Los días empezaban a ser muy cortos, y los problemas empezaban a aumentar. June había leído más noticias en el periódico acerca de la ejecución de Ace. Eran cada vez más alarmantes, y estaba segura de que Luffy no las dejaría pasar. Pero ella no podía participar en el bando del pelinegro. Ella era una aliada- más bien, una protegida- de la Marina y no podía perder el privilegio de tener tal poder.

Pero era un riesgo que debía cometer.

June había escapado del barco de Kidd durante la madrugada. Se había internado en Mariejoa, en busca de la única persona que le podía dar una respuesta lógica a la decisión que debía tomar. Su madre, Eliza Jones. Una mujer de ojos plateados y cabellos azul celeste.

Eliza no pudo evitar darle un estrangulador abrazo al verla sana y salva, tras leer las noticias que dieron acerca de los sucesos de Sabaody. June dio una bocanada de aire en cuanto la soltó.

- Me alegro tanto de que estés bien- le dijo la mujer con una enorme sonrisa-. Me alegro de que Law estuviese allí y te curase. Por cierto, ¿qué tal te va con ese chico?

- ¿Q-qué dices? ¿Q-qué chico?

Eliza le enseñó el periódico a June, que chilló horrorizada mientras se sonrojaba. Había una foto de ella y Luffy. Y su extraño beso. La pequeña gimió de frustración y se sentó en el sillón marrón que había en el lado derecho de la habitación.

- Mira, mamá- dijo mientras agachaba la cabeza-. Él y yo no tenemos nada entre nosotros. Al menos, ahora ya no lo hay...

- ¿Eso lo dices tú, tu corazón o tu sentido común? A veces, la decisión correcta no es siempre la indicada.

- Pero no quiero hacerle daño. No quiero que vuelva a ocurrir lo que pasó a hace 4 años. No quiero volver a tener que huir lejos de él.

- Si él te quiere, no le importará nada de eso. Parece buen chico. A lo mejor es más comprensible de lo que crees.

June intentó sonreír ligeramente. Su madre tenía razón. No podía permitirse volver a alejarse de Luffy. No a estas alturas.

Miró el reloj. catorce horas para la ejecución de Ace. Sse depidió de su madre y salió escopetada de la habitación. Eliza se sentó en el sillón mientras un joven de cabellos azul marino y ojos plateados salía de entre las sombras.

- Ha cambiado mucho, ¿verdad?- le preguntó Eliza-. Creo que tiene mucho potencial.

- Sí, es verdad. Pero...

- ¿Pero?

- Pero todavía no está preparada para que vuelva a ocurrir lo que le pasó hace siete años- suspiró-. Todavía no está preparada para eso. Es una cría.

- Tu hermana es más poderosa de lo que crees, Tenshi- se había levantado del asiento y su tono se había vuelto más áspero-. Es mucho más poderosa que tú, Kidd y Shanti juntos. No la subestimes.

El chico se limitó a encogerse de hombros y salir de la sala. La mujer volvió a sentarse. "A lo mejor", pensó Eliza, "a lo mejor, para lo que no está preparada es para volver a ver a su abuelo."


June había llegado hasta Marineford. Había llegado hasta el patíbulo, donde Ace yacía encadenado al suelo. Miró el reloj. Cinco horas. Miró a Ace con ojos tristes. No quería verlo morir.

- ¿June?- dijo el pelinegro sorprendido-. ¿Qué haces aquí?

- Órdenes de Doflamingo- se arrodilló junto a él y le sonrió-. Pero no quiero verte morir. Eres una de las pocas personas en las que confío de verdad.

- Da igual. Tengo la sangre de un monstruo por mis venas. Es lo mínimo que puede hacer la Marina por mí: Matarme.

- No digas eso, por favor- dijo June mientras agachaba la cabeza-. Sé lo que se siente al ser hijo de un pirata. Al igual que tú, mi linaje está maldito. Mi padre era uno de los aliados del Rey de los Piratas pero se retiró cinco años antes de que ejecutasen a tu padre. Aún así, Sakazuki vino a capturar a mi padre, cuando yo apenas había cumplido los cinco. Como mi madre trabajaba para el Gobierno, me permitieron ver a mi padre antes de morir. Y también me obligaron a ver la ejecución.

- Vaya... L-lo siento.

- No- la pequeña sonrió-. No lo sientas. Al menos, sé que mi padre lo hizo por mí. Se lanzó al infierno por mí, por mi madre, por mis hermanos. Y estoy segura de que tu padre hizo lo mismo. Estoy segura de que lo hizo para proteger a tu madre... y a ti.

Ace sonrió inevitablemente. June había llegado al fondo de su corazón con aquellas palabras.

- Vaya, vaya, vaya...- dijo una voz bajo ellos. Garp. June se levantó de inmediato y bajó a su lado-. No hace falta que me presentes respetos, ahora que sé que eres la madre de mis bisnietos.

Una carcajada salió de los labios de Garp mientras June enrojecía más que su pelo.

- Sengoku te busca- dijo Garp-. Seguramente es acerca de lo de Sabaody.

June suspiró. No quería volver a ver a aquel viejo bajo ninguna circunstancia. Él era el hombre que mandó a Sakazuki a capturar a su padre, el que mandó su ejecución. El que la obligó a mirar cómo los ejecutores atravesaban a su padre. El que la odiaba por ser el fruto del amor entre su unica hija y un sucio pirata.

El hombre estaba al pie del patíbulo, cabizbajo, observando la plaza. Todos los marines estaban preparados para pelear contra Shirohige, que hacía veinte minutos que había aparecido. La pelirroja sintió un escalofrío al ver cómo Sengoku clavaba su mirada en ella.

- Gracias por venir, June- dijo finalmente-. Sé que tú y Hiken sois amigos desde hace años y que ha sido duro venir hasta aquí.

- No es algo que me contente. Y tú lo sabes mejor que nadie, ... abuelo.

Sengoku frunció el ceño. Hacía más de once años que ninguno de sus nietos le llamaba así. Aunque sabía que era algo bastante duro para él oírles decir esa palabra, teniendo en cuenta que los cuatro tenían la sangre de aquel sucio pirata.

- Por cierto- dijo la pequeña-. ¿Para qué me has llamado?

- Tenía una duda. ¿Qué ocurrió en Sabaody? Mejor dicho, ¿qué ocurrió hace cuatro años- June sintió una punzada en el corazón. De alguna manera, sabía lo que ocurrió en Goa. Tan sólo se le ocurrió un nombre: Doflamingo-. Garp me contó parte de lo que la mujer que cuidaba de Hiken y Mugiwara le contó. ¿De verdad Doflamingo te ordenó asesinar a Monkey D. Luffy?

- No fue él- dijo secamente-. Fue un cliente. Él tan sólo fue el intermediario. Probablemente fuese uno de Los Ancianos. El apellido Monkey D. tiene un historial bastante... feo. Querían acabar con él para evitar que la voluntad de D siguiese en la Armada Revolucionaria. Pero no esperé que se enamorase de mí...- sonrió-. Ni yo de él.

Sengoku le dio la espalda y volvió a mirar hacia la plaza.

- Eres como tu madre- dijo tranquilamente-. Nunca tomasteis el camino correcto. Siempre os complicáis la vida. Pero no puedo hacer nada, elegisteis ser así.

June sonrió ligeramente ante a la respuesta de su abuelo. Nunca creyó que aquel hombre fuese tan comprensible.

- Allí está- dijo el Almirante de Flota, mirando hacia el Moby Dick.

June miró en la misma dirección que él y una enorme sonrisa se esbozó en sus labios. Luffy. Sengoku la miró con preocupación.

- Te lo pido por favor, no intervengas en la batalla.

June notó cómo una sensación de impotencia la sacudía de arriba a abajo. ¡No estaba en sus planes quedarse quieta sin hacer nada! Apretó los puños, incapaz de hacer otra cosa.

- Lo siento, Luffy...- se dijo-. Esta vez tampoco te podré ayudar...