¡Hola! Lo siento, no tengo palabras para disculparme. Ni siquiera tengo alguna excusa. Pero aquí tiene la continuación. Aquí van a dar las 3 de la mañana pero necesitaba subirlo por ustedes.
Espero aún tenga su apoyo y sus ánimos.
Disclaimer: Inuyasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Solo por ti.
Capitulo Diez.
Inuyasha miraba por milésima vez ese diario que lo carcomía por dentro. Tenía en sus manos el secreto que guardaba Kagome. En su mente miles de preguntas se aglomeraban, sin respuesta, fue en una de esas preguntas que algo ilumino su rostro.
-Por eso Sesshomaru esta con Kagome- una sonrisa se formó en sus labios- no es porque la ame, es porque ella es una princesa.
Con esos pensamientos se levantó de un salto, miro a través de la ventana, el cielo estaba oscuro aun a pesar de estar en media tarde, un golpeteo le dio la pauta para saber que la lluvia comenzaba a caer… aun así no se detuvo, salió de su cuarto precipitándose a las escaleras, sabía muy bien que Sesshomaru en esos momento no estaba en los dormitorios masculinos, sino que estaría con Kagome.
Una enfermiza felicidad le embargaba, en sus más rebuscados pensamientos tenía la certeza de que Kagome… seria suya. Corrió, atravesando la lluvia que caía con fuerza contra él, no le importaba.
Se detuvo cuando estuvo a pocos metros de los dormitorios femeninos, pues en la puerta estaban esas dos personas a las cuales buscaba con desesperación… comenzó a acercarse, sin embargo algo le detuvo, algo dentro de él le detuvo, por lo cual se escondió para poder escuchar.
-¿Seguro que estarás bien?- la voz de la morena sonaba ligeramente preocupada.
-Estaré bien, no me volveré a enfermar- los ojos de Inuyasha se contrajeron al ver como su hermano acariciaba la cabeza de ella- no soy tan débil.
Ella embozó una diminuta sonrisa antes de soltar una carcajada.
-Sí, sí… el gran Sesshomaru no se volverá a enfermar- Kagome tomó la mano que le acariciaba, para tenerla entre las suyas-… Sesshomaru…
-¿Qué pasa?
-Gracias por llevarme con tu padre.
-Supongo que yo debería decir esas palabras, pues por ti todos los que están aquí podrán ver a sus familias aunque sea por un día…
-Era lo menos que podía hacer…- la fija y penetrante mirada ambarina, le hizo sonrojarse, apartando la vista- es mejor que te vayas, tengo que ir a ver a Kikio… quiero saber cómo se encuentra.
-De acuerdo…- cuando ya iba retirarse se acordó de algo- Kagome- ella se volteo pues igual ella ya estaba por irse- tu cuaderno… te lo devolveré.
-¿Lo leíste?- con temor soltó esa pregunta.
-… no, y no lo pienso hacer.
Algo en el interior de la morena se calmó pero a la vez se enervó.
-Gracias…- él tomó la mano de ella besándola levemente.
-De nada, Kagome.
Inuyasha se quedó paralizado, Sesshomaru no había leído el diario… ¿Él… la amaba? Su cuerpo no se pudo mover, estaba como ido, sin saber ahora que hacer… no, necesitaba hacer algo.
-¡¿Por qué?
Kagome giro sobre sus talones sorprendida al oír esa voz. Y se sorprendió a un más al ver a Inuyasha empapado de pies a cabeza con una mirada lastimera.
-¿Inuyasha…?
-¡¿Por qué?
-¿Qué quieres decir? ¿Qué…?- detuvo bruscamente su pregunta al verlo avanzar hacia ella.
Soltó una exclamación asustada al ver cómo era acorralada contra la pared.
-¿Por qué lo elegiste a él? ¡¿Por qué maldición?
Ella parpadeo confundida y aterrada, hasta que esas palabras tuvieron sentido y la furia recorrió su cuerpo.
-¡TÚ NO TIENES NINGUN DERECHO A RECLAMARME! ¡YO ELEGÍ, AL IGUAL QUE TÚ!
Inuyasha quedo aturdido como si le hubiesen dado una bofetada. Soltó a la morena, a al cual había tomado por los hombros.
-¡QUIERO QUE TE LARGUES!- y con un movimiento, cerro su puño para darle un certero golpe al ambarino que seguía enfrente de ella- ¡LÁRGATE!
Inuyasha masajeo la mejilla afectada con inmenso dolor… no solo físico sino también moral, ella estaba que echaba chispas pero igual está no pudo irse pues la siguientes palabras que salieron de la boca de él… la desarmaron.
-Una princesa no debería ser tan agresiva… ¿no crees, Tama Kagome?- las piernas de ella fallaron, el susto fue un gran shock para ella.
-¿Cómo lo… sabes?
-La mejor pregunta ahora sería… ¿Quieres que mi hermano se entere?
Eso fue un duro golpe, su alma se desmoronó… sus rodillas cedieron ante la gravedad mientras unas lagrima caían por sus mejillas. Él sabía su secreto. ¡Él lo sabía! Y no quería que Sesshomaru se enterara… egoístamente, no quería eso.
-No quiero…
-Entonces escúchame atentamente…
Inuyasha salió con una sonrisa del edificio, aun que estaba lloviendo sentía que ya nada era tan malo.
Kagome seguía en medio del pasillo, con la cara escondida entre sus manos. Intentando retener las lágrimas que amenazaban con salir y deslizarse. Que amenazaban con romper toda protección que le quedaba en pie.
"Quiero que termines con mi hermano… no hoy, quiero que sea dentro de un mes, antes de que sea su cumpleaños, antes de que ascienda al trono".
-Interesante…- una sombra se perdió después de haber escuchado tan entretenida conversación- muy interesante- siguió caminando- tengo que hablar con alguien.
Al llegar a su objetivo toco con los nudillos la puerta de caoba, espero unos segundos antes de que la princesa abriera con curiosidad, antes de sonreí con cordialidad y amabilidad.
-¡Oh! Es usted- Sango sonrió al encontrar a la compradora de la pieza de su prometido- ¿Le dio la pieza?- cuando la persona asintió, su sonrisa se amplio aún más- oh, pero que mala educación por favor adelante ¿y me permitiría saber su nombre?
-Por supuesto, princesa. Mi nombre es Esmeralda…
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-¡MAMÁ! ¡PAPÁ!- Ayame abrazo a sus dos progenitores con anhelo mientras unas cuantas lágrimas bajaban por sus mejillas- Cuanto los he extrañado.
Kagome sonrió mientras miraba a su alrededor, viendo todos las caras sonrientes y llorosas. Padres reunidos con sus hijos, hijos reunidos con sus padres… tanta felicidad.
-¡Kagome!- ella salto al oír ese llamado, cuando se volteo sus ojos resplandecían.
-Mamá… ¡Mamá!- cuando Naomi recibió en sus brazos a su hija, recordó que hace exactamente 9 años cuando una pequeña se abalanzo contra ella sollozando aunque en ese entonces no le decía mamá.
-Pero mira que hermosa estas- le sonrió cálidamente a su pequeña- supongo que estar enamorada ayuda igual.
-¡¿Qué?- un pequeño rubor cubrió sus mejillas al oír a su madre.
La suave risa de la mujer hizo que ella riese también.
-Me da gusto que hayas encontrado el amor, hija mía- Kagome cerró sus ojos al sentir la ternura con la que su madre adoptiva acariciaba sus cabellos pero al oír esas palabras se estremeció y recordó esas crueles y frías palabras de Inuyasha- ¿Pasa algo?
-No, nada- Naomi no estaba conforme con esa respuesta pero lo dejo pasar- ¿Dónde están Souta y el abuelo?
-No pudieron venir querida, el abuelo enfermó y Souta se quedo cuidándolo- los hombros de Kagome bajaron- pero te mandan muchos saludos y…- rebuscó entre su bolso hasta dar con lo que buscaba- me pidieron que te tomara muchas fotos.
Ella estalló en carcajadas.
-Nunca cambiaran- exclamó después de que terminara de reír.
-Por supuesto que no- afirmó la mayor con una sonrisa- entonces…
Kagome amplio su sonrisa segundos antes de que el flash de la cámara iluminara su rostro.
-Ven mamá, tengo que presentarte a mis amigos- tomó la mano de la mayor con dulzura.
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-¡Y esta es mi habitación!- Naomi sonrió al internarse en la estancia, reconocía la esencia de Kagome en cada parte, en cada rincón de ese cuarto.
-¿Eres feliz?- eso congeló a la morena.
¿Qué si era feliz? Su primera respuesta sería no sé, pero no sería del todo sincera porque en estos últimos dos años había logrado encontrar eso a lo que su madre llamaba felicidad.
En su mente varios rostros se mostraron.
Koga.
-Eres como mi hermana y te voy a proteger siempre.
Ayame.
-Gracias por regresarle la sonrisa a Koga, eres especial.
Kikio.
-Tú no eres como los demás… y por eso te has ganado mi cariño.
Sesshomaru.
-¿Por qué Sesshomaru? Esto era tan solo un juego hasta el final del año… ¿Por qué?
-Porque tal vez no quiero que sea un juego… ya no…
Su mirada se torno brillante pero se apagó con la misma rapidez al recordar las palabras de Inuyasha.
-Es posible- fue su respuesta final.
La puerta que previamente fue cerrada se volvió abrir, revelando a Sesshomaru que se veía algo agitado.
-¿Sesshomaru qué…?
-Mis padres quieren verte- su mirada chocolate fue directamente a su madre, él siguió esa mirada para encontrarse con la figura de una señora que le miraba entre recelosa y cariñosa- Buenas.
-Es un gusto, príncipe.
-Es mi madre, Higurashi Naomi- presento rápidamente Kagome al ver el desconcierto del hombre- mamá, el es Sesshomaru…
-Su pretendiente- terminó el mayor algo que la hizo sonrojar a la mujer más joven mientras que la mayor sonreía con dulzura.
-Espero que no falte a su palabra- se inclinó para luego volver alzarse con sus ojos llenos de sabiduría brillando de felicidad- Kagome lo merece.
-¡Sí, sí!- exclamó la morena queriendo terminar con ese escena que la estaba abochornando y mucho- vayamos para abajo.
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Inuyasha frunció el ceño, decidió alejarse al ver venir a su hermano con Kagome, la cual venía del brazo del ambarino.
-Kagome- Izayoi se acercó con sus brazos abiertos dispuesta a tomarla en brazos, en un abrazo cariñoso.
-Izayoi-sama- recibió ese gesto con algo de incomodidad.
-Madre- está miro a su hijo- quiero presentarte a Higurashi Naomi, la madre de Kagome.
-Es un gusto señora, tiene una maravillosa hija- Naomi cabeceó ante la adulación.
-No más que sus dos hijos- y no lo dijo por decir sino porque en verdad lo pensaba, ya que pudieron devolverle la sonrisa sincera a la morena.
Kagome se apoyo su cabeza en el hombro de su ambarino con resignación pero sonrió, sabia muy bien el porque de las palabras de su autoproclamada madre. Sesshomaru miró a la mujer que estaba apoyado en su cuerpo, una de las comisuras de su boca comenzó a curvase hacia arriba.
-¿Qué esta pasando ahí?
Inutaisho se adelanto, dirigiéndose a la multitud que se había hecho alrededor de algo o alguien. Se abrió paso con facilidad, todos se apartaban al verlo pasar haciendo una reverencia.
-Inutaisho-sama, es un gusto volver a verlo.
Este se quedó por unos segundos paralizado.
-¿Midoriko-sama?- Izayoi salió al frente pasando a un lado de su esposo.
-Cariño- el gobernante tomo a su mujer de la cintura.
-Izayoi ella es Midoriko-sama reina del reino Shikon, una de mis más antiguas amigas. Midoriko ella es mi esposa.
La mujer le sonrió a Izayoi, era hermosa. Se enorgulleció de su amigo, en verdad era feliz pero al mismo tiempo lo envidió.
-Felicidades, se ven realmente felices.
Fueron solo unos segundos pero la sonrisa de Midoriko vaciló, sus ojos avellanas captaron otros que mucho tiempo atrás dejo de ver y añoraba. Izayoi miró en la dirección que Midoriko estaba tan absorta mirando.
-Oh, ella es mi futura nuera Higurashi Kagome- está se sonrojo al oír la palabra nuera- y él es mi hijo Sesshomaru. Y la madre de Kagome, Naomi.
Naomi avanzó unos cuantos pasos quedando a la izquierda de Kagome, la morena se aferró a la muñeca de su madre. Midoriko inclinó la cabeza con respeto.
-Tienen unos hermosos hijos… y- miró a Naomi- usted posee a una hermosa hija.
-Fue una bendición- Kagome miró a las dos mujeres- del cielo y siempre lo agradezco.
Si Midoriko hubiese querido agregar algo más, no pudó.
-¡Mamá!- Sango se abrió paso rápidamente para llegar hasta su madre- ¿Qué haces aquí?
-Escuche que por hoy se permitía la entrada a los padres y quería verte- ahora se dirigió a los gobernantes- si me disculpan, vamos Sango.
Naomi se apartó para darle paso a Midoriko.
Gracias por cuidarla…
-Kagome debo irme ya- Naomi se sentía liberada al oír esas palabras de agradecimiento, siempre se sintió como una intrusa al implantarse como una madre para Kagome, ahora se sentía completamente en paz- no creo que Souta soporte mucho al abuelo y menos enfermó.
-Sí, te acompaño- se giró para avisar.
-Yo les acompaño- la interrumpió Sesshomaru al ver las intenciones de la azabache.
-Me parece un maravillosa idea, así podré conocerte mejor- Inutaisho embozó una media sonrisa al ver a su hijo quedarse sin palabras- porque no hay buenas referencia en los periódicos de hace algunos años.
-Mamá, él a mejorado…
-Eso no lo sé, debo comprobarlo.
Sesshomaru se arrepintió el haberse ofrecido a acompañarlas pero no había vuelta atrás.
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-Ha crecido mucho- Midoriko acariciaba los cabellos castaños de Sango.
-Y no solo en estatura.
-Ella es feliz- no era una pregunta era una afirmación.
-Lo es… pero se acabara ¿verdad?
Por primera vez en toda esa tarde, dejo salir una sonrisa pura y tranquila, algo que sorprendió a la castaña.
-No, no sé acabara… ella podrá quedarse aquí y seguir la vida que hasta ahora a tenido, primero me preocupaba que clase de familia la había adoptado pero- respiró profundamente, llenando sus pulmones con el fresco aire del atardecer- esa mujer, es una excelente mujer.
Sango sintió una revolución en su pecho al escuchar que Kagome se podía quedar pero todo se esfumo en un momento, al recordar como ella, su madre había llorado hasta el cansancio al no saber nada de su hija perdida, como se desmoronó al saber de su huida.
-¿Estás segura?
-No. Pero he tomado esta decisión y no me retractare, ella merece buscar su felicidad- en su mente destello el recuerdo de Kagome tomada del brazo del príncipe de este reino- aunque parece que ya la encontró.
-En verdad ¿a que viniste? Dejaste el reino y ¿Cómo es posible que vayas a dejar el reino sin heredera?
-Antes que nada, no dejare el reino sin heredera… Myoga encontró a una persona que puede gobernar- Sango se asombró ante tal hecho- y el porque vine aquí fue para verla una vez más, antes de dejarla ir definitivamente.
Midoriko miro a su hija menor, está mantenía firmemente su mano entre las suyas. La madre de Sango fue su mejor amiga pero su enfermedad pudo más que su voluntad, falleciendo cuando la pequeña tenía a penas 3 años, la adoptó como propia. Ella permaneció a su lado al irse Kagome aunque no la culpaba, ya que su marcha fue para proteger a la castaña.
-Cariño ¿regresaras conmigo?
Sango negó- No, madre… quiero permanecer un poco más con Kagome, si ella se quedara, pasare el tiempo que pueda antes de retornar.
-Bien, entonces debo volver, Myoga no podrá solo- se levantó en un movimiento fluido- y pequeña, puede que no seas sangre de mi sangre… pero eres mi hija, recuérdalo.
Midoriko se alejó sin notar las traviesas gotas de agua salina que bajaban por el rostro de Sango.
-Sí…- cuando tiempo atrás se enteró que no era hija de Midoriko se sintió engañada pero sobre todo triste y una intrusa en esa familia. A Kagome no le importo, siempre estuvo con ella sin embargo tan solo tenía 9 años y no alcanzaba a entender ese sentimiento de amor incondicional que se le brindaba- Gracias.
La futura ex-reina embozó una sonrisa de alivio en su rostro.
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Kikio se despidió de sus padres, le hizo tanto bien el poder estar por lo menos unas cuantas horas con ellos. Esa aura de agonía y depresión pareció esfumarse, se sintió querida, amada.
-Hermana- Kaede le hizo señas para que se agachara y quedara a su altura.
-¿Qué sucede?
La menor enrollo sus brazos alrededor del cuello contrario- Lograrás todo lo que te propongas, suerte- depositó un beso en la mejilla de su hermana para después ir a reunirse con sus padres que se despedían con una sonrisa.
Los dedos de Kikio se deslizaron por su mejilla antes de suspirar con algo de resignación, Kaede, su pequeña hermanita siempre la sorprendía. Comenzaba a sospechar que leía la mente.
-Claro… lo lograré.
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Koga soltó el aire de un golpe, aliviado a más no poder. Ayame soltó una risita al verlo de esa forma.
-Oh, vamos Koga no fue tan malo ¿o sí?- este le mando una mirada fulminante que ella ignoro olímpicamente.
-Oh no, ¿Cómo puedes pensar eso?- ironizó- conocer a tus padres sobre protectores fue un placer.
-¿Tanto así? A mi me agradaron tus papas.
-Claro, porque no te estaban asechando a cada segundo.
Discutiendo comenzaron a caminar. Él acompañándola hasta su habitación mientras le miraba enfuruñado. Ella caminado a su lado con la frente en alto y los brazos cruzados. Discutiendo por fuera y sonriendo por dentro. Porque mucho les había costado dar el paso y no lo desandarían por nada.
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Kagome estaba rezagada. Sesshomaru la dejó, necesitaba estar sola, ella se lo había dicho minutos atrás.
La morena cabizbaja pensaba en todo lo que había pasado en la semana, no habría peligro si Sesshomaru quisiera leer el diario pues este al parecer estaba perdido, pero ella estaba completamente segura que eso no era verdad, no porque no creyera en la palabra de Sesshomaru sino porque Inuyasha sabía quien era y eso no pudo averiguarlo por si solo.
Levantó su mirada encontrándose la amplia y fuerte espalda de Sesshomaru. En dos semanas y media, él cumpliría 21 años y en dos semanas… ella tendría que decirle adiós. Suspiró. Estaba cansada. Todo era más fácil cuando estuvo enamora de Inuyasha… porque él le era inalcanzable y se resignó. No podía tenerlo, ella se resignó. Pero llegó Sesshomaru. Quien le movió su mundo.
No supo en que momento dejó atrás a Inuyasha. Tal vez fue al ver por primera vez esa preocupación, aunque en su voz no se delató la preocupación pero sus ojos sí. Después de salir corriendo dejando a Kikio en la biblioteca. ¿Podría haber sido ahí?
O tal vez…
-No iba a permitir que lastimaran a mi novia.
-Pero no lo soy…
-Lo eres, falso o verdadero por eso tengo el deber de protegerte… no soy un monstruo para no hacerlo.
¿Pudo ser en ese momento? O ¿Cuando le preparo esa hoguera en medio del patio? No lo sabía, eran tantos momentos. Los besos. Las miradas. Esos pequeños gestos.
La sonrisa que se estaba formando, se esfumó. Y todo terminaría. ¡No quería! Al principio tal vez eso hubiese deseado pero no ahora… no ahora que su corazón latía por Sesshomaru. Ella espero a alguien pero nunca aprecio y en cambió, si él.
Taisho Sesshomaru.
Ya no había vuelta de hoja, se había enamorado del príncipe de hielo.
-¡Sesshomaru!- muy a pesar de que estuviera a unos metros, corrió, en segundos esa distancia fue recorrida.
El ambarino frenó sus pasos, a penas hubo girado sobre sus talones, la fuerza con la que Kagome se le abalanzó fue superior. Su espalda bajo chocó bruscamente contra el cemento, no se quejó pues unos labios cazaron los suyos, en un demandante beso. Nunca se habían besado con ese sentimiento. Tan arrebatador y apasionado.
-Sesshomaru…- sus labios se separaron milímetros, sus alientos se entremezclaban. Calidos.- Nunca me dejes ir. Nunca.
-¿Por qué haría algo tan estúpido como eso?- ella no respondió pero se aferró a la espalda de él, queriéndose quedar así por siempre.
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-Disculpa el retrazo- Sango inhalo profundamente- ¿Qué es eso tan urgente que no pudo decirme hace una semana, cuando fue a mi habitación?
Esmeralda sonrió.
-Necesita estar segura de unas cosas, fui una impulsiva al ir de esa manera aquella vez. Solo tenía la palabra de alguien celoso e iracundo. Pero ahora ya tengo las pruebas suficientes para hablar- Sango perfiló su mirada, algo en ese tono no le gustaba nada.
-¿Sobre qué? Si puedo saber.
-¡Oh! Lo sabrá, no desespere. Tan solo quisiera hablar de su hermana… Higurashi Kagome, no, perdón. Tama Kagome.
Estupefacción.
Las piernas de la princesa temblaron. Dio unos pasos hacia atrás, vacilantes. Imperdonable. Inconcebible.
-¿Cómo lo sabe? ¿Cómo se enteraste?
La mujer suspiró- No me tema a mí, alteza. No soy una enemiga… no para usted, pero siéntense y escúcheme atentamente, de esta conversación depende muchas cosas.
Sango le miró con recelo pero acabó tomando asiento frente a ella, en sus ojos no veía maldad o interés, tan solo preocupación y tal vez algo de miedo.
-Habla.
Y así lo hizo Esmeralda. En la noche, en la habitación de la informante fue revelado un chantaje que rompería el corazón de la heredera al trono de Shikon.
-Imposible…
-Pero esa es la verdad.
-Hermana.
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-Bienvenida, Midoriko-sama- le tendió su brazo, esta lo acepto.
-Myoga- fue su contestación- ¿Cómo esta Sahara?
-Aprendiendo, tiene talento y todo le parece tan natural- movió su mano restándole importancia a ese asunto- pero dígame… dime- corrigió al ver la mirada de reproche de la mujer- ¿Cómo esta, Kagome?
Midoriko le brindo un apretón al brazo de su amigo, su hermano- Feliz, muy feliz. Myoga muchas gracias por haberle regalado esa oportunidad, nunca podré agradecerte.
-No me agradezca.
La reina estaba tranquila, con un peso menos. Su hija sería feliz aún no siendo a su lado, eso ya no le importaba. Sango le daría la noticia y toda acabaría ahí.
Acabar.
Una risa se extendió por su estudio mientras sostenía en sus manos una copa de vino.
-Con que ese es el juego- escupió desdeñoso- pues así será.
Con una señal de su mano, Kanna se acercó.
-Señor.
-Sabes que hacer, ni un error.
-Así lo haré- con una reverencia se marchó del lugar.
-Esto acabara muy pronto… el reino Shikon se hundirá y yo me haré con en poder. Sahara de Leptenkosti, desearas nunca haber tenido sangre real.
Una risa cruel, sádica. Solo pertenecía a un hombre sin escrúpulos, a un hombre sin corazón.
A Damnare Naraku.
Continuara.
¿Les gusto? Ojala sea un sí. Enserio perdónenme. Ahora tengo un tiempo libre y me pondré manos a la obra en acabar este FF, pues si no estoy mal estará terminando en 3 o 4 capítulos más.
Gracias a los que me dejaron reviews. Me siento en deuda y por eso este capitulo va por ustedes.
Los quiere.
FiraLili.
