Aclaración: El flashback de esta vez (qué manera de viajar al pasado) no guarda relevancia con la línea de tiempo. Es a modo de introducir el varietal que da nombre al capítulo y para hacer la relación que ya leerán.
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Kona Hawaiano
Se cuestionaba con fervor por qué no quería que esos momentos llegasen a su término. Por qué disfrutaba de su presencia, de sus proverbiales silencios, de su perfume. Temía buscar en él sólo la protección que tiempo atrás le había prometido tácitamente, no podía quererlo sólo por eso, no quería quererlo sólo por eso. Pero tampoco encontraba el límite entre el sentimiento colosal que a veces creía sentir dentro suyo y aquel otro, más superficial y débil.
Porque, además, podía sentirlo en otro nivel. Sesshomaru era discreto pero la vibra que le llegaba era casi indiscutida.
Inconscientemente se acercó más a él y sus brazos se rozaron; en esa exquisita aproximación podía inhalar su aroma familiar y masculino, podía jurar que nada en el cosmos le haría daño otra vez, no con él a su lado.
—¿Qué ocurrió? —preguntó entonces, suave y cuidadosamente.
Se había dicho que aguardaría, que no presionaría en ese peligroso terreno, pero, simplemente, fue incapaz de conjurar la paciencia. El deseo de protegerla le quemaba. Su instinto bestial demandaba el dolor y la sangre de su medio hermano.
Su llanto no demoró en llegar y la vulnerabilidad de su estado lo transformó. Sin más, la abrazó, la envolvió con fuerza, con el deber de un centinela, con los sentimientos de un hombre pretéritamente enamorado. La dinámica a su alrededor no mermó y los transeúntes simplemente los esquivaban, indolentes ante la escena.
—Te dije una vez que no permanecería al margen.
Ella se aferró más a él, como si su cuerpo tibio fuese la única esperanza que le quedase de ver el sol salir una vez más.
—No me dejes sola —logró gesticular.
—Nunca.
Tomando sus palabras seriamente, la subió a un taxi y juntos se dirigieron a su casa. No la dejaría esa noche y deseaba no dejarla nunca. Menos en esa instancia, sintiéndola contra su cuerpo con ese ahínco, con esa necesidad. Sólo se atrevió a separarse cuando llegaron a destino y la llevó de la mano hasta su residencia.
Kagome analizó sus alrededores desconocidos. Nunca había estado en su casa. De alguna manera, saber que aquel era el espacio íntimo de él trajo calma a sus pensamientos; aquel era, después de todo, el sitio más seguro en el que podía estar, con la única presencia del hombre en quien más confiaba, a quien podía encomendarle su protección.
Se reconocía obsesionada con esa noción. Pero aún no podía desecharla completamente.
De pie frente a una inmensa chimenea, se ocupó de sosegar su cuerpo, inquieto después de un desgarrador llanto, y su mente. Respiró profundo, tomó consciencia de la calidez que desprendía el fuego, se interiorizó con los aromas, propios de él. Luego se enfocó en su cercana presencia.
—Me alteré un poco —habló al cabo de unos minutos, mirándolo—. Perdón.
—Siempre esperé que lo hicieras.
Sus palabras la sorprendieron y girando su cuerpo completamente, lo enfrentó apropiadamente al suyo.
—Hay algo que nunca te dije.
Sesshomaru se tensó, esperando escuchar el peor de los sucesos.
—Esa vez en el café, cuando nos vimos por primera vez… —se envolvió con sus propios brazos, símil avergonzada— No fue la primera vez para mí.
Él se relajó, pero antes de siquiera agitarse el sentimiento atroz que lo acosó al pensar que la escucharía confesar un acto repudiable por parte de su medio hermano, levantó la guardia.
—Muchas veces te vi en la calle durante el año que pasó —confesó—. La frecuencia de esos encuentros me asustaba, sentía que la vida me ponía a prueba. Era como que debía hacerme cargo de algo que me aterraba.
—Te recordaba a Inuyasha.
Escuchar ese nombre de boca de él la incomodó pero se esforzó por ignorarlo.
—Te veía a ti y de un momento a otro esperaba verlo a él y la sola idea me paralizaba de temor —respiró profundamente, recomponiéndose—. Viví con miedo durante todo ese tiempo, Sesshomaru, no podía dejar esa historia atrás, era incapaz.
—Y en el café, ¿te tomé por sorpresa?
—No —sonrió—. Te vi entrar, sentarte… En ese momento, cuando cerraste los ojos, podía verte gozar, te notabas relajado y fue como si me hubieses transmitido todo eso. Entonces me acerqué y esperé a que abrieras los ojos.
Sesshomaru recordaba los detalles con rigor científico. No olvidaría nunca ese día.
—Te vi antes —señaló.
—Fue un segundo en el que dudé. Pero te miré y tú ya me habías descubierto y lo tomé como una señal.
Él permaneció en silencio, sorprendido ante tu falta de palabras.
—Cuando supe que te habías divorciado, me preocupé por ti y por Rin —prosiguió—. Pensé que algo había ocurrido y ustedes no habían sido simples conocidos para mí pero… no me atreví a buscarlos.
—Entonces decidiste aparecer.
—Miles de veces intenté acercarme —explicó, adivinando un ligero timbre recriminatorio en su voz—. Pero el fantasma de… de Inuyasha me asechaba. No había psiquiatra o medicación que me ayudara. Ese tiempo fue un tormento.
Sesshomaru comenzó a acercarse hasta que estuvo a un palmo de ella.
—Fue Kagura quien me pidió el divorcio.
—¿Por qué?
Vio sus ojos encontrarse con los suyos y decidió que no prorrogaría esa confesión más tiempo.
—Porque despertaste sentimientos en mí el primer día en que te vi —su voz no flaqueaba pero dentro su corazón latía en su límite—. Pero yo era un hombre casado y luché contra ellos sin siquiera advertirlo. Fue ella quien me lo hizo ver y una vez puesto en palabras, no pude negarlo más.
—¿Durante todo este tiempo…?
—Cuatro años y siete meses —asintió.
Todo cuanto podía ver en ella eran sus labios. Podía escuchar su llamado, sentir su aura única.
—Kona de Hawái —presentó solemnemente, dejando el paquete sobre el escritorio como si se tratase de un recién nacido—. El café más buscado del mercado hoy. Pedí más favores de los que me debían, pero lo logré.
—Sólo seiscientas hectáreas son dedicadas al Kona, no sé qué esperabas.
—Fluidez —repuso con cierta sorna—. Pensé que el dinero todo lo podía.
—No seas banal, Miroku.
—Eres tú quien toma uno de los cafés más costosos del mundo.
—Es único.
—Lo es —accedió sonriente.
Ella había sido siempre lo que más había buscado, tal vez inconscientemente, tal vez con resistencias, pero tenazmente. Había existido una guerra dentro suyo, partes lógicas y sensibles habían sido contrapuestas, enfrentándose cruentamente. Pero amar siempre había sido imposible de cuantificar, de sujetar o dominar; y sus estructuras, balanceándose amenazantes bajo el peso del yugo de lo indestructible, presentaron su rendición.
Un día escuchó que se había enamorado y cuando el cerebro lo procesó, se instauró con la importancia de una ley.
Fue ella quien cerró el espacio entre sus cuerpos. Lo besó con miedo, timidez y ardor.
Su sabor guardaba cierta potencia pero era delicado, aterciopelado, placentero. Era dulce, como arándanos y chocolate. Tras el contacto inicial, ese que alberga el pudor propio de lo inaugural, sus lenguas ahondaron y encontraron la electricidad que se reserva en los cuerpos anhelantes. Una descubría lo inédito y el otro saciaba lo añejo.
La complementación de sus energías los predisponía acertadamente y pronto pareció que el fuego de la chimenea se había apoderado de las paredes, aumentando la temperatura. Entonces la ropa estuvo de más, se extinguió el recato, desaparecieron los límites, sus cuerpos se hicieron uno solo en una unión que correspondía a más que un factor físico.
El frenesí del momento respondió favorablemente a los cuestionamientos de Kagome. Era él a quien amaba, a quien, tal vez, había amado siempre. Y él ratificó lo que durante todo ese tiempo había sabido.
Fecha de publicación: Junio 26, 2017
Palabras: 1,272
NA: Otra vez: la descripción del "sabor", eso de aterciopelado, arándanos, chocolate, etc. es lo que técnicamente se siente al tomar el café en cuestión.
En fin, quedó bien, ¿no? En lo personal, me siento satisfecha. Pensé que esta escena iba a ser infinitamente más difícil de escribir pero cuando llegó el momento, fluyó rápido. Creo que en veinte minutos escribí este capítulo. Mis musas me quieren. Pero necesito/quiero/demando saber qué opinan.
Y... ¡se vienen más viajes al pasado! Voy a intentar se más concreta. Es que no puedo evitar irme por las ramas. Qué puedo decir, soy una romántica empedernida.
J.
