El contrato

Capitulo 10. Limite.

«Cual Rin… cual es el límite de tu placer… Quiero averiguarlo»

***契約***

En la sala de reuniones, las demandas iban y venían, por las empresas Taisho; Inuyasha y Miroku defendían sus intereses como los respectivos abogados, por el lado de Asakura Corp., Bankotsu era respaldado por dos abogados de su confianza, para afinar las clausulas y condiciones que regirían dicho contrato por sus años de existencia.

En la sala de reuniones lo único más tenso que las negociaciones, eran las miradas de los presidentes de ambos bandos, miradas que mantenían un duelo sin tregua, Sesshōmaru y Rin estaban enfrascados en una lucha silenciosa, y por más absurdo que sonara, el que pestañeaba perdia.

Pardos y ámbar comenzaban a irritarse, Rin se preguntaba ¿qué trucos conocía el rival para mantener tanto tiempo la misma atención?, era un experto; siempre lo alardeaba, tanto en sostener la mirada como hacer dos cosas a la vez, ella también podía hacerlo, solo que en ese momento su mente la traicionó y llevo a un recuerdo que no se esperaba…

9 años atrás. (Antes de la separación)

Las gotas de lluvia se azotaban contra la ventana, pero la noche amenazaba con despejar el cielo, el astro gobernante no compartiría espacio en su turno, ya llegaría el día y la lluvia podría seguir fluyendo.

— ¡Ne! Sesshōmaru...— Rin estaba sentada sobre la mesa de reuniones vestida de estudiante, la hora pasaba y el hambre comenzaba a dominar su voluntad.

—Dime... —revisaba unos informes en su computador, siguiendo en silencio cada movimiento o palabra de Rin. Sabía que la joven llevaba tiempo en el mismo lugar esperándolo, pero debía entregar los resultados a su padre ese mismo día.
—Pronto cumpliré 16 ¿qué me regalaras?—preguntó colocando ambas manos en su rostro ruborizado por la vergüenza de su directa.
—Que quieres…—respondió sin mirarla.
—Lo que quieras regalarme...—comenzó a jugar con sus dedos, esperando que Sesshōmaru leyera su mente y supiera lo que en verdad quería.
—No puedo envolver la luna; Rin —apenada lo quedo mirando, sus mejillas se colorearon fuertemente y su corazón comenzó a latir sin control.
Sesshomaru levantó fugazmente la vista, y una mueca parecida a una sonrisa apareció.
Rin desvío la mirada molesta e inflando las mejillas, cayó en la única broma que Sesshomaru hacia en su vida.

El silencio volvió a caer y las gotas de lluvia acompasaban el momento.
—Quiero tu compañía... —Dijo Rin dedicando una sonrisa a las gotas que se deslizaban por la ventana, la lluvia cesaba poco a poco.
—Entonces ese no sería un regalo solo para ti...

Presente.
— ¡Sesshōmaru ingrato! —el grito retumbo en la pecera provocando un salto en masa, todos concentrados en su labor no esperaban aquel escándalo, menos de ella.

Cuando la puerta de la sala se abrió, su porte imponente dejo a todos con el reclamo en la boca, nadie se atrevería jamás a convertirse en enemigo de Irasue Taisho.

— ¿Acaso no imaginabas que quería estar presente?—y el drama hizo también su aparición, la mujer parecía desconsolada ante la indiferencia de su primogénito.

Rin pestañeo saliendo de su recuerdo y alcanzo a verlo por un segundo, la expresión de curiosidad de Sesshōmaru fue como años atrás, él sabía que ella estaba ida y se preguntaba en que pensaba. Evitando que el sonrojo fuera visible, giró el rostro para ver quien se presentaba a última hora, aunque por el tono de voz y la confianza de sus palabras, ya podía imaginar de quien se trataba.

—Señora Irasue, no la esperábamos hoy—intervino Kagome de manera diplomática, pero Irasue solo miraba y le hablaba a una persona, a su hijo.

—...pero que…—Irasue paro su regaño al notar que toda la atención de Sesshōmaru seguía fija en una persona.

—Rin Asakura…—mencionó cautelosa—Tanto tiempo sin vernos niña…—saludó con cinismo y duda, mirando de reojo a su hijo.

—Señora Irasue…—Rin se puso de pie para saludar y noto ahí que tras Irasue, se mantenía una persona de pie. No la conocía, pero si reconocía en ella su belleza y delicadeza, los modales y porte de buena familia que saltaban a la vista, sus elegantes ropas y su cabellera castaña la convertían sin duda en candidata a un hombre como Sesshōmaru, mas aun por como lo miraba, la atención que posaba en él demostraba sin dudas en su gran interés por el heredero de la familia Taisho.

Con sutileza y elegancia, la mujer paso tras la mayor con paso juicioso, directo a saludar a su Señor.

—Señor Sesshōmaru —al estar a su lado, hizo una reverencia formal —, muy buenos días, es un placer para mi volver a verlo… —una sonrisa sutil y la frente en alto, ella; toda una dama, que se conformaba con una palabra.

—Sara—saludo Sesshōmaru colocándose de pie por unos segundos y volviendo a tomar asiento.

Rin no perdió detalle del saludo, la mujer parecía cómoda con la postura distante de él, se quedo de pie a su lado esperando alguna indicación, una punzada dentro de su pecho, le enrostró lo bien que se veían Sara y Sesshōmaru juntos, una mujer así necesitaba un hombre como él, una muñeca de porcelana refinada, juiciosa y silenciosa, no con alguien como ella, que si bien también recibió una buena educación, la simpleza siempre domino sus pasos, además de haber ya tomado la decisión más importante de su vida y cualquier cambio en sus planes perjudicaban más de una vida, no había manera de tenerlo todo, por eso; su hijo y su amigo eran su prioridad.

Ese algo muy dentro de ella le repitió que siempre debió ser así, la mujer que acompañaba a la madre de Sesshōmaru, parecía ser la candidata perfecta para ser su compañera, la pregunta era ¿Qué deseaba verdaderamente él?

Una rápida mirada de Sesshōmaru la hizo salir de sus cavilaciones, algo nerviosa; Rin desvió la mirada y volvió su atención a Irasue que algo le comentaba sobre sus reuniones de caridad.

—…Y por eso sería importante que participaras, una mujer que no demuestra interés por los más desvalidos; es una mujer sin corazón… —terminó la frase con tono solemne, esperando el arrepentimiento de la joven.

Al comprender que en esas críticas palabras la acusaba de no tener corazón, estuvo a punto de responder,

«…Pero si soy caritativa, me acuesto con el apático de tu hijo»

En vez de eso.

—Señora Irasue, mis contribuciones siempre son anónimas… —La pausa en su discurso pareció solemne, sin embargo, la verdad era que casi olvida el resto de las palabras —…la humildad de mi corazón demanda mi silencio…— con la mano en su pecho, dio seguridad a sus palabras —…mis acciones deben ser desconocidas, de otra forma pecaría de ser engreída —y haciendo una reverencia dio por finalizada su explicación, mentalmente salto y grito su victoria, tenía hace mucho ese discurso preparado y por fin había podido utilizarlo, con orgullo levantó su mentón y giro para tomar nuevamente su lugar.

—Lo admito— dijo tomando del brazo a la joven—, Tu discurso es mejor que el mío…— la joven avergonzada comenzó a tartamudear, Irasue sonriendo suspicaz, antes de que la joven dijera algo; acotó en su oído —…ya eres una mujer… — y dejo a Rin tomar asiento, ella con una sonrisa agradeció las palabras, sintiéndose satisfecha, Irasue no era una mujer fácil de tratar, pero con ella siempre se había portado amable.

Irasue con la mirada en alto, recorrió la sala identificando al resto de los presentes, ningún rostro le pareció nuevo o amenazante, hastiada de lo común que reflejaba ser la tediosa junta, decidió volverla interesante.

Dirigiéndole una mirada a su hijo sin rodeos preguntó— Como te sientes Sesshōmaru, no te desmayaras hoy ¿cierto?— la mirada del aludido le indico que había cometido un grave error.

Inuyasha se golpeo mentalmente, lo había olvidado por completo, y tomando su celular lo escondió bajo la mesa y así escribió un mensaje para su amiga.

— ¿Está usted enfermo Sesshōmaru-Sama?—Preguntó con preocupación Sara, llamando la atención de todos los presentes.

—Si quieres podemos dejarlo para otro día… — Ofreció Rin distraída por la vibración de un nuevo mensaje, un codazo desvió su atención y al mirar a su lado; recibió de inmediato una mirada recriminatoria de Bankotsu. La joven bajo la mirada, ante el regaño, lo que molesto aun mas a Sesshōmaru.

Los murmullos no se hicieron esperar dando paso a una serie de pequeñas discusiones, hasta que el presidente que parecía dormido; habló.

—Yo seré quien decida cuando esto acabe… —todos guardaron silencio ante las palabras del presidente—las clausulas deben quedar estipuladas hoy…o habrá consecuencias…

El frio recorrió la espalda de todos los presentes pero solo uno fue víctima de sus palabras y miradas, Bankotsu sintió que le hablaba a él, con una sonrisa desafiante devolvió el reto, Sesshōmaru no sabía a quién enfrentaba, su momento estaba por llegar y los Taisho caerían como fichas de dómino.

«…Yo seré quien decida cuando esto acabe…»

Repitió Rin a sus adentros con cierta tristeza, ella había dado tal sugerencia en pro de su salud, debió saber que una vez más el preferiría los negocios por sobre todo, después de todo, su único objetivo era la supremacía.

—Esta fusión debe ser celebrada con un gran espectáculo, las acciones de ambas empresas se elevaran al crearse esta potencia, y necesitamos mostrar nuestra unión y fortaleza. — intervino Irasue ante la tensión provocada por las palabras de Sesshōmaru.

Saliendo de su trance gracias a las palabras de Irasue, de inmediato Rin esquivo la dura mirada que mantenía Sesshōmaru sobre ella, ¿Qué había hecho ahora para él estuviera molesto? Ese hombre era todo un misterio.

— ¡Sesshōmaru; Rin! ustedes son la cara visible de estos esfuerzos, deben estar ambos a la altura de las circunstancias…

Dando un respingo Rin recobro la compostura, evadiendo con esfuerzo, la mantenida mirada de enojo de Sesshōmaru, recordó el mensaje recibido y esperando distracción lo leyó.

«Para eso te llamaba esta mañana, Sesshōmaru ayer se desmayo, podrías "ya" estar embarazada…»

La impresión la puso de pie y su cerebro olvido como respirar.

Así quedo Rin ante el escrutinio de su inexplicable reacción.

— ¿Te sucede algo? —Pregunto Bankotsu de inmediato preocupado por su presidenta.

—Ah… yo… —No sabía que decir y menos justificar su reacción —creo que… Inuyasha, ¿podrías mostrarme el baño?—Remató con una sonrisa nerviosa.

—Si quiere yo la acompaño…— Se ofreció Kagome.

— ¡No! —dijo Rin e Inuyasha se puso de inmediato de pie.

—Yo la acompaño Kagome, no te preocupes— y salieron casi corriendo de la sala de reuniones.

— ¡Como no me dijiste eso anoche!—Grito Rin en medio del pasillo a un par de metros de la sala de juntas.

Inuyasha tapándole la boca con la mano; la arrastró del brazo hasta entrar a una oficina desocupada.

—Lo olvidé— cerró la puerta sin percatarse de quien era la oficina—, y por si no lo notaste anoche estaba algo ebrio, eso te pasa por no contestar mi llamado— se apoyo en el escritorio mientras que Rin se apoyaba en una pared.

—Creí que me contarías de tu noche con Kikyo. —Comentó apenada jugando con los dedos.

—Nada paso con Kikyo…—resopló desviando la mirada—, yo me sentía mal y ella fue a acompañarme, después de irte a dormir, ella se retiró.

—Creí que había pasado la noche contigo…

—Sabes que mi trato con ella es profesional, como su…

— Por favor prosigue… "hermano"…—dijo Sesshōmaru al entrar a la oficina sin avisar—a todos nos interesa tu… conversación.

—Bien… —intento proseguir Inuyasha con las palabras perfectas en la boca —quería decir que algunos hombres sufren las molestias de los primeros meses de embarazo, ¿tienes nauseas Sesshōmaru? O quizás ganas de comer cosas raras…

La afilada mirada del mayor solo alimento los ímpetus del menor, reduciendo el espacio entre ambos y cortando la delgada línea de la compostura.

— ¡Hoy no se golpearan! —Intervino Rin colocándose con dificultad entre ellos —Inuyasha, vuelve a la reunión, si no también Bankotsu vendrá.

Inuyasha no deseaba dejar sola a su amiga, pero la situación requería de su presencia en la reunión, había cumplido su cometido y el resto era responsabilidad de ella, decidió volver a la sala de juntas. Prefería estar en la reunión como abogado; que estar en medio de ellos dos.

Rin sostuvo entonces la mirada ámbar, intento no demostrar su temor, cosa ilógica; él podía olerlo.

Ante el silencio rotundo, Inuyasha se retiró cerrando la puerta tras de sí.

Al verse a solas y en cosa de segundos, Sesshōmaru acorraló a Rin contra la puerta recién cerrada; acercando mas su rostro al de la joven, esperando poder sentir el galopante latir de su corazón, pero se conocían bien, Rin de seguro pensaba en elefantes rosados para distraerse de la intimidante situación, si quería resultados debía tratar con ella de maneras más… directas, y tenía el castigo perfecto.

—…Lo que esperas, no sucederá…— hablo de boca a boca y con su cálido aliento, provoco un intenso hormigueo que recorrió los labios carmesí de la joven, esta apretó los dientes intentando apaciguar la sensación, no mordería sus labios ante la efervescencia que la torturaba, su boca ardía por culpa de él, pero no le daría el gusto de saberlo.

—Alguna vez estuviste dispuesto a darme la Luna, ¿por qué un hijo parece más irracional para ti…?

—Deja de ser una niña—La calló de inmediato molesto por la desviación —, tal comparación es absurda… e irritante. — golpe bajo, el recuerdo de aquella conversación resucito en su memoria, ese y otros más.

— ¿Has pensado lo que significa un hijo "nuestro" Rin? —y un dejo de preocupación se filtro en su hermética mirada.

—Algo maravilloso —respondió ella con fe en sus palabras. —Permíteme darle vida a este sueño…

—Jamás —fue su cortante respuesta.

— ¿Por qué no?—pregunto con enojo—¡Lo tenemos todo Sesshōmaru ¡que mas quieres! Eres un hombre poderoso, exitoso… —en ese segundo el tiempo se congelo, ella se congelo al recordar, el verdadero objetivo de Sesshōmaru —…La supremacía…—declaró bajando la mirada para que no notara las lágrimas que ella intentaba contener.

—No espero que lo entiendas, acéptalo y…

—Trabajo para vivir Sesshōmaru— interrumpió la joven murmurando con la mirada baja; sin medir consecuencias — al contrario de ti, deseo algo más que la "supremacía"…

«Acéptalo y... ¿y espérame?»

«Acéptalo y… ¿entiende que de mi jamás recibirás amor…?»

Y las palabras que no dejo a Sesshōmaru pronunciar, fueron el aliciente a mantenerse firme a su propio objetivo.

«Es por eso que no busco amor, es absurdo esperar algo así de alguien como tú…»

Y el cansancio la abordó. Ella también tenía un límite y Sesshōmaru no parecía ceder, ¿Qué tenía que hacer? ¿Provocarlo cada vez que quisiera sexo? ¿Enojarlo para cada día tener una nueva opción a cumplir su cometido? Lo haría, una y mil veces provocaría a la bestia que vivía en él, más de una vida dependían de eso.

— ¿Me vas a castigar…? —Lo incitó en busca de peligro— ¿aquí?—uso apropósito la palabra castigar, si ella era una niña, el "adulto" la corregiría.

La mirada de Sesshōmaru se tornó amenazante.

Por un momento disfruto el dulce sabor de la victoria. Con su herida a flor de piel; dejó salir una pequeña mueca burlona, Sesshōmaru no se atrevería a tocarla, no habiendo tanto en juego a unos metros, creyó, ya no la podía lastimar...

En el diminuto espacio que la mantenía su captor, se dio la media vuelta con esfuerzo, jaló la puerta para llevar consigo quizás la única victoria contra él.

Sin embargo, la puerta no se abrió.

—Y tu…— susurró el hombre tras ella en su oído, antes de morder su oreja con fuerza —¿Dónde crees que vas?— y jalando de su oscuro cabello la obligo a girar nuevamente frente a él, debía ver lo que había provocado, al demonio la reunión, ella no saldría… no tal y como entró.

—No me asustas Sesshōmaru, no serias capaz… —al girar, un escalofríos la recorrió de pies a cabeza por su columna, el flequillo de Sesshōmaru se había cerrado ocultando su mirada, cosa extraña; él siempre lo usaba abierto, el escalofrío llegó a su punto más alto al ver la mueca que formaron sus labios, lo había visto así antes y eso si la asustó.

—Has sido una niña muy mala Rin…—interrumpió los pensamientos de la joven, apretando su cuerpo contra la fría madera de la puerta, la brusquedad del movimiento la tomó por sorpresa, pero el dolor provocado en su hombro por la mano izquierda de Sesshōmaru; fue su mayor preocupación, se mantuvo quieta como él deseaba, el hombro dejo de doler indicándole que solo era un llamado de atención.

—Sesshōmaru… me lastimas…— llamo con una sonrisa triste.

—…—resopló por la nariz con sorna, demostrándole el poco interés hacia sus palabras.

Aun siendo sometida, se esforzó en buscar su mirada, los ojos del hombre no le mentirían, sin embargo; aquello que tanto temía hizo su aparición, esa mirada burlona que comenzó a dedicarle, tan socarrona como lacerante—creo que mereces…lo que te haré… — y por su manga dejo salir la fusta que se mantenía escondida pero alerta, Rin se tenso al ver como Sesshōmaru acariciaba su delicado rostro con la punta del juguete, el cuero se sentía tibio contra su mejilla y eso significaba una sola cosa, Sesshōmaru lo apretaba mientras discutían. — Qué opinas… ¿consideras esto un castigo?—con la fusta en su rostro, abrió las femeninas piernas con su rodilla, sometiendo sus caderas con la mano que retiro del hombro, comenzó a subir el vestido suavemente —Te juro, que no seré "gentil"…

Silencio

Su garganta se enmudeció, su boca se secó y ni sus lagrimas se atrevían a aflorar, ese no era el hombre que amaba, era el que disfrutaba haciéndola gemir y llorar.

— ¡Sesshōmaru! —Los golpes a la puerta detuvieron al hombre, atento a quien interrumpía su labor —No tengo todo el día y ya llegaron los periodistas… —anunciaba Irasue con un dejo de impaciencia.

Y solo en ese momento Rin pudo respirar, el cuerpo que la aprisionaba, tomaba con severa calma la distancia que tanto ella rogaba, dándole la espalda Sesshōmaru reviso algo en su celular, ella mantuvo su postura.

Guardando la fusta bajo su manga, él se mantuvo inerte unos segundos; aclarando su mente, intentó recapitular sus acciones, movió su flequillo con elegancia y repasando también una arruga de su camisa, salió de la oficina al encuentro de sus deberes, lo que ahí había acontecido, lo aclararía después.

Sin palabras, Rin dio un paso al lado para dejarlo salir primero, sabiendo que era su turno, estiro nerviosa sus ropas, arreglo su cabello y esculpiendo una sonrisa en su pálido rostro; salió rauda de la oficina.

***契約***

Aspirando profundamente, Rin dio un paso tras otro con mucho esfuerzo, sus piernas temblaban y su corazón poco a poco recobraba un latir natural, llevo la mano derecha a su pecho, se sentía muy apretado, pensó que quizás era la tensión del momento vivido con Sesshōmaru, pero su ánimo decaía a cada paso, se sabía estúpida, a ella misma no se podía engañar, suspiro con decisión intentando salvar la situación.

«Es por eso que no busco amor, es absurdo esperar algo así de alguien como tú…»

Cerró los ojos con fuerza deteniendo su paso, Sesshōmaru era un peldaño para su fin, para su felicidad, ella no podía amar a alguien que disfrutaba con su dolor, que no la correspondía, amaba a ese Sesshōmaru que la observaba con curiosidad, con aceptación, pero eso había quedado en el pasado, si debía elegir, elegiría el amor que nacería de su vientre. Retomo el paso con más seguridad y nuevo ímpetu, nadie la detendría, girando hacia la izquierda; contrario a la sala de reuniones, daría el paso final hacia el pasillo de la conferencia, era todo o nada.

En cuanto sintió los flash estallar en su rostro la valentía la abandono, la invasión de su espacio la tenso por un momento, demasiadas emociones por un día, y no daban ni las 10 A.M., peor al intentar mantener el equilibrio frente a la oleada de gente y chocar de espaldas contra el pecho de Sesshōmaru, quien de inmediato la vio con cansancio ante lo descuidado de sus movimientos.

«…Esa mirada indiferente…» había vuelto a ser él.

— ¡Damas y caballeros!—Anunció Irasue ante la llegada de la pareja —Los presidentes que revolucionaran sus portadas, Rin Asakura y Sesshōmaru Taisho.

Los aplausos no se hicieron esperar, tampoco la inmortalización del momento, las cámaras encandilaron su visual y los comentarios taparon sus oídos, su primer reflejo fue esconderse tras la espalda de Sesshomaru, se sentía indefensa ante el escrutinio de aquellos periodistas, el desmayo era una certeza que poco a poco dominaba su cuerpo y voluntad…

—No importa lo que creas de mi — Sesshōmaru se giro entre los periodistas y extendió su brazo para rodear la cintura de la joven —, no disfruto con tu dolor…—Rin dio un respingo al segundo de sentir la mano de Sesshōmaru afirmando su espalda — no puedo dejarte caer…— y nuevamente para ella, el mundo y sus habitantes desapareció, solo existían ellos dos, Lo miró con ensoñación ¿era cierto? ¿Algo de aprecio podía sentir por ella? ese pensamiento la vigorizo, ahuyentando el desmayo; llenándola de nuevas y reconfortantes energías positivas—…caer al piso… —Sesshōmaru termino la oración y la burbuja de su ensoñación reventó tan bruscamente como apareció— te verías patética.

La sintió dejar caer los hombros tan brusco que creyó; igual se desmayaría, siempre sorprendiéndolo de maneras extrañas, en un segundo paso de esperanzada, a adolorida, a enojada, ¿cuántos cambios de humor podía tener una mujer? por las dudas decidió no soltar su agarre manteniéndose firme a su lado, quisiera o no; seguía siendo Rin y como si fuera poco era su socia por los próximos 5 años, la impresión que debían dar era de perfección.

Con enceguecedoras y atemorizantes luces, las fotos captaban a la perfección el momento, ambos presidentes hacían alarde de su buena relación, demostrando así que Sesshomaru Taisho no era el monstruo de los negocios que el mundo veía, con su porte natural y sin sonreír a las cámaras, desplegó toda su galantería y elegancia al mantener tan cerca; incluso abrazada, a la joven presidenta heredera.

Rin intentaba sonreír y saludar de la manera más formal posible, ahí estaban los periodistas, cegándola con los Flash y preparando la ronda de preguntas. Jacken llegó a su lado, ofreciendo sobre una bandeja de plata; dos copas de Champaña, confundida miro a Sesshōmaru mas no recibió atención, decidió buscar respuestas en Irasue, de seguro ella lo había planeado.

La mujer con elegancia hizo la mímica de tener una copa en la mano y brindar, indicándole que debía hacer lo mismo.

—Brindaremos por la alianza —murmuro Rin a Sesshōmaru sin dejar de sonreír a las cámaras, el hombre tomo la copa respectiva y la alzo para los medios.

Con victoria y satisfacción en el rostro, Irasue espero a Jacken para tomar una copa y brindar tras las cámaras— Esta noticia saldrá en todos los medios electrónicos y páginas de sociales— habló a Jacken quien observaba en silencio.

—La gran noticia será: Sesshōmaru Taisho y Rin Asakura, la unión dorada. —Comentó un periodista con muy poca imaginación.

La pareja seguía de pie, con las copas en las manos y sin mencionar palabra.

—Este negocio no son solo números — hablo Irasue a Jacken perdiendo la paciencia al ver a los dos intimidados presidentes —, esto es un espectáculo y ellos deben actuar para las cámaras—insistió Irasue con intención de intervenir.

—Pero… aun no firman…—hablo Jacken.

Una sola mirada de Irasue hizo que el pequeño asistente diera media vuelta hacia los presidentes y llevara el mensaje de la matriarca.

Rin seguía en su estupefacción, se sentía un animal de circo explotado, a unos metros de ellos, veía a Irasue gesticular para que brindaran y se explayaran con buenos deseos o comentarios sobre la alianza entre ambas empresas, como eran de diferentes madre e hijo —Pensó Rin— mientras que la madre era toda una sensación social como mujer de la alta sociedad, el hijo se mantenía al margen concentrado siempre en los negocios, lo observo de reojo; serio y altivo, él siempre había sido así, un hombre decidido a cumplir sus objetivos, entonces Rin lo consideró ¿Qué pasaría con Sesshōmaru el día que consiguiera todo lo que quiere? ¿Existía realmente la supremacía?

Un apretón en su cintura le indicó que debía concentrarse, sus pensamientos los dejaría para después; quizás jamás, Sesshōmaru no era su fin, era un medio para conseguir su objetivo.

La joven alzó su copa para inmortalizar el momento, ambos presidentes al fin brindarían por la naciente unión, él la miro con calma, alzando su copa a la par.

***契約***

— ¡Ahhh…! —Inuyasha se rascaba la cabeza perdiendo la paciencia y estirando el cuello —Por qué ellos festejan si aun este idiota no acepta los términos…

—Calma Inuyasha— Miroku intervino en su pataleta— la paciencia es una virtud que nuestros amigos valoraran aceptando prontamente nuestras condiciones.

Bankotsu ni siquiera les dirigió la mirada, apoyo el rostro en su puño, resoplando con cansancio, él no aceptaba el acuerdo de Rin y mientras pudiera, demostraría todo su desagrado, sobre todo si con eso comenzaría una pelea con el menor de los Taisho.

***契約***

—No bebiste… —menciono Sesshōmaru caminando con Rin de vuelta a la sala de juntas.

—Creo que es muy temprano, ¿no te parece?— caminaba dos pasos delante de él, la idea era que no viera su sonrisa infantil, gracias al comentario de Inuyasha ella podía saber cuál era la duda de Sesshōmaru.

«Embarazo, no embarazo…»

***契約***

— ¡Pues me tienen sin cuidado tus amenazas Inuyasha!—vociferaba Bankotsu a la llegada de Sesshōmaru y Rin —, tu "presidente" convenció a Rin con engaños y falsas promesas, pero para eso me tiene, para protegerla…

El portazo no se dejo esperar, Sesshōmaru ya había pasado un reclamo de Bankotsu por alto, no perdonaría ese.

— ¡Bankotsu!— llamo Rin esperando que este reaccionara —este no es el lugar para tus alegatos, está fue mi decisión y debes respetarla...

Bankotsu ignoró el llamado de atención de la joven y se enfoco en su verdadero objetivo, observó desafiante al mayor de los Taisho, poniéndose de pie en silencio y sin quitarle los ojos de encima, camino pausado hacia los presidentes, quedando Rin en el medio de los dos hombres.

Rin aguanto la respiración al sentirlos tan cerca, Sesshōmaru pegado a su espalda y a Bankotsu en su frente.

Sus palpitaciones se aceleraron, y sus mejillas se tiñeron de carmín…

—Rin…—llamo Bankotsu al momento de fijar su vista sobre la de ella, cortándole la respiración con el suspenso—…Yo soy el único que se preocupa por ti…—tomó la mano de la joven y la jalo abrazando su cuerpo —Únete a mi ¡y juntos seremos invencibles!

Fulminada, Roja como tomate y pasmada. No hubo reacción de parte de Rin, solo estupefacción.

Hasta que…

—Acéptame… Rin…—y sus delgados labios se comenzaron a acercar peligrosamente a los de ella, la cercanía de sus cuerpos propicio el desenlace.

—Olvídalo…—murmuró Rin a escasos centímetros de la boca de Bankotsu, cuando este abrió los ojos se encontró con una mirada firme y distante —, te conozco hace tiempo y jamás me fijaría en un mujeriego como tú — quiso tomar distancia liberándose con sutileza de su agarre pero el hombre no lo permitió —, además, —murmuro solo para ellos— de aceptar tu "propuesta" me convertiría en Tsubaki.

No necesito mas, cuando Rin se refería a Tsubaki era categórica. — Tú te lo pierdes…—balbuceo Bankotsu con desgano y una sonrisa torcida —al parecer no tengo otra opción que seguir órdenes— y volvió a su asiento.

Sus oídos se taparon, parpadeo un par de veces y con ninguna explicación respecto a la actuación ce Bankotsu Rin dio media vuelta y se retiro de la sala de juntas.

Nadie entendía que había sucedido.

Necesitaba aire, en menos de dos minutos las cosas se habían salido de control, las insinuaciones de Bankotsu eran cosa de todos los días, pero había dado un espectáculo en medio de una importante reunión y eso era imperdonable, aunque por una extraña razón no pudo llamarle la atención, el recuerdo de Tsubaki y sus enseñanzas atravesaron su pecho, restándole la poca energía que le quedaba, era cierto, se sentía agotada, la mañana era eterna y a ella no le quedaban fuerzas para seguir el resto de horas del día…

Necesitaba aire y también tirarse de un balcón.

A pasos de la sala con paredes de vidrio, se apoyo en un rincón, sus piernas tiritaban y sabia no podría aguantar mucho mas, ni siquiera miro a Sesshōmaru al salir, la mirada de regaño la podía sentir como una pieza plomo sobre sus hombros.

Se sentó en el alfombrado piso, pegando sus piernas al pecho y escondiendo la mirada en sus rodillas.

—No puedo más... —murmuró agotada.

…"Bokutachi wa ikiru hodo ni

Nakushiteku sukoshi zutsu"… (1)

Una llamada entrante a su celular desvío su atención, no conocía el número pero aún así decidió contestar.

— Señorita Asakura, buenos días, soy Kohaku el barman de anoche, la llamaba para saber a qué dirección llevar su vehículo.

« ¿Barman, anoche, vehículo? »

¡Hasta que lo recordó! El amable barman de la noche anterior.

— ¡Hola! Disculpa mi falta de memoria, han pasado tantas cosas hoy, que había olvidado lo que hice ayer—Sonrió al celular divertida.

—No se preocupe, para las socias del bar tenernos el servicio de devolución de vehículos, y si me lo permite, me gustaría llevarlo yo mismo…

— ¿Para los "socios" no tienen ese servicio? —pregunto curiosa.

—La verdad sí; pero—Rin noto en su tono de voz una sonrisa nerviosa — yo llevaría el vehículo solo por… una atención a usted…

Con aquellas palabras las mejillas de Rin se enrojecieron y una enorme sonrisa adorno su rostro, se sentía alegre de nuevo gracias a palabras tan dulces…

—Te lo agradezco; pero —se levantó del piso estirando su vestido—, no es necesario, mas tarde pasare por ahí y lo recogeré yo misma,

Cambio el celular de oreja y siguiendo una conversación con el joven comenzó a caminar de nuevo por el pasillo, sin notar que una sombra seguía con atención cada palabra de su conversación.

Sonriente, Rin se sentía animada nuevamente, el joven al otro lado de la línea había llegado a alegrarla con palabras simples... había olvidado lo simple...

Y chocó. Tuvo que chocar.

Jacken con las copas del brindis, ella distraída: resultado... mancha en su vestido...

— ¡Hay no!—Grito Rin—… Señor Jacken… —Se lamentó al sentir el líquido a través de la tela.

— ¡Mocosa del demonio! —Grito también con el choque —porque no te fijas —murmuró cuando vio quien venía tras ella.

— Y ahora qué hago...—Tenía deseos de ponerse a llorar, era lo último que le faltaba.

— ¿Sesshōmaru-sama? —dijo Jacken con miedo y duda en su voz.

El mencionado pasó delante de ellos y Rin; sin saber porque, lo siguió.

El silencio acompaño cada paso, aunque las palabras entre ellos siempre estuvieron de mas, ella extrañaba las escuálidas conversaciones, fijo su vista en Sesshōmaru, su largo cabello platinado oscilaba hipnotizándola, reviviendo la confianza que tenía en él, sin mucho razonamiento lo siguió hasta una oficina, sin embargo, no se dio cuenta cuando la puerta se cerró tras ella.

—Desnúdate.

Sin notarlo, Sesshōmaru saco de alguna parte un vestido y se lo ofrecía.

—…— Recibió la prenda en silencio, dudando de seguir sus órdenes, primero sabría quien lo había usado primero.

— ¿A la dueña no le molestara? —Sostuvo el vestido en sus manos, detallándolo.

Sesshōmaru se dirigió al escritorio, manteniéndose siempre de espaldas a ella.

—Sessho… —fue ahí cuando lo noto, el vestido estaba nuevo, aun mantenía su etiqueta.

Con mucha duda busco la cremallera de la prenda, no tenía más opciones, dejo el vestido sobre el escritorio para sacarse el manchado

—... —al ver que Rin estaba distraída quitándose el vestido manchado, abrió un cajón y saco algo de él.

—Sesshōmaru… —volvió a llamarlo Rin, pero este no contesto.

Aquel frio de temor volvió a recorrer su espalda, algo estaba mal.

Se maldijo en silencio esperando que todo fuera su imaginación, las persianas se cerraron lentamente y luz disminuyo en la habitación, ella apretó sus manos sobre su pecho, cubierto escuetamente por su ropa interior.

—Sesshōmaru…—volvió a llamar pero supo que sus suplicas llegaron tarde, en el momento en que sintió la mano fría del hombre en su cuello, despejándolo del cabello.

Apretó los ojos con fuerza, y esa contracción muscular provoco un leve gruñido de parte de su captor.

Odiaba la resistencia, era absurdo resistirse.

—por favor…—una lagrima escapó de su ojo derecho, mas nunca llegó a su mejilla, con la mano derecha, el hombre llevó la lagrima derramada de inmediato a su boca.

Con la mano izquierda, la sometió sobre el escritorio.

Su rostro se estrello entre papeles y madera, cerró los ojos con temor y un grito de auxilio logro escapar de su garganta.

Sintió como él se agachaba lentamente, de nuevo quedaba justo en su oreja, ¿la mordería otra vez? No, él respiro en ella, y su aliento caliente erizo su piel de pies a cabeza, por el rabillo del ojo distinguió una sonrisa, no era Sesshōmaru quien la sometía.

— ¡Suéltame ya! —frunciendo el ceño decidió luchar batiendo su cuerpo para liberarse de su agarre, si Él era el mismo personaje inventado por Sesshōmaru para agredirla, el juego se acababa de inmediato, ya bastante había aguantado sus maltratos.

Y su cabeza sucumbió bajo la gran mano, sin compasión una vez mas la estrello contra la superficie del escritorio.

Ella comenzó a llorar. Él a retirar la poca ropa que le quedaba encima.

Con una sola mano la libero del brasier, una tarea simple, sin embargo. La pantaleta era una proeza, como retirarla sin soltar a su presa.

—No escaparas…—susurro la orden en su cuello amenazando la yugular y Rin no se movió, la joven sintió como el peso del cuerpo opresor la abandono y eso al menos le permitió respirar sin dificultad. Desde su vientre hacia arriba todo su cuerpo se mantenía acostado, mientras que sus piernas colgaban.

Dio un salto cuando sintió los dientes del hombre atrapar la tela de encaje y arrastrarla hacia sus muslos. La lentitud de sus movimientos solo le indicaban a Rin una cosa, él lo disfrutaba. Apretó los ojos de nuevo, cuando la prenda quedo aferrada a sus tobillos, sabía lo que seguía, él se ubico tras ella, rozando piernas con piernas, preparando sus grandes manos para descubrir su indómito trasero.

De pronto, las mismas manos que invadían su cola, surcaban su piel en un retorcido masaje.

Jugaba con su presa, o deseaba darle placer…

Sin previo aviso, giro su atemorizado cuerpo quedando frente a frente, sus ojos rojos la espantaron, ese no era Sesshōmaru, ese hombre era desconocido para ella.

—Sessho…—un demandante beso, sello el nombre en sus labios, odiaba ese nombre, y ella pagaría si lo volvía a pronunciar.

Apoyado en ambas manos, logro trepar sobre el delgado cuerpo, quedando apoyado en manos y rodillas, recorriendo el vientre desnudo de la joven, llegó directo hasta los labios dispuesto a devorarlos nuevamente con calma, lascividad y decisión, ella le pertenecía, era su juguete y solo el decidiría cuando desecharla.

Con su mano izquierda, peregrino con sus dedos las curvas y pliegues desde los senos hasta su entrepierna; irritando con sus uñas la piel expuesta, descubriendo con ese viaje; el masoquista placer de su compañera.

Era el momento oportuno de hacer una inspección más minuciosa, por eso, serpenteando con la nariz, bajo por el medio del enardecido cuerpo; llegando a su lugar favorito, la intimidad de Rin estaba a su merced, ella no opondría resistencia, todo lo contrario parecía comenzar a disfrutarlo.

De una palmada en su vientre, ella abrió el camino a su intimidad, él bajo del escritorio, quedando frente a frente con aquella imagen húmeda y palpitante.

—Rin…— Rin no contesto, el miedo la dominaba por completo. —debes decir, "si señor"

—Si señor —y las lagrimas corrían como ríos por sus mejillas.

—Rin… —volvió a llamarla.

—Si mi señor..

—Llámame Yako.

(1) Letra de Fukai Mori, aunque imagino ya lo sabían.

Creo que se me paso la mano, ¿Qué opinan?