Disclaimer: Los personajes no son míos. Son de Rumiko Takahashi. La historia sí.
Comentarios al final.
φφφφφ: Cambio de tiempo.
©©©©©: Cambio de escena, pero durante el mismo día.
®®®®®: Inicio y término de sueños.
Itálicas: Pensamientos.
Negrita: importante.
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Sueños
By Nindë Black
El rancho estaba en calma, al estar tan alejado de la ciudad se podía sentir cada partícula del aire, del sol y del agua en cada poro de la piel. Sin embargo, una persona, una chica en especial, no se encontraba del todo alegre. Kagome se hallaba caminando por la gran extensión de tierra, acompañada de Seiki, Aki y Souta. El día anterior, Reiko había tenido un accidente con su tobillo y por lo tanto no podía salir a caminar con ellos, mientras que Ikki. Bueno, Ikki, por alguna razón no quería salir.
Se detuvieron debajo de uno de los árboles del rancho, mientras que los niños se acercaron a la orilla de un riachuelo que allí había para refrescarse del calor. El semblante de la chica se veía nostálgico y tremendamente triste, y Seiki se sintió peor. La vio sentarse entre las raíces y abrazar sus rodillas.
- Kagome ¿estás bien? –La chica se mordió el labio inferior con fuerza, como si dudara-, sabes que puedes decirme cualquier cosa, gaviota.
- Estoy muy mal, Sei –le dijo suavemente, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas-. No sé que hice para que me huya –dijo afectada-, no me ve a la cara, no me habla. Sei, me está tratando como si no me conociera –mordió de nuevo su labio, tragándose las ganas de echarse a llorar.
- Pequeña –le dijo y le acarició la espalda despacio-, sé que Ikki no se ha portado como debería y también sé que está demasiado confundido –explicó-. No sabe nada de sí mismo, tiene muchas dudas: su pasado, su presente, su futuro; y además, tu pasado, tu presente y tu futuro.
- ¿Por qué tiene que ser así, Sei? –Cuestionó-. Pensé que él me entendería, que él estaría conmigo. ¡Por Kami, Sei, me he vuelto dependiente de él! –Seiki estudió las facciones doloridas de su rostro-. Por si fuera poco, ayer peleamos, dijo que lo único que me importaba era pensar en el pasado, pero que él no estaba dispuesto a acompañarme.
- Ese idiota –masculló apretando el puño libre-. Me va a escuchar cuando lo vea, es un...
- No, Sei –dijo ella tajante-, no hagas nada. Creo que lo mejor será dejarlo así.
- Pero Kagome –secó una lágrima que se había escapado-, no te mereces esto. Has sufrido mucho, pequeña, y ahora entiendo el recelo que tenías al querer hablarlo –Seiki se acercó a ella lentamente-: Cuenta conmigo, pequeña mía –y dejó un beso en su frente.
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- Estás siendo un terco, Ikki –le dijo la muchacha, quien yacía en la sala con el pie lesionado sobre unos almohadones.
- ¿Terco yo, Rei? –Espetó molesto-: Es ella quien no quiere dejar el pasado en su sitio –dijo mordaz-, ella se la pasa hablando y recordando, recordándolo a él para ser exactos.
- Oh, ya veo –dijo con sorna-, todo el problema es que ella recuerda a Inuyasha. Estás celoso, hermanito.
- ¡No son celos! –Rugió enojado. Reiko se cubrió la boca para ocultar la risa.
¡Por supuesto que eran celos! Nadie en su sano juicio hiciera tanto berrinche por un misterioso hanyou que ya no existía. Reiko negó suavemente, mientras su preciado hermano menor (de cariño) se paseaba de un lado a otro por la sala, lanzando maldiciones de repente y mascullando otras tantas.
Había visto durante un par de días la manera en que Ikki huía de Kagome, y también veía que la chica cada vez estaba más retraída y cabizbaja. Quería agarrarlo a palos, pero el día anterior se había caído al correr y se había esguinzado el tobillo por lo que ahora no podía salir mucho.
- Solamente admite que esa niña te gusta más de lo que pensabas, Ikki –le dijo lentamente-, y admite también que estás celoso de alguien que ya no existe, pero que, de cierta manera, reside en ti.
- ¡Ese es el problema! –Gritó-¿Quién soy, Rei¿Su preciado Inuhanyou o solamente soy Ikki?
- Onii-chan –Reiko lo sujetó de un brazo para que se sentara junto a ella-, Kagome ha pasado tanto, pequeño, demasiado en tan poco tiempo –Ikki suspiró-. Ella esperaba que tú la apoyaras y quisieras compartir su historia y lo único que has hecho es juzgarla –Reiko pasó sus dedos por el antebrazo de su compañero-. ¿La quieres, Ikki?
- En exceso –soltó.
- Entonces no la pierdas por tonterías –sugirió.
Justo entonces Isei entró en la sala con una bandeja llena de panecillos y té. Los dejó en la mesa y miró de soslayo a su hijo, quien de inmediato se puso a la defensiva.
- Anda, dilo, sé que escuchaste –le retó.
- Eres un idiota –le dijo con diversión-. Pero no soy yo quien será el primero en decírtelo¿verdad preciosa?
- Por supuesto que no –respondió Reiko-, estoy segura de que Sei vendrá a decirte exactamente lo mismo.
- Con lo que me importa –dijo con desprecio.
- Pues debería de interesarte, hijo –Isei dio un sorbo a su té-. Creo que ya estás harto de que te diga, pero no es justo para ella. No le has permitido contarte como se siente con esto, solamente le has huido día tras día.
- Bien, bien. ¡De acuerdo! –Dijo ya desesperado de oír lo mismo-: Ya no me digan lo mismo. Soy un egoísta, celoso e idiota. ¿Qué más?
La sonora carcajada de su padre y Reiko lo pusieron aún de mal humor. Se levantó del lugar en donde se encontraba y salió rumbo a su habitación, donde se dejó caer pesadamente en su cama, cosa que inmediatamente le hizo sentir cansancio. ¿Acaso era cansancio físico o era enteramente emocional? El hecho era que estaba cansado. Cerró los ojos y trató dejar su mente en blanco, lo cual no obtuvo, siempre aparecía la misma cosa en su cabeza: Kagome. Y ese chico con orejas de perro que la sostenía posesivamente.
- Maldición –se dijo.
Un rato después, el sueño lo venció definitivamente.
®®®®®
El susurro del viento se extendía por cada célula de su cuerpo. Golpeaba su rostro y le refrescaba suavemente. Un rayito de luz pegó en su cara, se acomodo de otra forma, pero la luz se hizo más intensa. Entonces entreabrió los ojos un poco acostumbrándose a la luz. Cuando los abrió por completo, contempló con ojos extrañados un Árbol de tronco grueso y con sus hojas verdes que se movían con el viento. Se incorporó aún somnoliento. ¿Qué hacía un árbol en medio de la nada?
Fue consciente entonces de todos y cada uno de los sonidos a su alrededor. Aves revoloteando, el viento soplando, el sol de la mañana y el pasto fresco. Bostezó y al tallarse los ojos pudo notar que llevaba puesto algo blanco, un haori amarrado al frente y el hakama del mismo color.
- ¿Dónde estoy? –Se preguntó en voz alta.
- En mi mundo –le respondió una voz.
- ¿Q-quién es?
- ¡Keh! Muévete niño, que no tengo todo el día –la voz se hizo más clara.
Alzó la vista hacia las ramas del Árbol y observó una figura sentada en una de las ramas. El traje que portaba era rojo y del cinturón colgaba una espada. La figura saltó y cayó limpiamente frente a él, era incorpóreo, semitransparente, pero aún así parecía tan real. Notó con asombro que de su cabeza sobresalían dos orejas blancas de perro. El hanyou, se dijo.
- Sí, humano, soy un hanyou. EL hanyou –repitió caminando-. Y ahora, ven conmigo.
Aún sin salir de su asombro se levantó y comenzó a caminar justo detrás de él. Era el sueño más raro que había tenido, pero por alguna razón no quería despertarse. Caminaron unos cuantos minutos hasta que se detuvieron frente a un lago cristalino, el hanyou volteó a ver al muchacho tras él y luego de un breve gruñido de evaluación le pidió acercarse hasta la orilla.
- Mírate, Ikki –le dijo con gravedad-, y de paso, mírame.
Ikki se arrodilló en la orilla y miró su reflejo. El cabello negro que le caía en la espalda, los pómulos fuertes y varoniles, los labios más o menos gruesos, y ese par de ojos dorados que le devolvían la mirada. Desvió su vista a su compañero quien también se reflejaba: el cabello plateado a la misma altura que el suyo, las orejas puntiagudas que se movían ante cualquier sonido extraño, los pómulos poderosos, la nariz ancha y ese mismo par de ojos dorados. Pero de repente la imagen cambió. Ahora se veía un muchacho como de su edad, de largos cabellos ébano, profundos ojos color marrón.
Ikki trató de incorporarse ante el extraño parecido con él mismo y cayó sentado. No podía ser. Definitivamente se estaba volviendo loco. Miró al hanyou en su forma humana. Inuyasha le devolvió la mirada duramente.
- ¿Q-qué quieres? –Dijo desafiante, cuando por fin se puso en pie-. ¿Qué maldita cosa estás buscando de mí?
- ¡Qué entiendas, maldito imbécil! –Le espetó el hanyou mostrándole los colmillos.
- ¿Qué debo entender, hanyou? –Repitió con asco.
- Lo que eres, Ikki, lo que por años has sido –Inuyasha recobró la compostura y metió las manos dentro del haori-. No entiendes la carga hereditaria que tiene tu familia –le dijo-, crees que todo es una farsa. Y sobre todo, crees que ella me ve a mí.
- ¿Y no es así, Inuyasha? –Preguntó de mala manera-. Que yo sepa, ella siempre te ha amado. Y ahora, viene a reencontrarse con su pasado, CONMIGO.
- Grr... –Gruñó de forma amenazante-: No te atrevas a decir que ella no sabe lo que hace –se miraron con desconfianza-. Siéntate niño. –Mirándose aún se sentaron uno frente al otro.
- ¿Por qué no te quedaste con ella? –Le cuestionó.
- Porque ella no me pertenece –respondió el hanyou en forma serena-: Por años, me pregunté porque ella había desaparecido así, pero al final lo entendí. Kagome me fue arrebatada porque aquí no cumplía con su función. Ella pertenecía a su tiempo y por más que ella lo hubiese deseado no podría quedarse.
- Pero te ama –dijo tercamente.
- Kami, eres peor que yo –masculló rodando los ojos-: Yo no puedo estar con Kagome –sentenció y lo miró-, pero tú sí. –Ikki lo observó ceñudo-¡Maldita sea, niño! Eres descendiente de mi familia, así está destinado.
- ¿Qué?
- El destino lo tiene escrito así, idiota, los Higurashi y los Taisho tienen que estar juntos de alguna manera. Siempre terminará siendo así –le explicó-. Y si no eres tú, será tu hermano, o...
- ¡No¡Mi hermano no! –Espetó Ikki enfadado.
- Bien, mocoso, bien –le dijo arrogante-, comienzas a ser igual que yo. El hecho está en que ella está vinculada con los Taisho –Ikki respiró profundamente-. Y necesitas aceptar que siempre me tendrá en un lugar especial.
Inuyasha se levantó del pasto fresco y se encaminó hacia el bosque. Antes de perderse, se giró para encararlo.
- Ámala, Ikki –le dijo-, ámala como yo no pude hacerlo. Y hazla muy feliz. Porque se lo merece.
- Lo prometo –respondió el aludido.
Y mientras observaba al hanyou desaparecer en el bosque, él sintió de nuevo sueño. Y cayó dormido.
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Despertó sintiéndose descansado, y además hambriento. ¿Cuánto tiempo habría pasado? Miró su reloj y vio que eran las seis de la tarde, suficiente tiempo para haberse pasado la comida. Se talló el rostro desperezándose y las imágenes nítidas de su sueño se colaron a su mente. El bosque. El viento. Los árboles. El hanyou. Sus palabras. El parecido.
- ¿Tío, estás despierto? –Aki llamó a la puerta.
- Sí, cielo, acabo de despertar –respondió abriéndole la puerta-. Hola, pequeña. ¿Dónde andaban?
- Fuimos a recorrer el rancho y a jugar en el riachuelo –dijo la niña sonriente, dándole un beso en la mejilla.
- ¿Qué comieron? –Preguntó-. Me muero de hambre.
- Algo que prepararon Chiaki con ayuda de Kagome –Aki se levantó y se acercó a la puerta-. ¿Sabes? He visto a Kagome muy triste, papá la consoló hoy porque estaba llorando –Ikki tragó duro al escucharla, sintiéndose culpable-¡Por cierto! Papá me dijo que quería hablar contigo –dijo la niña-: Le dije que estabas dormido, y entonces dijo que cuando despertaras fueras a verlo.
- Voy en un momento, cielo.
La niña desapareció y él se sintió aún más culpable. Se dio una rápida ducha, se visitó con jeans y camiseta, y salió a la cocina. Se sirvió un poco de la comida que sobró y comió una galleta recién horneada por Chiaki. Luego, satisfecha el hambre, fue al cuarto de su hermano. Dio dos toques leves y entreabrió la puerta, pero se detuvo al escuchar una conversación.
- ¿Cuándo le dirás a tu padre y a tu hermano? –Esa era la voz de Reiko.
- Antes de irnos a la ciudad de vuelta, cariño –la voz de su hermano sonó ¿dulce?-. Te quiero.
- Y yo a ti.
¿Qué? Ikki ocultó la risotada que estaba por salir y se escondió en el siguiente cuarto. Por fin su hermano se había decidido por estar con su mejor amiga¡Kami, gracias! Hacía años que sabía del amor que Reiko le tenía a su necio hermano y supo también lo que sufrió cuando tuvo que irse a China por trabajo de su padre. Aún peor, estaba seguro de que Reiko había resistido con entereza el casamiento de su hermano con Kaori. No era que Kaori haya sido una mala persona, pero no tenía la calidez que Reiko siempre les daba. Apostaba cualquier cosa a que Kaori estaba vigilando esa relación y la bendecía.
La puerta de a lado se cerró y observó que Reiko salía con las muletas hacia las escaleras. Esperó a que desapareciera escaleras abajo y se presentó frente al cuarto de su hermano. Tocó de nuevo, ahora con más fuerza hasta que su hermano le abrió.
- A ti te estaba esperando –le dijo con el ceño fruncido-. Métete, niño –bueno, qué le daba a todo el mundo por llamarlo "niño".
Entró a la habitación, vio que su hermano le permitía sentarse en un puff de piel y él se dejaba caer en la cama. Tenía el ceño fruncido y por la marca que se le hacía en su rostro, estaba muy molesto.
- Me vas a escuchar, niño –pronunció la última palabra con fuerza-. Te advertí que si lastimabas a Kagome te las verías conmigo, y mira que...
- Córtalo, Sei –le dijo cansinamente-, ya entendí. Sé que fui un maldito imbécil, egoísta. También sé que le he hecho daño, y lo voy a remediar.
- ¿Qué entendiste? –Seiki le miró curioso.
- Que estaba celoso –dijo despacio-, celoso de un antepasado nuestro, que no existe.
- Bastante tonto –le dijo su hermano con burla-. ¿Qué te hizo cambiar?
- Digamos que lo consulté con la almohada –Ikki rió ante la cara de confusión que puso su hermano-. Hablaré con ella hoy en la noche¿te parece?
- Muy bien –Seiki se paseó por su cuarto hasta la ventana.
El clima definitivamente estaba obedeciendo a los sentimientos de Kagome y por lo tanto estaba algo nublado. Había dejado a la chica en su habitación, luego de la comida, aún semi triste y angustiada. En seguida, había sacado a Reiko de la casa, llevándola en el jeep a dar una vuelta en el rancho y entonces había sucedido. Ella estaba muy cerca, observando como niña los animales silvestres que veían, y al tenerla así, la había besado.
Y ella había respondido. Rodeando su cuello y apretándose contra él. Él la había sujetado de la cintura y la besó como loco, hambriento y desesperado. No era que ella hubiese sido más sumisa, al contrario, ella le respondía de la misma forma. Encendiéndolos. Y se detuvieron, mirándose a los ojos, ella sonreía con las mejillas arreboladas y los labios hinchados.
- Te amo –le había dicho.
Y era todo lo que necesitaba para saber que él también la amaba.
- Te has quedado muy callado.
- Pensaba –dijo Seiki mirándole-. Estoy enamorado, hermano, enamorado de nuevo.
- Tu cara de bobo lo dice todo –Ikki le sonrió-, por error los escuché hablando. Me da gusto.
- Le diré a papá antes de irnos –dijo el mayor-, quiero casarme con ella.
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Luego de la cena en familia, se sentaron a conversar en la sala. Palabras más, palabras menos Ikki y Kagome se habían visto envueltos en una discusión nada amigable sobre la historia, el pasado, Inuyasha, entre otras varias cosas. Ikki había gritado cosas horribles, al parecer seguía algo molesto por la forma en que Kagome se refería a Inuyasha como "MI hanyou" y eso había hecho que sus nervios se salieran de control y que se enfadara aún más. Le dijo que era una niña infantil por seguir pensando en él, sabiendo que ya no existía. Que era vil historia.
Los ojos de Kagome se habían llenado de lágrimas e Ikki había salido corriendo de la casa, enfadado con ella y consigo mismo. El recuerdo de su sueño y de las palabras del hanyou le hizo odiarse. Se detuvo de repente, sintiendo pasos detrás de él. Se giró para contemplar a Kagome con las lágrimas acumuladas en los ojos, pero una mirada llena de determinación.
- Eres un tonto –le dijo molesta-, te la pasas creyendo que eres la única persona a la que le duele, y no es así –dejó escapar varias lágrimas. Las nubes se cerraron.
- Te la pasas hablando de él –le dijo con dureza-, cuando me miras, Kagome¿a quién ves? –Sus ojos dorados tomaron un tono anaranjado-¿a mí o al híbrido?
- ¡Deja de llamarlo así! –Espetó ella con enojo, llorando amargamente. Un trueno se escuchó al chocar las nubes negras.
- ¡Dime a quién ves, Kagome! –Le ordenó.
- ¿Por qué haces esto, Ikki? –Kagome sollozó más fuerte-. Inuyasha fue mi primer amor, y lo amé intensamente... Pero desde hace mucho sólo te veo a ti –se mordió el labio intentando dejar de llorar.
- Vete Kagome –le dijo con frialdad-, por favor.
- ¡No! –Espetó ella con terquedad-. ¡No me iré hasta que me digas lo que pasa!
- ¿Es que no lo ves? –Le dijo mirándola fijamente.
- Ikki, entiende... –iba a comenzar a darle una explicación, pero fue cortada.
- ¡Entiéndeme tú a mí, Kagome¡TE AMO! –La sujetó de una muñeca y la apresó fuertemente contra su cuerpo-: Y no planeo compartirte con un recuerdo.
Después de tan ruda declaración la besó con fuerza. Apretando su cuerpo pequeño contra el suyo, amoldándola a él. Sus labios, acariciaban los de ella con firmeza, con pasión desbordante. Kagome sentía derretirse con aquel beso. Sus labios gruesos que delineaban y encajaban directo entre los suyos. La tibia lengua que se inmiscuía en su boca y le acariciaba el interior.
Poco a poco se rindió a sus labios, respondiéndole de la misma manera, sujetándose a la espalda de su camisa, arrugándola. Mostrándole que también se sentía igual, siguió el juego de su boca, entrando y saliendo de ella con su lengua. Para finalmente, morderle el labio inferior suavemente, logrando separarse de él.
El cielo se había despejado, las estrellas brillaban con fuerza y la luna detallaba cada facción del rostro femenino, los ojos castaños brillaban acuosos, los labios hinchados y rojizos, las mejillas rosadas y la sonrisa pintada en el rostro. Ikki pensó que no podría haber pedido nada más que ella en ese instante, descansó su frente sobre la de Kagome y respiró lenta y pausadamente, llenándose del olor que ella desprendía.
Y así se quedaron durante mucho rato. Siendo observados por la familia entera desde la puerta principal. Souta sonrió y miró la luna, dándole gracias a quien fuera que estuviera arriba por darle a Kagome otra oportunidad de ser feliz.
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Ah, el amor. ¡Q bonito¿Les gustó? Ojalá que sí. No me lo creerán pero me lo aventé en cuestión de dos días. Jajajaja, las ideas fluyeron como agua y pues se fue dando. Me encantó.
¿A dónde vamos ahora? Bueno, aún nos queda la bonita historia de amor de Reiko y de Seiki. Y pues obvio tienen que aparecer los que restan. Aunque creo que será más complicado, pq siento que si los involucro entonces la historia jamás terminará. ¿Uds., q piensan? Mmm, me voy a quedar sin ideas. Crap! Jejejeje, en fin. Veremos que sigue.
¿Misterios¿Aventuras¿Locuras? Mmm¿una oferta en puerta por la perla de Shikon acaso? Secuestrarán a Kagome, eso es muy trillado. ¿Un, 4 años después¡Opinen!
Por cierto, me cambié de Nick. Ahora soy Thaiss Black, debería ser con una sola 's' pero no me dejó :( me dijo q ya estaba tomado el nickname. En fin, espero q les guste.
Matta ne,
Τħαϊŝş βĻđĉķ
