Okay pequeños saltamontes y personitas varias, acá otro cap ^^ Tiene algo de lemón más detallado en algunas cosas que el cap anterior, pero es 100% hetero y la parte lemon es más corta que la vez pasada.


Capítulo siete: Tres reglas básicas.

Ya se han cumplido los dos meses que me faltaban para salir de forma original...y aún no tengo permiso para ver a mi familia, pero estoy segura de que tendré que esperar más tiempo, aunque no soy la única, y ese ese mi único consuelo: corren rumores de un motín. Han ocurrido bastantes desórdenes últimamente, tanto así, que se prohibieron las visitas de raíz. También se aplazaron todas las altas médicas e ingresos de nuevos pacientes. Según Helena, quien lleva casi toda su vida aquí, ya ha ocurrido otras veces y todo ha terminado bien, así que no queda otra opción que esperar a que se solucionen los conflictos internos.

Eran pasadas las doce de la noche y todas estaban despiertas, menos yo.

― ¡Hola! ―celebró Gisselle cuando vio a Cole entrar a nuestra habitación con evidentes signos de acabar de drogarse con algo.

Él no dijo nada, la pasó de largo, a ella y a todas. Yo estaba durmiendo, y desperté con el chillido de Gisselle. Cole me desarropó, tomando la punta de las sábanas con su mano y lanzándolas hacia atrás rápidamente, también desabrochando su pantalón. Subió mi camisa de pijama y me quitó la ropa interior, dejándola sobre mi cama. Luego se bajó la suya hasta los tobillos y me tomó en brazos.

― Muévete ―le ordenó a Helana, haciéndola salir de su cama y dejar de hacer el crucrigrama que armaba con Giselle, también haciéndola salir de ahí para dejárnosla a nosotros, mientras que Rubí se alistaba para mirar.

Me colocó boca abajo en la cama de Helena, con mi espalda sobre el colchón, mis brazos bajo mi cabeza; de manera en que yo pudiera seguir durmiendo mientras él me utilizaba como muñeca inflable. Mis pies se apoyaban en el suelo, mis piernas colgaban de la cama al piso y él las separó con brusquedad. Supe que se estaba tocando por el gruñido que hizo, y porque estaba tardando en hacer algún otro movimiento.

Gisselle y Helena siguieron hablando de su crucigrama, ésta vez sentadas en la cama de Rubí, ya que ésta estaba sentada junto a Cole, mirando atentamente a todo; esa chica tenía una seria adicción al sexo y una vena voyerista muy desarrollada.

Sentí que Cole introducía uno de sus dedos en mí para ver cuán abierta estaba, porque esta vez estaba tan entrenido masturbándose por su cuenta que tenía tiempo suficiente para preprarme antes de penetrarme. Emití un gemido casi inaudible cuando sentí el segundo dedo, y también al escuchar otro gruñido de su boca por el placer que le producía su propia mano. Pensé que a lo mejor esta vez sería un poco más lento el proceso y se quedaría más tiempo conmigo; amaba pasar tiempo con Cole y que estuviéramos juntos, aunque a veces sintiera que para él, yo no significaba nada.

Las cosas entre ambos habían llegado a un punto en el que Cole tenía mi cuerpo disponible el cien por ciento del tiempo, y yo su humanidad para cuando quisiéramos y solamente teníamos tres importantes reglas tácitas respecto a esto:

1) No negarse cuando el otro tuviese ganas: aunque uno no aportara en nada, como yo ahora, y siguiera durmiendo, al menos el otro se deshacía de su necesidad. Era por eso que guardábamos un frasquito con lubricante en el caso de que mi cuerpo no respondiera lo suficientemente rápido a lo que buscaba Cole, y uno que otro estimulante para él cuando los síntomas no le permitieran erectarse.

2) No hacer preguntas, por lo general, no hablábamos ni nos decíamos nada.

3) No mirarnos a los ojos en ningún momento.

Sentí que ahogó un gemido y empezaba a mover su mano más rápido sobre su miembro, mientras que me introducía su dedo número tres.

― Suficiente ―lo oí mascullar.

Se puso de pie apoyando mis piernas sobre sus hombros, dejando que mis pies quedaran tras su cabeza. Me sujetó de la cadera con sus húmedas manos para acercarme más al borde de la cama y llevó mis rodillas contra mi pecho antes de tratar de entrar, sin mucho éxito; pero no era culpa mía. Cole estaba eufórico, caliente, y mucho, pero tanto que apenas lograba moverse con coordinación. Sentí que su punta se restregaba contra mí, y que se detuvo justo en un orificio, pero no precisamente en el convencional. Se restregó un poco más, con intenciones de meterese en él.

Escuché a Rubí emitir un gemido, y reconocí que jugaba con su consolador.

― No.

Dije con tono serio, firme y fuerte. Entonces, él alejó su miembro de ahí de inmediato. En momentos como aquellos sentía que Cole si sentía algo por mí, que realmente le importaba mi opinión y se preocupaba por mis sentimientos. No había dudado en detenerse apenas le dije que "no" y no había bastado más que ese monosílabo para que lo hiciera. Me gustaba el sexo, tanto como a él, y ya había aprendido a hacerlo oralmente bajo su tutela, pero anal...era una cosa diferente. Me daba miedo, y él lo respetaba. Sabía que no volvería a insinuarlo nunca más, a menos que fuera yo la que lo guiara hasta ahí.

― Yo te ayudo ―se ofreció Rubí, aniosa por ver sus brutales embestidas, y dirigió el miembro duro de Cole hasta mi vagina― no tengo todo el día ―añadió, empujando la cadera de mi amante contra la mía, pero él no se dejó manipular por ella, y al contrario de los deseos de Rubí, se metió lento, muy, muy lento.

Sentía que me iba a volver loca entre el sueño y el placer, entre el cansancio y lo llena que me sentía, y con la extrema lentitud que Cole se movía, que era lo más cercano a mi sueño dorado que había hecho alguna vez en todos nuestros encuentros, pero sus instintos lo traicionaron y perdiendo la paciencia empezó a acelerar. Iba rápido, duro, rudo y tan fuerte que sentía sus testículos chocar contra mis nalgas, sus huesos chocar contra los míos. Iba profundo, porque le encantaba hacer eso. Se detuvo en un momento, muy adentro y empujándome hacia adelante para tratar de ir más allá; él amaba esa posición, porque le permitía llegar hasta el fondo de mi vagina, cosa que no hacía muy seguido porque sabía que llegaba a dolerme, pero en ocaciones como esa, estando tan fuera de sí, lo olvidaba por completo.

Apreté mis puños en las sábanas y dejé escapar un quejido de incomodidad mezclado con dolor, ¡Por Dios!, era como si me estuviera partiendo en dos partes con aquella palpitante, húmeda e hirviente erreción.

― Sigue durmiendo ―me pidió con un ronco sonido, aunque lo percebí mucho más como órden que a sugerencia― a menos que desees participar y cambiar de posición.

No quería. No quería participar. Cerré los ojos con más fuerza e intenté seguir durmiendo. Nuestra retorcida relación había empezado el mismo día en que descubrí que no estaba embarazada de él...

Después de verlo salir de mi cuarto sin hacerme ningún tipo de comentarios, o siquiera dignarse a verme, utilicé mi único medio de escape emocional posible y terminé inhalando algo fuerte para pasar la humillación y el dolor de su indiferencia. Iba tan distraída y vulnerable que no me fijé en que Giovani, un chico del cuarto de Cole y más o menos de su misma edad, se me había lanzado encima tratando de tener algo más conmigo, y sin que yo tuviera la fuerza física de negarme.

Verte tiene su encanto ―me susurró al oído, mordiendo mi cuello― Pero probarte...Cole nunca había tenido a una puta en todos estos años, algo tienes que tener.

Yo no sabía cómo todo el mundo se había enterado de lo que había pasado entre nosotros dos...posiblemente escuchando alguna conversación de nosotras, porque estoy segura de que Cole no le dijo a nadie y yo tampoco. Y mientras me decía eso, iba metiendo sus manos por debajo de mi falda, corriendo mi ropa interior hacia un borde.

Dócil ―me susurró, y yo no lograba darle ninguna instrucción a mi cerebro para detenerlo.

Gemí y me tiritaron las piernas cuando sentí que pellizcaba mi clítoris con la punta de sus dedo. Estaba altamente suceptible y muy sensible a las sensaciones; no por nada una entraba en catarsis con estas cosas. Su contacto se sentía mil veces más detallado y definido que en una situación normal.

Te gusta ―sonrió, lamiéndome la mejilla, intentando adentrar su lengua en mi boca.

Dicho esto dejó mi parte externa en paz para dedicarse completamente hacia la parte que estaba húmeda bajo mi botón de la felicidad, y aunque me sentía mareada, supe que me intrudujo dos de sus gruesos dedos: anular e índice. Eso fue lo que me hizo reaccionar después de tantos intento; la verdad moría por tener sexo, estaba excitándome rápido y sentía su cuerpo duro chocando contra mis caderas, pero yo no buscaba acostarme con él; algo de respeto me quedaba y...además, yo no tenía otro dueño que Cole, aunque él no volviera a tocarme nunca más después de nuestra primera noche..

Cerré las piernas con un golpe para atraparle la mano y evitar que siguiera metiéndose más adentro; pero era el único movimiento ligeramente coordinado que podía hacer.

¿Ahora te haces la difícil? me preguntó, intentando jugar con los dedos que seguían atrapados dentro.

Vete...logré articular con mucho esfuerzo, sin evitar gemir...

Él sonrió y se relamió los labios, y, de un segundo a otro, Giovani ya no estaba...o bueno, si estaba, pero tirado en el suelo y siendo molido a golpes por Cole. El hombre se levantó, con el labio sangrando y salió corriendo hasta no sé a dónde, sin atreverse a discutir o pelear de vuelta.

Cole se puso de pie y me miró bastante molesto, muerto de celos, pero sin encontrar sus ojos con los mios. Se acercó a mí y se aseguró de hacerme chocar contra la pared, de forma en que quedara claro que estaba enojado. Subió mi blusa con sus dientes y mordió mis pechos por encima de mi sostén, y aprovechando que ya estaba arrinconada y lubricando después de las tocaciones de Giovani, desabrochó su pantalón para reemplazar los dedos de su compañero de cuarto con algo mucho más interesante...

Y así fue como terminamos haciéndolo en la mitad del pasillo: yo mirando al techo con los ojos cerrados y muerta de placer, enredado mis piernas en su cadera, con mi torso apegado al suyo; él, mirando la pared, sosteníendome desde el trasero y embistiendo con la suficiente fuerza como para dejar claro que él era el macho dominante.

No fue necesario cambiar de posición hasta el momento de terminar e irnos cada uno a nuestros cuartos; él tenía fuerza, la pared ayudaba a sostenerme y yo me caracterizaba por ser liviana y pequeña.

Después de ese día, ambos andábamos con al menos dos preservativos en los bolsillos; él sin usar nunca más un cinturón y yo sin volver a usar otra cosa que no fuera una falda o un vestido corto...todo para tener la comodidad de "llegar y sacar" por su parte, y de "llegar y acceder" por la mía.

― Iré más lento ―me aseguró con su voz rasposa, devolviéndome a la realidad y apenas logrando que se entendiera con claridad lo que sus gemidos me decían.

Llevó sus dedos hasta mi clítoris buscando estimularme solamente para intentar que no doliera más y pudiera continuar con sus calientes fines, porque ir más lento no significaba ir menos profundo: bajo ningun concepto.

Fue más despacio como había dicho, saliendo completamente antes de volver a entrar hasta que no quedara un sólo centímetro visible de su erección. Pero la paciencia le duró poco. Empezó a moverse hacia atrás y adelante frenéticamente sin alcanzar a salir antes de volver a arremeter. Y dolía. Dolía de verdad, pero también sentía que el orgasmo iba a ser maravilloso, así que no le dije nada para detenerlo, de todas formas, poco a poco me iría acostumbrando. Como siempre.

Me retorcí cuando sentí sus ásperos dedos dejar de hacer círculos al rededor de mi duro botón y comenzar a moverse en todas direcciones de manera irregular; por lo general, cuando se trataba de usarme par placer a sí mismo, nunca se preocupaba de que yo estuviera disfrutándolo, sino que el único objetivo era que él la pasara bien; yo no era más que el camino a su cielo. Esta era una de las pocas oportunidades, fuera de las sesiones en las que los dos éramos activos y disfrutábamos cada movimiento, y en las que yo lo usaba a él para darme placer, en las que sabía que iba a salir de ahí con un orgamo de primera calidad, o más bien, con un orgasmo. Nunca alcanzaba a conseguirlos cuando él llegaba a mis piernas con el fin de penetrar, eyacular y volver a arremeter, así que debía matener la calma y soportar un poco de dolor si quería recebir un premio a cambio.

Más tarde y después de llevarme a dos orgasmos que pensé que jamás iban a terminar, él terminó con sus necesidades sexuales, las cuales no eran demasiado grandes ya que era casi imposible que pasara más de dos días sin que hiciéramos nada; y yo me di cuenta que se había olvidado del condón. Eso no pasaba casi nunca, éramos extremadamente responsables en nuestro cuidado, pero a veces, solamente a veces, no había tiempo para acordarse de ello.

Rubí emitió otro gemido, y supe que había llegado a su propio final, casi al mismo tiempo que Cole.

Abrí los ojos disimuladamente, porque sabía que él no me estaba viendo...él nunca me observaba cuando sabía que yo lo estaba mirando, porque hacía lo imposible para evitar nuestros ojos se conectaran. Y él sabía que, después de todo el placer que me había brindado a pesar de haber sido con el único fin de alcanzar el propio, era imposible que yo siguiera durmiendo.

Cole suspiró pesadamente, apoyando su frente contra el borde de la cama de arriba, tratando de recuperar un poco su respiración. Estaba agotado, acababa de terminar y afirmaba mis talones con sus manos, enterrándome sus dedos al rededor. Su pecho subía y bajaba rápidamente y su dulce rostro estaba sonrosado por la agitación. Su cuerpo cubierto de sudor lo hacía verse más excitante ante mis ojos.

Empujó una vez más hacia adelante, como intentando alargar un segundo más su placer, haciéndome remecer bajo su peso antes de bajar mis pies desde su cuello y separar un poco mis piernas para salir de entre ellas. Dejó mis acalamabradas extremidades colgar por el borde de la cama de Helena, y se levantó para recoger mis bragas que estaban en la mía. Me las puso, aunque no tuvieran otra función que terminar mojadas por mi adolorida entrepierna, y me subió devuelta a mi colchón.

Se subió los pantalones, abrochando el botón de éstos y luego me arropó descuidadamente antes de salir de nuestra habitación sin azotar la puerta.

Se fue sin despedirse de nadie. Sin despedirse de mí. Sin mirar atrás. Se fue sin mirarme.

Dejé una lágrima caer en mi almohada, aburrida y hastiada de ese tipo de relación que compartíamos, tan fría y asquerosa...pero así funcionábamos, y al menos, yo sabía que lo tenía a mi lado...de una manera retorcida, enferma...pero a mi lado. Porque aunque era frío, apático y poco sensible, siempre estaba ahí: protegiéndome, cuidándome, siempre para mí. Él era la única persona que me respetaba y me aceptaba por quien era...no podía darme el lujo de perderlo.

A la mañana siguiente entré a bañarme antes de irme a la cancha a jugar algo de básquet...de verdad me estaba encantando ese deporte, aunque sabía que no rendiría bien después de la tremenda cogida de la madrugada; apenas me podía las piernas, y sentía que mi vagina ardía, pero no me arrepentía de nada...de verdad la había pasado bien, a pesar de sentirme infinitamente vacía y sola apenas Cole se había retirado.

Me eché shampoo y masajeé mi cabeza, pensando en que el agua tibia y la suavidad de las burbujas me sumergían en una especie de catarsis natural que, aunque duraría muy poco, me pondría de buen humor durante un rato.

La puerta de mi cabina se abrió, y no tuve necesidad de abrir los ojos para saber quien era, ya que sentí las manos de mi archiconocido amante rodeando mi cintura. Me volteó para que quedara frente a él, y supe que estaba observando mi cuerpo desnudo, como si no lo conociera de antes, aunque era bastante posible que para él y para mí, siempre fuéramos algo nuevo: siempre que teníamos algo estabamos profundamente drogados, y cuando no estábamos drogados los dos, uno de nosotros si lo estaba. Y mientras el que estaba bajo los efectos de los sicotrópicos se encargaba de penetrar o penetrarse, o jugar de la manera en que quisiera, el otro continuaba en sus cosas: ya fuera pegando tarjetitas de cumpleaños mientras era clavada desde abajo, o leyendo un libro mientras le saltaban encima...

Pero lo mejor era cuando ambos teníamos ganas...nuestra imaginación daba para inventar muchas fórmulas, y jamás decíamos que no a ninguna propuesta o idea que nos pudieran ofrecer los demás; éramos eso: solamente sexo las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, y drogas de la misma forma.

Yo seguía con los ojos cerrados, sintiéndolo empujarme contra la fría y húmeda pared de la ducha, ocupada en masajearme la cabeza y enjuagarme el pelo.

Él rozó mis pezones con sus dedos, pellizcándolos sin aplicar fuerza. Luego recorrió mi espalda y vientre con sus manos un par de veces, de arriba abajo y de lado a lado antes de agacharse. Atrajo mi cintura hacia adelante para evitar mojarse los ojos con el agua de la ducha y abrio mis piernas para luego separar mis labios con sus manos, palpándome mientras yo suspiraba. Cuando dejé de sentir su mano en contacto con mi piel, supe que se había ido sin decir nada.

Sin despedirse.

Al llegar a mi cuarto, lo vi sentado en el suelo conversando con Rubí; a pesar de todo era posible encontrar momentos en que estuviera disponible para a hablar, pero esos instantes jamás eran míos. Me estaba esperando, lo pude ver en su expresión al verme entrar a la habitación, y en al manera en que tomó mi mano indicándome que tenía una jeringa lista para entrar a mi brazo.

Me agaché a su lado, permitiéndole insertar la aguja, y lo miré fruncir sus labios con cierta preocupación en ellos, una que no logré comprender. Sentí que cuando empezó a inyectar la solución, parecía tardar menos de lo normal en vaciarse...

Y así mismo me pasó durante los dos meses siguientes, en que cada vez que era él quien me drogaba, las dosis eran notoramiente más pequeñas de lo que yo acostumbraba a consumir, y también menos que la vez anterior...también que ya no me daba heroína, sino otra cosa que no sabía qué era. Poco a poco, intentaba evitar que me drogara, siguiéndome para todos lados y haciendo cada vez más nulo mi acceso a ellas, dándome sexo para distraerme a cambio.

No entendía qué pasaba, pero nunca pregunté nada, porque era una de nuestras tres reglas básicas: No preguntar.


Eso era :B el cap que viene está listo...depende de uds si lo subo pronto o no...si nadie se pronuncia, me tomaré mi tiempo (hablo en serio, conste no es chantaje!).