Capítulo 10: Regresiones

"Dos Consciencias Separadas Por El Tiempo, Unidas Por El Destino"

Parecía un apagón común y corriente, excepto porque no se filtraba absolutamente nada de luz a través de las ventanas, era como si un manto negro e impenetrable se hubiese cernido sobre el edificio, cubriéndolo de toda iluminación. Alguna que otra chica volvió a gritar y Ökami alcanzó a escuchar pasos demasiado seguros y rápidos como para venir de alguien que no puede ver su camino. Instintivamente atrajo a su compañera para tratar de cubrirla con su cuerpo, aunque no estaba seguro de qué dirección tomar ya que los ruidos venían de todas partes.

Los estudiantes parecían estar empezando a sucumbir ante el pánico, aprovechando la máscara perfecta que les proporcionaba la oscuridad para reaccionar anónimamente y uno de ellos chocó con él, tirándolo al piso junto con la chica de mirada esmeralda. Ying Fa alcanzó a meter las manos para no caer directamente de espaldas sobre el suelo y se impactó con un ligero gemido, sintiendo cómo el torso del muchacho la aprisionaba contra el piso abriéndose paso entre sus piernas. A pesar de que no podía ver absolutamente nada, el chico de mirada terracota podía hacerse una idea de la posición embarazosa en la que se encontraba y completamente sonrojado -sin pensarlo- buscó a tientas la mano de la chica.

- Disculpe, señorita Li –le susurró después de que ella diera otro pequeño gemido, estaba tan nervioso que la voz salía de forma desordenada de su boca- La ayudaré a ponerse de pie…

- Libérate –susurró ella, para sorpresa del muchacho, quien no comprendió lo que estaba ocurriendo hasta que el hechizo comenzó a desarrollarse.

Primero comenzó como un tímido destello, una llave flotando a escasos centímetros del rostro de Ying Fa, fue entonces cuando pudo apreciar que ella estaba sonrojada y a medida que la llave se fue extendiendo para tomar la forma de un báculo, la luz rosada que la rodeaba también se fue intensificando. El conjuro iluminó gran parte de la escena y al divisar sus manos, Ökami se dio cuenta de que una de ellas estaba prácticamente rozando la punta de los dedos de la mano femenina que se había apoyado en el piso.

Su rostro perdió todo color y adoptó una expresión de profundo terror más allá de toda limitación cuando ubicó su segunda mano, comprendió que la suave y redondeada textura de su punto de apoyo no tenía absolutamente nada que ver con los desniveles del suelo y durante los segundos que la luz dibujó la silueta de su mano adaptándose perfectamente a la curva del pecho de la chica, en su mente no había más que un ferviente deseo de desaparecer de ahí.

Nuevamente se sumieron en la oscuridad absoluta, pero el chico de cabello castaño dio un salto hacia atrás olvidándose por completo del resto de los presentes, quienes para su suerte habían desaparecido misteriosamente de la escena. Estaba tan avergonzado y hundido en su propia desesperación que se olvidó también de sus poderes y de que las anomalías como ésa eran causadas por las cartas Clow, a quienes tenía la misión de reunir y capturar. Se olvidó incluso de que estaba envuelto en tal oscuridad que le resultaba imposible divisar objeto alguno, en su cabeza daba vueltas un único pensamiento, el de desaparecer en el centro de un remolino de negación.

Todos sus sentidos se bloquearon, no podía escuchar la voz de la chica que lo llamaba tratando de ubicarlo en el medio de la nada, no sintió tampoco cómo volvió a perder el equilibrio y rodó varios metros por el suelo alejándose de ella.

Ying Fa siguió el sonido del impacto para tratar de no perderlo, pues sabía por lo que le había dicho Cerberus, que algunas cartas tenían el poder de aislarla de las demás personas con el fin de probarla individualmente. Ciertamente no quería quedarse sola en medio de esa oscuridad y sin dejar de llamarlo, gateó buscando a tientas cualquier indicio de que el chico seguía con ella, sus yemas se deslizaron suave e ininterrumpidamente por la pulida superficie del suelo sin llegar a chocar con nada. Estaba al borde de las lágrimas cuando sintió la tela de la camisa de Ökami.

- ¡Joven Hiiragizawa, por favor contéstame! –rogó aferrándose a la manga que acababa de encontrar- ¿Puedes escucharme? –con la otra mano apretaba el báculo de estrella sin saber hacia dónde dirigir su magia.

- Se… señorita Li –balbuceó torpemente aún sin lograr coordinar su cerebro, sintiendo como ella lo rodeaba por el torso con sus brazos temblorosos- Señorita…

Ying Fa sintió cómo el corazón del muchacho se aceleraba a escasos centímetros de su oído y apoyando la cabeza en su pecho, buscó a tientas su mano para tocarla con la suya.

La oscuridad se convirtió en blanco, aún incapaz de distinguir nada a su alrededor, todo estaba completamente blanco y ahora podía verse a sí mismo, sobreponiéndose repentinamente a lo que acababa de ocurrir, levantó sus manos para apreciarlas mejor. Ya no estaba dentro de su cuerpo, se encontraba mirando fijamente aquellas palmas que solamente veía en sueños, a través de los ojos de otra persona que parecía acosarlo en múltiples visiones, tratando de comunicarse con él.

Tampoco usaba su misma ropa, las manos sobresalían de las mangas verdes de un traje ceremonial chino de alguna antigua dinastía, los bordados dorados daban vueltas decorando la superficie de la tela y formando patrones delicados que a su vez cumplían la función de talismán protector. Se encontraba solo y en absoluto silencio, en ese espacio tan lleno de luz que formaba una completa antítesis del último lugar en el que recordaba haber estado, una chispa se encendió momentáneamente en su cerebro, recordando haber vivido exactamente lo mismo en uno de sus sueños.

Blanco… completamente blanco…

Abrió los ojos y lo primero que pudo ver fue el rostro preocupado y lloroso de Zetian, quien estaba arrodillada a su lado y prácticamente estaba recostada sobre él, en cuanto se percató de que recuperó la consciencia, se lanzó sobre él en un fuerte abrazo que lo dejó sin aire, no tanto por la intensidad del sentimiento sino por la fuerza del acto. Se incorporó haciendo caso omiso del peso de la chica que estaba colgada de su cuello y girando la cabeza en todas direcciones, ubicó a las dos chicas de la familia Li, que se encontraban en el piso a unos cuantos metros de ellos. Los alumnos se habían aglutinado en un círculo alrededor de los cuatro, observando curiosamente.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que Meiling también parecía estar despertando y extrañamente sus ropas se encontraban completamente mojadas. Se llevó una mano a la sien sintiendo unas punzadas en la cabeza mientras escuchaba la voz temblorosa de la chica de cabello azul, haciéndole preguntas desesperadas acerca de cómo se sentía y si recordaba algo. Negó con la cabeza, recordaba haberse quedado sólo con Ying Fa en medio de la oscuridad y después todo se puso blanco, de ahí tenía un periodo de bloqueo mental en el que no lograba distinguir nada.

Se puso de pie para que su compañera se diera cuenta de que se encontraba bien físicamente, aunque no tenía la menor idea de por qué había aparecido inconsciente en medio de la pista de baile ni qué lo había causado. Lo último que recordaba era haber tocado la mano de la chica de mirada esmeralda, un escalofrío le recorrió la espalda al mirar la palma de su mano y encontrar en su memoria la escena en la que esa misma parte de su cuerpo había caído accidentalmente en contacto con el busto de la muchacha. Sus pupilas se contrajeron hasta casi desaparecer de la superficie de sus irises y quedando completamente escarlata.

Bajó la vista apenado despertando la confusión y curiosidad de Zetian, quien no dejaba de observarlo atentamente. Estaba demasiado avergonzado como para acercarse a las chicas Li, incluso para ofrecer su ayuda a Meiling, si esto conllevaba a tener que intercambiar palabras con su prima de largo cabello castaño claro. Simplemente el hecho de pensarlo hacía que se sofocara a tal grado que tuvo que salir del salón en busca de aire, seguido de cerca por su cada vez más consternada compañera de ojos color chocolate. Finalmente, ella lo tomó del brazo a unos cuantos pasos de la salida para obligarlo a hacerle caso.

- Joven Hiiragizawa, por favor háblame –espetó en su cara en un intento desesperado por hacerle saber de su existencia- ¿Qué es lo que pasó? ¿Por qué no me has dicho nada?

- Lo siento, señorita T'sing –se disculpó ausentemente- Te llevaré a casa, es algo tarde y tus padres deben estar preocupados –le ofreció su brazo galantemente para guiarla.

- No trates de evadirme, sé que algo te pasa –la preocupación comenzaba a hacerla perder el control y salirse del perfil psicológico que había armado frente a él- ¿Por qué no quieres decirme?

- No es nada –insistió él, sintiendo cómo el dolor de cabeza volvía a intensificarse- Por favor –su expresión suplicante y cansada indicaba que no estaba dispuesto a seguir hablando del asunto.

Después de observarlo unos momentos, sus ojos apagados terminaron por conmoverla y decidió cooperar para no causarle más problemas, aunque durante el ininterrumpido silencio del camino, Zetian tuvo mucho tiempo para hacer una y mil especulaciones acerca de lo que Ökami podía estar sintiendo. El momento en el que se encontraban parados frente a la imponente fachada de la mansión Ching, llegó demasiado pronto tomándolos desprevenidos a ambos. La chica de cabello azulado suspiró, había fantaseado con ese preciso momento durante días y ahora que se encontraba tan cerca y tan lejos de la imagen que se había planteado en la cabeza, tenía el presentimiento de que todas sus ilusiones se estaban desmoronando.

El momento crucial, la oportunidad perfecta para que él se atreviera a dar el primer paso en su relación formalizándola ya sea verbalmente o sellándola con el primer beso tímido y fugaz que solidificaría los cimientos de su unión. Ahora que se encontraba de pie frente a la reja, esperando a que las empleadas de servicio llegaran por ella para escoltarla hasta la puerta, veía en esa mirada terracota todo tipo de pensamientos que no la incluían a ella en absoluto. Algo había en su mente que lo había llevado demasiado lejos como para establecer contacto con él.

La esperanza de un beso de despedida se perdió entre la espalda cortante y las palabras distraídas que le dirigió antes de desaparecer entre la oscuridad de la calle, el reflejo en los ojos avellana de la chica se fue desvaneciendo a medida que él se alejaba y cuando se dio media vuelta para entrar a la casa, el brillo de éstos había desaparecido.

El chico de mirada terracota aún sentía un ligero mareo cuando llegó a la mansión Li, quedando de pie frente a la enorme reja de la entrada y sin saber qué hacer. No tenía llave de la casa y era demasiado tarde como para llamar a la puerta, probablemente el encargado de recibir a las visitas se encontraba dormido y se preguntaba si acaso las dos chicas habrían entrado ya. Se miró la palma de la mano y volvió a ruborizarse al recordar en dónde había estado esa misma mano unas cuantas horas antes, sacudió la cabeza enérgicamente tratando de espantar esos pensamientos de su mente.

Inhaló profundamente dándose la media vuelta para alejarse de ese lugar, había tomado una decisión desde esa misma mañana y no pensaba cambiarla, ahora menos que nunca, pues se había añadido a la lista de razones una que por su peso bien podría ubicarse en el primer lugar de todas.

Sola en su habitación, la joven de mirada esmeralda daba vueltas sin poder conciliar el sueño, había pasado poco más de media hora desde que llegó a la mansión con su prima completamente empapada. Después de haberse cerciorado de que tomara un baño de agua caliente antes de irse a dormir, se había encerrado en sus aposentos para tratar de comprender qué era lo que realmente había sucedido en el salón de baile. El leoncito alado se había quedado con ella y ahora estaba dormido sobre la almohada, olvidando por completo sus pudores iniciales y cayendo rendido ante el cansancio.

Sonrió levemente al escucharlo murmurar entre sueños, algo acerca de un flan napolitano. Pero la sonrisa se volvió a borrar de su rostro cuando sus ojos se posaron sobre el libro rosado que yacía sobre su elegante tocador, estaba abierto con la pila de cartas en su interior y a unos cuantos centímetros de él, estaban extendidas las dos que acababa de sellar. Abrió la puerta del balcón y salió a éste, el viento de la noche movía sus largos cabellos en una graciosa danza, acariciando con ellos su blanco rostro enmarcado por la luz de la luna, apoyó el codo sobre el barandal y la cara sobre su mano, inclinándose levemente hacia el frente.

Los recuerdos se desplegaron frente a ella como si hubiera encendido un proyector de hologramas.

No alcanza a ver nada, pero movida por el temor de encontrarse completamente sola y tener que enfrentarse a una fuerza desconocida la lleva a arrastrarse siguiendo el sonido del chico impactándose contra el suelo. Busca a tientas deslizando las manos sobre la superficie del piso, sintiéndose cada vez más asustada, pensando que los poderes de la carta han logrado aislarla, divagando acerca de lo que tendría que hacer para complacer las exigencias de la carta, dudando si sus habilidades serían suficientes.

Sus dedos chocan contra la tela de la camisa de él y asiéndose a la manga del muchacho como si fuera su salvación en el medio de la nada, se acerca lo más que puede sin dejar de llamarlo y sin recibir respuesta alguna de su parte.

Se desliza suavemente hacia él hasta que puede ubicar el torso masculino, al que no duda aferrarse, apoyando la cabeza en su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón y buscando a tientas la mano del chico, pensando en la posibilidad de activar el extraño poder que los une como la única forma de enfrentarse a la fuerza que los ha encerrado ahí. Al primer contacto, la imagen tanto de Ökami como la de su propio cuerpo se hace visible como iluminada por una tenue luz blanca que apenas logra hacer que se distingan algunas formas en medio de la oscuridad, sin embargo, puede ver claramente los ojos marrones que la miran de una forma diferente.

- … -el chico la observa durante unos momentos como si fuera la primera vez que lo hace, después desvía la mirada y levanta una mano con los dedos índice y medio extendidos hacia arriba- Raitei ¡Shourai! –incluso la voz parece haber cambiado, tornándose más madura.

La silueta del muchacho se ilumina con una luz blanca con destellos azules que se eleva al cielo dibujando una espiral retorcida que se va engrosando siguiendo una trayectoria cada vez más sinuosa hasta transformarse en un trueno que se eleva verticalmente desde el punto donde él está, la fuerza del hechizo es tal que empuja a la chica ligeramente, pero ésta opone resistencia sintiendo cómo todo su cabello vuela violentamente hacia atrás. El trueno sigue elevándose hasta que se pierde de vista y es entonces cuando a lo lejos brilla un pequeño destello que capta la atención de los ojos marrones, el chico frunce el ceño y tomando a la chica del talle, se levanta con un movimiento brusco sin dejar de mirar en dirección a donde apareció la centella.

Casi simultáneamente, extiende un brazo hacia donde está mirando y hace una serie de movimientos con la mano, dibujando en el aire kanjis entrelazados con líneas orgánicas, para luego extender la palma de la mano y de ésta surge una columna de agua que fluye horizontalmente hacia el sitio donde apareció el destello. Sin perder tiempo, toma a la chica de la muñeca y prácticamente la arrastra en dirección hacia donde los guía el agua, Ying Fa corre con todas sus fuerzas tratando de acoplarse a su paso pero de pronto es sorprendida por los brazos masculinos que la rodean una vez más para pegarla al torso musculoso y siente cómo el chico la levanta en un salto que abarca varios metros.

Al principio se pone tensa al ser sorprendida tan abruptamente pero al mirar hacia abajo y ver como el piso se aleja cada vez más de sus pies, no puede evitar asustarse y -en el acto- rodear el cuello del muchacho con sus brazos en un intento por sentirse más segura. Su cabello vuela con el viento y al mirar hacia el frente, se da cuenta de que la columna de agua ha abierto una especie de portal a través del cual alcanza a divisar a sus compañeros, quienes yacen inconscientes en el salón de baile, instintivamente se pega más al cuerpo masculino al cruzar por el umbral y puede observar claramente a su prima de cabello azabache justamente al final del túnel de agua.

Ökami pierde el conocimiento en el momento en el que toca suelo firme, pero Ying Fa no se da cuenta pues su atención está fija en la carta de la luz que acaba de localizar en el corazón de Meiling. Se acerca con el báculo de estrella y empieza a recitar el conjuro para ambas cartas, pues sabe que ésas dos en especial, tienen que ser selladas al mismo tiempo, las cartas no oponen resistencia y la oscuridad se va difuminando a los alrededores como una capa líquida que fluye en el aire en dirección al rectángulo de luz que se tiende frente a la punta del báculo. La luz del pecho de la chica de mirada rubí también fluye hacia el otro rectángulo y ambas toman sus apariencias de carta frente a la joven de mirada esmeralda.

La chica suspiró inclinándose un poco más hasta que su torso quedó casi completamente horizontal y su barbilla se apoyó sobre las dos manos que tenía en el barandal del balcón, con los ojos clavados en el infinito. Todavía estaba confundida por la presencia mágica que se había presentado hacía unas cuantas horas en su compañero inglés, era monstruosamente poderosa pero a la vez dependiente de una fuente de poder, y extrañamente había sentido su propia magia fluir dentro de sus venas al mismo tiempo que él conjuraba sus hechizos. Necesitaba hablar con él, pero Ökami parecía cada vez más dispuesto a alejarse de ella.

Había intentado establecer contacto visual con él después de cerciorarse de que su prima estaba bien pero la joven de cabello azul se había interpuesto entre ellos, y el muchacho no parecía tener disposición alguna de hacer algo al respecto. Ying Fa se enderezó al despertar súbitamente una idea dentro de su cabeza, su corazón se aceleró por lo descabellada que podría parecer pero sentía que era algo que tenía que hacer. Entró a la habitación y acarició suavemente la portada del libro, vacilante, mordiéndose el labio inferior, tomó la pequeña llave que yacía al lado del libro y tomó una carta del mazo que estaba dentro de éste.

- Llave que guardas los poderes de la estrella –comenzó a recitar en voz baja una vez de vuelta en el balcón, para que el pequeño guardián no fuera a escucharla- Muestra tu verdadera forma ante Ying Fa, quien aceptó este pacto contigo –extendió el brazo hacia enfrente para dejar que la llave flotara para transformarse- ¡Libérate!

La llave se fue estirando hasta tomar la forma de un báculo de estrella, rodeado de una luz rosácea y luego flotó suavemente hasta posarse con delicadeza sobre la palma extendida de la muchacha. Ella sonrió cerrando los dedos sobre el mango y lanzando al aire la carta del vuelo, la invocó haciendo que las alas del báculo crecieran hasta tomar un tamaño digno de un pájaro prehistórico gigante. Las admiró durante un momento pues si bien estaba acostumbrada a ver todo tipo de manifestaciones mágicas, era la primera vez que veía los poderes de esa carta.

Montó sobre el báculo y como si se tratase de algo que hiciera todos los días, despegó elevándose cada vez más hacia el firmamento estrellado. La ciudad se veía tan pequeña debajo de ella, las luces iluminándola como una serie de foquitos de navidad la hacían ver tan solitaria y hasta levemente melancólica por las calles vacías a esas horas de la noche. Muy pocas ventanas dejaban ver la luz artificial encendida dentro de las habitaciones, el viento fresco soplaba sobre su cara y jugueteaba con sus largos cabellos, se llevó una mano al pecho y cerró los ojos para concentrarse en sentir la presencia mágica que estaba buscando.

No le costó mucho trabajo ubicarlo, no solamente porque se trataba de un poder bastante fuerte sino porque ya lo había identificado como algo que se le hacía muy familiar y especialmente esa noche, sentía que el último hechizo que conjuró había abierto un extraño vínculo entre sus energías mágicas. Se inclinó instintivamente hacia el frente para ofrecer menor resistencia al viento y se encaminó hacia el lugar donde la presencia se sentía más fuerte, en unos cuantos minutos alcanzó a divisar la figura masculina en un parque solitario.

Estaba sentado en una banca con una pierna arriba flexionada pisando el asiento, el codo apoyado en la rodilla y la barbilla apoyada en los nudillos en un gesto de profunda meditación, tan hundido en su propio mundo que no la alcanzó a ver hasta que estuvo aterrizando elegantemente a unos metros de él. La primera reacción fue de sorpresa pues aún no lograba adaptarse del todo a la existencia de la magia y verla como algo común, inmediatamente después bajó la pierna de la banca como para adoptar una pose defensiva pero al posar la mirada terracota sobre el rostro de la chica, el suyo se tornó de un rojo intenso.

Se puso de pie rígidamente y con bastante torpeza, estando muy cerca de perder el equilibrio al dar una vuelta accidentada para darle la espalda en un intento por huir pretendiendo absurdamente que no la había visto. Al darse cuenta de que al menor descuido, el chico podría salir corriendo, Ying Fa deseó haber llevado alguna carta que le permitiera apresarlo si era necesario, pero al solamente haber tomado la del vuelo, optó por correr tras él para interponerse en su camino. El muchacho de ojos marrones la esquivó como si de un obstáculo se tratara y sin una sola palabra, se abrió paso para alejarse de ella.

Sin embargo, la joven de mirada esmeralda no estaba dispuesta a dejarlo ir así que se vio forzada a sujetarlo del brazo -teniendo cuidado de agarrarlo de un área que estuviese cubierta por la tela de su camisa- y por un instante sintió los bíceps tensarse bajo sus dedos, como si estuviese considerando la posibilidad de zafarse por la fuerza aunque en realidad lo que sucedía era que estaba demasiado nervioso y asustado como para controlar su propio cuerpo correctamente. Ökami se quedó quieto, tratando de recuperar el control, su respiración era lenta y pesada, aunque su corazón latía apresuradamente.

- ¿Joven Hiiragizawa? –la chica aprovechó los momentos de vacilación de su compañero para situarse frente a él- Por favor no te vayas, quiero hablar contigo

- Señorita Li –susurró él débilmente, bajando la cabeza para no tener que mirarla a los ojos- No puedo, lo siento, no puedo… –su voz era tan débil que ella tuvo que acercarse para poder escucharlo.

- ¿Qué pasa? –frunció el ceño preocupada- He notado que me has estado evadiendo desde hace algún tiempo –sus ojos se tornaron vidriosos como si fuera a soltarse a llorar en cualquier momento- ¿Es que acaso…? –se pausó incapaz de soltar el enunciado completo de una sola vez- ¿Acaso tú… me odias?

Él se quedó estático unos instantes, viéndola como si fuera la última cosa que se le pudiera haber ocurrido que existiera en el mundo.

- ¡No es eso! –exclamó impulsado por la frustración de haber sido malinterpretado haciéndola dar un brinquito de sorpresa, levantando la cabeza de golpe y clavando sus pupilas encendidas sobre las de ella- No es eso –repitió más débilmente, ahora con la misma expresión de consternación de ella, negando con la cabeza para reforzar la idea, respirando con dificultad- Pero yo… –levantó la palma de su mano, mirándola- La he deshonrado…

- ¿Eh? –sus ojos verdes se posaron unos instantes sobre la palma del chico, sin comprender momentáneamente de qué estaba hablando- ¿Deshonrado? –una chispa de comprensión cruzó su cerebro como un relámpago e inmediatamente se sonrojo bajando la cabeza- ¡Ah! Eso… –ambos permanecieron en silencio durante un rato.

- … –el silencio era tal que casi podría jurar que ella podía escuchar los latidos desordenados de su corazón aporreándole el pecho violentamente- Yo… hablaré con su abuela para que designe qué debo hacer para reestablecer su honor… –espetó sin mirarla, jugueteando nerviosamente con sus dedos, los ojos aún clavados en el piso.

- No tienes que hacer eso –rió nerviosamente para tratar de restarle importancia y aliviar la tensión del momento, él volteó a verla con incredulidad- Si tú no le dices a nadie, tampoco yo lo haré –le guiñó un ojo con complicidad y una sonrisa que lo hizo sonrojarse aún más.

- ¡¡No solamente se trata de eso!! –se inclinó hacia ella casi gritando indignado- ¡Aún si nadie más lo sabe es algo que sucedió! ¡Si no hago nada al respecto, la ofensa seguirá ahí!

- Mi familia es demasiado ortodoxa –se rascó la cabeza con una gotita de sudor resbalando por su frente- Si llegas con la abuela hablándole así seguramente te dice que tienes que casarte conmigo o algo por el estilo, no creo que sea buena idea –una sonrisa nerviosa cruzó su rostro ruborizado- ¿Recuerdas cómo se puso tío Lie-Yukou cuando nos encontró durmiendo en la biblioteca?

Ökami abrió la boca para protestar pero a falta de argumentos, bajó la cabeza sintiéndose derrotado y asintió débilmente para darle a entender a la chica que había aceptado -aunque de mala gana- dejar pasar el asunto. Ella por su parte parecía mucho más aliviada, reflexionando acerca de la última frase que acababa de decir, pensando inocentemente que la razón por la que el chico se había distanciado de ella era para no causarle problemas con el padre de Meiling. El báculo de estrella regresó a su pequeña forma falsa y Ying Fa se la colgó del cuello con una amplia sonrisa en los labios.

"Así que era eso, no estabas tratando de evadirme, sólo estabas siendo amable…"

Comenzó a caminar y por unos instantes, la mirada terracota siguió su figura iluminada por la amarillenta luz del alumbrado público. Parpadeó desconcertado y trotó ligeramente para alcanzarla para luego disminuir su velocidad, inconscientemente acoplándose a los pasos de la joven, todavía estaba sonrojado y se preguntaba cuándo podría volver a verla a la cara sin sentir esa sensación de vergüenza e inferioridad que lo obligaba a bajar los ojos al piso. El parque estaba vacío excepto por ellos dos y en el ambiente nocturno reinaba el silencio entre los murmullos de la fauna dormida.

- ¿Dónde aprendiste a invocar al dragón de agua? –comenzó a hablar ella, tomándolo un poco desprevenido- Ésa es magia demasiado compleja y antigua, además de que la variación que usaste fue creada por un hechicero muy poderoso en sus últimas etapas de formación –se situó frente a él con un saltito infantil mientras lo miraba con asombro y curiosidad.

- ¿Dragón de agua? –balbuceó perplejo, deteniéndose de golpe para no chocar con la joven- ¿De qué estás hablando?

- ¿Eh? –se acercó confundida a su rostro, haciéndolo retroceder sonrojado- ¿Quieres decir que…? –se detuvo a la mitad de la oración, inclinándose hacia atrás a la vez que desviaba la mirada hacia un lado y se tomaba del mentón- ¡Claro! Ahora lo entiendo ¿Cómo no me di cuenta antes?

- ¡NO! ¡Espera! –exclamó nervioso, haciéndola abrir los ojos asustada mientras lo miraba con signos de interrogación flotando sobre su cabeza- Quiero decir… –se sonrojó aún más, frotándose la parte posterior del cuello nerviosamente- Por favor… –la miró con los ojos llenos de una súplica desesperada.

Ella frunció el ceño, preocupada pero después le dirigió una sonrisa triste, comprendiendo que había algo que él le estaba ocultando y por alguna razón eso le despertaba una extraña sensación en el pecho. Asintió débilmente y casi pudo sentir los músculos masculinos relajarse un poco liberándose de la tensión que estaban soportando, suspiró deseando poder hacer algo por él, por encontrar la manera de traspasar la barrera que había levantado entre sí mismo y el resto del mundo. Sonrió invocando su báculo de nuevo y repitió el hechizo que había conjurado en su habitación con la única carta que llevaba consigo.

Las hermosas alas blancas crecieron nuevamente, aleteando con elegancia a la altura precisa para que ella se montara. Por unos instantes, el muchacho pensó que se estaba yendo sin despedirse y aunque no pudo evitar sentirse avergonzado pensando que merecía ese trato por su comportamiento, se sintió aliviado a la vez que despertaba dentro de él una sensación que nunca antes había experimentado. Hasta que Ying Fa le hizo una seña para que se montara en el báculo detrás de ella, el chico de ojos marrones tragó saliva sonrojándose por enésima vez y tras quedarse petrificado sin saber qué hacer, se montó temblando de pies a cabeza.

La exaltación hizo que despegara bruscamente causando que el muchacho se asiera a su cintura instintivamente para evitar caerse, aunque sus manos salieron disparadas en dirección opuesta casi en el mismo momento en que hicieron contacto con la tela sedosa de su vestido. El movimiento fue tan torpe que casi lo hizo perder el equilibrio y por tratar de ayudarlo a acomodarse, la joven estuvo cerca de perder el control del báculo, haciéndolo zigzaguear torpemente unos cuantos metros.

Una vez que ambos se hubieron tranquilizado y tras recorrer un largo trayecto, el ambiente tranquilo de la noche les permitió disfrutar de la vista.

La ciudad dormida debajo de ellos… tan oscura comparada con la luna llena que brillaba intensamente sobre sus cabezas… el viento fresco sobre sus mejillas sonrosadas… el largo cabello castaño haciéndole cosquillas en el cuello… y el susurrante canto de las plumas abriéndose paso en el firmamento. No supo cuánto tiempo había pasado cuando se encontró aterrizando en el tejado verde de un templo que se encontraba en lo alto de una montaña, pero a juzgar por la tenue luz anaranjada que comenzaba a bañarlo parcialmente, podía intuir que el amanecer estaba muy cerca.

- ¿Sabes algo? –comenzó a hablar Ying Fa, estaba sentada abrazando sus piernas flexionadas con la barbilla apoyada en las rodillas y la mirada perdida en el bosque que se extendía debajo de ellos- Cuando me miraste… –guardó silencio dudando si debía hacer alusión al momento o no- Después de que nos quedamos solos en la oscuridad –sonrió levemente al recordar el momento.

Ökami permaneció en silencio, observándola con atención. Ella bajó la mirada sintiendo nuevamente el calor del rubor en sus mejillas, él tenía las piernas cruzadas y los brazos apoyados en éstas, encorvó un poco la columna vertebral en un intento inconsciente por esconder su rostro.

- Vi a otra persona reflejada en tus ojos –prosiguió un poco vacilante- Era mi reflejo, pero la persona que estaba ahí no era yo –trató de explicar, sintiéndose apenada por lo rara que podía escucharse su afirmación.

- Lo sé –respondió Ökami.


Notas de la autora

¡Hola! Bueno, como prometí, aquí tienen la actualización, dedicado a Sakura-dlpm que siempre me deja jugosos reviews que me hacen feliz y a Celina Sosa, que ha estado pendiente durante los últimos capítulos. Y también ¿Por qué no? A todos aquellos que pasan por aquí y leen aunque no me lleguen sus comentarios.

Por cierto, sé que es MUY tarde para decir esto, pero a quien le interese, el título del fic "Mukai Au No Darou" significa "Puede que nos encontremos de nuevo" y es una frase que forma parte del primer ending de Tsubasa RESERVoiR CHRoNiCLE titulado "Loop", una melodía que forma parte de mis favoritas y recomiendo ampliamente.

Dudas, preguntas, quejas, aclaraciones o lo que sea, bienvenidos sean y gracias por su apoyo. Nos vemos en la próxima actualización (que ahora sí va a ser normal, dentro de dos semanas).

LunaGitana