Aunque se me había olvidado hacerlo constar, seguro que todos sabéis que ni la historia de la serie CSI New York ni los personajes que en ella intervienen me pertenecen, y que sólo hago un ejercicio narrativo basado en ellos (ése sí es de mi cosecha). Ni yo ni nadie más sale beneficiado económicamente por esta actividad, que realizo por mera diversión.
No puedo decirte adiós
Capítulo 10
Los días siguientes habían sido un infierno para Mac Taylor. Su humor alternaba entre la rabia, la desesperación, la incredulidad, la tristeza... ¿Por qué, Stella? Sobre todo ¿Por qué sin decir adiós, sin hablar, sin discutir, sin negociar, si llegar a un acuerdo, sin dejarle formar parte de su vida? Sabía que merecía un castigo, pero no esto. Todavía no había dicho nada al equipo, pero sabía que Lindsay lo sabía. Por la manera en que le había mirado al día siguiente, con lágrimas que le brotaron en los ojos al ver la cara atormentada de Mac, por la forma en que le agarró el brazo mientras los dos se miraban, sabía que ella también lo había descubierto aunque tampoco dijera nada.
Lindsay había telefoneado a Stella inmediatamente después de su hallazgo del día anterior, pero no había tenido respuesta. El teléfono al que llamaba estaba desconectado. Al final del turno había enviado un mensaje por correo electrónico, con petición de confirmación de recibo. Cuando llegó la mañana siguiente y comprobó su correo, vio la confirmación. Stella seguía en cierta manera en contacto, aunque no hubiera un mensaje de respuesta a sus preguntas.
¿Stella, qué pasa? Hoy he visto tu placa en el despacho, y también que no están tus cosas personales. ¿Cuándo vas a volver? Creo que Mac también lo ha visto momentos antes que yo, y estaba enormemente disgustado. Se marchó sin despedirse, sin siquiera terminar el turno. ¿No le habías dicho nada a él tampoco? No entiendo nada en absoluto... Stella, por favor, dime qué pasa. Sabes que somos amigas, que puedes confiar en mí. No puedo creer que te hayas ido a algún lugar del que tardes en volver sin contármelo.
Sabes que te queremos de todas formas. Siempre va a ser así, pase lo que pase. Recuérdalo, por favor.
Besos
Lindsay
Mac espero toda la semana, y el viernes, en la pausa matinal, se dirigió a su equipo. Había hecho venir también a Sid. Todos prestaron atención cuando Mac comenzó a hablar.
- "Escuchad, es sólo un momento. No sé cómo explicar esto... Simplemente os comunico que el próximo lunes Stella no se va a reincorporar al trabajo como seguramente todos esperábamos. Ha dejado el Departamento y creo que también el país, pero en realidad no lo sé". Por más que intentaba hablar con una actitud y tono normales, el nudo que se formaba en su garganta le impedía hacerlo. Se sentía impotente al tener que confesar que Stella se había ido sin comunicárselo, y que no tenía la menor idea de dónde estaba ni qué pensaba hacer. Todos se habían quedado atónitos. Sid fue el primero en reaccionar
- "¿Has hablado con Sinclair?" Él tiene que saberlo, si no presentó su renuncia ante ti lo ha tenido que hacer ante él. O mejor, quizás no ha renunciado y sólo se ha tomado un permiso amplio, una excedencia, o lo que sea. Pero él lo tiene que saber.
- "Tampoco sabe mucho, y de lo que sí sabe no me ha dicho nada, se lo ha prometido a Stella. Pero también creía que Stella habría hablado conmigo, y se ha sorprendido bastante de que no lo hubiera hecho, creo que su extrañeza ha sido auténtica. No sé qué le ha pasado, de verdad que no lo sé".
- "Bueno, el día de su cumpleaños terminó de forma un poco desagradable, ella estaba disgustada contigo por algo, Mac, y tú bebiste mucho. Se fue del club poco después que tú lo hicieras, y esa es la última vez que la vimos". Lindsay hablaba ahora, en un tono triste que era apenas un suspiro.
- "Eso había quedado resuelto, la vi después… me fui a disculpar a su casa". Ahora todos le miraban con ojos interrogadores, pero Mac no quería contar más. ¿Qué iba a decir, que se habían acostado y habían hecho el amor apasionadamente, tantas veces como su energía se lo había permitido? ¿Qué después se había dormido más profunda y apaciblemente que en toda su vida y que al despertar el único rastro de Stella hasta hoy era una nota en la que le calificaba indirectamente de indeseable? No podía decirles eso.
- "Yo hablé con ella dos días después, y otra vez en esa semana". Lindsay atrajo de nuevo la atención de todos. "La primera vez me dijo que estaba bien, sólo que la resaca le había durado más de lo que pensaba, pero que aquél día de su cumpleaños había sido inolvidable, y la noche más. No entendí qué quiso decir". Mac esperaba no haber enrojecido significativamente, pero afortunadamente nadie pareció conectar el hecho de que él reconociera que había ido a disculparse con que Stella hubiera pasado una gran noche. Al menos no había sido una ilusión suya. ¿Qué palabra había utilizado Lindsay repitiendo las de la propia Stella? Inolvidable. Sí, realmente era el adjetivo más adecuado. Apasionada, también hubiera servido. Intensa, dulce, plena, también le iban bien… Se había distraído de lo que Lindsay continuaba contando. "Después, a finales de la semana, la llamé de nuevo y me dijo que estaba viajando, que tenía muchas cosas que ver y que quizás tardaríamos en poder contactar de nuevo… pero yo pensé que sería durante el tiempo que durasen las vacaciones, un mes a lo sumo. Y ahora esto… No creí que Stella nos fuera a hacer una cosa así. Sabe que nos preocuparemos por ella".
Mac sintió la necesidad de disculparla ante los demás, aunque no admitiera la disculpa ante sí mismo.
- "Stella siempre estuvo sola, nunca nadie se preocupó por ella ni tuvo que tener en cuenta los sentimientos de sus seres queridos, simplemente porque no había tales seres. Y creo que todavía no se ha acostumbrado a pensar en nosotros como personas permanentes en su vida, a pesar de todo este tiempo. Si lo supiera, que estamos en su vida para quedarnos, sabría que no se pude ir y dejarnos así, sin que sepamos de ella, porque nos preocupemos mucho…" Su voz había ido bajando hasta un murmullo. Levantó la cabeza, suspiró y se dio media vuelta hacia la puerta. "Eso era todo, vamos a seguir trabajando".
Todos empezaron a moverse sin hablar, porque nadie sabía qué decir. No podían hacerse a la idea de que Stella no estaría allí de continuo… Caramba, si en los días que llevaba de supuestas vacaciones ya todo el mundo extrañaba su voz, su risa, su sola presencia que parecía poner luz en todo el laboratorio. Todo iba a ser más sombrío sin los rizos dorados de Stella Bonasera flotando sobre sus hombros con cada paso, sin verla diariamente con esa forma suya de andar y de mover las manos al hablar, con toda la gracia de una bailarina. Cada cual se dirigió a su puesto a seguir con su actividad previa, pensativamente.
Adam no había dicho nada, pero tras un pequeño impasse en el que pareció decidir por donde empezar, se sentó ante su ordenador y sus manos comenzaron a volar sobre el teclado. Bien, habían hecho eso miles de veces con sospechosos de todo tipo. Sería fácil. Se trataba de rastrear todo lo rastreable, o sea, todo. En esta vida moderna, vamos dejando involuntariamente huella de todo lo que hacemos, nos guste o no. Casi todas nuestras acciones corrientes terminan en una transacción electrónica. Llamadas telefónicas, pagos con tarjeta, reservas de billetes, incluso la localización real a través del GPS del teléfono móvil. Stella no quería que supieran dónde estaba, pues le daba igual, él lo iba a descubrir.
Apenas media hora más tarde, su frustración no podía ser mayor. Stella había realmente desaparecido del mundo. Desde tres días después de su cumpleaños, todos los datos relacionados con ella estaban bloqueados. Ni siquiera la segunda llamada que Lindsay había mencionado aparecía, sólo la primera. Lo último que aparecía a su nombre era la compra de un billete para Washington y la reserva en un hotel céntrico de la ciudad para cuatro noches. A partir de ahí, nada. Ni siquiera constaba que el hotel se hubiera pagado con su tarjeta. A partir de un cierto momento, el sistema no daba información de ella, ni por el nombre, ni por los números de tarjeta, ni de cuenta bancaria, ni de la Seguridad Social… Cuando lo intentó con su identificación como miembro del departamento de Policía, el mensaje fue que no tenía acreditación suficiente.
Se dirigió al despacho de Mac con los frustrantes resultados. Intentaron acceder a información con la acreditación de Mac, que también resultó insuficiente. Adam estaba desconcertado, con sus habilidades puestas en entredicho, principalmente por sí mismo.
- "Esto es como una ocultación de personalidad, o un cambio de identidad, Mac. Sólo había visto algo parecido en un caso en que intentamos consultar datos sobre un testigo protegido"
- "Pero Stella no está implicada en ningún caso fuera de lo común… ni estaba llamada a testificar, que yo sepa, en ningún caso pendiente". Mac se rascaba la cabeza, cansado y pensativo: "Revisa su ordenador, a ver qué tenía entre manos".
En el primer instante, el examen del ordenador de Stella le produjo a Adam otra frustración. Demonios, había borrado todo, excepto las carpetas de trabajo, de las que también en el archivador de discos había copias, y que eran las mismas que estaban en el servidor de la red, y que todos podían consultar. Nada extraño en ese punto. Pero en el plano personal, no quedaba allí ningún indicio. Adam buscó el rastro de los archivos borrados en el disco duro y comprobó que lo había formateado. Buena alumna Stella, ahora se arrepentía de haberla enseñado a borrar las huellas de su paso por un sistema informático. Aún así, su talento le hizo recuperar milagrosamente en un sector dañado un resto de las últimas aplicaciones utilizadas, un mensaje de correo electrónico y su respuesta de llegada. No estaban los textos, pero sí parte de la dirección. El dominio era el del Gobierno de la nación, la parte de la dirección descifrable correspondía al Departamento de Estado. Mac se le había unido en esta última parte de la búsqueda y ambos se miraron, desesperanzados. Acababan de chocar directa y violentamente contra un muro.
Casi tres meses había pasado en Atenas Stella Bonasera. Estaba empezando a sentirse bien, a pesar de calor. Las primeras semanas habían sido una pesadilla, entre los nervios por sus nuevas responsabilidades, el ansia de hacer bien su trabajo y sobre todo la nostalgia de Mac y de sus amigos de Nueva York, que eran en realidad su única familia. Por las noches, sola en su cama, no podía dejar de llorar. Su cuerpo añoraba otro cuerpo con el que se complementaba perfectamente, y con el que a pesar de que su unión se había limitado a una noche, era como su hubiera durado toda una vida. Sus manos y su boca lo buscaban en la penumbra al despertarse, creyendo aspirar su aroma… Para encontrar sólo vacío y soledad…
