Uf, casi un mes sin actualizar ^^U Mis disculpas pero no he tenido tiempo para más.


Tras lo que le dijo el agente Babbo, Ueno estuvo de mal humor todo el día. ¿Acaso le habían tomado por carne de cañón de un maldito mocoso?

A Near no volvió a verlo hasta que lo sacaron al campo de tiro al día siguiente. Tras el cristal blindado observó al albino colocarse en posición con una pistola en las manos. Hizo diana todas las veces. Cuando se retiró cruzaron una mirada y el albino disparó contra el cristal. Por supuesto la bala rebotó y cayó al suelo.

-"Maldito mocoso. Como tenga la oportunidad te borraré esa expresión fría de la cara a golpes."

El agente Babbo le asignó dos guardias de seguridad para que le hicieran de custodios. A Ueno le fastidiaba estar vigilado y más por culpa de un crío. Aún así pronto comprendió que aún estando respaldado Near buscaría el modo de matarle. La segunda vez que lo intentó fue cuando se estaba dando una ducha. Se coló en su habitación vete a saber cómo y trató de electrocutarle, la tercera le empujó por unas escaleras, la cuarta colocó un explosivo en el panel de seguridad de su habitación, la quinta se coló en el laboratorio y extrajo una cobra real que posteriormente le escondió en la cama, la sexta reunió cianuro a partir de semillas de manzana y se lo puso en el agua...Y así hasta catorce intentos de asesinato de lo más variopintos.

Ueno ya esperaba hasta ansioso el intento número quince. El último lo había mandado a la enfermería con varios cortes.

-Le advertí que no sería fácil.—le dijo el agente Babbo cuando fue a verle.

-Una mierda me advirtió. ¿Cuál es el problema de ése crío? ¡Apenas si me he acercado a él en las semanas que llevo aquí!—protestó—Así ni le entreno, ni le domestico, ni nada. Esto no es para mí. Soy francotirador, no una niñera. Renuncio.

-No puede hacer eso agente Asura.

-Espere y verá como sí. Si no me voy acabaré matando a ése renacuajo.—de debajo de la cama de la enfermería sacó su rifle y lo ondeó en el aire—Estoy esperando a que tenga los cojones de asomar la cabeza, porque pienso volársela.

-Ni hablar agente.—de un tirón el otro agente le arrebató el rifle—Si no he permitido que los directores ejecuten a Near no pienso dejar tampoco que usted lo mate. ¿Me escucha?

-¿Y por qué tanto interés en mantenerle con vida?

-Es un diamante en bruto. Cuando llegó aquí, único superviviente de un violento incidente, me fascinó profundamente su trasfondo. Y más aún que no halláramos datos de su pasado.

-¿Cómo que no? Anda ya, esto es Convergence. No hay persona humana que escape a nuestra mira.

-Sí, lo sé agente. De hecho no sabríamos ni su nombre de no ser por el hombre con quien estaba. Pero aparte de eso nada. Ni un sólo documento, ni una sola base de datos, ni siquiera una ficha dental. Y cuando le despertamos después de la operación descubrimos que tenía una mente brillante, todo un prodigio.

-Espere, espere.—le corta Ueno el soliloquio—¿Vino con un hombre?

-Temo no saber los detalles. Near llegó a mí como un nuevo sujeto del programa y nada más. Únicamente escuché que el hombre que vino con él no pudo salvarse debido a la gravedad de sus heridas pero que no cesaba de repetir que debíamos salvar a Near.

Esta nueva información despertó el interés de Ueno. ¿En qué clase de incidente violento habría estado envuelto el peliblanco? ¿Tendría algo que ver con su agresividad presente?

-¿Y quién tiene los detalles?

-Los generales. Pero es información clasificada.

-Si me convierto en su grande fratello dejará de serlo.

Unos días después Ueno se estaba encaminando al gimnasio. Aunque no tenía intención alguna de entrenar, pero sabía que Near estaría allí.

El peliblanco estaba sentado en el suelo en una postura de yoga. Ueno se abalanzó sobre él de inmediato, la última vez que trató de acercarse para hablar con él de manera civilizada Near le fisuró una costilla.

-Estáte quieto.—le ordenó cuando se revolvió bajo suya—Sólo quiero hablar.

-Qué curiosa manera de empezar una conversación.—Ueno le esquivó el cabezazo.

-Ya he memorizado tus artimañas. Has intentado matarme catorce veces.

-Quince en cuanto me sueltes. Y alguna vez no fallaré.

Forcejearon rodando por el suelo acolchado. Ueno apartaba a patadas todos los objetos contundentes con los que Near podría atacarle y se esforzaba por seguir estando arriba. En un momento dado Near consiguió alejarlo de sí lo suficiente como para levantarse. Pero antes de que pudiera contraatacar Ueno sacó un bolígrafo de su bolsillo, el albino se detuvo en seco.

-¿Sabes lo que es esto, verdad?—sonrió con preponderancia—Si aprieto el botón del neuralizador lo suficiente puedo hacer que tu cerebro estalle como un globo.

-¿¡Y a qué esperas!?—le chilló Near—¡Adelante, hazlo! ¡Vamos, mátame!

Ueno se quedó sorprendido. Más que asustado como se mostraban los fratello minores ante el neuralizador, un poderoso aparato que emitía ondas que afectaban directamente a los microchips de sus cabezas y que se inventó como herramienta para mantenerlos siempre bajo control, Near parecía estar retándole, incluso apremiándole, a que lo activara.

-¿Tantas ganas tienes de morir o qué?

-Tú no lo entiendes.

-Pues no, no lo entiendo. No entiendo una mierda de ti ni de por qué pretendes matarme a toda costa. Y ahora tampoco entiendo por qué esa urgencia en morir cuando Babbo ya te ha salvado de ser condenado unas cuántas veces.

-No debió hacerlo.—Near apretó sus puños—¡Debió dejar que me matasen!

-¿¡Y eso por qué!?—le gritó Ueno de vuelta—¿¡Por qué resignarte a morir cuando eres una de las mejores unidades que ha creado Convergence!?

-¡Precisamente por eso!—Near se dejó caer de rodillas al suelo, temblaba y se tapaba los ojos con los puños pero en el suelo ya chapoteaban sus lágrimas—No sé quién soy ni de dónde vengo. No tengo un sólo propósito en la vida...salvo ser un arma de guerra en manos de gente para la que no soy nada...Y...Y...—sollozo—No quiero vivir así.

Un puñetazo derribó al peliblanco haciéndole derrapar en el suelo. Ueno aún mantenía su puño en alto.

-Deja de decir tonterías. A mí me han arrastrado miles de km para hacer de niñera. Me sorprendiste, maldita sea, eres bueno en lo que haces e incluso puedo admirar tu testarudez empeñándote en matarte. Esperaba entrenar junto a un soldado de élite y me encuentro a un mocoso llorica.

»¿Quieres un motivo para vivir? ¡Yo te lo daré! ¿Quieres ser alguien? ¡Yo te daré un nombre y una existencia, mil motivos para empuñar un arma!

Near se sujetaba la mejilla dolorida y miraba perplejo e incluso asustado a ése hombre que tantas pasadas le había resistido hablarle de igual a igual.

-¡Yo seré tu grande fratello y tú mi fratello minore! ¡Y no pensarás en morir ni una sola vez sin que yo te dé permiso! ¡Renace de una vez, no te ancles en el pasado y levantate!

Despacio, con cautela, Near se puso en pie. Ueno se mordió el pulgar hasta hacerlo sangrar, de dos pasos se acercó a él e imprimió su huella sangrante en su frente.

-Tú y yo somos iguales.—repitió la operación en él mismo. Sendos hilillos carmín bajaron por sus narices desviándose por las mejillas.—Somos armas hechas para rebelarse contra este jodido mundo. Estamos condenados a entendernos quieras o no. Aunque insistas en querer matarme lo soportaré, no huiré a ningún lado ni te abandonaré. ¡Seré tu grande fratello, tu mentor e instructor, incluso tu apoyo! ¡Si tú eres la pistola yo seré las balas! ¡Y jamás dejaré que te rindas sin pelear!

»Ahora levanta tu puño y chócalo con el mío.

Lo más firme que pudo, Near le devolvió el saludo. Aunque su mente estuviera tan en blanco como sus recuerdos no pudo evitar sentir un calor familiar en el pecho. Voces de fantasmas resonaron en su cabeza.

-Es un nuevo comienzo. Serás Near para mí y el resto te llamará Killer Puppet, el hermano pequeño de Asura la deidad polifacética. No habrá persona que escape a nuestra mira. Te haré el agente más fuerte de Convergence y limpiaremos el mundo de la escoria que lo puebla.—tras inspirar profundo Ueno puso su mano en el hombro de Near—Y juro que nos vengaremos juntos de quién haya hecho que acabes aquí.—le susurró entre dientes.

Los ojos húmedos del peliblanco se secaron y asintió. Él también estiró su brazo para alcanzar el hombro del moreno.

-Estoy contigo.

Ueno también asintió y por primera vez le sonrió. Había merecido la pena entrar rifle en mano en los archivos. Aunque los generales le amenazaran con graves consecuencias si no conseguía 'domar' al peliblanco después de armar tal jaleo.

Conseguiría que atesorase cada minuto de vida que tenía. Le daría motivos para vivir. Y sobre todo haría que su nombre produjese escalofríos en los que lo oyeran, justo como el suyo.

End Flash-Back≥

¿Cuánto tiempo habría pasado de eso? Ueno no podía decirlo con certeza. Pero sí que le tomó menos de tres meses poner al peliblanco a punto. Sólo medio año para que sus nombres resonasen por Convergence con fuerza y otro año hasta que todos los criminales del mundo se echasen a temblar al oír el apodo Killer Puppet. Y entre medias de ése tiempo sabía que había acabado cogiéndole cariño a ése algodón de azúcar con piernas hasta acabar enamorado.

Le abrazó ahora que aún seguía desmayado con fuerza. Si estuviera despierto ya habría replicado que le apretaba mucho. Aunque al principio se acordaba de que el albino le pedía abrazos apretados. Cuando se los daba era cuando más pensaba que en el fondo Near no era más que una criatura frágil.

-"No te preocupes Near. Estamos por acabar."—pensó Ueno—"Pondremos punto y final a esta historia y por fin podrás tener paz."

La paz que te mereces. Que nos merecemos. Si conseguían llevar a buen término la misión los generales le habían prometido...

La vibración del teléfono en su bolsillo sobresaltó al moreno. Era el número de Jean.

-¿Jean?

-"Ueno. ¿Estáis listos?"—Ueno le echó un vistazo a Near dormitando aún en sus brazos e hizo un sonido de asentimiento—"Luz verde a la operación Caza al Asesino."

-Entendido.

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A Mello aún le dolía la cara y otras partes del cuerpo del ataque de Near. No era la primera vez que reñían pero el rubio no se esperaba un arranque tan violento después de haber, más o menos, 'confraternizado'.

La puerta de la habitación de los fratellos se abrió crujiendo las bisagras. Primero salió Ueno, con un extraño uniforme militar de la unidad de francotiradores y un rifle de precisión en la espalda. Detrás iba Near. Él estaba vestido de forma similar pero su uniforme correspondería a la unidad de asalto, llevaba mucha munición atada, sus dos pistolas y un cuchillo de combate en la pierna. Al menos visibles.

-Cualquiera diría que vais a la guerra.—les dijo Light con recelo.

-Vamos a capturar a un asesino en serie.—le contestó Ueno girando la cabeza para mirarle, Near tenía la mirada fija en la puerta—Y hay que tomar precauciones. Cabe la posibilidad de que BB2 o 'Paquete Romeo', como le han bautizado los militares, tenga formación militar y de cualquier modo es altamente peligroso.

-Espera ¿quiere eso decir que ya vais a su encuentro?—repuso L, levantándose del sillón.

-Así es. Y si todo sale bien tendré otro mérito que añadir a mi lista.

-Yo quiero ir con vosotros.—Ueno al igual que Light abrió los ojos en desmesura. El primero de la sorpresa, el segundo del horror.

-¿Es broma?—preguntaron al unísono. El ex-detective negó.

-L es muy peligroso llevarte con nosotros. Near estará dentro y yo con la unidad de tiradores del ejército como fuego de apoyo.

-Déjame ir. Yo sé muy bien cómo funciona la mente de un asesino.—Ueno puso cara escéptica—Tengo que estar ahí.

-Lo siento L, pero la respuesta es no. Además—mira a Light—, no creo que a Light-san le haga gracia que el ejército os vea la cara. Es mejor así.—girando todo el cuerpo hacia ellos, Ueno se pone recto y los saluda al estilo militar—Habéis sido de gran ayuda. Ahora nosotros volvemos a estar al mando de la situación. Cuando hayamos atrapado a BB2 seréis inmediatamente informados y podréis partir tranquilos de vuelta a casa. Convergence se encargará de que no haya ningún impedimento.

Sin decir una palabra más ambos agentes salen por la puerta. Abajo los esperaba un coche. El chófer arrancó sin preguntar nada, el General Sherman iba a su lado.

-¿Han asegurado a los dos civiles?—preguntó Ueno.

-Los interceptamos en el trabajo. Ustedes los reemplazarán en el mismo momento en que siempre vuelven a casa desde el trabajo. Tenga cuidado agente Near, su protegido entra siempre por el garaje, ahí puede ser un blanco fácil.

-No si pretende seguir con su modus operandi habitual.—dijo Near. Se hizo el silencio hasta que el peliblanco se dirigió a su grande fratello—Estás muy tranquilo habiendo dejado a los niños solos en casa.

-Je, tranquilo. No van a durar nada ahí metidos, por eso no les he encerrado.—Una sonrisa maquiavélica afloró en el moreno.—Forma parte del plan.

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-Acelera Matt.—insistía L.

-Si me acerco más nos van a descubrir.—repuso el pelirrojo. Light tironeó de L hasta volver a sentarlo en su asiento. Esta era sin duda la idea más descabellada que habían tenido. No habían hecho los dos agentes más que salir cuando L tiró del resto, cogió las llaves del monovolumen del cuelga-llaves, y salió a galope tendido tras ellos.

"¡Después de haber llegado tan lejos no voy a quedarme sentado esperando a ver qué sucede después!"

Y como no sus dos ex-sucesores habían estado de acuerdo. Mello se había enfundado la pistola, Matt el chaleco y como fieles camarillas habían seguido a su mentor. Light estaba convencido de que Ueno lo tenía previsto y por eso había dejado las llaves a mano además de la puerta sin asegurar. La cuestión residía en el por qué.

-Ahí van. A ése edificio.—dijo de repente Mello.

-Aparca por aquí Matt.

-Bien. Lo dejaré en esta esquina y podremos observar tranquilamente sin ser descubiertos.

-Muy acertado colocar una unidad de tiradores en un edificio con cristaleras.—comentó Light. Los otros tres alzaron la vista al edificio, una edificación con aires de oficina gigante cuyos grandes ventanales reflejaban las luces de la ciudad. Matt se acordó de la película The Wolf of Wall Street y pensó que bien podría ser el señor Belfort quien tuviera ahí su oficina.—¿De verdad creéis que aparecerá?

-Near ya debe de haber entrado.—apuntó L—Si tan seguros están de su ataque no habrían dado tan pronto el cambiazo. En eso hay algo que me escama.

-Ya somos dos.

-Tres.

-Cuatro.

-Además, no creo que BB2 elija víctimas sin antes haberlas observado. Si descubre todo el intrincado que se ha organizado no se acercará el edificio.

-¿Y en el otro? ¿No mencionó Ueno que el otro chico cibernético reemplazaría a la otra potencial víctima?

-Las mismas probabilidades. Pero...—L se mordió el pulgar—algo me dice que si el instinto me ha hecho venir aquí es que el groso de la trama se desarrollará precisamente en este lugar.

Estuvieron esperando por más de una hora sin que nada pasase. Matt se había apeado del coche para fumar mientras Mello estaba poyado sobre la ventanilla bajada masticando un Twix con parsimonia. L y Light estaban cada uno perdido en su mundo pero ambos pensando en la misma cosa; el inglés se temía la posibilidad de que las intenciones de Ueno no fueran tan inocentes como el hecho de protegerles, el japonés rezaba por no tener que abrir la esfera de su reloj en caso de que aquello fuera una trampa.

Sí, una trampa. Desde que ambos agentes llegaron a la casa él supo que tras esos ojos esmeralda había una fachada de astuto depredador. Near no era más que un perro de presa pero era Ueno quien sujetaba su correa, y sin darse ellos cuenta los había involucrado con él hasta el grado de la empatía. Si le pasaba algo a este albino L volvería a sentirse culpable, incluso se le antojaba que Matt y Mello, especialmente el pelirrojo, habían tenido más que simple contacto con él. Parecía ser él el único que había salido inmune. Había intentado permanecer a una distancia prudencial de ellos y le sorprendió ver el gesto preocupado y terco de Near cuando fue a buscarle por la noche. Como si la sola idea de que se fuera lo pusiera nervioso y ansioso.

-"Mierda. Se me ha acabado el paquete."—pensó Matt al pisotear la colilla y abrir otra vez la cajetilla. Seguro que L se opondría a que fuese a un estanco y Mello le llamaría retrasado por no haberse dado cuenta antes. Refunfuñón se apoyó en una farola y observó el cielo contaminado de luz neón. Paseó la vista por los edificios y pensó que los francotiradores debían de estar usando gafas térmicas para evitar el reflejo de los neones y estar rodeando el edificio por los cuatro costados. ¿Cómo iba a entrar entonces el asesino sin ser visto? A no ser que ya estuviera dentro.

CRASH. Se oyó un restallido de cristales en cadena y cinco segundos más tarde el choque de los mismos contra el suelo.

-¿Qué ha sido eso?—preguntó L. Matt corrió hacia la esquina.—¡Matt espera!

El pelirrojo se agazapó contra el edificio. Todos los cristales del piso 12 habían estallado en cadena y esa planta se había quedado a oscuras. Los coches derrapaban al intentar esquivar los charcos de cristales y a uno le cayó sobre la capota una silla de madera. Mello llegó a su lado zarandeándole del hombro pero Matt no apartaba la vista. Contó los segundos hasta que algo más ocurriese. 50 segundos hasta que la puerta del edificio tras el que estaban se abriese y un pelotón de soldados tomaran la acera. 52 segundos hasta que el garaje del edificio objetivo se abriese también y 54 segundos hasta que un Mustang rojo saliese chirriando las ruedas y quemando el asfalto.

Ambos amigos intercambiaron una mirada y volvieron a galope tendido al coche. Ni se abrocharon los cinturones y los del asiento trasero quedaron pegados a la tapicería cuando Matt pisó el acelerador.

-¡A por él Matt!—gritaba Mello.

-¿¡Pero qué pasa!?

-¡Ése coche!—siguió gritando Mello—¿¡Tú por qué dirías que ha salido tan corriendo!?

-Lo he visto.—dijo Matt saltándose un semáforo en rojo—Había tres personas a bordo. Una más alta y otras dos más bajas y juraría que la que estaba en el asiento trasero no se movía.

/-/-δεατθ ηοτε-/-/

La persecución los llevó derechos al puerto. Concretamente a los muelles de embarque. Entre el entresijo de contenedores metálicos le perdieron la pista al Mustang rojo.

-Mierda, ya no se le ve.

-Matt apaga las luces, si nos descubren estamos muy muertos.

-¿Y cuál es el plan?

Los cuatro genios se pusieron a discutir sobre el asunto. Matt estaba convencido de que a Near le había pasado algo, que el asesino le tenía. Mello quería ir a investigar. L prefería elaborar un plan antes de precipitarse y Light...

-¡Basta! Tenemos que llamar a Ueno.

-¿¡Qué!?—se exalta el rubio—¿¡por qué!?

-Porque si es verdad que el asesino ha conseguido derrotar a Near, un combatiente profesional, nosotros cuatro no podremos hacerle frente. Más si son dos.

-He visto dos personas, lo juro.—dijo Matt.

-Te creo Matt. Pero somos genios, no los SWAT.

Cuando ya tenía todos los números marcados en la pantalla alguien tocó la ventanilla casi provocando un infarto a sus ocupantes.

-¡Tú!—exclamó el mismo Light hecho una mantícora.

-Buenas noches me gustaría decir pero no es momento ni lugar.

Jean Jacquemonde los hizo bajar del coche y como si escoltase cuatro reos al calabozo los hizo también desfilar frente a él. Él también iba vestido de militar sujetando un rifle de asalto. Los cuatro genios fueron conducidos hasta detrás de unos contenedores, allí habían varios militares y entre ellos estaba Ueno.

-¡Ueno!—le llamaron, la mirada que les devolvió podía resquebrajar hasta las piedras.

-Así que al final habéis venido.

-Como si no lo tuvieras previsto.—le siseó Light.

-Ueno escucha—quiso decir Matt—creo que tiene a...

El agente le calló levantando su radiotransmisor. Pulsó el botón que registraba el último contacto.

"Pequeños zorros tengo a vuestro títere. Y probará el sabor del acero si no obtengo quien le supla."

A L se le erizó el vello de la nuca. Entonces era verdad, el asesino tenía a Near y quería un intercambio por su vida. Ueno se guardó el radiotransmisor.

-Yu.—el fratello minore de Jean se puso a su lado.

-Cerrado a cal y canto. Ventanas selladas.

-Un agujero sin salida...—el moreno se volvió a los otros—No contaba con la posibilidad de que no trabajase solo.

-¿Y qué vamos a hacer?—exclama Mello.

-Cumplir nuestra misión.

El tiempo se hizo inllevable mientras los vestidos de uniforme hablaban entre ellos. L se mordía el labio mientras era abrazado por Light. En menudo lío habían ido a meterse. Mello y Matt permanecían el uno junto al otro pensando en cómo demonios habría conseguido un retaco de metro y medio derrotar al peliblanco.

De pronto una ventana polvorienta se descorrió. Una fila de cañones apuntaron pero sólo asomó un megáfono por el hueco, una cancioncilla popular alemana se escuchó en forma de silbidos.

-Este parece valer mucho si ha venido tanta gente.—habló por fin la voz metálica—Recuperar su vida por la de alguien que no valga nada.

La ventana se cerró de nuevo.

-Señor.—preguntó uno de los soldados a Jean, éste se giró hacia Ueno.

-Tú decides Asura. Es tu fratello minore el que está ahí dentro.

Se hizo un abrumador silencio. Ueno levantó la cabeza hacia el cielo y luego la volvió hacia el almacén, incluso por el rabillo del ojo les echó un vistazo a los cuatro genios. Finalmente se colgó el rifle a la espalda y se dirigió a Jean.

-Traédmelos.

Todo fue muy rápido. A rastras y sin contemplaciones cuatro soldados bajaron de un coche blindado a Michael Nelson y Markus Nolan, que parecían inconscientes a juzgar por su pasividad. Los colocaron de rodillas a unos metros de distancia de la puerta. Ueno se puso tras ellos con una hilera de soldados, Yu y Jean entre ellos, a cada lado con las armas en alto.

-¡Intercambio equivalente!—vociferó el moreno.

Volvió a hacerse el silencio. Hasta que L lo interrumpió.

-¡Basta!—exclamó dejando de lado su siempre tranquila apariencia—¡Bajen esas armas! ¿¡Qué creen que están haciendo!?—pero ningún soldado cambió de postura a pesar de que el ojeroso se les puso entre medias del blanco.—¿Es que no me han oído? ¡Bajen las armas!

-Apártate de ahí.—le dijo Ueno—Estás en medio de un posible fuego cruzado. Si te quedas ahí no garantizo tu integridad.—antes de que alguno de los otros tres se moviera les señaló sin siquiera mirarles—Y vosotros no os mováis.

-¿Vas a entregar a las personas que con tanto ahínco ibais a proteger?—le preguntó L con rabia.

-Near está ahí dentro. Haré lo que sea con tal de recuperarle.

L sintió revivir un viejo duelo. Pocas veces había estado frente a uno de los criminales que perseguía pero esas raras ocasiones siempre se encontraba con lo mismo: esa mirada implacable y opaca que ahora le estaba dedicando el agente.

-Hay otras maneras de hacer justicia, Ueno.—el aludido soltó una risa despectiva.

-¿Ahora vas tú a adoctrinarme sobre la justicia y su sentido? ¿Tú? Quien más tiene que callar. No te lo repetiré otra vez, aparta de ahí.

L negó con la cabeza. Un disparo dio contra el suelo cerca suyo.

-¿Te vas a apartar de ahí?—repitió Ueno con la mano levantada, si la bajaba el soldado dispararía otra vez.

-No.

-Muy bien.

-¡L, no!—gritó Light.

Se oyó entonces un chirrido. Las puertas del viejo almacén se abrieron dejando escapar una nube de polvo y olor a cerrado. Contra la luz se recortaban tres figuras. La del centro era Near, que caminaba escoltado por otras dos figuras, una más alta y otra más baja, a sus costados.

Sin saber por qué Light les puso las manos en el pecho a Mello y Matt, pudo notar sus corazones latir a toda velocidad, por respuesta ellos le agarraron de la chaqueta.

L se giró en cámara lenta para ver tras su espalda.

-Preparados.—dijo Ueno. Una hilera de armas se tensaron.

L sólo enfocaba al peliblanco. Parecía estar perfectamente y sin un rasguño visible, pero estaba mortalmente serio y con un brillo de halcón en la mirada nunca visto. Para colmo de males las dos víctimas despertaron y cuando vieron en medio de qué estaban metidos se echaron a temblar.

-¡Alto! ¡Piedad, no disparen! ¡No disparen somos inocentes!—gritaron. L se quedó en paralelo entre ambos bandos, su ojo derecho vio a Near cruzar los brazos tras la espalda y un segundo después su ojo izquierdo vio abrirse dos agujeros en sendas cabezas de Nelson y Nolan.

-Ahora.—dijo Ueno.

Y las armas que hasta hace poco apuntaban en una dirección cambiaron su mira encañonando a Light, Matt y Mello.