Sueños intranquilos

Diario de Selket

Desperté con el corazón agitado. Respiraba entrecortadamente cuando me di cuenta de que aún estaba en la casa de Escorpión, en mi propia cama. Había sido un mal sueño. Cassandra, la chica de Virgo, seguía apareciendo en mis sueños con frecuencia, aunque esta vez no fue un sueño suyo lo que me exaltó. Desde hacía algunas noches había empezado a sentir unos estallidos de cosmoenergía espontáneos. No ocurrían por más de dos noches consecutivas, pero pude sentirlos frecuentemente estas últimas noches. Tenía que averiguar quién los provocaba.

Me levanté silenciosamente y avancé hasta la entrada de la casa, donde, para mi sorpresa una voz me sorprendió.

-Así que tú también los has estado sintiendo- dijo la voz en la oscuridad de una columna. Era Milo.

-Sí, maestro. Durante varias noches he sentido lo mismo, pero no tengo idea de quién pueda estarlos provocando- respondí enseguida.

-Hace un rato sentí el cosmos de Mu alejarse hacia los límites orientales del Santuario. Ya veremos qué noticias trae- me informó.

Permanecí unos segundos en silencio hasta que me preguntó si no tenía sueño. Negué con la cabeza.

-Bueno, quédate, la noche está despejada- dijo, con una sonrisa fugaz.

Nos quedamos viendo el cielo en silencio por algunos minutos, hasta que sentimos de nuevo el cosmos de Mu en las cercanías. Se encontraba de vuelta en la calzada zodiacal, seguido por la chica de cabellos rojos. Había algo en ella que me resultaba atrayente y a la vez repelente, no sabría definirlo bien. Era extraña la sensación que me producía siquiera verla. Por un instante, nuestras miradas se encontraron. En una fracción de segundo, sentí todo mi cuerpo arder. Mis ojos destellaban al igual que los suyos. Era como dos fuegos que se encuentran y se entrelazan en una danza frenética. Sentí el impulso de alcanzarla, pero una mano me sujetó cuando intenté avanzar. Milo me detenía con su brazo con firmeza. La chica permaneció quieta unos segundos y luego entró a la casa de Aries. En ese instante, el fuego de mis ojos se apaciguó.

-X-

Diario de Katarina

Regresamos al Santuario, cruzando por la ladera oriental y cayendo directamente a la casa de Aries. El cielo estaba igual de claro, aunque algunas nubes amenazaban con ennegrecerlo. Mu se encontraba caminando delante de mí, y yo estaba algo distraída pensando en la conversación que acabábamos de tener.

Cuando estaba sobre las losas de la casa de Aries, noté un cosmos algo lejano, pero contundente, apuntando directamente hacia mí, como si me estuviera observando detenidamente. La llama de mis ojos flameó vivaz cuando encontré a la dueña de aquel cosmos: La aprendiza de Escorpión se hallaba en la octava casa observándome en la distancia. Milo se hallaba un poco más atrás de ella. Le sostuve la mirada por una fracción de segundo, y sus ojos estallaron en una gran llama azul.

Nuestras miradas ardían, pero ninguna de las dos nos movíamos. Otro segundo hubo de transcurrir hasta que detuve el contacto visual y terminé de entrar a la casa de Aries.

No olvidaría a esa chica de cabellos oscuros y ojos cerúleos y penetrantes. Su mirada, la llama que vi arder en ellos, bien la conocía yo… cada vez que hallaba mi propio reflejo.