Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo diez: Más monstruos
Soñé que estaba en un lugar oscuro y de pronto oí una voz, me di cuenta de que estaba en cerca de una fosa grande, la voz salía de ahí.
- ¿Cómo van las cosas? - preguntó una voz que parecía muy antigua.
- Esta bien señor- contestó otra voz que parecía de un adolescente- no sospechan nada.
Miré alrededor y pude distinguir una sobra, pero no veía quien era.
- Entonces creen que Poseidón fue quien lo tomó - dijo la voz de la fosa.
- Así es - contestó el otro.
El hijo de Posei...- se detuvo - pero si está aquí.
- ¿Aquí? – preguntó - entonces será mejor que me vaya.
Sentí la otra presencia retirarse.
- Muy bien Perseus - dijo el de la fosa - si tanto quieres ver tu destino pues aquí lo tienes.
El lugar cambió y ahora me encontraba en lo que parecía una sala de tronos, supuse que sería el de Hades, un par de tronos se encontraban frente a mí y muchos guerreros de esqueleto se acercaron.
- Salve Perseus - decían mientras me ponían una corona yo trataba de resistirme.
La voz antigua se río.
- Ven Perseus - dijo - únete a mí.
- ¡No me uniré a ti! - grité
- ¡Percy despierta! - dijo uno de los esqueletos y luego otro y otro.
Sentí que alguien me sacudía, desperté y vi que era Annabeth la que me llamaba.
- ¿Qué pasa? - pregunté levantándome.
- Nada – respondió - has estado dormido mucho tiempo - me dijo y me lanzó una galleta para comer.
Vi a Grover con una caniche rosada.
- ¿Dónde sacaron esa caniche? - pregunté.
- Es una amiga - dijo Grover - salúdalo, su nombre es Gladiola.
- ¿Es enserio? - pregunté, miré a Annabeth y tenía la cara seria.
- Dile hola al caniche - me dijo - yo le dije hola también.
- Esta bien- dije sin ánimos - hola...mmm...amigo caniche.
El caniche solo ladró.
- ¿Y qué haremos con ella? - pregunté.
- Hay un tren cerca de aquí - explicó Annabeth - pero necesitamos dinero.
- Y es ahí donde nosotros devolvemos el caniche a su dueña y nos dan una recompensa - dijo Grover - me dijo que hay un anuncio sobre quien lo encontraba, el caniche no quiere volver a su casa, pero lo hará por nosotros.
- ¿Quién te dijo sobre la recompensa? - pregunté.
- El caniche - contestó Grover.
- Grover puede comunicarse con los animales - dijo Annabeth.
- ¿Y cómo sabe sobre la recompensa? - pregunté.
- Por los símbolos, dhu - dijo Grover.
- Claro, tonto de mi - conteste.
Fuimos a entregar a Gladiola y la recompensa solo nos alcanzó para comprar tickets hasta Denver, tuvimos que dormir en nuestros asientos y ahora Grover roncaba, eso me recordó a cuando conocí a Annabeth y le dije que seguramente ella roncaba después de haberme dicho que babeaba, sonreía al pensar que ella en verdad roncaba, pero no le iba a decir nada, al menos no por ahora.
- ¿Y quién quiere tu ayuda? - preguntó Annabeth en ese momento.
- ¿Perdón? - dije.
Estabas soñando y decías "no te voy a ayudar" – explicó.
- Ahh – contesté - en ese caso...
Le conté todo mi sueño y mis sospechas de que no era Hades el ladrón.
- No lo sé – dijo al fin - podría ser Hades y podría tratar de tentarte para que salves a tu madre.
- Supongo – dije - pero aún sospecho que no es él.
- Entonces tendremos que averiguarlo - me dijo.
Pasamos tres días en el tren, estaba impresionado por todas las criaturas que podía ver a través de la ventana, la niebla sí que hacía un buen trabajo ocultando todo eso a los ojos de los mortales, ahora estábamos pasando por las colinas doradas sobre el río Mississipi y Grover estaba durmiendo, yo trataba de mantener mi perfil bajo, sonreí abiertamente, estaban muchos periódicos donde decían que había encontrado dos cómplices y tenía una foto mía del autobús donde tenía una mirada peligrosa, parecía estar sosteniendo un bat gracias a la niebla.
- Algún día quiero hacer eso - dijo Annabeth estirándose para ver el arco de Gateway.
- ¿El qué? - pregunté.
- Quiero ser arquitecta - dijo.
La miré sorprendido, la verdad no me imaginaba a Annabeth sentada tan tranquila dibujando.
- ¿En serio? - pregunté.
- ¿Acaso no crees que logré hacerlo? - preguntó.
- No, creo que si podrás si eso es lo que tú quieres - respondí.
Sonreí al pensar en Annabeth tan tranquila con los ojos clavados en un papel, pero al parecer ella creyó que me burlaba de ella.
- Mi madre quiere que sus hijos construyan – dijo - no que destruyan como cierto dios de los terremotos.
- Yo no estaba riéndome de ti - dije - me parece bien que tengas un objetivo y para tu información, a veces, para que algo pueda construirse, algo debe ser destruido, ¿podríamos trabajar juntos? - pregunté- ya te dije que no quiero problemas.
Ella lo pensó.
- Creo que si – dijo - como en la carreta.
- Exacto – dije - Poseidón creo a los caballos y Atenea la carreta.
- De acuerdo - dijo.
Después de eso anunciaron que haríamos una parada en Denver y Grover se despertó.
- ¿Qué pasa? - preguntó.
- Pasa que vamos a turistear un poco - dijo Annabeth sonriendo y levantándose.
Grover y yo nos miramos, yo no quería ir ahí pero tampoco podíamos dejar sola a Annabeth, así que la seguimos, compramos unos pocos dulces y entramos al túnel, Annabeth iba explicando, pero no le puse atención, sentía que estábamos siendo observados.
- Grover - le susurré - ¿hueles algo?
Él olfateó el aire.
- Es difícil ya que estamos bajo tierra – contestó - normalmente estos lugares huelen a monstruos.
- Genial – dije - oigan chicos - les dije a ambos - ¿cómo sabemos que nadie nos está observando desde las sombras?
Grover y Annabeth se miraron.
- No lo sabemos - dijo Annabeth.
- 2 veces genial - dije.
Seguimos andando y llegamos a un elevador.
"No puede ser" pensé.
Yo odiaba los lugares serrados y altos, sentía que no me podía mover con facilidad, pero me controlé y entré, al entrar sentí algo raro y revisé el chacra de los que estábamos ahí metidos, sentí a dos que no eran normales, era la de una señora gorda que tenía a su perro chihuahua el cual ladró.
- Tranquilo sonny - dijo la mujer - aún no es tiempo.
- ¿Su perro se llama sonny? – pregunté.
La mujer sonrió.
- No - respondió.
"Lo llamó sonny pero dice que no es su nombre" pensé "y es un monstruo, ellos dos los son"
Traté de recordar algunos monstruos de la mitología griega.
"Le dijo sonny" seguí pensando "sonny como...como...hijo...en inglés"
Me giré a ver a la señora, o mejor dicho monstruo, ella sonrió y yo también le sonreí y volví a mirar al frente, al parecer era su hijo, no le podía decir nada a mis amigos ya que eso alertaría a los monstruos y estábamos en un lugar cerrado, cuando al fin llegamos a la parte de arriba salimos todos, para desgracia mía era un lugar muy alto, Annabeth estaba encantada y se puso a decir las cosas que ella habría hecho y Grover no mostraba signos de detectar un monstruo, pensé debía entrenar más ese olfato suyo, yo estaba alerta a la señora con el chihuahua y quería salirme ya de ahí, cuando al fin el guardia anunció que ya era hora de bajar guie rápidamente a mis dos amigos al elevador y los metí, desafortunadamente ya no cabía yo y tenía que esperar.
- Entonces nos quedamos contigo - dijo Annabeth.
- No, ya está bien – dije - eso solo confundiría más.
El elevador bajo y yo me quedé solo con el guardia, la señora con el chihuahua y una familia compuesta por un padre, una madre, un hijo y una hija, miré a la señora del chihuahua y le sonreí, ella también lo hizo y logré ver su lengua bífida oscilando entre sus dientes, el chihuahua comenzó a ladrar y esta vez más fuerte.
- Sonny, tranquilo - dijo la señora, pero el chihuahua siguió ladrando - está bien, son - dijo la señora - si tú lo quieres.
Él perro saltó al suelo y comenzó a crecer mucho, bastante, tenía tres cabezas, una de cabra, otra de león y otra de serpiente que era su cola, era la quimera, en su collar pude leer que decía que quien lo encontrara llamara al tártaro.
- Ahí dice que llamar al tártaro – dije - creo que mejor te enviaré allá.
Me giré hacia la señora.
- ¿Y tú quién eres? - pregunté.
Ella sonrió.
- Yo soy equidna - me dijo - veo que no estas sorprendido.
- ¿Equidna? – pregunté - ¿acaso eso no es el nombre de un oso hormiguero?
Ella gruñó molesta.
- Odio que le hayan puesto mi nombre a un animal - dijo enojada - ¿y por qué no estas asustado?
- Ya sabía que eran monstruos - dije sonriendo - solo estaba esperando la hora en que se revelaran.
Los mortales se arrinconaron a un lado, yo me destapé el sharingan, miré a la señora, ella veía a través de la niebla.
- Los voy a tener que poner a dormir - les dije.
Los miré con el sharingan, pero la señora se tapó los ojos y miró a otro lado y solo quedó ella, estaba a punto de volver a hacerlo con la señora pero Equidna me gritó.
- No nos ignores.
Acto seguido comenzó a cambiar, su piel se volvió verde y se convirtió en monstruo.
- Zeus quiere tu destrucción - dijo.
- ¡Tío! - grité- ¡estoy tratando de recuperar tu rayo y no podré hacerlo si me matas!
Un relámpago sonó a lo lejos, Quimera vino hacía mí, yo saqué mi espada, logré esquivarlo y traté de herirlo, pero su piel era muy dura, me mandó una llamarada de fuego, logré esquivarlo a tiempo y vi que había hecho un hueco en el piso donde se veía el río Mississipi, miré alrededor, no podía permitir que los mortales salieran heridos.
- Interesante ojo - dijo Equidna - ¿dónde lo conseguiste?
- ¿Eso importa? – dije - ¡estilo de viento! - me dirigí a Equidna - ¡jutsu viento cortante!
Eso lo tomó desprevenida y fue lanzada lejos, pero Quimera apareció detrás de mí y también me mandó lejos, me levanté despacio, mi ropa estaba humeando, Equidna solo se rio de mí, cogí mi espada.
"Si pudiera paralizarla un poco con un genjutsu" pensé "tendría oportunidad para atacar en su cuello"
Decidí ponerlo a prueba, lo miré a los ojos y me acerqué lentamente a él.
- ¡No lo mires a los ojos! - gritó Equidna.
Demasiado tarde, metí a la Quimera en un genjutsu, pero no iba a durar mucho ahí, corrí hacia su cuello y traté arrancarle el collar, utilicé de nuevo el estilo de viento esperando que funcionara y lo hizo, Quimera aulló ya libre del genjutsu, su collar estaba tirado, se aventó hacía mí, pero logre meter mi espada a tiempo en su cuello, se deshizo en polvo.
- ¡No!, mi hijo - gritó Equidna - ¡la pagarás Perseus Jackson!
Miré el hoyo que había creado Quimera, podría saltar para librarme de Equidna y así dejar en paz a los mortales, además, sentía el chacra de otro que estaban subiendo, sabía que era peligro, pero no me quedaba opción.
"Hora de probar mi línea de sangre" pensé
- Lo siendo Equidna – dije - pero me tengo que ir.
- ¿Qué? - preguntó.
- ¡Que me tengo que ir! - grité mientras corría hacia el hoyo y saltaba.
Mi único pensamiento al caer era: "Ahhhhh", pero no podía gritar, corría el riesgo de morderme la lengua, el viento frío golpeaba en mi cara, tenía cerrado los ojos, fueron muchos pisos los que caí hasta que al fin toqué el agua del Mississipi, entré el río, abrí los ojos y miré al rededor, traté de contener la respiración, en el río había mucha basura, vi a mi espada flotando entre el agua, fui a recogerlo y de pronto me di cuenta de que estaba respirando.
"¿Qué?" pesé asombrado "¿puedo respirar bajo el agua?"
Agarré una de las basuras que estaba ahí y estaba seco, tomé un encendedor y la prendí, después toqué mi ropa, estaba seco.
"Esto es genial" pensé, mientras me tapaba el sharingan.
De pronto oí una voz, era agradable y vi a una mujer bajo el agua, cerca de mí, tenía el pelo castaño y ojos verdes.
- ¿Quién eres? - pregunté.
- Solo una sirviente de tu padre – contestó - soy una nereida.
- ¿Mi padre te envía? - pregunté.
- Tiene un mensaje para ti - dijo.
- ¿Entonces por qué no viene él mismo? - pregunté.
El agua se volvió fría al rededor y entonces noté que estaba hablando bajo el agua.
- No hagas enfadar a tu padre - dijo la nereida - nosotras siempre te hemos observado, eres el primer hijo de Poseidón después de tantos años y si le importas a tu padre si es lo que quieres saber.
Recordé cuando estaba en la playa Montauk de niño y las caras que veía en el agua.
- ¿Eso cuenta como acoso? - pregunté.
Ella solo se rio.
- No me queda mucho tiempo – dijo - mi poder aquí es muy poco, tienes que ir a la playa Santa Mónica y no confíes en los regalos...
No pudo terminar, su voz se fue.
Recordé el regalo de Luke.
- Si te refieres al regalo – dije - ya lo sé.
Ella sonrió y desapareció, salí del río, una niña me vio y me señalo.
- Mamá – dijo - ese chico ha salido del río.
- Si, mi niña - respondió su madre sin hacerle caso, estaba viendo lo que había pasado en el arco.
Había muchos policías en el lugar, salía humo del arco, vi que sacaban a la mortal que veía a través de la niebla en una camilla, estaba diciendo todo lo que había sucedido, pero obviamente no le creyeron nada, cuando me vio me señaló.
- Ese chico – dijo - ese chico de ahí lucho contra esa cosa.
No bajé mi mirada.
- Esta bien señora, está bien - decían los policías.
Yo decidí usar por última vez en este día mi sharingan y miré a la señora para tratar de hacerle olvidar lo que había pasado, inmediatamente ella se quedó dormida, no tardé en encontrar a Grover y a Annabeth.
- ¿Qué paso? - preguntó Annabeth - no podemos dejarte ni cinco minutos solo, porque entonces ocasionas problemas.
- Lo sé – dije - pero no pasó nada.
- Percy saltaste trecientos pisos - dijo Grover - ¿sabes lo que es eso?
Me asombré al darme cuenta de que era verdad, de pronto un mortal me sacó una foto, Grover y Annabeth se dieron cuenta también.
- Tenemos que sacarte de aquí - dijo Annabeth.
- Esta bien - dije yo - pero ya sé dónde tenemos que ir.
- ¿En dónde? - preguntó Grover.
- A santa Mónica – dije - al parecer mi padre envió un mensaje.
- Entonces iremos allá - respondió Annabeth y nos retiramos.
Por suerte pudimos alcanzar el tren antes de que se fuera, a la mañana siguiente llegamos a Denver y nos bajamos.
- Debemos contactar con Quirón - dijo Annabeth.
Nos dirigimos a un lavado de autos donde decía hágalo usted mismo, Grover agarró la manguera e hizo salir agua.
- ¿Mensajería instantánea? - pregunté.
- Mensajería Iris - respondió Grover.
Se formó un arco iris.
- Oh, Iris, diosa del arco iris, acepta mi ofrenda - dijo Annabeth.
Arrogó una dracma el cuál atravesó el arco iris, inmediatamente después se empezó a formar una neblina.
- Quirón, en el campamento mestizo - dijo de nuevo Annabeth.
En la niebla se comenzó a formar una imagen, era cera de la casa grande y un tipo estaba de espaldas a nosotros, lo reconocí era Luke.
- ¡Luke! - grité.
Él se giró hacia nosotros sorprendido.
- Hey Percy – dijo - ¿cómo han estado?
Annabeth se puso algo nerviosa, de pronto llegó un camión con una música muy alta.
- Hasta ahora todo bien – dije - estamos en Denver.
- ¡¿Qué?! - preguntó Luke.
- Será mejor ir a callar a ese tipo - dijo Annabeth - vamos Grover.
- Pero...- quiso protestar Grover, pero fue jalado por Annabeth.
- ¿Qué pasa allá? - preguntó Luke.
- Música alta – respondí - Grover y Annabeth se harán cargo.
Recibí la manguera de Grover.
- ¿Y qué ha pasado ahí? – pregunté - ¿dónde está Quirón?
- Tuvo que ir a calmar a unos campistas - dijo Luke, en ese instante la música paró - ya se corrió el rumor sombre Zeus y tu padre, los de la cabina seis defienden a Zeus, los de Afrodita, Ares y Apolo apoyan a Poseidón.
- Que mal – dije - así los campistas terminarán peleándose.
- Lo sé - dijo Luke.
- Luke, ¿tú trataras de poner orden verdad? - pregunté, ya tenía la sospecha de quién había corrido ese rumor - no dejes que los campistas peleen.
- Por supuesto - dijo serio Luke - ¿te han servido mi regalo?
- Por supuesto - contesté sonriendo - nos ha sido de mucha ayuda, al propósito, ¿tú en verdad crees que Hades robó el rayo?
- Eso creo - contestó él - para expandir su territorio y gobernar sobre los otros dioses.
- De acuerdo – dije - recuperaremos el rayo sea como sea.
El tiempo se acababa y la neblina poco a poco se iba disipando.
- ¡Cuídense allá en Denver! - gritó Luke.
Desapareció y se fue, Grover y Annabeth se acercaron.
- ¿Qué te dijo Luke? - preguntó Annabeth.
- Los campistas se dividen en bandos - contesté, miré a Grover - al parecer alguien corrió el rumor.
Grover entendió y asintió con la cabeza.
- Como sea – dije - ahora debemos comer, yo tengo hambre.
Todos estuvimos de acuerdo con eso y nos pusimos a buscar un buen lugar para comer algo.
Continuará…
