Hola!
Aquí tenéis el capítulo siguiente...
Gracias a todos los que habéis añadido mi historia a favoritos esta semana, :D …
Espero que os guste el capítulo!
Capítulo 9
Rosa con Espinas
Nadie sabía de la llegada de Hermione, a excepción de Ginny, Ron y Lavender por lo que Ron decidió reunir a todos sus amigos en su casa al día siguiente de su conversación con la castaña para así poder darles la noticia.
Tanto Ginny como Lavender, quienes desconocían cómo habían resultado las cosas tras la charla entre Ron y Hermione, se removían inquietas en los asientos que ocupaban en uno de los sillones del pelirrojo.
Ron se encontraba en la cocina, supuestamente preparando el té para sus amigos pero en realidad esperaba el mensaje de Hermione que le confirmara que ya estaba en la puerta para dejarla pasar sin que los demás se dieran cuenta.
Tanto para el pelirrojo como para la castaña era surrealista lo fácil que todo estaba resultando. No había rencores que los mantuvieran alejados y podían conversar tranquilamente por lo que el pelirrojo no dudó ni un segundo en proponerle a la chica esa pequeña sorpresa para los demás.
—Aquí tenéis —dijo el pelirrojo, dejando sobre las mesa la bandeja que portaba las tazas de té y permaneciendo de pie.
—¿Para qué nos has reunido, Ronald? —preguntó Luna, muy intrigada.
—Os tengo una sorpresa —dijo, dirigiéndose a la puerta del salón, que permanecía cerraba, para abrirla y dejar a la vista de todos a la recién llegada.
—¡Hermione! —exclamaron todos al unísono, levantándose de sus asientos y corriendo hacia ella, a excepción de Lavender y Ginny. Ambas estaban totalmente sorprendidas, pero no porque Hermione estuviera allí, como los demás, sino porque Ron no parecía incomodo ante ella, al igual que la castaña.
Cuando todos se separaron de Hermione se produjo un incómodo silencio, pues nadie entendía por qué Lavender y Ginny no se levantaban para saludar a Hermione. Ron sonrió a su novia y se dispuso a dar las respuestas a todas las preguntas no formuladas de sus amigos.
—Ellas —dijo refiriéndose a la rubia y a la pelirroja que permanecían sentadas— ya sabían que Hermione había vuelto. —Todos las miraron molestos porque no les hubieran dicho nada— Volvió ayer, tuvimos una conversación y decidimos —Lavender contuvo el aliento sin darse cuenta— que intentaremos ser amigos de nuevo.
—¿Después de lo que te hizo él? —preguntó Ginny mirando a la castaña.
—¿Después de lo que te hizo? —preguntó a su vez la rubia mirando a su novio.
—No me hizo nada —dijeron al unísono Ron y Hermione. Ante la coincidencia se miraron, divertidos.
—¡Ah! ¿No? —preguntó Lavender incrédula, mientras Ginny se relajaba, pues le habían confirmado que había una parte de la historia que ella desconocía, como había sospechado.
—Sentaos —les ofreció Hermione a sus amigos—, es una historia un poco larga.
Entre ella y Ron les explicaron a todos como se habían dado las cosas. Luna los miraba muy atenta pues los notaba tan compenetrados como antes de que la castaña se fuera y eso le llamaba mucho la atención.
Una vez acabaron de relatar la historia todos dirigieron su mirada a Lavender que se veía bastante avergonzada. Sin embargo no se dejó amilanar por las miradas de sus amigos.
—¡No me miréis así! —les dijo—. Siento que Hermione se fuera pero yo no tengo la culpa de que no confiara en el que fue su novio —Hermione y Ron se removieron, aún de pie, alejándose del otro pues habían estado muy próximos mientras se explicaban. Aunque hasta ese momento la cercanía no les había resultado un problema, sino todo lo contrario, después de lo dicho por la rubia se acordaron de que las cosas habían cambiado. Ya no eran pareja, y eso era algo que ambos habían olvidado mientras hablaban.
—Lavender no tiene la culpa —dijo el pelirrojo acercándose a su novia y apoyando una mano en uno de sus hombros.
—Ron tiene razón. Ella no tiene la culpa de que no supiera confiar en quien fue mi novio —dijo, remarcando el pasado para recordarse que ya no era la novia de Ron. Se produjo un silencio muy incómodo, que Ron interrumpió una vez más.
—He invitado a Hermione a la fiesta de nuestra graduación, así podréis hablar con ella más tranquilamente —dejó caer, esperando la reacción de Lavender pero ésta no dijo nada.
—¡Genial! —exclamó Draco, que estaba muy contento de tener a su mejor amiga de vuelta.
Era curioso cómo, después de tantos insultos y desplantes, Hermione y Draco se habían convertido en los mejores amigos y mayores confidentes. Lavender le dirigió una mirada molesta pero permaneció callada, aunque empezó a estrujar el cojín que tenía en su regazo.
—Te lo pasarás genial en la fiesta de esta noche... Seguro que tienes muchas cosas que contarnos —continuó Draco, sin prestar atención a la mirada de Lavender. Ésta se puso en pie de un salto.
—Sí pero eso será más tarde. Ahora tenemos que ir a prepararnos, ¿verdad chicas? —dijo mirando a Ginny y a Luna, que viendo la hora, asintieron y se pusieron de pie al igual que los chicos.
—Por cierto, Hermione, ¿dónde vives ahora? —preguntó Neville, curioso.
—¡Oh! Estoy viviendo en casa de mi prima Hannah hasta que consiga una casa cerca del trabajo —respondió, mientras se abrochaba el abrigo.
Todos se dispusieron a despedirse de Ron. Cuando llegó el turno de Hermione, tras titubear un poco, le abrazó. Los presentes se sorprendieron, incluido el pelirrojo, pero le devolvió el abrazo encantado.
El gesto estaba durando más de lo normal lo que provocó que Lavender se empezara a desesperar. Cuando por fin se separaron la rubia apartó a Hermione de un empujón y se lanzó a los labios de Ron, que tras el primer instante de sorpresa la correspondió. Ver eso hizo que Hermione se sintiera terriblemente mal pero no dijo nada. Ron se separó de golpe de Lavender y tras echarle una mirada a todos, totalmente rojo, se despidió diciéndoles que los vería en la discoteca en la que celebrarían la fiesta.
Una vez en la calle y antes de que cada uno se dirigiera a sus respectivos coches, Luna se puso en acción, dispuesta a conseguir respuestas.
—Hermione, ¿vienes a casa para arreglarte con nosotras para la fiesta? Así hablaremos más tranquilas —dejó caer. La castaña le echó un rápido vistazo a la espalda de Lavender antes de responder.
—Creo que es mejor que no lo haga. Nos vemos mañana en casa de mi prima y os cuento, ¿vale? —dijo sabiendo que lo que Luna, y seguramente Ginny, querían preguntarle no era apto para chicos, y menos para los cotillas de sus amigos, que se contaban todo entre ellos.
—Está bien —se resignó Ginny— pero de mañana no pasa, ¿eh? —le avisó. Hermione le dedicó una pequeña sonrisa y, tras despedirse de todos, se marchó a su coche.
El día dio paso a la noche y a la fiesta. Todos estaban muy contentos, no solo por la fiesta sino porque podrían estar todos juntos, sin problemas ni tensiones, pues Ron y Hermione habían arreglado sus diferencias de tal modo que parecía que no las hubieran tenido nunca.
La fiesta se celebraba en una sala que había sido reservada para la graduación, aunque algunos de los compañeros de los chicos habían ido a las otras salas a mezclarse con el resto de la gente.
El grupo de amigos estaba pensándoselo en grande. Aunque se notaba cierta tensión entre Lavender y Hermione, no habían tenido ningún encontronazo y trataban de disfrutar de la fiesta, ignorándose de la forma más educada posible mutuamente. Estaban en la barra de la sala de la discoteca y acababan de pedirle unas bebidas al camarero cuando empezó a sonar la canción favorita de Hermione, a quien se le iluminaron los ojos.
—¡Odio esta canción! —exclamó Lavender.
—¡Adoro esta canción! —declaró Hermione, consiguiendo que todos se rieran. Draco miró a la castaña y tras dudar unos instantes se levantó del taburete y le ofreció una mano a la chica, quien la acepto gustosa. Tras unos instantes ambos desaparecieron en la pista de baile.
—Te aviso de que soy un bailarín pésimo —le dijo mientras la agarraba por la cintura y Hermione ponía sus manos en los hombros del rubio.
—No hace falta que seas un gran bailarín. Después de todo creo que en vez de bailar vamos a hablar, ¿verdad? —dijo sonriendo.
—Me conoces demasiado bien, me temo —admitió.
—¿Se te hace muy difícil verles juntos? —le preguntó Hermione, compasiva con su amigo.
—Sí. Yo quiero a Lavender y sin embargo, ella se conforma con estar con alguien que no la quiere a ella —sentenció Draco. Hermione suspiró con tristeza.
—No creo que Ron no sienta nada por Lavender.
—En ese caso debo decir que la inteligente Hermione Granger está equivocada —insistió el chico—. Ron le dijo a Lavender cuando empezaron a salir que él no la quería, que le gustaba pero no la quería y Lavender se conformó, sin más —se lamentó.
—Lo siento mucho, Draco —se apiadó, Hermione.
—Tú sigues enamorada de él —afirmó el rubio.
—Te equivocas. No le amo, no puedo —dijo bajando la mirada que hasta ese momento había estado fija en los ojos de Draco.
—Si en asuntos del amor las cosas se solucionaran con un "no puedo", yo no estaría sufriendo —dijo Draco poniéndole una mano en la barbilla a Hermione y alzándole la cabeza para que lo mirara— y tú tampoco.
Hermione observó los ojos de su confidente durante unos instantes, antes de echarse a llorar en el hombro de Draco, quien la abrazó por la cintura con fuerza, apoyándola.
—Vo-voy a tomar el a-aire... Ahora vuelvo —le dijo al muchacho tras tranquilizarse un poco.
Tanto Ron como Lavender, quienes estaban con los demás, no habían perdido detalle de lo que pasaba entre la pareja que bailaba en la pista. Cuando vieron como Hermione se marchaba ambos se levantaron de sus asientos. Lavender se apresuró a llegar al lado de Draco, mientras que Ron seguía a Hermione.
La castaña estaba sentada en un banco cercano a la discoteca, pensando en lo que le había dicho Draco. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una familia de tres integrantes, que se acercaron a ella. La familia estaba formada por un hombre, una mujer y un niño, que no tendría más de diez años.
—Señora, ese señor —dijo el niño, señalando a la esquina de la calle que quedaba oculta por las sombras debido a la falta de luz. Hermione no veía a nadie pero el niño señaló hacia esa dirección con tal convicción que no dijo nada— me ha dado esto para usted —dijo, tendiéndole una rosa roja con un cordel de seda negra atado a ella con una etiqueta entrelazada.
Hermione la miró durante unos segundos, sin cogerla.
—¿Está bien señorita? —preguntó el hombre, preocupado. Hermione reaccionó y cogiendo la flor se apresuró a responder.
—Sí, es solo que me ha sorprendido. Gracias por la flor, jovencito —dijo dirigiéndose al niño.
—De nada —respondió con una enorme sonrisa.
La familia se alejó y Hermione, con las manos temblorosas, se decidió tras dar un gran suspiro a leer la nota.
"Bienvenida a Londres de nuevo, Hermione. Nos veremos más pronto de lo que crees.
V.K."
—¡Hermione!
—¡Draco Malfoy! ¿Se puede saber qué demonios haces? —le preguntó Lavender, enfurecida.
—¿Qué? —preguntó totalmente estupefacto.
—¿Qué haces coqueteando con Hermione?
—¿Coqueteando? ¿Te has vuelto loca? ¡Hermione es solo una amiga! —sentenció, totalmente impresionado por la reacción de la rubia.
—¡No me niegues algo que he visto con mis propios ojos!
—¡No es así! Pero y si fuera así ¿qué, eh? Tú estás con Ron y yo no te digo nada, ¿qué más te da con quien quiera estar yo? —le reprochó a voz en grito, indignado por el egoísmo de la rubia.
—¿Estás enamorado de ella? —le preguntó en el mismo tono que el rubio.
—No estoy enamorado, de ella no —dijo bajando la voz.
—¿Ah, no? Entonces, ¿de quién? —le preguntó aun más enfadada.
—De ti —declaró, marchándose de allí, bajo la atenta mirada de sus amigos y una sorprendida Lavender.
En la calle la castaña se asustó al oír que alguien la llamaba y se llevó una mano a la boca tratando de ahogar el chillido provocado por el sobresalto, lanzando la rosa por los aires, que acabo debajo del banco en el que estaba sentada. La chica respiraba agitadamente pero se tranquilizó al ver que quien le hablaba era Ron.
Hermione se lanzó a los brazos del chico, llorando. Ron a pesar de querer consolarla la alejó y sujetó una de sus manos, observándola.
—Estás sangrando —dijo— ¿Por qué estás sangrando? —preguntó sorprendido.
—Me habré pinchado con alguna espina al apretar la rosa con fuerza. Al menos no se ha pinchado el niño que me la ha dado.
—¿Qué rosa? ¿Qué niño? —Hermione se soltó de Ron y se agachó para coger la flor. Al mostrársela a Ron éste se puso pálido.
—¿Está aquí? —preguntó enfureciendo por momentos.
—Al menos hasta hace unos minutos.
—Vámonos —dijo agarrando la mano lastimada de Hermione, provocando que ésta se quejara—. Lo siento —se disculpó cogiéndole la otra mano con más delicadeza—. Iremos a mi casa, te curaré la mano —que tiene mala pinta— y te quedarás allí —Hermione fue a protestar pero Ron se lo impidió—. Al menos por hoy, por favor —le suplicó. La chica lo miró y suspiró resignada.
—¿Y los otros? ¿Y mi bolso? ¿Y mi coche? —cuestionó unos minutos después mientras montaba en el coche del pelirrojo en el asiento del copiloto. Ron cerró la puerta de Hermione y se dirigió al lado del conductor donde se sentó y sacó su móvil. Tecleó a toda velocidad en él y luego volvió a guardarlo.
—Arreglado. Ginny se encargará.
—Eres un gran médico —le aseguró Hermione un rato después, en casa del pelirrojo observando su vendaje.
—No, que va. La herida era más superficial de lo que creía —dijo, modesto. Hermione le sonrió, agradecida.
—Sí, lo eres. —Permaneció callada unos instantes y volvió a hablar—. No creo que a Lavender le haga mucha gracia que me quede aquí —insinuó estirándose en el sofá más grande mientras Ron recogía el botiquín.
—Lavender sabe perfectamente lo que siento, así que no tiene por qué molestarse conmigo —afirmó Ron. La castaña se quedó un poco pensativa, decidiendo si meterse o no en tierra pantanosa.
—Draco me ha dicho que Lavender piensa que no la quieres —comentó Hermione viendo como Ron se sentaba en el sofá que estaba al lado del que ocupada ella.
—No lo piensa, lo sabe —dijo Ron un tanto dubitativo.
—¿Cómo? —preguntó sorprendida.
—Yo... le dije que después de lo que ocurrió c-contigo me costaría mucho amar a nadie más y ella lo aceptó —afirmó mirándola a los ojos—. Me hace muy feliz pero no estoy enamorado de ella.
—Lo siento —se disculpó adormilada.
—No es culpa tuya —dijo Ron pero al ver que Hermione le miraba con cara de incredulidad, rectificó—. Bueeeno... no es solo culpa tuya —la chica sonrió cerrando los ojos—. Si yo hubiera ido en tu búsqueda quizás habríamos arreglado las cosas y quizás... —Hermione se removió en el sillón dormida y el chico sonrió. Se acercó a ella y la cogió en brazos—...seguramente, ahora estaríamos juntos —sentenció llevándola hasta su habitación, donde la acostó para después marcharse al sofá que, hasta hace unos instantes, ocupaba Hermione.
Espero que os haya gustado!
Nos leemos!
Besos!
Bye
Nay
