Capítulo IX:
Ese día
ᕙ+ᕗ
―¡Bonjour! ―saludó entusiastamente el guardián del sol cuando llegó a la mansión de los Cramoisi.
Afortunada y milagrosamente logró llegar a Francia con un retraso decente. Tras salir del avión como si lo hubiesen rescatado de un atentado terrorista, pasó al hotel sólo para bañarse y cambiarse de su traje deportivo a uno formal que mandó a la tintorería antes de irse; Reborn había recomendado tonos grises, y no dudó en aceptar el consejo. Dejando su peinado a decisión del viento, tomó sus gafas de sol y el primer taxi dispuesto a la entrada del hotel. Cuando llegó, la jefa de los Cramoisi lo esperaba sentada en un cómodo sofá de terciopelo negro en la redonda sala de detalles elegantes. En contraste con ellos, la joven lucía excéntrica; con el cabello largo y extrañamente teñido rosa pastel a la derecha y castaño oscuro a la izquierda, con un pantalón a rayas blanco y negro, de tirantes que surcaban sus hombros cubiertos en una camisa rosa que hacía juego con sus zapatos Creeper de Demonia Heart.
―Bienvenue, Sasagawa Ryohei ―le contestó dejando su copa sobre una mesita de vidrio.
―Eh… La verdad sólo sé decir bonjour ―admitió el guardián.
―Quise decir bienvenido ―aclaró ella en un japonés perfecto, invitándolo a sentarse frente a ella.
―¡Ooh, eso está extremadamente mejor!
―¿Puedo pedirle que baje la voz?
―¡Oh, claro, lo siento! ―Se disculpó Ryohei―. Este… Señorita Cra-cramo...
―Ignis. Puede llamarme Ignis.
―Gracias, ―Se rió el guardián―, la verdad es difícil para mí pronunciarlo. Me sorprende que pueda hablar mi idioma tan fluido.
―Fue para acelerar las negociaciones. Supe que el jefe actual no es italiano ni vive en Italia.
Ryohei se alertó ante esa afirmación. No sonaba amistosa.
―Así es ―dijo―, para el disgusto de muchos, Vongola pasó de Italia a Japón, pero puedo asegurarle, señorita Ignis, que reiniciaron el conteo por razones más extremas que su nacionalidad.
Ignis sonrió de lado y, retomando su bebida, le preguntó:
―¿Le ofrezco una copa?
。
BASE VONGOLA, NAMIMORI, JAPÓN
Las latas restantes reposaban sobre la barra y, cuando Tsuna estaba por alcanzar la que marcaría su quinta ronda, Hayato reconsideró la situación; había bajado la guardia.
―Décimo, creo que es una mala idea después de todo.
―¿Otra vez con eso? ―se quejó Tsuna.
―Pero, Décimo, la reunión con los Cross está programada para mañana...
―Y cuando recoja a la jefa de los Heartlock también querrá verse contigo ―agregó Takeshi.
―Cancelen todo.
―¿Eh?
―No quiero ver a nadie ―continuó Tsuna―, sólo cancelen todas las actividades de mañana.
―No podemos hacer eso, Décimo ―dijo Hayato―, no sin haber notificado a las familias con tiempo, además Reborn-san...
―"Reborn-san" no está aquí ―lo interrumpió Tsuna―. Tomó un vuelo a Nueva York anoche, ¿lo recuerdas? A pesar de que dijo que estaría presente cuando los Cross llegaran, porque fue a través de él que decidieron considerar la idea de unirse a la alianza, porque los conoce desde hace tiempo y el jefe actual lo admira y confía en él... Si llegan y Reborn no está, ¿qué se supone que les diga?
―Pero, Tsuna, sólo se fue para ayudar a Yuni ―dijo Takeshi.
―Lo sé, entiendo eso y también que debería encargarme de las negociaciones sin él, pero... ¿Por qué tenía que decir que me ayudaría si no iba a hacerlo? ¿Por qué tiene que irse cuando lo necesito?
Tal vez era el alcohol lo que había causado que sus palabras salieran tan transparentes, pero estaba claro que su enojo iba más allá de la repentina partida del pequeño sicario.
―Odio que diga una cosa y haga otra, sólo porque es su forma de hacer las cosas ―continuó―. Hayato-kun, dile a Reborn que cancelaré la reunión si no llega mañana antes de las 10:00.
―Pero en estos momentos ya debe estar en Nueva York ―explicó el guardián.
―Exacto ―le contestó Tsuna―. No hay forma de que pueda volver.
―Ja, qué buena estrategia ―admitió Takeshi―. Pero, ¿estás seguro de que quieres hacerlo?
―Es una orden ―aclaró Tsuna.
Takeshi suspiró y Hayato sudó frío mientras escribía en su celular el corto mensaje suicida: "Reborn-san, el Décimo desea cancelar la junta con los Cross. Sin embargo, procederá si usted está de vuelta para mañana antes de las 10:00 am". Miró la pantalla un par de minutos antes de alcanzar una cerveza.
―Creí que no tomarías más ―dijo Takeshi con una sonrisa empática.
―Si no lo hago, no podré enviar este mensaje.
。
RESIDENCIA SLIFER, NUEVA YORK, EEUU
Ion los había conducido a una habitación con la leyenda "The game kingdom", una especie de arcadia pequeña, y por primera vez desde su encuentro, mostraba una cara seria, mientras él y Yuni, quien llevaba puesto el lindo vestido blanco de encaje rosa, se aferraban a sus vidas virtuales junto a sus compañeros en línea en una partida de Overwatch; todo bajo la atenta, fría y amenazadora mirada de Reborn y los dos guardianes. Cinco minutos y estaba fuera del combate.
―Oigan... ―les habló con miedo a mirarlos directamente―, entiendo que se preocupen por su princesa, pero ¿quieren dejar de verme como si fuera a lanzarme sobre ella como un salvaje? Ni siquiera puedo concentrarme.
―¿En qué? ―le preguntó Reborn― ¿En lanzar disparos falsos?
―Um, también puedo lanzar reales...
―¿Es una amenaza? ―Afiló la mirada el sicario.
―¡¿Eh?! No, claro que no ―se apresuró a defenderse Ion.
―Está bien, tío Reborn ―intervino Yuni con una sonrisa―. No hay razón para causar un conflicto si no hay un crimen. Además, no creo que Ion-san vaya a lastimarme, no cuando sabe que deposité en él mi confianza.
―Yuni-tan… ―Brillaron los ojos de Ion.
La mano de Reborn se tensó como un auto reflejo al tener que abstenerse de usar su arma. Como odiaba eso. No a Yuni y su capacidad de aceptar a cualquiera, odiaba su propia debilidad hacia esa naturaleza compasiva. El mejor sicario en todo el mundo domado por las simples palabras de una niña. Pero era inevitable; Yuni era la hija de Aria, hija de Luce, y de algún modo, esa esencia que Luce emitía se había quedado con sus descendientes y, aunque no las viera como una misma persona, no podía negarse cuando alguna de ellas le pedía algo, tal vez porque Luce fue... ¿Qué fue?
―¿Sabes, Yuni-tan? ―dijo Ion―. Eres muy linda, pero un poco extraña. Confías en algo que ni yo mismo sé que hay en mí y me defiendes por ello sobre los que son tus aliados. ―Se rió un poco―. Es curioso que Ganma y Byaku-nyan estén de acuerdo, más aún que Reborn-san me dé una oportunidad ignorando su propio juicio sólo porque tú se lo pides... Gracias, realmente no creo que lo merezca.
―Yo tampoco ―opinó Reborn.
―¿Byaku-nyan? ―repitió Byakuran sin poder ocultar su desagrado.
Mientras Ion discutía con él por el sobrenombre, Reborn volvió a sus asuntos al notar un mensaje sin leer en su teléfono. Lo leyó e hizo una pausa mental. Su ex-alumno estaba molesto. Interrumpiendo la conversación dijo:
―Hora de empacar.
。
BASE VONGOLA, NAMIMORI, JAPÓN
En cierto momento todo se había oscurecido. En su cabeza sólo podía escuchar las mismas palabras como una grabadora descompuesta: "¿Acaso has olvidado el dolor de ese día?". ¿Olvidar? ¿Cómo olvidar la oscuridad que opacó su vida a partir de ese instante? Ni siquiera la abrupta muerte del Noveno ni la presión de aceptar un puesto que no quería habían sido tan devastadoras. La rabia que vino con la impotencia y el miedo a verse absorbido en ella paralizaron su mente cuando entre las luces y el caos pudo escucharla gritar su nombre..., aunque tan sólo una hora antes la había tenido a su lado, ahora la perdía.
―Tsuna-kun, la ceremonia comenzará pronto ―le recordó Kyoko.
Tras su regreso a Namimori, pudo notar que se veía diferente. Cuando lo recibieron en el aeropuerto y Haru corrió a abrazarlo, ella se quedó atrás, mirándolo con una expresión complicada; como al borde del llanto, sobresaltada, pero de cierta forma, feliz. Confiando en la interpretación de su intuición, lucía como si de repente le quitaran un peso de encima.
―Lo sé ―contestó sin mirarla.
―Reborn-kun se molestará si llegamos tarde.
―Lo sé.
Kyoko se levantó de la silla que había ocupado hasta ese momento y se sentó a su lado sobre el sofá de esa amplia habitación donde se habían aislado hacía unos 20 minutos, en los que el silencio y frases cortas habían ocupado la mayor parte del tiempo.
―Tsuna-kun ―le tomó la mano―, quiero darte las gracias. Tal vez no sepas... lo mucho que me has ayudado. La verdad es que cuando decidiste contármelo todo, ignorando la opinión de los demás, a pesar de que fue doloroso saberlo, me sentí muy feliz. Fue como si por primera vez alguien me tomara en serio. Tal vez por eso, el frio que sentí cuando te fuiste, me inmovilizó un par de meses.
La miró sin ocultar su incertidumbre. Nadie le había contado esa parte de la historia.
―Sentí que nuevamente me quedaba atrás ―continuó Kyoko―, que no podía hacer nada salvo verlos partir. Sentí el peso de mi propia debilidad y por primera vez entendí cómo debiste sentirte todo ese tiempo, cuando el mundo te miraba desde arriba y tú sólo podías mirarlo de vuelta... indefenso, buscando como huir de todo. Pero a diferencia de ti, no sabía que algo me faltaba..., hasta que te fuiste. Lloré un par de meses cuando al fin lo entendí, que no sería fácil caminar por mi cuenta, que era demasiado débil, que tendría que acostumbrarme a la soledad..., al menos hasta que volvieras y pudiera decírtelo..., que... si no fuera por ti...
Sin completar su diálogo, Kyoko se recargó en su hombro.
―Muchas gracias por todo, Tsuna-kun ―dijo―. Ojalá... pudiéramos quedarnos así un poco más.
Por inercia, apretó el agarre de sus manos, mientras la humedad de las lágrimas al compás de los sollozos le humedecía el hombro. Él también habría querido que ese momento no se acabara, pero más que nadie sabía lo imposible que eso era. Con tan sólo pensar que debía soltar esa mano, su corazón se agitaba. Tenía miedo, mucho miedo. Su mano tembló ligeramente, pero esta vez fue Kyoko quien reforzó su agarre.
―No quiero que te preocupes más por mí, Tsuna-kun ―le pidió mirándolo de nuevo―. No importa lo que decidas, yo estaré aquí, aunque no pueda estar a tu lado.
"Por favor, sólo dime que no lo haga".
Un par de toques en la puerta anunciaron que la hora había llegado.
―Enderezaré el camino de Vongola ―le dijo―. Haré que todo lo que es ahora desaparezca, la remoldearé como Primo hubiera querido, destruiré ese trono y construiré otro, y así..., cuando todo esto termine, podré volver a tu lado.
"¿Sabes, Tsunayoshi? Yo realmente te amaba". Si tan sólo hubiera escuchado esas palabras en ese instante, habría cumplido su deseo de huir y abandonar a Vongola a su suerte. Sin embargo, habiendo llegado con unos años de retraso, ese día tomó la resignada decisión más difícil de su vida. Porque, si a cambio de su felicidad podía recrear a Vongola, valía la pena intentarlo, aunque no esperó que las cosas se salieran del frágil control que quedó tras la pérdida del Noveno en tan poco tiempo.
―¡Kyoko-chan! ―gritó su nombre cuando la vio separarse de él entre la multitud que corría en todas direcciones.
Tenía que alcanzarla. La lluvia de balas no se detenía, cada familia usaba sus propias habilidades para defenderse y atacar, mientras el pánico consumía sus sentidos y avanzaba sin reconocer a nadie. Escuchó la voz de Reborn a lo lejos, pero siguió corriendo aunque sabía que sería más fácil hacer lo que su ahora ex-tutor dijera. Girando entre el laberinto de pasillos, sus guardianes y aliados parecían escapar de su mirada. No sabía dónde estaba Lambo, aunque le reconfortó ver en algún punto que Hayato protegía a I-pin, y que Takeshi se había quedado junto a Chrome y Dino, tratando de prevenir que los atacantes se movieran de su sitio. Los demás... quién sabe.
¿Qué demonios había pasado? Primero le habían rogado, implorado y exigido aceptar el título de Vongola Neo Primo, pero apenas Coyote Nougat, segundo al mando después de la terrible muerte del Noveno y en la ausencia del líder de CEDEF, lo hubo nombrado "jefe", se desató el caos. No sabía quién había empezado ni le importaba, sólo supo que unos segundos después de los aplausos, los disparos hicieron más ruido.
Aminoró el paso cuando llegó a una pequeña sección techada del amplio jardín trasero, y se sostuvo de un pilar para inspeccionar su alrededor. Había un pequeño almacén a un par de pasos, pero no parecía haber nadie cerca. Apenas en ese momento se dio cuenta que tenía más heridas de las que imaginó. Su respiración agitada y las lejanas detonaciones eran lo único que hacía ruido en su improvisado refugio, pero cuando empezaba a bajar la guardia, un grito alertó sus sentidos. Su intuición le advirtió que no fuera, pero ignorándola como todo hasta el momento, corrió hacia el almacén y, al dar vuelta en la esquina, halló a Kyoko medio inconsciente contra la puerta ensangrentada y, frente a ella, a un hombre con dos pistolas que sonreía con descaro.
―¡Kyoko-chan! ―gritó atravesándose en la horrible escena, mientras Kyoko luchaba por no perder el conocimiento―. Tranquila, te sacaré de aquí ahora mismo.
―Hey, hey, Neo Primo ―le habló el hombre en italiano y haciendo gracia de su recién adquirido título―. ¿Ya te vas? Si la fiesta de bienvenida acaba de empezar.
Tsuna reconoció que no habría salida fácil y se colocó frente a Kyoko.
―Vaya que el Noveno se estaba haciendo viejo, ya tenía algo mal en la cabeza. Pero ¿elegir a un mocoso para liderar a Vongola? ―se burló el hombre sin disimulo―. Esos Trifoglio le hicieron un favor al viejo, ¿no crees, Neo Primo?
Tsuna entró en modo Hyper y lo estrelló contra uno de los pilares del área techada.
―No vuelvas a insultar al Noveno.
―¿Vas a decirme que fue un buen hombre? ―le preguntó el italiano―. Deberías escuchar la opinión de los que están fuera de la alianza o de los que vivimos forzados a estar en ella por tanto tiempo. Contigo a la cabeza, no hay duda de que Vongola pronto llegará a su fin ―agregó, escupiéndole la sangre que se había acumulado en su boca tras el impacto.
Sin embargo, un nuevo quejido de Kyoko interrumpió su conversación. Otro hombre había entrado en la escena y la amenazaba con una katana corta.
―Los italianos no son los únicos inconformes en la alianza, Neo Primo ―le dijo el sujeto.
―Suéltala, ella no tiene nada que ver ―le dijo Tsuna, aún sujetando al otro contra el pilar―. Su pelea es conmigo, sólo déjala ir.
―Me pregunto..., cuántas veces le rogamos a Vongola que perdonara a aquellos que eran inocentes ―dijo el hombre asiático, mientras paseaba su arma suavemente a través del cuello de Kyoko― y cuántas fuimos ignorados.
―¡No!
―No te descuides, mocoso ―intervino el italiano cuando Tsuna disminuyó su agarre.
Se liberó con facilidad y le disparó en la pierna, haciéndolo caer.
―¡Tsuna-kun! ―gritó Kyoko.
Sabía que debía actuar rápido, ahora ambos hombres custodiaban a Kyoko, y estaba claro que su intención no era discutir las políticas de la alianza. Podría usar sus llamas para impulsarse hacia ellos, pero la debilidad de su pierna herida le hacía dudar la efectividad de ello. Por lo que, en un intento desesperado, se preparó para usar el X Burner, aunque sería complicado mitigarlo considerando su inestabilidad, pero no quería lastimar más a Kyoko ni terminar asesinando a sus agresores. Sin embargo, como todo en la alianza, el modo de empleo de sus habilidades se supo rápido. Cuando parecía estar listo para liberar el ataque, sintió un fuerte dolor en la mano con la que apuntaba, después notó la sangre que escurría de ella, corroborando que segundos antes había escuchado el sonido de la detonación. El hombre de las armas de fuego le había disparado en la mano. Apretó los dientes, dispersando las llamas de su ataque.
Kyoko volvió a gritar cuando el cuchillo rasgó parte de su vestido. Tsuna intentó ponerse de pie, pero la herida en su pierna se lo impedía. Entonces recordó otra alternativa. Reborn le había enseñado que el elemento sorpresa podía ser verdaderamente efectivo y, por eso mismo, un par de días antes le había entregado una pistola semiautomática, diciéndole que la llevara consigo siempre. Por su entrenamiento en Italia, no podía negar que sabía bien cómo se usaba, pero nunca la había apuntado a un blanco real. Indeciso aún, la alcanzó al interior de su saco y, con la vista medio nublada, apuntó.
―Déjenla ir.
―Si sabes que estás en desventaja, ¿verdad? ―se burló el italiano.
―Es mejor que no hagas nada imprudente ―le advirtió el otro hombre.
―Tsuna-kun, no..., no lo hagas ―dijo Kyoko, pero Tsuna no podía atender esa súplica.
En su mirada había duda, su ceño fruncido, caracterizando su forma de batalla, estaba bañado en sudor y sangre, pero sus manos ya no rezaban, se concentraban en asir el arma y tratar de dejar de temblar.
―Yo me encargo ―dijo el italiano, dejando a Kyoko al cuidado del asiático.
Tsuna titubeó de nuevo cuando lo vio acercarse, con lentitud, como midiendo su territorio. Sin previo aviso, el hombre activó unas llamas de tormenta y, usando su habilidad para desintegrar, las dirigió a uno de los pilares, para que los escombros cayeran sobre Tsuna. Éste se arrastró en el suelo lo más rápido que pudo, usando su mano izquierda para impulsarse débilmente con sus llamas, estrellándose contra una pared de la bodega al no poder regularlas. Sin embargo, al salir temporalmente del campo de visión, su intuición le dio una última advertencia: tenía que hacerlo ahora o no podría salvar a Kyoko. Dudó un infinito instante en el que sintió una insoportable presión en el pecho y su mirada se desenfocaba insistentemente. No supo en qué momento salió de modo Hyper, pero se sentía mareado. Luego, obligándose a no pensar, disparó; dos veces, en los puntos donde le habían enseñado. Los impactos atravesaron la espalda del italiano, que cayó de rodillas y lo miró con ojos incrédulos, y Tsuna se vio reflejado en ellos. El pánico empezaba a afectarle la respiración. "Patético", pensó, "te ves patético", pero poco después su reflejo se perdió cuando el hombre se desplomó sin vida.
El asiático chasqueó la lengua y dio unos pasos atrás, mientras aún sostenía a Kyoko, quien miraba la escena con lágrimas escurriendo de su rostro. Tsuna redirigió su atención a ellos, desde el suelo, haciendo un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie, apoyándose en la pared y apuntando hacia el nuevo blanco.
―Tsuna-kun… ―Lloró Kyoko extendiendo su mano.
Su cuerpo empezaba a fallarle, se sentía demasiado débil y el pánico no le estaba ayudando, pero si se derrumbaba ahí todo habría sido en vano. Dio un paso forzado tras otro, mientras el hombre arrastraba a Kyoko consigo.
―¿Por qué no te rindes, Neo Primo? ―preguntó el asiático―. A este paso no llegarás muy lejos, date cuenta: estás en desventaja.
Efectivamente estaba en desventaja, pero ¿de qué diablos se preocupaba? Nunca había dejado de ser un patético perdedor, ¿por qué tendría que importarle ahora?
―Siempre lo he estado ―le contestó al fin, reencendiendo su llama―. No me subestimes.
Nublando su pensamientos, la luz que iluminaba sus ojos despareció en cuanto disparó nuevamente, atinando a la muñeca del hombre, que soltó su arma y a Kyoko como consecuencia del dolor. Kyoko quiso huir, pero el hombre alcanzó la katana con su mano ilesa, inmovilizándola al clavarla en el suelo atravesando su tobillo, un muy mal movimiento. Ni siquiera tuvo tiempo de reflexionar en su error cuando el nuevo disparo de Tsuna traspasó su cabeza.
Los gritos reprimidos de Kyoko ahogaron el silencio. Tambaleándose, con su llama más inestable que nunca, Tsuna llegó hasta ella, y cayó de rodillas tras completar la acción de retirarle la katana, que se resbaló de su manos a unos metros de distancia. Kyoko tembló a su lado desde la frialdad del suelo y lo abrazó. Se pegó a él con fuerza, repitiendo su nombre, y los ojos de Tsuna se despejaron un poco, reprimiendo las lágrimas que se rehusaba a desperdiciar sobre ese charco de sangre sucia. En ese momento pensaba sinceramente que Vongola podía irse al infierno, donde seguro estaban todos sus jefes anteriores.
―No te preocupes ―le dijo abrazándola también―, te protegeré. Los protegeré a todos.
Con pasos inestables, avanzaron por el resto de la mansión, entre balas y explosiones, preguntándose cuándo terminaría todo. Mientras que con una mano presionaba constantemente el gatillo y con la otra encendía llamas irregulares, nublando su mirada y sus pensamientos cada vez que se topaba con alguien, la escuchaba sollozar. Esa pesadilla tenía que terminar antes de que perdiera la poca fuerza que lo mantenía de pie. Sin embargo, cuando llegaron a una sala del segundo piso, los recibieron con una emboscada.
Aprisionados contra una pared, se preguntó por qué le había dado tanto miedo montar una motocicleta cuando tantas veces estuvo al borde de la muerte. Mientras las manos de Kyoko se aferraban a su espalda y lo llamaba de nuevo, la debilidad volvió a invadirlo. Se odió por su incapacidad de mantener en alto su arma, por la terrible inestabilidad que encendía y apagaba su llama, por todo. Cerró los ojos un instante, y cuando los abrió de nuevo habían eludido la muerte una vez más gracias a la rápida acción de Reborn, que acabó con los seis hombres que quisieron hacer lo mismo con ellos.
―No cierres lo ojos, Tsuna inútil ―le dijo―. A menos que realmente quieras morir.
No había sido un regaño, ni un reclamo si quiera, se lo dijo con sinceridad.
―¡Tsuna!
―¡Neo Primo!
Takeshi y Hayato se acercaron a atenderlos, mientras Ryohei anunciaba que Varia había llegado y asistiría a Vongola. Cuando cayó la noche, ya no se oía nada. Shamal y otros cuantos médicos en la escena ayudaron a estabilizar a los heridos, mientras esperaban las ambulancias y más refuerzos. Kyoko se había quedado a su lado incluso después de que trataron sus lesiones, sin decir nada, sin hacer nada, sin mirarlo siquiera. Le alegraba, pero dolía.
―Lo siento ―dijo sin mirarla tampoco, desde el pequeño rincón que eligieron entre los escombros―. Yo... no sé qué hice, pero... te puse en peligro, los puse a todos en peligro y...
Mientras ordenaba sus ideas, Kyoko lo rodeó con sus brazos.
―Tsuna-kun, no eres una mala persona ―le dijo―. Aún a pesar de todo, sigo agradeciendo el haberte conocido, porque gracias a ti, ―se alejó para mirarlo―, al fin sé lo que debo hacer.
―Pero yo...
―Tsuna-kun ―lo interrumpió con dulzura―, no me romperé de nuevo. Me volveré fuerte... para poder proteger lo que amo..., aunque no esté a tu lado..., ¿sí?
Esos ojos miel de nuevo mostraron tristeza, tristeza y agradecimiento sincero. Recargó su frente sobre la de ella, cerrando sus ojos, y ella hizo lo mismo. Recordó las palabras de Reborn, pero no quiso abrirlos.
