The Malfoy 13.

– ¡Pandora!

El grito por parte de Astoria Greengrass inmediatamente alerta a la rubia, quien gira su cabeza para observarla con preocupación. La chica jadeaba e intentaba normalizar su respiración –seguramente por correr a gran velocidad por los pasillos– y después exclamó:

– Draco está en problemas, lo están golpeando dos grandulones de Ravenclaw.

Sin importarle estar en medio de la clase de pociones, salta de su asiento para salir disparada del salón de clases al campo de Quidditch a gran velocidad. Una vez llega al lugar nota una aglomeración entre los jugadores del deporte observar la escena con burla, empuja a las personas en su camino y luego desde lo alto observa a su hermano tirado en el suelo con el labio roto y el rostro magullado.

– ¡Es suficiente! –exclama con fuerza mientras que se dirige hacia su gemelo y lo toma del brazo para levantar tu débil cuerpo–. ¿Qué creen que hacen, malditos imbéciles?

– Deberías preguntarle a tu hermano, él fue quien lanzó el primer golpe.

– ¿Es eso cierto, Draco?

– Esos malditos imbéciles se burlaron de ti por tu 'obsesión' por Cedric, dijeron que eras una traidora a la sangre por defender su memoria. –escupe él con rabia–. No podía permitir que te humillaran de esa forma.

– Eh, par de imbéciles. –dictó con voz potente–. Si tienen algo que decir, entonces háganlo en mi cara. ¡Pero ni se les ocurra tocar a Draco de nuevo, porque seré yo esta vez quien les dará una paliza!

– ¿Tú, una paliza? –se burla el chico–. Me vale una jodida mierda tu apellido y también que pertenezcas a mi propia casa. Pero tu hermano la pagará muy caro.

Pandora ríe.

– Disculpa, pero has sido tú quien lo ha provocado. –contraataca–. ¿Sabes? Es patético una lucha de dos a dos, demuestra su cobardía.

Lentamente comienza a deshacerse de su túnica color azabache con detalles verdes para seguidamente dedicarle una sonrisa arrogante.

– Arreglemos esto de una vez, después de todo soy tu objetivo. –acaricia su varita entre sus manos–. Vamos, te permitiré dar el primer ataque.

¡Diffindo! –grita él.

No ha pasado ni medio segundo cuando la chispa se detiene a centímetros del rostro de Pandora hasta finalmente desvanecerse, entonces con la misma velocidad agita su mano con elegancia y exclama:

¡Depulso!

En cuestión de segundos el cuerpo del chico Slytherin vuelva hasta caer de bruces contra el pasto, con una gran mueca de dolor. Ella baja la varita sin apartar la mirada de su oponente.

– Supongo que está claro que no quiero volver a verte cerca de Draco, o en serio la pagarás.

Draco sonríe débil mientras que se apoya en la recién llegada Astoria para comenzar a andar a la enfermería. Con el ceño fruncido la gemela mayor vuelve a colocarse la túnica y la alisa con las manos, seguidamente se gira a mirar al capitán del equipo de Quidditch de la casa.

– Deberías tener más cuidado con quién se te ocurre meter en el equipo. –amenaza–. Oh, por cierto. Como prefecta, veinte puntos menos para Slytherin.

– ¡Somos de tu misma casa! –contradice el capitán.

– Serán veinte puntos más si no cierras la boca. –vuelve a amenazar con los ojos cargados de ira contenida–. Ni se les ocurra volver a tocar a mi hermano.

Les da la espalda para comenzar a andar a las instalaciones del colegio, pero con el oído agudo logra escuchar:

– Su obsesión por Diggory la está torturando. –se burla uno de los hombres del equipo.

Ella se gira sobre sus talones empuñando su varita y luego clama:

¡Silencio!

Inmediatamente el chico es acallado por el encantamiento y en busca de obtener sus cuerdas bucales comienza a sostener su garganta.

– Cedric Diggory fue. . . –se aclara la garganta y dedica una sonrisa falsa–. Un buen amigo, hagan el favor de no manchar su memoria. Buenas tardes, imbéciles.

Cuando se adentró a la enfermería, Draco estaba de espaldas a la puerta sentado sobre la camilla escuchando atentamente las instrucciones de la señora (enfermera) mientras que Astoria permanecía a su lado. . . con las manos entrelazadas. La rubia inhala profundamente antes de girarse sobre sus talones y andar al aula de clases con la cabeza en alto.

– Hey, Malfoy.

Ella no se gira a mirarlo, sabiendo perfectamente que es Ernest Macmillan quien le pisa los talones.

– ¿Acaso la princesa de Slytherin me está ignorando?

– No había ni notado que estabas por aquí. –contesta encogiéndose de hombros–. Si me disculpas debo ir a perder mi tiempo con algo mayormente productivo.

Mete las manos en los bolsillos de la túnica y seguidamente continúa andando a los dormitorios. Luego le explicaría al profesor de pociones el porqué de su salida tan abrupta.

.

Querida Pandora:

Las vacaciones de navidad están a la vuelta de la esquina, y esta vez serán bastante especiales para todos. Tu padre y yo asistiremos al baile de adviento para después volver en familia a la mansión. Comunícaselo a tu hermano.

Te quiere, Narcisa Malfoy.

Echa el sobre encima de la cama a la par que lo observa sin ninguna expresión, lentamente se deshace de su túnica para colgarla en su lugar correspondiente y luego se dirige al baño de prefectos del último piso.

Una vez bajo la regadera humedece su cuerpo y después desliza el jabón con olor a lavanda por cada centímetro de su piel, perfumándola en el proceso. Con las gotas de agua impactando su rostro no tenía ni la menor idea si eran sus lágrimas o consecuencia de la ducha sobre su cabeza. Pronto solloza en silencio cubriendo su boca con la palma de su mano deslizándose por las baldosas de cerámica.

Cuando el anillo de deslizó por su dedo lo observó con la vista nublada, se lanzó a los brazos ajenos y él colmó su rostro de besos. No les importó el sabor a agua salada entre sus belfos, muchísimo menos estar en presencia de sus familias. Cuando sintió los brazos de Cedric rodear su cintura fue entonces que realmente se dio cuenta que sería feliz.

La realidad la golpea con fuerza y entonces se limpia las lágrimas con la palma de la mano e inspira para normalizar su agotada respiración. No podía permitirse llorar, no ahora. Se negaba a sentirse nostálgica.