Capítulo 7: Nuevo mundo.

El cuerpo de Perla se había quedado atascado con unas enredaderas junto a la bahía de la playa de una isla deshabitada. El agua que estaba alrededor de la guacamaya lentamente se iba tiñendo de color rojo sangre, lo que indicaba que la situación de la herida de Perla no estaba bien.

Ella abrió lentamente sus ojos y comenzó a respirar muy rápido, y al intentar arquear su cuerpo chilló de dolor. Estaba helada y desangrada.

Ella estaba preparándose para pasar sus últimos minutos en ese siniestro lugar, pues era inevitable que iba a terminar falleciendo si nadie la ayudaba.

Recostada en el agua helada del océano, Perla cerró sus ojos, esperando a que la puerta hacia la muerte por fin se abra y se la lleve al cielo, donde su sufrimiento por fin terminaría.


Blu abrió sus ojos y descubrió que estaba en una gran playa, el cielo estaba cubierto de nubes negras y por alguna razón estaba sufriendo un terrible dolor de cabeza. Miró hacia la bahía y lo que vio lo dejó incrédulo: no había nada, ni agua, ni tierra, ni nada de lo que él esperaba. Asomó su cabeza al borde y descubrió que varios kilómetros hacia abajo estaba el agua, lo que indicaba que todo este pedazo de tierra era una isla que flotaba sobre millones de kilómetros de agua. Esto definitivamente no era el planeta Tierra.

Miró hacia atrás, y vio una gran montaña elevándose hasta más allá de las nubes, seguidas por otras montañas más pequeñas. Comenzó a llover, y el sonido de un trueno lejano provocó que un escalofrío recorra la espalda de Blu.

Por en medio de las montañas Blu pudo notar un estrecho sendero, caminó por allí un largo rato hasta que comenzó a notar que el ambiente de gris comenzaba a volverse verde. De las montañas, Blu ingresó a un bosque.

Comenzó a caminar torpemente, pues el dolor de cabeza cada vez era peor, sentía como si su cabeza explotase y sus entrañas se dispersaran por el suave suelo.

Se arrodilló sobre la tierra y miró hacia el cielo; aquellas nubes de tormenta parecían no tener ninguna intensión de marcharse.

Blu dejó escapar un agudo chillido de dolor, sus ojos goteaban sangre y se sentía terriblemente mal, como si alguna enfermedad lo estuviera liquidando lentamente.

Pudo seguir caminando unos minutos, pero el dolor de cabeza empeoró e inmediatamente cayó inconsciente.

En una gigantesca y anormal rama de un árbol que prácticamente tocaba las nubes, estaba una armadura móvil de estandarte azul muy bien camuflada observando la bochornosa escena.

Bajó sigilosamente por las ramas dando unos impresionantes saltos y piruetas. Se colgó de una hoja del tamaño de una mesa y luego dio otro salto hacia abajo, colgándose de otra hoja, y otra, y luego otra, hasta aterrizar en una rama que estaba a cinco metros del suelo, luego saltó de allí y aterrizó duramente en el suelo, por alguna razón no sufrió lesiones, bastante extraño.

La armadura móvil se acercó al cuerpo inconsciente de Blu, pero a los cinco pasos se detuvo y dio un gran salto con piruetas hacia atrás. Estaba asustado, así que dio un impresionante salto hacia arriba, agarrándose a la primera rama que alcanzo y parándose en ella. La armadura estiró una de sus alas metálicas hacia su espalda, y de allí sacó un raro arco con una flecha de unos veinticinco centímetros. Apuntó a la cabeza de Blu, y cuando estaba por disparar, algo logró apartar su vista, y terminó disparando hacia el tronco de otro árbol, que emitió un sonido parecido a un gemido de dolor.

"Perdón" – murmuró. La voz de la armadura móvil era femenina.

Volvió a bajar al suelo y se acercó a Blu, esta vez sin retroceder, puso su ala en el pecho de nuestro héroe y pudo notar signos vitales.

"Lo llevaré a un lugar seguro" – se dijo a sí misma la armadura móvil de voz femenina – "Humm… es más pesado de lo que pensé" – murmuró levantándolo trabajosamente.


Perla volvió a abrir sus ojos, y no podía creer que seguía viva en aquél páramo helado. Ella miró su herida y lo que vio no le gustó, al parecer estaba empeorando, ya que seguía perdiendo sangre y ni siquiera había señales de la más mínima curación.

"Bueno, creo que sufriré un rato más" – pensó ella, suspirando.

Pasaron varios minutos, Perla sentía deseos de quedarse dormida otra vez con la esperanza de no volver a despertar, pero su sueño fui arruinado, ya que unas inmensas garras se cerraron sobre su cuerpo, y ella chilló del terror.

"¡Hey, tranquila!" – la voz del extraño era muy gruesa – "¡Vengo a ayudarte!"

Perla miró al supuesto agresor, era una lechuza.

"¡No!" – exclamó ella – "¡No me toque!"

"¡Pero señorita, usted está herida!" – señaló la lechuza.

"¡No, no quiero que me ayudes!" – gritó Perla.

"¡Discúlpeme por esto, pero quiera o no, la voy a ayudar!" – exclamó el extraño, volando y llevándose a Perla con él.


Blu abrió lentamente sus ojos y se dio cuenta de que estaba recostado sobre una suave superficie. Una cama.

Se estiró perezosamente, y su dolor de cabeza ya no estaba. Se tocó la frente, tenía un trapo mojado con agua helada, al parecer había tenido fiebre.

Se puso de pie, y descubrió que estaba en una especie de choza, era más bien como un toldo muy grande. Caminó por un pequeño pasillo y encontró la puerta, asomó la cabeza hacia afuera y vio algo que no esperaba, había un ejército de armaduras móviles marchando entre medio de los edificios de la "ciudad", que, básicamente, se trataba de casas ubicadas entre los altos árboles.

Blu estaba por salir de la choza, pero alguien lo agarró por atrás y lo derribó con facilidad.

"¿Qué crees que haces?" – preguntó la armadura móvil de voz femenina.

"Amh… quiero salir…" – murmuró Blu, impactado.

"¿Crees que te recibirán con alegría? Ni siquiera te conocen, podrían matarte en el acto" – le dijo ella.

"¿No saben que estoy aquí?" – preguntó Blu.

"No lo se los he dicho todavía, estoy esperando a que mi padre llegue"

"¿Tu padre?"

"De hecho ya está aquí, pero quiero hablarte de ti con él en privado, pero no debe verte hasta entonces" – dijo la voz femenina.

Una gran armadura móvil se subió a una alta roca.

"¡Hermanos guerreros, ciudadanos de la ciudad de Amkatar, les vengo a informar que hemos ganado la guerra contra el clan Rage!" – exclamó el general de las armaduras, pero por alguna razón nadie expresó alegría, ya que la mayoría de los hombres se habían marchado a la guerra – "¡Tras dos años de sangrientas batallas, por fin todo ha acabado, y el clan Rage conoció su destrucción ayer a la madrugada!"

Blu se asomó un poco más para escuchar mejor.

A continuación, el general sacó un gran pergamino, lo abrió y comenzó a nombrar a los machos del clan que murieron en la guerra.

A Blu se le rompió el corazón al ver que varías hembras lloraban por la muerte de sus esposos y por los niños que perdieron a sus padres.

También mencionó que entre todas las ciudades del clan Fenrir se habían reportado más de un millón de guerreros, de los cuales sólo volvieron cincuenta mil con vida, ya sea heridos, sin una pata, sin una ala, ciegos o con muchas cicatrices. También muchos guerreros se volvieron locos al ver tanta sangre en dos años. Blu maldijo las guerras.

"¿Cuántas ciudades tiene este clan?" – preguntó Blu con curiosidad.

"Cinco, de las cuales quedan tres" – contestó ella.

"Por cierto, no me has dicho tu nombre"

"Y no lo haré" – le dijo con frialdad.

Blu miró hacia adelante, y pudo descubrir que la gran armadura móvil se aproximaba a la choza, era hora de esconderse y rezar por que no lo mataran por ser un intruso.


Bueno, ¿les gusta?

Sé que es algo raro, pero ya se acostumbrarán.

Hasta la próxima actualización…