Cáp. 10: engaños (parte 2)
No sabía como explicar la sensación que le causaba andar de la mano por la calle con Inuyasha. Era tan extraño, que en todo el camino hasta la preparatoria pensó que era un sueño raro y sin sentido. El hablaba y hablaba, y no dejaba de sonreír en ningún momento, mientras que ella, le devolvía la sonrisa, asentía y trataba de prestar atención a las cosas que el decía, aunque le costaba escucharlo, ya que su mente estaba mas ocupada en analizar aun la situación que estaba viviendo.
Había pasado una larga semana, desde esa noche en que Inuyasha estaba en su cama durmiendo. Lo había perdonado, y hasta terminaron besándose. Al otro día, el fue a buscarla a su casa, la beso y le dijo en forma tierna, mientras la abrazaba que le quería mucho y ella, al sentir su corazón desboronado le había dicho que también lo quería y desde ese día, todo su mundo, había cambiado completamente, y en cierta manera, su mundo por extraño que sonara, estaba girando en torno a Inuyasha.
Los almuerzos con Sango y Miroku habían terminado, por que ahora su 'amigo con derechos' la esperaba siempre en una mesa aislada de los demás, y ambos tenían que aguantar las miradas interesadas de todos, hasta los gritos de Kikio, quien siempre tenia una palabra nueva que encontraba en el diccionario.
La rosa pegada en el casillero –que solía estar todos los días –ahora paso a ser un ramo, el cual, en vez de un poema, era una poesía, en la cual casi siempre terminaba con un te amo o eres lo mejor que me paso en la vida. La alegría y la vergüenza la albergaba cada día en la que el la recibía con los brazos abiertos. Y el cosquilleo en su estomago se intensificaba cada vez mas con cada beso o caricia que recibía de el. Era como un sueño en el mundo de al revés, el cual le costaba creer, pero a la vez, deseaba con sus fuerzas que fuera verdad, aunque sus besos siempre la hacían entender que era mas que un simple sueño y que en realidad estaba pasando.
Cuando pasaron cuatro días, de su hermosa amistad. El le pidió para que fueran novios, no dudo, ni lo pensó, dijo si al instante, sonriendo de oreja a oreja. Y ese fue el día, en que el le había dicho te amo, pero sin escribirlo en alguna carta. Y ese mismo día, fue cuando ella le dijo que estaba enamorada de el y que también lo amaba. Toda la preparatoria dejaron de mirarlos en los almuerzos o en los pasillos, ya que se habían acostumbrado a eso, aunque siempre había alguno que esperaba por Kagome o Inuyasha verlos pelear o hacerse alguna broma, que obviamente nunca pasaba, mas que besos y risas por parte de ambos.
Kikio se había rendido en tratar de separarlos, ya que era imposible. Ambos estaban siempre pegados, literalmente, claro. Su rimel siempre estaba corrido, ya que no aguantaba verlos juntos y terminaba llorando en los baños o en algún pasillo solitario. Trato de seducirlo, de llamarle la atención, pero ya nada servia… Inuyasha había olvidado a Kikio.
Sango estaba más que feliz con la pareja, mientras que Miroku no tanto, ya que le costaba entender el radical cambio de Inuyasha. Sabía que un hombre cambiaba por una mujer, pero no sabía que Inuyasha era capaz de hacerlo, ya que el tenia una personalidad bastante rara e indomable. Miroku jamás le contó a Sango sobre la broma de Inuyasha, ya que seguramente el se había quitado la tonta idea de hacer sufrir a Kagome y en verdad la quería, en realidad, le costaba entender a Inuyasha. Aunque fuera su amigo, sus acciones decían otra cosa de lo que en realidad pensaba.
Bajo las escaleras corriendo, con su mochila en su hombro y una sonrisa esplendida en el rostro. Saludo a su madre, comió un poco y salio corriendo nuevamente, esta vez no iba acompañada por Inuyasha, si no que por sus dos mejores amigos. Sango y Miroku. Apenas cruzo la puerta los vio peleándose. Se acerco a ambos lentamente.
– Hola –murmuro apenas. Ambos la miraron.
– Hola Kag –saludo Miroku, sonriendo. Sango lo miro de reojo y luego suspiro.
– ¿Cómo estas? –pregunto Sango, comenzando a caminar hacia el instituto. Kagome había quedado en medio de ambos y se sentía incomoda, ya que los nervios de ambos parecían querer entrar en ella.
– Bien, ¿y tu San…
– ¡Mal, pésima! –contesto antes de que terminara la pregunta. Kagome trago saliva y miro a Miroku, el solía ser mas tranquilo, así que mejor seria preguntarle a el, como estaba.
– ¿Y tu, Miroku? –devolvió. El largo un suspiro pesado, y miro a Kagome.
– Hasta hace mas o menos media hora estuve, feliz… pero ahora… -miro a Sango molesto –Estoy que mato a alguien –murmuro entre dientes.
– A-ah… pero…
– ¡Claro baboso! Estuviste feliz de ver a esa rubia tetona correr, ¿no? Y cuando aparecí…
Nuevamente había comenzando a pelear. Últimamente esas peleas tontas y sin sentido ya era casi una rutina. Siempre pasaba algo entre ellos dos, por lo cual debían de pelear. Si no era por el pervertido de Miroku, era un comentario baboso de Sango hacia algún muchacho que sale del gimnasio todo transpirado; y ahí, era cuando comenzaba a brotar los celos de ambos.
– Oigan chicos –los llamo Kagome, pero ambos la ignoraron -¡Maldición, parecen dos niños! –exclamo frustrada.
– Si, lo siento Kag –se disculpo Miroku, tan tranquilo como siempre.
– Lo mismo digo, Kag –repitió Sango –Si no fuera por el y su obsesión por la rubias tetonas, estaríamos riéndonos… -apunto con pesimismo, lanzándole miradas amenazantes a Miroku, quien enarco una ceja incrédulo.
– ¿Ahora me echas la culpa a mi? –Pregunto con sarcasmo, ella asintió y Kagome suspiro cansada –Escúchame bien, mi amor…
– ¿Ahora soy tu amor? –Interrumpió irónica -¡Claro! Ahora soy tu amor, luego de que lo fuera esa tetona que ni la hora te dio, ¿verdad?
– Opino que están peleando tontamente –replico Kagome, sin ser escuchada.
– Sango, ¿te das cuenta que esta pelea no nos llevara a ningún lado? –le pregunto serio.
– Es verdad, será mejor terminar –repuso asintiendo -¡Vamonos Kagome! –exclamo tomándola del brazo y comenzando a arrastrarla con rapidez.
– ¡Oye Sango, espera! –pidió Kagome, girando su rostro para mirar a Miroku, quien había parado en seco asombrado.
Pero Sango no la escucho, y simplemente la obligo a doblar en la esquina y continuar con su caminata más rápidamente y en un silencio incomodo. Sabia que su amiga había tomado una decisión tonta e impulsiva, era obvio que ahora, que estaba molesta no le dolería, pero en un par de minutos, quizás horas, cuando se diera cuenta de lo que había echo se largaría a llorar como una niña y no era para menos, Miroku era… su gran amor, como solía ella decirle.
– Nee Sango… -la llamo suavemente, esperando que ella la mirara, pero eso no sucedía –Creo que has tomado una decisión un poco impulsiva –opino tratando de seguir sus pasos.
Pero su amiga ni caso le hacia. Decidió callar, seguramente Sango estaba pasando por un momento de furia contenida y su mente estaba apagada momentáneamente, por lo que su cuerpo se movía por la molestia del momento. Capaz que si le tiraba un buen balde de agua fría, volvía en si… se mordió el labio inferior suavemente, quizás si nunca hubiera aceptado ir con ellos hasta el instituto, Miroku no hubiera visto a la rubia tetona y ambos estarían bien. Aunque como ahí tantas rubias en el mundo, no le hubiera sorprendido que la pelea fuese en otro lugar y terminara de la misma manera.
Entraron al instituto, acompaño a Sango a su clase y luego fue a la de ella, lentamente, sin apuros. Hoy no tenía ganas de estudiar y menos luego de presenciar una pelea tan dramática como esa, por un momento se le cruzo por la cabeza una película de amor, en donde los protagonistas por celos se terminaban matando… rolo los ojos, tantas cosas se le cruzaban por esa cabecita suya…
Comenzó a subir las escaleras, una por una, sintiéndose de repente cansada. Paro en el descanso unos segundos y luego cuando iba a continuar subiendo, vio a Miroku sentado en el escalón solo, con la mirada en los demás escalones.
– Miroku… -murmuro sorprendida Kagome, este levanto la mirada apenas y luego miro el suelo nuevamente. Esta se sentó a su lado, mirándolo de perfil -¿Estas bien?
– ¿Esta muy enojada? –le pregunto de repente.
– Algo –murmuro, luego suspiro –En realidad, demasiado –agrego convencida.
– Soy hombre y como tal, no puedo evitar mirar a una mujer –repuso el –Pero que mire a esa rubia, no quiso decir que me haya enamorado de esa…
– Pero Miroku, tu lo hiciste estando frente a ella –replico Kagome. El asintió.
– Si, fue un error muy grande –coincidió –Y me lamento, ahora es tarde para arrepentimientos… -murmuro triste.
– ¡No digas eso! –Exclamo Kagome –Sango dijo eso por que estaba molesta, suele ser muy impulsiva con sus decisiones, pero yo creo que no quiso terminar contigo…
– Pero…
Iba a replicar, pero luego sonrió. Sabia como era Sango, había aprendido mucho de ella con solo mirarla, y si algo sabia bien era que en su mirada siempre estaba ese toque que lo hacia sentirse feliz siempre. Sango quizás haya cometido un error con su decisión, por que el la amaba y ella a el, lo sabia por su mirada. Miro a Kagome con una sonrisa.
– Gracias –agradeció feliz. Esta sonrió.
– De nada –devolvió guiñándole el ojo –Ahora solo debes esperar hasta el recreo –apunto.
Ambos se levantaron, Miroku para ir a los pisos de abajo a su curso y Kagome debía seguir subiendo. Los dos llegaban tarde, pero por una buena razón.
– ¡Kagome! –lo llamo el, esta se giro ya arriba y Miroku subió corriendo –No debo de decírtelo yo, pero no quiero que tu estés como yo estuve recién…
– ¿Qué pasa, Miroku? –le pregunto preocupada.
– Inuyasha me matara, pero… -trago saliva duramente –Eres mi amiga, ¿no? –Ella asintió –Y si algo se, es que no quiero verte sufrir…
– ¡Ya Miroku! Me estas poniendo nerviosa, ¿Qué sucede? –le apuro, sintiendo de repente miedo por lo que el estaba por decir.
– Inuyasha en realidad no esta contigo por que te ama –lo tiro de una, sintiéndose aliviado de decírselo. Kagome abrió sus ojos sorprendida –Es… es… una broma que se desencadeno cuando tu… le hiciste una broma a Kikio…
– ¿Pero que…
– Los panfletos, ¿recuerdas? –Le pregunto, ella asintió apenas –Bueno, le dije que era una estupidez, pero el siempre termina haciendo de las suyas y… se puso como desafió y venganza…
– Enamorarme –completo con un hilo de voz Kagome. El asintió –Entonces, yo tenia razón… -murmuro tomándose de la cabeza –Ese maldito desgraciado estaba jugando conmigo…
– ¡En verdad lo siento! –Exclamo Miroku –Debí de decírtelo desde un principio, pero…
Kagome lo miro con una media sonrisa.
– Esta bien, Miroku –lo tranquilizo, poniendo una mano sobre su hombro –No te preocupes, no me molestare contigo. Los amigos siempre cubren a los amigos, y te entiendo…
– Pero Kagome…
– Iré a mi curso, llego tarde –interrumpió ella con voz ronca –Nos vemos en el recreo, ¡suerte con Sango! –entonces subió corriendo las escaleras, mordiéndose el labio inferior con fuerza, aguantando las inmensas ganas de llorar.
Trago saliva con fuerza, antes de entrar a su curso, a enfrentar a Inuyasha. No sabía como mirarlo sin largarse a llorar, aunque seguramente el mejor remedio era pensar que el muy maldito la quería para reírse de ella cuando estaba solo. Apretó sus dientes con fuerza, debería de tirarle con los libros o lo que haya en ese momento cerca de sus manos, pero lo mejor, en ese momento… era esperar y tranquilizarse para pensar mejor las cosas.
– Higurashi, llega tarde –repuso el profesor, sosteniendo una tiza con su mano derecha y un libro de cálculos sobre la otra.
– Si, lo siento –se disculpo entre dientes, mirando en donde se encontraba sentado Inuyasha, quien sonrío y le hizo señas a su lado, para que se sentara.
– Por esta vez la dejare entrar –hablaba mientras escribía. Kagome fue directo a sentarse aun lado de este y sonrió falsamente.
– Hola amor…
¡ahg! Eso había sido un terrible dolor en su pecho. ¿Cómo podía mentir tan bien el muy maldito?
– Hola mi vida…
Ella tan bien era una muy buena mentirosa si quería, y si el quería jugar a los mentirositos, pues iba a tener una mentirosa a su lado. El la tomo de las mejillas cuando el profesor comenzó a escribir el Pizarrón e intento besar a Kagome, pero esta le puso el dedo sobre sus labios y negó con una media sonrisa.
– Tengo los labios pintados –replico. Inuyasha enarco una ceja y ella se soltó del agarre.
– No están pintados –repuso –Tu nunca te pintas –agrego observándola.
– Practico para cuando lo haga –devolvió ella cruzándose de brazos.
– ¡Oh, vamos Kag! –Rogó pasándole un brazo por los hombros y besando la comisura de los labios –Solo un besito…
– ¡No!
Rolo los ojos y la soltó molesto. No entendía que demonios le estaba pasando, seguramente se había despertado con el pie izquierdo, aunque hasta ahora no la había visto nunca de mal humor, baa… ¿para que preocuparse? Seguramente no era nada extraño ese comportamiento de ella, hasta de seguro era parte de su personalidad tratar al novio de forma distante y mala.
De todas formas, estaba rara. Ella en las dos semanas que estuvieron juntos nunca lo trato mal ni le negó un beso.
– ¿Kag? –la llamo preocupado. Kagome lo miro de reojo –Estas media rara… -repuso frunciendo el ceño.
Ella gruño.
– Si no te gusta mi forma de ser, vete –replico de mala gana.
– Kag… -comenzó con un suspiro pesado –Eres hermosa –le murmuro. Ella no hizo ningún gesto, simplemente apoyo su rostro en la mesa –Y te quiero –cerro sus ojos con fuerza y tapo toda su cabeza con sus brazos.
Estaba aguantando las inmensas ganas de pegarle un zake y salir corriendo como una tonta, pero no podía, por que estaba segura que el la detendría, ya que era mas rápido que ella, además de que no aguantaría verlo a los ojos y se largaría a llorar y…
– ¿Tu me quieres? –le pregunto.
Kagome se mordió el labio con fuerza y comenzó a pensar que decirle, podría decirle que no y acabar con todo, pero si no, no habría venganza por esas dos semanas de mentiras. Aunque, si el seguía con la farsa después de tanto tiempo quería decir que el esperaba por la maldita fiesta en la playa para decirle a todo el mundo sobre la mentira, entonces se escucharía… risas, risas y mas risas. Pero, si le arruinaba sus planes, ella podría dejarlo a el humillado…
– ¿Me quieres? –insistió nuevamente besando su cabello. Kagome trago saliva.
– Si, te quiero –respondió con sarcasmo y sinceridad.
– Pues, yo no te quiero –repuso el. Kagome levanto rápidamente la cabeza y lo miro asombrada, siendo correspondida por la sonrisa burlona de el.
¿Podría ser que adelanto los planes y que hoy era el día en que quedaría humillada? Aunque, era medio raro, ya que estaban en clases y los chicos que estaban allí era poco y nada que les interesaba la relación que ambos llevaban. Bien, estaba lista para escuchar el resto de su vida carcajadas sin importar lo mucho que hiciera para hundirlo.
– No te quiero –repitió –Yo te amo –corrigió embozando una sonrisa de oreja a oreja. Kagome comenzó a toser con violencia, ya que se había ahogado con la saliva, entonces, aun tenia una pequeña…
¡Muuuaa!
Emitió el cuando le robo un pequeño beso a Kagome. Ella quedo con los ojos bien abiertos, ¿Cómo podía vengarse cuando el actuaba de esa manera? No podía creer que en verdad Inuyasha la estuviera engañando, cuando esa mirada transmitía… negó rápidamente y miro al frente. No podía dejarse engañar, seguiría con sus planes y haría que Inuyasha quedara como un completo idiota delante de todos.
– Hermosa… -murmuro el feliz.
O.o
Suspiro cansada mientras caminaba con lentitud hacia la cafetería, donde seguramente ya estaría repleta. Había ido a buscar a su amiga, pero esta ya no estaba. Según sus compañeras, ella estaba con un chico de tercero en el patio, ni siquiera tres horas llevaba separada de Miroku y ya andaba con otro, y el pobre de Miroku andaba triste por los rincones.
Salio afuera y ahí la vio, sentada sobre un chico rubio muy acaramelados. Rolo los ojos y comenzó a acercarse a ambos, se planto frente a ella, captando la atención de ambos.
– Kagome… -murmuro asombrada Sango.
– Nena, deja de hacer estupideces y ven para acá –replico tomándola del brazo. Su amiga casi cayó al suelo al tratar de levantarse, y luego se despidió del chico, agitando la mano y sonriéndole como una picara. Kagome la condujo hasta el árbol de cerezos y la obligo a sentarse allí.
– ¿Qué paso, Amigiss? –le pregunto sonriente. Kagome la miro seria.
– No hace ni un día que te separaste de Miroku y ya andas con otro –le reprocho. Sango encogió los hombros y miro al chico rubio, guiñándole el ojo -¡Ya deja de hacer eso! El pobre de Miroku anda muy mal…
– Me importa muy poco lo que le pase –repuso mirándola –El mira a todas las chicas que se le crucen, ¿acaso yo no puedo hacer lo mismo? –le pregunto.
– Si, bueno, no… -luego frunció el ceño –Sango, si tienes novio, solamente debes tener ojos para el… -dijo con seriedad. Sango frunció los labios –A Miroku ya lo regañe, así que ahórrate las palabras…
– Okeii, ya entendí –la tranquilizo –Pero, yo ya no quiero saber nada de el –repuso.
– ¿Por qué no?
– Me gusta ese rubio –señalo. Ambas lo miraron y el muchacho le mando un beso a Sango, quien le mando otro.
– Ya veo, pero Miroku… -dejo las palabras en el aire, al momento que un chico morocho cruzaba por delante de ambas. Sango miro a Kagome y luego al chico a quien miraba –Bankotsu no puede ser tan lindo –suspiro mordiéndose el labio inferior.
Sango le pego un codazo y Kagome la miro de mala gana.
– ¿Qué paso? –le pregunto enarcando una ceja.
– Si tienes novio, solamente debes tener ojos para el –repitió Sango con una sonrisa victoriosa. Su amiga rolo los ojos.
– Esa frase es exclusivamente para ti, no para mi –replico cruzándose de brazo.
– Ya, claro –murmuro rolando los ojos –Tu tienes novio, así que no se que es lo exclusivo…
– Si es que se lo puede llamar novio –repuso ella en un murmullo. Sango la miro interesada –No, nada. Mira… debes hablar con Miroku –le ordeno.
– ¡A, no! Claro que no, señorita –negó levantándose lentamente –Termine con Miroku, ahora… ando con William –aclaro –Y dile a Miroku que no intente nada para volver conmigo, por que será una perdida de tiempo...
Y sin decir más, se alejo de allí. Sentándose nuevamente en las piernas de aquel chico, quien la recibió con los brazos abiertos. Quizás, debería de hacer lo mismo, buscar un chico interesado en ella, y claro, ella en el; comenzar una pequeña relación, pero claro, hacerlo en lugar publico, ya que así la verían los del instituto y no tardaría nada en que pase la cadena de los chimentos, hasta que finalmente llegara a los lindos oídos de Inuyasha, entonces, el que quedaría como un idiota seria el…
Frunció los labios y miro al chico que caminaba nuevamente para donde ella se encontraba, quizás, debería de empezar antes de la fiesta en la playa, ya que allí se podría desencadenar todo. Se humedeció los labios al momento en que sus miradas se cruzaron, el sonrió levemente y lo mismo hizo Kagome, dándole miradas provocativas…
O.o
-– Le tuve que rogar para que me besara –le contaba frustrado Inuyasha, caminando hacia el patio junto con Miroku. Este suspiro.
– Bueno, pues este no es mi mejor día, tampoco –repuso sin prestarle atención a su amigo quien hizo una mueca.
– ¿Pero que le pasara? Nunca me negó un beso, ni siquiera me grito –murmuraba pensativo -¿Se estará dando cuenta?
Miroku miro sorprendido a Inuyasha, quien iba hablando solo acerca de Kagome. Entonces frunció el ceño y decidió prestarle un poco de atención.
– Perdón, amigo. Estoy en mi otro mundo –se disculpo con una sonrisa -¿Qué paso con Kagome? –le pregunto.
Inuyasha suspiro.
– Que anda extraña, no me quiere dar beso, ni siquiera me trata bien –le contaba. Miroku trago saliva nerviosamente, si quiera Kagome podría haber actuado un poco –Seguramente se entero sobre la broma… -murmuro pensativo.
– ¡Cla… claro que noo! –se interpuso nervioso Miroku. Inuyasha lo miro frunciendo el ceño –Di-di-digo… ¿Quién podría contárselo? –titubeo. Su amigo se puso serio unos segundos y luego asintió.
– Uhm si, tienes razón –coincidió saliendo al patio, mirando para todos lados para buscar un lugar -¿Quién podría decírselo? Después de todo, solamente nosotros dos lo sabemos…
Miroku suspiro y decidió callar un momento. Por un momento pensó que Inuyasha había sacado conclusiones, pero no fue así. Se rasco la nuca aliviado, mirando debajo de algún arbolito para poder descansar y…
– ¿Kagome?
Inuyasha lo miro interesado.
– ¿Qué? –le pregunto.
Pero Miroku no le contesto, Inuyasha siguió con la mirada lo que su amigo miraba y entonces enarco una ceja molesto, ¿Kagome estaba con Bankotsu? Apretó sus puños molesto, ¿Qué estaban haciendo juntos? Además de todo, ¿Qué hacia Bankotsu acariciándole la mejilla?
Sin esperar mas tiempo comenzó a caminar con pasos amenazantes hacia la parejita, sin que ambos se dieran cuenta. Miroku lo trato de detener, pero era tarde, el ya se encontraba delante de ambos, mirando amenazante a Bankotsu.
– Inuyasha… -murmuro Kagome asombrada.
– Idiota, quítale tus asquerosas manos de su rostro –advirtió Inuyasha furioso.
¡Se adelanto los planes! Pensó con horror Kagome.
– ¿Y tu quien eres para decirme que hacer? –le pregunto este levantándose, junto con Kagome.
– Soy su novio, imbesil –contesto apretando mas su puños, preparándolos para proporcionar un golpe si era necesario.
– ¡Inuyasha, cálmate! –pidió Miroku, tomándolo de hombro.
– No se nota –repuso Bankotsu con una sonrisa –Si ella tuviera novio, no hubiera dejado que la tocara…
– ¡Maldito! –gruño yendo contra el, pero Kagome se metió en el medio.
– Déjalo Inuyasha –pidió seria.
– ¿Lo estas defendiendo? –pregunto ofendido.
– Si, déjalo en paz –contesto molesta –No estábamos haciendo nada, el solo dijo eso para provocarte –replico mirando a Bankotsu –Vete –le ordeno. Este le dio un beso en la mejilla y sin decir mas se alejo de allí.
– Estaba tocándote –bromo Inuyasha. Kagome rolo los ojos.
– Tenia la mejilla manchada –repuso –Me estaba limpiando…
– No fue eso lo que vimos con Miroku, ¿verdad? –le pregunto mirándolo, pero Miroku se encontraba mirando otra cosa mas interesado. Ambos lo siguieron con la mirada y Kagome se tapo la cara con la mano, mientras que Inuyasha simplemente enarcaba una ceja.
– Creo que no fui el único que estaba con otro –repuso mirando a Sango como besaba a
Aquel chico.
Kagome se acerco a Miroku y puso una mano sobre su hombro.
– Sango no sabe lo que hace –le murmuro. Este la miro de reojo y negó con su cabeza.
– Si, ya veo –murmuro sarcástico, yéndose para otro lado. Kagome suspiro y miro con lastima a Miroku irse.
– Pobre Miroku –dijo triste. Inuyasha se acerco a ella y paso un brazo sobre sus hombros. Esta rolo los ojos.
– Eso le pasa por mujeriego –repuso burlón. Kagome se alejo de su abrazo y lo miro molesta.
– Mira quien habla –devolvió irónica, yéndose para dentro del instituto. Inuyasha encogió los hombros.
– ¿Y ahora que dije? –se pregunto así mismo, mirando por donde se iba Kagome.
O.o
– ¡Mi corazón latía tan rápido que pensé que iba a morir! –exclamo con exageración poniendo una mano sobre su pecho y mordiéndose el labio inferior con fuerza. Kagome carcajeo con ganas y su amiga la miro molesta -¿Qué es lo gracioso?
– La cara de tonta que pones cada vez que hablas así –carcajeo. Sango rolo los ojos y se cruzo de brazos, mirando como pasaban los chicos por el pasillo.
– ¿Sabes de que me entere? –Comenzó nuevamente, Kagome la miro interesada –Al parecer en tercero va a ver un nuevo alumno…
– Bueno, no es algo que me interese demasiado –repuso con sinceridad, mirando por el lado opuesto al que miraba a Sango, entonces sus ojos se abrieron de par en par y su boca se abrió levemente. Por el pasillo venia un muchacho, con pelo cortó plateado, alto y fachero. Kagome lo seguía con la mirada, las chicas iban detrás de el suspirando, pero a este parecía no importarle demasiado, ya que iba con pose tranquila, con sus manos metidas en sus pantalones.
– ¡A que no sabes quien… -se cayo de repente al mirar al muchacho a quien Kagome miraba –Wow –emitió apenas, sorprendida -¿Quién es? –le pregunto. Esta negó.
– Debe ser nuevo –murmuro encarnizada. De pronto, el muchacho giro su rostro y mirando a ambas chicas, Kagome pego un respingo y se sonrojo al instante, desviando su mirada para otro lado, mientras que Sango seguía observándolo.
– ¡Mira, mira! –exclamo Sango. Su amiga miro al muchacho y en ese momento este se quito los lentes, y le mando un beso a Kagome -¡¡Aaah!! Me muero…
Sango amago con tirarse al suelo, mientras que su amiga seguía en esa misma pose, sorprendida y sonrojada. Las chicas miraron de mala gana a Kagome aun no reaccionaba.
– ¿Has visto lo que yo vi? –Le cuestiono, Kagome asintió apenas -¡Te mando un beso! Debemos averiguar quien es… -murmuraba Sango misteriosa, mirando por donde se había ido el chico.
O.o
Miraba por la ventanilla del autobús aburrida. Iban de paseo hacia la playa, donde hacían la mejor fiesta del año. Bebías todo lo que querías, podías entrar al mar, hacer todo lo que se te ocurriera en ese momento. Le tuvo que rogar, llorar y hasta amenazar con suicidarse a su madre para que la dejara ir, todos los años era un problema ir.
Suspiro y miro a su amiga escuchar música y moverse sobre el asiento con los ojos cerrados. Al parecer, ella la estaba pasando bien. Miro a los asientos del frente y pudo ver a Inuyasha dormir sobre el hombro de Miroku, quien iba pegando su cabeza suavemente contra la ventanilla. Era la única que estaba despierta a las tres de la mañana…
– Y yo que pensé que los de tercero iban aparte –murmuro Kagome –Que molesto…
– ¿No puedes dormir? –cuestiono una voz. Esta giro su rostro asustada para el pasillo –Lo siento, te asuste –se disculpo con una sonrisa.
Es el chico nuevo… -pensó mentalmente. Entonces, sonrió.
– No esta bien…
– Quizás, un vaso te jugo te sirva… -repuso extendiéndole el vaso. Ella acepto y le dio un sorbo.
– ¿Tu tampoco puedes dormir? –le pregunto. El hizo una mueca.
– Me cuesta hacerlo cuando tengo de acompañante un roncador –contesto tranquilamente. Kagome rió levemente –De todas maneras, no tengo sueño. Estoy muy aburrido para dormir…
– Yo también –coincidió esta. El sonrió ampliamente.
– Podríamos charlar un rato, ¿Qué te parece? –le propuso. Kagome asintió al instante.
– Le dire a Sango que vaya a sentarse a tu lugar –repuso ella.
– Si quieres, puedes...
Antes de que el chico terminara de hablar, Kagome ya le había quitado lo audífonos a Sango, quien exaltada le había pegado un codazo a su amiga.
– ¡Perdona, Kag! –Se disculpo –Es que… -luego giro su rostro mirando al chico –Aah, ya entiendo –asintió picara -¿Quieres que me vaya?
– Puedes sentarte con Shikamaru –le dijo el. Sango asintió.
– Sin problemas, mientras sea un chico lindo… -se levanto de lugar junto con su bolso y dejo que el chico se sentara -¿En donde te sientas? –le pregunto.
– Tres asientos más atrás –contesto. Sango hizo unos pasos y pudo ver quien era su acompañante.
– Ya me caíste bien, chico nuevo –Sonrió la castaña –Soy Sango y ya conoces a Kagome…
El asintió.
– Soy Sesshumaru, un gusto…
– Bueno, tortolitos, los dejo solos –murmuro -¡No hagan nada raro!
Kagome rolo los ojos y Sesshumaru rió levemente.
O.o
La vio correr hacia los baños llorando, empujando a todos a su paso. Rolo los ojos cansado, odiaba esa clase de escenas, ¿Por qué las mujeres lloraban por todo? Había sido una simple broma, nada de otro mundo. A su lado estaba Miroku, con cara seria, reprochándole con la mirada su conducta, por lo que el simplemente ignoro a su amiga y se dispuso a observar el baño en donde se encontraba ella llorando. Escuchaba sus sollozos, sus pequeños grititos y lo único que causaba en el, aparte de lastima era risa, nunca pensó que la broma le saldría tan bien.
– Te pasaste –le reprocho Miroku. Este suspiro.
– ¿Estas de mi lado o del suyo? –le cuestiono molesto.
– Eres un maldito egoísta –continuo –Luego no te enojes si ella hace lo mismo contigo –le replico. Inuyasha rolo los ojos.
– Lo que digas, Miroku –hablo sin restarle atención. Entonces, golpeo la puerta del baño con brutalidad -¡Deja de llorar, niñata! No era para tanto –le grito.
Luego de unos minutos, salio ella, con sus ojos hinchados y rojos. E Inuyasha aguanto las inmensas ganas de reírse de su cara de tonta.
-Prepárate para tragar tierra, Taisho –amenazo, mirándolo fulminante. Este le lanzo un beso y salio del baño.
– Niña tonta…
Abrió sus ojos lentamente, tallándose uno de ellos mientras observaba todo a su alrededor. Estaba en completo silencio, solo el ruido del motor se escuchaba. Miro a su lado y vio a Miroku dormir sobre su hombro todo baboseado, mientras que murmuraba algo que no lograba comprender, con brutalidad corrió su cabeza y lo tiro del lado de la ventanilla, mientras que trataba de limpiar su camisa mojada. Miro a su costado, allí estaba la chiquilla de su novia y…
Pestaño varias veces confundido, observando bien. ¿Acaso, el que estaba alado de Kagome era…? No, no podía ser. Se inclino sobre su asiento y observo al chico que estaba abrazando a su novia, era…
– Sesshumaru –murmuro sorprendido, tirándose de golpe sobre su asiento, causando que Miroku despertara exaltado…
