¡Hola gente! Aquí está la continuación, quizás sea un poco corta aunque no lo sé porque cuando publico aquí siempre es más corta (?) En fin, ¡disfrutad!

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Capítulo 9: Recogiendo las piezas.

Hikaru's pov.

Me separé lentamente de él y lo miré. Sus ojos estaban llorosos y su mirada reflejaba completo odio. El sonido de una bofetada resonó por todo el lugar, bofetada que recibí yo, por cierto.

"¿¡Te crees que puedes hacer lo que te dé la gana cuando te dé la gana!?" Me gritó con todas sus fuerzas, llorando… "¡Tengo mis límites y estoy cansado de ser el que va siempre a tu ritmo!"

"Kaoru… yo no…"

"¡Cállate!" Vociferó cerrando los ojos con fuerza mientras más lágrimas recorrían sus mejillas. "¿¡Sabes qué!? ¡Por mi te puedes ir a la mierda! ¡Estoy harto de que sea ahora 'te quiero', ahora 'te odio'!" Se agachó para coger la mochila y los libros que había esparcidos por el suelo.

"Lo tenía él…" Susurré, reconociendo el libro que había estado buscando incansablemente. Pero, al parecer, no fue tan 'susurro' como creía.

"¿Oh, también quieres el libro? ¡Pues quédatelo, todo para ti!" Me arrojó el libro con todas sus fuerzas que, de no haberlo cogido, habría impactado en mi cara. "Eres un maldito egoísta…" Murmuró, yéndose de allí restregándose los ojos con el dorso de su mano.

Me quedé paralizado y con la boca abierta. ¿Qué había sido eso?

"Cierra la boca, te van a entrar moscas." Comentó Kyouya, apareciendo junto al resto de Host Club de detrás de unos matorrales. Que típico de ellos, quedarse escondidos observando la situación. Aunque claro, yo no era el indicado para hablar ya que yo había estado detrás de setos con ellos también.

La chica que quería a mi gemelo también se había marchado en algún momento que desconocía.

"¿P-Porque me ha hecho eso?" Dije llevándome la mano a mi mejilla, completamente desconcertado y perdido. "¿No se supone que le gustaba?"

Todos me miraron igual de confundidos, pero en el fondo parecían entenderlo; o más que yo. Se miraban entre ellos, algunos haciendo muecas o rascándose la nuca.

"Ya te lo ha dicho, ¿no? Debe de estar cansado de que siempre tengas que imponer tu voluntad." Dijo Haruhi, tan directa como siempre y sin importarle ser así.

"Además, después de todo lo que le has hecho no debe confiar mucho en ti." Tamaki, en cambio, trato de suavizar un poco el mensaje; aunque aun así fue hiriente.

Abrí mis ojos con horror, porque estaban en lo cierto. Yo le había tratado horriblemente –incluso peor de lo que había tratado a nuestros padres, peor de lo que había tratado a todos los de nuestras clases; peor que a nadie en toda mi vida.– y ahora esperaba que se tirase a mis brazos a la primera. Había tirado dieciséis años de confianza mutua, dieciséis años de profundo cariño y todo por miedo. Un recóndito miedo que me había cegado y había sacado lo peor de mí.

"Hika-chan…"

"Voy a recuperarlo." Interrumpí lo que sea que fuese a decir Honey y me fui corriendo soltando un improvisado 'Nos vemos mañana'.

"¡Buena suerte!" Me gritaron todos a coro, de lejos.

Llamé a una limusina y me encaminé, como ya era costumbre, solo a la mansión. Entré e ignoré a todos los del servicio que trataban de comunicarme algo importante siguiendo mis apresurados pasos hacía la gran escalera principal –conociendo a Kaoru, estaba seguro de que él tampoco les habría prestado la más mínima atención.– y subí directo a la habitación de mi gemelo.

Llamé a la puerta pintada de blanco y la abrí con cuidado, porque si yo no la abría mi hermano seguro que no lo haría. Como tantas veces estaba tumbado boca abajo en su cama y sacudiendo su cuerpo en un llanto silencioso; y no podía dolerme más.

Yo tenía toda la culpa, yo lo había provocado y me odiaba por ello.

"V-Vete… No quiero volver a verte…" Sollozó, hundiendo más su cara en la almohada y tratando de ahogar los dolorosos sonidos que salían de su garganta. Su voz temblorosa lo delataba. Sabía que todos tenían razón y ya era incapaz de creer en mí; y Kaoru debía odiarse por eso. Pero yo era todo un idiota, mi hermano pequeño siempre estaba velando por mi felicidad y yo siempre hacía lo que a mí me interesaba; no me preocupaba tanto por Kaoru.

"No me iré." Declaré firmemente. Di unos pasos hacía dentro de la habitación y me senté en el borde de la cama, cerca de él. "He venido a devolverte el libro." Dije, sabiendo que sin una razón 'importante' me echaría de allí.

"Quédatelo… Yo no lo quiero." Se giró, dándome la espalda y mirando desinteresadamente por la ventana.

"Claro que sí." Insistí dulcemente. "Lo estabas leyendo."

Se quedó callado unos segundos.

"Pero a ti te hace más falta que a mí"

Una sonrisa de completo cariño hacia el chico que estaba en frente de mi adornó mi cara; siempre era yo antes que él y yo quería aprender a que fuese igual para mí.

"No lo necesito, de verdad." Me acerqué más a él, hinqué mis rodillas en el esponjoso colchón y me agaché para besar su húmeda mejilla. "Pero sí que te necesito a ti."

Se quedó callado, parecía un muñeco sin sentimientos, estático pero con lágrimas surcando su pálida cara.

"N-No me necesitas… Me odias…" Se me partió el corazón al escucharlo. Había derrumbado su confianza y había roto al frágil Kaoru que tan bien conocía. No había sido consciente de lo mucho que dependía de mí, creía que yo era el que no podía vivir sin él pero una vez más mi gemelo me sorprendía con todos aquellos sentimientos que se negaba a mostrarme por no hacerme daño.

"Sé todo lo que dije e hice y me odio por ello." Acaricié su suave pelo anaranjado y el no apartó mi mano, dejó que siguiese con aquello. "Pero dame una segunda oportunidad, para demostrarte que me importas y que te quiero con toda mi alma."

El silencio parecía ser parte de aquel cuarto vagamente iluminado por los últimos rallos de sol de la tarde, y se hacía eterno esperar su respuesta. Se reincorporó, sentándose de cara a mí. En sus ojos bailaban lágrimas y, como ventanas del alma, dejaban ver todo su dolor.

"No puedo confiar en ti." Su respuesta fue como un puñetazo en el estómago o como si por un segundo hubiese dejado de respirar. "No puedo…" Se mordió el labio inferior, tratando de no llorar, aunque fue un esfuerzo inútil. En ese momento me di cuenta de que a él le dolía más de lo que a mi podía llegar a herirme; porque yo le había arrancado esa capacidad.

Kaoru's pov.

No sabía porque hacía las cosas que hacía. Todo aquel lio con mi gemelo me había cambiado por completo. Había sacrificado la felicidad de mi hermano mayor metiéndome entre él y Haruhi, había creado viles estratagemas con Tamaki –¡Con Tamaki!– y había perdido a Hikaru; había perdido nuestro cariño, nuestra amistad, nuestra confianza, nuestras alianzas… Todo.

Aquel beso que tanto había querido, lo mucho que había deseado juntar nuestros labios y sentir los de mi hermano sobre los míos; había disfrutado de ello y luego había alejado a mi gemelo con una brusquedad que casi desconocía tener. ¿Por qué? ¿No era esto lo que quería? Sí, pero, ¿qué pasaba si él no me correspondía y solo lo había hecho por rabia, compasión o lo que fuera?

Y ahora él casi se estaba arrodillando delante de mí, rogándome su perdón y aunque quería confiar en él, simplemente no podía.

Me cubrí la cara con mis manos, llorando ahora más audiblemente y sin poder cesar mi llanto histérico. Súbditamente, dos brazos me rodearon cálidamente. Aun sorprendido, aparté las manos de mi cara y correspondí al abrazo. Sus manos se enredaban en mi pelo naranja con ternura e iba dejando leves besos en mi cuello y nuca.

"Lo siento, lo siento…" Susurró, haciendo que se me erizase el vello de la nuca.

Seguí llorando en sus brazos durante un largo rato más hasta que pude calmarme. Mientras mis sollozos inundaban aquella enorme habitación mi hermano mayor iba susurrándome palabras dulces y tranquilizadoras. Me asustaba y me hacía sentir bien a la vez. Era como tener a mi maravilloso Hikaru de nuevo conmigo. ¡Y joder si lo había echado de menos! Pero era una versión un tanto mejor, más entregado a mí y a mi bienestar. Pero no sabía si creerle. ¿Y si mentía? ¿No me odiaba? ¿Cómo había pasado del odio al amor tan rápido?

"Del odio al amor solo hay un paso." Dijo mi mente, sacando ese dicho con cierta bulla hacia mí mismo. Pero no, Hikaru no era así. ¿Entonces…?

Cogió mi cara de los lados con ambas manos, forzándome a mirarlo a los ojos.

"Te quiero y voy a hacer que me creas." Mis mejillas ardieron ante la intensidad de su mirada y su tono serio y seductor.

Acercó más nuestros rostros y me besó cerca de la comisura de los labios.

"Mierda, es bueno." Pensé dándome cuenta del significado detrás de aquella aparentemente sencilla acción. Besándome pero no besándome del todo, dándome un poco para que corra a por más y, al mismo tiempo, siendo cuidadoso de no volver a ofenderme.

Me entregó el libro que, aunque quería cedérselo, cogí anonado. Mi gemelo revolvió mi pelo antes de levantarse e irse.

Las cosas parecían ir cada vez a mejor. Llegó la cena y los pobres sirvientes, que habían sido incapaces de comunicarnos a ninguno de los dos la noticia antes, nos explicaron que nuestros padres no volverían hasta dentro de unos cuantos meses. Según parecía, el avión privado que habían tomado para el tour que habían emprendido para promocionar su nueva colección de primavera-verano se había averiado y eso dificultaba y alargaba más los trayectos a causa de verse obligados a utilizar aviones de plebeyos –aunque, claro estaba, iban en primera clase todo y no ser tan cómodo como tu propio avión.

Los criados se alegraron al vernos sentados uno al lado del otro nuevamente, ellos se preocupaban por nosotros como si fuesen nuestra familia y ciertamente podría ser considerado así si pensase en alguien más aparte de Hikaru como mi familia. Ellos estaban más con nosotros que nuestros propios padres y pese a no odiar a papá y a mamá sí que les tenía un cierto rencor por abandonarnos, aunque se compensaba con la idea de que teniendo a mi gemelo eso no importaba. Porque Hikaru lo era todo para mí.

Y empecé a conocer a un nuevo Hikaru, uno determinado por conseguir lo que se proponía; es decir, a mí.

"¿Qué tal está la sopa?" Me preguntó con una sonrisa dibujada en sus labios, tan cariñosamente que hizo que se me subiesen los colores.

"B-Bien."

Me siguió mirando comer un rato más y luego cogió su vaso de agua y empezó a beber. Por otra parte, su otra mano aterrizó en mi pierna haciéndome dar un respingo, por el repentino contacto, que casi me hizo tirar la cuchara. Él seguía disimulando bebiendo más y más agua, frente a la para-nada-sospechosa mirada del servicio, y subiendo y bajando su mano por mi muslo, acariciándome por encima de la tela y dibujando formas con sus dedos. Tenía la piel de gallina y las mejillas de un delatador tono rosado. Pero ese rosado pasó a ser rojo intenso cuando su mano decidió subir un poco más –a la vez que dejaba el vaso, de una vez, en la mesa y fingía inocencia infantil– y pasaba a acercarse demasiado a cierta zona.

Ahogué un gemido en mi boca, con la cuchara en esta, y traté de parecer estar bien mientras todos me miraban confundidos.

"Kaoru, ¿estás bien? No estarás pillando un resfriado, ¿verdad?" Fingió preocupación mi hermano mayor mientras sus ojos reflejaban completa perversión. Con esa mirada de deseo que de alguna manera me excitaba y con su mano aun subiendo y bajando por mi pierna.

"A-Ah n-no. S-Solo era un estornudo." Reí nerviosamente y le clavé una mirada acusatoria a Hikaru.

Al final, dejó su mano quieta y dejó que acabase de comerme el primer plato.

"Así que un estornudo, ¿eh?" Comentó una vez los criados estaban repartidos por la cocina en busca del segundo plato, apoyando su cabeza en su mano y retirando por fin la otra de mi muslo.

"C-Calla, es tu culpa por tocar donde no debes." Giré la cara, seguramente más rojo que un tomate, y oí su risa de fondo.

Durante el resto de la cena me dejó descansar de sus perversiones y pasamos a discutir el tema de las habitaciones y las actuaciones y demás cosas que compartíamos, que no eran pocas.

Las actuaciones eran algo que podría soportar volver a hacer, pero dormir con él era otra historia. No me importaba actuar delante de las chicas, porque solo era una actuación –o eso se suponía–, pero dormir con él era algo más íntimo y entre nosotros. Llevábamos meses sin hablarnos y no confiaba tanto en él como para concederle eso.

El nuevo Hikaru comprensivo pareció entenderlo y dijo que me daría mi tiempo; pero que definitivamente volveríamos a dormir juntos.

Hikaru's pov.

"¡Kyaa! ¡Hikaru-kun y Kaoru-kun vuelven a estar juntos!" Gritaron emocionadas las clientas al vernos sentados en la misma mesa de siempre, corriendo hacia nosotros en cuanto abrieron las puertas del club.

"¿¡Habéis hecho las paces!?" Ahora ya estábamos rodeados de chicas que nos bombardeaban a preguntas y casi no nos dejaban respirar.

Viendo lo agitadas que estaban decidí calmarlas con una de nuestras actuaciones. Cogí a Kaoru de la barbilla, tomándolo por sorpresa y provocando que se ruborizase, y acerqué nuestras caras.

"Kaoru, perdóname, he estado siendo un hermano horrible desde hace meses." Lo miré fijamente a los ojos y con un tono de voz exageradamente dolido y la mirada atenta de las chicas.

Me devolvió la mirada, con lágrimas bailando en sus ojos, asumiendo el papel del adorable uke que hizo gritar a las clientas.

"Hikaru, perdóname tú también, he sido muy cruel contigo y..."

"¡Kyaa! ¿¡En serio Hikaru-kun besó a Kaoru-kun!?" Aquel grito interrumpió a mi gemelo e hizo que el color desapareciese en nuestras caras.

"¿¡Pero en los labios!?" Preguntó otra, a cada comentario nosotros parecíamos más fantasmas que personas de lo pálidos que estábamos.

Miramos los dos, como siempre en perfecta sincronía, en la dirección de la que venían aquellos gritos y allí estaba la chica de ayer junto a otras cuantas entrando en el club; quien había tenido vistas privilegiadas de mi ataque de celos y ahora contaba a todas las demás su vivencia.

Al final, como muchas no acababan de creérselo, acabaron viniendo a preguntar directamente; pero fue imposible entenderlas por los gritos de las otras. Todas gritaban sus teorías y era insoportable tanto grito por aquí y por allí.

Miré a mi gemelo y él me miró también. Una cosa era actuar, que supuestamente solo era un juego, una actividad para pasar el rato después de las horas de clase. Pero otra cosa era la realidad, aquel beso fue real y no era bueno para nosotros que nadie lo supiese y se corriese la voz.

"Lo van a acabar sabiendo." Le dije procurando que no me oyesen, aunque ahora habíamos pasado a segundo plano y discutían entre ellas.

"Se las ingeniarán para acabar sabiendo la verdad." Me dio la razón, siendo consciente de lo aterradoramente buenas que podían ser para descubrir cualquier cosa relacionada con nosotros. No teníamos otra alternativa.

Intercambiamos una mirada más y ambos nos dispusimos a 'actuar'.

Volví a tomarlo de la barbilla y rodeé su cintura con mi otro brazo. Con ese simple movimiento ya teníamos la atención de varias sobre nosotros. El sonrojo de Kaoru cada vez era más notable. Cuando todas nos estaban observando, con la respiración contenida y sus ojos bien abiertos, junté nuestros labios oyendo los estridentes 'Kya' de fondo.

Pero la simple presión de nuestros labios no era suficiente. Lamí su labio inferior y él abrió más la boca, permitiendo que mi lengua pasase dentro de ella. Recorría toda su cavidad mientras nuestras lenguas jugaban entre ellas. Dentro de aquel beso perdí la noción del tiempo y dejé de ser consciente de donde estábamos y de cómo nos estaban observando atentamente.

Unos últimos gritos más se escucharon antes de que todos cesasen y abriésemos los ojos, separándonos con lentitud.

Y ahí estaban todas las chicas, tiradas por el suelo unas encima de otras –algunas incluso con hemorragias nasales–, inconscientes.

Los demás del club también nos miraban, supongo que a nadie se le hacía muy raro el beso sino que más bien era el hecho del escándalo que habían formado todas nuestras fans.

"Wow, habéis hecho que todas se desmayen." Comentó Honey una vez se acercaron todos –dejando a sus clientas desatendidas por unos momentos– tocándolas con el dedo índice a ver si se movían y observándolas de cerca.

"Y que tengan hemorragias nasales." Añadió su primo cogiendo en brazos al pequeño rubio y subiéndolo encima de sus hombros.

"Supongo que entonces podéis tomaros la tarde libre." Dijo Kyouya asombrándonos a todos por su inexplicable amabilidad. "Me refiero a que esas eran todas vuestras clientas." Aclaró. "Además, con ese beso conseguiremos mucho dinero este mes y quizás también el próximo." Añadió, sus ojos brillaban, detrás de sus gafas, con entusiasmo.

Entonces, para acabar de dejarnos las cosas claras, giró su portátil de cara a nosotros y nos mostró la delatadora foto de nuestro beso.

Sí, el muy aprovechado nos había fotografiado previendo los beneficios que podría traerle aquello al club y como todas las chicas que tanto adoraban 'El amor entre hermanos' pagarían por una copia de esa foto para poderla poner de decoración en su habitación.

"B-Bueno, en todo caso gracias por dejarnos la tarde libre." Dijimos al unísono y nos fuimos corriendo.

Llamé a una limusina mientras corríamos por los pasillos cogidos de las manos y en poco rato ya estaba allí.

Nos metimos dentro de la limusina y nos tiramos en el lujoso sofá.

"Hacía mucho que no teníamos la tarde libre." Suspiró Kaoru, cerrando sus ojos relajadamente.

"Bueno, no tanto. ¿O has olvidado la de veces que nos ha llegado a echar Kyouya en estos últimos meses?" Me reí un poco y él abrió los ojos para mirarme con sus mejillas infladas y una mirada desconforme.

"Me refería a antes de que pasase todo eso."

Volvió a apoyar su cabeza hacía atrás, en el respaldo del asiento, y cerró sus ojos tranquilamente. Observé como su acompasada respiración hacia que su pecho subiese y bajase rítmicamente, como sus pestañas temblaban ligeramente y como su cuerpo se sacudía con cada bache o curva que el vehículo tomaba.

Me arrastré lentamente por el asiento hasta quedar prácticamente tocándonos y acerqué mi cara a su cuello. Besé su suave piel, sobresaltándolo y haciendo que abriese los ojos con sorpresa.

"M-Me has asustado, tonto." Protestó un poco, mirándome con el ceño fruncido y sus mejillas teñidas de rojo.

Kaoru's pov.

El contacto de los labios de Hikaru sobre mi piel me sacó de mi trance y abrí los ojos alertado; creía que estaba a una buena distancia de mí.

"M-Me has asustado, tonto." Me quejé, mirándolo con reproche y notando como mis mejillas adquirían más color por lo cerca que estaba.

"Lo siento." Susurró, besando mi cuello y mordiéndolo de vez en cuando. "Te quiero" Murmuró contra mi piel.

Me dejé sumergir en aquello, en la lujuria y el placer de los actos de mi querido hermano. Las puntas de su pelo anaranjado rozaban mi piel haciéndome cosquillas y su lengua recorría mi cuello, como si lo quemase. Pero algo estaba mal, algo no me dejaba disfrutar por completo de la situación; y era el asfixiante sentimiento de desconfianza.

"No te creo." Solté fríamente, sin siquiera mirarle.

Mi gemelo se separó de mí y de mi cuello y me miró confundido y dolido.

"¿Qué?"

"¿Cómo puedes decir que me quieres después de todo lo que me hiciste y dijiste durante estos últimos meses?" Le largué, un tanto molesto. "¿Qué es lo que ha cambiado?"

"Kaoru… Sabes que siento lo que te hice." Respondió tristemente, ofendido de alguna manera.

Me miró con ojos tristes, pero sin contestar a mi pregunta.

¿Por qué de repente me quería?

Dejé ir un suspiro cansado y abrí la puerta de la limusina ya que ya habíamos llegado a nuestro destino.

"Déjalo." Solté mientras salía del vehículo y empezaba a andar hacia la gran mansión Hitachiin.

Mi hermano mayor se bajó rápidamente, casi estampándose con la puerta que estaba a mi lado y que ahora el chofer cerraba, y corrió detrás de mí.

Me agarró de la muñeca y me giré para mirarlo.

"Vamos, Kao, no te enfades." Trataba de decirlo cariñosamente o bromeando, pero más bien parecía estar suplicando que le perdonase como si de ello dependiese su vida.

Hice una mueca, fingiendo estar enfadado aunque, en realidad, solo quería saber hasta dónde podía llegar la paciencia de Hikaru.

"¿Es que no lo entiendes?" Le encaré, frunciendo el ceño y algo cabreado por ver que mi gemelo no comprendía la situación. "¿Cómo quieres que te crea si hace dos días me gritabas que me odiabas?"

El peli rojo abrió y cerró la boca varías veces, como si tratase de encontrar las palabras adecuadas para decirlo o como si no supiese que decir directamente. Me crucé de brazos, esperando su respuesta.

"¡E-Estaba confundido! ¡No es algo fácil de aceptar o comprender que tu gemelo te diga que te quiere!" Exclamó algo rojo, sabía que no era alguien muy perspicaz y que hablar de sentimientos para él era algo difícil.

Permanecimos en silencio unos instantes, con la brisa de verano revolviendo nuestro pelo cobrizo. El chofer ya se había ido a aparcar la limusina y ahora solo estábamos nosotros dos a unos cuantos metros de la entrada principal.

"Te quiero, Kaoru. No sé qu..."

"Demuéstralo." Una sonrisa maléfica se formó en mis labios, tenía la intención de probar los límites de mi hermano y ver de que era capaz por mí. Si solo era un juego, pararía.

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