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El beso del diablo

Capitulo 10: Besos

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Aun con los ojos cerrados y sin la menos intención de abrirlos sabia que había amanecido lloviendo gracias al sonido de las gotas de lluvia chocando contra el cristal de la ventana.

Estaba completamente cómoda en esos momentos por lo que lo último que deseaba era moverse ni un solo centímetro.

El suave tacto de las sabanas, el aroma a menta, café y pólvora tan característico en Yoichi llenando sus pulmones, el calor de sus firmes y fuertes brazos rodeándola posesivamente haciéndola sentir segura y cómoda junto con el firme contacto del masculino torso de él contra su espalda la hacían sentir además muy relajada.

Recordaba los besos que habían compartido la noche anterior con una pasmosa claridad, la pasión con la que él la había besado hasta que su mente había quedado en blanco, sus manos masculinas y grandes tocando su cuerpo con caricias suaves pero excitantes y sus dientes rozando su piel mientras el besaba con ahínco su cuello.

Había sido perfecto.

No habían tenido sexo. De eso estaba segura, sabia que estaba vestida con la misma ropa de la noche anterior. Sonrío al pensar que aun si no llegaron a tener sexo había sido la experiencia más excitante de su vida.

No es que nunca antes hubiera besado a alguien o que jamás hubiera tenido un novio, antes de ingresar en la universidad había salido con un chico, él había sido el único que la había invitado a salir a pesar de los muchos rumores de que ella era la novia de Yoichi y ella aun que con ciertas dudas había aceptado.

Habían salido durante algunos meses y siempre fue bastante amable y caballeroso con ella a pesar de que solía estar asustado de cerberus. No es que el perro fuera especialmente agresivo con el chico ni nada pero solía seguirla a todas partes mostrando sus afilados dientes en medio de gruñidos cada vez que se acercaba demasiado a ella.

Aun así ese chico le dio su primer beso.

Cuando dio su primer beso no se había sentido ni siquiera cerca de lo que sintió la noche anterior en brazos de Yoichi, con su demonio rubio había sido completamente diferente, había sido un beso intenso y maravilloso.

Claro que como toda chica recordaba su primer beso, aun que no lo hacia con la misma ilusión y nostalgia que la mayoría de las chicas, no lo recordaba por que fuera realmente espectacular, si se apegaba a la realidad tenia que admitir que había sido un contacto mas bien tímido, un mero roce de labios, un beso inocente.

Los besos de Yoichi por el contrario no tenían nada de tímidos o inocentes, los besos de Yoichi eran apasionados e intensos, tanto que la hacían perder el sentido de la realidad, su mente perdía claridad y sus pensamientos se nublaban en cuanto los finos labios de él entraban en contacto con los suyos.

Cuando Yoichi la besaba ella reaccionaba de una manera tan apasionada y sin inhibiciones que la sorprendía de sobremanera. Cuando el la besaba, la tocaba o simplemente la miraba con esos ojos verdes ella se olvidaba de la cordura y de todo a su alrededor para convertirse en alguien dominada completamente por los instintos e impulsos de su cuerpo.

Le habría gustado pasar todo el día así, arropada por los brazos de su demonio y sin preocupaciones rondando su mente. Solo ellos dos solos sin preocuparse por los entrenamientos, por algún esclavo intentando revelarse o por algún espía de los equipos rivales intentando robar las jugadas nuevas que Yoichi y ella diseñaban.

Pero la parte de si misma que Yoichi solía llamar "mamá gallina" le recordaba que la sala, el comedor y la cocina eran un desastre que necesitaba ser limpiado. Con un suspiro pequeño de resignación se levanto despacio, moviéndose con lentitud para no despertar a Yoichi y camino hasta el baño después de tomar ropa limpia.

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Despertó solo esa mañana a pesar de que sabia que no había dormido solos, hacia mucho tiempo que era común para él dormir con Mamori. Aun podía notar el aroma de vainilla en las sabanas, respiro profundo llenando sus pulmones con la dulce fragancia de su maldita novia y sonrío antes de abrir los ojos al escuchar el ruido proveniente de la sala.

No le sorprendía realmente que Mamori estuviera limpiando, era una jodida mamá gallina después de todo y si no fuera así no seria la jodida mujer que él conocía. Su sonrisa se amplio aun mas al percibir el aroma a café recién echo flotando en el aire.

El sonido de las gotas de lluvia contra la ventana llenaba el silencio de la habitación, perezosa y desganadamente se levanto de la cama, sin detenerse mucho a pensar tomo ropa limpia y dejando un reguero en su camino a la ducha se dispuso a tomar un buen baño para despejarse.

El agua estaba fría, helada a decir verdad, pero eso le ayudaba a calmar a su muy despierta anatomía cosa que agradecía en esos momentos, cerró los ojos relajando sus músculos tensos y se dedico a disfrutar de su ducha matutina.

Ya estaba mas que acostumbrado a esas duchas matutinas con agua helada, desde que entro en la pubertad había tenido que recurrir a ellas, claro era aun mas necesario desde que esa maldita mujer había entrado en su vida.

Cuando media hora después entro en la enorme habitación que hacia de sala, comedor y sala en su amado departamento la vio y sonrío, no una de sus sonrisas diabólicas marca registrada, no, esa sonrisa fue una honesta y hasta alegre.

Una de esas sonrisas que cuando las vez en los labios de otro tu también terminas sonriendo como bobo, esa sonrisa de Hiruma Yoichi fue como el paso de un cometa, algo tan hermoso y raro que debe ser apreciado y guardado en la memoria para siempre.

Pero desgraciadamente nadie fue testigo de semejante evento tan sorprendente como fugaz pues la única persona en los alrededores, quien curiosamente resulto ser la causa de dicha sonrisa, se encontraba luchando desesperada por limpiar una mancha de color extraño sobre uno de los cojines color rojo escarlata del sofá.

Ensancho su sonrisa mientras miraba a la chica detalladamente, su cabello castaño estaba suelto y aun ligeramente húmedo, sabia que al acercarse a ella el aroma a vainilla que en esos momentos se percibía ligeramente seria tan fuerte y excitante para él que terminaría besándola por lo que decidió seguir mirándola un poco mas antes de acercarse y besarla.

Llevaba puesta su vieja camiseta de los Deimon, desde que ella comenzó a quedarse en su casa usaba esa camiseta como pijama y tenia que admitir que le encantaba verla usándola. En ella era mas parecida a un camisón y a pesar de que le quedaba varias tallas mas grande insinuaba de una manera sutil cada una de las curvas de la chica y dejaba a la vista esas largas piernas.

Piernas que en esos momentos estaban desnudas, ella estaba descalza y aparentemente usando solo su vieja camiseta. Su sonrisa muto lentamente hasta convertirse en una sonrisa torcida que dejaba claro los pensamientos poco castos que le pasaban por la cabeza en esos momentos al verla inclinarse ligeramente para sacudir los grandes almohadones del sofá dejando a la vista mas piel de la que su autocontrol lograba soportar.

Aparto la mirada de la blanca y cremosa piel de los muslos de Mamori, se acerco lenta y sigilosamente a ella con cuidado de que ella no notara su presencia, el aroma a vainilla llego a él como si fuera un golpe en el rostro, aspiro profundamente, se detuvo a unos centímetros de ella, dejo a sus manos actuar por si solas y su sonrisa diabólica adorno su rostro al verla saltar asustada al sentir como la tomaba firmemente por la cintura.

Aun con sus manos en la fina cintura de Mamori la obligo con delicadeza a voltear para mirarla a la cara y rió al verla completamente sonrojada mientras con manos temblorosas se aferraba al cojín escarlata y lo miraba sorprendida y abochornada por el gritillo infantil que había escapado de sus labios instantes atrás.

-Yoichi…

El sonrojo de Mamori aumentaba hasta un punto en el que su rostro podía confundirse con el color de la camiseta que usaba en esos momentos, la sonrisa torcida de Hiruma aumento y se acerco a ella hasta que sus rostros estaban a un escaso palmo de distancia, con sus ojos verdes fijos en los azules de ella hablo en un tono bajo y ronco que ella jamás había escuchado antes y que hizo que sus rodillas temblaran.

-Me gusta tu pijama maldita novia…

Sabía que si los fuertes brazos de su demonio no la estuvieran sosteniendo en esos momentos no seria más que un charco en el suelo, derretida por el tono ronco y muy sensual que le estaba dejando el cerebro embotado y si a eso le sumaba que le había llamado su novia, bueno técnicamente le llamo maldita novia, pero no era un insulto.

A esas alturas esas palabras eran para ella igual que los "Cariño" o "Cielo" que muchas veces escucho decir a su padre refiriéndose a su madre, para ella no eran mas que palabras cariñosas y se sintió feliz por escucharlas.

Sabía de antemano que Hiruma Yoichi era un hombre fuera de lo normal y si era honesta no lo amaría si fuera de otra manera. Sonrío feliz de saber que era su novio, no lo había pedido pero de cierta manera había sido perfecto.

-Yoichi…

Se maldijo de mil maneras cuando su embotado cerebro no logro formular ni una sola frase coherente y de sus labios solo escapo el nombre de él, pero no fue la palabra lo que la mortifico, no, lo que la dejo pasmada y avergonzada fue el tono de su voz. Un murmullo bajito y tembloroso acompañado de una mirada de alegría que dejaba en evidencia que en esos momentos estaba a merced de ese demonio y que a pesar de eso estaba feliz…

-Tendremos unos días libres maldita novia, vamos a ir a unas jodidas aguas termales… has tu maleta, nos vamos en un par de horas.

Aturdida por la cercanía, el aroma mentolado de su aliento y su perfume, el calor de su cuerpo contra el suyo y sus manos acariciando su espalda con lentitud abrumadora y placentera la dejaron muda, incapaz de responder con nada más que un asentimiento de cabeza.

Hiruma dejo de sonreír y acabo con la distancia que los separaba, la beso. Un beso suave en un principio, junto sus labios con los de ella y la dejo adaptarse un minuto antes de comenzar a mover los suyos, ligeramente rozo el labio inferior de ella y en respuesta los labios de Mamori se abrieron ligeramente correspondiendo al beso.

Un beso que a cada segundo se tornaba más y más apasionado, mas intenso y Mamori en un arranque de pasión sofocante soltó el cojín que sostenía en sus manos y con un fluido movimiento lo abrazo por el cuello enredando sus dedos en el húmedo cabello rubio del demonio para acercarlo más a ella. Para evitar que se apartara y continuar disfrutando de ese agradable calor en su vientre y del placer que los labios de él le regalaban.

Se separaron un poco para respirar y los labios de Hiruma descendieron por la mandíbula de Mamori dejando pequeños besos hasta llegar al blanco cuello de ella, sonrío contra su piel y se dedico a besar con ahínco y succionar ligeramente la piel de ella. Sabia que dejaría marca, ambos lo sabían, pero no importaba.

El placer que estaba sintiendo hacia que Mamori ignorara las consecuencias y se dedicara a vivir el momento, solo Yoichi lograba sacar esa parte de su personalidad, solo cuando Yoichi la tocaba despertaba una Mamori que no pensaba en proteger a los demás, una mujer que disfrutaba dejarse dominar por sus impulsos y dejar que las hormonas tomaran el control.

En las manos y labios del demonio mas temido de la ciudad dejaba de ser la chica buena y angelical que todos conocían y se trasformaba en un súcubo, en los brazos de Yoichi ella dejaba de ser un ángel para convertirse en una diablesa mas interesada en el placer carnal que en cualquier otra cosa.

A Hiruma no le importaba dejar marcas en la piel de su novia, por el contrario estaba deseando hacerlo, dejar claro que esa mujer que lo besaba con desenfreno era suya, tenia que dejar bien claro a todos esos jodidos imbéciles que jamás podrían tocarla, que ninguno llegaría a estar así de cerca de ella. Ella era su maldita novia.

Los demonios son posesivos y no gustan de compartir aquello que consideran suyo y él no era la excepción, aun que estaba conciente de que ella no era un objeto, que no era algo que pudiera marcar con su nombre y que así le pertenecería por completo. Ella era una mujer, una chica importante que no deseaba perder, alguien que necesitaba en su vida y a la que no estaba dispuesto a renunciar.

Ella no era un objeto pero aun así esos jodidos imbéciles no se acercarían a Mamori mientras él pudiera evitarlo.

Un suave jadeo acompañado de un gemido ahogado resonó por la habitación cuando las manos de Hiruma bajaron hasta los muslos de Mamori, ella se estremeció cuando los largos y delgados dedos acariciaron su piel desnuda sin rastro de timidez, en un instante en que su mente quedo en blanco solo un pensamiento resonaba una y otra vez, quería besarlo, besar sus labios y tirando de sus rubios cabellos lo aparto de su cuello y estrello sus labios con los de él.

Estaba sorprendido de esa chica en sus brazos… la simple y maternal Mamori que todos conocían se estaba transformando en una fiera salvaje, ella lo estaba besando con pasión mientras sus manos tiraban de su pelo con fuerza, lejos de molestarle soltó un gruñido de satisfacción cuando ella recorrió su cuero cabelludo con las uñas lentamente.

En algún punto Mamori dejo de sentir que sus pies tocaban el suelo y su espalda choco con algo mullido, el sofá de la sala por lo que podía deducir, no podía asegurarlo pues cuando el cuerpo firme de Yoichi la aprisionó con su peso su mente se torno confusa, miles de ideas vagaban libremente pero todas ella tenían relación con el mismo asunto, lo maravillosamente bien que se sentía besar a Hiruma Yoichi y mas aun sabiendo que era suyo…

Por que ella también era posesiva, ese demonio de labios finos que al besarla la hacían experimentar sensaciones que jamás había sentido, emociones desbordantes que la dejaban con la mente embotada y el corazón latiendo a la velocidad de el de un colibrí, pero sobretodo que despertaban en ella un calor antes desconocido en lugares innombrables en su cuerpo.

Por todo eso jamás dejaría que alguna chica se robara a su demonio, ninguna otra mujer en el mundo podría entenderlo como ella, jamás alguna mujer podría comprender sus motivaciones y aceptar sus actitudes como ella. Ninguna podría quererlo como ella, ninguna amaría tanto a ese hombre aun con sus defectos, no, ella no lo amaba aun con defectos ella lo amaba por ellos. Amaba sus virtudes ocultas y sus evidentes defectos.

Por que quería ser la única capaz de ver sus escasas sonrisas sinceras, quería ser la única en escuchar ese tono ronco y seductor con el que le hablaba solo a ella, quería ser la única en despertar a su lado todos los días y ser capaz de verlo dormir.

Por que verlo durmiendo era una experiencia única, su rostro abandonaba todo expresión sarcástica, sus parpados cerrados ocultaban sus ojos color esmeralda pero no importaba realmente por que ver esa expresión relajada compensaba el echo de no ver sus ojos, en esos momentos cuando el sueño relajaba su rostro su expresión era la de un ángel.

Por que no tenia caso negar lo obvio, cuando no tenia esa sonrisa diabólica en los labios que aterroriza a las personas era mas fácil apreciar en realidad sus facciones, su nariz recta que le daba un toque orgulloso y masculino, sus labios finos que en esos momentos estaban entreabiertos dándole un aspecto adorable, rió un poco al pensar en que esa debería ser la ultima palabra asociada a su novio Hiruma Yoichi.

Adorable.

Rió mas al sentir como el dejaba de besarla y la miraba con el claro mensaje en sus ojos verdes… "estas loca jodida mujer" lo beso de nuevo y se estremeció al sentir las manos de él sujetando sus piernas con un poco mas de fuerza. Estaba disfrutando mucho de los besos de su novio pero repentinamente recordó que se suponía que en un par de horas irían a unas aguas termales y la idea se le antojaba maravillosa.

Sin muchos ganas de hacerlo se aparto bruscamente de Yoichi, jadeando mientras el con la respiración igual de agitada que ella la miraba con una mueca antes de besar su cuello, se estremeció y sus mejillas se colorearon aun mas pero intento mantener la mente clara, intento mantener la idea de que saldrían de viaje, su primer viaje como una pareja… agitada y sin pensar muy bien lo que estaba diciendo intento hablar.

-Yoichi… el viaje… las maletas…

Hiruma sonrío al escucharla, con la respiración jadeante, la voz enronquecida, los labios rojizos eh hinchados por sus besos y soltando pequeños gemidos ahogados entre palabras, se aparto de su cuello y la beso en los labios una vez mas, un beso suave antes de apartarse de ella definitivamente.

Ella le sonrío cuando lo vio apartarse y tras levantarse del sofá con piernas temblorosas se encamino a la habitación aun con la radiante sonrisa en los labios a hacer las maletas, emocionada ante la perspectiva de unos días solo ellos dos, lejos de los chicos del equipo de futbol americano de la universidad, de los esclavos de Yoichi y de la universidad se le antojaba el paraíso.

No le preocupaba realmente faltar unos días a la universidad, seguramente Yoichi ya habría arreglado. Saco su maleta de debajo de la cama y se paro ante su armario dispuesta a enfrentar un gran dilema de suma importancia en esos momentos.

"¿Que ropa debería llevar?"

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Antes que nada lamento la demora, se que pensaran que para semejante capitulo tan pequeño la tardanza es ridícula pero en mi favor diré que ese trabajo que mencione fue el infierno para mi pues mi salud se deterioro muy rápido.

Al final decidí dejarlo por la paz y comenzar a buscar uno nuevo antes de que mi salud resultara aun más perjudicada por el terrible horario, así que por un tiempo, que espero sea corto, estoy desempleada.

Bien, ya se que los aburro con mis asuntos que seguramente no les interesan pero en fin, en el próximo capitulo esos dos estarán solitos en unas aguas termales… les gusta este Yoichi? No les parece muy fuera de personaje? Intento imaginar como actuaría Yoichi en esas situaciones pero me resulta un tanto complicado. Espero que no le este haciendo tan mal.

Aun no eh escrito el capitulo once así que no les adelanto ni un poquito aun que son libres de dejar un comentario con alguna sugerencia o petición, las tomare en cuenta!

Por hoy me despido pero intentare volver muy pronto

Atte.-

Patzy