La Última Danza.
Por: DulceMia.
Capítulo X.
Me giré violentamente para encontrarme con aquel morocho de piel morena que, hacía ya tantos años, no tenía noticias.
Quedé, momentáneamente, muda de la impresión por aquella imagen que el muchacho me estaba brindando.
- ¿Bella Swan? ¿Eres tú?- volvió a preguntar, dibujando una sonrisa que rebalsaba de diversión.
Todo el contenido del trago, que había quedado atascado en mi boca, fue liberado hacia el exterior, similar a la erupción de un volcán.
Aquel personaje soltó una fuerte y sonora carcajada, característica principal de él. Por supuesto, no había cambiado en nada.
- Sí, eres tú.- y, con eso, volvió a reírse.
Traté, con los escasos medios que poseía, lograr limpiar mi boca con la muñeca. Una vez que pude, medianamente articular una palabra, por fin hablé.
- ¿Jacob? ¿Jacob Black?- le interrogué, aún sabiendo que era algo estúpido.
- No, el lobo cobrizo de las cavernas.- bromeó Jacob.
- ¡Jake!- grité, para luego, abalanzarme sobre él.
Jacob me recibió con los brazos abiertos, girándome en círculos.
- Jake, voy a devolver hasta la hamburguesa de la semana pasada sino me sueltas.- traté de pronunciarle.
Jacob sólo rió una vez más y me dejó el suelo. No podía creer que mi mejor amigo de la infancia estuviera parado frente a mí, con aquella tan radiante y contagiosa sonrisa, después de tanto tiempo sin saber de él. ¿Acaso volvió a crecer? Me llevaba sólo 2 cm. de diferencia la última vez y ahora… ¡me sacaba más de una cabeza y media! ¿Qué le dieron de comer a este chico? ¿Chicles Estiradores?
- ¡Dios, Jacob! No puedo creer que estés acá. Después de tanto tiempo.- le confesé, aún sin poder asimilar la situación.
- Yo tampoco puedo creerlo. Qué pequeño es el mundo, ¿no?- me dirigió una mirada de arriba hacia abajo.- Te ves muy bien. Si no fuese tu mejor amigo, te pediría que te casaras conmigo.
El muy idiota me conocía tan bien, que sabía decirme exactamente lo apropiado para hacerme sonrojar furiosamente.
- Extrañaba eso.- confesó Jacob, arrogantemente.
- Idiota.-mascullé.
- Dime, ¿qué ha sido de tu vida, estos últimos años? ¿Seguís saliendo con aquel idiota de Newton?- cuestionó Jacob, de modo divertido.
Mi intención era darle un reprimienda; sin embargo, se vio frustrada por la aparición del siguiente personaje en la escena.
- ¿Bella? ¿Estás bien?- preguntó con su aquel tono sedoso.
Realmente, la preocupación se notaba no sólo en su mirada verde sino, también, en su voz. ¿Acaso… estaba preocupado por mí? No, eso es imposible. Seguramente, todo estaba relacionado con la obra y no quedarse sin compañera.
No había notado, para nada, la presencia de Jacob a nuestro lado. Sólo se había limitado a mirarme profundamente a los ojos e, inesperadamente, su mano cogió mi brazo de la manera más dulce y cuidadosa que un hombre puede tomar a una mujer. Y, aquel gesto, me desarmó por completo.
- Sí… es-stoy… b-bien.- tartamudeé patéticamente.
Edward pareció aliviarse, ya que aflojó el agarré de mi brazo hasta retirar su mano por completo. Aquel acto por parte de él pareció haber sido un impulso porque, luego, la observó con el ceño fruncido.
Una lamparita se prendió en mi cerebro. Jacob. Me había olvidado por completo de Jacob. Así que me dirigí hacia él, para poder presentarlos. Vaya presentación. Aunque, me encontré con un panorama demasiado extraño, tratándose de Jake: sus ojos se habían entrecerrado, su mandíbula estaba completamente en tensión y apretada, sus manos transformadas en puños. Todo Jacob Black estaba en tensión.
- Edward, quiero presentarte a mi mejor amigo de la infancia.- le hable a Edward para que se dirigiera hacia él.- Jacob Black que, casualmente, me acabo de encontrar.
Edward se volvió hacia la persona que se encontraba frente a él. Inesperadamente, había cambiado, profunda y drásticamente su actitud, al igual que Jacob. Sólo que a su manera.
Ninguno de los dos pronunció palabra alguna, sólo se limitaban a observarse detenidamente, analizando y calculando. La atmósfera se había tornado demasiado tensa y silenciosa; el único ruido a nuestro alrededor provenía desde adentro del bar. Para cuando creí que iba a enloquecer con tanta tensión, Edward rompió el silencio.
- Jacob Black. Qué grata sorpresa.- pronunció Edward. Cada palabra que había dicho, se encontraba cargada de frialdad. Aún más de la habitual. Eso, sinceramente, me dio muchísimo miedo.
- No podría decir lo mismo, Edward Cullen.- replicó Jacob, éste con bronca y furia.
- No has cambiado en nada, a pesar de los años.- sonrió Edward, secamente.
- Por lo que veo, tú tampoco.- respondió Jacob, con cierto… ¿desprecio?
Bien. En esos momentos, me sentía pintada por Picasso*. No entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando. Era como ir al cine y levantarse en la mitad de la película para ir al baño. Para cuando volvieras, se desataba una guerra y vos no entendías por qué, si hasta hacía un rato todos estaban felices y contentos. No me iba a quedar atrás, por supuesto.
- ¿Acaso… ustedes dos…?- cuestioné, dirigiendo la mirada de uno a otro.
- Se podría decir que sí.- respondió Edward, dirigiéndose a mí.- Bien, Bella. Creo que es hora de irnos, y mañana nos espera un largo día.
Jacob había abierto, desmesuradamente, los ojos de la sorpresa. Por un momento, toda aquella tensión de sólo hace unos instantes, se había esfumado.
- ¿Ustedes… dos están…,- cuestionó Jacob, tragando ruidosamente.-, juntos…?
Esta vez fui yo quien se apresuró a contestar, tratando de poder contradecir, rápidamente, su pregunta. Además, no deseaba escuchar su respuesta ni mucho menos, observar su expresión.
- No. Edward y yo vamos juntos a la Academia de Baile que hay en Forks y fuimos seleccionados para realizar una obra.- le expliqué. Aquello había sonado medio raro… "Edward y yo".
Si hubiera sabido lo que pasaría a continuación, me hubiera ido con Edward sin decir ni una palabra. Pero no intuyo las cosas, como lo hace Alice. Así que, por supuesto, no supe que hacer. Sólo tratar de frenarlo.
Jacob había comenzado a temblar y le había dicho a Edward que era un maldito sinvergüenza. A seguir, lo agarró de la chaqueta y lo estampó contra la pared, emitiendo un ruido seco. Mientras tanto, Edward ni siquiera se había inmutado y, lo más sorprendente, no había dado señales de querer defenderse. Como si se hubiese anticipado a su reacción, sabiendo lo que pasaría a continuación.
- Jacob, las cosas cambian. Las personas cambian. Aprendemos de nuestros errores.- le había dicho Edward, mientras permanecía agarrado por Jacob.
- Tú nunca cambias, Cullen.- le reprochó Jacob, cargado de ira.
- Tú también cometiste tus propios errores.
- No mezcles una cosa con la contra.
- No las mezclo. Se trata de lo mismo: son errores.- lo contradijo Edward.
Jacob apretó mucho más el agarré y una de sus manos se había soltado, convirtiéndose en un puño.
- Jacob, hoy no. Por favor, te lo pido.- la compasión y el ruego apareció en los ojos de Edward.
Su mirada se dirigió hacia mí, sin quitarla. Jacob volvió la cabeza y, al comprender las palabras de Edward, lo soltó.
- Sólo por ella, ¿de acuerdo?- cuestionó Jacob.
Edward sólo asintió y caminó hacia mí. Yo me encontraba en pleno shock. Había intentado frenarlos, pero mis esfuerzos sólo fueron en vanos.
- Ven, Bella. Te alcanzaré hasta tu casa.- susurró Edward, frente a mí.
Sin embargo, me encontraba completamente absorta en la reacción de mi mejor amigo. Nunca lo había visto ponerse de esa forma tan agresiva.
- Jake…- lo llamé. No podía dejarlo en ese estado. Era mi amigo.- Jake, ¿estás bien?
Cualquiera que fuese su expresión, no pude verla, ya que la modificó para dirigirse a mí. Sin embargo, su mirada era triste y se forzó para sonreírme.
- Sí, Bella. Está todo bien. Ve. Te llamaré unos de estos días.- contentó Jacob, con una sonrisa. Pero aquello, no alcanzó sus ojos.
Di media vuelta para caminar junto a Edward, hacia el Volvo plateado. Realmente, me encontraba triste por la situación, e impotente y confundida. ¿Algo más para agregar a la lista?
- ¡Bella!- gritó Jacob, ya bastante lejos.- ¡Cuídate mucho, mi bailarina!
Sonreí. Jacob solía llamarme de esa forma cuando éramos pequeños. A mi lado, me pareció percibir un gruñido bajo proveniente de la garganta de Edward, pero no estuve segura del todo.
Recitaré las palabras de Jake: "Qué pequeño es el mundo". Y, por mi parte, agregaré: "La vida está llena de sorpresas". Esas sorpresas pueden ser gratas o no, dependiendo de la situación en que uno se encuentre.
Todo el transcurso del viaje hacia mi casa, había transcurrido en silencio. Sin embargo, en el estado en que me encontraba, podría haberse caído el cielo sobre mí, y no me hubiese importado. Y, aunque suene algo extraño, tampoco me había percatado de la persona que se sentaba al lado mío, conduciendo en silencio. De hecho, podría haber admitido que él se encontraba en una situación similar a la mía, si no hubiese sido por las insistentes miradas fugaces que me dirigía constantemente.
La noche se encontraba sumamente joven y rodeada de brisas suaves que agitaban, a la par, las hojas de los árboles, transformado de esta forma, una melodía semejante a las canciones de cuna. En ese momento, Edward estaba girando las llaves del automóvil para lograr apagar el motor.
- Nos vemos mañana, Edward.- lo saludé, antes de bajarme del Volvo.- Gracias por traerme.
Ni siquiera me atrevía a mirarlo a la cara, ya que no me sentía en condiciones emocionales para enfrentarme a sus orbes esmeraldas. Además, aquella sensación de temor que había experimentado momentos atrás por el tono demasiado frío de su voz, aún se encontraba presente en mi interior.
Cuando sólo me encontraba a centímetro del picaporte de la puerta, sentí su mano nívea acariciar mi hombro izquierdo, de una forma muy sutil pero, a la vez, intensa.
- ¿Bella?- anunció Edward.
Giré lentamente hacia él. Cuando lo alcancé, había olvidado por completo como respirar. Tanto la oscuridad que lo envolvía como la luz de la luna que se filtraba por los vidrios del auto, formaban en él, una perfecta mezcla de luces y sombras, todas luchando por ganarse un lugar en su cuerpo. Nunca en toda mi vida había presenciado un espectáculo tan maravilloso y a la vez, aterrador. Pero, digno de ver.
- Respira, Bella.- anunció Edward, de repente.
Al parecer, había dejado de respirar más de la cuenta por la gran bocanda de aire que tomé y el fuerte latido de mi corazón. Este acto provocó que me avergonzara y, a continuación, el sonrojo no se hizo rogar.
Es adorable observar cómo tus mejillas se tornan rosadas.- observó Edward, haciendo que me sonrojara aún más de la cuenta.
Una extraña calidez recorrió todo mi cuerpo, sin detenerse, provocándome sensaciones ajenas jamás sentidas. Aún así, decidí ignorarlas y terminar de una buena vez esta noche, con la intención de prepararme, mental y emocionalmente, para el día de mañana.
Aún así, por una extraña e inevitable razón, no encontraba la fuerza suficiente para retirarme del auto.
Su mano, lentamente, se elevó para colocarse sólo a unos pocos centímetros de mi rostro. A esta distancia, podía claramente identificar el leve temblor que poseía su supuesto roce, el cual, aún no ejecutaba. Observé su rostro, recorriéndolo con mi mirada y moderándome unos instantes más donde las luces y las sombras creaban matices y figuras admirables, hasta concluir en sus hipnotizantes ojos verdes. Allí, donde el verdadero Edward se encontraba, rezagado, esperando.
Sin embargo, su mano se transformó en un puño y lo retiró, lejos de la protección de mi cuerpo, de mi rostro cargado de ansiedad, a la espera, ahora inconclusa, de su toque sobre mi piel.
- Bella, creo que es hora de que entres a la casa.- anunció Edward, sobresaltándome por aquel tono cargado de frustración e ira.
Deseaba con todas mis fuerzas poder sosegar la causa de su tormento. Pero Edward estaba cargado de defensas y muros imposibles de sortear y lograr llegar, aún, más lejos. Eso, claramente, podía entenderlo, ya que, en ese sentido, estábamos cortados por el mismo cuchillo.
- Edward…- lo llamé, en un intento de llamar su atención.
Bella…- suspiró.- Es tarde. Tú papá debe estar esperándote.
Bien, esa indirecta llegó aún más ácida de lo que había esperado.
- De acuerdo. Hasta mañana, Edward.- me despedí, y tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para retirar mi mirada de él y descender el Volvo.
Los acontecimientos de esta noche, junto con las palabras de Jacob, habían sido la causa de mi compresión sobre un mensaje que, todos y cada uno con quienes había cruzado palabra, intentaron advertirme.
Ten cuidado… de Edward. Cuídate de él.
Sabía perfectamente de mi obstinación y el significado de la palabra "cabezota". Por lo tanto, aquello estaba de más.
De todos modos, ya me encontraba totalmente perdida.
(*)Picasso: famoso pintor de todos los tiempos. Chicas o chicos, sinceramente, me faltan ganas de buscar información de este pintor para que tengan mas infomacion. Disculpen, además, no creo que les interese. Salvo a aquellas personas que amen en arte.
¡Buenas, Buenas a todo el mundo!
Disculpen de verdad, de veritas mi demasiado retraso. Es que con el tema de la Facultad y demás, me he retrasado. Ademas, hay q sumarle el simple hecho de mi falta de inspiracion... ( y voló, voló, y voló voló, se borró borró, se borró borró (8)). Okey, eso fue ridículo. Es parte del estribillo de una canción de Rodrigo. Pata los que no saben, Rodrigo fue un cantante bastante conocido de origen cordobés. Su género de música era el cuarteto, tipo de música recomendada para bailar en pareja, es decir, del sexo masculino :P... ajajaj
Esta bien, me fui por las ramas. Es que la otra vez descubri una seccion del FF que se llama "Traffic". Me dejo completamente anonadada y sorprendida... entonces decidí poner informacion surgiente de mis país, Argentina. Y, quiero invitar a todas aquellas personas provenientes de otros países ( no importa cual sea, inculso ingles, ya que se hablarlo) para dejar sus comentarios y decirme que su opinion al respecto. Me emociona muchisimo conocer gente de otros lados.
Y, a las lectoras fieles, SON GENIALESSS!! GRACIAS, MUJERES!!! (ella saben quienes son ;) ajajaja
Y a ustedes por siempre estar o simplemente pasar, con eso basta.
¡Feliz semana, y no me extiendo mas!
DulceMia.
