Crowley bebió otro sorbo de vino y observó a la mujer, dubitativo. Si bien Alfa le había pedido que buscara información, no había mencionado nada acerca de nuevos aliados para la causa. Aunque el ofrecimiento resultaba interesante.
-Cuáles son tus razones para unirte a nosotros?- preguntó entonces, haciendo notar la desconfianza en cada palabra que surgió de su boca. Ella sonrió, conforme de haber captado su atención.
-Tengo interés… un especial interés en los Winchester
-Pierdes el tiempo- replicó Crowley- Los Winchester están muy bien protegidos
-Eso he oído- asintió ella- Demasiado protegidos, creo… allá abajo las noticias se esparcen bastante rápido, debo admitir, y se dice que Alfa mantiene demasiado protegido a Sam- Crowley alzó la ceja, dudoso
-Qué sabes?- interrogó
-Avalon ríe a carcajadas…- contestó ella, con un tono de misterio- Se dice que Alfa se debilita cada día un poco más y que todo el poder que pueda llegar a adquirir… se evapora como el agua al sol
-Sabes bastante- asintió Crowley- Temía que mi teoría fuera cierta y que Avalon recibiera esa información… de todas formas, no me convencen tus deseos de aliarte para ayudarnos- se levantó de la silla para marcharse, pero la mujer lo tomó del brazo.
-Sangre correrá tras esta guerra… mucha sangre… y me declararé satisfecha si veo correr la sangre de Ruby- susurró, mirándolo fijamente- Además, soy buena escuchando ciertas cosas… he oído una teoría más que interesante sobre la fuente de poder de Alfa, algo que la puede ayudar a recuperar todo el poder perdido tras un simple y sencillo entrenamiento- Crowley suspiró y volvió a sentarse,
-Te escucho- musitó- Pero que sepas que no me convencen tus intereses de ayudar y si llego a notar que lo que intentas es causar daño… yo mismo me encargaré de entregarte a Ruby
-Trato hecho- asintió ella, sonriendo.
Anayance dejó el bolso sobre una de las camas y se tiró de espaldas sobre la otra, estirándose cuanto pudo, notoriamente agotada. Dean sacó tres cervezas del refrigerador, le entregó una a Sam y le alcanzó otra a la joven, quien la rechazó con un cansino gesto de la mano.
-No fue un viaje tan largo, sabes?- musitó Dean, mirándola con un leve toque de preocupación- No entiendo cómo puedes cansarte tanto por cuatro horas en un automóvil- ella resopló, cansinamente, sin dar respuesta.
-Dean tiene razón… no sucede nada que no nos hayas contado, verdad?- intervino Sam, bebiendo su cerveza y Anayance se incorporó levemente, apoyándose sobre sus codos para mirarlos con cara de emoción.
-Me hacen llorar cuando se muestran tan preocupados- susurró, sarcástica
-Al menos el sarcasmo sigue- suspiró Dean- De otra forma comenzaría a preocuparme de verdad
-Conmovedor- resopló Anayance, restándole importancia al asunto y se levantó de la cama- Voy a darme un baño, es todo lo que necesito para recuperarme del cansancio- replicó
-Necesitas que alguien te enjabone la espalda?- ofreció Dean- Sam está disponible- su hermano le lanzó una mirada fiera y Anayance simplemente rió, estridentemente, y se metió al baño, cerrando la puerta tras ella. Dean rió, satisfecho y miró a Sam, encontrándose con una fiera mirada que lo estaba mutilando mentalmente- ¿¡Qué?
-Deja esos comentarios de una vez, quieres? Es irritante- bufó Sam y el rubio alzó una ceja
-Ahora vas a decirme que no hay nada allí- dijo Dean, tranquilo
-De qué hablas?- murmuró Sam, desviando la mirada. Dean cogió una silla y se sentó frente a su hermano
-Veamos- suspiró, contabilizando mentalmente- Es sexy… jodidamente sexy, con un cabello perfecto, un rostro perfecto, un cuerpo perfecto- Sam asintió, instándolo a continuar- es inteligente, poderosa, graciosa, astuta, tiene una voz maravillosa, la oíste cantar!, y sus movimientos…
-Vale, vale- lo cortó Sam, irritado- Lo he pillado… porqué no te casas con ella si te parece tan perfecta?- bufó por lo bajo
-Creeme que lo intentaría- sonrió Dean, notando el mosqueo con que lo miró Sam de soslayo- Lo intentaría 10 veces… de no ser porque ella ya escogió su opción- Sam lo miró, ceñudo- Vas a decirme que no has notado los celos, las miradas y la forma perfecta en que ambos parecen complementarse?
-No seas ridículo- refutó Sam, levantándose para ir por otra cerveza- Estaba más interesada moviendo las pestañas compulsivamente al tal Chris
-Ah, si?- musitó Dean, como si Sam le estuviera diciendo una verdad fundamental e históricamente conocida- Yo creo que si hubieras sido tu quien desapareciera, te habría buscado por cielo, mar y tierra. Por si no lo recuerdas, Chris desapareció, y ella simplemente se vino con nosotros, a interrogar a una síquica en la que ni siquiera cree. No creo que estuviera muy interesada en "don ojos azules"- Sam iba a contestar, pero en ese momento se abrió la puerta del baño y Anayance salió, cubierta tan sólo con la toalla. El menor de los Winchester no pudo evitar quedar embobado mirándola. Dean tenía la maldita razón. Una vez más. Anayance tenía un cuerpo perfecto, con un tono de piel dorado perfecto, y en ese momento, mientras pequeñas perlas de agua rodaban por su piel semi desnuda, cubierta por tan sólo una diminuta toalla que apenas la cubría, lucía mucho más que apetecible. Sam bendijo la suerte de que Dean estuviera allí, de lo contrario ya se habría lanzado sobre la joven, le habría quitado la toalla y la habría follado toda la maldita tarde.
-Me alegra ver que no están perdiendo el tiempo en una aburrida investigación- Anayance los acó brutalmente de sus pensamientos y Sam miró a Dean interrogativo. Su hermano había comenzado a reírse simuladamente por lo bajo.
-Te estábamos esperando- se defendió el rubio al notar la mirada de Sam
-Ya veo- suspiró la joven- Y qué? Se quedarán viendo cómo me visto? A ese punto de voyerismo llegan?
-Oh, no, claro que no- dijeron los dos a coro, apresurándose a salir de la habitación.
-No me molesta, de todas formas- Dean se volteó a mirarla, inseguro de si había oído bien. Miró a Sam, en busca de alguna respuesta, pero su hermano miraba a la joven de una forma casi desafiante, como si sus ojos estuvieran retándola a quitarse la toalla y Dean pensó que no era aconsejable permanecer allí cuando ella lo hiciera. Conocía a Sam y todo, pero no estaba seguro de lo que llegaría a hacer el castaño con semejante tentación frente a él- No es que sea la gran cosa- prosiguió Anayance, chasqueando los dedos y en el siguiente segundo estaba vestida con un jeans ajustado y un cárdigan negro con cuello en V. Dean contuvo la risa ante la cara de decepción que adoptó su hermano menor.- Tengo hambre- musitó entonces la joven, radiante de vitalidad.
-Vi un restaurante a dos cuadras, iré por hamburguesas- replicó Dean- vuelvo en… poco tiempo- sonrió ampliamente y salió de la habitación, pensando en tardar, al menos, una hora. Quizá esta vez Sam sí se avispaba.
-Tan obvio- suspiró Anayance sacando el bolso de la cama y dejándolo sobre una silla
-Ta lo creo- concordó Sam, quitándose la chaqueta para dirigirse al baño- Voy a bañarme también…
-Necesitas que te enjabone la espalda?- ofreció la joven y Sam se detuvo, conteniendo la respiración, con la mano sobre el pomo de la puerta. Anayance se mantuvo en silencio a espaldas de Sam, probablemente aguardando con astucia la posible respuesta del castaño.
-Claro- resopló finalmente el Winchester, entrando al baño y cerrando la puerta tras él. Se quitó la ropa y se metió a la ducha, echando a correr el agua fría, maldiciendo para sus adentros. Dean tenía la puta razón otra vez. Estaba vuelto loco por Anayance. Se había vuelto loco la primera vez que la había visto, se había descontrolado al ver los fieros y cristalinos ojos avellana y cada cosa que hacía, cada cosa que decía, sólo conseguía enamorarlo más. Además, de vez en cuando, la sorprendía mirándolo de una forma que podía sonrojar al más fuerte de los hombres. Y le encantaba el descaro que poseía a la joven cuando era descubierta. Continuaba mirándolo, alzando la ceja, desafiándolo a quejarse por verse desnudo ante la escrutadora mirada de la joven. Sam no se quejaría jamás. Estaba seguro de eso. Por el contrario, simplemente sonreía satisfecho cada vez que la sorprendía desnudándolo con la mirada.
Se apoyó en la pared, dejando que el agua le cayera sobre el cabello, deslizándose por su rostro y su espalda, deseando que el agua fuera tan poderosa como para ayudarlo a sacar a Anayance de su mente, porque las fantasías comenzaban a doler. Un suspiro surgió desde lo más profundo de su alma cuando sintió el suave tacto sobre su espalda.
-Hablaba en serio- escuchó el susurro tras él. Abrió los ojos, cansinamente y se volteó, simplemente para comprobar que no había nadie allí. Cada vez las fantasías eran más dolorosas. Miró hacia su centro y descubrió que el agua fría no era el mejor remedio. No podía simplemente pensar en Anayance y excitarse de esa forma. No era saludable.
Cuando salió del baño, encontró a la joven, tumbada boca arriba en una de las camas, observando el techo pensativa. Cerró los ojos dolidos al notar que la segunda ducha de agua fría tampoco había dado mucho resultado. Podía reconocer el tipo de sujeto en el que se había transformado luego de separarse de Dean. Un hombre lujurioso y ardiente que deseaba follar a cuanta mujer se le pusiera por delante. Ahora ya ni pensaba en follar. Pensaba en hacer el amor. Y no a cualquier mujer. Sólo a la que tenía frente a él.
-Dean aún no regresa?- preguntó, llamando la atención de la joven, mientras se sentaba junto a ella, en un intento de ocultar la efervescente excitación que lo estaba ahogando
-Nop- contestó Anayance a sus espaldas, con la vista fija en el techo. Sam la miró, dudoso y luego fijó la vista en el techo. No había nada allí, salvo el poco moho que comenzaba a aparecer. Tendrían que comenzar a elegir mejores lugares donde hospedarse.
-Ya descubriste el secreto de la vida allá arriba?- se mofó Sam, tratando de reanimar a la joven, esperando con paciencia el sarcasmo con que le contestaría. Anayance se volteó a mirarlo y toda la excitación de Sam cambió por preocupación en una milésima de segundo cuando vio la profunda tristeza acumulada en los ojos de la joven.
