Disclaimer: I do not own Jane Eyre, neither the films or the book.

Copyrithg: Por favor, no copiar sin consentimiento. Este fic ha llevado mucho cariño, tiempo y esfuerzo.



Capitulo X

Ruina


Nadie jamas la aceptaria. Lo veia en sus rostros cuando iban a llevarle agua de beber o limpiar el orinal. Los sirvientes la miraban mal, a pesar de saber que no era culpa suya. Su reputacion habia quedado por los suelos, bajo el polvo en ellos.

Tras cuatro horas de estar sola atada a una cama y toda la noche de tratar de dormir en aquella incomoda posicion, empezaba a asumirlo de verdad. Nunca conseguiria un trabajo. Aunque se mantuviese cerca del Sr. Rochester, esta no era forma de olvidarle y la gente seguiria pensando cosas raras. E incluso si recuperara la confianza en el y se casasen de verdad, la gente pensaria que era por penalti o algo asi.

Imposible, alli no conseguiria nada. Hizo bien yendose lejos a traves del paramo donde nadie la conociese, donde nadie podria saber lo acontecido un año atras en aquella misma casa.

Por impulso quiso levantarse, pero un fuerte dolor en el brazo le indico que no podia; seguia atada. Se quejo mentalmente y miro el grillete alrededor de su muñeca. Era negra y fria como el demonio, la ataba al cabecero asi que tenia el brazo en alto todo el rato sin posibilidad de usar su mano derecha.

Suspiro y miro al horizonte; una pared. Le recordaba a la pared que veia siempre en Lowood cuando se despertaba por las mañanas. Tal vez podria volver alli. Alli la aceptarian como profesora, la conocian, habia trabajado con ellos. Era el unico lugar donde estaria segura de miradas malintencionadas.

De todas formas, alli la miraban mal desde siempre, no hubiera habido diferencia alguna. Paredes que escuchan, ordenes que hay que acatar a rajatabla... No. Si se fue fue porque queria ser feliz e independiente, no una esclava.

No, aquello no era lo que ella queria.

—Srta. Eyre —dijo una mujer del servicio, llegando con un fajo de hojas en la mano—. Tiene una carta —se la dejo rapidamente en la cama sin mirarla a los ojos y se fue.

Jane la miro con tristeza; estaba demasiado lejos para alcanzarla con la mano.

Lo intento de todas formas. Alargo la mano. "Vamos, vamos, vamos..." pensaba, mordiendose el labio inferior. "Solo unas pulgadas mas...".

Un fuerte dolor sacudio su cuerpo, comenzando este en su muñeca, su mano, su dedo pulgar, y cayo fuertemente hacia delante con el brazo libre, llegando a la carta. Al mirarse la mano vio que tenia el dedo gordo desencajado y por eso le dolia tanto. Lo cogio con cuidado y lo puso en su sitio.

No era la primera vez que le pasaba; cuando era pequeña se habia caido de un columpio y esa fue la primera vez. Desde entonces, no le resultaba dificil tener accidentes de ese tipo.

Pero, ¡eh! ¡Ya no estaba atada!

Miro quien le habia mandado la nueva. Era de sus primas.

La saco sin mas demora.

Era una carta corta, en ella le decian que la querian mucho, que esperaban verla algun dia y que la escuela iba perfectamente. Adjuntaban un sobre muy pesado.

"Son 10.000 libras, Jane" decia. "Las de nuestro hermano y la mitad de las nuestras. Aceptamos un regalo de 5.000, pero no mas".

Querria responderles y devolverselas, pero sabia que por mucho que insistiese, ellas jamas aceptarian. Eran buenas personas. Sonrio. Eran sus primas. Su familia. Llevaba un tiempo sabiendolo y todavia no se lo creia. ¡Tenia una familia! Alguien que la queria por como era, alguien con quien compartirlo todo.

Incluso su dinero.

Decidio responderles con la promesa de mantener la correspondencia. Hizo llamar a la Sra. Fairfax, compartiendo con ella el secreto de que se habia soltado y esta prometio llevar la carta a entregar.

Guardo el dinero en su baul y miro por la ventana.

Quedaba mucho tiempo para decidir que hacer con su vida.


—"No voy a volver con el Sr. Rochester" —imito el propio señor en su habitacion, con rabia y exasperacion—. "El señor ya no influira mas en mi vida, Sra. Fairfax, solo en lo referente a lo laboral. El ya no esta en mi vida. No a todos los sirvientes les agrada su amo, mas eso no influye en su felicidad, ¿verdad?" ¿Pero quien se cree? —bufo para si mismo—. ¿Por que ha vuelto entonces? ¡Preferiria haber muerto en aquel estupido incendio! —bramo golpeando la comoda y caminando hacia la ventana. Miro a traves de ella; al otro lado se veia perfectamente la habitacion de Jane, encendida por la clara luz de su vela, y dos ventanas mas alla estaban los obreros reparando el castillo. Pronto irian a desayunar.

Ultimamente su castillo estaba lleno de vida, servicio por aqui, carpinteros por alla... Pero la familia de Bertha le consumia demasiado tiempo, demasiada vida. La pobre madre estaba loca y el hermano pequeño, que padecia de un retraso mental, tambien era dificil de manejar.

Queria que se fueran ya, ellos le destrozaron la vida, no queria verlos mas.

Como respuesta a sus plegarias observo a la familia que tanto detestaba subir a un carruaje, equipaje listo, y marchar en pos del horizonte. Por dentro se alegro aunque estuviese mal. Ya no molestarian mas.

Ahora debia ver que hacer con Jane. Ya habia dejado claros sus sentimientos; ella no queria tener nada que ver con el. Y era perfectamente entendible, pero al menos esperaba que le perdonase, creia que lo habia hecho, pero...

Desde que escucho sin querer su conversacion con la Sra. Fairfax ya no estaba seguro de nada.

—Sr. Rochester —llamo Elizabeth, una chica del servicio. Era muy joven y solia encargarse de llevar el correo cuando el ama de llaves estaba demasiado ocupada atendiendo a las visitas o dirigiendo al personal—. Tiene una carta.

—Elizabeth —susurro horrorizado antes de que se fuera tras echarle un rapido vistazo por encima a la misiva—. Convoca a todos en el comedor —pidio.

—Si, señor —hizo una reverencia—. ¿La Srta. Eyre tambien, señor?

—No, ella no.


Nadie le dijo nada. No sabia que pasaba. Escucho un gran revuelo fuera; pero no debia salir porque se suponia atada. De repente todo el mundo se habia ido al piso inferior y la habian dejado alli sola, sin nada que hacer.

Empezo a sentirse mareada y cansada y el sueño vencio a sus parpados, derrumbandose sobre la almohada con la mano dentro de un grillete aflojado.

—Jane, Jane, despierte —le dieron suaves palmaditas en la mejilla.

—¿Mmmm...?

—Srta. Eyre —pidio la Sra. Fairfax, sacudiendola.

—¿Si?

—¿Se encuentra bien? —observo a la chica, que se incorporaba un poco desorientada.

—Si, si... solo... un poco mareada. ¿Que ocurre? ¿Que era todo ese revuelo?

—El señor nos habia mandado llamar.

—¿Y que queria? —pregunto. La mujer permanecio en silencio lugubre—. Hable, Sra. Fairfax. ¿Que ocurre? —insistio alarmada.

—El amo podria perder todas sus posesiones, Jane...