Capítulo 10: Decimo Despiste

El sol brillaba fuertemente, los aficionados gritaban emocionados por el partido, era la primera vez que nuestro instituto se clasificaba para las regionales y todos en la escuela estaban tremendamente felices. Todo se debía a que ese año nuestro equipo era realmente increíble. Teníamos de medio campo a Kimura, de defensa a Akatsuki, de portero a León y de delantero a Kotake. Realmente era increíble como cambiaba cuando se encontraba jugando fútbol, nadie podría creer que era el mismo niño que me había molestado desde que tengo memoria.

Le había dicho a él y a Akatsuki que estaría allí en el partido, ya que ellos se habían saltado sus prácticas para apoyarme en el recital de ayer. Gritaba emocionada al verlos correr de un lado para otro y cuando Kotake se acercaba a la portería o el equipo contrario se acercaba demasiado a la nuestra mis nervios aumentaban y sentía a mi corazón salir de mi pecho.

Estábamos toda la clase animándolos con toda nuestra fuerza, incluso nuestra tutora. Cuando finalizó el partido no podíamos estar más orgullosos de ellos, habían ganado 3 – 1. Lo habían hecho increíble, habían jugado muy bien. Cuando quise acercarme a ellos un cúmulo de gente los tenía rodeados dándoles felicidades por su victoria, las chicas estaban como locas.

– Que hicieran caso a Kotake lo entiendo, pero ¿a León? Que mal gusto. –dijo disgustada Aiko.

Me reí ante su comentario, estaba celosa de que tantas chicas lo estuvieran acosado.

– No eres la más apropiada para reírte. –dijo Aiko avergonzada.

– Tú tranquila, yo creo que León te prefiere. –dijo Tooru muy serio mientras Ompu reía.

– Tu si estas tranquila porque Tooru está a tu lado. –molestó Aiko, mirando a Ompu y Tooru, eso ocasionó un gran sonrojo en ellos y comenzaron a negar indignados.

– Come on girls, no os peleéis. –dijo Momoko tratando de calmar la situación.

– ¡Tu no hables, que tienes a Okajima! –dijeron Ompu y Aiko a la vez.

Momoko parecía un semáforo averiado, estaba rojísima y le salía humo de la cabeza, Okajima miraba a otra parte tratando de volverse invisible. Hazuki y Masaru negaban con la cabeza, a veces sus compañeros llegaban a ser muy infantiles con sus sentimientos. Marina también estaba enfadada de que su novio estuviese rodeada de tantas chicas pero no decía nada. Hasebe, Mutsumi, Hana y Kota reían divertidos por la escena que habían ocasionado nuestros amigos.

Después de todo el revuelo del partido decidimos festejarlo todos juntos, fuimos al restaurante donde trabajaba Aiko y comimos allí.

– Vaya Aiko, cuantas parejas me has traído, incluso a tu novio. –dijo riendo el dueño del local.

Aiko y León miraron a otro lado mientras un claro sonrojo comenzaba a inundar sus mejillas, aunque no eran los únicos que se encontraban así. Comimos y reímos un montón, a veces había ciertas indirectas hacia las parejas todavía no oficiales, pero que solo faltaba tiempo.

El tiempo pasó realmente rápido, Akatsuki recibió una llamada de Fujio, así que salió del restaurante, después todos poco a poco se fueron yendo hasta quedar Kotake y yo.

– Vamos, te llevo a tu casa. –dijo Kotake de repente.

Su propuesta me sorprendió, pero como ya estaba oscureciendo decidí aceptarla. Hablamos de cosas sin sentido como cuando me molestaba cado dos por tres, pero que aún no cambiábamos. De repente me choqué contra un chico, grande fue mi sorpresa al ver a mi ex. Estaba vez me encontraba mucho más serena que en nuestro primer encuentro aunque no estaba Akatsuki para salvarme.

– ¿No está tu noviecito para protegerte? –dijo mi ex claramente indignado.

– No hace falta, yo solo me basto para aplastarte, sabandija. –dijo Kotake molesto y preparándose para dar el primer golpe.

Esto no me gustaba, él no era tan prudente como Akatsuki lo más seguro es que acabase mal. Tal y como lo creí segundos después ambos se daban golpes, Kotake lograba esquivarlos bastante bien, pero recibió uno fuerte que le partió el labio y dejo un feo moretón en su mejilla. Pero logró ahuyentarlo con dos buenos puñetazos. Rápidamente fui a auxiliarlo y lo llevé a mi casa, para mi suerte mis padres no se encontraban, habían salido con Popu a cenar.