasar pasara, y todo lo que no puede pasar en lo que nos es irracional se da.
Le contesto Azrael.
–En tus siglos de existencia, lo imposible ya es moneda corriente y la sorpresa una extravagancia robada por el tiempo… ¿Qué te turba así?
–Mi señor, ángel autoexiliado que reniega tanto del cielo como del infierno ¿Hubo un tiempo olvidado en que su Locura era curioso Delirio y que la Agonía era neutro Silencio?–La melodía se detuvo en seco tras sus palabras, Azrael no se movió y por primera vez en milenios Hermes temió haberse equivocado, durante agonizantes minutos temió haber cometido uno osadía frente a uno de los más temibles destructores de Dios… Azrael nunca se quedaba en tan temible silencio frente a sus sicarios.
–Sí–La tranquila respuesta de la muerte le devolvió la quietud. –, fue en un tiempo demasiado lejano… ¿Cómo te ha enterado?
–Rumores de demonios, durante mucho tiempo creí que eran vanas mentiras.
– ¿Qué cambio tu pensar?
–La idea de que un demonio pudiera querer, proteger y amar al punto de crear un fugaz vinculo fraternal que herirá su existencia inmortal… Sí, si un demonio de naturaleza destructiva la torna más amable con quienes lo acompañan, quizás, un ángel de naturaleza más amable la puede tornar en la destrucción de quienes le hieren. Quizás, la muerte sólo tenga una irracional forma de amar…Tú, el mismo rey de la perversión, aquel que nos muestra los más infames caminos de este mundo y que nos alienta a seguirle hacia el abismo… ¿Nos guías y manipulas, o nos acompañas y proteges en este camino?
–Hermes…. Siempre has tenido esa respuesta.
Azrael se levanto del asiento alzando sus brazos y los cientos de violines estallaron en el aire, una lluvia de cristal inundo la estancia mientras unas enloquecidas guitarras eléctricas destrozaba el silencio, acompañadas de toda un orquesta sinfónica de cristal que ante los abismales ojos de Hermes se materializaba.
–Todos nosotros ya caímos….
Apenas decir sus palabras, tras la voz de la muerte cientos de guitarras y violines tocaron con suave pasión….
–La pulsión, irresistible hacia el error. –Continuo Azrael. –Aquel demonio de las perversiones que a todos nos ha susurrado, cualidad intrínseca de la oscuridad a la que nosotros nos adaptamos, el mal con el que obramos, la maldad que aceptamos y el final que buscamos.
Su voz se alzaba por sobre la música, fantasmal orquesta que acompañaba cada una de sus palabras con una enloquecida devoción.
–Resistir, aunque todo acabe mal…. Buscar la negra luz que habita en los abismos de infinita oscuridad…
La orquesta se silencio bruscamente, el ángel de la muerte se dio vuelta, tomando entre sus manos el rostro de su más antiguo sicario le dijo:
Hace tiempo que el abismo fue fundido con nuestra existencia, ahora sólo somos una parte más de él.
Fin…
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La pulsión, irresistible hacia el error.
Tienes que dejarte arrastrar por el demonio de las perversiones.
Resistir, aunque todo acabe mal.
La excitación ante el demonio de la perversión,
¡La atracción hacia el abismo!
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Slender Man: (En español El Hombre Delgado, conocido normalmente como The Slender Man o Slenderman) es un personaje ficticio que se originó como un creepypasta en los foros del portal especializado Something Awful en 2009. Es representado con apariencia de un hombre delgado, anormalmente alto y vestido de traje. No posee ningún rasgo facial, tan solo un rostro blanco. Las historias y leyendas urbanas generadas en torno al personaje lo definen como un ente fantasmagórico/espectral que acecha, acosa, perturba y traumatiza a sus víctimas, especialmente niños.
Rake: Augusto se refiere al conocido creepypasta que narra extraños acontecimientos ocurridos en el norte de EEUU que involucraban una extraña criatura de aspecto humanoide pero con largas garras en su extremidad superior, cabeza humana pelada de inmensos e inquietantes ojos.
Arúspice: Sacerdote que en la antigua Roma predecía el futuro por medio de la observación del aspecto de las entrañas de los animales sacrificados.
Demonio de la perversidad: es un relato corto del escritor Edgar Allan Poe. La obra trata esencialmente de los impulsos autodestructivos que mueven al narrador, impulsos que el autor identifica con el "demonio de la perversidad". El narrador describe este principio como un agente espiritual que obliga a las personas a hacer cosas por el mero hecho de que no deberían hacerlas
Gabro: Roca plutónica ultra básica, compuesta de en su mayoría por minerales ferro magnesianos, es decir, silicatos de color oscuro, uno que otro granate y plagioclasas blanca. Físicamente, se ve es como el granito pero es mucho más oscuro y raro
Azrael está tocando "el trino del diablo" de Giuseppe Tartini, y el coro es el mismo que el de la canción en que se inspira el capitulo, el demonio de la perversidad del tercer álbum del legado de una tragedia…
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Cuantos siglos ¿me extrañón? Yo so, les aviso que ya tenemos el próximo cap.. Picante cap, espero que lo disfruten por que lo traeremos a más tardar el próximo domingo, mientras espero que les haya encantado dejen un revier o un favorito si gustan
