Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
La historia es una adaptación del libro Drácula de Bram Stoker.
ADVERTENCIAS: Contiene OoC.
MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS:HOTARU SATURN BLACK, ALEXZHA, Akisa, GishelSasuhina, rukia kuchiki White moon, The raven cross, Yuko, amelie-ru14ku13.
Hola, sé que me tardé demasiado en actualizar, así que les pido una disculpa. No sé porque pero esta historia se me complica un poco más que las otras, pero mejor los dejo con la historia.
EL PRÍNCIPE DE LA NOCHE
Capitulo X.- El amo y el sirviente.
17 de agosto. Por la noche.
Cuando Byakuya calmó su voraz ansiedad por los labios de Orihime, se separó y acarició su rostro, luego bajó su mano al cuello de la muchacha y lo acarició antes de dirigir su boca hasta ahí. La chica gimió al sentir los afilados colmillos blancos encajarse en si piel, su respiración volvió a hacerse agitada.
Al sentir la tibia sangre de Orihime sentía como su cuerpo se vigorizaba. Al alzar la mirada, después de saciar su sed, vio otra figura durmiendo en la cama.
Ella se volteó de lado y le permitió contemplar su rostro.
Los ojos del conde se ampliaron por la sorpresa y los recuerdos de su antigua vida llegaron a él.
—Hisana. —susurró.
Dejó a Orihime en un sillón que se encontraba en la terraza y comenzó a caminar hacía la habitación, con un sólo propósito, reencontrarse con la mujer que había amado profundamente por tanto tiempo.
Sin embargo se detuvo al llegar a la ventana, no podía entrar, no sin ser invitado. Era una fuerza invisible que lo obligaba a detenerse, volteó hacia Orihime, pero ella se encontraba inconsciente como para utilizarla.
Sólo pudo contemplar a Rukia desde afuera, pero ahora que la había encontrado no la dejaría ir, volvería por ella.
Byakuya desapareció del lugar entre una espesa neblina.
Cuando llegó a la tumba que ocupaba, ya lo esperaba un hombre de cabello azul, que al verlo se arrodilló ante él.
—Mi señor. —dijo el hombre levantándose. —Los cajones han llegado con éxito a su destino y todo se está haciendo como lo ha estipulado.
—¿Ha habido inconvenientes, Grimmjow? —preguntó el conde.
—Alguien nos vio cuando nos alimentábamos. —informó. Byakuya mostró desagrado.
—Pero ya lo han eliminado. —supuso.
—Nos dimos cuenta que está recluido en un psiquiátrico. —informó el vampiro de cabello azul. —Y está bajo constante vigilancia, así que se nos ha hecho difícil acercarnos a él.
Byakuya meditó por un momento.
—Tengo que ir a Carfax para arreglar unos asuntos de todas formas. —dijo con voz neutral. —ya me encargaré de él personalmente.
Grimmjow asintió.
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18 de agosto. Inuzuri por la noche.
Isshin estaba en su habitación leyendo un libro cuando alguien llamó a su habitación.
—¿Qué sucede Omaeda? —preguntó cuándo abrió la puerta.
—Renji. —dijo. —se está comportando extraño y se ha vuelto agresivo. —le informó.
Isshin se puso su bata blanca sobre la ropa y cambio sus pantuflas por los zapatos, luego salió de la habitación.
Mientras caminaban hasta las instalaciones del psiquiátrico Omaeda le comentó lo que había observado.
Como a eso de las ocho de la noche Renji se comenzó a inquietar, veía por la ventana y comenzó a olisquear por todos lados, así como los perros de caza.
Omaeda entró y le preguntó que le pasaba, pero Renji a diferencia de otras veces, le contestó de una forma grosera y arrogante.
—No quiero hablar con usted, usted ya no cuenta. El señor está cerca. —Omaeda recitó textualmente las palabras del muchacho de cabello rojo. —¿Usted cree que ahora le haya dado por lo religioso? —preguntó el enfermero.
—No lo sé. —respondió Isshin. —pero de ser así un paciente sería muy peligroso.
Omaeda estuvo de acuerdo, no quería ni imaginarse de lo que sería capaz un paciente con trastorno bipolar, instintos homicidas y manías religiosas.
Después de atravesar el patio que separaba el área de psiquiatría con la casa de Isshin, llegaron a la celda seis.
En la puerta ya estaba un celador haciendo guardia por pedido del enfermero.
Isshin entró a la habitación.
Renji ni siquiera se molestó en míralo, él seguía en su tarea de vigilar por la ventana, olisquear y decir palabras que eran inentendibles para Isshin.
Después de una media hora la exaltación de Renji se calmó y se fue a sentar a la orilla de la cama.
Isshin, que hasta el momento sólo se había quedado observándolo, empezó una conversación.
—¿Y cómo están tus animales?
—¿Quién se preocupa por ellos? Me importan un comino. —respondió enojado.
—¿Cómo? —preguntó extrañado. —¿ ya no te interesan las arañas?
—Quien se interesaría por las damas de honor después de haber visto a la novia. —dijo Renji y después de eso guardó silencio.
Isshin lo dejó solo, pensando en que su paciente cada vez se hacía más fascinante.
19 de agosto. Rukongai.
Rukia y Orihime se encontraban en el jardín de la casa tomando fresco en unos sillones, pues era una mañana muy calurosa.
Orihime parecía muy contenta y le hablaba de los preparativos sobre la boda.
—¡Oh Rukia!, ya quiero que llegué ese día. —comentó Orihime.
Rukia sonrió por la felicidad de su amiga. Además de que estaba contenta porque el día anterior Orihime mostró mejoría, ya no se había despertado por la noche y ahora volvía a tener la misma energía y alegría de siempre.
—¡Rukia, Rukia! —los gritos de doña Emiko interrumpieron su conversación y las obligó a voltear hacia la puerta, donde ella estaba parada. —Te hablan por teléfono, es el doctor Isshin. —se apresuró a decir al ver la cara de preocupación de las chicas.
Isshin le informó a Rukia que ya había noticias de Ichigo, que estaba con una familia en Naruki pues lo habían encontrado muy mal, que por varios días había sufrido de una fuerte fiebre, pero que ya había despertado, sin embargo no estaba en condiciones de viajar, así que le pidió de favor a la persona que lo cuidaba que los localizara y le dijera su deseo de que Rukia fuera a alcanzarlo.
Por supuesto Rukia no se negó a su deseo y preparó todo para viajar a Naruki. Ella se preocupó por sus amigos Ganju y Shuhei, cuando Isshin le comentó que la señora no había dado información sobre ellos. Esperaba de todo corazón que estuvieran bien.
Inuzuri. Por la noche.
Omaeda estaba dando su recorrido nocturno por las habitaciones de los pacientes cuando llegó a la de Renji vio por el cristal que él estaba dormido, así que siguió caminando, sin embargo había dado unos cuantos pasos cuando escuchó un ruido.
Regresó en sus pasos y se impresionó al ver que Renji había quitado la ventana de barrotes y marco de madera y ahora ya estaba saliendo por ella.
Se apuró a entrar a la habitación, pero cuando lo logró Renji ya había salido por la ventana. A gritos llamó a un celador mientras seguía con la mirada a Renji.
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Isshin intentaba conciliar el sueño, pues estaba ansioso y preocupado por su hijo. Esperaba que pronto Rukia le diera noticias de él y le confirmara que estaba bien, pues la señora con la que había hablado no le había dado detalles.
Un golpeteó en la puerta se escuchó seguido de los llamados desesperados de un guardia.
Isshin, de nuevo, tuvo que interrumpir su descanso y se levantó para abrir la puerta. Una corazonada le dijo que era de Renji. Últimamente ese paciente ocupaba mucho de su tiempo.
—¿Qué pasa? —le preguntó al guardia.
—Omaeda me ha mandado a informarle que el paciente Renji se ha escapado.
—¿Qué? —preguntó con sorpresa y preocupación y sin perder más tiempo se dirigió a la celda que Renji ocupaba.
Cuando llegó a la habitación se encontró con Omaeda que seguía viendo por la ventana.
—Doctor pensé que sería mejor observar a donde iba Renji que dar la vuelta y salir a perseguirlo. —le comentó Omaeda.
Isshin asintió, pues claramente Omaeda no podría pasar por la ventana, así que hubiera perdido tiempo.
—¿Has logrado ver por donde se fue? —preguntó Isshin.
—Sí, ha corrido hacia el muro y lo ha saltado. —le respondió.
Había entrado a Carfax.
Isshin por ser casi de la misma complexión de Renji también pudo salir por la ventana y corrió en la dirección que le había indicado Omaeda, mientras el enfermero daba indicaciones para que otros guardias fueran con él a la propiedad, que creían abandonada.
Isshin saltó el muro y vio a Renji correr delante de él, se apresuró a seguirlo, pero el chico tenía una velocidad impresionante. Cuando lo alcanzó vio a Renji parado frente a la puerta de la vieja capilla.
Al escuchar como los guardias ya se estaban acercando, tomó valor y caminó hacia Renji, que no se daba cuenta de lo que sucedía alrededor.
Isshin escuchó voces, pero no lograba entender bien, así que se acercó un poco más.
—Estoy aquí para cumplir tus órdenes amo. —dijo Renji con tono servicial y haciendo una reverencia. —en mi tienes un esclavo y sé que me recompensarás por mi fidelidad. Te he adorado desde lejos y ahora que estás cerca esperaré pacientemente tus órdenes.
Los guardias llegaron y enseguida se abalanzaron contra él. Isshin nunca lo había visto tan furioso.
Renji luchaba con fuerza desmedida para zafarse de los guardias, a varios de ellos les dio fuertes golpes obligándolos a retroceder.
Isshin y Omaeda tuvieron que intervenir y después de algo de esfuerzo lograron someterlo y ponerle la camisa de fuerza. Antes de irse Isshin revisó la capilla pero no había nadie, aunque eso no lo sorprendió, pues era lógico que en su estado Renji hablara solo.
Esa noche llevaron a Renji a la celda de castigo, una habitación sin ventanas y con las paredes acolchonadas, sin embargo no le quitaron la camisa de fuerza y lo encadenaron a la pared.
A Isshin no le gustaba tenerlo ahí, pero era lo mejor, pues Renji seguía muy alterado y en sus ojos se veía una gran furia y los deseos de asesinar.
—¡Tendré paciencia amo, tendré paciencia! —lo escuchó gritar Isshin antes de cerrar la puerta.
20 de agosto.
Por la noche Isshin decidió ir a ver a Renji, pues quería saber cómo se encontraba.
Cuando entró vio a Renji sentado en la esquina y ya más calmado.
Isshin le hizo algunas preguntas y notó que había regresado a su estado pasivo y consiente.
—Discúlpeme doctor. —dijo Renji. —tuve un arrebato pero ahora sé que puedo esperar, así que le pido que me llevé a mi celda. —pidió con amabilidad.
Isshin lo pensó un poco y al final aceptó. Llamó a unos guardias para que lo soltaran y lo trasladaran a su habitación.
Los guardias con sus reservas cumplieron su petición. Renji vio la desconfianza en sus caras.
—¡Creen que puedo hacerle daño! —dijo Renji a Isshin mientras caminaba por el pasillo. —¡imagínese, yo haciéndole daño a usted!¡imbéciles! —dijo lo último con despreció.
Isshin se sintió aliviado, cuando menos Renji parecía mostrar cierto respeto o aprecio por él.
En lo que quedó de la noche Renji se mostró muy tranquilo, sin embargo apenas y amaneció volvió a ponerse furioso y ansioso, hasta que el agotamiento lo venció y cayó en un profundo sueño.
Y así pasaron tres días, por las noches Renji se mostraba calmado y por el día violento.
23 de agosto. Naruki.
Después de tres días, que se le hicieron eternos a Rukia, por fin llegó a la ciudad donde estaba Ichigo. Lo único que la consoló durante el trayecto, además de su pronto encuentro con él, fue saber que Orihime estaba bien, pues antes de que su celular perdiera señal se había comunicado con ella y su amiga le comentó que ya dormía bien y que había recuperado peso, además de que regresaría a Karakura.
Cuando llegó a la casa, Unohana pidió hablar con ella antes de que entrara a verlo y por eso ahora estaban sentadas en la pequeña sala.
—Muchas gracias por cuidar de Ichigo. —le dijo Rukia una vez más. —No me imagino que es lo que hubiera hecho sin él.
—No tiene por qué agradecerlo, lo hice con gusto. —le dijo ella ofreciéndole una taza de té, que ella aceptó con gusto. —Ichigo me ha contado que usted es su prometida. —continuó Unohana, Rukia asintió. —es por eso que me atrevo a contarle algo delicado. Pero no sé angustie. —le pidió al ver que ella se estaba alterando. —su salud física está bien.
—Entonces ¿Qué le preocupa? —preguntó ella con la taza entre las manos e inclinándose un poco hacia el frente.
Unohana sorbió un poco de su té mientras elegía las palabras adecuadas.
—Cuando él llegó sufría de unas intensas fiebres. —comentó poniendo la taza sobre la mesita de centro. —Y entre sus delirios se refería a monstruos, sangre, vampiros, lobos y demonios. —en su voz se reflejaba la preocupación. —sus sueños no eran reparadores, gritaba asustado y a veces sollozaba y se lamentaba y cuando estaba más angustiado la llamaba incesantemente.
Rukia dejó la taza sobre la mesa y se llevó una mano a su rostro para limpiar las lágrimas, sufría al pensar en el tormento que había vivido Ichigo para estar de ese modo.
—Es por eso que le pido que cuide de él y le tenga paciencia. —dijo Unohana. —Las pesadillas no cesaran, pero debes ser fuerte para él.
—Descuide. —respondió ella. —así lo haré.
Después de eso Unohana le indicó donde estaba Ichigo.
Rukia entró en la habitación, con la ansiedad de cualquier persona enamorada que no ha visto a su pareja por meses.
Lo vio dormido en la cama, su corazón se acongojó al verlo pálido, ojeroso y más delgado.
No dudaba de los cuidados de Unohana, sabía que su estado se debía por la lucha con sus temores internos.
Se acercó a él y se sentó en la orilla de la cama.
—Ichigo. —susurró mientras tomaba su mano. —Ichigo.
El chico lentamente abrió los ojos y una gran sonrisa adornó su rostro.
—Rukia. —hizo el intentó por incorporarse, pero ella se lo impidió.
—No te esfuerces, todavía estás débil. —le acarició el rostro y luego despacio se fue acercando a él hasta depositar un besó en sus labios.
Ese besó logró que Ichigo recuperara un poco de la felicidad y tranquilidad que ese viaje le había robado.
Pero cuando la pregunta obligada llegó, Ichigo nuevamente recayó en el dolor y la angustia.
—¿Qué pasó con Shuhei y Ganju?
Ichigo miró en otra dirección y agachó la cabeza.
—No lo sé, no recuerdo nada. —dijo en un susurro. —lo intento pero no puedo. —dijo con pesadez.
Rukia se levantó sólo para sentarse junto a él, luego lo abrazo.
—Tranquilo. —dijo dulcemente. —todo está bien, no hay problema. —Ichigo llevó sus manos al brazo de Rukia, del que se sujeto fuertemente. —Ahora todo está bien.
Y con esas dulces palabras, Ichigo volvió a quedarse dormido, y por esa tarde las pesadillas no lo atormentaron.
Por la noche. Inuzuri.
De nueva cuenta esa noche, aprovechándose de la distracción de un celador, Renji se escapó hacia la casa Carfax.
Isshin y los guardias lo siguieron, encontrándolo haciendo una reverencia frente a la puerta de la capilla, que estaba semiabierta.
Isshin ordenó a los guardias conservar una prudente distancia mientras él se acercaba más a su paciente, que murmuraba cosas.
Cuando Renji lo notó, se enfureció y arremetió contra él, entonces los guardias entraron en acción y lo sometieron.
Isshin se sorprendió de su comportamiento, pues al principio se mostró a la defensiva, pero después se calmó mientras observaba algo en el cielo.
El doctor alzó la vista, el cielo estaba despejado por lo que se veía la luna, pero no vio nada más que a un murciélago que aleteaba hacía al oeste.
Después de eso Renji no se opuso a que lo llevaran de nuevo al hospital.
24 de agosto. Naruki.
Era una bella tarde, Rukia veía por la ventana los hermosos campos verdes que se extendían alrededor de la casa, los pájaros y mariposas revoloteaban alrededor de las copas de los árboles.
Rukia río ante la escena que tenía enfrente.
Bajo un frondoso árbol estaba sentado el esposo de Unohana, Zaraki.
Cuando lo conoció se intimidó ante su aspecto amenazante, sin duda no se lo imaginaba como estaba ahora, leyéndole un cuento a su hija Yachiru que lo escuchaba sonriendo y recostada sobre su hombro.
Volteó para ver que Ichigo siguiera durmiendo, afortunadamente así era. Después su vista encontró la libreta que él usaba como bitácora, no la perdió ya que la llevaba muy bien guardada entre sus ropas.
Ella caminó hacia la repisa donde estaba y la agarró. Dudó en abrirla o no, pero pensó que sólo así comprendería lo que lo había orillado a aquel estado.
—Rukia. —escuchó la voz de Ichigo a sus espaldas, asustándola.
Ella se giró con la bitácora entre sus manos, Ichigo se dio cuenta, pero no la miró con enojo.
—Lo siento. —dijo avergonzada. —sólo quería saber que te había pasado. —dijo caminando hacia él.
—Lo comprendo Rukia. —dijo estirando una mano, ella le entregó la bitácora. —sé que aquí está la respuesta a nuestras dudas, pero no quiero saberlas, me temó que no soportaría revivir los horrores a los que me he enfrentado. —dijo con solemnidad. —Sin embargo quiero cumplir con mi palabra de que entre nosotros no habría mentiras, así que. —Ichigo nuevamente estiró su brazo ofreciéndole la libreta a Rukia. —te entregó la libreta, eres libre de decidir si compartes mi ignorancia o la lees, sin embargo quiero pedirte que no me digas nada de lo que ahí descubras.
Rukia ya tenía la bitácora entre sus manos y veía fijamente a Ichigo.
Rukia se quitó el listón con el que ese día se había agarrado el cabello y ató la libreta con él.
—No hace falta. —comentó ella. —confió en ti y esperaré el día en que tú mismo me puedas contar sobre ello. —le dijo regalándole una sincera sonrisa.
Ichigo también le sonrió.
Rukia dejó la libreta en su sitio original y después regresó con Ichigo.
—Te amo. —le dijo él.
—Yo también. —respondió ella, para después fundirse en un beso.
25 de agosto. Karakura.
Orihime estaba en su cuarto viendo las invitaciones para su boda, pues se efectuaría en Septiembre. Aunque su felicidad se veía empañada de nuevo, ya que inexplicablemente otra vez se había apoderado de ella el cansancio y la debilidad.
Además no dormía bien, esos extraños sueños en los que aparecían esos ojos rojos se presentaron de nuevo, tampoco sabía porque se sentía con temor, y además le preocupaba que no lograra recordar algunos momentos.
Por ejemplo, la noche anterior estaba en su escritorio comenzando a rotular sus invitaciones cuando escuchó unos aleteos afuera de su ventana, después de eso comenzó a darle mucho sueño y cuando despertó estaba recargada en la pared de su balcón.
Le preocupaba mucho su salud, pero no quería asustar a su mamá ni a Uryu, pero su novio era muy inteligente y sabía que no era fácil de engañar.
En la tarde que la visitó se dio cuenta enseguida de su semblante decaído, ella se esforzó en ocultarlo, pero al final no pudo.
Esa noche intentó irse a dormir con su mamá, que regresó con ella, pero ella tampoco se veía muy bien.
Orihime se concentró en terminar de rotular las invitaciones, pero un pesado sueño se fue apoderando de ella.
—Orihime. —mientras caía en la inconciencia escuchaba a alguien llamándola, era una voz profunda. —Orihime. —volvió a escuchar mientras se le cerraban los parpados.
Cuando despertó a la mañana siguiente Orihime estaba en una silla del balcón, se sentía muy débil y tenía un fuerte dolor en la garganta, además su respiración estaba agitada.
Despacio se levantó del asiento y entró al cuarto, ese día la visitaría Uryu así que tenía que arreglarse.
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Los días pasaron sin mucho cambio.
Renji ya no mostraba esa agresividad anterior, estaba calmado, se la pasaba viendo por la ventana y murmurando cosas que no tenían sentido para los demás.
Cosas como que pronto el señor le daría la vida eterna, que ahora si podía esperar con calma el regreso del señor y cosas por el estilo. Isshin lo vigilaba personalmente.
Rukia seguía cuidando con mucha dedicación a Ichigo, a quien las altas fiebres todavía lo aquejaban, al igual que las pesadillas que lo hacían despertar gritando y sudando.
Pesadillas en las que veía unos intensos ojos rojos, risas macabras, un bosque lleno de neblina, aullidos de lobo y lo que más lo atormentaba, la voz de Hisagi gritando.
Rukia estaba muy preocupada y sufría en silencio, pues ante él jamás mostró debilidad. Ella era su fortaleza y siempre tenía para él palabras de alivio.
Orihime cada día estaba peor, estaba más débil y demacrada. Uryu se preocupaba mucho por ella, pero la chica no podía decirle que tenía, pues ella misma no lo sabía, tampoco se atrevía a hablar con doña Emiko al respecto, pues conocía su estado de salud y no quería sobresaltarla.
Su preocupación llegó a ser tan grande que le habló a Isshin, pues lo conocía desde niño por su padre.
Isshin visitó un día a Orihime, sin embargo no encontró nada extraño en ella.
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1 de septiembre. Inuzuri.
Isshin estaba en su oficina, sentado detrás de su escritorio, frente a él se encontraba Uryu.
—Qué bueno que viniste. —comentó Isshin. —No había podido hablar contigo por el trabajo, pero dime ¿Cómo está tu padre?
Uryu se removió en el asiento y se pasó las manos por el cabello. Isshin lo contempló, se veía decaído y un poco ojeroso.
—Él ha recaído, al parecer el tumor era cancerígeno e hizo metástasis. —dijo con pesar. —por eso no pude estar el día que revisó a Orihime. ¿Cómo la encontró?
—Pues los análisis que le practiqué revelan que tiene un poco de anemia, ya le receté medicamento.
—Entonces ¿no es grave? —preguntó Uryu.
—Pues no puedo estar seguro de eso, ella se queja de que tiene dificultad para respirar, que tiene momentos letárgicos pesados, que tiene pesadillas y no recuerda algunas cosas.
—¿Qué piensa entonces? —preguntó Uryu preocupado. Amaba mucho a su novia y sufría al pensar que pudiera tener algo severo.
—No estoy seguro, no he tenido casos así. —respondió él. —por eso me permití llamar a un viejo amigo.
—¿Viejo amigo?
Isshin se reclinó hacia adelante y apoyó su cara en sus manos entrelazadas.
—Sí, él es una de las personas con mayor conocimiento sobre enfermedades raras y además de médico es un gran científico. —dijo con una sonrisa. —actualmente está cumpliendo una tarea importante en Hueco Mundo, pero me dijo que al ser yo quien solicitaba su ayuda, no dudaba en posponerla.
—¿Eso quiere decir que va a venir?
—Sí. —dijo con una sonrisa. —en unos días llega mi amigo, el doctor Kisuke Urahara.
—Bueno el encuentro de Byakuya y Rukia tendrá que esperar, todavía no es tiempo.
—Ya va a hacer su aparición Urahara. Quizá me equivoque, pero para mi gusto no hay nadie mejor que él para ser Van Hellsing.
Saludos, espero les haya gustado el capítulo…
