N/A: Por fin nuevo capitulo, dedicado a todos ustedes que leen y querian una dosis más de ternura. Enjoy

Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.


Hazte Cargo

Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.

*

Manejaba demasiado lento para mi gusto, pero lo había prometido. Anne viajaba en el asiento trasero y desde el incidente con la niña, Blanca Nieves, no había vuelto a musitar palabra. Me preguntaba si tal vez… hubiera estado mal actuar de esa manera, después de todo, la niña no era nada mío y no tenía derechos para hablar por ella.

Apreté un poco el acelerador y mis manos tomaron con más fuerza el volante.

¡Dios! ¿Qué más podría haber hecho? Blanca Nieves había disfrutado del llanto de Anne, después de sus insultos y gritos.

Esa pequeña delincuente ya había sido capas de tirarla desde un tobogán. Quién sabe cual era el próximo paso en su plan.

Desvié mis ojos hacia el espejo retrovisor y observé a mi acompañante. Estaba tranquila, observando fijamente el paisaje, sus manitas juntas reposaban sobre su regazo ¿Siempre era tan callada?

Carraspeé mi garganta en un intento de atraer su atención. Sus ojitos se posaron sobre el espejo.

-¿Estas bien?- pregunté. Ella, simplemente, se encogió de hombros.

¿Y que diablos significaba eso? Un "sí Edward, estoy bien" o un "no ves que tengo ganas de llorar". ¡Mierda! Hasta podría ser un "Edward, cierra tu maldita bocota y déjame meditar en paz".

Suspiré, ¿Por qué no había un manual dónde explicara como interpretar a un niño?

Giré a la derecha y entré a la calle de Bella.

Tal vez estuve mal al gritarle a esa niña…yo no era nadie para Anne. Tan solo un conocido más de su madre… no, corrijo, "Soy el tipo que se quiere robar a su mamá". No pude evitarlo y sonreír ante el recuerdo, sin duda Bella había hecho un buen trabajo al criarla… sola.

La sonrisa se borró de mis labios y todos los músculos de mi cuerpo se contrajeron. Aun me quedaba pendiente una larga charla con Bella.

Estacioné el volvo frete a su departamento y fruncí el ceño, por más que lo viera de día, el lugar seguía siendo feo e inseguro. Nada apropiado para que Bella y su hija vivieran aquí.

Bajé del auto y abrí la puerta la puerta de Anne.

-Vamos pequeña, es hora de ver a tu mamá- le dije mientras bajaba el oso y su mochila.

Musitó un simple sí, y bajó de un salto. Ya nada quedaba de la niña alegre que había salido esta mañana. Tragué saliva, espero que Bella no notara el estado de animo de su hija.

Empezamos a caminar hacia el departamento, cuando su vocecilla me habló.

- Edward….-musito tímidamente.

-Sí, Anne ¿pasa algo?

-No…no yo...quería que tú, bueno si no lo quieres, entonces está bien, pero yo quería qué tuvieras no sé….- era tan gracioso verla divagar, sus largos bucles se mecieron cuando estrujó entre sus manitas un paquete de color rojo.

-Cálmate y respira- ella siguió mis indicaciones-. Bien… ahora, ¿qué eso que me ibas a contar?

-Yo… yo… esto es para ti- dijo y extendió su mano con el paquete.

Mis ojos se abrieron como platos y tuve que dejar pasar unos segundos antes de hablar.

- ¿Se… seguro que es para mí?

-¡Sí! Iba a dárselo a mi mami, pero… como ella no fue, te lo quiero dar a ti- dijo y bajó su cabeza cuando sus mejillas se sonrojaron.

-Pero… pero igual se lo puedes dar cuando entremos ¿No te parece?

-Sí… pero yo quiero que tú lo tengas, es para ti, por… por hablarle así a Sofía- cuando mencionó a la niña frunció levemente su ceño.

No podía rechazar el regalo de una niña de cuatro años, así que se lo agradecí y lo guardé en la guantera del auto.

- Muchas gracias por pensar en mí- le dije con una sonrisita-. Lo abriré apenas llegue a casa- y comenzamos a caminar.

Era un gran alivio el saber que la niña no estaba molesta conmigo. Y estaba deseando llegar pronto a casa para saber de que se trataba su regalo.

Subía al piso de Bella con una Anne más sonriente y con mi conciencia más tranquila.

Bella, en unos jeans lavados y una remera azul, nos abrió la puerta. Aun tenía esas pronunciadas ojeras debajo de sus ojos y su nariz estaba tan roja como la de Rudolph*, sin duda su resfriado aun no había pasado, pero… eso no era impedimento para que la garganta se me secara y un extraño cosquilleo me revolviera la parte baja de mi estomago.

- ¡Vamos Edward!- me dije internamente-Solo se trata de la misma chica que ves todos lo días y nuca te ha llamado la atención.

Eso era muy cierto, la Bella Swan que yo conocía nunca me había inspirado más que un mutuo respeto laboral. Pero la Bella que yo veía, no calzaba jeans sino esos grandes trajes de secretaria, el pelo siempre lo llevaba en una coleta alta, no suelto y despeinada como ahora ¿y dónde diablos había dejado sus lentes?

Dejé la bolsa y la mochila en una de las mesas de la entrada y las seguí a la cocina.

-Dime, cielo ¿cómo te ha ido en la guardería?- le preguntó Bella mientras la sentaba en la encimera. Aun su voz se oía algo pastosa.

-Emm… bien, mami… no me confundí ni una sola vez, y la señorita Leah dijo que lo había hecho ¡Excelente!- exclamó contenta.

-Te felicito pequeña, aunque me hubiera gustado estar ahí- dijo mientras pasaba una mano por la mejilla de la niña.

Me aclaré la garganta.

- Saque algunas fotos con mi teléfono, supuse que querrías tener algún recuerdo de Anne.

-¿En serio? ¡Oh! Muchas gracias Edward, me encantaría verlas, es un lindo detalle. Gracias.- ¿Por qué la Bella que yo veía no sonreía así?

-Sí- dije con voz ronca y le pase mi Blackberry.

-¡Oh Anne! Estás hermosa- le dijo a su hija y yo sonreí.

-¡Mamá era un oso!- dijo seria y cruzó sus brazos.

-Pero eras el oso más lindo que yo haya visto.

-¿Cuántos osos has visto má?

-Eh… bueno, la verdad no muchos, pero te aseguro que no todos lucen tan lindos como tú.

-¡Eso es mentira!

-La verdad… es que yo pienso igual que Bella eras un oso muy lindo, allí arriba- ella musitó un gracias y bajó su cabecita.

Seguimos viendo las fotos y explicando la obra, cuando el teléfono comenzó a vibrar en las manos de Bella.

-¡Edward!- dijo en un gritito asustado.

-Disculpa, debo atender- tomé, el teléfono y me dirigí a la pequeña sala.

-Edward Cullen- dije mientras me paseaba por el lugar. Me resultaba demasiado pequeño si tuviera que vivir en lugar como este. Pensé

-¡Edwad, Hermano!

-Seth eres tú ¿Qué pasa ahora?- pregunté alarmado.

-¡Felicítame!-exclamó alegre.

-¿Por qué diablos tendría que hacer eso?

- Porque te acabo de conseguir a tú nuevo socio en un tiempo record- dijo seguro.

-¿Qué? ¿En serio? ¿Me estás bromeando?

-Edward, sabes que no bromearía con eso, y mucho menos en estos momentos.

-Pero… es que… es que ¿es en serio?

-Si acabo de convencer a Quil, para que se una a Cullen S.A.- dijo con aires de suficiencia.

-¡Oh mi Dios! ¡Esto no puede ser tan bueno!

- Pues créelo, porque así es. Pero necesito un par de papeles para cerrar el trato. Estuve llamando a tu oficina pero ni Bella ni tú me atienden.

-No, Bella se ha tomado el día libre y yo… he… he estado a fuera.

-Bueno eso es nuevo, tú nunca le das tantos beneficios a tu secretaria, ni dejas la oficina sola.

-Es que necesitaba hacer em… ciertos trámites.

-Bien… eso no importa ¡Ahora muévete y mándame esos papeles!

-Estaré en la oficina en quince minutos- dije mientras miraba mi reloj. Y corte la llamada.

Regresé a la cocina y me paré en seco ¿Por qué reaccionaba así cada vez que la veía? Al fin de cuentas seguía siendo la misma Bella.

-Disculpa, pero debo volver a la oficina.

Ella dejó lo que estaba revolviendo en la hornilla y clavó sus grandes ojos marrones en mí.

- Pensé que te quedarías a comer. Estaba haciendo pasta ¿Acaso pasa algo malo?

-No, solo son algunos papeles que necesita Seth.

-¡Oh! Lo siento, por mi culpa la oficina está vacía en estos momentos- dijo mientras se estrujaba sus manos

-Bella no es tu culpa que te enfermaras y gracias por la invitación será… será en otro momento ¿creo?

-Sí, seguro- musitó.

-¿Dónde esta Anne?- hablé luego de buscarla con la vista por toda la cocina.

-Fue a cambiarse y Edward, muchas gracias por cuidar a mi pequeña.

Tragué saliva.

- No… no hay nada que agradecer, fue divertido regresar a la guardería. Disculpa, debo irme ahora o sino llegare tarde, por favor despídeme de ella.

-Igual no era tu obligación llevarla. Gracias.

-No me lo agradezcas- en un extraño impulso deposité un beso en su mejilla-. Que te mejores.

-Sí, nos veremos mañana.

Y con eso salí de su departamento. Era el hombre más feliz del planeta al saber que las cosas iban mejorando. Pero… tenía la leve sensación de que había algo de que me había olvidado.

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Aceleré el paso mientras caminaba por la acera. Había sido una mañana particularmente difícil, ya no me sentía tan enferma, ni estornudaba como hace tres días. Pero mi cuerpo aun se sentía pesado, la nariz seguía estando húmeda y la cama era el único lugar donde me hubiera gustado estar.

Suspiré. Las cuentas no iban a esperar a que me mejorara, tenía que salir o salir a la calle.

Ingresé al edificio de Cullen S.A. y saludé amablemente a Sam, como todos los días. Luego de un par de explicaciones y un mejórate de su parte seguí mi camino.

Iba diez minutos retrasada, era la primera vez que llegaría tarde a la oficina. Sólo rogaba que Edward no se molestara. ¿Edward? Me di un golpe mental al pensar en mi jefe. Volvíamos a estar en la oficina, él era mi jefe y yo una simple empleada, no me podía tomar tantas libertades como para llamarlo "Edward". A partir de este momento, el volvía a ser el Señor Cullen y yo… bueno, yo seguía siendo Bella.

El ascensor abrió sus puertas en el último piso, coloqué el bolso sobre mi hombro y salí a afrontar a un nuevo día de trabajo.

Estaba a punto de abrir mi puerta cuando una aguda voz me llamo.

- ¡Bella!- gritó y el eco de su voz cargada de veneno resonó en todo el pasillo.

No hacía falta que me girara para saber de quien se trataba, solo una persona en todo el edificio era capaz de comportarse de esa manera. Bufé y giré sobre mis talones.

-¡Buenos días Jane! dime ¿qué puedo hacer por ti tan temprano?- era Jane Volturi la secretaria del Señor Seth Clearwater. Una pequeña e irritante mujer que se había dedicado complicarme la estadía en la empresa. Encontrarse con Jane, era como tener un piedra en el zapato.

-¡Ja! No te hagas la mosca muerta conmigo porque no te funcionará. Soy inmune a tu poder- fruncí el ceño, de qué estaba hablando esta vez. ¡Definitivamente estaba loca!

-Jane, porque no hacemos corta nuestra conversación y me cuentas qué quieres esta vez

-Lo sabía. Lo supe el primer día que pisaste esta empresa ¡Eres un buscona! Igual que todas esa modelitos que desfilan por aquí. Pero con un poco más de cerebro ¡Seguro que estarás contenta con lo que has conseguido!

-Podrías hablar claro- dije exasperada-. No puedo leer tu retorcida mente, así que me gustaría que me explicaras que eso de que estas hablando.

-Bella, no te hagas la tonta. Ya te dije que a mí no me engañas. Yo no soy uno de los tontos que cree que eres una simple mosquita muerta.

-¡Ya basta!- grité furiosa-. Tengo muchas cosas por hacer, como para estar soportando tus locuras tan temprano.

-¿En serio?- dijo con falso asombro-. Me sorprende que el jefe le diera tanto trabajo a su… novia. Bueno aun que pensándolo bien…- habló y se llevó un dedo a su mentón-. Seguro que tendrás nuevos trabajitos que realizar con Edward.

-¿Qué? ¿De qué hablas?- ella no… no había dicho eso, seguro que la palabra novio en esta conversación debía ser alguna alucinación provocada por los analgésicos.

-No finjas más Bella y déjame felicitarte, ya hasta te has tomado las libertadas y beneficios que incluyen ser la novia de Edward Cullen. Porque si no me equivoco, hace dos días que no pisas la empresa- convertí mis manos en puños y rechiné los dientes. Me mordí la lengua y levanté mi cabeza. No podía seguir perdiendo mi tiempo con las locuras de Jane, así que giré y me dirigí a la oficina dejándola sola y molesta en el pasillo.

Tiré mi bolso en la silla y abrí de un manotazo la puerta de mi jefecito.

-¡Edward!- dije con voz dura. Él estaba en su escritorio mirando un alto montón de papeles.

-¿Bella? estaba apunto de llamarte, pensé que hoy tampoco vendrías a trabajar y hasta había pensado en pasar a buscar a Anne y luego…

Levanté una de mis manos, para detenerlo.

- Te dije que hoy estaría en la empresa ¿no?

-Sé… pero pensé que te habías vuelto a enfermar y bueno… no es que me molestes que faltes, solo quería saber que estabas bien- dijo en un tono suave mientras se pasaba una mano por su alborotado pelo cobrizo.

¡Dios! ¿Por qué no actuaba así siempre? Concéntrate Bella- me reproché mentalmente- Debes aclarar eso de que sales con tu jefe. No pude evitarlo y un bufido escapó de mis labios, mientras me sentaba.

¡Ja! Cómo si Edward se pudiera fijar en mi alguna vez. Yo no me podía comparar en lo más mínimo a las novias de mis jefes. Ella eran modelos o actrices famosas, mientras que yo era Bella… su secretaria. Ella salían con el todos los fin de semanas a comer en lugares exclusivos o a bailar, mientras yo me pasaba viendo mi colección de películas de Disney y un gran tazón de palomitas entre mis brazos. Y lo más impórtate… ellas no tenían una niña a la cual mantener.

-Perdón si te molesto con tanto control, pero… pero es necesario para mi saber si dispongo de mi personal- él había malinterpretado mis gestos ¡Bella concéntrate!

-No, Edward, te entiendo y es mi deber avisarte si falto o no a mi trabajo. Pero no era a eso que venía.

-¿Ah no?- preguntó y se acomodó en su sillón.

-No, lo que yo quiero saber es ¿Por qué hay gente que dice que soy tu novia? No se suponía que era sólo por una noche eso… eso de que tú ¡Ay! ¡De lo que tú ya sabes!- grité exasperada.

- Sí, veras Bella…

-¡Dime que es lo que pasa Edward!- exigí ¿Desde cuando le habla en ese tono mi jefe?

Suspiró.

- Sí… se suponía que sólo era una pantalla para engañar a Sánchez, pero… ¡Mierda! Nunca conté con que los medios hicieran todo una novela de eso.

- ¿Qué… qué dices Edward?

- Será mejor que lo veas tú misma, toma- y me extendió una revista. Era una de las revistas amarillistas con mayor venta en Chicago.

En la tapa se vía a un reluciente Edward y… ¡Mierda! esa era yo.

Era una de las fotos que nos había tomado en la boda de Alice. Su brazo estaba alrededor de mi cintura su cara levemente inclinada hacia mi oreja y su perfecta sonrisa ladeada ¡Pero eso no era todo! Lo peor era el titulo en grandes letras rojas "Un amor en la oficina". ¿Qué diablos era todo esto?

Levanté mi cabeza para ver a un nervioso Edward tragar saliva y enlazar sus dedos.

- Página diez, la horrorosa columna de amor- dijo simplemente.

Automáticamente mis manos buscaron dicha página y mi boca se abrió del asombro. Había otra foto de nosotros. Tomada momentos antes de decidir que debía estar con mi pequeña y no con mi jefe, el dictador.

Estaba parada con el teléfono en mi oreja. Edward pasaba ambos bazos sobre mi cintura, su pecho pegado a mi espalda y su cara estaba muy cerca de mi rostro. La foto había sido tomada desde muy lejos así que no se distinguía nuestras expresiones, pero parecía una escena muy intima y una ola de calor invadió mis mejillas.

-¿Ya has llegado a la parte de nuestro… escape?- preguntó Edward ¿Qué? Si ni siquiera había leído la primera línea… Estaba muy impresionada con las imágenes .Si hasta pareciera que me estaba abrazaba con fuerza y murmurando algo al oído cuando en realidad me estaba reteniendo .Así que negué con la cabeza y busqué el articulo.

Hace unos días Chicago vivió una de las bodas más grandes del año. La reconocida diseñadora a nivel mundial Alice Culle, contrajo matrimonio, nada más y nada menos, con el famoso psicólogo Jasper Whitlock.

Pero sí, queridas lectoras, ya todos esto es noticia vieja para ustedes. Lo bueno, es que aun restan muchas cosas por revelar de la boda más esperada del año.

Como que el hermano menor de Alice, Edward Cullen, uno de los grandes empresarios y dueño de Cullen S.A. asistió a la celebración acompañado de su nueva señorita. Este chico, no es solo conocido por su suerte en los negocios, sino por su interminable colección de pretendientes, su dinero y buen cuerpo lo convierten en uno de los solteros más codiciados y a varias nos ha robado más de un suspiro su bella sonrisa.

Sin embargo, lo que llama la atención es la desconocida muchacha a quien llevo a un evento tan importe para la familia Cullen.

Su acompañante no seria otra más que su "secretaria". Como lo acaban de leer amigas, parece que a la joven Isabella Swan le ha brillado su estrella de la suerte y le ha tocado vivir su cuento de hadas con su jefe, Edward Cullen.

Isabella lleva solo seis mese trabajando para Cullen S.A., tiempo suficiente para que Edward terminara su relación con la modelo Tanya Denalie y la muchacha se ganara su corazón compartiendo su oficina, trabajo y algunos cafés.

Un dato jugoso para todas ustedes, sé que las imágenes hablan por si solas, pero al parecer la parejita no pudo aguantarse las ganas de tener su momento a solas… por lo que desaparecieron de la iglesia a gran velocidad en…

-¡Mierda!- dije y cerré bruscamente la revista. No podía seguir leyendo esas… esas- ¡Mentiras!- grité.

Esta era una de las peores columnas de esa revista, los pequeños datos amarillistas y la particular forma de contar, hacía que fuera imposible no leerla y que todas las mujeres siguiéramos como una especie de novela, lo que le pasaba a la gente famosa ¡Y ahora yo figuraba entre sus páginas! ¡Mierda!

-Es lo mismo que yo dije- habló bajito Edward, como si esperara una gran reacción de mi parte.

-¡Esto es tú culpa! Te dije que no estaba bien mentir. Pero tú y tú papel de jefe dictador me pusieron contra la espada y la pared. ¿Estarás contento con lo que lograste?- bramé furiosa, mientras lo taladraba con la mirada.

-¡Bella! ¡Bella! Sé que estuve mal. Y me siento peor que la basura por… por haberte obligado a hacer eso ¡A mentir! Pero entiéndeme, necesitaba pareja y tú me conoces… sabes que nuca seria capaz de hacer algo tan malo como para mandarte a la cárcel. ¡Bella, por Dios! Créeme.

- Ese es el problema, yo no te conozco. La primera vez que te vi fue el segundo día que pisé Chicago. Y… y eres mi jefe ¿qué quieres que piense cuando me amenazaste con llevarme a la cárcel, solo por negarme a salir contigo? ¿Cómo si me necesitaras? Solo hace falta que levantes tu teléfono y tendrás a medio Chicago a tus pies.

- Bella- dijo con voz suplicante.

- ¿Qué? es cierto. Llevo unos cuantos meses aquí y he perdido la cuenta de las mujeres con que has salido y he tenido que enviarles flores de tu parte.

- Bella yo…

- ¿Por qué no llamaste a Victoria, a Kate o a Tanya? ¡Dios! Si aquí dice que era tu última novia, y si mal no recuerdo lo pasabais bien en tu oficina. Hasta el día de hoy tengo pesadillas, donde se repiten esos ruidos y… Victoria… ¿recuerdas esa qué….

-¡Basta!- grito furioso, aunque un leve toque de rubor quedaba en sus mejillas-. Sé muy con quien he salido Bella, gracias por recordármelo-suspiró-. Pero esa noche… te necesitaba a ti, no preguntes por qué. Sé que estuvo mal el obligarte a asistir de esa manera y aun no me he disculpado como es debido. Pero quiero que quede claro que yo nunca quise que todo Chicago se enterara.

-Claro y por eso me llevaste a la boda y me presentaste como tu novia- bramé furiosa y me crucé brazos.

-¡No! Yo solo quería que mi familia y Sánchez te vieran como mi novia, nadie más.

-Y… ¿por qué? no lo entiendo…¿por qué yo?

-¡Ya te dije que no me preguntaras eso!

-Entonces ¿qué quieres que haga? ¿qué me quede tranquila y de brazos cruzados cuando todo el mundo piensa que estoy saliendo contigo y que quiero tu dinero?

-¿Quién te ha dicho eso? Eso no sale en el artículo.

-Nadie importante- dije y tragué saliva, aunque Jane era un gran estorbo en mi vida laboral, tenía principios y no iba a delatarla.

- Es de la empresa ¿no es cierto? Lo despediré ahora mismo, sólo dime su nombre y estará a fuera.

-¡No, Edward¡- grité horrorizada-. ¿Pero qué dices? A fin de cuentas… sólo hace nada más que reproducir lo que dice este… artículo- dije lo ultimo como si se tratara de una palabrota-. Ahora dime ¿qué es lo que vamos a hacer para desmentir todo esto?

-Por ahora… nada. Pero puedes ir preparando tus maletas- dijo mientras se paraba.


Rudolph*: El reno de la nariz roja, de la famosa historia de navidad.

N/A: ¿Qué me dicen, las he confundi un poco más? jaja

Este capitulo es más lago a pedido de ustedes. Como veran Bella no es la unica que oculta algo, Edward tambien tiene una pequeña historia que contarnos.

Y ahora... ¿Que pasara? por que tienen que hacer sus maletas, ¿se van e viaje? ¿La va a despedir? ¿Que era el regalo? ¿Que se olvido Edward?

Haaaa... son muchas preguntas que voy a revelar pronto, si me da el tiempo y la inspiración!

Besotes las quieroo!!