Re-editado 20/09/2016.

Recomendación musical: Karneval OST Soundtrack Requiem. Link en mi perfil.


Concediendo deseos


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(FLASH BACK)

Konoha

I

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—¿Tana…qué? ¡Ah! ¡Duele!

Esperar de Naruto una reacción acorde a un ninja de su edad, a quien se le encontraban atendiendo las heridas que tenía, era mucho pedir. Sus gestos y gritos eran similares a los de un niño de cinco años. Sakura se lamentó con gracias rememorando que sus pacientes de cinco años incluso eran menos cobardes que el futuro próximo Hokage.

— ¡Sakura-chan, eso fue cruel! —se quejó el rubio tachando de brusca a su pelirrosa amiga luego de haberle colocado un parche, con alguna esencia medicinal, en la mejilla con fuerza.

—Compensará un poco tu bruteza —expresó Sakura caminando hacia la vitrina por más utensilios. Aquella era su cuarta visita del mes. Naruto era un imán de heridas prácticamente estando tanto en misiones como en simples entrenamientos.

Yamanaka, quien se encontraba disfrutando de su turno libre, solo se reía de la desgracia ajena mientras seguía saboreando un caramelo.

—Ino ¿Qué no tienes pacientes que atender? —preguntó la discípula de la Hokage con cierto fastidio.

—Solo pasé a saludar —se excusó Yamanaka, riendo.

—Bien, pues ya saludaste. Puedes irte.

Naruto casi entró en pánico, estirando las manos hacia la rubia. La idea de quedarse solo con Sakura curando sus heridas solo podía significar que saldrías mas afectado que curado a juzgar por la manera en que le había colocado el parche.

—¡N-No por favor! ¡No me abandones aquí solo con Sakura-chan! —a la pelirrosa le brotó una vena indignada en la frente—. ¡Va a matarme! ¡Aaaay! —lloriqueó el shinobi sintiendo un pedazo de gasa adherirse a su espalda con fuerza. Naruto tembló al sentir el ardor sin estar preparado— ¡Arde!

—Agradece que soy yo la que te cura y no Tsunade-sama —confesó la pelirrosa, arrastrando una silla para colocarse detrás de la espalda del rubio y poder comenzar a atender esa área—. Ahora, cállate e inclínate hacia adelante—el rubio se erizó—. Naruto —su nombre en dos octavas más graves que su tono usual le hicieron entender que se trataba de un regaño. El suficiente para obedecer sin chistar—. Excelente.

Y mientras Sakura continuaba con su labor, Ino continuaba burlándose.

—Bien, como les iba diciendo, habrá un festival este domingo. El Tanabata.

Naruto alzó un poco la cabeza, perturbado y confundido.

—¿Qué es eso?

—Es el festival de las estrellas —se adelantó a decir la pelirrosa dándose cuenta que el de ojos zafiro no tenía idea de lo que hablaba. Suspiró—. En lugar de estar leyendo puro Icha Icha deberías informarte mejor sobre las festividades de la aldea —le regañó terminando la labor de desinfectar para proceder a suturar.

—Es como dice la frentezota —Sakura gruñó ante el apodo—. Es un festival donde se piden deseos gracias al encuentro entre las dos estrellas del cielo. Los amantes.

—¿Amantes? —volvió a preguntar Naruto.

—Ajá. Cuenta la leyenda que una princesa y un pastor se enamoraron a primera vista hace mucho tiempo. Ellos eran dos estrellas del cielo, sin embargo, el padre de la joven se molestó mucho al ver que ese amor les había llevado a ambos a descuidar sus obligaciones por lo que los separó —explicó Ino con un dedo alzado. Enfatizando y dándole más realismo a la historia.

—Oh, que cruel —soltó Uzumaki con voz acongojada. Sakura rió, e Ino pronto se le unió. Aquello era como si le estuviesen contando una historia a un niño pequeño—. ¿Qué sucede después? —la rubia soltó una pequeña risa antes de proseguir.

—Bueno. La princesa asistió a donde su padre y le suplicó volver a ver a su amado —hizo una pausa —. El padre se negó en un principio pero sabía que si no accedía a la petición de su hija, ésta no solo no haría sus labores correctamente sino que viviría infeliz por el resto de su vida en el cielo.

Ne, ne, Sakura-chan —la susodicha asomó la cabeza desde atrás indicando que lo escuchaba—. ¿Tú te sabes la historia también?

—Oye, aun no acabo —dijo Ino inflando las mejillas. Sakura asintió riendo.

—Si.

—¿Qué sigue después?

Yamanaka suspiró, resignada mientras dejaba descansar el cuerpo en el respaldo de la silla donde se encontraba, cediéndole la palabra a Sakura para que continuara con la historia en vista de que el rubio así lo prefería.

—Bien. Pues el Dios del cielo, Tenkou, el padre de la princesa Orihime, se compadeció de ellos diciéndoles que si ambos trabajan arduamente por todo el año siguiente les concedería verse solo un día, el siete de cada séptimo mes —Naruto frunció el ceño—. ¿Qué pasa?

—¿Solo un día? ¿Qué clase de promesa es esa? —ambas mujeres se miraron cómplices para luego reír. Realmente era como ver a un niño haciendo un berrinche ante una parte del cuento que no le había agradado.

—¿Quieres saber el final o no? —Naruto asintió aun con una mueca en los labios —. Bien, entonces...al reunirse de nuevo ellos se dan cuenta de que no pueden cruzar el río debido a las intensas lluvias de ese día. Es así cuando llegan aves de todos lados, facilitándoles el paso, haciendo un puente con sus alas para que de esa manera se pudieran ver de nuevo. Las aves prometieron regresar ese mismo día el próximo año para que así ambos pudieran volver a estar juntos —terminó de relatar la pelirrosa ya ocupándose de cubrir las suturas con gasa.

—¿Es todo? ¿Pero que hay si vuelve a llover el año entrante?

—Dicen que el amor de ellos fue tan fuerte que llegaron a conceder deseos —comentó Ino—. Por eso las personas comenzaron a escribir en tiras de colores para después colgarlas en ramas de bambú. En ellas pedían que no lloviera ese día en honor al amor que esas dos estrellas se tuvieron.

—¿Deseos?

—Sí, aunque ya últimamente la gente pide sus propios deseos esperando que las estrellas lo cumplan.

—Y de eso se trata el Tanabata —finalizó Sakura en un suspiro al mismos tiempo que finalizaba su labor—. Listo. Estás como nuevo.

—Bien, regresando a lo importante —reanudó el tema Yamanaka sacando su caramelo de la boca—. El festival será en dos días, ¿vamos?

—Tengo trabajo, Ino —la muchacha rodó los ojos ante la respuesta de su amiga.

—Esa es una excusa muy gastada, Sakura —se quejó volviendose para mirar al rubio—. ¿Tu irás? —Uzumaki se volteó un poco, asomando la cabeza por la camisa mientras se la colocaba de nuevo—. Puedes invitar a Hinata —sugirió la rubia con voz pícara—. Tu deseo puede ser que Hiashi-san te acepte como su futuro yerno —bromeó, sugerente mientras le guiñaba el ojo derecho.

—¡I-Iré! ¡La invitaré ahora mismo! —expresó emocionado, llegando a la puerta a zancadas, volteándose unos segundos para despedirse—. ¡Adiós Sakura-chan, Ino! —Y sin más desapareció ignorando el hecho de que debía evitar hacer movimientos bruscos. Evidentemente ni si quiera se le pasó por la mente.

—Se le nota en la sonrisa boba que lleva —confesó Ino volviendo a mirar a Sakura acomodar los utensilios médicos que había utilizado—. ¿Qué dices, Sakura? ¿Te animas?

—¿Crees que…? —el silencio las conmovió pero para Ino era evidente el resto de la pregunta sin necesidad de que ella la terminara. Sakura se propuso comenzar a sentir el agua del grifo correr y verse a sí misma como una corriente llena de incertidumbres. Mismas que se iban al final en un hoyo. Al final nunca decía lo que deseaba pero la simple ocasión de su amiga por invitarle, más la melancolía que le había ocasionado el contarle la historia a Naruto, le había despertado emociones—. ¿Crees que estaría bien invitar a Sasuke-kun? —de pronto la seguridad se rompe y Sakura no puede evitar cerrar las manos por encima del lavamanos.

—Bueno… —tosió Ino un poco antes de contestar— podrías intentarlo pero…

—A él no le gustan este tipo de cosas —dice Sakura adelantándose a los hechos. Se entristece pues ella misma se sabotea—. Seguramente dirá que no —dice con una sonrisa apagada.

—No pierdes nada con intentarlo.

—Gracias, Ino.

Esa misma noche era el turno de Sakura por montar guardia en el hospital.

Desde muy temprano, tras atender a su último paciente de la tarde, se propuso dejar todo en orden. La quietud de los pasillos a esas horas, a diferencia de la gran cantidad de movimiento que existía durante la mañana, le resultaba tranquilizante.

La oficina de Tsunade, en el hospital, no distaba mucho de la que tenía en la torre principal del Hokage. Ambas eran un completo desastre administrativo. Las montañas de papeles adornaban, inclusive, hasta el suelo. A esta hora, en quizá un par de años más, no se sorprendería al imaginar a Naruto siendo de la misma manera.

Suspiró resignada comenzando su labor de acomodarlos. Le hacía bien entretenerse en lo que restaba de la noche, así podía evitar pensar en cosas melancólicas. Pudo haber seguido conservando ese ritmo de no ser porque se comenzaron a escuchar ruidos extraños provenientes del piso de abajo, justo desde su consultorio. Afortunadamente Sakura recordaba haber cerrado la ventana esa noche por lo que, al asomarse desde la de Tsunade, fue fácil deducir que alguien se había metido sin permiso.

Estaba abierta.

Rápidamente se puso alerta y aunque intentó percibir chakra, mientras ocultaba el suyo, no pudo distinguirlo. Eso le daba la idea de que se trataba de alguien, también, habilidoso.

El ruido volvía a producirse cada vez con más insistencia.

"Un gato no es capaz de hacerlo dos veces" —pensó ante la posibilidad de que fuera un animal, lo cual descartaba ahora que volvía a escuchar el ruido. Apaciguando la inquietud de la noche se trepó por la ventana de la oficina de Tsunade para llegar a la suya. Con solo concentrar chakra en sus pies fue capaz de lograrlo, casi quedando al borde del marco de abajo. Miró rápidamente al interior y, en efecto, pudo ver una sombra moverse ahí —"No en mi turno" —se dijo así misma saltando hacia adentro para quedar frente al ladronzuelo. Fuese quien fuese no le iba a importar propinarle unos buenos golpes. Sin embargo su sorpresa no cupo dentro de ella al darse cuenta de quien se trataba —. ¿Sa-Sasuke-kun?

Como si hubiese sido descubierto realizando algún jutsu prohibido, Sasuke se estremeció al visualizarla para luego fruncir el ceño.

—Por Dios, Sakura, me vas a dar un infarto —expresó él volviendo a lo suyo.

Sakura permaneció ahí, de pie, mirándolo por largo rato tardando en percatarse de sí misma, viéndolo como una idiota. Sacudió la cabeza ante esos pensamientos caminando hacia él.

—¿Q-qué haces aquí? —preguntó temerosa pero no hubo necesidad de cuestionarle más al verlo con detenimiento. El brazo de Sasuke sangraba desde una herida no tan profunda pero si lo suficiente para que necesitara suturar. Notó sus manos inquietas y desesperantes revolver todos los instrumentos de su bandeja médica, misma que ahora se encontraba en el suelo tras, seguramente, tirarla por error. La conclusión llegó a ella con demasiada rapidez: Estaba intentando curarse él mismo—. Tú… ¿Tú tiraste la bandeja? —el muchacho pasó de su pregunta ante lo evidente pero si alcanzó a tensarse al sentirse observado.

Sin embargo Sakura sabía que estaba haciendo las cosas completamente mal.

No era cuestión de que ella fuera medic-nin para haberse dado cuenta de que Sasuke no tenía idea de lo que estaba haciendo.

Sakura frunció el ceño al verlo, por sí solo, tomar únicamente una venda y colocársela -de manera incorrecta- alrededor del brazo. Sin técnica o teniendo cuidado. Incluso sin haberse limpiado la herida.

Se acercó a él, sujetándole el brazo.

—Suéltame —gruñó el muchacho.

—¿Qué crees que haces? ¿Ni siquiera vas a desinfectarla? —espetó ella en tono de regaño, sin siquiera reparar en la actitud tan hostil, ya de por si, cotidiana de él al intentar apartarla. Sasuke la miró con una seriedad severa—. Yo te curaré.

—Olvídalo, no necesito nada de ésto.

—¿Y que haces a media noche en mi consultorio como un ladronzuelo sin experiencia? —Uchiha se avergonzó un poco—. Anda, deja de ser tan terco y siéntate en la silla.

—No necesito tu ayuda, Sakura.

—Dije siéntate —le reprendió ella, alzándole la voz. Sasuke la miró y luego miró su brazo. En su departamento no tenía nada con que, al menos, apaciguar el dolor. Le había resultado fácil pensar en escabullirse en el hospital de Konoha y tomar un par de vendas para, al menos, no sentirse tan descuidado. Sin embargo no contaba con que el consultorio, al que había decidido escabullirse, fuese de su compañera de equipo. Gruñó, enfadado consigo mismo y también con ella por ser tan entrometida. Finalmente accedió a regañadientes—. Buen chico —bromeó la pelirrosa riéndose mientras acomodaba todo nuevamente en su lugar para empezar a trabajar.

Sakura no se esmeró en iniciar una plática agradable como acostumbraba con sus demás pacientes. Conocía a Sasuke -no por algo eran compañeros de equipo desde hace mucho- y reconocía que no era muy comunicativo. Resignada solo suspiró y comenzó a realizar su trabajo en silencio que, aunque a cualquiera le parecería incómodo solo con el hecho de que Sasuke no le quitaba la mirada, a ella no parecía molestarle.

—Ahora voy a suturar ¿está bien? No te muevas mucho —pidió con suavidad.

Sasuke simplemente emitió su monosílabo más conocido como respuesta.

Comenzó a pestañear al principio sintiendo la aguja entrar y luego salir de su piel. Al cabo del primer minuto todo se volvió monótono. Apenas llevaba la mitad de la labor de sutura cuando a Sakura le vino la conversación que había tenido con Ino esa misma mañana.

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No pierdes nada con intentarlo

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Recordó, escuchando la risa melodiosa de su amiga en su mente, y luego rió.

Para Sasuke, aquél suceso raro, no lo pasó por alto.

—¿Qué? —soltó Sasuke con brusquedad. Ella negó sonriendo y él pareció malinterpretar las cosas—. Donde vayas a decirle a alguien que…

—No me reía por eso —explicó la pelirrosa—. Me reía por algo que recordé. Algo que sucedió en la mañana y que le dije a Ino.

A Sasuke realmente le iban y venían las conversaciones que el resto tuvieses. Las buenas noticias o cualquier chisme entre sus ex compañeros de la academia le resultaban irrelevantes así que estaba más que claro que, el hecho de que Sakura le estuviese comentando sobre sus pláticas con Yamanaka no le quitaban el sueño. Sin embargo, específicamente esa noche, había algo en la pelirrosa que le instaba a querer preguntar.

—¿Qué cosa? —preguntó.

Sakura detuvo su tarea, engrandeciendo los ojos de la sorpresa. No era común ver a Sasuke mostrarse interesado en algo más que no fuera entrenamiento. Tragó grueso antes de responderle.

—Hay…hay un festival dentro de dos días. El Tanabata, ¿lo has oído? —Sasuke fingió poner atención en las estrellas de las ventana mientras la oía hablar—. Es…

—Se lo que es, Sakura —La pelirrosa se azoró aún más.

No lo consideraba un ignorante pero bastaba solo conocerlo para suponer que, quizá, él no podría saber sobre las festividades ya que nunca se había mostrado como alguien a quien le gustaran ese tipo de cosas.

—¿Lo sabes? —Sasuke tardó en contestar.

—Fui un par de veces con mi familia cuando era pequeño.

Sakura enmudeció, y en verdad quiso reprenderse al verse tan sensible tras oírlo y detenerse en lo que estaba haciendo. Quiso ser todo menos frágil. Dejar de mirarle la cara como si estuviese a punto de llorar pues, aunque él no le dijera nada, podía imaginarse lo que estaba pensando.

Aquella remembranza que envolvía la palabra: familia, le hizo sentir a Sasuke cierta melancolía que se vio reflejada en su voz y en su mirada cuando se encontró con la de Sakura.

—Ya veo… —murmuró ella, solicitando un poco de cooperación por parte de él para que acomodara mejor su brazo. Luego de eso Sakura no dio indicios de querer seguir hablando, sin embargo, ella era naturalmente curiosa y demostraba siempre cierta preocupación por todo lo que tuviera que ver con él—. Amm. Tú…

—¿Y ahora qué? —se tensó al oírlo.

—Todos irán ¿sabes? —rió, nerviosa—. Incluso Naruto invitó a Hinata —volvió a reír—. Será divertido, ¿no te gustaría…?

—No —repuso él, tajante. Sakura bajó la mirada. De alguna forma lo anticipaba—. Dejé de ir desde que ellos murieron.

—Pero…podrías pasarla bien —insistió manteniendo la esperanza en que quizá Sasuke pudiera reflexionar un poco y cambiar de opinión. Conocía su historia. Podía intentar comprender su dolor y lo difícil que sería siempre tener el recuerdo de su familia presente pero incluso algo como asistir a un simple festival podría alejar esos fantasmas que él tenía por un rato. Olvidar el dolor. La tristeza de lo perdido. Las agonías en medio de batallas libradas—. Te divertirás, seguro que sí, además…—hizo una pausa—. Es el Tanabata ¿sabes? Puedes pedir un deseo.

—¿Deseo? —soltó con amarga ironía—. No somos niños. Y aunque quisiera, mi deseo no se puede cumplir.

—Sasuke-kun… —el muchacho solo se limitó a concentrarse en ver su brazo, usándolo como tema de escape para evitar seguir hablando sobre el festival.

—¿Ya terminaste?

— Falta poco —Sakura no volvió a insistir pero sus movimientos, y la forma en que su semblante se había entristecido, demostraban los contrario—. ¿Sabes? Sé que es cierto que nadie puede regresarte a tu familia —Sasuke gruñó pues ilusamente creyó que ya habían zanjado el tema. Se había equivocado. Era de Sakura con quien estaba, después de todo—, pero… no creo que regresartela sea verdaderamente tu deseo —El muchacho la miró, severo.

—¿Qué sabes tú de mi, Sakura? —Haruno solo rió con desánimo.

—No mucho pero…no hace falta conocerte demasiado para saber lo que realmente quieres en esta etapa de tu vida —Ya no es venganza, ni siquiera un muerte piadosa, piensa Sakura.

—¿Y qué es lo que quiero? —exigió él.

—Felicidad, quizá.

Tan pronto Sakura cortó los hilos de la sutura, Sasuke se sintió abandonado. Como si los hilos lo hubiesen mantenido con firmeza de pie durante mucho tiempo para simplemente decidir por ellos mismos que era momento de soltarlo hacia la vida. Sin importa si caía de pie o estrepitosamente. Si dolía o moría. Sasuke la miró con la ausencia de lo que lo hacía humano. Completamente frágil y afectado por palabras que no debieron haber causado estragos en él.

En ese momento quizá no lo demostró al instante pero si percibió que toda esa gama de infelicidad y melancolía que había comenzado a invadirlo la alcanzó a ella también haciéndola figurar la más triste de las reacciones pero de igual manera con algo parecido a un trago de esperanza.

Ninguno de los dos dijo nada luego de eso. Tan pronto Sakura dio por terminada su labor Sasuke se retiró de la misma manera en la que había entrado en el consultorio de la pelirrosa.

En silencio a través de las ventanas.

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II

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—¡Oh, oh, mira Hinata!

De puesto en puesto Naruto arrastraba a la sonrojada Hyuga tomados de la mano mientras se perdían entre el gentío. Uzumaki era un niño más corriendo de un lugar a otro.

Ino, aprovechando que el resto se había dispersado un poco, se arrimó a la pelirrosa quién parecía estar forzándose en pasar el rato en lugar de solo eso, pasarlo.

—No luces muy alegre —confesó la rubia.

—¿Qué dices? Me estoy divirtiendo mucho —recalcó Sakura pero la mentira se asomaba detrás de esa sonrisa. Sus sentimientos no estaban donde debería estar esa noche —. ¿Tienes tu listón? —preguntó intentando cambiar el rumbo de la conversación, consiguiéndolo.

—Hice muchos en realidad —respondió Yamanaka sacado de los pliegues de su yukata un par de listones de diferentes colores mientras se reía—. Hice uno para el amor, otro para la salud, para el dinero, ¡ah! también de la felicidad… —continuó a pesar de que Sakura había dejado de prestarle atención cuando se detuvo al escuchar la palabra: felicidad.

Su mente rápidamente la llevó a los recuerdos de aquella noche. Remontando en tonos suyos esa palabra y la reacción que había provocado en Sasuke luego de eso. En como había reaccionado incluso ella también.

Su tiempo se detuvo tras escucharla de nuevo, o quizá evitaba darle importancia a algo más a parte de aquel puesto que estaba a su lado.

Eran pequeños bambús para el hogar. Sakura se acercó para admirarlos mejor.

—¿Los vende? —preguntó a la señora regordeta con cara carismática.

—Sakura, ¿qué haces? —preguntó la rubia, uniéndosele.

—Creo que compraré uno —advirtió Haruno. Ino encarnó una ceja—. Deme uno —pidió con amabilidad a la comerciante.

—¿Para qué lo compras? Podemos colgar nuestros listones en los bambús del festival, no necesitas comprar uno —insistió Yamanaka.

—No es para mí —contestó Sakura, sonriendo, esta vez, sin esfuerzo antes de revelar intenciones que, algún día futuro, Ino entendería—. Discúlpame con los demás, Ino —pidió, y haciendo uso de sus habilidades desarrolladas, desapareció sin dejar rastro.

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III

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No podía alcanzar a ver el festival en sí pero si podía ver el destello de los árboles siendo iluminados por el mismo desde la posición en la que se encontraba. A través de la visual que le proporcionaba estar sentado en el marco de la ventana de su habitación, existía una tenue capa de colores por encima de las copas de éstos. Al bajar la mirada se topaba con gente yendo y viniendo por la calle.

Sonrientes envueltos en ropas tradicionales.

Sasuke, bajo el efecto de una melancolía inesperada, se perdió en aquél niño alegre siendo columpiado por sus padres al sujetarle, cada uno, una mano. Adelante y atrás su cuerpo se mecía mientras el que parecía ser su hermano mayor -un niño un poco más alto- solo sonreía disimuladamente.

Sin proponerselo la palabra Felicidad se enredó junto a la palabra Familia. Y lo hizo sentir desasosiego.

Globos en mano. Pequeños destellos de colores. Música alegre.

Su habitación, a comparación del escenario de aquella noche, parecía tan sombrío y gris.

Quería restarle importancia y solo fingir que había abierto la ventana con otro propósito. El de solo tomar aire pero si en verdad no le importaba nada de eso, ¿Por qué lo veía todo desde su ventana? ¿Por qué parecía añorarlo?

Sentado, con un semblante de desanimo o quizá desaliento, suspiró bajo los recuerdos que venían a su mente en tan solo un instante.

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Puedes pedir un deseo…

Mi deseo no se puede cumplir…

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Que se cumpliera aquél deseo sería lo mismo que nunca haber vivido nada de lo que hasta ahora su vida había acumulado. Desear que su familia nunca hubiera muerto significaría que él no sería quien era ahora. ¿Hubiese sido quien es ahora? ¿Habría sobrepasado a Itachi o solo sería su sombra? ¿Su padre se habría enorgullecido? ¿Habría sido capaz de lograr tanto si tan solo se hubiese quedado a esperar?

¿Sería feliz?

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No creo que ese sea tu deseo.

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Si pudiera regresar el tiempo y salvar a su familia, ¿habría sido capaz de cambiar el destino? y de ser así, ¿El destino de todos lo que lo rodean sería distinto?

Naruto no sería Naruto y quizá nunca se habría formado un lazo. Kakashi no hubiese sido su sensei por lo tanto nunca habría podido aprender de él ni asistir a esos consejos que, aunque él no pedía, siempre le servían.

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Sasuke-kun…

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Y ella…

Ella seguramente no...

Rió con un poco de ironía, apartando ese último pensamiento.

—No. Ella seguiría siendo igual de molesta —murmuró despacio. La suavidad en sus ojos al pensar en ella era irreal. Sakura seguramente no lo habría tomado en cuenta, o quizá si, no podría saberlo jamás, pero algo si podía asegurar. Seguiría siendo tan molesta al intentar ayudarlo en lo que fuese. Porque era su naturaleza; muy independiente de los sin fines de rechazos que el tuviera hacia ella. Suspiró, riéndose de sí mismo al darse cuenta de las miles de suposiciones que su mente había generado en tan solo un minuto. Todas a causa de Sakura—. Creo que ya tuve suficiente —se dijo a si mismo colocándose de pie. Cuando se hubo dispuesto a cerrar la ventana e irse a dormir, tocaron a su puerta. Frunció el ceño. Realmente no estaba de humor para recibir a alguien. Intentó ignorarlo pero la racha de golpes se volvió insistente y molesta—. Maldita sea, Naruto, si eres tú juro que…

—¡Hola, Sasuke-kun! —sucedió tan de repente, la manera en que Sakura se abrió paso ella misma hacia el interior de su departamento, que él apenas pudo percatarse de las sonrojadas mejillas de la kunoichi, quizá debido a la larga carrera que había hecho para llegar ahí.

Pero lo que más le sorprendió fue lo que traía en brazos.

Sakura volvió a sonreír asomando su cabeza desde detrás de las hojas y el tronco de aquél bambú que sostenía.

—Sakura…—hizo una pausa—. ¿Qué haces aquí? —preguntó él tratando de sonar lo más normal posible, mirando de arriba abajo aquella planta pero por sobre todo la manera en la que ella iba vestida. Un yukata—. ¿Qué quieres?

—¿Puedo pasar, cierto?

Sasuke rodó los ojos. Ya se encontraba dentro así que era ridícula la pregunta. Haruno se adentró aún más aún sin obtener del todo su permiso.

Uchiha la siguió con la mirada sin perder detalle de ella. No porque estuviese ansioso de verla sino porque simplemente se había metido ahí, en su departamento, como toda una intrusa. Carraspeó un poco recordando el hecho de que él había hecho casi lo mismo solo que en su consultorio. La pelirrosa giró sobre sus talones con gracia sosteniendo con más ahínco el macetero del pequeño bambú tierno.

Se mantuvo de pie mirándolo con una incipiente sonrisa.

Lo más normal para él sería haberla echado de su hogar. Sin embargo la curiosidad del saber el por qué ella estaba ahí le hizo preguntar.

—¿Y bien? ¿A qué viniste?

En el momento justo su pregunta se vio acompañada del primer esclarecimiento de colores en el cielo junto al sonido rimbombante del primer fuego artificial detrás de ella. El rostro de la pelirrosa se iluminó a la vez que la expresión de su rostro transfiguraba a una emocionante y feliz.

—¡Ven, rápido! —dijo ella tomándolo con una mano pero sin soltar el bambú con la otra. Apremiando el escaso tiempo que tendría tras el primer destello en el cielo. Lo guió con rapidez, tropezándose hasta llegar a la ventana (que aún seguía abierta) para admirar mejor los fuegos artificiales que habían dado inicio aunque la renuencia de Sasuke estaba clara mientras la miraba con el ceño fruncido—. Anda, escribe tu deseo —pidió ella, ofreciéndole una tira de papel de arroz de color azul.

—¿Qué?

Sakura rió.

La mitad de su rostro estaba siendo iluminado por los colores eufóricos en el cielo y al Sasuke apreciarlos, se olvidó de todo.

De la molestia o de la angustia.

Del rencor y la tristeza.

Del rechazo y del odio.

—¿Qué es lo que deseas Sasuke-kun?

—¿Lo que…deseo?

Ser como aquel niño riendo al jugar con sus padres.

O cómo aquel par de amantes.

¿Reír? ¿Soñar? ¿Sonreír? ¿Cambiar…?

—¿Sabes? A mí me sigues gustando de la forma en que eres. No necesitas cambiar sino encontrar tu propio valor, Sasuke-kun —terminó de decir señalando su corazón como si se tratara de un juego infantil.

¿Ser fuerte?

¿Ser más hábil?

¿Ser quién…?

Lo que ese niño mostraba.

Lo que esos amantes sentían.

Lo que Sakura le hacia sentir en ese momento.

...

Dos pequeños listones, uno de color rosa y otro de color azul, descansaron esa noche desde la ventana. Meciéndose junto a las tiernas hojas y ramas de un bambú pequeño.

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Deseo ser feliz.

Deseo estar ahí…para ver el día en el que él pueda ser verdaderamente feliz.

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(END FLASH BACK)

Hokkaido. Época actual.

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Matsuoka Sasuke, de dieciocho años, estaba de regreso.

Sin ser consciente del tiempo que le costó haber evocado esos entrañables recuerdos, esta vez no se propuso buscar el origen de ellos. Dentro de su mente, y de todo lo que él era, pudo haber transcurrido un minuto o quizás días enteros.

Pero no le importaba.

—¿Sasuke, en verdad te sientes bien? —Antes de que Itachi pusiera su mano encima del hombro de él, Sasuke se movió, inquieto, abriéndose paso entre el gentío, conociendo el lugar exacto al cual debía dirigirse—. ¡Sasuke! —Itachi lo siguió de cerca, también atravesando el mar de personas hasta verlo detenerse en lo que parecía un puesto de pequeños bambús. El menor apenas tomó uno, sin siquiera pedirlo, y salió corriendo con él en brazos hacia fuera del festival—. Mierda —masculló el mayor mientras sacaba su billetera y solo se disponía a dejar un billete oyendo a lo lejos los gritos del vendedor para luego correr e intentar alcanzar a su hermano menor sin tener éxito más que en solo gritarle por última vez viéndolo perderse por las escalinatas del templo—. ¡Sasuke! ¿A dónde vas?

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IV

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—Se organizan desfiles. Se instalan ferias y también hay… —Sakura calló por un momento, dejando de leer el libro que sostenía en su regazo, para mirar al cielo cubierto de colores varios—. El Tanabata ya comenzó…—murmuró haciendo de su mirada opaca una brillante ante los destellos en el cielo..

Sentada bajos las pérgolas, y la ilusión de un bosque de glicinas, hacía de oídos sordos al resto de los sonidos, atesorando las explosiones coloridas.

A todos se les había dado el día libre por lo que se encontraba sola. Sasori seguramente se encontraría en el despacho entre montones de papeles. Y, en otra ocasión, en la que Sakura, quizá, no hubiese cambiado tanto tras el trascurso de esos días, también se encontraría reclusa en su habitación solo oyendo a lo lejos los sonidos rimbombantes. Repudiándolos.

Sin embargo no era así. Ni para ella, ni para él.

Llegado el momento, Sasori se instaló al pie de las escaleras observando, en medio de silencios, a Sakura.

Admirando, quizá, la triste y melancólica belleza que él había sido capaz de cuidar todos estos años.

Por supuesto, se lamentaba el no poder darle una vida normal pero ahora, que podía apreciar la mitad de su rostro serio siendo iluminado por la luz del cielo en el jardín, la atesoraba más que cualquier otro momento. La veía en silencio, en secreto, como solía hacerlo siempre. Como cuando cuidaba de ella por las noches temiendo de que, un día, dejase de respirar.

Emitió una risa absurda dándose cuenta de lo que estaba haciendo, aumentándola un poco más al darse cuenta de que ella se encontraba fuera de su habitación, como era lo usual cada que algún festejo se alcanzaba a oír a lo lejos.

Escuchó, de nuevo, los sonidos del cielo y entendió el por qué.

"Sakura no se perdería algo como eso" —pensó refiriéndose a los fuegos artificiales.

No se movería de ahí, y aunque ella no sabía lo que era un Tanabata hace apenas unos días, ahora precisaba de estar consciente de que, aunque no podría asistir, podría recibir algo de su parte.

Como la emoción de anhelarlos y un regocijo al poder verlos.

Sasori estaba siendo egoísta al mantener una postura que realmente no era la que él deseaba mostrar. Ser la imagen de respeto cuando en verdad él deseaba desesperadamente ir a sentarse con ella y admirar juntos el cielo. Decirle, transmitirle, que su hermano mayor estaba ahí y que nunca se apartaría de su lado.

Estaba por hacerlo. Por romper su propio paradigma e ír con ella para al menos aligerar la triste pena que Sakura podría estar sintiendo al estar sola, hasta que la puerta principal se abrió.

Kakashi, quién era el único que se encontraba presente a insistencia de él mismo, ingresó a tropezones detrás de la persona que Sasori no esperaba ver.

—¿Pero qué…? —tras dar su primer paso para intervenir, él se plantó de frente— ¿Matsuoka? —dirigió su vista detrás de él, exactamente hacia la puerta abierta de par en par. Lo miró, confundido. Atónito. Sasuke logró avanzar un poco más, con la garganta casi seca y la respiración agitada—. ¿Qué haces aquí?

—¿Dónde está Sakura? —soltó a secas. Desesperado.

Sasori, aún desorientado por la súbita llegada del pelinegro, solo desvió la mirada a la sala por impulso. Sasuke siguió aquella señal y la vio.

Sentada en la terraza, mirando al cielo.

—Aun no me dices que es lo que estás haciendo aq… —Sasuke pasó del comentario de Aoyama. Ignorándolo.

No era por él por quien estaba ahí, sino por ella.

Siempre fue ella.

Sintiendo que, durante todo el camino hacia la mansión, sostenía una pesada carga, ahora con solo verla y acercase a ella en silencio, toda ésta desaparecía. Se esfumada de sus hombros, aligerándolos, dándole una paz que nunca antes había sentido. Ella parecía muy concentrada en el espectáculo de luces porque quizá nunca vería otro igual.

Tan bello que dolía.

Tan irreemplazable que sufría.

Sasuke caminó debajo de las glicinas que acogían a la pelirrosa, como si fuera su hogar, y aunque se había quedado mirándola por unos eternos segundos, prefirió hablar finalmente.

—Sakura —murmuró su nombre como un hechizo que dolía pero que estaba desesperado por decir. La pelirrosa dejó de ver el cielo y destiló total asombro al voltear y verlo ahí.

—¿Tú?¿P-pero qué éstas…? —Sasuke la interrumpió, hincándose sobre el piso de duelas, colocando el macetero del pequeño bambú frente a sus ojos. Sakura, quien estaba aún más sorprendida que Sasori, lo miró como si en verdad no diera cabida a la realidad. Como si no creyera que él estuviese ahí. Como si no supiera que tipo de árbol era el que había puesto justo ahí. El estruendo de los fuegos artificiales la volvieron a atrapar, cada vez más rimbombantes y energéticos, y entonces recordó— ¿Q-Que haces aquí? ¡E-El Tanabata! ¿No fuiste al festival?

—Si, si lo hice… —musitó él—, solo que…

Recuerdos que golpean su mente pero no parecen atormentarlo.

Son visajes, tajos de imágenes.

Un cielo colorido como el de ahora.

Una escena similar.

Una promesa cariñosa y para toda la vida.

—Es un… —balbuceó ella tocando las hojas del bambú con una delicadeza irreal. Aterciopeladas, así las sentía. No quería dañarlas pero los sentimientos que estaban inflando su pecho eran demasiados. Sasuke aprovechó de aquél pequeño entretenimiento y de su pantalón sacó dos listones, uno de ellos le pertenecía a Sakura—. Ese es mi…

—Pensé que… —comenzó a decir, carraspeando mientras se arrimaba un poco más a ella, sentándose con las piernas entrecruzadas de frente—. Quiero decir...—suspiró, y las siguientes palabras que estaba por decir, Sakura las atesoraría por el resto de su vida—, ¿no sería más apropiado que tú misma colgaras tu deseo? —Todo el cúmulo de emociones que Sakura se encontraba reteniendo durante tanto tiempo, las partes más sensibles de su alma, comenzaron a fluir en forma de espesas lágrimas. Sasuke ladeó una sonrisa mientras se acercaba y secaba un par de ellas con su mano—. Es cierto que no puedes ir a un festival, entonces…

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Entonces pensé que sería apropiado llevar el sentido del festival a él.

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—Traje esto para ti —hizo una pausa, entregándole aquél listón rosa que ella le había dado— para que tú misma lo cuelgues —Sakura permaneció muda de palabras pero no de emociones. Su cuerpo se encontraba tembloroso debido al llanto y Sasuke no pudo sentirse agradecido por verla más hermosa que nunca esa noche. La joven estaba feliz. finalmente alguien se había acordado de ella, pensó—. Anda, antes de que acaben los fuegos artificiales —alentó él apartándole un mechón de cabello, colocandole el listón en sus manos.

Sakura sonrió llena de ternura, de emoción. De vida.

Sonrió como lo que era.

Una chica con sueños, con sentimientos, con deseos que anhelaban ser contados y escuchados. Con emociones que a nadie más, solo a Sasuke, le habría permitido mostrarle.

—Si… —pronunció ella, apenas audible. Y mientras ella pasaba el hilo rojo a través del suyo, Sasuke se disponía a escribir su propio deseo en el listón que le correspondía. El listón azul. Antes de que Sakura cortara el hilo sobrante, Sasuke la detuvo—. ¿Qué?

—Dame el hilo.

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"El hilo rojo que une destinos"

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Cogiendo su listó, insertó el hilo sobrante en él, haciendo que cayera justamente a lado del de Sakura.

Los separó un poco, solo lo suficiente para que el hilo adornara el contorno de las ramas y hojas del bambú, y finalmente le entregó el suyo a ella.

—Listo, ahora solo hay que...

—Juntos—interrumpió ella, sonrojada sin mirarlo. Sosteniendo su listón pero unido a de él a fin de cuentas—. Hay que ponerlos…juntos… —Sasuke sonrió con ternura, asintiendo.

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V

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Dos pequeños bambús descansaron alguna vez bajo un cielo de colores en dos diferentes épocas.

Unidos con el mismo hilo rojo que une destinos. Con dos únicos listones meneándose ante la brisa de la noche en la que el Tanabata se celebraba.

Uno rosa y uno azul.

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Déjame conocer lo azul que es el mar y el olor bajo un cerezo.

Déjame llegar a ver ese día. Ése en el que ella pueda ser feliz y sonreír.

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Porque el amor de esas dos estrellas era tan fuerte que…

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Llegaron a conceder deseos…Sasuke-kun…

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(FIN DEL CAPÍTULO)


Comentarios:

Nagi: Si te gustó el pasado seguramente te gustará este jajaja, en cuanto a la curiosidad que tienes sobre Itachi, solo te diré que él también tiene parte en que contribuir con la historia, tanto como Naruto ¿si me explico? jaja suficiente spoiler (no debería de haber dicho eso xD), en fin, te agradezco que siempre comentes Nagi, saludos! :)

Romanika: No lo presientas más, leélo! jaja, si, el Tanabata es ajshdjahsd, lo mejor (?), que bueno que te haya gustado saber de él, en fin, saluditos!

Notas:

He de confesar que este (hasta el momento) ha sido el capítulo que mas emoción me ha dado jajaja y pensar que he llegado hasta él me emociona bastante.

El primer flash back de lo que eran realmente, creo que ha quedado bastante bien así que estoy pensando meter más con la misma extensión que este jajaja para ir descubriendo las 'dos vidas' que tienen.

Espero que les haya gustado y disculpas, ya saben, por no subirlo ayer, me fui de excursión por parte de la universidad y, aparte de que llegué muy tarde, llegué muerta, esto de subir pirámides bajo un sol tremendo no es lo mío jajaja en fin...

En el próximo capítulo: Una molestia

Una tarde de otoño. La risa de mamá. Los regaños de papá. Las risas de Itachi.

-¿Porque te importa? ¡¿Porqué?!

-Porque…si a ti te importa algo tan pequeño e indefenso como ese pequeño bambú, me importa mucho porque es algo que te hace feliz

...

"…quizá tampoco te recuerde a ti, Naruto…"

"Eso no es problema, Sakura-chan"

"¿Ah no?"

"Aunque no me conozcas, yo te reconoceré"

Y lo observó, por todo ese rato en el que él no dejó de sonreír. A aquél chico rubio que no conocía.

...

Ya, demasiada intriga, pero sí, Sasuke se ha encontrado con Naruto, ahora viene el turno de la pelirrosa. ¿Qué pasará?

Espero actualizar el próximo sábado, ya saben, si el tiempo me lo permite jaja mientras me esmeraré en ponerme a escribir más sobre otras historias y en esta.

En fin, gracias por sus comentarios! Ya finalmente lo he respondido debidamente :)

Nos vemos el fin de semana; ya saben, cualquier aclaración me pueden escribir por facebook (ver perfil), siempre me encontrarán ahí jajaja

JA NE!